ón
Entre los placeres favoritos de cualquier alumno se encontraban las vacaciones, las clases suspendidas y, por supuesto, que el profesor se ausentara. No importaban los buenos modales aprendidos en las clases de etiqueta, al final todos eran adolescentes y no desaprovecharían la libertad de no tener alguna autoridad presente.
—Muy bien, alumnos, empezaremos la clase con algunos ejercicios— ironizó un chico llamado Matthew desde el escritorio del maestro ausente. Se había alborotado su cabello lacio intentando lucir un estilo afro y había fingido una voz ronca para escucharse como un hombre mayor —, luego me pasaré el resto de la clase hablando de mi vida aunque a nadie le interese.
Los alumnos más próximos al escritorio rieron, los demás probablemente ni siquiera escucharon la broma al encontrarse cada quien con su grupo de amigos; desde chicas chismeando hasta muchachos juntando pupitres para ver quien era capaz de saltarlos todos. Un caos.
—¡Y no olvides su perfecto inglés!— sugirió una chica castaña, alentando el sketch que Matthew se había montado frente al salón. El muchacho se había subido los pantalones hasta muy por arriba de la cintura, tal y como el docente los usaba.
Light puso los ojos en blanco, aún entre el bullicio había escuchado esa última broma, y no porque estuviese prestando atención a ese grupo en específico, más bien era porque su compañera tenía una voz demasiado escandalosa, mucho más que la de Misa; además su pupitre era el cuarto en la fila, al lado de la ventana y frente al escritorio, por lo que aunque quisiera ignorarlos los tenían demasiado cerca como para no escuchar alguna estupidez que decían. El profesor Aizawa no era de sus favoritos, pero no por ello encontraba gracioso que los demás se burlaran de su acento, además el hombre era maestro de matemáticas y no de inglés como para que fuesen tan duros con él. Sin embargo no dijo nada, defender a un docente era pedir a gritos que te hostiguen por el resto del año. Por su parte prefirió volver la vista a su cuaderno, intentar concentrarse con todo el desorden que ocurría alrededor no era fácil, pero debía aprovechar la ausencia del maestro y transcribir las clases que había perdido por los días que no estuvo presente.
—¿Te falta mucho?
Light alzó un poco y por breves segundos la mirada antes de menear la cabeza. Mikami tomó asiento en el pupitre de adelante pero de forma invertida, flexionó una pierna y se acomodó de tal manera que su espalda rozaba la tabla del pupitre mientras que su torso veía hacia el lado del respaldar.
—Hay algunos ejercicios que aún me cuestan—. Su comentario fue más por amabilidad que por pedir ayuda; no había despegado la mirada del cuaderno, pero tampoco quería que su amigo se sintiera ignorado.
—Yo puedo enseñarte, si quieres— sonrío de lado antes de posar su mano sobre la mano con la que Light aún sostenía el lápiz.
En ese instante, el tiempo y el bullicio alrededor de ellos pareció detenerse, al menos así fue por pocos segundos, hasta que Light reaccionó y removió la mano disimuladamente.
—Quiero intentar hacerlo por mi cuenta primero— sonrió de manera dulce, dejando abierta la posibilidad de necesitar ayuda después—. Mejor cuéntame cómo vas con Misa— preguntó fingiendo interés. Hubiese preferido seguir trabajando en los ejercicios, pero necesitaba cambiar de tema y dejar atrás el incómodo momento de hace unos segundos.
Mikami se encogió de hombros con rapidez, una reacción involuntaria de la cual se arrepintió al instante.
—Me da mucha vergüenza confesarme— susurró cabizbajo, esperando que su desinteresado gesto de antes hubiese pasado desapercibido. Se suponía que él estaba enamorado de Misa, o al menos es lo que le había dicho a Light, era la excusa perfecta para poder tener más tiempo a solas con su amigo mientras lo "ayudaba" a idear una manera para enamorarla.
—¡Vamos, Mikami, ni siquiera has hecho la lucha!— intentó alentarlo dándole un apretón en el hombro. Realmente estaba intentando ser el mejor cupido que podía, de hecho en más de alguna ocasión había fingido ser Misa mientras Teru lo tomaba de las manos y simulaban una confesión, no le molestaba si con eso lograba ayudar a su amigo a vencer los nervios. Cualquier otra persona ya hubiese sospechado de esos roces o palabras que el otro le decía, en realidad él ya lo había pensado un par de veces, pero estaba seguro, o al menos prefería convencerse de que Mikami era heterosexual, porque él no se veía correspondiendo los sentimientos de su amigo ni de nadie—. Ya te dije que le compres el almuerzo o le ayudes con los libros. Debes ser más amable con ella.
—Sabes que lo intento pero a Misa le encanta ponerme los nervios de punta— meneó la cabeza mientras sonreía, amaba a la chica pero como a una amiga, pensar en ellos como pareja era lo mismo que intentar mezclar el agua con el aceite: imposible—. Creo que ella ya no me gusta tanto— susurró semi cabizbajo pero manteniéndole la mirada, creyendo que era un buen momento para comenzar a dirigir las indirectas hacia el verdadero objetivo.
—¡Pero dijiste que estabas enamorado de ella!— reprochó un poco exaltado antes que el otro pudiera decir algo más. Él creía que gustar y estar enamorado no eran lo mismo, el enamoramiento es un sentimiento más fuerte y exclusivo del cual no te "deshaces" en cuestión de días.
—Cuando empiezas a ver a esa persona con otros ojos, descubres actitudes que pueden desagradarte, o por el contrario enamorarte más, ¿nunca te ha pasado?
