—No puedo creer que le prestaras tu habitación, Matt—. Masculló Near, sintiendo las mejillas arder por los sonoros gemidos que las delgadas paredes no retenían.

—Solo intenté ser un buen amigo—. Se encogió de hombros, había sido el único que había permitido que Lawliet metiera a un extraño en su cama, y no le molestaba, pero comenzaba a sentir su entrepierna palpitar de imaginar lo que estaba ocurriendo entre sus sábanas.

—¡Arg! Ese Light es demasiado escandaloso—. Se quejó Mello, revolviéndose en el sofá donde todos, ya sea por vergüenza o confusión, habían caído sentados cuando Lawliet se encerró en la habitación.

—¿Y...?— Sin ningún disimulo Matt acomodó su pantalón a la altura de su miembro—. A mi está comenzando a calentarme.

—A ti todo te calienta, Matt— dijo Near con una cara de asco, poniéndose de pie con dificultad debido a lo apretujados que estaban.

—No sé qué te sorprende, Mello tampoco es muy discreto que digamos— sonrió ladino, esquivando el cojín que el rubio le había lanzado luego de su comentario—. Anda, no me digas que no te calienta escuchar a esos dos— continuó, estirando su brazo para alcanzar la pierna de su amigo, quien sonrió ante el roce. Todo bajo la mirada de un Near nervioso.

—¡Qué asco!— Vociferó Beyond, flexionando una pierna para empujar con la planta del piel al pelirrojo fuera del sofá —¡Si van a coger búsquense un cuarto!

—¿De qué te alarmas?— Matt soltó una suave carcajada mientras se limpiaba la parte trasera de la camisa, donde el menor de los gemelos había puesto el zapato.

—¿¡Cómo que de qué!?— Él sabía a lo que su amigo se refería, que esos dos se estuviesen besando y tocando cada dos minutos era lo más normal del mundo, algo que todos se acostumbraron a presenciar desde adolescentes, pero eso no significaba que podían hacerlo en cualquier sitio, menos en el lugar que ahora era su cama —¿¡Tú crees que quiero sus... "fluidos corporales" en mi sillón!?

—¡Uy! ¿Desde cuándo tan correcto?— Se burló Mello antes de levantarse, convencido que una buena sesión de sexo lo haría sentir mejor.

—¡No!— Interrumpió Near, situándose con seguridad frente al rubio para impedirle el paso —¡No te puedes ir con Matt! ¡Para empezar es tu culpa que estemos aquí!

—¿Entonces te irás tú conmigo? — Susurró muy cerca del rostro del más bajo, rozándole con dos dedos las mejillas sonrojadas.

—Pues...— apartó la mirada nervioso, consciente de que su firme pose se había quebrado bajo la fija mirada azulina del mayor.

—¿O prefieres que me vaya con Matt?— El albino negó con la cabeza frenéticamente, temblando cuando Mello le tomó con dos dedos la quijada y lo hizo alzar el rostro —Dilo...

—No quiero que estés con Matt...— masculló, faltándole el aliento—. Quiero que estés conmigo — Mello sonrió satisfecho antes de erguirse y dirigir su mirada al pelirrojo, quien esperaba impaciente.

—Lo siento, Matt— se encogió de hombros antes de tomar la mano del albino—. Además el enano tiene razón, por mi culpa nos regresaron a casa, se lo debo.

Mail se cruzó de brazos y puso los ojos en blanco cuando su casi víctima sujetó las piernas del más bajo para alzarlo, Near rodeó con ambos brazos el cuello del otro para no caer, dejándose guiar hasta la habitación.

—Quizá estás perdiendo tu toque— se burló Beyond tan pronto como Matt se dejó caer derrotado sobre el sofá.

—No es gracioso—. Masculló, frunciendo el entrecejo.

—Claro que lo es; primero, Mello parece nena con su cabello hasta los hombros, pero aún así se la entierra a Near y tú ni siquiera con la puntita has podido tocarlo— empezó, para martirio del muchacho —; luego, Near es algo enano y delgado pero él sí va a coger y no tú que te crees un dios del sexo—. Finalizó con una carcajada antes de inclinarse hacia adelante y alcanzar el control remoto que había quedado sobre la mesita de centro.

Matt dejó escapar el aire por la boca, sintiéndose levemente decepcionado y jodidamente caliente. En parte su amigo había sabido tocarle el orgullo, no solo Mello lo había rechazado, sino que también Nate seguía siendo la única persona que no cedía ante sus encantos.

—Oye, Beyond...— dijo de repente, cuando una idea vino a su cabeza —¿Y no será que tú...

—¡Ni lo sueñes!— Espetó, imaginándose la propuesta que el de cabellos rojos tenía en mente.

—¡Ay, por favor! ¡Solo una mamada de amigos!— Suplicó, arrastrándose sobre el sofá en dirección al pelinegro, quien rápidamente se puso de pie para alejarse.

