La ciudad amanecía acelerada mucho antes de que el sol asomara sus primeros rayos por el horizonte. Muchos se veían obligados a programar sus alarmas incluso hasta tres horas antes de iniciar la jornada laboral o escolar debido al terrible tráfico de todas las mañanas. En cada casa se podía ver un escenario diferente, desde madres luchando por sacar de la cama a sus hijos hasta esposos buscando el otro par de su zapato. Cada familia tenía que lidiar con su propio caos y esta no era la excepción. Quién sabría cuál era el motivo por el que Mihael había despertado de tan mal humor, pero lo que sea que fuese tenía a la habitación sumida en un incómodo silencio.
Lo vieron abrir todas las puertas superiores del estante de la cocina para luego escudriñar en las gavetas inferiores, las cuales cerraba con brusquedad al no encontrar lo que buscaba. Podía decirse que dos de los presentes no prestaban atención a otra cosa que no fuese su desayuno; Matt y Beyond se consideraban dos personas incapaces de funcionar antes de las diez de la mañana, si estaban despiertos desde tan temprano es porque uno de ellos pensaba salir a buscar empleo y el otro avanzar con el trabajo que tenía acumulado, además los dramas de Mello eran tan comunes que ya ni siquiera les sorprendía; sin embargo con Near no sucedía lo mismo, el menor no podía ignorar esa actitud hostil y estaba al tanto de cada movimiento que Mello hacía en la cocina.
—¿Podrías decirnos de una vez qué te sucede?— preguntó Matt sin apartar la mirada de su plato, con ambas mejillas llenas de comida.
Probablemente tanto Matt como Beyond solo tenían en mente terminar su desayuno para seguir con sus vidas, sin darle importancia a la escena melodramática. Pero si Matt decidió romper el silencio que los envolvía es porque Near estaba demasiado pálido, ni siquiera se le veía comer tranquilo, masticaba muy despacio, como con miedo de hacer un sonido indebido al morder las hojuelas de cereal; Mello tampoco se veía bien, tenía las mejillas realmente rojas y su mirada prometía matar a quien fuese que se pusiera enfrente, pero ese aspecto ya era natural en él.
—Alguno de ustedes se ha comido mis chocolates...— masculló con el entrecejo fruncido y de cuclillas mientras buscaba en el fondo de un estante.
Fue hasta ese momento que Beyond mostró algún tipo de reacción, la cual pasó desapercibida para Mello al estar ocupado en su búsqueda, pero no para Matt, quien se mordió los labios para no estallar en carcajadas. El menor de los Lawliet había abierto los ojos desmesuradamente por unos pocos segundos antes de continuar con su desayuno, casi metiendo el rostro en el tazón.
Beyond había sido tan obvio que todos los presentes podrían haber deducido que era el culpable si le hubiesen prestado atención, pero nadie pareció notarlo y Matt tampoco pensaba delatarlo.
—Pero no es para que te pongas así por unos simples chocolates...— dijo Matt sin apartar la mirada de cierto ojeroso, atento a cualquier otra reacción.
—¡Sí!— secundo Near apenas audible y sin alzar completamente el rostro—. Podemos ir a comprar más luego del trabajo.
Mello apretó con fuerzas la manija de una de las gavetas antes de cerrarla y girar en dirección al comedor.
—¡Esos chocolates me los envía Watari desde Inglaterra!— vociferó a la vez que golpeaba la mesa con las manos hechas puño—. ¿¡Cómo mierda crees que los conseguiremos aquí!?
Near apartó la mirada resentido, él solo había intentado encontrar una solución.
—Mello...— interrumpió Beyond. Los últimos segundos no había hecho otra cosa más que pensar en cómo confesar su pecado sin morir en el intento—. Ayer tenía mucha hambre y tomé algunos cuantos...— continuó levemente cabizbajo y con ese tono de voz apenas audible.
Matt no pudo evitar soltar una carcajada al verlo actuar cual cachorro con la cola entre las patas, aunque tampoco lo culpaba, Mello era de los que usaba cualquier objeto o persona como arma al estar enojado, era entendible que hasta alguien tan rudo como Beyond le tuviera miedo a semejante loca.
—Yo insisto, solo son unos estúpidos chocolates— añadió Matt, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia, pero su comentario no pareció relevante para los demás.
—Puedo hablar con Roger para que te manden otra caja, yo pagaré los gastos de envío— continuó el menor de los Lawliet, aún avergonzado e intentando llegar a un acuerdo con su amigo.
No quería ser el causante del mal humor de Mello ni de que el ambiente en la casa fuera tenso; sí, podrían ser solo unos estúpidos chocolates como Matt había dicho, pero su hermano siempre decía que el respeto a las pertenencias ajenas es la clave para una convivencia más amena; además no podía juzgar la reacción agresiva del otro pues estaba seguro que él hubiese actuado igual si alguien se hubiese atrevido a tomar su mermelada sin permiso.
—No importa, Beyond— contestó al cabo de unos segundos, luego de que su respiración se hubiese moderado un poco.
—¿Estás seguro?— cuestionó con los ojos completamente abiertos—. Yo puedo...
—No— interrumpió de forma seca —, déjalo así, en serio— se encogió de hombros y soltó un suspiro.
Beyond prefirió no insistir, aunque se sentía culpable su integridad física estaba primero, y no se podía confiar en alguien que pasa de ser un salvaje león a un adorable gatito en cuestión de segundos.
—¿Vas a desayunar?— preguntó Near con intención de ponerse en pie para servirle un poco del huevo revuelto que Matt había preparado, pero Mello negó con la cabeza.
—Iré a ducharme antes de que se nos haga tarde— dijo a la vez que le daba la espalda a todos —. Tú también deberías darte prisa.
—¿Paso por ti a la hora del almuerzo?— preguntó Matt antes de que el otro dejara la habitación, como si hubiese esperado el momento hasta verlo cerca de la puerta para llamar su atención.
—Sí...— contestó de forma escueta sin soltar la manija pero con su rostro de lado para ver a su amigo por sobre su hombro—. Más te vale llegar temprano, te espero en la esquina frente al restaurante.
Matt asintió y alzó un pulgar en señal de estar de acuerdo mientras seguía engullendo su desayuno. Habían abierto una pizzería a unas cuadras del restaurante donde Near y Mello trabajan, por lo que éste último lo había invitado a almorzar, aunque Matt sabía que la invitación de Mello tenía otro objetivo más allá de pasar un buen momento entre amigos si no ¿por qué otra razón lo invitaría solamente a él?
—Nate, se te ha salido un poco la leche de la boca— dijo con una sonrisa mientras estiraba un brazo hacia el frente para alcanzar el níveo rostro del otro —, déjame limpiarte—. Pasó su pulgar sobre los rojizos labios y luego por la comisura de los mismos, de manera delicada y a la vez lenta.
Near le permitió la caricia sin mostrarse incómodo, a veces pensaba que el menor era demasiado inocente para ser un muchacho de veinte años, ni siquiera había captado el doble sentido en sus palabras. Pero tomando en cuenta que su intención era fastidiar a Mello y no a Near, sonrió al atisbar por el rabillo del ojo que Mello seguía sin dejar la habitación, atento a cada movimiento, posiblemente muriéndose de celos como lo había estado haciendo los últimos días, pero era demasiado orgulloso como para admitirlo.
oOo
—¿Light...?— el aludido volteó su rostro en dirección a la puerta y distinguió la silueta de aquel hombre tras la cortina, pero restándole importancia volvió su vista al espejo frente a él y continuó con su labor de peinarse el cabello—. ¿Puedo pasar...?
Al igual que antes, no obtuvo respuesta. Liam lo pensó un poco, pero al no encontrar otra solución, tomó uno de los extremos de la cortina y la hizo a un lado solamente para asomar la cabeza a través de ella. Light dio un pequeño respingo al ver reflejado en el espejo el rostro de Liam, por lo que exasperado giró en dirección a él.
—¿Quién le dijo que podía pasar?— reclamó con el entrecejo fruncido.
—Apresúrate a cambiarte, el desayuno está listo.
—No tengo hambre— espetó y volvió a darle la espalda.
Liam se rascó la coronilla con un poco de fuerza. Cinco días habían pasado en los que había intentado ser amable, pero Light seguía siendo esquivo sin importar lo que hiciera. No podía culpar a la adolescencia porque era todo dulzura cuando se trataba de Sachiko, en cambio él solo recibía rechazo y fastidio.
—Escucha...— continuó a la vez que entraba por completo a la habitación—. Sé que no hemos tenido el mejor comienzo, pero mi objetivo es que podamos llevarnos bien.
—Usted no la ama— replicó al instante sin voltear.
Hubo silencio por unos segundos, Liam no era capaz de contradecir al adolescente cuando era bien sabido que la razón por la que estaba en dicha casa es porque había sido desalojado de la suya por falta de pago, pero eso no significaba que estar junto a ella y compartir la misma cama le fuera desagradable.
—Le tengo mucho aprecio— aseguró. Sabía lo que se hablaba tanto de Sachiko como de Light, ella era una drogadicta y su hijo es un perdido, palabras que había escuchado directamente de Ushio y sus secuaces al trabajar con ellos, pero él no podía mostrarse desagradecido con la única persona que le había tendido la mano ahora que más lo necesitaba.
—Salga de mi habitación— fue lo único que ordenó mientras tomaba su uniforme del maltrecho perchero, ignorando las palabras del otro.
—¿Hay algo que pueda hacer para que me aceptes aunque sea un poco?— preguntó en un último intento a la vez que soltaba un suspiro.