—¡Genial! ¿¡Y ahora qué haré con todas las imágenes cursis que me hiciste descargar en mi celular!?— se cruzó de brazos y frunció el entrecejo, un gesto que sonsacó una risa al otro.
—Guárdalas, creo que me gusta otra persona—. Dijo, como si fuese lo más normal del mundo.
—¿Alguna vez de verdad te ha gustado alguien?— Antes de Misa hubo otra chica, y antes de esa chica existió otra. Atracciones pasajeras. La diferencia es que Light había creído que al tratarse de Misa, la única chica a la cual Mikami consideraba su amiga, el sentimiento era más fuerte y no algo del momento.
—Creo que no— se encogió de hombros restándole importancia —, quizá aún no aparece la indicada... o él indicado— susurró lo último. Light se quedó inerte, sin saber qué decir. No quería ser paranoico, no significaba que Mikami le estuviese confesando algún tipo de sentimiento, pero ¿por qué hacerle ese tipo de comentarios justamente a él? —¿Y tú ya te has enamorado?— preguntó luego de unos segundos para disipar el silencio entre ellos.
—No, eso no es para mí— contestó al instante meneando la cabeza. No fue rudo pero mantuvo un semblante serio, esperando que con eso fuese suficiente para que no existieran malos entendidos.
—No deberías pensar así— sonrió y nuevamente tomó la mano que Light tenía sobre el pupitre, un contacto que duró menos que el primero cuando el castaño fingió que necesitaba acomodar su corbata para poder retirar la mano—. Seguramente hay alguien especial para ti— añadió con la misma sonrisa, como si realmente no se hubiese percatado del rechazo que acababa de recibir.
—No lo veo de esa manera— aseguró mientras erguía la espalda contra el respaldar.
Erguirse en el asiento fue un gesto involuntario, probablemente su cuerpo había reaccionado de forma inconsciente ante la cercanía del otro, sin embargo no acortó la distancia entre ellos ni cambió su semblante serio. No quería darle demasiada importancia, pero esperaba que sus palabras previas fuesen lo suficientemente claras para evitar momentos incómodos y explicaciones innecesarias en el futuro. Además estaba casi seguro que las preferencias sexuales de Mikami no se inclinaban hacia el mismo sexo, pero tampoco negaba que no existiese algún tipo de atracción, más que atracción quizá "curiosidad", como la de esos hombres que tienen una vida hecha al lado de una mujer pero aún así solicitaban sus servicios de vez en cuando. La diferencia es que esos hombres pagaban por dichos encuentros, y seguramente Mikami también tenía la capacidad económica para hacerlo, pero él no estaba interesado en saciar la curiosidad o calentura de un adolescente, sobre todo porque ante los ojos de todos sus compañeros él era un muchacho como cualquier otro, con una vida acomodada como el resto y no un chico con una madre alcohólica, un padre ausente, un cuerpo usado y un futuro incierto.
—Bueno, tampoco te lo tomes así— dijo luego de un par de minutos mientras agitaba una mano de arriba a abajo y se encogía de hombros, restándole importancia. No estaba interesado en un acercamiento del tipo sexual con un hombre, de hecho el solo imaginarlo le daba un poco de asco, pero sí le atraía la idea de al menos besar a la persona más compatible en cuanto a gustos y prioridades que había conocido en su vida, aún si era un hombre en lugar de una mujer. Sin embargo no estaba dispuesto a sacrificar su amistad por ser precipitado, creía tener el tiempo suficiente para descubrir lo que realmente sentía y quería sin tener que acelerar o volver incómodo el vínculo entre ellos—. Irás a mi casa, ¿verdad?— continuó luego de unos segundos más en silencio, un poco ansioso porque el otro no había abandonado ese rígido aspecto en todo este lapso —.También irá Misa— añadió arqueando las cejas con el fin de persuadirlo, ante lo cual Light soltó un suspiro y relajó los hombros antes de asentir.
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Beyond no era la persona más sociable, pero tampoco era un antipático, al menos no con las personas que más confianza tenía. Sin embargo venía callado desde hacía tres calles, completamente tenso en el asiento del copiloto mientras sujetaba con fuerza el asidero superior del auto. Jamás había considerado a Matt como un buen conductor, tal vez tampoco malo, quizá "temerario", de esos que meten acelerador a fondo cuando ven el semáforo en amarillo. El menor de los gemelos vio pasar su vida muchas veces en los escasos diez minutos que llevaban de recorrido, tan solo esperaba que Roger o Quillsh lo hubiesen bautizado al menos con el agua de la fuente que estaba en el patio trasero del orfanato, y que San Pedro lo estuviera esperando con los brazos abiertos.
—Ni siquiera sé cómo tienes licencia para conducir...— se quejó luego de que Matt lo hiciera saltar en el asiento por haberse pasado un túmulo sin precaución—. Ahora entiendo porqué ésta chatarra pasa más tiempo en el taller que en tu casa.
—¿¡Cómo te atreves a llamar "chatarra" a mi bebé!?— Farfulló indignado a la vez que intentaba encender un cigarrillo, soltando el manubrio por unos segundos—. Ha quedado como nuevo— añadió y con parsimonia deja escapar el humo de su boca.
—¿Cómo nuevo?— Beyond soltó una risa forzada mientras se limpiaba con el antebrazo el sudor acumulado en la frente. Hace un momento se vio tentado a tomar el volante cuando Matt lo soltó, pero se contuvo porque no quería que el otro supiera que llevaba las bolas en la garganta del miedo—. Seguramente este auto es de la época de Watari.
Matt gruñó, ignorando que el pésimo chiste de Beyond se debía al nerviosismo que sentía.