—¡Sabes que no me gustan los hombres!

—¡Pues no es lo que pareció la otra noche!— Estiró una mano para tomar el brazo del muchacho, quien se había quedado inerte luego de su comentario. Beyond sintió sus mejillas arder, él no recordaba nada de lo que sus amigos decían, pero desde hace un tiempo lo molestaban con lo mismo; que una noche con copas de más se atrevió a ir al cuarto oscuro de la discoteca, y todos saben que ese lugar está destinado para tener sexo y la mayoría de veces ni siquiera sabes con quién—. Solo una pequeña mamada— continuó el pelirrojo, sacando de su trance al pelinegro.

—Si no lo recuerdo es porque no sucedió—se defendió, apartando su brazo con brusquedad para que Matt lo soltara.— Y si tantas ganas tienes solo jálatela.

—¡Pero no es lo mismo!— Se puso de pie con intenciones de acorralarlo contra la pared. Anteriormente ya había seducido en algunas ocasiones con hombres que se creían heterosexuales, no veía porqué Beyond debía ser la excepción. Además eran amigos, las mejores cogidas muchas veces eran con las personas que mejor conoces, al menos ese era el caso con Mello—. Anda, Beyond...— le susurró casi al oído.

—¿Quieres un ojo morado?— Amenazó ante la cercanía del otro, quien luego de esa advertencia optó por retroceder—. Dile a Near que tomé prestada su habitación—. Finalizó aún serio, aunque su semblante de seguridad no era más que una fachada, si decidió irse es porque no creía ser capaz de soportar las insistencias del pelirrojo. No se veía cediendo, pero si lo que sus amigos decían era verdad, lo mejor era no arriesgarse.

oOo

Lawliet pasó un brazo bajo la almohada para acomodarse de lado mientras con la otra mano acariciaba la espalda de su amante, quien en estos momentos se encontraba acostado boca abajo sobre el colchón, aún respirando agitado. A Light esas muestras de cariño le exasperaban, sobre todo viniendo de parte de Lawliet, sin embargo no tenía fuerza ni para revolverse, tan solo se dejó hacer mientras cerraba los ojos por un momento.

—Estás empapado— susurró con malicia cuando sus dedos llegaron hasta el trasero del menor, hurgando con dos de ellos la dilatada entrada, la cual aún se contraía escurriendo restos de lubricante. El castaño no se molestó en moverse o defenderse, de hecho emitió suaves jadeos cuando las falanges del otro comenzaron un mete y saca que duró pocos segundos.

Lawliet se sentó con pereza y se encorvó un poco para alcanzar su pantalón que yacía tirado en el suelo a un lado de la cama, sacando del bolsillo una pequeña bolsa que había comprado el sábado por la noche.

—¿Qué haces?— Debido al movimiento, Light apoyó los antebrazos en el colchón y alzó un poco la parte superior del torso para girar la cabeza en dirección al mayor, a quien vio haciendo unas líneas con un polvo blanco sobre la mesita de noche.

—Un poco de estimulante, ¿quieres?— dijo, terminando de enrollar un billete para poder usarlo.

—No sabía que consumías esas cosas, y no, gracias—se desplomó de nuevo sobre el colchón, queriendo disfrutar un poco más lo cómodo que era, a diferencia de su propia cama.

—No lo hago muy seguido— se encogió de hombros antes de encorvarse y esnifar un poco —. Deberías aceptar, te aseguro que a ti no te alcanza para probar algo de tan buena calidad—. Finalizó, limpiándose la punta de la nariz con el dorso de la mano.

—¿¡Y qué te hace creer que yo soy un drogadicto!?— Espetó ofendido mientras se retiraba las cobijas de encima. Si ya habían terminado, prefería irse antes de continuar un segundo más al lado de ese sujeto.

—¿No es lo que hacen los muchachitos como tú?— Sin mostrarse arrepentido por su comentario, se pone de pie para acercarse al castaño—. Vender sus cuerpos por un poco de "esto"— alzó la pequeña bolsa y la paseó frente a los ojos del menor, quien apartó la mirada hastiado—. Aún no terminamos...— continuó, sujetándolo del brazo al momento que Light intentó alejarse.

—Yo creo que sí—. Aseveró, revolviéndose en vano, las pálidas falanges del empresario lo sujetaron con más fuerza y lo lanzaron de regreso al colchón.

—Yo creo que no— sonrió con sorna antes de rodear la cama. Light suspiró, resignándose a la segunda ronda, sin embargo le sorprendió que en lugar de meterse al colchón junto a él, Lawliet recogió sus bóxer para ponérselos antes de dirigirse a la puerta —¡Matt!, ¿estás ocupado?— llamó desde el umbral.

