10. Gracias

Lawliet continuó tecleando en su laptop a la vez que estiraba un brazo y tomaba la taza de café que había dejado sobre la mesita de noche.

—Bonita manera de iniciar un sábado— masculló con un rostro de fastidio y a la vez de asco; le hacía falta azúcar al café.

Kiyomi, su secretaria, le había mandado los datos de un cliente potencial con el cual le convenía asociarse, razón suficiente para ponerse a trabajar en ello lo antes posible en lugar de esperar hasta el lunes.

A veces se preguntaba si todas esas personas que decían envidiar su vida cambiarían de opinión al saber que en algunas ocasiones se pasaba días libres enteros revisando correos electrónicos de la empresa, uno tras otro sin descanso.

Dejó el teclado por un momento e irguió la espalda al mismo tiempo que se masajeaba la zona del trapecio derecho para desentumecerse. Usualmente trabajaba en el comedor, era más cómodo para su espalda y piernas, pero si esa mañana eligió su habitación fue por la persona que estaba en ella.

—Solo lo hago para que no me robes de nuevo— murmuró a la vez que le hacía un gesto con el dedo índice a un inconsciente Light, como una madre cuando da una advertencia.

Supuso que debía estar muy cansado para dormir tan profundamente, desparramado y boca abajo al medio de la cama como si fuese el único en ella, hasta era divertido verlo despeinado y escucharlo resoplar mientras un insignificante hilo de humedad le descendía por la comisura de los labios. La última vez que había visto a alguien dormir tanto fue cuando Matt y Beyond apostaron quién aguantaba más tiempo despierto, ninguno pegó un ojo en setenta y dos horas, pero su hermano soportó unos minutos más, lo que lo convirtió en el vencedor. Luego de eso no hubo poder humano que los hiciera reaccionar por las siguientes veinte horas, claro que esos dos dormidos eran como escuchar un auto descompuesto queriendo encender sin éxito. En cambio Light podría decirse que lucía hasta "lindo" con sus facciones relajadas y labios entreabiertos.

Joder...

Se frotó el rostro con ambas manos. ¿Con qué cara le explicaría a sus amigos que Light había dormido de nuevo en su casa luego de lo sucedido la primera vez? Estaba seguro que Beyond los pondría al tanto, por venganza o resentimiento, y no podía culpar al alcohol porque la ebriedad no llegaba al punto de hacerlo perder la cordura. Si aplicaba el ejemplo del perro callejero que tanto había usado anteriormente, podría solucionar su problema lanzándole un balde con agua fría, seguramente eso sería lo menos que Light esperaría de él, pero sería inhumado, además... no podía compararlo con un perro callejero cuando dormido parecía más un cachorro. Hasta parecía irreal verlo tan sereno en lugar de tener esa expresión de fastidio que siempre portaba.

Apartó la mirada, incómodo y extrañado por los pensamientos recientes y los recuerdos de la noche previa. Por supuesto que él no era ningún descorazonado, pero tampoco entendía de dónde había salido tanta preocupación por un cualquiera con el que otros tipos se revuelcan en un motel barato. ¿Por qué lo dejó ir tan fácilmente? Podría haberlo detenido y regresarlo a la cama para darle la cogida de su vida hasta dejarlo cojeando, ¿qué importaba si Light quería o no? Como tampoco importaba quienes eran aquellos muchachos ni las intenciones que éstos tuviesen, de no haberse entrometido no le debería ninguna disculpa a Beyond y tampoco tendría a alguien indeseado en su cama. "¿Si tanto te molesta por qué no lo despiertas y le pides que se vaya?" Pensó pero sin mover el más ínfimo músculo para no interrumpir el sueño de su invitado; era agotador que sus pensamientos se contradijeran en cuestión de segundos, de seguir así tendría que lidiar con una fuerte migraña el resto de la tarde.

