Una rubia mujer con un hermoso vestido color vino caminaba por la acera, llevaba el celular pegado a la oreja y por las expresiones que hacía no parecía contenta, Lawliet se preguntó con quién podría ir peleando a tan temprana hora del día. Ahora el panorama era un hombre de mediana edad cargando a una niña mientras con la otra mano sujetaba los dedos de un niño, a decir por la vestimenta podría tratarse de un padre llevando a sus hijos a la escuela para luego dirigirse a su trabajo, seguro era una aburrida oficina en la cual pasaría las próximas ocho o nueve horas de su vida. Unos minutos después pudo ver a una viejecita usando un enorme abrigo de lana, bufanda y hasta gorro, si bien esa mañana era extrañamente fría Lawliet no creía que era para tanto, aunque claro, para una señora que ya caminaba lento y con apoyo de un bastón las bajas temperaturas pueden ser el peor enemigo.

Cada mañana Lawliet elegía la misma mesa al lado de la ventana, le gustaba observar a la gente pasar e imaginar sus vidas mientras disfrutaba su desayuno antes de ir al trabajo; sin embargo en esta ocasión no era capaz de relajarse en la silla sin estar viendo el reloj cada dos minutos. Sabía que a sus veinticuatro años era de los pocos jóvenes que comprendía la importancia de la puntualidad, y es que si citaba a alguien a las siete de la mañana, esperaría que esa persona este sentada frente a él a las seis y cincuenta y nueve, por tarde.

Sintiéndose incapaz de volver la vista a la ventana, apoyó un codo sobre la mesa y acomodó el mentón sobre la palma de la mano. Mantuvo su mirada fija en la puerta de aquel restaurante y sonrió de lado al ver a Light aparecer en ella, quien se abrió camino entre las mesas sin prisa pese a que ya llevaba veinte minutos de retraso.

—Lamento la tardanza—. Dijo, manteniendo el semblante serio mientras tomaba la silla frente a Lawliet para tomar asiento.

—¿Por qué no estás uniformado?— Ignoró las disculpas del castaño, solo bastaba ver su cara de pocos amigos para saber que no eran sinceras. Sin embargo le llamó la atención verlo con una camisa color rojo de manga larga y cuello de tortuga en vez del esperado uniforme por ser un día de semana.

—No iré a clases—. Se encogió de hombros, no creía que hubiese otra respuesta más lógica que esa. Además no podía presentarse al colegio con el aspecto que tenía.

—¿Quién te hizo eso?— Señaló con su índice la zona violácea que Light tenía bajo los labios. Si bien le había visto marcas en diferentes partes del cuerpo, la del rostro estaba seguro que no la tenía el día de ayer.

—Tu amigo Matt— dijo sin mirar a los ojos de su interlocutor, en cambio tan solo tomó el menú que estaba sobre la mesa y lo extendió, ocultando con él la parte inferior de su cara.

—Yo estuve ahí, Matt no te ha hecho eso— contestó serio mientras alzaba un poco su mano para llamar la atención de una mesera —. Seguramente fue alguno de tus clientes, pero ya no recuerdas cuál.

Light se encogió en el asiento y como acto reflejo cubrió su rostro completo con el menú, ¿¡en serio ese idiota había dicho lo que dijo frente a una desconocida!?

—¿Están listos para ordenar?— Interrumpió la chica de forma amable luego de haber rellenado con café la taza de ambos

—Ahm... yo qu-quiero... — Light dio otro vistazo al listado de platillos, pero todos tenían nombres extraños y precios elevados.

—¿Qué sucede, amor? ¿No te gusta nada del menú?— Dijo Lawliet con una sonrisa ladina al notar los nervios y confusión en el rostro del menor.

—Quiero lo mismo que tú — espetó a la vez que cerraba la cartilla de golpe y la dejaba sobre la mesa.

—Yo solo pido café— sonrió de lado pero Light se encogió de hombros de forma altanera —. Los canapés con huevos de codorniz son mis favoritos.

—Los míos también— contestó al instante. Jamás los había probado pero sabía lo que eran, había escuchado a Mikami hablar de ellos alguna vez, y al buscar fotos en internet no lucían como nada del otro mundo.