—¿Qu-qué pretendes?— Balbuceó, sentándose de golpe y tomando algunas cobijas para cubrirse. Lawliet dirigió su mirada hacia él.

—¡Ay, no finjas modestia!— Soltó una carcajada y caminó hasta él para arrebatarle las sábanas —¿Crees que te pagué para que te acuestes conmigo cuando eso ya está cubierto?

—Tampoco dijiste que me tendría que acostar con alguien más— explicó despacio y nervioso, con sus ojos aún abiertos por completo.

—¿Y cuál es el problema?— Susurró relamiéndose los labios, encorvándose con el fin de que sus rostros estuviesen a escasos centímetros de distancia—. No es algo que no hayas hecho anteriormente, ¿o acaso piensas regresarme lo que te acabo de pagar?— Light apartó la mirada y Lawliet sonrió satisfecho—. Regreso en seguida...

oOo

Mello...— jadeó Near, con su rostro desencajado y hundido en la almohada mientras los pequeños y blanquecinos dedos de sus pies se encogían en cada estocada.

—¡Joder...!— Gruñó con la respiración agitada, enterrando sus falanges en la nívea espalda, dejando rojos surcos al descender por ella—. Estás... tan estrecho— se encorvó sobre su amante, mordisqueándole la oreja y lamiéndole la mejilla con gula, sin detener su vaivén.

—¡Mngh! ¡Mello...! — Su endurecido y goteante miembro chocaba contra su abdomen en cada brusco movimiento, exigiendo atención, sin embargo sus manos no eran capaces de soltar las cobijas; en cada embestida los cargados testículos del rubio chocaban contra los suyos, haciéndolo temblar por completo —¡Me-Mello~!

—¿Sí...?— Graznó con voz ronca, sudando copiosamente mientras disfrutaba como aquel par de turgentes y pálidos glúteos vibraban contra sus caderas.

Ma-Más...— pidió apenas audible.

—¿Cómo dices?— Jadeó disminuyendo la velocidad, sonriendo al momento que un confundido Near separó su rostro del colchón e intentó verlo sobre uno de sus hombros—. Dime qué quieres...— pidió con voz suave, dando profundas pero lentas embestidas.

Qu-Quiero más...— suplicó, sintiendo la mirada nublada y las mejillas calientes.

—¿¡Más qué!?— De forma brusca pasó ambos brazos por debajo de las axilas del menor y lo jaló hacia él, pegando su perlado torso a la fina espalda. Con una mano buscó uno de los pequeños y rosados pezones, apretándolo y jalándolo con dos dedos mientras que con la otra mano comenzaba a jugar con su miembro, esparciendo la humedad desde el glande.

—¡Ma-Más rápido!— Apretó los ojos, temblando por completo debido a las nuevas sensaciones a las que se vio sometido su cuerpo. Mello dejó escapar un gruñido cuando el esfínter de Near comenzó a contraerse con más rapidez, ejerciendo presión en cada centímetro de su miembro.

—Como órdenes...— con ambos brazos rodeó el delgado abdomen y aumentó la velocidad, mordiendo el fino hombro y parte del cuello de su amante, quien inclinó un poco el rostro para darle mejor acceso, importándole muy poco las marcas que pudiesen quedar sobre su piel.

El choque de sus cuerpos y los gemidos de ambos eran los que resonaban por todo el lugar; no pasó mucho para que Near enterrase las uñas en los brazos de Mello cuando el inevitable orgasmo se hizo presente, y un par de estocadas más fueron las necesarias antes que sus entrañas se viesen invadidas por el cálido y espeso semen del otro, quien se quedó unos segundos aferrado a su menudo cuerpo, intentando controlar la respiración antes de dejarse caer a un lado del colchón.

—Fue... increíble— susurró Mello, estirando los brazos sobre la cama mientras su pecho continuaba expandiéndose y contrayéndose en busca de aliento.

Near sonrió; sus blancos y empapados mechones estaban pegados a su frente, el cuerpo aún le temblaba entre espasmos y desde su ano comenzaba a escurrir el orgasmo del otro; aún así se quedó hincado por un momento, recorriendo con su mirada la perfecta anatomía de Mello, quien al verlo tan absorto lo tomó de la mano y lo jaló hacia él.

—Si...— dijo muy suave tras dar un leve respingo. Se acostó a un lado, acomodando su rostro sobre el pecho del mayor mientras con un brazo le rodeaba el abdomen.

—Sabes que te quiero, ¿verdad?— cerró los ojos y acarició los lacios cabellos. Near sonrió con ilusión—. Me encanta coger contigo, Near.

—Y a mí contigo...— murmuró con un deje de tristeza, cualquier sonrisa desapareció de su rostro luego de aquellas palabras.

