9. Alcohol

Piso 22 y el ascensor se abre, un pequeño pasillo de no más de cinco metros es el que lo conecta a la entrada del apartamento que abarca toda la última planta del edificio, el único en ocupar un piso completo y con un número 69 en dorado al medio de la puerta que, por mero gusto del cliente que compró el inmueble, no llevaba correlativo con los números de los demás apartamentos. Un minuto completo había pasado ya eran 20:33 y Light seguía ahí, de pie, fijo en el número al cual debió haber prestado atención la primera noche que llegó ahí, era tan notoriamente descarado que hasta una virgen podría haber imaginado lo que le aguardaba una vez cruzase el umbral. Quizá exageraba, nadie se fijaría en detalles tan minúsculos, y quien lo hiciera, no pensaría que aquella cifra tuviese un significado o función más allá que la de enumerar una vivienda. No había día en el que no se hubiese cuestionado en que había fallado, tenía que haber algo que hubiese pasado por alto la primera noche que se conocieron y que indicara claramente que Lawliet era la peor opción con quien entrometerse. O a lo mejor solo estaba buscando una excusa como usualmente hace la gente para no admitir su culpa; le había robado a alguien y eso era penado por la ley, pero para su suerte, o mala suerte, era el afectado quien había decidido hacer justicia por su propia cuenta, convirtiéndose en un peor verdugo que alguien con uniforme y placa.

—¿Por qué no habías tocado?

La puerta frente a la cual había estado de pie por al menos cinco minutos se abrió de repente, haciéndolo pegar un pequeño respingo por el sobresalto.

—Estaba a punto de hacerlo— dijo mientras recuperaba la compostura y entraba a la propiedad.

Esperó recibir algún reproche debido a la tardanza, y de hecho en ese momento repasaba en su cabeza la excusa que daría, explicar que había tenido que volver a casa para asearse luego de pasar la tarde con sus amigos era un buen pretexto para que el otro se ahorrará el sermón sobre la importancia de la puntualidad. Sin embargo, y contrario a todo lo que esperaba, Lawliet se limitó a cerrar la puerta tras su espalda y acercarse a él con parsimonia.

—Es bueno ver que tu labio se encuentra mejor— dijo al estar lo suficientemente cerca y notar que el hematoma a la altura del mentón era apenas perceptible.

Light parpadeó confundido ante dicha amabilidad, pero antes de que pudiese reclamar, Lawliet acortó la distancia por completo y sus labios se unieron. Con un brazo, el mayor rodeó la cintura del otro mientras con la otra mano le sujetaba la nuca de forma suave al mismo tiempo que sus labios se movían de manera lenta. Sin embargo, una de las partes no estaba correspondiendo el beso como era debido; el sabor y aroma a alcohol siempre le incomodaba y a veces hasta lo mareaba, pero con el tiempo se había acostumbrado, no entendía porqué en este momento le estaba siendo tan difícil obviar ese detalle y poder seguir adelante.

—¿No te gusta que te bese?— Lawliet detuvo el contacto sin ser abrupto y sin separarse demasiado. Pese a que Light intentó disimular y acoplarse, el mayor pudo sentir cómo con su lengua le rehuía, casi con asco.

—¿Cuánto has bebido?— apartó la mirada de forma involuntaria y se detestó por hacerlo. No se sentía cómodo con la forma en la que Lawliet lo sujetaba y miraba, muy diferente al personaje que conocía.

—¿Vamos a la cama?— una pregunta no se responde con otra pregunta, es lo que siempre le decían los mayores al ser un niño, pero para él la respuesta fue clara.

Lo tomó de la mano y a pasos lentos se dirigieron a la habitación, el whisky en su organismo no le permitía ir más rápido. Una vez ahí, Light tomó asiento al borde de la cama, expectante a lo que ocurriría ahora con esta nueva actitud que el empresario mostraba. Lawliet ejerció leve presión sobre los hombros del otro para que se acostara mientras él se hincaba sobre el colchón, quedando las piernas de Light atrapadas entre las suyas.

—¿Estás bien...?— jadeó involuntariamente cuando los juguetones labios del empresario comenzaron a recrearse en la parte lateral de su cuello.

—¿Por qué no debería estarlo?— le susurró al oído antes de subir entre beso y beso por la longitud de aquel cuello hasta su mentón, no acercándose ni dos centímetros a sus labios aunque lo deseaba —... Estás aquí...

Light decidió ignorar lo último, Lawliet aún coordinaba bastante bien sus movimientos pero era claro que el alcohol estaba haciendo su efecto en él. En cambio se dejó hacer, arqueó un poco la espalda y levantó levemente el torso para deshacerse de la camisa. Entre más pronto terminarán, más pronto podría irse. No tenía nada en contra del mayor, el sujeto seguía sin agradarle pero no pensaba que fuese una mala persona, era solamente que prefería estar en la incomodidad de su pequeña habitación antes que con él o con alguien más en la cama. Hoy había llegado a sentirse mucho más cansado de lo usual, luego de pasar toda la tarde con sus amigos en la piscina. Fue por ello que flexionó una pierna para ejercer presión y estimular con su rodilla el miembro atrapado del otro mientras con las manos le intentaba desabotonar la desarreglada camisa manga larga. Lawliet dejó escapar un gemido pero no se apresuró, sus labios se cerraron en torno a uno de los rosados pezones mientras con lo dedos de una mano jugaba con el otro, con su mano libre descendió trazando la piel con sus falanges hasta el cinturón del menor, el cual procedió a desabrochar para tener un mejor acceso al miembro que se escondía bajo los pantalones.

—¿Qué ocurre...?— susurró entre fingidos jadeos cuando el mayor retiró la mano a la vez que detenía sus caricias y besos de forma repentina. Light, con el fin de no perder el ambiente pasional que los envolvía, se llevó ambas manos hasta los laterales superiores del pantalón y lo bajó lo más que pudo, hasta la mitad de sus blancas piernas. Su intención era darle un deleite visual a su amante, pero probablemente fue un error pues al dejar su miembro al descubierto, los ojos de Lawliet se desviaron rápidamente a él, confirmando lo que ya se temía.

—¿No quieres hacerlo?— preguntó despacio mientras se incorporaba casi por completo, viendo aún de soslayo el blando pene.

—¿Qué...?— dejó escapar frunciendo el entrecejo, sorprendido. ¿Qué clase de pregunta era esa? Sabía lo que significaba pero nunca alguien se la había hecho antes ni tampoco entendía cuál era el punto de hacerla en ese momento.