Lawliet sonrió, más bien, se mordió los labios para no carcajearse por lo orgulloso que podía ser Light , pero no dijo nada, en cambio mantuvo la compostura y asintió con la cabeza para indicarle a la mesera que ese sería el plato a ordenar.

—Vuelvo enseguida— terminó de anotar el pedido y les dedicó una sonrisa a ambos antes de dirigirse a la cocina.

—¿En qué estábamos?— Retomó la conversación, desabrochando el botón del medio de su saco y acomodándose nuevamente en la silla.

—En que tú me dirías el por qué me llamaste esta mañana— se cruzó de brazos. Por supuesto que recordaba el último comentario que Lawliet había hecho, ¡lo dijo enfrente de la jodida mesera!, pero no le reclamaría por eso, de hacerlo tendrían que regresar a la plática previa, y jamás le contaría sobre Ushio. Además le interesaba saber por qué el pervertido ese vestido de traje le había llamado e invitado a desayunar, si la suerte estaba de su lado a lo mejor el idiota quería deshacer el trato.

—Cierto...— sonrió con una inocencia que le pondría los pelos de punta a cualquiera, y es que Light nunca utilizaría ese adjetivo para describir al empresario—. Te llamé porque quería disculparme, ya sabes, por lo de ayer— con parsimonia comenzó a agregar azúcar a su café, quizá demasiada antes de revolverlo con la cucharita.

—¿Por lo de ayer?— preguntó con seriedad —¿te refieres a haber robado mi carnet?, ¿toquetearme enfrente de todos mis compañeros?, ¿por haber hecho que me acostara con uno de tus amigos?, ¿o por...

—Por haberte presentado como mi puta— interrumpió calmado luego de dar un sorbo a la taza—. Aún está amargo...— murmuró, volviendo a su labor de agregar más azúcar—. Como sea, el trato es entre tú y yo, eres mi zorra,, pero quizá no era necesario que mis amigos lo supieran.

—No seas hipócrita— soltó una carcajada. A lo mejor debía lanzarle el café caliente en la cara, pero es que ese tipo era tan increíblemente egocéntrico que le fue imposible no reírse —. Tú y yo sabemos que no sientes ni el más mínimo remordimiento, me atrevo a decir que ni siquiera conoces dicho sentimiento. Lo disfrutaste, Lawliet, y no trates de negarlo porque puedo ver como te brillan los ojos solo de recordarlo— el mayor de los dos sonrió de lado, porque era cierto, de tener la oportunidad lo haría de nuevo—. ¿Por qué le das tantas vueltas? Dime de una vez para que me llamaste.

—Está bien...— inspiró hondo pero mantuvo la compostura. Ahora venía la parte difícil, explicar por qué lo había llamado—. Matt me ha reclamado, piensa que las marcas en tus brazos las hice yo, cosa que obviamente no es cierto— masculló con cierta molestia al recordar los reproches de su amigo. Que fuese un hijo de puta con Light no significaba que fuese violento, y le ofendía que Matt tuviese esa imagen de él—. Al principio no le tomé importancia, ya sabes, pero a los tipos como tú es normal encontrarlos en los baños, drogados y ofreciendo sus servicios a cambio de un poco de éxtasis barato.

—Ya te dije que...

—Sí, sí, que no consumes nada— repitió las palabras que Light le había dicho la tarde anterior, haciendo a la vez un ademán con las manos, como pidiéndole que se calmara o restándole importancia—. Entonces, ¿por qué tienes esas marcas?— su rostro cambió a uno más serio luego de lanzar la pregunta sin rodeos.

—Eso no te importa—. Como acto reflejo se cruzó de brazos para ocultar los pinchazos, aunque claramente éstos estaban ocultos bajo la tela de las mangas.