Sabía que Mello lo quería, de eso no había duda, habían crecido juntos, pero desde hace mucho Near lo quería de una forma diferente. Cuando decidió entregarse a él, ingenuamente había creído que Mello dejaría de acostarse con otros, que con su amor le sería suficiente. Pero lo único que logró fue que su corazón se aferrara con más fuerza a alguien que cada día le demostraba que él no pertenecía a nadie.

oOo

—Ho-Hola...— titubeó un casi desnudo Matt, tomando asiento a la orilla del colchón frente al castaño, quien enarcó una ceja al verlo estirar un brazo con intención de estrecharle la mano —Me llamo Mail Jeevas.

—¿Es algo de familia el presentarse antes de hacerlo?— preguntó, con la vista fija en Lawliet, quien se encogió de hombros sin decir nada—. Como sea, me llamo Light Yagami. Acabemos con esto— dijo, arrastrándose sobre el colchón hasta que su espalda quedó contra el respaldar de la cama. Matt lo siguió, quedando hincado entre sus piernas abiertas.

Lawliet prendió un cigarrillo, dándole una calada mientras se acomodaba en su asiento; una silla que había colocado a un costado para disfrutar el espectáculo.

—Eres muy lindo...— susurró nervioso, rozando con dos dedos la mejilla del menor.

—No te imaginaba tan cursi, Matt—. Elle soltó una carcajada antes de llevar una mano a su entrepierna y bajar un poco el bóxer para liberar su miembro.

—¡Cállate, Lawliet!— Farfulló, volteando a verlo por sobre su hombro, pero Light le sujetó la quijada y lo hizo volver el rostro.

—Ignóralo...— susurró antes de juntar sus labios, haciéndolo despacio. Matt correspondió de forma insegura, pareciendo que era un inexperto.

En un principio Lawliet había pensado en su hermano, sobre todo por el hecho de ser gemelos, pero resultaba que éste se la llevaba de hetero, y jamás se lo hubiese pedido a Mello por respeto a Near, además siempre creyó que Matt era el más desinhibido, pero parecía que su presencia lo cohibía.

Sin embargo entrar en confianza y olvidar que era observado por quien consideraba su hermano mayor era lo que le hacía falta al pelirrojo, poco a poco comenzó a recorrer con las manos aquel torso mientras con los labios comenzaba a descender por la mandíbula del castaño.

—¿Te gusta...?— le susurró ronco al oído cuando con su mano tomó el miembro completo de su amante y con el pulgar le recorrió el glande, haciéndolo temblar.

—¡Ñgh...! ¡Sí!— Light cerró los ojos y se mordió los labios mientras echaba la cabeza para atrás, movimiento que Matt aprovechó para recorrer con su lengua el terso cuello.

Cada roce era un exquisito tormento para su cuerpo que se encontraba tan sensible luego de tantos estímulos; su lastimado esfínter recibió la delicada intromisión de dos delgados dedos mientras uno de sus magullados pezones soportaba la presión y juego que la carnosa lengua de Matt ejercía sobre él.

—¿Te duele?— Preguntó deteniendo cualquier movimiento cuando le pareció escucharlo emitir un quejido.

No...— contestó entreabriendo los ojos, sus falanges aún aferrándose a la espalda del muchacho —cógeme de una vez—. Suplicó jadeante.

—Por supuesto— sonrió de forma tierna, encorvándose un poco para volver a besarlo en los labios mientras con ambas manos lo tomaba de las piernas con el fin de jalarlo y acomodarlo sobre el colchón —. Estás como quieres— le susurró muy cerca del rostro.

—Tú tampoco te quedas atrás—. Contestó de forma coqueta, abriéndose de piernas mientras con los dedos recorría el definido pecho del mayor.

Matt se irguió por completo, con una mano se colocó un preservativo que Lawliet le había dejado a un lado mientras con la otra tomó uno de los redondos glúteos para separarlos, dejando a la vista la enrojecida y húmeda entrada. Dejó escapar el aire antes de acercar su glande, esparciendo con él los restos de lubricante, tomándose su tiempo, sin penetrarlo en seguida. Light lo veía expectante, temblando y jadeando en cada roce, un panorama que excitaría a cualquiera. Sin embargo Matt estaba dispuesto a no continuar al notar el cansancio en el rostro del otro, pero fue el mismo Light quien empujó sus caderas en busca de su miembro.

—Avísame si te duele...— le susurró luego de encorvarse sobre él de nuevo, comenzando a puntear con su glande aquel esfínter.

—¡AHH~!— Cerró los ojos y se aferró con fuerzas a la espalda de Matt mientras intentaba controlar los espasmos que cada centímetro de aquel miembro provocaba en su cuerpo—. Si-Sigue...— pidió al momento que el pelirrojo se detuvo abruptamente, sabía que esa sensación de escozor pasaría.

—Lo haré despacio— aseguró. No le importaba lo que Light hiciera con su cuerpo o la relación que tuviese con Lawliet, él no quería lastimarlo, y estaba dispuesto a detenerse si notaba que el castaño no lo estaba disfrutando.