Podría haber continuado vacilando por quién sabrá cuánto tiempo más, sin llegar realmente a una solución. Ni siquiera entendía por qué seguía pensando en lo mismo si sabía perfectamente que no se atrevería a darle vuelta al colchón para despertarlo cuando ni siquiera había tenido el valor de picotearle el hombro para hacerlo reaccionar. Sin embargo sus planes no eran el de los demás, quien fuese que llamaba desconocía el dilema en el que se encontraba; la laptop que tenía en sus piernas casi cae al suelo al momento que se inclinó para tomar su celular y silenciarlo con el fin de no molestar al otro, pero sus intentos fueron en vano. Quizá el repentino movimiento o el alboroto del aparato vibrando contra la madera hizo que los ojos de Light se abrieran, al principio despacio y con pereza, intentando adaptarlos a la luz que lo rodeaba, pero unos segundos le bastaron para reconocer que aquella no era su habitación, razón suficiente para incorporarse como un resorte y ver agitado de un lado a otro.

—¿Qué hora es?— preguntó con voz ronca tan pronto sus ojos se encontraron con los de Lawliet. Dormir en la cama del empresario era algo que imaginaba posible solo en sus peores pesadillas, pero aún así no pudo evitar soltar un suspiro de alivio al saber que se trataba de él y no de Ushio.

—Diez a las once— contestó con semblante sereno, como si hace tres segundos no había estado a punto de perder la cordura.

—¿¡Qué!?— rompió la poca tranquilidad que podía haber entre ellos y se puso en pie precipitadamente, buscando con la mirada su ropa por toda la habitación—. ¿¡Por qué no me habías despertado!?

Hubo unos segundos de silencio, Light estaba demasiado ofuscado como para esperar o prestar atención a alguna respuesta, lo cual era un alivio para Lawliet ya que no tenía ninguna.

—La mandé a la tintorería esta mañana— interrumpió al notar la desconfianza con la que el muchacho tomó las prendas dobladas que estaban sobre el buró.

Light lo miró por el rabillo del ojo unos instantes y luego regresó su vista y atención a la ropa y al agradable aroma que ésta emanaba.

—No tenías porqué hacerlo— masculló antes de proceder a retirarse la camiseta.

—Se dice "gracias"— corrigió aún sentado al borde de la cama, pero sus palabras carecieron de importancia para el otro.

—¿Por qué?— acomodó sus prendas y guardó en los bolsillos las pocas pertenencias que cargaba en ellos la noche anterior: billetera y llaves—. Yo no te pedí que lo hicieras.

—¿Cómo puedes despertar de tan mal humor luego de haber dormido tanto?— reprochó a la vez que se cruzaba de brazos y ponía los ojos en blanco.

—Es un don— replicó casi al instante como acto reflejo, pero no pudo evitar apartar la mirada apenado.

Era realmente vergonzoso haberse quedado dormido de la manera en que lo hizo, no se trataba de una cuestión de modales sino de orgullo, cualquiera deduciría fácilmente que había disfrutado pasar la noche ahí, de otra forma jamás hubiese pegado un ojo en toda la velada y hubiese esperado impaciente el amanecer para poder huir, pero estaba tan cansado y la cama de Lawliet era tan cómoda que no supo en qué momento se desconectó de lo que le rodeaba. Sin embargo ignoraba que entre más pensara en lo ocurrido, más lo delataba su propio cuerpo, el adorable color carmín que tiñó sus mejillas no pasó desapercibido para el mayor; era la primera vez que lo veía sonrojarse de la nada, sin que él hubiese dicho antes un comentario grosero para hacerlo rabiar, por lo que dedujo que algo debía estar pensando Light para sonrojarse de tal forma, pero habían sucedido tantas cosas que no se imaginaba cuál de todas ellas podía estar pasando por la cabeza del otro.

—¿Cuánto vas a pagarme?— preguntó el adolescente luego de varios segundos en silencio al mismo tiempo que caminaba hasta quedar frente al empresario.

Lawliet apartó la mirada y soltó un suspiro al percatarse que se había quedado demasiado absorto en sus propias ideas y que tenían que terminar ese encuentro.