¿Le importaba? No, la vida de Light le era indiferente, solo quería una explicación para poder dársela a Matt. ¿Realmente no le importaba? Quizá debía que admitir que un poco, pero solamente por empatía, como cuando ves a un perro callejero y quieres tirarle un trozo de pan, o algo parecido sintió cuando hizo que Light lo montara, pudiendo contarle un par de costillas cada vez que se movía. Al verlo desnudo era fácil decir que Light estaba muy por debajo de su peso ideal, su delgadez no rayaba lo enfermizo pero tampoco lucía un aspecto saludable, aunque la salud de ese era algo que lo tenía sin cuidado, ¡era su bienestar el que le preocupaba!, ¡se lo había llevado a la cama! Había usado protección pero si desde la primera noche hubiese sabido que Light se prostituía quizá hubiese optado por otras medidas o simplemente no tocarlo ni con la punta del dedo.

—Creo tener derecho a saberlo— continuó luego de unos segundos —, con la vida que llevas no sería extraño que ya te hubieses contagiado algo.

—Bonita hora en la que tu sentido común viene a aparecer— dijo con sorna a la vez que levantaba una ceja.

—Ingerí algunas sustancias aquella noche— era una pésima excusa, pero era la única que tenía.

—Por ello digo que las drogas nunca te dejan nada bueno, deberías dejar de meterte cosas raras.

—¿Y lo que tú haces deja algo bueno?— Frunció un poco el entrecejo. Él no necesitaba consejos de un niño, menos de uno cuyo oficio era vender el culo a extraños—. ¿No crees que deberías seguir tu propio consejo y dejar de meterte cuanta verga se te pone en frente?

—¡Hablas como si me conocieras!— espetó apretando los puños —¡como si te constara que mi vida no es más que estar parado en las esquinas!

—Pues de esa forma actuaste ayer, ¿lo olvidaste?— que tampoco se hiciera el ofendido ni se las llevara de santo, él podría haber rechazado la propuesta pero prefirió el dinero—. El problema es que hice que Matt se acostara contigo sin asegurarme que...

—¡No estoy enfermo!— Interrumpió con la mandíbula completamente tensa. Le estaban cansando los comentarios de ese sujeto, su actitud, la forma en la que lo miraba, como si no valiera nada por la vida que llevaba —¡A veces suelo inyectarme vitaminas y mi piel suele marcarse ante el más leve golpe!

—¿Piel sensible, eh?— Se relamió los labios de una forma que hizo rabiar a Light. Su rostro se mantuvo igual, no cambió aún cuando el muchacho explicó el motivo de aquellas marcas, pero se sentía aliviado, al menos no se le iba a caer el pene a causa de alguna gonorrea o algo parecido—. Me consta que todo en ti es sensible.

—¡Quiero deshacer el maldito trato!— espetó —quiero pagarte...

—¡Claro!— sonrió con malicia —¿tienes contigo los ciento sesenta dólares?

—No...— susurró cabizbajo, su seguridad se desmoronó en un instante y casi se encogió en su asiento. Solamente tenía parte de lo que Lawliet le había pagado el día de ayer —Tengo esto...— sacó su billetera y de forma dudosa la abrió frente al empresario, mostrando los únicos dos billetes de veinte dólares que portaba—. Te debería aún ciento veinte.

—Si no tienes los ciento sesenta completos, no puedes deshacerte de mí— se encogió de hombros y dio otro sorbo al café.

—¿¡Cómo esperas que te pague todo el dinero de una sola vez!?— Tomó lo que tenía en su cartera y lo extendió al empresario, esperando que aceptara esa parte como retribución.

Sin embargo Lawliet ni se inmutó, paseó sus ojos desde los billetes que Light le ofrecía hasta la mirada hastiada del muchacho. Pero no los tomaría, si él quisiera ni siquiera le exigiría una forma de pago, no lo necesitaba, sin embargo se estaba divirtiendo demasiado como para deshacer el trato tan rápidamente. Además, y aunque le costara trabajo admitirlo, por segunda vez en lo que iba de esa mañana había experimentado a causa de Light algo parecido a la compasión, no tenía el corazón lo suficientemente duro como para tomar los únicos billetes que el muchacho tenía consigo.

—No me pagues— dijo al fin, extendiendo su brazo para tomar la mano que Light tenía sobre la mesa, haciendo que los billetes quedaran atrapados en la palma del menor—. Apégate al trato y ambos salimos ganando.