Cumpliendo con su palabra, Matt empezó con un vaivén lento, atendiendo el pene de Light con una mano para mantenerlo excitado; lo cual no fue difícil, aún cuando cada mete y saca lo hacía morderse los labios y formar una mueca de incomodidad, no podía evitar que su cuerpo reaccionase a cada embestida, siendo él mismo quien de pronto comenzó a mover las caderas, marcando el ritmo mientras sus manos sujetaban con firmeza los brazos del muchacho que tenía entre las piernas.

—Mételo todo...— exigió, sabiendo que hasta el momento Matt se había estado conteniendo.

Matt se irguió sin dejar de moverse, sus verdosos ojos lucían nublados de placer, en estos momentos ya no era su cabeza de arriba la que pensaba, y la de abajo le decía que era muy tonto si no acataba aquella orden. De forma demandante tomó las caderas del castaño y lo jaló hacia él con el fin que la espalda baja del menor quedará casi en el aire, procediendo a penetrarlo por completo al tener un mejor acceso a su entrada. Light encogió los dedos de los pies y arqueó la espalda mientras se aferraba a las sábanas, dejando escapar un largo y ronco gemido.

—Pareces disfrutarlo—. Interrumpió Lawliet de repente, poniéndose de pie luego de haber dejado a un lado la colilla del cigarro.

Light volteó en dirección al empresario, viéndolo aproximarse con su miembro nuevamente erecto, y aquello más que asustarlo pareció excitarle. Pese a estar cansado no podía apartar los ojos del erguido órgano, cuyo dueño se hincó sobre el colchón y se arrastró con las rodillas hasta quedar lo suficientemente cerca de su rostro. Lawliet tomó su propio miembro y moviéndolo de arriba a abajo golpeó con su húmedo glande aquellos carnosos labios, los cuales Light abrió como acto reflejo para recibirlo mientras Matt continuaba con sus rítmicas embestidas.

oOo

Había comenzado a oscurecer cuando se bajó del autobús, cuatro cuadras lo separaban de su casa, era lo más cerca que el transporte público podía dejarlo debido a la mala fama de la zona.

Intentó caminar erguido, haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantener sus pisadas firmes aunque podía sentir las piernas flaquear en cada paso, con una mano sujetaba una cargada bolsa mientras con la otra traía su mochila a la altura del hombro sujetándola por las asas.

Bajo el uniforme podía sentir el cuerpo pegajoso y sabía que una extraña combinación de aromas lo rodeaba; sudor, semen y nicotina. El no haber tomado una ducha nada tenía que ver con Lawliet, de hecho el empresario le había ofrecido quedarse un poco mientras se recuperaba, pero él se rehusó, no quería correr el riesgo de estar a merced de ese enfermo por más tiempo, quien al final se había terminado uniendo a la "diversión". Por un momento Light temió que la pervertida mente del empresario sugiriera que ambos lo penetraran al mismo tiempo, afortunadamente eso no pasó, sin embargo tampoco era suficiente consuelo; al final había sido cogido sin descanso de nuevo, y aunque Matt demostró que sabía utilizar con maestría el pedazo de carne que tenía entre las piernas. Su culo ya necesitaba una tregua.

—Bonitas horas de venir, Light— el aludido soltó un leve respingo y por un segundo detuvo sus pasos al escuchar la voz de Ushio detrás de él, venía tan ensimismado que no supo en qué momento el muchacho comenzó a seguirlo —. ¿Qué traes en la bolsa?— se acercó por completo, rodeándole con un brazo como si fuesen los mejores amigos.

—No te incumbe—. Hizo el leve intento de separarse, pero al lado de Ushio realmente parecía un enclenque debido a lo alto y corpulento que era, además el cansancio rezagado le impedía resistirse.

—Claro que es de mi incumbencia— susurró acercándose a su oído —, todo lo referente a ti me incumbe—. Rozó con el dorso de su mano la mejilla del muchacho, quien automáticamente ladeó el rostro.

—¿Por qué no mejor vas a ver lo que está haciendo la bola de idiotas que tienes de amigos? —cuestionó mordaz, regresando parsimoniosamente la vista al frente— ¿Acaso no temes que haya otra redada y les quiten toda la mercancía porque los tontos no saben ocultarla bien?— continuó con ese deje de burla y sin abandonar su pose erguida. Era bien sabido que el tráfico de drogas era el pan de cada día en aquel lugar, y que Ushio podía ser considerado el líder de la zona, el que solo daba órdenes sin que sus manos tuviesen que ensuciarse la mayoría de veces.