Light puso los ojos en blanco ante la insistencia del mayor, un gesto que pasó desapercibido para Liam al no poder verlo. A diferencia de los otros, Liam no era un inútil, era bastante hábil con las herramientas y se mostraba dispuesto a ayudar en los quehaceres necesarios. El único defecto que le encontraba es que tenía una afición por el alcohol al igual que casi todos los hombres de ese sector, pero a diferencia de los demás, no era un vicio de todos los días y tan solo una vez lo había visto realmente afectado hasta el punto de vomitar sobre el sofá, pero de ahí en más parecía ser un buen sujeto ya que incluso hasta su madre había estado un poco más sobria los últimos días. Sin embargo Light no podía aceptar a ningún hombre que pretendiera invadir su territorio y arrebatarle el amor de su progenitora.
—No deje que mi mamá salga, al menos no hoy— fue lo único que le pidió al mismo tiempo que giraba para darle la cara, como demostrándole que hablaba en serio.
Liam asintió sin necesitar explicaciones, entendía que la única razón por la que Sachiko salía era para alimentar sus vicios con el poco dinero que podía llegar a tener en sus manos o acumular deudas que luego su hijo debía pagar. Eso lo sabía desde antes de mudarse a dicha casa pero ahora que vivía con ella es que conocía de primera mano lo caótico que podía tornarse el ambiente cuando se pasaba de copas. Así que teniendo en cuenta que ese fin de semana Sachiko estaría de cumpleaños, supuso que Light quería mantenerla lo más sobria posible, y haría su mejor intento si con eso lograba que el adolescente dejara de verlo como a un intruso más.
Light terminó de cambiarse luego de que Liam al fin saliera de su habitación, corroboró que todo lo necesario estuviese dentro de su bolsón y contempló su reflejo una vez más. Era imposible que sus compañeros supieran el tiempo que tardó en el baño removiendo todo el vello de su cuerpo esa mañana, mucho menos el lugar que visitará por la noche, pero parecía que él lo tendría presente durante todo el día ya que en cada movimiento su ropa interior rozaba contra su pelvis, causando un leve cosquilleo en la zona; si todo salía como lo había planeado, podría darle a su madre el mejor cumpleaños.
oOo
—Estuviste muy callado durante el almuerzo— reprochó Matt mientras con una mano sujetaba el volante y con la otra mantenía en alto un cigarrillo, el mismo que soltó al momento que pisó a fondo el freno—. ¡Saca la lengua aunque sea, pendejo!— vociferó con la cabeza fuera de la ventana, insultando a algún imbécil que se le había ocurrido disminuir la velocidad para hacer un cruce sin haber puesto las luces direccionales antes.
Mello se acomodó nuevamente sobre el asiento, pero no hizo ningún comentario, en cambio carraspeó un poco la garganta para llamar la atención de su amigo, sin embargo pasaron algunos segundos antes de que las palabras pudieran salir de sus labios.
—Aún queda tiempo para el postre, ¿no crees?— con la vista aún puesta en la carretera, estiró su brazo hasta que pudo sujetar la pierna del muchacho que tenía a un lado, una caricia que Matt rechazó al retirarle la mano.
—No puedo, estoy a dieta— dijo sin más a la vez que aparcaba a un lado, frente al establecimiento donde Mello trabajaba.
—¿¡De qué mierda hablas!?— espetó con los ojos completamente abiertos. Si antes creía que Matt lo estaba evitando, ahora lo confirmaba.
—Nada— se encogió de hombros y sacó otro cigarrillo de su bolsillo para reemplazar el que había caído al piso—, pero créeme, no hay manera de que hagas reaccionar a mi amiguito. Últimamente lo mantienen deslechado— sonrió de lado y se reclinó contra el asiento a la vez que cerraba los ojos sin poder disimular su cara de satisfacción.
—¿Qué traes con Near...?— cuestionó de forma impulsiva con las manos empuñadas y el entrecejo fruncido a causa del malintencionado comentario y al recordar que esa mañana lo había visto salir de la habitación del menor.
¡Bingo...! Matt sonrió, sabía que el tema de Near tenía que salir tarde o temprano, aunque debía reconocer que Mello había tardado más de lo que había pensado.
—¿De qué hablas...?— enarcó una ceja, fingiendo confusión e inocencia.
—No te hagas, sabes de lo que hablo— hizo una pequeña pausa solamente para humedecerse un poco los labios con la lengua—. Pensé que eras mi amigo, pero ahora resulta que me ocultas cosas.
—Nate también es mi amigo— explicó mientras sacudía un poco el cigarrillo entre los dedos, pero su justificación no pareció ser suficiente para Mello, quien alzando ambas cejas le hizo un gesto con la mano, como pidiéndole que continuara—. Le prometí que mi pito se mantendría alejado de tu culo a más de un metro— confesó tras un suspiro.
—¿Promesa...?— titubeó, más confundido que antes—. ¡Él y yo ni siquiera somos novios para que hagas esas estupideces!— espetó notablemente molesto, ¿cómo se atrevía Near a entrometerse de esa manera?
—Lo sé...— suspiró, realmente nunca pensó en que llegaría un día en donde tuviera sexo y prohibición como parte de la misma oración. Tal vez Beyond había logrado hacerlo sentir levemente culpable con sus palabras, pero definitivamente lo que le había calado fue ver el rostro de Near, no hubo reclamos ni lágrimas pero bastaba verlo a los ojos para percibir el resentimiento y dolor que cargaba—. Pero sabes que a mí no me gusta romper una promesa... y menos las que se sellan con un beso— añadió lo último con cierta picardía a la vez que sonreía de lado.
Matt vio con satisfacción cómo los ojos de Mello se abrían desmesuradamente luego de sus palabras. Tal vez había mentido respecto al beso, pero era divertido hacer rabiar a su amigo, sin embargo dicha reacción duró menos de lo que le hubiese gustado, pronto el auto se vio invadido por sonoras carcajadas.
—Near jamás te besaría— aseguró sujetándose la cintura con ambos brazos, doblándose de la risa.
—Si tú lo dices...— se encogió de hombros y con parsimonia dio otra calada al cigarrillo. Las carcajadas cesaron y Mello se irguió sobre el asiento, inseguro.
—Vamos, Matt, no puedes esperar que crea que entre tú y Near hay algo...
Esta vez fue el pelirrojo quien soltó una risotada antes de ladear el rostro en dirección a Mello y contestar:
—Esa seguridad tuya es bastante patética. Algún día Nate tendrá que cansarse de tu egoísmo y espero que no sea muy tarde para ti...
Mello tensó la mandíbula pero no respondió con la rapidez que le hubiese gustado a su orgullo, su mente estaba plagada de palabras sin ninguna idea concreta. Y cuando al fin una oración coherente se formó en su cabeza, alguien interrumpió al tocar la ventana del conductor de forma apresurada. Matt bajó el vidrio y sonrió con ironía al ver de quién se trataba.
—¡Mello, Karlsson te está buscando! ¿¡Ya viste la hora!?— Reclamó Near con casi la mitad del torso adentro del auto mientras se sujetaba con ambas manos de la parte inferior de la ventana—. ¡Tendrías que haber regresado hace cinco minutos!
El aludido sonrió, entendía lo grave de la falta pero no se mostró preocupado, en cambio se inclinó hacia el recién llegado y sujetándolo de las solapas se acercó a él hasta que sus labios se encontraron. El beso no fue delicado, de forma dominante recorría cada recoveco de aquella pequeña cavidad bucal mientras con un toque de arrogancia le relamía los labios, sin importarle tener a un testigo a unos centímetros de distancia, de hecho esa era la idea.
Sin embargo Near, quien desconocía la pequeña discusión que había interrumpido, colocó ambas manos sobre el pecho del mayor, logrando alejarlo entre jadeos.
—Perdón por llegar tarde— dijo, sin soltar aún las solapas del menor y muy cerca de su rostro —, pero Matt me estaba contando algo muy gracioso y el tiempo se me pasó volando.
—¿Ah, sí?— volteó en dirección a Matt, quien no pasó desapercibido el brillo que iluminaba los grisáceos ojos de Near y el carmín que teñía sus mejillas, como tampoco ignoró la sonrisa llena de malicia y arrogancia que se formó en el rostro de Mello—. ¿Y puedo saber de qué hablaban?
—De nada importante— contestó Mello mientras le daba a Matt un par de palmadas en el hombro, como agradeciéndole el buen momento—. Nos vemos en la noche.
El muchacho descendió del auto sin haber recibido alguna respuesta por parte de su amigo, aunque realmente no esperaba ninguna. Sin embargo la tensión entre ellos era palpable, tanto que la burbuja de embobamiento que envolvía a Near explotó cuando su mirada se cruzó con los disgustados ojos color esmeralda.
—Matt...— susurró agobiado ante el semblante del otro.
—¿Nos vamos?— interrumpió Mello mientras estrechaba el hombro del encorvado muchacho para llamar su atención.
—Espero que sepas la diferencia entre ser inocente y ser idiota, Nate— fue lo único que dijo antes de encender nuevamente el motor del auto y ponerlo en marcha.
No estaba molesto por ver a esos dos juntos, realmente no le importaba, pero le frustraba la poca voluntad que Near tenía. Los últimos días lo había ayudado a sobrellevar el tema de Mello, lo había convencido de que se diera un poco su lugar y lo ignorara en la medida de lo posible, hasta había hecho una promesa que ni siquiera le habían pedido, y todo para que con una caricia Mello recuperara el control que tenía sobre el otro.
Era frustrante pero no tenía caso amargarse, al final era una relación que solo concierne a Near y Mello, y que solo ellos entienden, disfuncional y dañina pero relación al fin y al cabo, una que a su parecer estaba irremediablemente destinada al fracaso.
oOo
"Le grand magasin" recientemente había sido catalogado como el mejor centro comercial de la ciudad en una de las revistas sociales con más renombre; con medidas que sobrepasan los doscientos mil metros cuadrados y teniendo en su posesión más de setecientos locales de diversos comercios, era difícil o casi imposible no encontrar ahí lo que buscabas. Sin embargo, ninguna tienda tenía por lema "bueno, bonito y barato", en cambio sus escaparates perfectamente iluminados y armoniosamente decorados pertenecían a las marcas de mayor prestigio cuyos precios no eran accesibles para personas con salarios ordinarios.