—Yo que tú me quedaría callado, aún faltan ocho cuadras en subida para llegar a la compañía de tu hermano. Así que un insulto más a mi bebé y te vas caminando— sentenció con el entrecejo fruncido.
Beyond realmente lo meditó un poco, quizá aún faltaba mucho pero al menos tendría la seguridad de llegar con vida si lo hacía a pie, pero eran ocho cuadras... y en subida...
—Seguiré insultando esta chatarra todo lo que quiera y si me obligas a bajarme, tal vez aplique tus técnicas de ir como niño pequeño llorando hacia Near— dijo con seriedad mientras se cruzaba de brazos, esperando provocar un poco más a su amigo con su comentario, pero en cambio le sorprendió escucharlo reír.
—¿Y tú crees que se pondrá de tu lado? Ya vimos quien es el favorito de Nate— de manera inconsciente se irguió en el asiento y tomó con más seguridad el volante.
Beyond solamente puso los ojos en blanco y soltó un pequeño bufido al no tener un contraataque para contradecir al otro, porque sabía que Matt se refería a la pequeña reunión familiar que Near armó desde muy temprano, donde los sentó a ambos en la mesa del comedor para hablar sobre la pelea de hace unos días. Near consideraba una falta grave el agredir físicamente a otra persona, sobre todo si esa persona es parte de tu familia. Para Beyond fue muy difícil tragarse su orgullo, una parte de él se sentía intimidado por Near, por ese enano al que todos procuraban no enojar, pero la otra parte de él se negaba a pedirle perdón al idiota de Matt, porque podía ver que el tonto ese estaba disfrutando ver cómo Near lo regañaba y lo obligaba a disculparse. Las cosas entre ellos ni siquiera estaban mal, Matt aún andaba con el ojo un poco morado pero tampoco parecía guardarle rencor, sin embargo para el más bajito era muy importante que existiera una disculpa, porque es lo que las verdaderas familias hacen cuando se equivocan.
—Tampoco te sientas tan importante— masculló unos segundos después mientras hacía un mohín con los labios —. Recuerda que también dijo que tú tenías una actitud difícil de soportar.
—¡Ay, por favor! Mi Nate te dijo eso para que no te sintieras tan mal— se encogió de hombros para restarle importancia al comentario—. Debiste ver tu cara de niño regañado— sonrió de lado y le dio una nueva calada al cigarrillo.
—El que se debería sentir mal eres tú, al menos yo no tengo que recurrir al menor de nosotros para que me defienda— resopló y se volvió a cruzar de brazos.
—Aww, ¿te molesta que Nate esté de mi lado y no del tuyo?— preguntó mientras extendía su brazo derecho para alcanzar y pellizcar la mejilla del otro, quien tras un gruñido le apartó la mano.
—Ti milisti qui Nate isti di mi lidi y ni dil tiyi— ironizó a la vez que ponía los ojos en blanco y sacudía las manos de forma boba. Matt dejó caer el cigarrillo que mantenía entre los labios al dejar escapar una carcajada por la actuación de su amigo. Sin embargo el distraerse lo hizo pasarse otro túmulo sin ninguna precaución, haciendo que Beyond saltara tanto que su cabeza golpeó contra el techo—. ¡Fíjate por donde vas, idiota!— farfulló mientras se sobaba la coronilla.
—¡Podría hacerlo si uno de mis ojos no estuviese golpeado!— replicó al instante.
—Si quieres te emparejo el otro...— masculló Beyond un poco más relajado a la vez que soltaba una suave risa.
—Y pensar que te pusiste como fiera porque me acerqué a tu culo— hizo un giro a la derecha tan brusco que las llantas rechinaron y Beyond se sujetó con fuerzas de donde pudo —¿Gay de closet, eh?
Beyond no dijo nada, las manos le temblaban tanto que aunque hubiese querido golpearlo no hubiese podido, y decirle algo o gritarle tampoco era opción, no cuando sentía el corazón agitado y atorado en la garganta gracias al idiota de Matt.
oOo
—Bienvenido a casa, señorito.
Una mucama de baja estatura y cabello rizado era quien había abierto la puerta para rápidamente tomar la mochila de Mikami. La misma mujer saludó a los otros dos muchachos que venían detrás del joven Mikami; una de ellas, Misa, sonrió de forma forzada; y el otro, Light, devolvió el saludo agitando la mano.
—¿Está mi nana ?— preguntó mientras se retiraba el saco y se lo entregaba a su empleada, sin ni siquiera voltear a verla, ni mucho menos agradecerle.
—Ella está en la cocina— informó con una sonrisa a la vez que intentaba seguirle el paso al muchacho —, dijo que le pediría a la cocinera que preparara algunos bocadillos para usted y sus amigos.
—Perfecto. Misa, puedes pasar a cambiarte a la habitación de huéspedes y Light... ¿te importaría esperarme un momento aquí?— preguntó al detenerse en medio de la sala. Light solamente asintió, entendiendo que su amigo tenía que ir a saludar a su nana si no quería que ella se resintiera—. Carlota, lleva sus cosas a mi habitación— ordenó antes de retomar su andar y dirigirse a la cocina.
—¿A qué se refería con que puedes pasar a cambiarte?— preguntó Light un poco confundido luego de que Mikami se retirara.
—¿Cómo que a qué?— replicó cabizbaja mientras revolvía todo lo que andaba en su bolsón, buscando el estuche donde había guardado sus prendas —¿acaso no trajiste tu traje de baño?
—¿Traje de baño...?— murmuró con los ojos completamente abiertos.