—Por eso siempre he querido que tú seas mi aliado— contestó sin mostrarse afectado por los comentarios del otro —, nadie en su sano juicio sospecharía de tu linda carita, ¿verdad?— lo sostuvo con más fuerza, pegándolo casi a su pecho—. Y si acaso te llevan preso, los reos estarían agradecidos por tener un juguete nuevo.

—Imbécil... — masculló poniendo los ojos en blanco, revolviéndose mientras intentaba empujar con una mano al mayor, quien aprovechando el movimiento lo tomó del brazo y lo jaló hasta dejarlo contra la pared más cercana, provocando que la mochila del castaño cayese al suelo, pero en ningún momento éste soltó la bolsa que traía en su otra mano.

—¿Te haces el ofendido?— le susurró muy cerca del rostro, sujetándole la quijada con dos dedos —¿Sabes lo que odio? Que cada mañana camines con la frente en alto como si fueses mejor que los demás, viéndonos a todos como si te diéramos asco.

—¡Es porque claramente tú me das asco!— Espetó con el entrecejo fruncido, pese a estar en desventaja no le demostraría miedo.

—¿Yo te doy asco?— soltó una carcajada antes de ejercer más presión en su agarre, sonsacándole un leve quejido al muchacho al creer que su mandíbula podría dislocarse en cualquier momento —¿Sabes lo ridículo que te escuchas? — Se encorvó un poco de forma amenazante, inhalando profundamente a la altura los castaños cabellos, reconociendo que aquel peculiar aroma no podía pertenecer al muchacho—. Yo te doy asco pero tú apestas a hombre, y tu apariencia dice que vienes de revolcarte con alguno.

—Déjame pasar...— masculló con dificultad por los dedos que le sujetaban con fuerza el rostro.

—¿Por qué, Light?, ¿la verdad duele?

La idea de que Light conseguía dinero a través de vender su cuerpo eran meras suposiciones que él, sus amigos y algunos vecinos tenían, rumores que el castaño siempre negaba pero que cada vez tomaban más fuerza por la notable mejora económica de la familia Yagami si se le comparaba con algunos años atrás, muchas de las pertenencias que ahora tenían, a pesar de no ser costosamente lujosas, no podían ser gracias al mísero sueldo que el ayudante de una tienda ganaría.

—No sé de qué hablas...— contestó apartando la mirada, intentando lucir confiado, pero con un tono de voz que hasta para él sonó patético.

Las calles tan solo seguían oscureciendo debido a la hora y a la falta de alumbrado eléctrico, haciéndolo sentir más vulnerable, aunque sabía que por mas que fuera un día concurrido y soleado, nadie lo ayudaría por tratarse de Ushio.

—Permíteme refrescarte la memoria...— sonrió con malicia mientras con una de sus rodillas separaba las piernas del muchacho—. Hace unas semanas Honda te vio bajar de un auto cerca de aquí, no creo que la tienda de víveres para la que dices trabajar de transporte privado a sus empleados —soltándole la mandíbula, bajó hasta las solapas del saco, donde hizo círculos imaginarios con el dedo índice —, como tampoco creo que éste bonito uniforme sea de una escuela pública. Solo tengo una pregunta... ¿cuánto cobras?— Finalizó con una sonrisa ladina, ejerciendo presión con su muslo en la entrepierna.

—¡Suéltame!— Farfulló, revolviéndose sin importarle lastimar su propio brazo —¡Que me sueltes! ¿¡Aparte de drogadicto e imbécil, eres sordo!?

—¿Eres igual de escandaloso en la cama?— Sonrió con picardía, haciendo el mínimo de esfuerzo por mantener al muchacho contra la pared.

Antes de que el menor pudiese maldecirlo de nuevo, Ushio acortó la distancia, uniendo sus labios sorpresivamente. Light abrió los ojos de par en par al no esperarse dicho beso, de hecho tardó unos segundos en reaccionar y solo atinó a apretar la boca lo mejor que pudo, sin embargo Ushio fue capaz de atrapar su labio inferior, el cual mordió con demasiada fuerza a fin de hacerlo gritar y poder tener mejor acceso a su cavidad bucal.

—N-No— balbuceó con dificultad, intentando soportar el dolor que aquella mordida le había causado junto a la malintencionada presión que el mayor ejercía en su entrepierna.

No importaba que tanto moviera la cabeza, solamente lograba que los afilados colmillos de Ushio lastimaran la piel alrededor de sus labios. Sentía los latidos de su corazón acelerarse a cada segundo, la fachada de seguridad y arrogancia ya no existía, el miedo y la desesperación se hicieron presentes cuando el otro comenzó a acariciarle el torso sobre la camisa con la mano libre. Light era consciente de su desventaja, pero no por ello estaba dispuesto a aceptar lo que fuese a venir; siempre había creído que las estúpidas bromas que Ushio decía alrededor de sus amigos eran por mera satisfacción de verlo rabiar, logrando su cometido la mayoría de las veces. Sin embargo en este momento esa idea no le servía de consuelo, la forma en la que intentaba tocarlo no podía tratarse de una simple broma, y todo empeoró cuando el muchacho le rodeó la cintura con un brazo y lo jaló hacía él, fue entonces que Light soltó la bolsa que aún sujetaba para empujarlo con ambas manos mientras sus ojos completamente abiertos se movían desesperadamente de un lado a otro, intentando vislumbrar a alguien que pudiese ayudarlo entre las penumbras, alguien que evitase que Ushio se lo llevara.