—¿No quieres hacerlo?— repitió con mayor seriedad a la vez que sujetaba el antebrazo del muchacho, impidiéndole llegar a su entrepierna como era su intención.

—¿Eso qué importa?— sonrió y extendió su brazo libre, rodeando con él la nuca del mayor, atrayéndolo.

—No, Light...— lo detuvo colocándole una mano sobre el pecho—. No pienso hacerlo si no quieres.

—¡Como quieras!— bufó a la vez que rodaba los ojos y se ponía de pie abruptamente, quitándose a Elle de encima con la misma brusquedad—. ¡No sé entonces para qué me haces venir hasta acá!

—No es necesario que te vayas...— se rascó la coronilla nervioso y se levanto con el fin de alcanzar al menor e intentar calmarlo.

—Esto cuenta como parte del trato— indicó con dureza a la vez que se alejaba lo suficiente, ignorando la invitación del otro mientras se acomodaba la ropa.

—Está bien— soltó un suspiro y se encogió de hombros, abrochándose los botones de su formal pero arrugada camisa—. ¿Cuándo nos ver...

—No lo sé...— cortó al instante sin voltear.

—Light...— llamó apenas audible, no sabiendo qué más decir al verlo tan molesto. Su intención no era terminar el encuentro antes de siquiera comenzarlo, pero tampoco se sentía cómodo continuando si Light no lo deseaba.

Sin embargo el aludido no se detuvo, caminó hacia la salida acomodando su castaño cabello en el trayecto, murmurando improperios inaudibles para el otro. Aún y con toda su actitud de niñato ofendido por el rechazo, no podía sentirse más feliz de poder partir pronto, aunque claro, eso no le impidió azotar la puerta al salir, solo por mero placer de joder al empresario.

Lawliet se dejó caer sobre el colchón y extendió un brazo, palpando con la mano bajo la almohada para extraer un radio comunicador con apariencia anticuada, cuadrado y un poco pesado. Ahora que lo pensaba, esconderlo bajo la almohada no había sido su mejor idea, pero ni siquiera entendía porqué su hermano invirtió dinero en ese artefacto cuando fácilmente podrían haberse comunicado por celular.

—Light ya dejó mi apartamento— anunció acercando el aparato a sus labios y luego dejó caer el brazo sobre el colchón.

—No dijiste cambio, cambio.

Dio un pequeño respingo al escuchar a su hermano a través del comunicador, sabía cómo funcionaban esos aparatos pero le tomó por sorpresa lo escandalosa que sonaba la voz de éste junto a la estática.

—¿¡Esta es tu idea de ser discreto!?— gruñó, pero antes de retirar el botón del radio añadió entre dientes: — cambio.

—Es divertido, cambio.

Puso los ojos en blanco, no entendía cómo siendo gemelos podían ser tan diferentes.

—Ahora entiendo porque fuiste el segundo en nacer... cambio .

—Claro, siempre hay un ensayo y error primero, cambio.

Lawliet soltó una suave carcajada pero no abrió la comunicación de nuevo, dejaría que su hermano hiciera su trabajo mientras él se ocupaba de otros asuntos, como de su aún encerrado y palpitante miembro que exigía atención. Sin embargo sus dedos apenas llegaron a vacilar por sobre el broche del pantalón cuando la voz de su hermano interrumpió de nuevo.

—Pensé que esta era una zona segura.

La seriedad y el hecho de que Beyond no terminara su oración con la "palabra clave" le hizo fruncir un poco el entrecejo.

—¿A qué te refieres?

—No lo sé. Igual puede que no sea nada malo— dijo, pero con un tono de voz más bajo, como quien no quiere ser descubierto.

—Ya empezaste, ahora termina— indicó con seriedad pero levemente preocupado a la vez que se ponía en pie, dispuesto a ir hasta donde su hermano de ser necesario. Quizá no era nada, pero el repentino cambio en Beyond lo hizo maquinar en su cabeza una y mil posibilidades.

—No me hagas mucho caso pero en la calle siguiente parece que hay un grupo de hombres bastante escandalosos, creo que están borrachos.

—¿Ya salió Light?

—No.

Lawliet no abrió la comunicación de nuevo, quizá pareció que cambió el tema drásticamente con su pregunta, pero realmente sólo quería asegurarse que el castaño no fuese a tener ningún problema con esos sujetos que Beyond describía. Habían dos cosas que no le quedaban del todo claras; la primera le tranquilizaba un poco pero le parecía extraño que Light aún no hubiese salido del edificio, pese a ser 22 pisos el ascensor que lleva al suyo es de uso exclusivo; segunda, y la más inquietante, es que no entendía por qué Light le preocupaba. Usó nuevamente el ejemplo de la empatía por el perro callejero para atreverse a presionar el número telefónico de Light guardado en su celular con el fin de contactarlo y pedirle que se quedase un poco más dentro del edificio, al menos hasta que alguien reportase a las autoridades el incidente y detuvieran a esos muchachos por agrupaciones ilícitas o por alteración del orden público. Sin embargo la llamada fue dirigida automáticamente al buzón de voz al mismo tiempo que recibía un mensaje de texto por parte de su hermano menor.

oOo

Light caminaba por la acera, sin prisa y ajeno a lo que ocurría a su alrededor, solamente pensando y maldiciendo entre susurros. La mayoría de los improperios iban dirigidos hacia Lawliet, al imbécil que lo hizo llegar hasta ahí y despacharlo en menos de veinte minutos. ¿Qué se había creído ese idiota?, ¿dueño de su tiempo? Además... ¿ahora importaba si él lo disfrutaba? Se suponía que solamente debían consumar el acto para añadir una marca más al historial en la deuda pendiente, como un prisionero que va agregando rayas en la pared, contando los días que le restan de su condena. Su día ya había sido lo suficientemente difícil como para tener que soportar a ese borracho fingiendo preocupación o mostrándose cariñoso.

—¿Qué mierda le pasaba...?— Susurró frunciendo el entrecejo a la vez que se abrazaba a sí mismo a causa del frío, desviando la vista al suelo de forma pensativa.

—¡Fíjate por donde vas, idiota!— Farfulló un sujeto contra el cual Light chocó al ir distraído.

En otra ocasión, lo más probable es que hubiese devuelto el insulto y a lo mejor hasta acompañarlo con alguna seña obscena, pero el repentino golpe lo obligó a apoyarse con una mano a la pared más cercana para no caer. Lo mismo le había ocurrido algunos minutos atrás en el ascensor del edificio, tal parecía que comer poco y dormir mal le estaba pasando factura.