—¿Qué te parece esa?— Mikami le dio otro sorbo a su Mint Chocolate Chip Frappuccino mientras con su dedo índice señalaba la tienda que estaba al extremo opuesto a ellos.
—No lo sé...— murmuró Light con la vista fija en los maniquíes que se exhiben a cada lado de la entrada. No se imaginaba a su madre paseando por las calles con esos extravagantes lentes y enormes bolsos que parecían estar tan de moda.
—¿Y qué has pensado en regalarle?— preguntó mientras soltaba un bufido, era la quinta tienda que le sugería a su amigo, pero éste no parecía conforme con nada.
—Es que no estoy seguro...
Los ojos color miel de Light recorrieron el lugar de forma horizontal, el cual en estos momentos se le hacía enorme pese a haberlo visitado tantas veces junto a Teru y Misa luego de clases. Numerosos pasillos, restaurantes, escaleras, bares, cines y un largo etcétera de locales comenzaban a abrumarlo, no pensó que elegir un regalo para su madre fuera a ser tan difícil.
—Alguna idea debes tener— continuó. La idea de ir de compras no le desagrada, mucho menos pasar la tarde con Light, pero llevaban al menos una hora dando vueltas sin entrar a ningún sitio, y andar uniformados les daba la apariencia de dos colegiales pordioseros que solo estaban ahí para aprovechar el aire acondicionado, y eso era incómodo para alguien como Teru—. ¿Cuál es su tienda favorita?, ¿Prada, Gucci, Chanel... ?
—¿Y si mejor esperamos a Misa?— interrumpió nervioso a la vez que se mordía los labios y desviaba la mirada, preguntándose por qué Misa tardaba tanto—. Le dijiste que nos veríamos aquí, ¿verdad?
—Por supuesto, pero no ha contestado, no creo que venga— se encogió de hombros y continuó con su bebida.
Light soltó un suspiro y se rascó una mejilla con notable nerviosismo, estaba tan concentrado en buscar una solución que realmente creyó lo que Mikami decía, ignorando que ese mensaje jamás fue enviado a la chica.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?— reclamó pero sin sonar severo.
El objetivo de llevar a Misa es porque creía que solo una mujer sabría lo que otra mujer quiere, se suponía que ella le ayudaría a escoger el regalo perfecto. Ese era el único motivo por el cual había ido a ese centro comercial en específico, seguramente tanto a Misa como a Teru les daría urticaria si pusieran un pie en uno de esos lugares que tienen estantes repletos con artículos de segunda mano, pero de haber sabido que ella no llegaría, hace mucho hubiese buscado comprar algo en un almacén con precios más accesibles.
—Tampoco es para tanto— dijo Mikami luego de unos segundos, sintiéndose culpable al ver de soslayo a Light y notarlo desilusionado —, no puede ser tan difícil que dos nombres elijan el regalo para una mujer— continuó a la vez que le daba un par de palmadas en la espalda a fin de animarlo.
Light asintió y sonrió un poco. Quizá su nerviosismo residía en que era la primera vez que le podría dar un regalo a su mamá, y no, los feos dibujos que le hacía de niño con pegamento y frijolitos no contaban, quería hacerlo especial, quería regalarle algo bonito, y Teru tenía razón, no podía ser tan difícil.
—¿Qué le gusta a tu mamá?— preguntó Light un poco más decidido mientras veía los diferentes escaparates al caminar.
—Las joyas— contestó al instante sin dudarlo dos veces.
Sin embargo Light si lo pensó un poco; una delicada cadena con un precioso dije de oro se vería hermosa colgando del cuello de su progenitora, el problema es que dudaba mucho que fuese el regalo ideal tomando en cuenta el lugar donde vive. Pero al mismo tiempo no quería rechazar otra idea sugerida por su amigo, bastante hacía ya con haberlo acompañado. Además la señora Mikami siempre lucía hermosa y refinada con sus sortijas y aretes.
—Me parece buena idea— sonrió como dando la aprobación.
—¡Ya sé!— exclamó a la vez que se detenía de repente. Dos chicas habían pasado al lado de ellos, y aunque una de ellas le pareció muy atractiva, fue su aroma lo que realmente le cautivó y le dio otra idea—. ¿Por qué no le compras un perfume? No hay mejor complemento que una buena fragancia, ¿no crees?
En esta ocasión Light sonrió con sinceridad y hasta sus ojos brillaron de emoción y nostalgia. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Odia el olor a alcohol. ¿Cómo sería volver a abrazarla sin ese fermentado y nauseabundo aroma?
—¡Sí! ¡Me parece perfecto!— prorrumpió empuñando las manos.
—¡Genial!— Teru sonrió, aliviado de haber al fin atinado con una de sus sugerencias—. En el área de fragancias siempre hay mujeres, ya verás como alguna nos ayuda.
De manera inconsciente y con el objetivo de acelerar el paso, Teru tomó la mano de Light, un contacto que pasó desapercibido para el castaño al ir absorto en sus propios pensamientos. Sin embargo Mikami notó la comprometedora situación pasados unos segundos, por lo que rápidamente pero procurando ser disimulado, apartó la extremidad que lo mantenía unido a su amigo y la apoyó sobre el pasamanos de las gradas eléctricas.
—De verdad muchas gracias, Teru— dijo con sincera gratitud mientras continuaban subiendo.
Mikami era el joven más caprichoso y superficial que había conocido, pero aún con sus defectos había aprendido a tenerle cariño, y se sentía agradecido que una de las personas con las que más compartía a diario estuviese en estos momentos acompañándolo a elegir un regalo para la mujer más importante en su vida.
—No es nada— se encogió de hombros para restarle importancia a la vez que cruzaban en un pasillo, siempre con la vista al frente para evitar que el otro notara su sonrojo antes de añadir—. Luego podríamos ir a cenar.
—No puedo, debo regresar a casa temprano— contestó al instante sin ninguna pizca de sutileza. No es que tuviese mala memoria, pero quizá la emoción por haber llegado a la tienda no le permitió ver las verdaderas intenciones tras aquella invitación. Además, ya tenía planes para esa noche y probablemente ni siquiera regresaría a su casa en toda la velada.
—¿Por qué?— espetó entre dientes a la vez que en un acto reflejo apretaba el vaso de plástico que tenía entre los dedos, rompiéndolo al encontrarse vacío.
—Mañana regresan mis padres— explicó de forma serena pero con un toque de seriedad al percibir la molestia del otro—, la casa debe estar lista.
—Para eso está la servidumbre, ¿no?— le reprochó sin poder ocultar su resentimiento. Jamás había sabido cómo lidiar con el rechazo, sus padres siempre lo convencieron que podría obtener lo que quisiera si así lo deseaba. Además, ¿¡quién podría rechazar al heredero de la fortuna Mikami!?
No obstante, soltó un suspiro y cerró los ojos intentando calmarse, no tenía planeado apresurar las cosas cuando ni siquiera él entendía muy bien lo que sentía realmente, lo único que tenía claro es que no era amor, pero no podía asegurar que fuese sólo curiosidad. Sin embargo tampoco era muy paciente y muchas veces le exasperaba no poder avanzar como quería. ¡No se había deshecho de Misa ni había pasado la tarde dando vueltas en un tonto centro comercial para ser rechazado!
—Alguien tiene que decirles qué hacer— sonrió, intentando recuperar la tranquilidad que había entre ellos—. Pero podríamos salir el otro viernes que se estrene la película que tanto querías ver— pasaron por el área de ropa para caballeros, donde la hilera de percheros atiborrados de prendas dejaba solo un estrecho pasillo entre cada uno, así que aprovechando el angosto espacio y que su amigo venía detrás de él, Light dilató sus pasos hasta que el cuerpo de Teru chocó contra el suyo —, vi el trailer y no creo que sea el estilo de Misa, así que podríamos ir a verla solo nosotros y luego comer algo— susurró por encima del hombro al mismo tiempo que empujaba las caderas hacia atrás.
El roce fue tímido y a la vez breve, pero fue suficiente para provocar un notable sonrojo en Mikami.
—S-sí, claro...— titubeó mientras apartaba la mirada. Sus mejillas ardían de vergüenza y nervios debido a la facilidad con la que su entrepierna había reaccionado.
Light sonrió y retomó su andar habitual; seducir no se le daba tan bien cuando no había un interés monetario de por medio, pero las hormonas de un adolescente estaban siempre a flor de piel así que estaba seguro de poder deslumbrarlo sin ni siquiera intentarlo. Además Teru no era un mal partido, era atractivo y adinerado, y si se le añadía una cinta adhesiva sobre los labios sería perfecto.
—Luego podríamos ir a mi casa— añadió con un poco más de seguridad, haciendo referencia a la próxima cita.
Light se limitó a asentir, sin haber pasado por alto la voz galante del otro. Sabía que no era correcto dar falsas esperanzas a su amigo cuando estaba seguro que jamás iba a corresponder a sus insinuaciones; no era correcto pero le convenía tener a Mikami contento, ya había comprobado en distintas ocasiones que entre más malhumorado estuviera su amigo, más preguntas incómodas le hacía.
Era más una cuestión de supervivencia y adaptación, el apellido Mikami era reconocido internacionalmente mientras que el apellido Yagami solo lo conocían los chismosos de su barrio, y con anterioridad ese detalle ya lo había metido en aprietos muchas veces, porque no era fácil alardear de una vida cuando tu nombre ni siquiera figura en las revistas sociales.