—¿Qué le pasó a tu celular?— preguntó mientras tomaba la billetera que había dejado bajo la almohada —Y no me digas que lo olvidaste en casa— añadió antes de que al otro se le ocurriera decir alguna mentira; él también había sido adolescente y muchas veces dejó la dignidad en diferentes lugares pero nunca su teléfono.

Light soltó una suave risa pero no le dio importancia al comentario, en cambio se llevó una mano a la cintura y extendió la otra hasta dejarla accesible para que Lawliet colocara ahí el pago acordado.

—Se arruinó, ¿contento? Ahora págame.

Ni siquiera habían fijado un monto, era difícil saber cuánto era demasiado cuando ni siquiera habían tenido sexo y cuánto era muy poco cuando posiblemente por culpa de él Light había pasado uno de los momentos más angustiantes de toda su vida. Pasó la yema de los dedos índice y medio por los bordes de los billetes que cargaba en su billetera, ¿cuánto era lo justo? No lo sabía. Y su incapacidad de fijar un monto se debía a que realmente no estaba pensando en ello, su mente estaba ocupada dándole vuelta a una idea que había venido a ella, y le tomó algunos segundos coger el valor necesario para llevarla a cabo. Cerró su billetera de forma precipitada y antes de darle tiempo a Light de cuestionar sus acciones, estiró un brazo para abrir la puerta inferior de la mesita de noche.

—Toma— extendió una pequeña caja de color negro, la cual el castaño vio con desconfianza.

—¿Qué es esto?— frunció un poco el entrecejo mientras alzaba la caja a la altura de su rostro para inspeccionarla mejor.

—¿Tú que crees?— contestó con sorna, haciendo que el otro pusiera los ojos en blanco.

—No pienso aceptar un teléfono como pago— dijo con seriedad aunque por dentro se estuviera muriendo por correr a casa y abrir el envoltorio para poderlo usar. Pero no se sentía cómodo aceptando dicho obsequio, reconocía el modelo, era el mismo que a Teru le habían regalado de navidad, y los Mikami jamás le regalaban baratijas a su hijo —. Prefiero el dinero— añadió a fin de mantener su orgullo pero hasta para él sonó ridículo.

—En ese caso...— se encogió de hombros y sacó un par de billetes, los cuales Light tomó y guardó sin ni siquiera contarlos—. Jamás dije el celular fuese tu pago.

—Escucha... no puedo aceptarlo— por supuesto que podía, no era la primera vez que un cliente tenía el detalle de darle un regalo, pero no quería, era demasiado costoso y venía de parte de Lawliet. Así que extendió la caja de vuelta a su dueño esperando que éste la tomara.

—No te sientas tan especial, si te lo estoy dando es porque tú y yo aún tenemos un trato pendiente y te guste o no debemos seguir en contacto— aclaró a la vez que se ponía en pie, quedando ambos frente a frente —. En mi compañía siempre premiamos la excelencia y me sobraron un par de la última reunión, así que tómalo como un bono por tu increíble desempeño en la cama.

—Te lo regresaré tan pronto terminemos con esto— murmuró cabizbajo, sin mostrarse ofendido por las palabras de Elle.

—Como quieras— se encogió de hombros para restarle importancia aunque no pudo evitar morderse el labio inferior, incómodo al creer haber percibido un poco de vergüenza por parte del otro a causa del regalo.

—Supongo que aquí es donde lamentablemente te digo un "hasta luego", ¿no?

Lawliet meneó la cabeza y sonrió, cada vez esa actitud le parecía menos fastidiosa y más como la de un niño pequeño, quizá fue por ello que en un acto reflejo lo envolvió con ambos brazos.

—Pide un taxi—le susurró al oído y no hizo ningún esfuerzo por prolongar el abrazo.

—Y tú date un baño— masculló arrugando la nariz y apartándose bruscamente, sin dificultad.