—Perdón por interrumpir— la mesera carraspeó la garganta y colocó un plato frente a cada uno. Light retiró la mano rápidamente, provocando que la chica desviara la mirada avergonzada por haber sido inoportuna—. ¿Está todo bien con su orden?, ¿se les ofrece algo más?— preguntó más como parte del protocolo que por amabilidad, lo único que quería era poder irse para que la pareja siguiera en lo suyo.

—Todo está bien, gracias— fue Lawliet quien agradeció con una sonrisa, permitiendo que la chica se retirara satisfecha—. Me alegra que tomaras la decisión correcta— opinó una vez estuvieron solos, y es que debido a la interrupción Light había retirado la mano y guardado el dinero de nuevo.

—Cállate...— espetó sin voltear a verlo. Su atención se encontraba fija en el platillo frente a él, con el tenedor pinchó un poco el huevo y la yema se esparció por todas partes, ¿eso siquiera estaba bien cocido?, ¿no se iba a enfermar por comer cosas crudas?

—Espero que te guste— sonrió de lado, era divertida la manera desconfiada con la que Light veía la comida.

—¡Te dije que te calles!— intentó cortar un trozo del canapé, y lo hizo, pero no de forma muy agraciada —¿qué no sabes que te odio?

—¿Qué no sabes que no me importa?— Soltó una suave risa mientras acomodaba sobre los muslos la servilleta de tela blanca—. Además, terminaras amándome.

—Las posibilidades de que yo te amé son las mismas posibilidades de que tú me lleves a un hotel de lujo— se defendió ante la broma del otro, quien no hizo más que reír.

—O sea... ¿nulas?

—¡Exacto!— Aseguró, apuntándole con el tenedor en forma de advertencia luego de haber dado un bocado demasiado grande.

Lawliet suspiro y se dispuso a comer, tomando los cubiertos de una forma muy distinta a como Light los tomaba. Tres cosas le quedaron claras, dos de ellas ya las sabía; uno, la palabra amor no tenía cabida entre ellos y tampoco le interesaba; dos, Light asistía a un colegio para niños adinerados pero no significaba que él lo fuera; y tres... disfrutaba de su compañía.

oOo

—Matt, me estoy aburriendo— era la quinta vez que Beyond se quejaba en menos de cinco minutos, desde que el pelirrojo se había dispuesto a reparar la computadora del vecino—. ¿Y si mejor jugamos?

—Si quiebras algo te las verás con Nate— advirtió sin voltear pues su amigo no dejaba de lanzar una pelota de tenis contra la pared, mientras descansaba en el sillón.

—Anda, solo una partida de FIFA— dejó la pelota a un lado y se puso en pie, caminando hasta el escritorio que estaba en la sala donde Matt trabajaba, queriendo captar la mirada del otro pero éste siguió sin levantar la cabeza.

—Ya te dije que no puedo— ajustó sus goggles y continuó con una seriedad muy pocas veces vista. Beyond puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, Matt claramente no pudo ver los gestos de su amigo por estar concentrado en el aparato frente a él, pero sí pudo escucharlo lanzar un bufido—. Con lo que me paguen tendré el dinero suficiente para la reparación del auto—. Explicó, esperando que fuese suficiente para que el otro tuviera paciencia. Ya luego lo destrozaría en todos los videojuegos posibles, ¿cuál era la prisa?

—Más bien creo que tiene que ver con Near— opinó hastiado antes de regresar al sofá. Por la mañana había escuchado al más joven y enano de todos regañarlo por ser un flojo.

—Sí, es cierto. Se lo prometí a mi querido Nate.

Beyond regresó a su juego previo de hacer rebotar la pelota, pero sin dejar de pensar en lo que Matt acababa de decir.

—¿Realmente te gusta?— Cuestiono unos segundos después con una voz apenas audible.

—¿Por qué?, ¿celoso?— Alzó al fin su rostro y lo ladeó un poco hasta encontrarse con el del otro, quien como acto reflejo le lanzó la pelota que tenía en la mano—. ¡Oye!— se quejó a la vez que se acariciaba el antebrazo que había usado como escudo.