—Mi día no podría ser peor...— sonrió de lado y con cierta amargura antes de continuar.

Faltaba poco para la parada de buses más cercana y, de hecho, la única que había visto en la zona. Esperaba al menos que ésta estuviese en funcionamiento porque llamar un taxi no era opción luego del deceso de su celular.

—Les dije que era buena idea seguirlo.

El muchacho dio un leve respingo y se detuvo abruptamente al verse rodeado de repente. Reconocía esa voz pero aún así dudó en alzar la cabeza para no ver a la persona que estaba frente a él, esperando que tan solo fuese una jugarreta de su mente perturbada, sin embargo uno de los acompañantes añadió:

—¡Vaya! Ahora sí te creo que la tienda de víveres para la que trabajas paga bien. Solo mira la bodega que tienen.

Todos rieron ante el comentario de Honda, risas burlescas y bulliciosas que taladraban en la cabeza del castaño, y a la vez un poco en su orgullo. Sin embargo no deseaba discutir, así que se limitó a soltar un bufido a la vez que intentaba pensar rápidamente en alguna forma para escabullirse. El olor a alcohol que el grupo emanaba no era tan escandaloso pero era bastante obvio que algo habían consumido, sus ojos y la forma de arrastrar las palabras los delataban, por lo que pensó que huir sería fácil. No obstante, tan pronto giró para regresar sus pasos, alguien lo sujetó por el cabello.

¡Argh! ¡Imbécil...!— Una punzada atravesándole la cabeza lo obligó a morderse el labio inferior y a apretar los ojos a la vez que se aferraba con ambas manos al antebrazo del que todos apodaban el flaco, un joven más alto que el resto y con demasiada fuerza a pesar de su contextura física—. ¡Suel~ta, cabrón!— apretó los dientes con tanta firmeza que pudo escuchar los huesos de su mandíbula crujir, creyendo por un segundo que se la había dislocado.

—¡Hey, flaco !— interrumpió Ushio. Creía que Light sobreactuaba, su amigo no lo había agarrado con tanta brusquedad como para que el castaño reaccionara de esa manera, pero debían calmarlo antes de llamar la atención de otros—. Haz lo que te dice mi amor— ordenó con una sonrisa ladina. El aludido acató pero también entendió la mirada de su jefe, por lo que aunque disminuyó la fuerza que sus dedos ejercían, no retiró la mano por completo—. Perdónalo, amor . Él no sabe cómo tratar a las princesitas como tú— pidió con falsa amabilidad, lo suficientemente audible para hacer creer a los pocos transeúntes que solamente se trataba de una pareja en medio de una discusión. Y para añadir más credibilidad a su actuación, le sujetó ambas muñecas para separarle las manos del antebrazo de su amigo y luego entrelazar sus dedos de forma casi romántica.

—Sí, Light, perdóname— pidió el muchacho, dándole un par de palmaditas en la cabeza antes de retirar la mano—. No fue mi intención lastimarte— le susurró aún a sus espaldas y muy cerca del oído a la vez que de forma sugerente pero disimulada le rodeó con un brazo la cintura y buscó con sus falanges algún espacio vacío entre la camisa y el pantalón del castaño —. Seguramente has de estar muy adolorido luego de que alguno de tus clientes se pasara toda la tarde cogiéndote como a una perra.

Light no pudo evitar poner los ojos en blanco y apartarse raudamente a la vez que giraba para darle la cara al grupo completo.

—Pareces saber mucho sobre cómo se cogen a las perras— espetó con el entrecejo fruncido —. ¿Así es como te agarra el puto de tu padre todas las noches?— enarcó una ceja y se cruzó de brazos a la vez que hacía un esfuerzo sobrehumano para no mostrar miedo cuando vio al otro lanzarse contra él con el fin de golpearlo, y lo hubiese logrado si no fuese porque Ushio lo sujetó rápidamente.

Su comentario podría ser considerado como inoportuno cuando era bien sabido que ese muchacho había sido abusado de niño, no a manos de su padre pero si de un familiar cercano. Sin embargo controlar esa lengua suya muchas veces le era imposible, y tampoco se arrepentía.

—¿¡Qué dijiste!?— farfulló, incrédulo a lo que escucharon sus oídos a la vez que se revolvía para zafarse—. ¡Suéltame, Ushio!— ordenó agitado, provocando que el jefe del grupo lo empujara de forma violenta como recordatorio de quién mandaba.

—Sabes que no podemos hacer un escándalo aquí— reprendió entre dientes —. Además...— inspiró hondo y se dio un leve masaje en el puente de la nariz con dos dedos. Tardó unos segundos antes de continuar, lo necesario en lo que una pareja que caminaba cerca se alejaban —quizá tu padre es cliente frecuente y lo dice por experiencia.

Dichas palabras no parecieron tranquilizar ni agradar al más alto, pero tampoco se atrevió a contradecir al líder. Light sonrió casi con fastidio al escuchar al flaco llamarle " puta de mierda" entre dientes, sin embargo por esta ocasión se guardó cualquier otro comentario. Prácticamente el grupo completo estaba intentado calmar al muchacho, así que comenzó a alejarse aprovechando la distracción del resto, intentaría hacerle parada a algún taxi en la esquina siguiente, continuar esperando por un autobús era una pérdida de tiempo y a la vez arriesgado.

—Ni creas que te vas a librar tan fácilmente— Ushio lo rodeó con ambos brazos desde atrás, casi cubriéndolo por completo con su amplio torso. Tal y como había dicho, no lo dejaría ir con tanta facilidad, por lo que había mantenido un ojo sobre él todo el tiempo—. ¿Te gusta...?— le susurró al oído mientras movía las caderas de un lado a otro, rozando y presionando el trasero de Light con su parte baja.

—¡Ya bast...!— intentó quejarse y a la vez revolverse, pero de forma repentina el brazo que lo rodeaba le oprimió el cuello en un fingido abrazo.

—No podemos hacer algún escándalo aquí, ¿lo olvidas, amor ?

—¡No soy tu amor!— espetó con un hilo de voz y apenas audible mientras con ambas manos sujetaba el antebrazo del mayor en un intento de alejarlo.

Ushio no cedió ni un poco, provocando que en un acto desesperado Light arañara la piel a la cual se aferraba y lanzara fallidas patadas hacia atrás a la vez que se revolvía con más ímpetu, notablemente agitado.