Solo quería evitar preguntas o situaciones que pudieran delatarlo, al menos por los siguientes dos días mientras mantenía la mentira de que sus padres estarían en la ciudad solamente por el fin de semana, luego inventaría una excusa para zafarse de Mikami, probablemente intentaría invitar a Misa sin que su amigo se entere para evitar estar solos. Además, no quería que la amistad que tenía con Teru se viera entorpecida por una calentura de adolescentes, porque a pesar de que su amistad fuera a base de mentiras, no quería perder a las únicas personas a quienes podía llamar "amigos".
oOo
El reloj marca las once de la noche pero la avenida está repleta. El taconeo sobre el asfalto se ve amortiguado por la música que se escabulle de los locales y ambienta las calles cercanas, las mismas que ahora son testigos de un colorido desfile donde los extravagantes maquillajes y excéntricos vestuarios predominan.
Elle está en medio del alboroto con el teléfono pegado en la oreja. Algunas personas lo golpean al pasar y otras le hacen algún gesto sugerente, los más atrevidos, un par de travestís, le dieron un beso en cada mejilla antes de alejarse contoneando las caderas. No le molesta, pero no puede evitar buscar un pañuelo en su pantalón y limpiarse.
Unas espesas nubes negras cubriendo la luna presagiaban una tormenta, por lo que había decidido llevar una chaqueta, no obstante tenía la nuca empapada en sudor. Culpó a la multitud en un principio, pero luego encontró a los verdaderos culpables cuando un auto rojo aparcó frente a él.
—Quedamos a las diez y media.
Desde niños nunca pudo hacer que sus amigos llegaran temprano a alguna parte, Quillsh y Roger perdieron las esperanzas desde que Mello se perdió su propio décimo cumpleaños por llegar tarde, el único que parecía esforzarse por ser puntual era Near, pero el que entre lobos anda a aullar aprende.
—Es culpa de Matt— se defendió Beyond. Su hermano y él apenas se habían arreglado hace unos días y no quería otra discusión con él por culpa de un tercero —, su diva interna no sabía si elegir la camisa azul con rayas negras o la camisa negra con rayas azules.
Matt abrió los ojos desmesuradamente y le soltó un golpe a Beyond en la nuca, pero solo por haberlo delatado porque nada de lo que dijo era mentira. Al menos le quedaba el consuelo de que él sí se veía divino esa noche, a diferencia de los otros que habían tomado lo primero que encontraron en el guardarropa.
—Lo lamentamos mucho, Elle— se disculpó Near haciendo una pequeña reverencia.
El mayor de los Lawliet hizo un gesto con la mano para restarle importancia y para pedirle a Near que se enderezara, hasta para él era molesto que el menor siempre estuviera disculpándose por los errores de los otros. Además, ya estaban ahí, y eso es lo único que importa, eso y que su cuerpo ya había recuperado su temperatura habitual.
—¿Entramos?
Sin esperar respuesta giró para dirigirse a la entrada de la discoteca, donde uno de los dos guardias retiró el cordón y les permitió el acceso. Los tres que iban detrás de Elle evitaron hacer contacto visual con las personas que hacían fila esperando su turno, aunque tampoco podían negar lo importantes que se sentían al gozar de los privilegios que el mayor de los gemelos conseguía, uno de ellos, por ejemplo, era la mesa reservada en la zona más exclusiva del lugar.
En cada lateral del sitio había una escalinata custodiada por un guardia y nuevamente esos cordones color rojo colgando de dos postes metálicos, cada una llevaba a un extremo diferente de la discoteca. Si bien toda la parte superior era zona exclusiva o V.I.P., ésta estaba dividida en dos para complacer los diferentes gustos. El área sur estaba delimitada por una barandilla lo suficientemente alta para evitar accidentes pero sin que su altura obstaculizara el panorama del DJ haciendo mezclas al lado de los bailarines sobre la tarima ni de la gente enloqueciendo en la pista de baile; la zona estaba destinada para quienes querían disfrutar del ambiente pero sin revolverse entre la sofocante multitud. El área norte sin embargo, estaba delimitada por vidrio templado y polarizado, el cual oprimía la música y los gritos, dejando en el lugar una atmósfera de paz.
Esa noche, en específico, Elle no estaba de humor para fiestas, por lo que mostró su pase al guardia que vigilaba el área norte y éste les permitió el acceso.
El lugar está casi a oscuras, la única iluminación es la tenue luz indirecta color violácea que rodea los bordes superiores del techo y el azulino destello que se cuela por debajo de las bajas y redondas mesas blancas. Se escuchan los vasos de vidrio chocar entre sí acompañados de risas discretas, también se logra apreciar la forma de los cuerpos sentados en los sillones de cuero o del grueso puro que tienen entre los dedos, pero es difícil distinguir las facciones de los presentes debido a la opacidad, y es que ese el objetivo: iluminar las mesas para evitar tropiezos pero manteniéndolo discreto para privacidad y comodidad del cliente. Perfecto para Elle.
Tomaron asiento alrededor de la mesa reservada para ellos, la única con dos baldes de cerveza en lugar de whisky, vino o coñac.
—¿Y es que nadie piensa bailar?— reclamó Near a la vez que se ponía de pie.
Elle fue el primero en menear la cabeza mientras tomaba la primer botella y la llevaba a sus labios. El brazalete verde neón alrededor de sus muñecas les permitía salir y entrar al área las veces que desearan, pero, como antes había dicho, no estaba de humor para fiestas, lo cual era contradictorio ya que él los había convencido de ir a Le Chat Noir esa noche.
Beyond notó cierta ausencia en la mirada de su hermano, seguramente algo, o alguien, lo tenía inquieto, esperaba que no fuese lo segundo. Intentaría hablar con él después, cuando sus amigos se fueran a lo suyo y él estuviese más tranquilo, intentaría porque la relación entre ellos aún estaba sensible
—Sabes que no me gusta bailar— dijo Mello con voz amable cuando Near le tomó la mano.
Elle sonrió al notar el puchero que Near hizo, se veía tan aniñado que le hacía preguntarse si alguna vez perdería esa ingenuidad que aún mantenía a su edad.
—¡Por favoooor!— suplicó juntando las manos, sin haber soltado la de Mello.
—No lo sé... pero podría cambiar de opinión por una lindura como tú— sonrió de lado y lo jaló con delicadeza hasta hacerlo caer sobre sus piernas, notando el sonrojo que teñía las pálidas mejillas al tenerlo tan cerca.
Matt no puede evitar torcer los ojos, ni siquiera intenta disimular, fue un impulso. Sabe que Mello lo hace por orgullo, por una estúpida y arrogante idea de mostrar a Near como un premio que pertenece solo a él, y Near es un ingenuo enamorado que no lo nota.
—Iré a ver si encuentro la dignidad de Nate— dijo al ponerse en pie.
Mello le susurró un "ignoralo" al oído antes de darle un beso detrás de la oreja. Near asintió, no muy convencido, no soportaba que alguno de sus amigos estuviese enojado con él pero sabía que no era el lugar para tener una charla, por lo que volvió la mirada al muchacho que aún le rodeaba la cintura con los brazos.
—¿Y a ti qué te pasa?— preguntó Beyond con voz suave aprovechando que Matt había partido y que la parejita frente a ellos había comenzado a besarse.
Elle toma la siguiente botella y vacila por un momento.
—Estoy cansado, ya sabes, el trabajo puede ser agotador.
Es lo único que dice, porque es la única idea clara y coherente en su cabeza, las demás revolotean incansables pero se las guarda para sí mismo. Se guarda que desde hace unos días Light y él comparten mensajes casi a diario, no extensas conversaciones pero sí dos o tres mensajes escuetos que el castaño siempre responde al instante. Se guarda también que desde hace dos días Light no atiende sus llamados y, por sobre todas las cosas, se guarda que la ausencia del muchacho le preocupa.
En un momento Mello y Near convencen al tronco de Beyond de ir a bailar un rato, quedando solo en la mesa. No le molesta, de hecho hasta lo agradece, no quiere que su falta de ánimo arruine la noche de los otros. Creía que salir de casa y pasarla con sus amigos le ayudaría a despejar la mente, pero ya que ocurrió lo contrario, prefiere quedarse en la mesa bebiendo.
Intenta no pensar en nada, pero al estar solo y con un poco de alcohol en su organismo, una tras otra las imágenes de lo que ha sido su vida últimamente se aglomeran en su cabeza, y en la mayoría de ellas Light está presente.
oOo
El auto cruza en una esquina y es como entrar a un mundo diferente, donde las luces opacan a la luna y la música hace bailar a las calles. Se adentran en esa avenida, con precaución por las personas que transitan en ella. Light se encoge en el asiento al ver que se acercan al lugar, donde dos busca cielos iluminan la entrada. Los vellos de su abdomen descubierto se erizan y por un momento no se cree capaz de llevar a cabo su plan.
—Llegamos— dice el conductor mientras aparca a un lado.
Light voltea en dirección al sujeto e intenta imitar su sonrisa. Se llama Tom, o John, evitaría decirle el nombre durante toda la noche porque no lo recuerda. Lo ha conocido hace unos días en las afueras de un reconocido bar, tiene un cuerpo muy atractivo pero su rostro no le atrae en lo absoluto, quizá es el exceso de fijador y el ridículo peinado que usa a fin de cubrir su calvicie lo que no ayuda, aún así hace unas noches terminaron el encuentro con un servicio oral brindado por Light en los asientos traseros del auto.
Tom, o John, le hizo prometerle que se verían de nuevo, no se sentiría satisfecho hasta que no probara su culo según le había dicho. Usualmente anota los números telefónicos pero nunca los utiliza, son pocos los clientes cuyos rostros y nombres si recuerda al ser constantes, pero si decidió buscar de nuevo a ese hombre fue porque, a diferencia de otros, no le anotó su contacto en un pedazo de servilleta, en cambio le entregó una tarjeta de presentación con sus datos personales en ella. Podría recordar el nombre del sujeto si tan solo no hubiese prestado tanta atención al cargo que desempeña el mismo: jefe de finanzas en una compañía de envíos bastante conocida.