—¡Claro que no, idiota!— Hizo un mohín con los labios y se cruzó de brazos—. ¡Lo digo por Mello!

—¿Qué con Mello?— Contestó haciéndose el desentendido aunque claramente sabía que se refería a esa relación amorosa-informal que Mihael y Nate tenían, nadie en sus cinco sentidos se metería entre ellos porque no había forma de salir ganando.

—Ya entiendo porque nadie te quiere—. Bufó mientras apartaba la mirada hastiado.

—¡Ay, que amargado!— Volvió a tomar el destornillador y continuó con su trabajo—. Y para que lo sepas, jamás me ha gustado alguien sentimentalmente.

—¿Entonces por qué siempre andas detrás de Near?

—Porque me atrae, Nate es demasiado lindo como para no querer pervertirlo— soltó un suspiro y se mordió los labios, pero luego sacudió la cabeza, no era momento para imaginarselo en posiciones sugerentes—.. Tal vez reparar esta computadora me de suerte y Nate se abra de piernas como agradecimiento.

—¡Eres asqueroso! Hablas de él como si fuese un chico cualquiera que te traes del club— arrugó la nariz, formando una mueca de asco—. Tampoco sé cómo puedes pensar en sexo luego de lo de ayer.

—¿Te refieres a Light?— Se acomodó los goggles sobre la cabeza y dirigió toda su atención a Beyond—. Fue algo que tu hermano me pidió.

—¿Y te gustó?— Preguntó curioso apoyándose en la pared que estaba al lado del escritorio.

Matt sonrió, no contestó al instante, claro que lo había disfrutado pero... ¿acaso eso tenía importancia para Beyond?

—¿No que no te gustan los hombres?— dijo con malicia —¿por qué quisieras saber si me gustó estar en el culo de otro, eh?

—No seas idiota...— masculló con las mejillas demasiado rojas. Extendió un brazo con intenciones de darle un golpe en la nuca al tonto de su amigo, pero éste lo esquivó y le tomó la mano rápidamente.

—¿Te excitan los hombres, Beyond?— En un movimiento rápido le torció el brazo

tras la espalda y lo empujó de frente contra la pared—. Te cogiste a un desconocido en el cuarto oscuro del club, aunque lo niegues, todos sabemos que lo hiciste.

—¡Dijeron que ya no molestarían con eso!— gruñó mientras intentaba zafarse— ¡si no lo recuerdo, no ocurrió!— Farfulló, citando la excusa barata que daría cualquier borracho.

Matt soltó una suave risa, la única razón por la que todos continuaban molestando a Beyond con lo mismo es porque la reacción de este era hilarante; de hecho ni siquiera estaban seguros de si realmente el menor de los gemelos había cogido con aquel desconocido, pero todos lo vieron ingresar al cuarto oscuro, y ahí no se iba a otra cosa que no fuese a tener sexo, ya que el otro no lo recordara no era problema de ellos.

Aún manteniendo al muchacho contra la pared, acercó completamente su cuerpo al de su amigo, razonado con su miembro el vulnerable trasero.

—Dime, ¿no se siente bien?— le susurró al oído, asegurándose de recorrerle con la punta de la lengua el lóbulo de la oreja.

Beyond se quedó paralizado, haciendo que Matt se sintiese con más confianza de descender hasta el cuello y morderle suavemente la piel expuesta. ¡Él no era gay! se repetía mentalmente, entonces, ¿por qué no se movía? Quería pero su cuerpo no reaccionaba. Sin embargo sus ojos se abrieron de par en par cuando un Matt más desinhibido comenzó a moverse de adelante hacia atrás, simulando una penetración. Matt sonrió descaradamente y se acercó una vez más a la oreja del otro, pero antes de que pudiese hacer algún comentario referente a su inminente erección, un certero y sorpresivo golpe en su ojo lo hizo retroceder. Se había confiado demasiado y al momento que Beyond giró no pudo detenerlo, había olvidado que éste era más fuerte de lo que aparentaba.