No habían muchas personas transitando por las aceras, en cambio los autos sí pasaban uno tras otros pero ninguno se detenía, sin embargo Stanley, un chico de 19 años con facciones aniñadas pero con un récord delictivo mayor a su edad, pareció ser el único en notar que la broma se les estaba yendo de las manos y que poco a poco se iba convirtiendo en alboroto. A ese ritmo no faltaría mucho para que alguien llamase a la policía, y el hecho de que todos estuviesen drogados era un punto en contra.

—Deberíamos irnos— interrumpió el más joven del grupo apenas audible, viendo hacia todas partes con cierta paranoia, creyendo que todos los observaban desde las ventanas de los edificios más cercanos.

Ushio asintió y le hizo hizo una señal al resto con su mano libre, indicándoles que debían partir y luego se encorvó nuevamente apoyando el mentón sobre el hombro del castaño.

—Ya tengo lista nuestra habitación— le susurró con malicia, como asegurándole que esa noche consumarían lo que tanto había deseado desde hace tiempo —, y no te preocupes, yo sí te pediré un taxi para que no debas caminar solito en las calles... sobre todo porque ni siquiera creo que puedas caminar luego de que acabe contigo— dejó escapar una risa socarrona antes de morder el lóbulo de la oreja del menor, estremeciéndolo.

—Ya basta, Ushio...— casi sonó como súplica debido a la opresión contra su cuello, aunque en realidad no estaba muy lejos de comenzar a suplicar.

Le faltaba el aire, y no estaba seguro si se debía al brazo que le oprimía el cuello o a la desesperación que lo comenzaba a embargar, quizá una combinación de ambas. La visión y audición también comenzaban a fallarle; todo a su alrededor lucía borroso y se volvía negro por momentos; lo mismo ocurría con sus oídos, como si dos tapones de aire hubiesen sido incrustado en ellos, permitiéndole escuchar nada más lo que ocurría en su interior, como el galopar inquieto e incesante de su corazón, pero el exterior se convirtió en balbuceos lejanos para él. Cerró los ojos asustado, temiendo lo peor... sabía que estaba a punto de desmayarse, lo sabía, sentía cada parte de su cuerpo desconectándose una a una a la vez que el sudor se le acumulaba copiosamente en la frente y bajaba por los laterales de su rostro. Tenía miedo de quedar inconsciente y que al abrir los ojos ya fuese demasiado tarde. Aunque la ventaja de cinco contra uno fuese injusta, no podía evitar odiarse al sentirse débil, pero a la mierda el orgullo, no estaba dispuesto a marcharse con esa bola de idiotas.

Shhhh... — siseó Ushio, quien anticipando los movimientos del otro, le cubrió con la mano casi por completo la parte inferior del rostro al verlo abrir la boca—. Ya tendrás tiempo para gritar todo lo que quieras...

Todos se vieron entre sí y luego desviaron la mirada al líder del grupo, quien parecía estar más interesado en restregar su cuerpo contra el de Light. Era incómodo verlo y escucharlo respirar, más bien, resoplar excitado, como si no estuviesen en medio de la vía pública. Si se colocaban dos a cada lado podrían cubrirlo y disimular lo que Ushio estaba haciendo, pero ninguno parecía reaccionar, tan solo estaban ahí sintiéndose asqueados de ver a su respetable jefe toqueteando a otro hombre de una forma que difícilmente podía tomarse como broma. Se suponía que solamente seguirían a Light para tener pruebas de lo que ya sospechaban, pero llevarlo con ellos no estaba dentro de los planes, ni mucho menos acostarse con él, ninguno era homosexual y dudaban mucho de que Ushio lo fuera, al menos no en sus cinco sentidos.

—Ushio...— llamó Stanley de forma temerosa pero con intención de captar la atención del otro y hacerlo entrar en razón —Deberíamos irnos...

Fue hasta ese momento que el mayor volteó hacia sus amigos, quienes lo veían preocupado. No tenía planeado desistir, sin importar lo que ellos le dijeran, sin embargo el haber sido desconcentrado lo hizo disminuir la fuerza que ejercía sobre la boca del menor a fin de mantenerlo callado, lo suficiente para que Light pudiese cerrar los dientes alrededor de uno de los dedos que lo oprimían. Un corto pero repentino alarido sonsacó un pequeño respingo al resto del grupo, a quienes les tomó unos segundos darse cuenta de lo que ocurría al estar a espaldas de Ushio.

—¡Suelta!— ordenó furioso, pero en lugar de asustar al castaño, solo ocasionó que mordiera con más fuerza, casi con resentimiento.

Honda fue el primero en reaccionar, luego de acercarse llevó dos dedos hasta la nariz del menor, aplicando la técnica que su madre aplicaba cuando su hermano menor aún era un bebé, pero ésta no funcionó. Light intentó inhalar y exhalar todo el aire que podía por los espacios libres de su boca, no era fácil ni mucho menos cómodo, pero casi sonrió con satisfacción cuando su lengua se vio invadida por un asqueroso sabor metálico.

—Mierda...— susurró Stanley al acercarse y ver que algunas cuantas gotas de sangre bajaban por las comisuras de los labios de Light, luciendo como un vampiro—. Estás sangrando...

El adolescente hizo un esfuerzo sobrehumano para no vomitar ni tragar la sangre que escurría dentro de su boca. Sin embargo soltó un alarido y sus ojos se abrieron de par en par cuando de forma repentina alguien tomó un puñado de su cabello y lo jaló hacia atrás de forma violenta.

—Yo que tú no haría eso.

El flaco pudo sentir algo parecido a un tubo delgado presionando la parte trasera de su cráneo, pero se quedó de piedra al reconocer el sonido que hace el martillo de una pistola al ser bajado.

—Suéltalo— ordenó la misma voz.

Ushio meneó la cabeza en negación, dándole una orden clara a su amigo. El muchacho estaba demasiado pálido y asustado pero no se atrevió a contradecir a su jefe. Tragó saliva y de forma temerosa enredó una vez más sus falanges entre aquellos cabellos.

—Ushio...— llamó el martirizado joven, pero nuevamente éste pareció no inmutarse, solamente se cruzó de brazos, ocultando su lastimado e inflamado dedo entre ellos.

—No hay nada de qué temer— aseguró. Entendía el temor de su amigo, estaba siendo amenazado por alguien cuyo rostro desconocía, pero la historia era diferente para el resto del grupo, todos estaban de frente en dirección al flaco y, por ende, al par de entrometidos que apareció de repente.