Ignoraba que tan miserable o acaudalada era la vida de su nuevo cliente, pero decidió confiar en su instinto, y parecía que no había fallado. El plan era simple, Light lleva días pensando en conseguir una identificación falsa, se ha aburrido de esperar en las afueras de los locales, es una pérdida de tiempo y a la vez peligroso.
—¿Estás seguro que funcionará?— pregunta mientras el hombre le extiende el pedazo de plástico donde su foto y una fecha de nacimiento falsa aparece.
La voz de Light es suave, el mismo tono que muchas veces utiliza para encantar a sus clientes, pero que esta vez no actúa al agachar la cabeza y empuñar las manos como un pequeño que ha perdido a sus padres en un enorme parque de diversiones. Realmente está nervioso y el sudor comienza a acumularse en su nuca. Pero también existe la presión de no poder retractarse, se lo debe a Tom, no solo le había conseguido la identificación si no que también se había ofrecido a acompañarlo en la primera noche que la pondría en uso en un lugar bastante conocido y a la vez seguro según se lo había prometido esa tarde que hablaron. Pero más que compromiso con John, necesita dinero, los encuentros con Elle Lawliet lo comienzan a afectar. No se queja, es consciente que está pagando las consecuencias de sus actos, sin embargo vender su cuerpo es su trabajo, su forma de conseguir dinero y continuar viviendo bajo un techo y no en la calle. Pero la deuda que tiene con Lawliet lo limita y perjudica, los encuentros implican un desgaste físico para él y regresar a casa con las manos vacías cuando podría haberlo pasado con alguien más.
—Ya te dije que el dueño es amigo mío— explica a la vez que le sujeta el mentón para hacerlo alzar la cabeza.
Se queda prendido de esos ojos miel que lucen hermosos aún cuando ahora brillan de miedo. Hace mucho que no se siente tan vivo, sabe que en casa su esposa piensa que salió a un viaje de negocios, sabe que perdería a su familia si llegan a enterarse, pero sus amigos siempre hablan tanto de sus aventurillas con hermosas y voluptuosas mujeres que muchas veces desea ser él el protagonista de dichas historias. Light no es una mujer, pero hay algo en él que lo excita, sería tal vez su juventud, su lindo rostro o las palabras obscenas que le susurró al oído la primera noche las que lo tenían ahora ahí, a punto de bajar del auto y caminar rodeando la cintura del menor como si se tratara de un proxeneta y su prostituta.
—¡Toma!— saca de su pantalón un pequeño bote y se lo extiende a Light al recordar que lo ha traído justamente para él—. Úsalo si alguien intenta pasarse de listo, ¿si?
Gas pimienta. El dueño de la discoteca es amigo suyo pero claramente le había advertido que no se hace responsable por lo que puede pasarle a un crío en un lugar repleto de hombres borrachos.
Light asiente. El bote es tan pequeño que más parece un spray bucal, por lo que le es fácil ocultarlo en el elástico de su pantalón.
Al descender del auto y retirar su gabardina beige, siente varias miradas fijas en él, probablemente sea debido a su atuendo. Un pantalón ceñido de cuero blanco y sin bolsillos junto a un holgado top corto color negro con tiras abiertas en la parte trasera.
Tom le rodea con un brazo la cintura descubierta. En un principio avanza inseguro, se siente expuesto con esa ropa, pero comienza a soltarse gracias a la adrenalina que todas esas miradas le provocan, pronto acentúa los pasos y sus redondos glúteos se menean provocativamente de un lado a otro hasta que atraviesan la puerta de entrada.
—Me prometes que te portaras bien, ¿verdad?— John lo jala hacia sí y, sintiéndose desinhibido por la oscuridad del lugar, busca sus labios mientras a manos abiertas pellizca y aprieta el turgente par de nalgas
—S-Sí...— jadea sobre los labios del otro sin detener el beso.
A él no le importa lo que Light sea, lo único que quiere es poder vaciar sus cargados testículos en ese culo al final de la noche.
—Te pagare bien si eres un buen chico— le da una suave mordida sobre el mentón y lo toma de la mano para continuar.
Light entiende que puede usar su boca, manos o cualquier parte del cuerpo para lograr lo que desea esa noche pero no tiene permitido que alguien lo penetre. Tom le había dicho que no lo quiere cansado ni mucho menos que su esfínter esté todo flojo y asqueroso. A Light no le importa esa condición, desde un principio había pensado en cobrar por una que otra mamada, poder practicar sexo oral a la mayor cantidad de hombres que estén dispuestos a pagar, y está seguro que más de uno lo estará.
Llegan hasta unas escaleras donde nuevamente un guardia custodia la entrada. Se les coloca a ambos el brazalete verde neón que los identifica como miembros exclusivos y Tom vuelve a besarlo como despedida.
—Búscame allá arriba una vez que termines.
Se queda con la gabardina del muchacho y muestra su brazalete para tener acceso al área.
En un principio Light vuelve a sentirse vulnerable debido a la ausencia de John. Evita la pista de baile porque hay mucha gente y en cambio camina por las orillas. Va absorto en sus pensamientos, imaginarlo era más fácil que llevarlo a cabo, ve a tantos hombres besándose y tocándose obscenamente entre ellos que no sabe cómo puede conseguir que alguien pague lo que otros obtienen gratis.
Deambula como un cordero perdido por algunos minutos. No es lo mismo esperar a un borracho en las afueras de los lugares que estar rodeado de tipos que lo tocan sin permiso al pasar. Alguien le suelta una nalgada y es más de lo que puede soportar. Gira con intención de buscar a Tom, ir a la discoteca no había sido una buena idea, quería globos de colores y un bonito pastel para el domingo, pero con lo que John le pague seguramente le alcanzará al menos para un pequeño pastel.
Avanza unos cuantos pasos pero se detiene cuando una mano le impide continuar al posarse sobre su abdomen. Frente a sus ojos hay un intimidante y amplio pecho pero al alzar la cabeza se encuentra con una penetrante y hermosa mirada.
—¿Estás solo?
La voz es profunda y pícara. Light no contesta al instante, aún piensa que lo mejor es volver con John, pero se ha quedado embobado con la perlada sonrisa de aquel hombre. Piensa entonces que es momento de poner en práctica lo que sabe y no dejar escapar esta oportunidad. Se aferra con las manos al fornido pecho y se pone en puntitas, no quiere que la música opaque su voz.
—Estoy contigo— le susurra al oído antes de atrapar con sus labios el lóbulo de la oreja.
—¿Cuanto cobras?
Light se tensa ante la pregunta tan directa y deja en evidencia que es su primera vez en ese sitio. Lo ignora pero esa pregunta es común para algunos, así saben lo que la otra persona espera. Además, para el hombre no es difícil saber lo que el joven busca por la forma en la que viste.
—Cinco por una mamada sin que te corras en mi boca— comienza mientras siente que unas desesperadas manos le recorren la espalda hasta posarse en sus nalgas —, diez si quieres hacerlo sobre mi cara y quince si quieres que me lo trague— finaliza con la poca seguridad que tiene, siente que le falta tanto el aire que está aliviado de haber podido terminar lo que tanto practicó sin titubear.
—¿Y si quiero algo más?— estruja los pedazos de carne que tiene entre las manos y lo jala hacia sí, haciendo que por pocos segundos los pies de Light abandonen el suelo.
El extraño es tan atractivo que por un momento realmente desea olvidarse de John y huir al motel más cercano donde poder entregarse. Pero hay unas palabras martillando dentro de su cabeza, su ley perenne que se mantiene presente en todo momento «actúa por conveniencia y no por complacencia».
—Por hoy sólo puedes hacer uso de mi boca— responde sin dejar de susurrarle al oído y finaliza con la promesa de volver a verse en unos días.
—Está bien, quiero la opción tres.
Light asiente y le explica que necesita recibir al menos la mitad del pago primero, el hombre saca su billetera y, en lugar de solo una parte, le entrega el monto completo antes de tomarlo de la mano y comenzar a guiar el camino.
Caminan por un largo pasillo donde la luz se va eclipsando mientras se adentran en él. El lugar es amplio pero se siente estrecho por todo el movimiento que ocurre contra sus paredes; huele a sudor, alcohol y semen... mucho semen, y no solo lo percibe en el aire, puede verlos, escucharlos, los gemidos rebotan contra los muros. Cree saber lo que hay al fondo de ese pasaje, ha escuchado de los darkroom pero no se siente preparado para pisar uno, solo imaginar que distintas y desconocidas manos recorren su cuerpo lo ponen nervioso por lo que detiene sus pasos y con ellos los pasos del hombre que sujeta su mano.
—Tranquilo, solo buscaba un espacio vacío.
Advierte el temor e inseguridad que embargan al otro, así que se acerca a él y le enmarca el rostro con ambas manos antes de darle el primer beso directamente en los labios. Por un instante aprecia los rasgos del rostro que tiene entre manos, le parece que sus facciones son las de alguien muy joven como para estar en un sitio como ese, piensa también que el chico de atrevido vestuario nunca ha estado con un hombre, y si acaso no es virgen, al menos sí es la primera vez que visita un lugar repleto de machos que despiden testosterona, su semblante inconforme y confundido lo dejan en evidencia fácilmente.
Lo toma de la cintura y lo coloca de espaldas contra la pared, justo en un espacio vacío entre dos parejas. Light siente en sus brazos el sudor de los sujetos que tiene al lado e intenta no ver lo que hacen, pero uno de ellos es tan escandaloso que le es imposible ignorarlo, de reojo se fija en su torso y en sus piernas abiertas que el otro sostiene en el aire, su endurecido miembro queda expuesto debido a la posición y lo ve temblar con más vigor en cada estocada, advirtiendo que pronto llegaría al clímax.