—¡Aquí está!— anunció con un grito demasiado agudo cuando encontró su bikini, pasando desapercibido el dilema en el que se encontraba su amigo —. Bueno, voy a cambiarme, regreso en un momento.
Carlota se hizo a un lado para dejar pasar a la chica, quien emocionada corrió hacia las pulcras escaleras de mármol.
—A su compañera le gusta mucho nadar en la piscina, ¿verdad?— comentó la mucama al quedarse a solas con el muchacho, con el fin de romper un poco el hielo.
—Sí... — susurró, aún confundido e incómodo por no haber llevado nada apropiado para usar en la alberca—. Bueno, a ella le emocionan muchas cosas. Es... como una niña pequeña la mayor parte del tiempo.
—Ha sido así desde que la conozco— opinó de nuevo sonriente. No era su obligación entablar algún tipo de conversación con los amigos del hijo de su patrón, de hecho con Misa no había pasado de los "¿desea algo más?" en los cinco años que tenía trabajando para la familia Mikami—. ¿Y a usted que le gusta, joven?
—Dígame Light, por favor— pidió de forma amable.
—Bueno, Light ¿a usted qué le gusta?— su intención era simplemente ser amable para que el muchacho se sintiera cómodo y se sintiese con la confianza de pedirle lo que quisiera tal y como lo hacía la joven Amane.
—Comer y dormir— contestó a manera de broma, haciendo que la mujer riera un poco.
—Creo que a todos— concordó con el muchacho —¿cuál es tu comida favorita? Así podría prepararla yo misma la próxima vez que venga.
—¿Sigues aquí, Carlota?— interrumpió Teru al regresar, haciendo resonar el lustroso piso de porcelanato en cada paso.
—Lo lamento, joven... — se disculpó rápidamente tras una pequeña reverencia, pero antes que pudiese dar alguna excusa, Light la interrumpió.
—Le estaba preguntando sobre lo qué haríamos, no me dijiste que tenía que traer traje de baño— enarcó una ceja a manera de reclamo.
—¿No lo hice?— fingió sorpresa mientras se llevaba una mano al pecho—. Estoy casi seguro de haberlo hecho.
—¿¡Aún no están listos!?— se quejó Misa al llegar al último escalón y ver que sus amigos seguían en el medio de la sala mientras ella ya portaba una bata que había tomado prestada de la habitación.
—Es que Light no trajo su bañador— explicó Teru —. Pero no te preocupes, yo te presto alguno mío.
Light se encogió de hombros, ¿acaso tenía otra opción?
—Entonces yo los espero en la alberca— caminó hacia la puerta de vidrio corrediza que estaba en el extremo contrario, tras la cual se podía vislumbrar la enorme piscina de agua cristalina —Carlota, ¿me puedes preparar una piña colada y llevármela al patio, por favor?— pidió sin ni siquiera voltear mientras revisaba algunos mensajes en su celular.
—Sí, señorita, en un momento se lo llevo— asintió un poco antes de dirigir la atención a los otros dos muchachos, aún sosteniendo en el antebrazo el saco y mochila que uno de ellos le había entregado al llegar—. ¿Y ustedes, jóvenes?, ¿gustan que les prepare algo?
—No— contestó Teru de forma tosca antes de girar para dirigirse a las escaleras, pero regresó dos pasos cuando pareció recordar algo —. Y dame eso, mejor lo llevo yo solo— añadió a la vez que arrebataba el bolsón que la mucama sostenía —. Vamos, Light...— llamó cuando al avanzar se percató que su amigo no lo seguía. El aludido dio un leve respingo al escuchar su nombre.
—Yo tampoco quiero nada, gracias...— susurró hacia la mucama. Sintiéndose apenado por la forma en la que Mikami había reaccionado con ella.
Trabajar para alguien tan mimado como Teru no era fácil, menos cuando no recibías ni la mitad del cariño o respeto que el muchacho le daba a su nana, pero con el tiempo se había acostumbrado, así que intentó sonreír antes de hacer una pequeña reverencia y retirarse.
—No tenías que hablarle así...— dijo tan pronto alcanzó al otro, quien simplemente se encogió de hombros para restarle importancia.
—¿Y cómo querías que le hablara? Es la servidumbre y no había hecho lo que le pedí.
Light inspiró hondo y meneó la cabeza, sin embargo se reservó cualquier otro comentario, no le correspondía ni tampoco le convenía. No sabía qué era peor: no tener amigos o que los únicos que cumplían dicha función en su vida fueran personas como Misa y Teru. Claro que después de un tiempo de conocerlos les tenía aprecio, de hecho ambos eran muy agradables y fascinantes, pero estaba seguro que ninguno lo aceptaría si supieran realmente quién era.
—¿De qué color lo quieres?— Cuestionó Mikami luego de abrir la puerta de su habitación y lanzar el bolsón a la amplia cama que se encontraba en medio de ella.
—No sé... — murmuró aún apenado mientras colocaba su mochila al lado de la de su amigo luego de que éste se lo indicara —Quizá negros...
—¿Es tu color favorito?— enarcó una ceja y ladeó el rostro en dirección al castaño, quien negó con la cabeza.
—Solo pensé que era el color más común— tomó asiento sobre el mullido colchón mientras Teru jalaba la puerta corrediza de madera rústica, adentrándose al vestidor que estaba detrás de ella.
—Tengo estos— dijo, asomando la cabeza bajo el umbral y lanzándole una prenda al otro, quien la sujetó con la punta de los dedos índice y pulgar antes de estirarla frente a sí.
—Preferiría unos shorts— replicó rápidamente, aún arrugando la nariz al momento que le lanzó de regreso los pequeños speedos negros.