—Una última cosa— dijo al mismo tiempo que le tomaba la mano para detenerlo. Light volteó el rostro hacia él y enarcó una ceja, atento a lo que fuese a decir—. Los muchachos de ayer...

—No los conozco— interrumpió y retiró la mano antes de girar.

Sabía que su reacción dejaría más dudas flotando en el aire que respuestas, pero eso no le impidió salir aún cuando dejaba al otro con la palabra en la boca, y Lawliet tampoco lo detuvo. De hecho no esperaba que Light admitiera conocerlos, aún si así fuese, sabía que el castaño lo negaría, lo que lo llevaba a cuestionarse el porqué hacer una pregunta cuando sabes que la otra parte te mentirá sin problemas en la cara.

Ay, Elle, Elle... — se lanzó a la cama una vez a solas y acarició el colchón apenas rozándolo con las palmas—. No puede gustarte alguien como Light Yagami— se recordó a sí mismo y cerró los ojos.

No estaba enamorado, y tampoco creía sentir una atracción más allá de lo sexual, pero si se detenía un momento a pensar en sus acciones y no solo a buscar excusas, podía darse cuenta que su forma de actuar la noche anterior sugería lo contrario. Nadie se preocupa ni defiende a una persona que considera irrelevante en su vida.

oOo

—Eres una mierda, ¿lo sabías?— reprochó Beyond tan pronto vio a Matt salir de la habitación usando solamente un ceñido bóxer color negro y trayendo consigo una cajetilla de cigarros.

El muchacho solamente apretó los ojos y arrugó la nariz formando una mueca de incomodidad a la vez que le hacía un gesto con la mano, como pidiéndole que bajara la voz. Le dolía demasiado la cabeza como para discutir a tan tempranas horas del día.

—Tengo tanta hambre— se dejó caer sobre el sofá, al lado del pelinegro, y sacó uno de los pocos cigarrillos que había en la cajetilla—. ¿A qué hora estará listo el desayuno?

—Pasan de las dos de la tarde, idiota— bufó mientras continuaba zapeando los canales en la televisión.

Matt abrió un poco los ojos sorprendido pero los volvió a entrecerrar al segundo siguiente, luego de restarle importancia.

—Debieron quedarse hasta el final, el ambiente se puso mejor— sonrió de lado y echó la cabeza contra el respaldar del asiento antes de darle una honda calada al cigarrillo.

La noche anterior los cuatro habían salido al lugar predilecto de todos los fines de semana. Beyond y Near se habían regresado mucho más temprano que los otros dos; Beyond no estaba de humor para beber luego de lo ocurrido con su hermano y prefirió regresar a casa con Near ya que el más bajito tampoco la estaba pasando bien.

—¿Cómo puedes ser tan caradura?— reclamó una vez más sin poder evitarlo al recordar el motivo por el cual Near había decidido dejar el club.

—¿Y a ti qué te pasa?— preguntó extrañado. Asumió que el mal humor de Beyond se debía al problema que había tenido con su hermano, pero no era justo que se desquitara con él.

—No te hagas, sabes lo que hiciste— dejó el control remoto a un lado y se cruzó de brazos, sin voltear en dirección a su amigo.

Matt puso los ojos en blanco y dejó escapar el humo de sus labios, quedando éste flotando sobre la cabeza de ambos muchachos.

—No empieces con eso, Beyond. Solo nos estábamos divirtiendo.

Tenía recuerdos muy difusos de lo que había hecho unas horas atrás, pero Mello y él se habían despertado desnudos en la misma cama, deducir lo que había ocurrido era igual de fácil como la tabla del uno pero ¿qué con eso? No era la primera vez que se ponían hasta el culo de borrachos, eran los que mejor química tenían en las noches de juerga y en la cama también eran compatibles. Nada que no hubiese ocurrido antes como para hacer un alboroto.

—Hay códigos de hermandad— masculló muy bajito porque hasta para él la excusa era tonta, y Matt se lo reafirmó al soltar una carcajada.