Unos ágiles dedos abren el broche de su pantalón y su vista vuelve al frente, encontrándose con el sujeto de encantadora sonrisa. Tiene la intención de hincarse para dar inicio a su faena pero el hombre lo detiene al colocarle una mano sobre el pecho.
Vuelve a buscar sus labios y sus manos se aventuran bajo la holgada y corta camisa, la piel se eriza ante sus caricias y sus dedos encuentran uno de los pezones, el cual pellizca y obtiene a cambio un leve jadeo que choca contra sus labios. Una de sus manos baja por el suave abdomen y se adentra en el pantalón abierto, en la zona de la pelvis no hay rastro de vellos pero si de humedad, bastante humedad.
Light gime y tiembla cuando dos dedos presionan y hacen círculos sobre su perineo antes de volver a atender sus testículos. Piensa que el ambiente le está afectando, todo es sexo alrededor de él que ahora también lo desea, tanto que si el desconocido propone de nuevo huir de ahí, se irá sin pensarlo.
—¿Te gusta...?— le susurra la voz profunda al oído, Light solo puede asentir mientras aprieta los ojos.
El castaño lleva ambas manos al broche del pantalón del otro, quiere devolverle el favor pero su cuerpo entero tiembla demasiado.
—¿Po-Por qué...?— titubea en tono suplicante y ojos apenas abiertos luego de que el hombre de penetrante mirada retirara su mano.
—Tranquilo...— responde a la vez que le delinea los labios con los dedos, llenándolo de su propio líquido pre seminal.
A Light el sabor no le molesta, se deja acariciar mientras intenta regular su respiración. No pasa mucho para que las manos de aquel hombre bajen de nuevo por su torso, Light espera que las caricias de hace un momento sobre su miembro se repitan, sin embargo los dedos se cuelan por el elástico del pantalón, el cual bajan hasta la mitad de sus piernas sin previo aviso.
—¿Qu-Qué haces...?— abre los ojos por completo y cubre con ambas manos su entrepierna.
—Te pagué por una mamada, nunca dije que tú me lo harías a mí— es lo único que responde antes de agacharse y sujetar las muñecas del menor para retirarle las manos, dejando al descubierto la húmeda erección.
Light no tiene tiempo de cuestionar nada, pronto esos labios se cierran en torno a su glande y sus piernas se debilitan ante la cálida lengua que recorre toda la extensión de su miembro.
No cree aguantar mucho, su respiración se entrecorta de nuevo, todo en su campo de visión se vuelve borroso, los cuerpos sudorosos y desnudos que le rodean ya no le incomodan, en cambio lo excitan. De forma tímida pero guiado por el placer, lleva ambas manos a la cabeza del hombre que está de rodillas frente a él, necesita sujetarse para no caer y a la vez desea ser él quien domine la velocidad con la que aquellos labios se mueven sobre su intimidad.
Y todo va bien, su amante parece dispuesto a complacerlo al no oponer resistencia cuando lo obliga a ir hasta el fondo, la experiencia y habilidad que posee con la lengua no es cuestionable. Pero es hasta que sus entrecerrados ojos enfocan a alguien que la realidad lo golpea de lleno y las piernas se le debilitan.
Matt está ahí, a unos metros de él sin apartarle la mirada.
Intenta llamar al otro pero ni siquiera sabe su nombre, además es imposible que articule una palabra coherente cuando los gemidos escapan de sus labios sin poder controlarlos. Tampoco es capaz de dominar su cuerpo, con las manos intenta apartar la cabeza del hermoso sujeto pero sus movimientos son torpes y el otro los entiende como una invitación a aumentar la velocidad, y lo hace. Su cuerpo entero se estremece cuando las succiones se acentúan y aceleran, la única razón por la que no cae hincado es porque su amante lo sujeta de las caderas.
Matt sigue observando, embelesado por la exquisita imagen frente a él. Nota que Light intenta retener los gemidos al morderse los labios pero falla en el intento, éstos sólo se vuelven más sonoros como presagio de lo que se avecina.
El hombre detiene la felación cuando uno, dos, tres espesos disparos de semen le llenan la boca, no los traga al instante, en cambio se pone en pie y sin soltar las caderas del muchacho vuelve a besarlo. Light corresponde por inercia, su mente está demasiado nublada como para recordar lo que le molestaba hace unos segundos, sus pantalones siguen abajo y de su glande aún gotean los restos de su orgasmo.
—Llámame y te haré tener muchos más y mejores— le dice contra el rostro mientras le deposita en la mano un papel. Light asume que debe ser su número telefónico y, ojalá, su nombre también.
Es hasta que lo ve con los pantalones arriba que Matt se atreve a acercarse.
—¡Light!— alza una mano y espera que el castaño la choque con la suya.
Uno de los presentes se muestra extrañado por la repentina aparición de ese muchacho pelirrojo, pero le resta importancia, asume que debe tratarse de un amigo del chico castaño cuyo nombre ahora conoce.
—Entonces es un hasta pronto, Light...— pronuncia con una sonrisa que le roba un último suspiro al aludido.
—¿Y ese quién es?— le pregunta Matt con curiosidad una vez el sujeto se ha alejado lo suficiente, pero de nuevo no obtiene respuesta.
Matt no insiste y se hace a un lado. Light tiene la intención de disculparse porque no es nada personal en contra de él, pero no dice nada, en cambio se aleja. Lo único que sabe es que sí Matt está ahí, por consecuente también debe estarlo Lawliet. No quiere tener que lidiar con el empresario esa noche, así que prefiere ir en busca de Tom para poder partir antes de encontrarse con Elle.
En el trayecto hay nuevas manos, otros hombres que parecen dispuestos a pagar a cambio de pasar un buen momento, pero no se detiene, manda un mensaje a John y le muestra su brazalete al guardia. John sale a su encuentro y lo lleva hasta su mesa sin mayor contratiempo. Hay dos hombres más, Light le pide que se marchen pero para Tom es de mal gusto dejar a sus amigos cuando han llegado hace menos de una hora, le promete que se irán pronto pero por el momento toman asiento, él en medio de los otros dos y hace que Light se siente de frente a él con las piernas abiertas.
—¿Fuiste un buen chico o tendré que castigarte?— le suelta una nalgada y le muerde fácilmente la clavícula gracias a la posición en la que se encuentran.
—Fui un buen chico solo por ti— contesta dulce y sumiso pero con un semblante de fastidio que oculta al hundir el rostro en el cuello del mayor.
Una de sus varoniles manos recorre la longitud de la delgada espalda mientras con la otra lleva el vaso de coñac a sus labios. Disfruta el momento: alcohol, amigos y un adolescente sobre su regazo haciendo movimientos sugerentes con las caderas.
Light sigue sintiendo esos dedos hacer círculos hacia abajo en su columna vertebral hasta que los mismos se escabullen por el elástico de su pantalón. Es vergonzoso, sabe que hay otros dos que seguramente no pierden detalle, sin embargo no dice nada, ni cuando dos falanges se hunden hasta los nudillos en su esfínter. Tom necesita confirmar que no ha faltado a su promesa, es lo que le dice mientras continúa hurgando con ahínco su agujero. Light se muerde los labios, aunque sean solo un par de dedos su ano no estaba preparado, por lo que la intromisión resulta incómoda y un poco dolorosa. Es hasta que siente caricias a lo largo de sus piernas que realmente se tensa, sabe que no son las manos de John porque cuenta cuatro en distintas partes de su cuerpo.
—El trato es contigo— le recuerda mientras hace el intento de revolverse, pero Tom le rodea la cintura con un solo brazo y lo mantiene en su sitio.
Le pide que se calme y que disfrute entre siseos, intenta excitarlo al hundir por completo y con mayor rapidez sus dedos en tan cálido agujero hasta que su anillo de bodas desaparece en él.
—Gime para mí— pide dominante, su ardiente aliento choca contra los rastros de humedad que su carnosa lengua deja al recorrer cada recoveco de aquella oreja.
Light hace lo que se le pide, acomoda su cabeza de lado sobre el hombro del otro y le finge gemidos al oído, no tan escandalosos porque el lugar donde se encuentran no hay música para opacarlos, pero sí lo suficientemente audibles para deleite de su cliente. No obstante, conforme pasan los minutos, las penetraciones se vuelven más profundas y los lengüetazos en su oreja y cuello más obscenos, pronto su cuerpo reacciona por voluntad propia y entre los falsos jadeos surgen tímidos suspiros de placer absoluto.
oOo
Para Lawliet, su ánimo ha mejorado gradualmente conforme la velada avanza. No hace más de quince minutos que todos, a excepción de Matt, han vuelto a la mesa para hablar un poco. Con botella en mano, Beyond relata cómo le fue en la entrevista de trabajo, no cree que vayan a llamarlo, tiene conocimiento en programación gracias a Matt pero en todos lados piden experiencia, y la única que posee son seis meses como soporte técnico en una pequeña empresa de la cual tuvo que renunciar por retrasos en el pago y exceso de trabajo. Mello y Near también comparten su día, trabajar como meseros no es sencillo, hay días en los que caminar de regreso a casa puede ser un suplicio por lo inflamadas que terminan sus piernas. El día de Lawliet también ha sido un fiasco pero prefiere no compartirlo, no quiere ofender a sus amigos por quejarse de cosas como del exquisito almuerzo al que tuvo que asistir para pactar un convenio con agentes suizos para luego salir corriendo y estar presente en una reunión de hora y media con los asociados desde la hermosa y amplia sala de juntas de su compañía donde él nada más estuvo sentado en su mullida silla reclinable escuchando propuestas y tomando decisiones mientras su secretaria documentaba lo necesario.
—¿Creen que nos traiga a la Bella o a la bestia?— comenta Mello mientras le da el último sorbo a su quinta botella.