—¡Argh! ¡Suelta...! — Exigió Ushio apretando los dientes. Se separó bruscamente cuando, en un intento desesperado, Light llevó una mano hasta su entrepierna y ejerció la mayor presión que pudo. El castaño intentaba recuperar el aliento, pero sin desistir en su agarre aunque Ushio hacia el esfuerzo por separarlo —¡Hijo de... — vociferó, flexionando una pierna y llevando ambas manos a la altura de su pantorrilla luego que el menor le diera un puntapié.

El golpe no fue fuerte, pero sirvió de distracción suficiente para que Light tomará sus pertenencias del suelo y se diese a la fuga.

—¡No eres mejor que nadie!— Gritó Ushio, sin intenciones de seguirlo —¡Tu madre es la puta alcohólica de esta colonia y tú no te quedas atrás!

Light escuchó cada reproche, de hecho estaba seguro que más de algún vecino ya estaba pegado a la ranura de las ventanas, cuchicheando tras las cortinas, pero no se detuvo, el dolor en su cuerpo o lo que los demás pensaran era lo de menos, tan solo corrió lo más rápido que sus temblorosas piernas se lo permitieron. Los gritos de Ushio cada vez parecían más lejanos, lo que le confirmaba que éste no lo había seguido, aún así no dejó de correr hasta que la puerta de su casa se cerró tras su espalda, apoyándose contra ella mientras intentaba recuperar el aliento. Sin embargo la sensación de sosiego le duró muy poco, el lugar que debía darle seguridad y tranquilidad estaba hecho un caos; vidrios rotos y muebles fuera de lugar, y en medio del desorden, su madre hecha un ovillo sobre el sofá, sollozando con el rostro oculto en el reposabrazos.

—¿Mamá...?— Masculló mientras dejaba sus pertenencias a un lado, acercándose luego con miedo y lentitud, comenzando a faltarle el aire de nuevo—. ¿Qué sucede...?— preguntó apenas audible, inevitablemente su voz se había quebrantado por pocos segundos.

—Jonathan...— murmuró sin alzar el rostro, ni cuando los trémulos dedos de su hijo le rozaron el hombro con el fin de calmarla —¡Jonathan dijo que ya no me ama y se fue!

Light soltó el aire en ese momento, segundos atrás ni siquiera había notado la ausencia de ese tipo por estar enfocado en su progenitora, pero saber que no era nada grave lo tranquilizaba un poco, de hecho por un instante esbozó una leve sonrisa debido a la noticia, la cual desapareció al escuchar otro gimoteo, ver a su madre en dicho estado tampoco era agradable.

—No importa, mamá— con demasiada cautela tomó asiento a su lado, vacilando al momento de posar su mano extendida sobre la espasmódica espalda de su progenitora—. No lo necesitamos— dijo con voz firme, pero sin sonar severo.

—¡Pero yo lo amo!— Vociferó repentinamente mientras alzaba la cabeza. El abrupto movimiento provocó que Light se contrajera un poco antes de rodearla con ambos brazos sin dudar, casi estrechándola contra su pecho.

—Lo sé...— le susurró muy cerca del oído, sintiendo como la camisa de su uniforme se pegaba empapada a su pecho por las copiosas lágrimas repletas de delineador y rímel corrido—. Él volverá...— continuó con una pizca de desesperación, paseando una mano a lo largo de aquella huesuda espalda mientras con la otra se aferraba a los cabellos marrones, inquieto por no saber cómo detener el llanto.

Los momentos posteriores a estos predecibles abandonos no era algo que no hubiese vivido antes, algunos eran más dramáticos que otros; gritos, lágrimas y objetos rotos. En ocasiones Light había estado presente, llegando incluso hasta a tragarse su orgullo y rogar en contra de su voluntad a aquellos sujetos, pidiéndoles que se quedaran cuando sabía que muchas veces él era la razón principal por la que se iban. Claramente no eran súplicas fervientes, pero diría lo que fuese si con eso podía deshacerse del melodramático momento y la imagen de su madre degradándose al llorar y sujetarse a los pies de aquellos hombres. Sin embargo, lo único seguro es que Jonathan no regresaría, como tampoco regresaron los otros.