—Me encargué de que el golpe fuese en tu otro ojo— dijo sonriente, haciendo referencia a otra pelea que habían tenido cuando eran más jóvenes.

—¡Mierda!—farfulló, cubriéndose con ambas manos la zona afectada. Joder, dolía demasiado, ¡ni siquiera podía abrir el ojo! —¡Genial! Ahora me costará más hacer el trabajo— refunfuñando regresó al escritorio, aplicando la ley del hielo a su amigo por lo que restó de la tarde.

oOo

—¿¡Por qué te pones del lado de Lawliet!?— se quejó Mello, frunciendo el entrecejo a la vez que escondía las manos en los bolsillos del pantalón—. Siempre has estado de mi lado— masculló de forma infantil, como un niño que ha sido traicionado.

—No estoy del lado de nadie— se defendió apenas audible Near. No le gustaba cuando Mello lo ignoraba, lo había hecho durante todo el día en el trabajo, pero sí hubiese preferido que se guardara sus reclamos para un mejor momento, no de regreso a casa—. Cada quien es libre de hacer lo que quiere, Lawliet no obligó a Matt, por eso no puedo enojarme con él.

—Pero Lawliet es mayor, él no debió inducir a Matt a acostarse con esa puta — gruñó apretando los puños.

Near inspiró hondo antes de alzar la mirada y detenerse a apreciar las pocas estrellas que comenzaban a verse en el ocaso. El alumbrado eléctrico empezaban a funcionar a la vez que el sol continuaba ocultándose, dando por terminado un día más. Un día en el que Mello no había hecho más que ignorarlo y rehuirle la mirada por algo que él ni siquiera había hecho.

—Ya no estamos en el orfanato, Mello. Todos somos grandes y Lawliet no tiene que cuidar de Matt ni de nadie— se cruzó de brazos al decir lo último. Quizá en otra ocasión se hubiese puesto del lado de Mello como él tanto quería, así Near hubiese llamado a Lawliet para reclamarle, porque no importaba que fuese el menor, todos lo escuchaban atentos y cabizbajos cada vez que estaba enojado. Pero no lo hizo porque, como ya había dicho, todos estaban en edad de tomar sus propias decisiones; además estaba seguro que la molestia de Mello era porque se trataba de Matt, su reacción hubiese sido distinta si era Beyond quien se acostó con aquel chico —. Tampoco te consta que Light sea eso que tú dices—. Finalizó, con un tono más suave ya que habían ingresado al edificio donde vivían y no deseaba que los vecinos chismosos se enteraran de su pequeña pelea. Al menos esa era su intención, pero al parecer no era la de Mello.

—¡Llega a una casa que no conoce, permite que le llamen zorra frente a desconocidos, gime sin pudor y accede a acostarse con alguien que acaba de ver, ¿eso no es ser una puta?— dijo con sorna y molestia a la vez que pedía el ascensor.

Near se quedó callado, sintiendo las mejillas arder de la vergüenza, ¿en serio era necesario ser tan escandaloso?, eran los únicos en el elevador por lo que le fue fácil escucharle la respiración agitada, como si realmente le estuviese siendo difícil inhalar aire.

—A mí me pareció que Light es buena persona— murmuró apenas audible tan pronto el ascensor se detuvo en el tercer piso.

—A ti todos te parecen buenas personas— soltó una risa llena de ironía y salió del elevador, buscando en los bolsillos del pantalón las llaves del apartamento.

—Y tú siempre le buscas lo malo a la gente—. Espetó con el entrecejo fruncido mientras caminaba más rápido para seguirle el paso.

—Soy realista— aseguró —. No como tú que eres demasiado iluso.

—¿Iluso?— reprochó al instante, sintiendo que tras sus párpados las lágrimas comenzaban a acumularse. Por un momento Mello detuvo la llave a escasos centímetros de la manija y ladeó el rostro hacia el más bajo, pero no se mostró afectado por la angustia que reflejaban esos ojos grises —¿Y cuál es el defecto de Matt?— preguntó con dificultad, la voz casi fallandole.