Todos ríen y continúan haciendo bromas acerca de las conquistas de Matt. Coinciden en que para el pelirrojo no hay punto medio, o se lleva a casa a un espanto o seduce a un verdadero adonis. Los hermanos Lawliet apuestan a que volverá a la mesa de la mano de alguien poco agraciado, tomando en cuenta la hora que es y cuánto ha pasado desde que Matt se fue, les parece imposible que Jeevas no se haya acercado en más de alguna ocasión a la barra, y el alcohol afecta el razonamiento, vista y buen gusto a cualquiera. Mello opina lo contrario, cree que un feo —al no estar acostumbrado al cortejo— accede fácilmente ante coqueteos sin importar que sean simples o tontos, por lo que si Matt ha tardado es porque la presa no es fácil. Near es el único que prefiere no comentar, aún tiene presentes las palabras y la forma en la que Matt lo vio esa tarde, por lo que no se siente cómodo y tampoco cree que sea correcto reírse de su amigo como lo hacen los otros.
Las risas y bromas pesadas continúan mientras las botellas se van acabando y un nuevo balde llega, el único que no bebe es Near, le da uno o dos sorbos y luego le pasa la botella a Mello, pero al estar más sobrio que el resto no lo hace divertirse menos cuando los relatos vergonzosos de la infancia comienzan, Beyond es el protagonista de ellos la mayoría de veces.
Es hasta que Matt vuelve que todos se quedan callados por un momento, pero contrario a lo que esperaban el muchacho no viene acompañado, en lo único que atinaron es en que está ebrio.
—¿Una mala noche?— pregunta Elle, creyendo que ha regresado solo porque nadie cedió ante sus encantos.
Para desagrado de Mello, él y Near se ven obligados a separarse al momento que Matt toma asiento entre ellos sin permiso.
—No necesariamente...— contesta con una sonrisa ladina mientras echa la cabeza contra el respaldar y cierra los ojos, con una mano jala un poco el tiro de su pantalón para comodidad de su entrepierna, la cual aún está un poco dura, con restos de su semen y la saliva de un desconocido.
—Espero que al menos le hayas preguntado su nombre— bromea Mello a la vez que le da un par de codazos de complicidad.
—Cerré los ojos e imaginé que era Nate, no necesitaba su nombre— responde sin ni siquiera haberse tomado un minuto para pensar sus palabras, las cuales acompaña con un pequeño apretón sobre el muslo del más bajito.
Near se estremece sobre el asiento e intenta apartarse, pero más que incomodarse por el comentario o por la atrevida caricia de Matt, le preocupa Mello, lo ha visto ponerse rojo en cuestión de segundos y empeora al momento Matt sigue hablando.
— Aunque me hubiese encantado más si hubiesen sido los labios del verdadero Nate los que estuviesen alrededor de mi...
Mello no le permite terminar, una de sus manos se empuña sobre la parte frontal de la camisa de Matt y lo jala con todas sus fuerzas a fin de hacerlo a un lado, pero debido al estado de ebriedad en el que ambos se encuentran solo logra que el otro caiga tumbado sobre su regazo.
—¡Quítate de encima, idiota! — farfulla Mello con voz rasposa a la vez que se revuelve.
—¡Pero si tú me tiraste!— contesta con el entrecejo fruncido mientras intenta enderezarse, sin éxito—. ¡Y no me digas idiota, tú eres idiota!
Mello se ofende y mientras intenta sacárselo de encima llama fosforito a su amigo como solían hacerlo cuando eran niños, Matt replica y lo tilda de ser un rubia oxigenada. Los demás observan como la discusión va tornándose en una pelea de niños, en donde uno le jala el cabello al otro y el otro responde sacando la lengua. Lawliet no cree que alguno de los dos vaya a hacerse realmente daño pero al estar el lugar ambientado solamente con música de fondo, la escena infantil fácilmente comienza a llamar la atención e incomodar a las demás personas, por lo que considera pertinente separarlos.
—¿Podrían comportarse?— reprocha muy bajito mientras se inclina hacia adelante y toma el brazo del pelirrojo a fin de traerlo consigo.
La idea que Elle tenía en su cabeza no sale como lo había planeado, los dos son incapaces de coordinar movimientos, por lo que al momento de jalarlo, Matt tropieza contra la mesa y el peso adicional hace que ambos caigan de espaldas sobre el sofá, Matt encima de Elle. Hay un par de flojas carcajadas, especialmente por parte de los dos afectados, quienes ríen como si no hubiese un mañana, claramente bajo efectos del alcohol.
—¡También vi a tu novio!— dice Matt con voz aguda y riendo más fuerte, como si acabase de decir lo más gracioso del mundo.
Lawliet rodea la cintura de su amigo y lo aprieta con toda la fuerza que su estado le permite a fin de evitar que Matt caiga de sus piernas. No le toma importancia al comentario, supone que Matt vio a algún chico que se parecía a alguno de sus ex novios.
—¿Mi novio?, ¿por qué no lo trajiste para que lo conociera?— bromea aún con una sonrisa en los labios.
—¡Lo saludé, pero Light me ignoró por completo!— chilla ofendido, ojos completamente abiertos y llevándose una mano al pecho.
Todos son testigos de cómo las facciones de Elle cambian, sus carcajadas cesan y su semblante jovial desaparece.
—Eso es imposible— dice con seguridad luego de haber vacilado por unos instantes—. Light no puede estar aquí.
A Beyond no le agrada la expresión que muestra su hermano, sabe que aunque no lo haya admitido abiertamente, ese muchacho llamado Light no le es indiferente, por consiguiente tampoco le agrada el rumbo de la conversación. En vano intenta cubrir la boca de Matt mientras le pide que guarde silencio, pero Matt se revuelve hasta apartar la mano del menor de los gemelos.
—¡No me toques, Beyond! ¡Y si era Light!— se defiende de ambos hermanos aún arrastrando las palabras a la vez que alza su brazo izquierdo y muestra el brazalete que está en su muñeca—. Hasta tenía uno de estos.
Lo siguiente que Matt sabe es que está en el suelo y que Mello y Near lo están ayudando para que se ponga de pie. Elle se levantó con tanta rapidez que por un momento olvidó a la persona que tenía en las piernas, pero no se detiene a auxiliarlo, en cambio rodea el sofá de su mesa reservada y repasa con la mirada el lugar. Si Light portaba un brazalete, significa que tiene acceso a las áreas exclusivas.
—¿¡Qué haces, Elle!?— reclama Beyond al alcanzarlo, pero su hermano no lo escucha o decide ignorarlo.
Elle avanza pero hay muy poca luz, apenas y puede ver los rostros de las demás personas. Beyond lo sigue de cerca, esperando que para bien de todos Light no se encuentre ahí, sin embargo lo siguiente que ve es un repentino destello, su hermano ha sacado el celular y hasta él que es el patito feo de la familia sabe que es de mala educación alumbrar a las personas directamente al rostro, sobre todo en un lugar como ése. Vuelve a pedirle que regresen pero esta vez intenta tomarlo del brazo para obligarlo a regresar, sin embargo la delgada extremidad de su hermano se le escapa de las manos al momento que el otro acelera el paso.
—¡Elle Lawliet!— lo llama en un tono que utilizaría una madre molesta, pero el mayor no voltea, solo lo ve dirigirse muy decidido a una mesa en específico.
Casi al final del salón hay unos mullidos sillones modulares que juntos forman un semicírculo, en ellos tres nombres conversan y beben pero le pareció ver a alguien con cabello castaño. No puede asegurar que se trata de Light, puede que el alcohol lo esté haciendo ver cosas que no son y además no puede ver el rostro de esa persona en específico porque se encuentra de espaldas a él. Pero eso no le impide acercarse a ellos sin ni siquiera tener una excusa en mente.
—Buenas noches...
Light se tensa sobre el regazo de Tom al reconocer esa voz y se reprime un "te dije que nos fuéramos, imbécil" a la vez que oculta el rostro en el cuello de su cliente, esperando que así su identidad quede a salvo.
—¿Podemos ayudarte en algo?— pregunta uno de ellos con los ojos apenas abiertos y utilizando una mano como visera para cubrirse de la molesta luz.
—Estoy buscando a un...
—¡A un amigo!— interrumpe Beyond al alcanzar a su hermano.
Lo primero que el gemelo recién llegado hace es arrebatarle el celular al otro y desactivar la luz, algo que los presentes en la mesa agradecen e invitan a los hermanos a tomar asiento para que puedan contarles sobre ese amigo perdido.
Light maldice su asquerosa suerte en su mente y maldice también al idiota de John por no haberlo escuchado antes. Está molesto, siente como su cuerpo completo tiembla de rabia y sabe que la razón es la presencia de Lawliet. Se imagina que en estos momentos Lawliet tiene una sonrisa en los labios y eso le enerva, pero no se atreve a voltear, no quiere darle el gusto de que se burle de él en frente de los otros. Para su suerte, escucha la voz que reconoce como la de Beyond rechazando amablemente la invitación y pidiendo disculpas por cualquier inconveniente.
—Vámonos...— pide Light apenas audible luego de un minuto cuando cree que aquel par se ha alejado lo suficiente.
En esta ocasión, Tom coincide en que lo mejor es marcharse, si sigue bebiendo no podrá culminar la velada de la forma en que la tiene planeada. Los otros dos por su parte deciden quedarse un poco más, así que luego de acordar la fecha para la próxima reunión de amigos se despiden sin mayor contratiempo.
Lejos de aquella mesa, Elle vuelve a pedirle a Beyond que lo suelte cuando ve a cierta pareja ponerse de pie y dirigirse a la salida, pero el menor no accede, aún sujetándolo del brazo trata de llevarlo consigo.
Sin embargo a duras penas avanzan dos pasos. Beyond también ha bebido y al intentar avanzar con su hermano pareciera que son un par de borrachos forcejeando entre ellos. De seguir así pronto llegará algún encargado a pedirles que se comporten o que se retiren, aunque de hecho no le importaría recibir un poco de ayuda por parte de alguien más.