Mikami atrapó la prenda en el aire antes de volver al vestidor mientras murmuraba algo que Light no entendió. Encontró unos shorts alicrados de color oscuro que hace mucho no usaba porque le apretaban demasiado, pero Light era más delgado así que regresó a la habitación con ellos creyendo que eran una buena elección.
—¿Qué tal éstos?— extendió los de un color azul marino a su amigo y él se quedó con los de color rojo.
Light extendió nuevamente la prenda y estuvo de acuerdo con ellos, sí eran un poco cortos pero nada exagerado.
—¿Puedo pasar a tu vestidor...?
—¡No inventes, los dos somos hombres!— sin ningún pudor se retiró el cinturón y procedió a bajarse los pantalones junto a los bóxers, quedando su miembro oculto bajo el largo de la camisa del uniforme. Sin embargo Light giró rápidamente para no verlo y darle su privacidad, ante lo cual Mikami puso los ojos en blanco—. Como quieras, puedes pasar.
—¡Gracias!— sonrió sin voltear por completo antes de dirigirse al vestidor.
Teru terminó de acomodarse el bañador y continuó por deshacer el nudo de la corbata y desabotonar su camisa mientras Light hacía lo mismo pero de forma privada. No se desnudaba frente a sus compañeros para las clases de gimnasia, menos lo haría frente a Mikami, no cuando éste había estado actuando tan raro últimamente.
Apreció el reflejo que le brindaba el espejo de cuerpo completo, el bañador le quedaba un poco arriba de la mitad de la pierna pero no se veía mal, aunque no era lo largo de este lo que le preocupaba. Andaba un poco de maquillaje para ocultar la mordida que Ushio le había dado hace un par de días, ya no se notaba mucho pero estaba nervioso de que la base se fuese a correr con el agua. Pero de ahí en más no parecía tener ninguna marca sospechosa en su cuerpo y eso le tranquilizaba, aún así hizo una revisión minuciosa, un lado y luego el otro, asegurándose que no hubiese rasguños a la vista.
—¿Cuándo podremos ir a tu casa?— preguntó Mikami desde la habitación cuando pasado unos minutos su amigo seguía sin salir.
Light estaba de espaldas al espejo, con la cabeza de lado para intentar ver sobre el hombro su reflejo cuando Teru lo dejó congelado con esa pregunta.
—Mis padres siguen de viaje y no les gusta que lleve visitas cuando no están— contestó enseguida y de forma natural, aunque su amigo lo había tomado desprevenido supo mantener la calma.
—¿Aún en Suiza?— se cruzó de brazos a la vez que enarcaba una ceja—. Siempre están allá, ¿por qué no te mudas con ellos?
—No me gusta mucho ese país— salió del vestidor, muy seguro con lo que acababa de decir, pero por la cara que tenía Mikami quizá había dicho la peor estupidez de todas.
—¿¡Qué!? ¡Pero si Suiza es hermoso! ¿A qué ciudad fuiste?
—Me gusta ir de visita pero no me llama la atención vivir ahí— mantuvo firme su comentario anterior e ignoró la pregunta del más alto para no decir algo todavía más ilógico. Quizá debía comenzar a hablar sobre otros países, pero Suiza era el más común que sus compañeros mencionaban y era del que más había investigado.
—En serio que tienes que estar mal de la cabeza para pensar así— le extendió una toalla limpia para que pudiera usarla al salir de la alberca.
—Es solo que me gusta vivir aquí, ¿a ti no?— sacó su celular del bolsón y se echó la toalla al hombro antes de salir con su amigo de la habitación.
—Hablamos de Suiza... — resopló mientras meneaba la cabeza.
Light sonrió pero prefirió no hacer ningún otro comentario y esperaba que Mikami tampoco lo hiciera, aunque ya estaba acostumbrado a hablar sobre una vida que no tenía, creía que lo mejor era dar la menor cantidad de detalles posibles para no tener problemas en recordarlos todos. Y como si la suerte estuviese de su lado, el celular que llevaba en la mano comenzó a sonar antes de que el silencio entre ellos se volviera realmente desagradable.
Elle Lawliet se leía en la pantalla. Entre sentirse incómodo al lado de Mikami y recibir una llamada de ese idiota, no sabía qué era peor. Aún así contestó.
—"Deseo verte hoy..."— se dejó escuchar desde el otro lado de la línea sin que Light tuviese oportunidad de decir algo.
—¿Hoy...?— murmuró mientras bajaba las escaleras al lado de Mikami, sintiendo cómo éste lo veía de reojo—. Hoy estoy ocupado con mis amigos...
—"No te estoy pidiendo que sea ya, yo también estoy ocupado en mi trabajo, pero puedes llegar a mi apartamento en la noche..." — Light pegó el aparato un poco más a su oreja, ¿era él o la voz de Lawliet se escuchaba diferente?—. "Hace días no te veo, quiero verte..."
—¿Estás bien...?— preguntó con el entrecejo fruncido, definitivamente el sujeto al otro lado de la línea no era el Lawliet, a lo mejor era el gemelo que había visto el otro día pero no el idiota que él conocía.
—"¿A las ocho te parece bien...?"— continuó, arrastrando las palabras e ignorando la pregunta que acababan de hacerle.
—¡Ya era hora!— Vociferó Misa al verlos cruzar la puerta corrediza —¡Se tardan más que una mujer!— continuó mientras dejaba su refresco sobre la mesa que estaba a un lado y se erguía en la silla reposera, pero cubrió su boca con ambas manos al ver que uno de ellos se encontraba en medio de una llamada.