—Esto será divertido— dijo otra voz, una más profunda y sombría que, aunque intimidó a los otros, no causó ningún efecto en el mayor de ellos. Beyond dio un paso hacia adelante y extendió su brazo por completo, apuntando al que había reconocido como el líder del grupo.

Ushio no pudo evitar soltar una carcajada, esa zona en específica no estaba del todo iluminada pero era fácil notar lo delgados y pálidos que eran ambos muchachos, unos gemelos que seguramente estaban de camino a una fiesta de disfraces, ¿o por qué otra razón uno de ellos andaría con sombrero, gabardina y unos enormes lentes redondos de montura gruesa?

—No tienen el valor de disparar— dijo en tono desafiante, convencido de lo que decía.

—¿Estás seguro?

Todos hubiesen esperado que el gemelo apuntando a Ushio fuese el primero en reaccionar al mostrarse más temerario, pero les sorprendió ver al otro rodeando el cuello del flaco con un brazo antes de jalarlo hacia atrás y un poco hacia abajo debido a la diferencia de estaturas. El arma que antes se escondía en la parte trasera de la cabeza del muchacho ahora apuntaba directo a su sien derecha. Light soltó un involuntario gruñido, él también se había visto afectado por la repentina reacción de Lawliet, pero, ya fuese por miedo o por el brusco movimiento, el flaco lo liberó del agarre.

Beyond no despegó la mirada de su objetivo ni de los otros dos muchachos que tenía en frente, uno a cada lado del más alto, pero sí observó de soslayo que su hermano había logrado su propósito, así que consideró que era el momento oportuno para continuar con la siguiente parte del plan.

—Tienes razón...— dijo el menor de los gemelos con una torcida sonrisa—. No tenemos el valor de disparar— aseguró sin soltar el arma a la vez que ladeaba su cuerpo en cuestión de segundos, y antes de que pudiesen anticipar sus movimientos, soltó una patada lateral directo al estómago del otro, haciendo que éste se doblara de dolor y en busca de aire.

Lawliet supo que no había vuelta atrás, así que sin dudarlo sujetó la muñeca de Light y comenzó a correr detrás de su hermano. Las armas eran falsas, y aunque fuesen reales jamás hubiese tenido el valor de jalar el gatillo, por lo que era consciente de la desventaja en la que se encontraban, no solo los superaban en número sino también en tamaño. Tal vez crear una distracción y salir huyendo no era un plan perfecto, pero era el único que tenían así que no podían fallar.

La parada de autobuses tan sólo quedaba a una cuadra y media del conjunto de apartamentos, el problema es que debido a la zona la mayoría de calles se encontraban en cuestas, y aunque ésta no era muy inclinada, a Light se le estaba dificultando respirar.

—Pa-Para...— murmuró apenas audible. Continuaba moviendo las piernas solamente porque Lawliet jalaba de él, pero ya no soportaba más—. No ... No nos siguen...— susurró con el poco aire que tenía, sin embargo ninguno de los dos pareció escucharle—. ¡Para!

Fue hasta ese momento que Lawliet prestó atención al muchacho que venía consigo, las veces que había volteado a ver hacia atrás, fue solo para asegurarse que no eran perseguidos.

—¿¡Qué haces, Elle!?— cuestionó Beyond alarmado al ver a su hermano detenerse—. ¡Ya estamos cerca!— agregó a la vez que señalaba el edificio que estaba al otro lado de la calle, ellos estaban en la esquina opuesta.

—¿Light?— aún no había soltado la muñeca del menor, pero éste se había encorvado mientras intentaba recuperar el aliento—. Ya falta poco— continuó un poco nervioso, sabía que no era momento para detenerse. Light meneó la cabeza como respuesta, su boca se encontraba ocupada inhalando bocanadas de aire como para contestar.

Lawliet se mordió el labio inferior y se colocó en puntillas a la vez que estiraba el cuello en dirección a la parada de autobuses, inspirando hondo al no vislumbrar a la pandilla que habían dejado atrás.

—Bien, creo que podemos tomar un pequeño descanso— dejó escapar el aliento comprimido en su pecho y soltó al castaño antes de apoyar la espalda contra una pared cercana mientras se limpiaba la frente con la manga de su camisa, sin importarle si arruinaba la tela.

—Fue divertido, ¿no?— Beyond sonrió al colocarse al lado de su hermano y darle algunos codazos de complicidad, pero no obtuvo la respuesta que hubiese esperado.

—Estas mal de la cabeza— espetó casi poniendo los ojos en blanco. Llevó una mano hasta el cinturón de su pantalón, donde momentos antes había colocado el falso revólver—. ¡Guarda esto!— aunque no fuese real, no quería tener esa pistola ni un segundo más con él.

—Se ven bastante reales, ¿verdad?— acatando la orden de su hermano, guardó el arma en un compartimiento interno de su enorme gabardina—. Hasta pesan como si fuesen reales— añadió, orgulloso con la compra que había hecho.

El mayor de los gemelos meneó la cabeza pero no quiso indagar cuánto había gastado en ese ridículo disfraz de detective. En cambio dirigió su atención a Light, preocupado porque aún se le escuchaba agitado.

—¿Estás bien?— no obtuvo respuesta—. Perdón por no llegar antes...

—Eso fue mi culpa— interrumpió Beyond apenado mientras se rascaba la mejilla con el dedo índice —, me quede atorado en una grieta de la pared— explicó a la vez que se ladeaba un poco para mostrar el rasguño que tenía su gabardina a la altura de la cadera —. Además, teníamos que pensar en un plan para...

—No les pedí ayuda— interrumpió aún cabizbajo, apoyando las manos en las piernas para sostenerse.

—Se dice gracias , niño— espetó Beyond con el entrecejo fruncido.

¡Ja!, ¿agradecerles?— se irguió despacio pero de forma segura mientras enarcaba una ceja, una actitud que molestó al menor de los gemelos—. Llegaron sin ser llamados.

—¿¡Preferías que te dejáramos con ellos!?— tomó al castaño por el cuello de la camisa y lo atrajo hacia sí, quedando ambos muy cerca.

—Beyond, ya basta— intervino Lawliet, sujetando a su hermano por los hombros para alejarlo.

—¡Ni siquiera sé porqué nos molestamos tanto en ayudar a éste!— refunfuñó y se cruzó de brazos—. ¡Vámonos, Elle!— dio media vuelta y avanzó en dirección al edificio que estaba al otro lado de la calle, sin embargo no obtuvo el apoyo esperado —¿¡Elle...!?— volvió unos pocos pasos y quedó frente al mayor, quien le apartó la mirada por unos segundos.