—¡Dame una buena razón por la que quieras ir detrás de él!— exigió ya cansado de escuchar una y otra vez "suéltame, Beyond"—. ¿Acaso te gusta?
—¡Por supuesto que no!— responde al instante a la vez que lleva una mano a su brazo y acaricia la zona que los dedos de su hermano lastimaron—. Pero ¿viste a ese tipo? ¡Fácilmente podría ser su papá! ¿¡Y viste cómo lo tocaban...!?
—¡Sí, realmente asqueroso!— interrumpió con una mueca de asco.
—¡Exacto! ¡Y tan solo es un menor de edad!
Beyond no puede evitar rodar los ojos ante el razonamiento de su hermano, el cual está bastante alejado a lo que él se refería. A él le causa asco todo lo referente a Light Yagami, lo que es y lo que hace, aunque es muy probable que su opinión sea subjetiva luego del roce que tuvieron la otra noche pues a decir verdad ha visto a Mello y Matt hacer cosas peores y jamás ha pensado que ellos son personas repulsivas.
—Te recuerdo que tú también eres mayor que él— le reprocha apuntándole con el dedo índice.
Elle guarda silencio y sus pupilas vacilan de un lado a otro por pocos segundos.
—No es lo mismo...— responde apenas audible y no muy seguro de sus palabras.
Quizá Beyond tenga razón, pero él jamás expondría a un menor de edad a un lugar repleto de sexo, alcohol y drogas, donde en más de alguna ocasión se han escuchado rumores de jóvenes drogados y violados múltiples veces en los sanitarios.
—Sí, si lo es— replica el otro—. Enredarse sexualmente con un menor de edad no es menos grave que permitirle el acceso a un club nocturno. La razón por la que te acuestas con él es la misma razón por la cual él estaba aquí esta noche, viste la situación en la que se encontraba con esos sujetos, si tú quieres ir detrás de una persona como esa, no esperes que yo te apoye— finaliza al dar un paso hacia atrás y lleva las manos a su espalda, dándole a entender que él ya no lo detendría.
Elle lo piensa, no quiere volver a pelear con Beyond en un lapso menor a quince días, y menos por el mismo motivo. Pero quiere convencerse de que su hermano es quien esta equivocado y no él; es una cuestión de empatía y humanidad, no es correcto permitir que algo malo ocurra cuando pudiste hacer algo para evitarlo.
No sabe cómo salvar a alguien que no ha pedido ser salvado, ni siquiera sabe bien de que debe salvarlo, pero da media vuelta, y tal como Beyond se lo dijo, esta vez no lo detiene.
Intenta abrirse paso entre la multitud, lo cual no es fácil pero acelera su andar al vislumbrar la coronilla tupida de cabello castaño cerca de la salida principal. Una vez afuera la pareja se le pierde de vista por unos segundos, hay tanta gente que intenta ponerse en puntitas de pie para tener una mejor visión de lo que le rodea, y los encuentra de nuevo a unos metros de distancia. Avanza, sin embargo la preocupación y buenas intenciones que tenía poco a poco se van transformando en enojo.
Fueron dos días, dos malditos días en lo que Light no atendió ninguna de sus llamadas ni respondió sus mensajes, y al tenerlo a unos pasos de distancia entendía el motivo, ¿quién se creía que era para ignorarlo? Hicieron un trato, ¿no? Pagó por adelantado y podía disponer de él en el momento que quisiera.
—Tú vienes conmigo— dice de repente, cuando está lo suficientemente cerca para sujetar al otro del brazo y jalarlo.
—¿Qué...?— murmura sorprendido como acto reflejo al encontrarse con el pálido rostro de Ellle Lawliet.
—Disculpa— interrumpe Tom al regresar dos pasos luego de que su "cita" se le fuera arrebatada de las manos —, eres el mismo muchacho de hace un momento, ¿no?— reconoce el rostro del joven pero no se muestra molesto por la atrevida interrupción, cree que ha reconocido que Light no es más que un prostituto, ¿quién no lo haría con ese atuendo?—. Lo siento, pero debes buscarte al tuyo.
Tom intenta retomar sus pasos a la vez que toma nuevamente la mano de Light, no obstante Lawliet no lo permite.
—Tú no vas a ningún lado— asegura mientras lo sujeta con más fuerza.
—¡Estas ebrio, Lawliet!— se revuelve de nuevo y con ambas manos golpea el pecho del otro, intentando alejarse.
Es hasta entonces que Tom entiende que esos dos se conocen, pero no piensa permitir que alguien arruine los planes que tiene para esa noche, así que adoptando una postura más erguida, se acerca al muchacho.
—Sabe que es menor de edad, ¿verdad?— dice sin lucir intimidado y el semblante de seguridad que el otro mostraba cae un poco.
Los ojos de Light se abren por completo, confundido por la actitud del empresario, no entiende que espera lograr con todo esto pero se acerca a él y le pide que por favor no le arruine la noche, sin embargo Lawliet ignora su petición.
—Supongo que a su esposa le agradará mucho saber lo que usted hace mientras ella duerme— no le había pasado desapercibido el brillante anillo que el hombre usaba en el dedo anular, el mismo que ahora intentaba ocultar al empuñar la mano.
Light se tensa, cree que la sangre ha abandonado su cuerpo y sus dedos comienzan a entumecerse. No quiere voltear pero con miedo lo hace, la mirada de Tom se cruza con la suya y lo que encuentra en ella es resentimiento pero sobre todo furia.
—No vale la pena— es lo único que dice antes de dejar caer la gabardina que como buen caballero cargaba para Light.
—¡Tom, espera!— lo sigue e intenta detenerlo al sujetarlo de la manga de la camisa, pero el hombre se aparta.
—¡Me llamo Ron, imbécil!— vocifera al mismo tiempo que lo empuja, quizá no tan fuerte pero si lo suficiente para mandar al castaño al suelo.
Light se pone de pie con demasiada rapidez e ignora a una pareja que al pasar le preguntan si se encuentra bien. No irá detrás de Ron a rogarle, pero no lo pierde de vista, lo ve alejarse y con él se van las esperanzas que tenía de regalarle un cumpleaños decente a su madre. Sin embargo no se siente triste, lo que lo invade es un enorme deseo por gritar, gritarle a ese idiota que jamás se acostaría con alguien tan asqueroso si no fuera por dinero y que dos de sus dedos son mucho más grandes que su verga, pero la rabia que se acumula en su garganta y se expande por todo su cuerpo se lo impide.
—Cúbrete— ordena Lawliet con seriedad a la vez que le coloca la gabardina sobre los hombros, pero esa voz es el detonante para que Light estalle.
—¿¡Y a ti qué mierda te pasa!?— gira sobre sus talones y con ambas manos intenta empujarlo, pero el otro lo detiene al sujetarlo por las muñecas.
—¿Qué mierda te pasa a ti?— le replica a la vez que ejerce más presión y lo jala contra él—. Te desapareces por dos días y te vengo a encontrar en un lugar en el que ni deberías de estar y con un tipo que...
—¿Qué?, ¿pensaste que eras el único?— interrumpe con tono burlesco.
—Me vale verga con cuántos te revuelques— le dice tan cerca que su aliento choca de lleno contra el rostro del otro—, pero si mal no recuerdo tú aún me debes, así que tu trabajo de puta lo debes acomodar a mi horario. Si yo te digo que vengas tú vienes con el culo ya listo, ¿entiendes?
Light se tensa ante las palabras del otro, las cuales se abren paso enérgicamente hasta calar en la más ínfima parte de su ser. Siempre ha sabido poner en su lugar a esas personas que lo menosprecian por ser, según las palabras de ellos, "una puta más" pero ve a Lawliet tan molesto que por un momento no sabe cómo reaccionar.
—Te odio...— es lo único que atina a decir porque es lo único que siente. Un inmenso odio hacia ese tipo.
—No me importa— se encoge de hombros con altanería a la vez que suelta una de las muñecas del menor, usando ahora su brazo libre para rodearlo por la cintura y acercarlo aún más, todo bajo la mirada de algunos curiosos —. Si tanto deseabas que te reventaran el culo, podrías haberme llamado, apuesto que soy lo mejor que te has llevado a la cama.
—¿Llamarte? ¿Lo mejor?— suelta junto a una risa llena de ironía —¿Crees que por haber compartido un par de mensajes ya eres especial?, ¿exclusivo? No, Lawliet, solo eres uno más. ¿Sabes lo que realmente quiero? ¡Que me dejes en paz!— intenta revolverse de nuevo pero por la posición en la que se encuentran, Elle sujetándole una muñeca y rodeando su cintura con el otro brazo, le es casi imposible alejarse.
—Es una pena que lo que tú quieras no importe. Vámonos.
La burla en su mirada y la prepotencia en sus palabras fueron la gota que rebalsó el vaso. Light siente lágrimas de impotencia y vergüenza acumularse tras sus párpados, nunca antes se había sentido tan humillado, lo único que quiere es regresar a casa y olvidar que alguna vez conoció a Elle Lawliet, pero éste no parece dispuesto a dejarlo ir.
—Te odio...— es lo último que le susurra.
Para Lawliet todo se torna negro al momento que algo rocía su rostro. Se frota los ojos y suelta un gruñido, sus párpados arden, su tráquea se cierra y se le dificulta la respiración, lleva ambas manos al rostro y se rasga la piel con las uñas, la sensación de asfixia y escozor es exasperante y en un acto desesperado grita por ayuda.
Light se detiene por pocos segundos al verlo caer de rodillas con el rostro enrojecido y los párpados hinchados, al castaño la respiración también se le dificulta y el corazón se le acelera, completamente asustado. Algunas personas lo acusan con la mirada y no lo soporta, sus falanges se entumecen y el gas pimienta cae al suelo al mismo tiempo que gira y huye, esperando nunca volver a verlo.