—Yo te aviso...— susurró pegado al teléfono antes de desconectar la línea, no esperando en recibir alguna respuesta por parte del otro.
—¡Lo siento! ¿Fui inoportuna?— completamente avergonzada se puso en pie y se acercó a su amigo para pedirle perdón.
—Tranquila, no era nada importante y ya había terminado— sonrió mientras lanzaba la toalla hacia una de las sillas de jardín que decoraban los alrededores de la piscina.
—¡Hombre al agua!—Vociferó Mikami de repente al momento que tomó impulso y comenzó a correr hacia la alberca.
Misa y Light intentaron apartarse del camino pero fue imposible, Teru los abarcó a ambos con los brazos y los trajo consigo al agua, gritando y hundiéndose los tres en un instante.
—¡Teru, eres un idiota!— Farfulló Misa al salir con los ojos cerrados mientras tosía e intentaba quitarse todo el cabello de la cara.
Light también tosió al sacar la cabeza del agua, pero a diferencia de Misa, él no se quejó, de hecho se rió un poco al igual que Mikami al ver a su amiga hecha un mapache por el rímel corrido. Sin embargo su risa cesó de repente al recordar que él aún tenía el celular en la mano al caer.
—¡Mierda!— masculló, llamando la atención de los otros dos —¡Mi teléfono!
—Pensé que lo habías dejado en la silla junto a la toalla— se excusó rápidamente Mikami mientras agachaba la cabeza en busca del aparato, lo que no fue difícil debido a lo cristalina que era el agua.
Mikami no dudó en sumergirse para recuperar el celular que estaba hasta el fondo de la piscina, el cuál salió escurriendo.
—No creo que dejarlo en arroz funcione, ¿verdad?— comentó Misa al ver cómo el agua continuaba saliendo del aparato.
—De verdad lo siento...— murmuró apenado, sintiéndose culpable.
—No te preocupes— sonrió de forma forzada antes de nadar hacia la orilla para dejar ahí el inservible teléfono. Intentó aparentar que no le afectaba pero ver su celular apagado y empapado le hizo desanimarse y lo único que deseaba era salir de ahí y regresar a casa.
—¿En serio no estás molesto?— Cuestionó preocupado luego de haber nadado hacía su amigo y notarlo decaído. Realmente no había sido su intención, quizá si le había molestado un poco que Light recibiera una llamada de aquel sujeto, lanzarlos a la piscina solo era para dejar atrás ese momento, jamás pensó que el castaño aún tenía el celular en la mano.
—En serio, Mika. No estoy molesto— la verdad si lo estaba un poco, no le había sido fácil comprarlo pero no podía enojarse cuando solo había sido un accidente.
—¡Sí, Teru, tranquilo!— animó Misa—. Además ese modelo ya estaba obsoleto, hace mucho Light se tendría que haber comprado otro. ¡Ay, ya sé!— exclamó juntando las manos, como si se le hubiese ocurrido la mejor idea —¡Puedes decirle a tu novio que te regale uno de cumpleaños adelantado!
—No seas tonta, Misa, Light no tiene novio— respondió Mikami rápidamente mientras se cruzaba de brazos.
—¡Por supuesto que sí tiene!— farfulló apretando los puños antes de ladear el rostro en dirección a Light—. ¿Verdad que el hombre del otro día era tu novio?
Al castaño le dio un poco de temor el hecho que Misa intuyera que era Elle quien le había llamado cuando ella ni siquiera había escuchado la mayor parte de la conversación. Aunque no era muy difícil sacar conclusiones si se ponía a pensar en la forma en que el tonto ese lo besó y tocó frente a todos.
—Por favor, Misa, ese sujeto es demasiado viejo— Mikami arrugó la nariz asqueado, renuente a aceptar lo que ella decía.
—Pues para mí hacen linda pareja— su amigo era un exagerado, el novio de Light no era tan mayor. La actitud de Teru la desconcertaba un poco, hasta parecía como si estuviese celoso.
—Si era Lawliet... — interrumpió Light antes de que Mikami dijera algo más. Misa soltó un pequeño grito emocionada al saber que tenía razón—. Y...— hizo una pausa, pensando si realmente era buena idea decir semejante mentira—. Sí, es mi novio...— murmuró apenas audible y con dificultad. El solo decirlo le había causado náuseas, pero era la única excusa aceptable que se le ocurrió para justificar la manera en la que se habían besado hace unos días.
—¡Lo sabía!, ¡lo sabía!— Misa se acercó emocionada y rodeó al castaño con ambos brazos, brincando de alegría.
Fue incómodo para Light tener que soportar a su amiga gritándole en el oído, apretándolo y rozándole sus grandes pechos en cada brinco, pero más incómodo fue ver a Mikami fruncir el entrecejo y sumergirse al agua para empezar a nadar como si nada, sin decirle ni una palabra.
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—Es increíble que tu secretaria aún me confunda contigo— Beyond se dejó caer sobre la mullida butaca de cuero y subió las piernas al escritorio —. Me dejó pasar sin preguntar nada.
—No entiendo como pueden confundirte conmigo cuando ni siquiera hiciste el esfuerzo de vestirte decentemente antes de venir— reprochó refiriéndose al holgado y nada combinado atuendo que su hermano había elegido ese día—. Y baja tus pies del escritorio que dañas el roble— ordenó antes de darle un trago a su vaso de whisky.
—¡Uy pero qué humor!— se acomodó en el asiento y encogió las piernas para luego apoyarlas en el suelo—. Mejor échate otro trago para que te relajes— extendió un brazo para tomar la mano con la que su hermano sujetaba la copa, animándolo a beber un poco más.