—No puedo dejar que se vaya solo— indicó apenas audible. No creía estar actuando incorrectamente, pero sabía que Beyond no tomaría a bien la noticia.

—¿¡Me estás diciendo que lo prefieres a él antes que a mí!?

—No— dijo con seriedad —. No se trata de a quién prefiero, pero no es seguro que vuelva solo a casa después de lo que pasó, es todo— explicó, esperando que su querido hermano entendiera sus razones.

—¡Pues entonces quédate con él!— refunfuño casi de forma infantil y le dio la espalda. Lawliet puso los ojos en blanco.

—Tampoco estoy pidiendo que tú te vayas— Beyond se encogió de hombros pero no volteó —.¿Puedes llamarle a Matt?— preguntó unos segundos después al convencerse que el menor no cambiaría de opinión.

—¿Para decirle que me venga por mí porque mi propio hermano me cambia por un prostituto?— soltó casi con resentimiento.

Lawliet inspiró hondo, diciéndolo así se escuchaba mal y le afectaba que Beyond lo viera de esa forma, pero tampoco se sentía capaz de dejar ir a Light luego de lo que había pasado.

—Es divertido verlos pelear— comentó el castaño, soltando una risa burlesca —, pero se me hace tarde.

—No, tú no te vas— como acto reflejo, Lawliet le sujetó la muñeca rápidamente, impidiéndole alejarse.

—Llamaré a Matt— interrumpió Beyond a la vez que ponía los ojos en blanco, molesto por la reciente reacción de su hermano.

Lawliet soltó un gruñido, Beyond se había cruzado la calle antes de que él pudiese detenerlo.

—¿Vas a dejar que se vaya?— Light sonrió, divertido de ver al empresario en semejante dilema.

—Deje el teléfono en el apartamento...— susurró más para sí mismo luego de haberse palpado los bolsillos y no encontrar nada—. Vamos...— indicó sujetando nuevamente la muñeca del castaño. Tenía que llamar a Matt y asegurarse que éste iría por Beyond, pero Light se negó a caminar.

—¿"Vamos"?— enarcó una ceja de forma mordaz a la vez que apartaba la mano—. Yo me regreso a mi casa.

—No, pasarás la noche conmigo— anunció casualmente mientras volvía a sujetarlo del brazo.

—¿Disculpa?— intentó revolverse, pero Lawliet no cedió—. Tú no puedes...

—¿Cuánto quieres?— interrumpió a la vez que giraba, quedando ambos frente a frente —¿Cuánto por dormir en mi casa? El dinero es lo único que te interesa, ¿no?

—No quiero dormir contigo— dijo luego de vacilar. Cualquier otra persona se hubiese ofendido ante la propuesta, o más bien por las palabras utilizadas, pero a él le importaba poco o nada si Lawliet creía que el dinero era lo único que le interesaba, quizá porque había mucho de cierto en ese argumento. Pero sí decidió rechazarlo es porque quería que en la medida de lo posible sus encuentros se limitarán a lo que se había establecido en un principio, a saldar la deuda.

—Escucha... me siento responsable por lo que te pasó pero tampoco puedo dejar a mi hermano a su suerte— explicó con notable culpa, convencido de que nada de esto estuviese sucediendo si no hubiese citado a Light ni enredado a Beyond en sus planes —. Si pasas la noche en mi casa, prometo pagarte y podemos tomarlo como parte del trato.

Light lo pensó un poco, si hacía sumas y restas aún le debería ciento veinte dólares, lo equivalente a seis encuentros sexuales más. La propuesta era tentadora, tal vez su suerte no era del todo mala, en un solo día podría saldar dos encuentros, lo equivalente a cuarenta dólares sin necesidad de acostarse con Lawliet. Pero jamás había pasado una noche entera fuera de casa y eso le preocupaba.

—¿Podemos reducir la deuda a sólo ochenta dólares?— probó suerte, lo peor que podía pasar es que el empresario se negara, pero contrario a lo que esperaba éste asintió casi al instante.

—¿Aceptas?

—Está bien...— contestó apenas audible antes de permitir que Lawliet le tomara la mano para guiar el camino. Estaba nervioso al saber que pasaría toda la noche en una casa que no era la suya, pero a la vez sonrió satisfecho al hacer cuentas rápidamente en su cabeza, solo cuatro encuentros más y podría librarse de Lawliet.

oOo

Cerró la ducha y con cuidado palpó el cristal transparente buscando la puerta corrediza para no chocar contra ella como le había pasado unos momentos atrás. ¿Quién rayos usaba vidrio en la ducha en lugar de paredes? ¡Ni siquiera era vidrio esmerilado!

—Pervertido...— murmuró a la vez que tomaba la toalla que había dejado sobre el amplio mueble con superficie de mármol.

Era increíble que un simple cuarto de baño fuese más grande que su habitación, pero no podía evitar sentirse fascinado, todo era tan... perfecto . Las paredes eran cerámica de imitación a madera en tonalidades grisáceas intercaladas armoniosamente; un falso techo cubría los bordes y una blanquecina luz indirecta se colaba por las ranuras, iluminando el lugar de forma elegante y cálida a la vez, sin ser demasiado brillante ni muy opaco. La mampara de la ducha abarcaba uno de los laterales, un poco pequeña si se lo preguntaban, aunque suficiente para alguien que vive solo; sin embargo lo que había llamado su atención estaba en el costado opuesto, donde dos escalones de cemento alisado se elevaban del suelo y un par de rústicos pedestales servían de entrada para la bañera. Se acercó y tomó asiento a un lado de ella, sobre el último escalón, imaginando estar adentro con una copa de vino y agua tibia. Jamás había probado ninguna clase de vino y a lo mejor usar una tina tampoco era la gran cosa, pero en las películas siempre era sinónimo de tranquilidad y lujo.

Sin embargo dejó de soñar cuando tocaron a la puerta repentinamente, haciéndolo dar un respingo que casi lo hace caer de donde estaba.

—¿Te falta mucho?— preguntó Lawliet desde afuera, preocupado porque hacía ya varios minutos que el agua de la ducha había dejado de correr, pero Light seguía sin salir y tampoco se escuchaba nada de él.

—¡Sí...! Digo... ¡No!— se puso en pie y con rapidez se dirigió hasta el mueble del baño, abriendo solamente el cajón que se le había indicado.