—No jodas, Beyond, esas cosas son de chicas— meneó la cabeza aun riendo, haciendo que el otro torciera los ojos —, los hombres somos diferentes.

—Todos somos diferentes, no importa si eres mujer u hombre— espetó con seriedad. Matt estaba actuando como el muchacho desinteresado de siempre, pero por esta ocasión dicha actitud lo comenzaba a exasperar —. Tú ves los noviazgos como una pérdida de tiempo mientras que Near sueña con uno, y ambos son hombres.

—¿Estás enojado porque cogí con Mello?— enarcó una ceja confundido a la vez que sonreía de lado con cierta malicia.

—Antes de que digas alguna estupidez, no son celos— interrumpió con la misma seriedad, esperando que Matt entendiera que no era momento para sus comentarios estúpidos.

—¿Entonces, cuál es tu problema? Jamás te ha molestado antes— dio la última calada al cigarrillo y dejó caer la colilla en el suelo antes de ladearse sobre el asiento con el fin de dirigir su mirada y atención directamente a su amigo.

Beyond también ladeó el rostro en dirección a Matt pero no contestó al instante. Era verdad que la relación de esos tres jamás le había molestado, tanto él como su hermano siempre preferían mantenerse al margen, pero no era fácil evitar entrometerse cuando seguías a uno de tus amigos hasta los baños y lo escuchabas sollozar encerrado en un cubículo.

—Mi problema no es que se hayan pasado la noche bebiendo, bailando y besándose, lo que me molesta es lo descarados que son como para hacerlo frente a Near— espetó entre dientes. No era la primera vez, Matt tenía razón en eso, pero sí fue la primera vez que se mantuvo sobrio durante toda la noche, lo que le permitió percibir con total nitidez todo lo que ocurría a su alrededor.

—Ellos no son novios...— hastiado, se dio un pequeño masaje en el puente de la nariz con dos dedos.

—Ya lo sé— soltó un suspiro y se cruzó de brazos, un poco frustrado.

—¿Por qué te enojas conmigo, entonces?

Lo pensó un poco antes de contestar, entendía a lo que Matt se refería, si había alguien a quien reclamarle en todo caso debería ser a Mello.

—Haz lo que quieras— murmuró a la vez que se ponía en pie, no continuaría discutiendo con alguien que no entendería cuál era su punto aún si se lo explicaba con dibujos —, pero no seas tan mierda de agarrarte a Mello en frente de Near.

—Nate ni siquiera nos vio— farfulló con el entrecejo fruncido y soltó un bufido —. Se regresó antes contigo, ¿recuerdas?

—Como digas...— fue su única respuesta, dando por finalizada la conversación.

Matt puso los ojos en blanco, hastiado por la actitud del otro, era estúpido que primero lo hubiese atacado para luego evadir la plática, pero no hizo ningún esfuerzo por mantener la conversación, le dolía demasiado la cabeza como para discutir o dar explicaciones. Así que se puso en pie para dirigirse a la habitación de Nate, le demostraría a Beyond que todo estaba bien entre ellos, y en caso de no estarlo, aceptaría cualquier reclamo o reproche pero solo si era Nate quien lo hacía.

oOo

Se detuvo frente a la puerta de su casa y la contempló por unos segundos, no atreviéndose a abrirla por temor a lo que le esperaba detrás de ella. Sin embargo no podía evadir la realidad por siempre, así que armándose de valor comenzó a empujarla, primero despacio, ocasionando un largo chirrido que anunció su llegada en contra de su voluntad, pero nadie salió a su encuentro, no iba a ser castigado por haber pasado la noche entera fuera de casa, tampoco se encontró con los ojos hinchados y cansados de su madre luego de haber pasado angustiada toda la velada, en cambio fue recibido por una sala vacía y desordenada.

—¿Mamá...?— llamó mientras se adentraba despacio a lo que se suponía era su hogar.