—¿Pensaste en lo que te propuse?— soltó la pregunta sin rodeos, de por sí Beyond ya tenía quince minutos de retraso como para perder el tiempo en saludos.
—¿Ser el mensajero de esta horrible empresa?— puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos —¡Auch!— se quejó luego de que su hermano le lanzara un lapicero.
—Más respeto, hermanito — lo señaló con el índice como lo haría una madre que reprende a su hijo. Beyond solamente se acarició el hombro, manteniendo el entrecejo fruncido.
—Como sea, no estoy interesado, gracias — dijo lo último entre dientes, con cierto fastidio.
—¿Por qué no? Near dice que no has tenido suerte buscando empleo, además...
—No necesito que me ayudes, Elle— interrumpió de forma tosca —. Es mi vida, deja que yo la resuelva a mi manera.
—Está bien...— inspiró hondo y se acomodó en el asiento. Conocía a su hermano, sabía que de seguir insistiendo solo haría que éste dejase la oficina molesto—. Si tú no quieres mi ayuda, yo si necesito la tuya.
—¿Qué estás tramando?— Enarcó una ceja, extrañado al notar la sonrisa ladina del otro.
—Nada malo— dio otro sorbo al trago, manteniendo aún la sonrisa contra el vaso —. Solo quisiera saber dónde vive Light Yagami y tú me ayudarás a averiguarlo.
—¿Puedo saber cómo esperas que lo averigüe?— Cuestionó y apoyó ambos codos sobre el escritorio, sintiendo curiosidad por saber qué rondaba por la cabeza del mayor.
—Lo he invitado esta noche a mi casa, yo te mandaré un mensaje cuando él se vaya— se encogió de hombros sin dar más detalles, creyendo que era bastante obvio lo que Beyond tenía que hacer después.
—¿Quieres que lo siga? ¿¡Algo así como un detective privado!?— farfulló con una sonrisa a la vez que se inclinaba hacia adelante, emocionado con la idea. El mayor de los gemelos solamente asintió—. ¡Está bien! Pero necesitaré dinero.
—Pensé que no querías aceptar dinero de mi parte— replicó de manera seria.
—¡Pero necesito un atuendo adecuado! Ya sabes, gabardina, sombrero y lentes oscuros.
Elle puso los ojos en blanco al ver a su hermano enumerar con los dedos todo lo que necesitaba para tal "misión".
—No jodas, Beyond. Vas a seguir a un muchachito de diecisiete años, no a la esposa del presidente— se cruzó de brazos, mostrándose renuente en malgastar dinero en algo como eso.
—¡Pero Elle! ¡Necesito adentrarme en mi personaje!— juntó ambas manos y agrandó los ojos como lo haría un cachorro.
El mayor de los gemelos dejó escapar el aire y no muy convencido llevó una mano a la bolsa interna de su saco, buscando la billetera.
—Te daré cien dólares...— dijo mientras le extendía un par de billetes, no creía que su hermano lo fuese a gastar todo en un "disfraz" así que al menos podría usar el resto en algo más importante.
—Bien, ¿a qué hora debo estar ahí?— guardó el dinero en el bolsillo trasero del pantalón mientras imaginaba lo genial que se vería con una gabardina larga como la del inspector Gadget.
—Le he dicho que llegue a las ocho— se empinó el vaso por completo, cayéndole las últimas gotas de whisky en la lengua.
—¿Cuánto has bebido?
—No lo sé, quizá uno, dos o tres vasos. ¡Qué sé yo, es viernes!— se encogió de hombros, restándole importancia.
—Recuerda que no tienes las mejores ideas cuando estás borracho— reprendió. Elle no se caía de ebrio pero era fácil saber que el alcohol ya le estaba haciendo efecto por la forma en la que arrastraba las palabras —. ¿Por qué el repentino interés en ese niño?
—Eso no te incumbe, hermanito — dijo con una sonrisa ladina —. Tu solo preocupate por llegar a tiempo y hacer bien su trabajo, detective.
Beyond sonrió por la palabra que su hermano había usado para burlarse de él, pero no le dio importancia, en cambio procedió a despedirse y ponerse en pie, debía prepararse para esa noche.
oOo
Mello escuchó su espalda crujir cuando intentó agacharse para despegar un chicle que estaba en el suelo, se enderezó y apoyó ambas manos en su espalda baja mientras se estiraba, escuchándola crujir de nuevo. No creía que fuese normal que su espalda doliera tanto ni que las piernas le palpitaran en cada paso, ¡tenía 22 años, no 80! Pero el día había estado tan ajetreado que no sabía ni cómo seguía en pie. La última vez que había visto una fila tan larga fue cuando las pizzas y las cervezas estuvieron a mitad de precio; el jefe les había ofrecido reponer la hora de descanso otro día o pagarla como extra, pero con cualquiera de las dos opciones ninguno tendría su hora de receso ese día. Quizá no habría sido tan malo si la carga de trabajo hubiese disminuido entrada la tarde, sin embargo el restaurante se mantuvo repleto aún a la hora de cerrar, y esperar a que todas las personas abandonaran el establecimiento había retrasado el tiempo de limpieza que todos invertían al final de cada día.
—¿Necesitas ayuda, Near?
Mello dejó la escoba a un lado y se acercó a él cuando lo vio salir de la cocina con dos bolsas gigantes de basura. El aludido alzó la mirada y la mantuvo por escasos segundos, sin embargo no respondió. En cambio tomó con más fuerzas el nudo de ambas bolsas y las jaló de nuevo; se suponía que no tenía que arrastrarlas por el suelo pero éstas eran casi de su tamaño, por lo que alzarlas aunque fuese medio centímetro le fue imposible.