Sacó lo primero que encontró, una camiseta sin mangas y un pantalón de algodón negro. Estaba conforme con el pantalón pero el clima de esa noche no era para usar algo sin mangas, sin embargo no quería tardar más de lo que ya había tardado, así que se acomodó todo rápidamente antes de salir.

—Pensé que te habías ido en el desagüe o algo— bromeó Lawliet tan pronto la puerta se abrió.

—¿Vas a comer a esta hora?— enarcó una ceja al verlo de pie a unos cuantos pasos, con un sándwich en una mano y un vaso de leche en la otra.

—No, es para ti.

—Yo no tengo hambre—. Replicó al instante. Elle suspiró.

—¿Podrías dejar de ser tan necio y no llevarme la contraria al menos por esta noche?— colocó el vaso y el plato sobre la mesita de noche y procedió a desabotonar su camisa, necesitaba deshacerse de esa ropa tan formal.

—¿Pudiste hablar con Matt?— preguntó mientras se acercaba a la cama, pensando en su siguiente movimiento. No quería comer lo que le había preparado y mucho menos luego de lo que había pasado, sentía que lo hacía por lastima para luego poder burlarse de él, pero tampoco quería mostrarse desagradecido cuando el otro solo estaba siendo amable. Pero el problema era justamente ese, amabilidad y Elle Lawliet no iban juntos en la misma oración, al menos no con el Lawliet que él conocía.

—Sí, él vino por Beyond, me escribió hace poco— no creía que Light hubiese escuchado su respuesta, el adolescente parecía absorto, y para él no fue difícil hacerse una idea de lo que el otro podría estar pensando.

Cualquiera que conociera al mayor de los Lawliet sabría lo considerado que éste podría llegar a ser; amable, educado, entre otras cualidades. Obviamente la versión que Light conocía de él no se acercaba ni un poco a lo que realmente era. Sin embargo el Light que él conocía sí era orgulloso tanto en la cama como fuera de ella, por lo que el mayor estaba seguro que éste no aceptaría ayuda y desconfiaría de cualquier gesto a causa del concepto que tenía de él.

—Me daré una ducha— anunció a fin de hacerle saber que le daría su espacio por unos minutos, esperando que al estar solo se sintiera con la confianza de comer.

—¡Oye!— llamó rápidamente, poniéndose en pie antes de que el otro se encerrara en el baño—. Olvidé mi celular en casa...— mintió, aunque eso no fue la parte difícil, lo complicado era continuar —, pero quería... ya sabes, llamarle a mi mamá...

—Mi celular está sobre el buró— interrumpió a la vez que le señalaba con el índice el mueble de madera que estaba al otro extremo —. La clave es 3110.

Light asintió y caminó hacia dicha dirección. Lawliet notó la falta de la palabra "gracias" por cuarta o quizá quinta vez esa noche, pero no creía que realmente fuese un malcriado desagradecido, quizá en otras circunstancias sería diferente, pero debido a la relación que tenían decidió ignorar ese detalle y solamente recogió la ropa del suelo y la llevó consigo al baño para dejarla dentro del cesto de ropa sucia.

Al saberse solo, Light tomó asiento al borde de la cama con celular en mano, comenzó a teclear sobre la pantalla uno de los pocos números que se sabía de memoria y con la otra mano tomó el emparedado que Elle le había preparado. El sándwich estaba delicioso para ser solo jalea de fresa, a lo mejor tenía hambre porque él no era muy fan de la mermelada y tampoco creía que el sabor se debiera a que había sido preparado de una manera especial. Untar dos rebanadas de pan no era precisamente cocinar, de hecho dudaba que el empresario pudiera siquiera prender la estufa cuando fácilmente podría pedir comida a domicilio.

—Conteste, por favor...— suplicó con el teléfono pegado en la oreja, era la tercera vez que intentaba contactar al mismo número pero nadie contestaba.

No era precisamente con su madre con quien quería hablar, si así fuera hubiese perdido las esperanzas hace mucho ya que ella nunca atiende el teléfono. Más bien estaba intentando llamar a la vecina que vivía en el apartamento justo arriba de ellos.

—¿Bueno?— contestó una mujer de voz cansada, debía rondar los cincuenta años o había tenido un día difícil.

El castaño tomó rápidamente el vaso de leche al momento que la llamada fue conectada y le dio un sorbo para poder tragar el pan que tenía en la boca.

—¿Señora Higuchi? Es Light— se presentó, consciente que el identificador de llamadas no había reconocido el número telefónico.

—¡Oh, muchacho!— soltó una suave y cálida risa que reconfortó un poco al adolescente—. ¿Aún te falta mucho en el trabajo?— Miki Higuchi era una mujer casada que había sido muy unida a la familia cuando los Yagami eran considerados como una. Actualmente no podía considerarse amiga de Sachiko ni mucho menos de Soichiro, pero debido al afecto y relación que alguna vez existió, accedía de vez en cuando a cuidar de Sachiko a cambio de una pequeña remuneración mientras Light estudiaba o trabajaba.

—Sí, bueno, de eso quería hablarle...— se encorvó un poco y apoyó los codos sobre las piernas, sin despegar el teléfono en ningún momento —, creo que terminaremos muy noche, y... no sé, cabe la posibilidad de que no llegue a dormir ahora y... bueno, quería saber si usted puede quedarse con mi madre esta noche...— sostuvo el aire nervioso, sabiendo que esto sobrepasaba a cualquier favor que le hubiese pedido antes.

—No creo que debas preocuparte de nada— dijo con la voz más jovial que pudo —¿Conoces a Liam? ¿El que vive, o más bien, vivía en los edificios F?

—No, ésos están casi al otro extremo— su rostro y tono de voz cambió a uno más serio, ¿quién era ese tipo?

—Bueno, pues cuando tú estás en clases, él viene y visita a Sachiko, últimamente se han hecho muy buenos amigos...

—¿Usted dónde está?— interrumpió, esperando que lo que más se temía no fuese verdad.

—En mi casa— contestó con calma.

—Pero se suponía que usted la iba a cuidar— apretó los dientes en un intento de controlarse.

—Me pagaste por estar con ella hasta las diez de la noche, además mi esposo volvió temprano a casa y tenía que atenderlo...— explicó un poco nerviosa al escuchar el cambio en la voz del muchacho.

—¿Y ella con quien está?— ni siquiera supo porque hizo esa pregunta si sabía que odiaría la respuesta.

—Liam dijo que estaría con ella...— hubo un silencio bastante largo en el que por un momento le pareció escuchar algo parecido a un sollozo—. Si quieres puedo darme una vuelta por ahí de otro rato para ver cómo están, entiendo tu preocupación pero te aseguro que todo estará bien, Liam es un buen hombre— añadió unos segundos después, con intenciones de animarlo.