La habitación de Sachiko quedaba justamente detrás de la pared de la sala, y la de Light al lado de la de ella junto al comedor, por lo que pese a que la casa era pequeña, podía decirse que las habitaciones quedaban ocultas desde la entrada principal, pero adentrarse unos cuantos pasos era suficiente para tener visibilidad a ellas. Por los espacios que las cortinas no lograban cubrir, pudo vislumbrar la espalda de su progenitora cubierta solamente por una delgada y antigua bata de algodón. Se acercó con la misma lentitud, como si continuar no fuese seguro, en parte porque sabía que su madre no estaba sola y que había pasado la noche con un tal Liam, pero suspiró aliviado al ver que no había nadie más en la habitación.

—Ya vine... — anunció con una leve sonrisa al detenerse bajo el umbral.

Su voz había sido apenas un susurro, no quería despertarla en caso de que ésta durmiera. Sachiko giró lentamente hasta que su espalda completa descansaba sobre el colchón, escuchó la voz de alguien sin embargo en su estado las palabras sonaron distorsionadas y distantes, pero esbozó lo más parecido a una sonrisa al ver la difusa silueta de su hijo.

Amor...— murmuró casi incomprensible mientras alzaba los brazos de forma torpe y débil.

Su mirada perdida de pupilas dilatas le daba un aspecto que haría retroceder a cualquiera, pero no a su propio hijo. Light acudió a su llamado, cayendo de rodillas al lado de la cama y dejándose envolver por aquellos maltratados y huesudos brazos.

—Mamá...— hundió el rostro en el cuello de su progenitora y se mordió los labios para no romper en llanto —me lo prometiste...— susurró apenas audible.

—Yo también te amo, bebé...— fue su única respuesta mientras enredaba sus fríos dedos en los cabellos castaños del menor, acariciándolo de manera floja.

Hubo un par de balbuceos más de parte de ella y una suave carcajada sin ninguna razón, la demencia en su forma de actuar hubiese alejado a cualquier otro pero, de nuevo, no a Light, él se mantuvo muy cerca de su pecho y cerró los ojos. No entendía lo que ella murmuraba, ya fuese porque las palabras no tenían sentido o porque realmente había dejado de escucharla al momento que fijó toda su atención al retumbar del órgano que palpitaba dentro del pecho de su progenitora, esos latidos que de pequeño solían tranquilizarlo en las noches de tormenta. Sin embargo en esta ocasión los sonidos de ese corazón no le brindaron seguridad, no le prometieron en cada palpitar que todo estaría bien, solamente se encontró con la amarga sensación de haber perdido una parte de él.

Mamá...— susurró sin abrir los ojos y sin esperar realmente una respuesta mientras se aferraba a ella. La palabra había salido sola de su boca, llena de necesidad y desesperación.

Dolía, le dolía verla así aún cuando sabía que esa escena tan repetida era lo que le esperaba al volver a casa, le dolía no ser suficiente, le dolía no poder ayudarla, le dolía que ella hubiese roto de nuevo su promesa, le dolía tanto que no pudo seguir reteniendo las lágrimas y un par escapó por el rabillo de sus ojos.

—¿Interrumpo algo?

Light abrió los ojos de golpe y aún de rodillas se irguió sin voltear, de manera disimulada pero rápida se limpió las mejillas con el dorso de las manos antes de ponerse en pie y darle la cara al recién llegado.

—¿Liam...?

Frunció el entrecejo y escaneó de pies a cabezas al hombre frente a él; un sujeto con cabello abundante de color oscuro y rizado que no le pasaba de los hombros, de estatura bastante alta y complexión delgada pero con un abdomen prominente que le daba la apariencia de soga con nudo al medio. Lo único atractivo era el matiz que su piel bronceada le daba al verde de sus ojos, pero de ahí en más era como los otros, un tipo incompetente y oportunista.

—Tú debes ser Light— dijo con una sonrisa, dejando entrever su deteriorada dentadura.

—¡Liam! ¿Trajiste más?— interrumpió Sachiko mientras se incorporaba con dificultad.