Near había tenido la misma actitud desde la última discusión entre ellos, y en un principio Mello no le había dado mucha importancia, solo tenía que esperar a que se le pasara así como hacía con Matt o Beyond, pero el hecho de que ya hubiesen pasado unos días lo estaba desesperando, además esa actitud no era propia de Near, jamás el enano lo había tratado con indiferencia.
—¿Por qué no vas a hablarle?
Mello dio un respingo cuando alguien detrás de él lo trajo de vuelta a la realidad, apartó la mirada de la puerta lateral por la que Near acababa de salir y ladeó el rostro para ver por sobre su hombro a la persona que estaba a sus espaldas.
—¿Li-Lisa...?— titubeó, aún pálido del susto. La chica de cabellos negros sonrió, dejando ver sus perlados dientes enmarcados por el rojo intenso de su labial.
—Yo te cubro y tú ve a hablar con él, ¿sí?— insistió. Durante los últimos días había notado a ese par más alejado, y aunque el menor de los dos fingía indiferencia, se notaba que la situación también le afectaba.
Mello guardó silencio unos segundos, cabizbajo y apenado de que una compañera con la que casi no hablaba hubiese notado su desánimo. Era cierto que la actitud de Near lo tenía desconcertado, pero no era justo ni correcto que esto afectase su rendimiento en el trabajo.
—No lo sé...— masculló luego de meditarlo unos segundos.
—No aceptaré un "no" por respuesta— aseveró mientras le arrebataba la pequeña pala que el otro aún sujetaba en una mano.
—Gracias... — susurró con una sonrisa a la vez que se pasaba rápidamente ambas manos por el rostro y cabello para acomodarlo y retirar un poco el sudor acumulado—. ¿Cómo me veo?
—¡Solo ve!— ordenó sonriente mientras agitaba la mano para que se diera prisa.
Mello asintió y sin perder tiempo se dirigió a la puerta cuyo letrero decía "Solo personal autorizado".
Hubiese querido tener un poco más de tiempo para pensar en las palabras idóneas, o al menos hacerlo en un lugar apropiado y no en el callejón al lado del restaurante donde se encontraban los enormes contenedores de basura.
—Mello...— musitó casi por inercia cuando al girar chocó contra alguien, retrocediendo dos pasos para alejarse.
El callejón ni siquiera contaba con iluminación propia, la única razón por la que no se encontraba en completa penumbra era por el resplandor del alumbrado público que se colaba desde la calle principal, sin embargo no necesitaba luz para reconocer la presencia de Mello, su aroma y el destello azulino de sus ojos eran inconfundibles.
—¿Podemos hablar...?— susurró, cerrándole el paso cuando el otro intentó esquivarlo.
—No pue...— las palabras no terminaron de salir de sus labios, se quedó inerte al momento que Mello lo rodeó con ambos brazos, pegándolo contra su pecho.
Ese simple contacto ocasionó que las piernas le temblaran y que el aire abandonara sus pulmones mientras la seguridad que había mostrado los últimos días desaparecía.
—Near, lo siento...— le susurró al oído a la vez que lo abrazaba con más fuerzas—. Sé que cuando me enojo digo estupideces pero no las digo en serio.
—Siempre haces lo mismo...— contestó con un hilo de voz acompañado de una pizca de resentimiento.
—¡Lo sé!, ¡lo sé!— dijo con cierta desesperación mientras le sujetaban y alzaba el rostro con ambas manos—. Sé que soy un tonto pero eres la persona que más quiero, enano.
Near sonrió, incapaz de contener las lágrimas de alegría que se acumularon tras sus párpados.
—Yo también te quiero— confesó con la voz temblorosa.
Probablemente aquellas palabras tenían un significado diferente para cada uno, pero antes de que siguiese formando ideas que arruinarían el momento, Mello se inclinó hacia él y reclamó sus labios; un beso lento y fugaz.
—No me gusta cuando te enojas conmigo— sonrió y se separó un poco antes de llevar una mano al cinturón de su pantalón, retiró parte de la camisa del uniforme y sacó dos figuras que había tenido ocultas durante todo el día—. No tuve tiempo de envolverlos, pensaba dejarlos en tu habitación esta noche para que los vieras al despertar.
—¿Qué se supone que son?— preguntó extrañado al tomar lo que parecían ser dos piezas de ajedrez de diez centímetros en vidrio templado; el rey era de un tenue color rojo y la reina de un suave color turquesa.
—Se los compre a una señora que parecía gitana— se encogió de hombros para restarle importancia aunque podía sentir las mejillas calientes por los nervios, él nunca le había regalado ningún detalle y esperaba no haber escogido mal —. Dijo que el rojo representa la furia y el turquesa la ternura, que uno no es nada sin el otro y que ambos deben estar juntos para mantener en armonía tus emociones.
—Tú no crees en esas cosas— reprochó con el entrecejo fruncido.
—No, pero me recordó a nosotros, y lo nuestro es algo en lo que sí creo— contestó sin dudar antes de inclinarse nuevamente y plantarle un beso sobre los labios semiabiertos.
—Entonces les haré un espacio en mi estante— susurró con el poco aire que le quedaba. Ni siquiera sabía si las palabras de Mello desaparecerían al día siguiente, pero en estos momentos era su corazón y no la razón el que le dictaba qué hacer —, para que puedan estar juntos siempre.
—Así como tú y yo— añadió sonriente antes de abrazarlo de nuevo, quedándose ahí sin decir nada por algunos minutos.