—No, está bien...— susurró y desconectó la llamada.

Se puso en pie y dejó el celular en la mesita, junto al emparedado y la leche, de pronto ya no tenía hambre. Salió de la habitación y tomó asiento en el sofá más largo de la sala mientras repasaba la conversación reciente. ¿Liam? ese nombre ni siquiera se le hacía conocido y resultaba que ahora estaba durmiendo en su casa, le importaba poco o nada si era un buen sujeto o un idiota al igual que el resto, lo único que le calaba era lo poco que le había tomado a su madre romper su promesa. Quizá lo mejor era volver a casa, pero... ¿para qué? Ella nunca notaba su ausencia, jamás le había llamado o escrito preocupada cuando entrada la noche él seguía sin regresar a casa. Además, sabía que al volver vislumbraría el cuerpo desnudo de su madre junto al de otro sujeto a través de las ranuras que se formaba entre las cortinas y el umbral de la puerta, y aunque decidiera ignorarlo, las delgadas paredes no retenían los gemidos o las escandalosas risas, y éstas siempre terminaban colándose en su habitación. Tal vez pasar una noche lejos de ese ambiente y lejos de ella no sería tan malo después de todo, al menos por hoy podría intentar fingir que todo estaba bien.

Lo primero que Lawliet notó al abrir la puerta fue el emparedado a medio comer y la ausencia de Light en la habitación. Aún con toalla en mano continuó escurriendo el agua de sus espesos mechones color azabache y caminó en dirección a los únicos dos pedestales de cemento alisado que no estaban conectados entre ellos por vidrio templado mate, de ese que a pesar de ser cristal no es del todo transparente. Sus pies descalzos apenas hicieron eco al bajar los dos escalones de madera, fue por ello que Light no advirtió su presencia.

—¿Qué haces ahí?— preguntó extrañado al verlo acostado en el sofá, de cara hacia el respaldar del asiento.

—Intentó dormir, ¿qué no ves?— contestó a la vez que, como por cuarta vez, intentaba acomodar la cabeza sobre el cojín.

Lawliet dejó la pequeña toalla sobre su cabeza y se rascó ambas mejillas con desesperación ante la actitud del menor.

—Ve a la cama— ordenó con tono suave, sin obtener respuesta. Inspiró hondo antes de acercarse al sofá —. Jamás permitiría que un invitado duerma aquí.

—¡Hey!— chilló casi asustado al ser alzado de forma repentina—. ¿¡Qué te pasa!?— se revolvió entre los brazos de Lawliet sin éxito. Era vergonzosa la facilidad con la que éste lo había levantado y mucho más la forma en la que lo cargaba; él no era una novia ni mucho menos una mujer—. ¡Bájame, idiota!

—Como gustes— se encogió de hombros y soltó al muchacho, haciéndolo caer sobre la cama —. Deja tu necedad si no quieres que repitamos el papel de recién casados— advirtió antes que el orgulloso adolescente se pusiera en pie de nuevo.

Light frunció el entrecejo y le dedicó una mirada hastiada antes de arrastrarse a gatas sobre el colchón.

—¡Como quieras!— espetó entre dientes mientras se acomodaba en un extremo de la cama y se echaba el delgado edredón encima.

—¿Necesitas algo más para dormir? ¿Tu osito de peluche o un cuento de hadas?— rió un poco al verlo reaccionar de la forma infantil que ya esperaba: ocultándose por completo bajo las sábanas.

—Solo necesito que te calles— masculló.

Lawliet meneó la cabeza sin borrar la sonrisa de su rostro, acto seguido ocupó su lado del colchón y buscó uno de los interruptores que estaba detrás de la mesita de noche, la luz se apagó y ambos quedaron en penumbras. Pese a estar cansado, sus enormes ojos se negaban a cerrarse, le era imposible conciliar el sueño cuando una pregunta tras otra se iba formando en su cabeza luego de lo sucedido. El plan inicial había fallado, seguía sin conocer la dirección exacta donde vivía Light Yagami, aunque luego de lo ocurrido podía darse una idea de lo que era su vida, y no prometía ser agradable.

Podría haberse pasado la noche absorto en sus pensamientos, formulando ideas y generando teorías, pero algo parecido a un crujido proveniente de su invitado lo hizo volver a la realidad. Aún en la oscuridad ladeó la cabeza en dirección a Light, pudiendo difícilmente distinguir la forma de la espalda del castaño, y aunque su visión en estos momentos no era de fiar, le pareció verlo estremecerse bajo las sábanas.

—¿Tienes frío?— rompió el silencio nocturno que los envolvía pero no obtuvo respuesta. Light estaba muy cansado como para quedarse dormido tan rápido o simplemente había decidido ignorarlo. Apostaba más por lo segundo ya que curiosamente el sonido de dientes castañeteando cesó, o al menos lo intentó.

Lawliet soltó el aire por la boca y se retiró el edredón para ponerse en pie. Rodeó la cama y se acuclilló frente al lado que Light ocupaba, acto seguido abrió el largo compartimiento inferior donde guardaba una pesada cobija que solamente usaba en invierno. Light no se inmutó cuando su cuerpo completo fue cobijado con algo más cálido, mantuvo los ojos cerrados, fingiendo estar dormido aún cuando por un momento sintió el rostro de Lawliet muy cerca del suyo, si a ese idiota se le ocurría besarlo le dejaría esas ojeras más marcadas al menos por una semana entera. Sin embargo no fue un beso el que lo hizo salir de su actuación, sus ojos se abrieron de par en par cuando sintió tres delgados dedos acariciándole el cabello.

—¿¡Qué rayos haces!?— espetó, apartándole la mano a la vez que se incorporaba sobre el colchón de forma violenta.

—¿Así que estabas despierto?— sonrió de lado y se puso en pie —¿te duele?— extendió su brazo e intentó una vez más enredar sus falanges en aquellos cabellos sobre la zona lastimada, pero el castaño le apartó la mano con la misma brusquedad de antes.

—No, y te agradecería que no lo hagas de nuevo—. Advirtió con el entrecejo fruncido antes de acostarse de lado y cubrirse con la cobija más gruesa, asegurándose de dar la espalda hacia el costado del colchón que ocuparía el empresario.

—Buenas noches, Light— murmuró y regresó a la cama sin obtener respuesta, aunque realmente no esperaba alguna.