—Claro, cielo— sacó una pequeña bolsa de su pantalón y la alzó para mostrarla, sosteniendola solamente de una esquina con el dedo índice y pulgar—. Light...— aún con esa sonrisa chueca pero claramente menos intoxicado que Sachiko, dirigió su mirada al muchacho —¿Te importaría ir a jugar un rato a la calle mientras tu mami y yo charlamos?

—¡No soy un niño!— espetó mientras le apartaba el brazo de un manotazo cuando tuvo la intención de acariciarle la cabeza —¡Y no saldré de esta habitación!— aseguró a la vez que se cruzaba de brazos y daba un paso adelante, como cerrándole el camino e invitándolo a que fuese él quien dejara el lugar.

—¿Eres de los que se excita con su propia madre...?— susurró a fin de ser escuchado solamente por el muchacho.— Podemos compartirla, si quie...

Antes de poder terminar la frase, Light lo sujetó del cuello de la camisa con ambas manos y lo atrajo hacia sí con violencia a la vez que le murmuraba un "maldito enfermo" muy cerca del rostro. Liam no se mostró molesto ni hizo algún esfuerzo para alejar al adolescente, no se consideraba una persona pacífica pero tampoco era un bruto que resolvía sus problemas a golpes, menos cuando aún ni siquiera tenía su estancia asegurada en esa casa. Sin embargo dicha actitud apacible lo molestó a tal punto de aferrarse con tantas fuerzas que sus nudillos se volvieron blancos, pero antes de poder decir o hacer algún otro movimiento sintió una mano sujetándole el hombro desde atrás.

—Light...— susurró Sachiko apenas audible y manteniéndose en pie con dificultad ya que el piso parecía moverse —suéltalo...

El castaño no volteó en ningún momento y tampoco acató la orden al instante, era demasiado orgulloso o estaba demasiado desesperado como para soltarlo, pero pronto sintió su cuerpo entero temblar de impotencia y decepción a la vez que la vista se le nublaba. De manera involuntaria sus falanges comenzaron a soltar la tela del más alto, permitiendo que Liam pudiese erguirse.

—Sachiko, pídele a tu hijo que nos deje a solas— dijo con semblante serio mientras se acomodaba la camisa.

—No hace falta— replicó al instante de forma nerviosa a la vez que se alejaba. Lo menos que necesitaba era escuchar a su propia madre prefiriendo a un hombre antes que a él.

Hizo a un lado la cortina sin voltear, no deseaba ver a su madre en dicho estado y tampoco quería ser visto cuando sentía las lágrimas escocer tras los párpados. Nada más tomó la caja que dejó sobre el comedor y se dirigió a su habitación.

Se sentó al borde de la cama y abrió su regalo carente de envoltorio plástico, su emoción por tener un celular nuevo había sido tanta que no pudo contener las ansias de desenvolverlo hasta llegar a casa, por lo que había decidido abrirlo en el autobús aprovechando que éste no venía saturado de personas. Sabía que no era nada inteligente llevar un dispositivo tan moderno a la vista en un lugar donde los robos están a la orden del día, pero quería ahorrar el mayor tiempo posible, su intención era solamente sincronizar su cuenta de correo electrónico para que sus datos antiguos se almacenaran en el nuevo aparato y así al llegar a casa podría enfocarse de lleno en descubrir las diferentes aplicaciones que un celular tan avanzado ofrecía sin tener que esperar.

De hecho sus planes seguían siendo los mismos, pasar la tarde en cama con su obsequio ya que por nada del mundo pensaba dejar su dormitorio cuando sabía lo que estaba ocurriendo en la habitación contigua. Se acomodó los auriculares en los oídos antes de recostarse sobre el colchón y reproducir la primera canción en su lista. Las incoherentes risas de al lado se vieron opacadas ante la melodía de una de las tantas canciones de Yoko Kanno, su cabeza se vio invadida por la armoniosa voz y letra que, aunque no olvidaba por completo lo que había pasado y pasaba en la recámara de su madre, le hacía sentir distante y por ende un poco aliviado.