—¿Por qué todos me dejan, Light...?— Dijo luego de varios segundos, sorbiendo por la nariz antes de despegarse un poco del pecho de su hijo—. Algún día tú también me dejarás—susurró apenas audible. Light inclinó el rostro hacia abajo, encontrándose con los ojos de su madre inundados en lágrimas.

—No digas eso, mamá— sonrió débilmente, limpiándole ambas mejillas con los pulgares, deshaciéndose de los oscuros surcos que el llanto había dejado sobre la resquebrajada piel —. Yo jamás te dejaré.

—Por supuesto que lo harás— soltó arrugando la frente, con una pizca de resentimiento que Light no supo interpretar— ¿¡y luego qué pasará conmigo!?

—Estaremos bien...— susurró, decidiendo ignorar el reproche previo, porque él no se veía abandonado a su madre, pero sabía a lo que ella se refería.

—Light, ¿qué vamos a hacer?— Preguntó cabizbaja, aún con el rostro empapado, pero la voz más tranquila.

Esos exiguos momentos de sobriedad era en los que Sachiko se daba cuenta de la realidad que los rodeaba, de la mierda en la que estaban hundidos, en la cual sobrevivían gracias al dinero que sus novios y su hijo aportaban.

—Tranquila. Tengo el trabajo en el almacén, y puedo doblar turnos si es necesario—. Aseguró con una sonrisa, enmarcando y alzando aquel rostro con ambas manos con el fin de que sus miradas se encontrarán, queriendo transmitirle tranquilidad.

Por supuesto que no sería fácil, no era solamente gracias a él que aún no les habían quitado la casa o cortado la electricidad, muy a su pesar debía reconocer que el dinero del novio de turno era siempre bien recibido, sobre todo cuando "el negocio" andaba mal o cuando no podía atender con la misma regularidad por exceso de tareas o en temporada de exámenes.

—Light...— murmuró de repente, llevando su delgado y frío pulgar hasta la quijada del muchacho, limpiando de ella un hilo húmedo color carmesí —tu labio está sangrando...

—Me golpeé en el autobús— replicó rápidamente, ladeado el rostro como acto reflejo —¿tienes hambre...?— Preguntó con el fin de cambiar el tema mientras se ponía de pie para dirigirse al paquete que había dejado a un lado de la puerta.

—No he preparado nada aún...— dijo apenas audible, acomodándose el cabello y retirándose con el dorso de las manos los rastros de maquillaje que el llanto había estropeado. Le hubiese gustado levantarse e ir hasta la cocina para preparar el platillo favorito de su hijo, pero no recordaba cuál era y sus piernas tampoco tenían fuerzas para responder.

—Hoy la cena corre por mi cuenta— le guiñó el ojo de manera coqueta como si fuese un muchacho que quiere quedar bien ante la más hermosa mujer—. Traje pasta porque sé que te encanta.

Sacó un par de platos del estropeado estante de cocina y regresó a la antigua mesa, donde segundos antes había dejado la bolsa que con tanto recelo intentó proteger. Debido a lo ocurrido en su regreso a casa, la comida se había desparramado fuera del contenedor desechable, pero aún así sirvió en ambos platos lo que pudo rescatar del desastre, uno con más comida que el otro, el cual entregó a su madre tan pronto regresó a su lado.

—Se ve deliciosa...— musitó, revolviendo la pasta de un lado a otro con el tenedor —¿Con qué la compraste?— preguntó dirigiendo la mirada al castaño, quien se atragantó un poco con el bocado de comida que tenía en la boca debido a la inesperada pregunta.

—Mi jefe me pagó las horas extras de la otra noche—. Contestó con seguridad mientras se recuperaba de la repentina tos, recobrando la compostura sin problemas.

Siempre había pensado que inventar excusas para antes de llegar a casa era una pérdida de tiempo, total su madre jamás preguntaba porque eran muy pocas las veces que estaba consciente, pero aún así nunca dejaba de hacerlo, siempre tendría una excusa que dar para no quedar en evidencia, y esta vez no fue la excepción.

—Light...— continuó luego de unos segundos, volviendo la vista al plato al no soportar ver el rostro de su hijo, pues aunque éste sonreía, lucía una mirada demasiado vacía—. Te prometo que voy a cambiar...— masculló cabizbaja y con la voz quebrantada, sus manos temblorosas se aferraron a la porcelana que sostenía.

—Mamá...— dejó su plato a un lado y sin vacilar la abrazó contra su pecho al escucharla sollozar de nuevo—. Por favor, ya no llores...— imploró apenas audible, apretando los ojos y hundiendo su rostro entre los marrones cabellos de su progenitora.

—Me crees, ¿¡verdad!?— Gimoteó desesperada.

—Sí, mamá, s-sí te creo—. Contestó precipitadamente, asintiendo también de forma frenética y nerviosa con la cabeza. No era la primera vez que le hacía la misma promesa, pero siempre decidía creerle, aún cuando sabía que nada cambiaría.