Mello le mantuvo la mirada por pocos segundos, pero luego abrió la puerta e ingresó al apartamento, dejándolo ahí.

—¡Que bueno que vuelven!— dijo Matt, terminando de trabajar en su escritorio. La puerta de entrada estaba a sus espaldas pero no necesitaba voltear para saber quién había entrado, por la hora que era solo podía tratarse de sus amigos—. ¿Adivinen quien preparó la cena?— dejó todo ordenado y se puso en pie a la vez que la puerta al lado del escritorio se abría, saliendo Beyond por ella.

—No me hago cargo de nada— dijo el menor de los Lawliet con una sonrisa mientras se limpiaba las manos con el delantal que llevaba, pero su semblante cambió a uno serio al encontrarse con un Mello malhumorado y un Near cabizbajo unos pasos más atrás.

—No tengo hambre— sin voltear a ver o detenerse a saludar a sus amigos, Mello cruzó la sala y se dirigió a su habitación para encerrarse en ella.

—Han vuelto a pelear...— susurró Beyond tras un suspiro. Él que se había esforzado tanto en cocinar para matar el aburrimiento y ahora la cena familiar que tenía planeada se había ido a la mierda.

Pero definitivamente el más avergonzado de todos era Near, quien hasta el momento no había alzado el rostro porque no se sentía capaz de darles la cara y explicarles que sucedía porque ni siquiera él lo entendía del todo. Era bien sabido que ellos dos peleaban todo el tiempo, Mello se burlaba de su colección de figuras y él lo regañaba por la excesiva ingesta de chocolate; discusiones sobre lo que les molestaba del otro pero jamás a causa de un tercero y era eso último lo que le dolía y lo tenía confundido. ¿Era realmente necesario tratarlo con la indiferencia con la que lo había hecho todo el día por algo que él ni siquiera hizo? Si tanto le molestaba, ¿por qué no le reclamaba a Matt o a Lawliet directamente?, ¿por qué se tenía que desquitar con él?

—Iré a cenar a tu cuarto, Matt— dijo Beyond de repente para romper el silencio que se había formado. Ni siquiera llevo un plato consigo, tan solo hizo un ademán con la mano como indicándole al pelirrojo que se acercara, dando la vuelta unos segundos después y dejándolos solos.

No es que confiara en las habilidades comunicativas de Matt, de hecho creía que era el menos indicado, pero ellos llevaban viviendo mucho juntos más tiempo, por lo que estaba seguro que encontraría las palabras correctas. Además ese trío amoroso no-oficial era algo que solo ellos entendían.

—Uhm...— se acercó y con mucha cautela llevó una mano hasta la cabeza de Near, acariciándole de forma rápida y suave el cabello. ¿Y ahora? no tenía idea de qué debía decir —¡Oh, sí! ¿Sabes que hice hoy mientras...

—No es necesario que te esfuerces, Matt— interrumpió tras soltar un suspiro. No quería preocupar a nadie así que intentó sonreír lo mejor que pudo antes de alzar la cabeza—. Eres muy amable, pero... ¿¡qué rayos te pasó en el ojo!?

—Ah, esto...— con el dedo índice señaló su propio rostro y se encogió de hombros, ya no le dolía tanto, pero podía abrir el ojo menos que antes—. No es nada...

—No me digas que Beyond te lo hizo— ignorando las palabras de Matt, lo tomó de la mano y lo llevó hasta el sofá, donde lo hizo tomar asiento—. ¡Quédate aquí!

—No es grave, ya ni me duele... — dijo desde la sala, esperando que Near lo escuchara en la cocina—. De hecho ni siquiera siento la mitad de la cara— susurró para sí mismo mientras de forma temerosa se rozaba con los dedos el pómulo inflamado, solo para asegurarse que aún tuviese cierta sensibilidad.

—¡Y espera que lo vea!— Gritó Near mientras envolvía un poco de hielo en un trapo —¡no sabe lo que le espera!

Eso último lo hizo sonreír, Near media alrededor de ciento sesenta centímetros y Beyond estaba cerca de los ciento ochenta, por lo que era curioso cómo ese pedacito de persona los ponía en su lugar a todos.