Una de sus manos servía de apoyo detrás de su cabeza mientras con la otra mantenía el celular paralelo a su rostro a la vez que deslizaba el dedo pulgar sobre la pantalla para ajustar los últimos detalles, pero sin el entusiasmo que había imaginado anteriormente. La emoción que en un principio había sentido ya no existía, por lo que resignado decidió mejor revisar su lista de contactos para cerciorarse de que no había perdido ninguno.

Tenía demasiados contactos y muy pocos eran personas que realmente conocía, probablemente la cifra no pasaba de cinco, el resto eran clientes conocidos al ser frecuentes y otros que formaban parte de su lista pero que le era imposible ponerles un rostro por más que intentaba recordarlos. Parte de su trabajo era no entablar una relación más allá de lo sexual con ellos, por lo que ciertos comportamientos o muestras de cariño eran inaceptables, como intercambiar llamadas o mensajes con una finalidad distinta a programar un cita o cancelar la misma a causa de un imprevisto. Condiciones que él mismo había establecido y que jamás le habían molestado. Pero tal vez por esta ocasión le hubiese gustado que existiera alguien con quien hablar sin tener que inventar conversaciones sobre países que no conocía o tener que fingir una voz lujuriosa al hacer uso de palabras eróticas. Sin embargo, a pesar de que no había nadie, se detuvo sobre el nombre de uno en específico.

"Hola"

Mensaje enviado.

Se quedó unos minutos fijo en la pantalla, reprochándose la imprudente acción de haber presionado el botón de enviar sin haberlo pensado un poco más. La señal de "leído" había aparecido casi al instante pero no obtuvo una respuesta con la misma rapidez.

"¿Quién eres?"

Light frunció un poco el entrecejo, era lógico que el empresario no reconocería el número telefónico al ser diferente pero ¿realmente había tardado tanto para responder eso?

"Tu peor pesadilla"

Sonrió al enviarlo, y mucho más ante la respuesta que recibió casi de inmediato.

"Ah, Light Yagami, ¿no?"

"Idiota"

Mensaje enviado.

Elle Lawliet está escribiendo...

"Sí, definitivamente Light Yagami es el único que utiliza "idiota" como insulto para todo. Supongo que me escribes porque me extrañas, ¿verdad? No te culpo"

Light contuvo la respiración y sintió las mejillas arder al leer lo último. De manera automática retiró el apoyo que tenía en su cabeza y tomó el celular con ambas manos para teclear más rápido con los dos pulgares.

"Claro que no, idio...

Borró el mensaje completo al percatarse de la palabra que estaba a punto de utilizar, pero con la misma rapidez reescribió uno nuevo.

"Por supuesto que no, imbécil. Solo te escribía para agradecerte"

Mensaje enviado.

Elle Lawliet está escribiendo...

Su corazón se aceleró al releer lo que acaba de enviar y mucho más al saber que Elle también lo había leído.

"¿Agradecerme? ¿Por qué?"

Dejó el mensaje en visto por varios minutos, pensando muy bien en sus palabras y no solo escribiendo lo primero que le venía a la mente como lo hizo anteriormente. En parte creía que mostrarse agradecido era lo menos que Lawliet se merecía, además que era una buena excusa para explicar el porqué le había escrito justamente a él de entre tantos otros contactos.

"Gracias por... todo. Me ayudaste y dormir en tu casa no fue tan traumático"

Mensaje enviado.

Elle Lawliet está escribiendo...

"Esto merece una captura de pantalla, comenzaba a preocuparme de que no conocieras la palabra "gracias". Es bueno saber que aún un pervertido como tú sabe ser agradecido"

Light sonrió pero sólo contestó con una simple palabra.

"Idiota..."

Visto.

Luego de ese último mensaje no existió ningún otro por ambas partes, probablemente ninguno tenía la intención de continuar una conversación con la persona a la que supuestamente menos toleraban. Sin embargo, y aunque los dos lo negaran, en el fondo hubiesen deseado continuar con esa charla por un rato más.