—No creo que sea necesario, Nate— susurró apenado al verlo regresar con una compresa fría, pero sobre todo al notar que, pese a que Near lucía un entrecejo fruncido, los ojos de éste estaban rojos, y dudaba mucho que esto se debiera al enojo que tenía contra Beyond.

—¡Ni hablar!— sentenció, obligándolo a recostarse antes de sentarse a su lado—. Si no te pones hielo, la hinchazón no bajará y para mañana no podrás ni abrir el ojo...— explicó con un poco de calma al momento que Matt hizo una mueca de dolor por la fría compresa en su piel—. No entiendo por qué Beyond tiene que solucionar todo a golpes...

—A decir verdad... yo lo provoqué...— dijo con dificultad entre dientes.

—Debí suponerlo— puso los ojos en blanco e involuntariamente ejerció más presión con la compresa sobre el pómulo del otro, haciendo que éste se quejase una vez más—. ¡Tú siempre lo provocas! Es que no entiendo que tienes en la cabeza. Algún día de estos...

—¡Oye! Me gusta más cuando me defiendes— interrumpió mientras hacía un puchero.

—Solo quiero que estés bien— sonrió —. No me gusta que peleen...

—Y a mí no me gusta verte triste— con una de sus manos abarcó una de las pálidas y redondas mejillas, la cual acarició con el pulgar.

—No estoy triste— esbozó una sonrisa forzada, colocando su mano sobre la de Matt para que ésta permaneciera ahí.

—Tampoco me gusta cuando mientes acerca de no estar triste— continuó, sabiendo que Near siempre anteponía el bienestar de los demás antes que el suyo propio.

—Eres tan raro cuando hablas así...— soltó una risilla un tanto incómoda pero a fin de desviar la atención.

—No me culpes, me he pasado el día entero intentando reparar esa chatarra— refunfuñó, consciente de que era eso lo que el otro esperaba: cambiar el tema —. No entiendo porque el señor Rodríguez se esmera en mantener ese vejestorio en vez de comprar uno nuevo.

—Pero al menos no te pasaste el día siendo un flojo, te mereces un premio— alborotó los cabellos rojos de su amigo con una mano, haciendo que éste sonriera por un instante—. Puedo ir donde el vecino del quinto piso y pedir prestado ese juego que tanto te gusta.

—Sería genial, pero no puedo abrir uno de mis ojos, ¿recuerdas?— se cruzó de brazos e hizo un mohín con los labios, haciendo que las mejillas del menor se tiñeran de un adorable rosa.

—¡Tienes razón! L-Lo siento... — titubeó apresurado y avergonzado mientras pensaba en cómo reparar lo que dijo—. Entonces pide otra cosa...

—¿Y me lo cumplirás?— interrogó con una sonrisa ladina a la vez que acomodaba el cojín que servía de soporte en su espalda, quedándose así un poco más sentado.

Near desvió la mirada y guardó silencio, completamente tenso. Podía ser que todos lo consideraran el más inocente, pero tampoco era idiota, había visto suficientes películas para saber cuál era el significado de aquella pregunta. Pero... ¿qué había de malo?, si Mello podía besarse con cualquier desconocido, ¿por qué él no?

—Podría ser... — susurró cabizbajo y nervioso.

Matt sonrió. Near le atraía demasiado desde hace mucho, era una atracción divertida debido a la emoción del constante coqueteo, haciéndolo sentir como un cazador que busca atrapar a su presa más difícil, esperando algún día poder convencerlo de divertirse juntos en la cama. Y al tenerlo tan cerca no pudo evitar rodearlo con ambos brazos y atraerlo hacia su cuerpo, envolviendolo en un abrazo, uno que sorprendió al más bajito que esperaba algo diferente.

—No te restes importancia por dársela toda a Mello—. Le susurró al oído mientras lo sostenía con más fuerzas.

Nate era su amigo de toda la vida, lo consideraba como un hermano pequeño al que hay que cuidar, y jamás se aprovecharía de la vulnerabilidad de alguien a quien quiere.