12. Déjà vu

Después de haber caminado tres cuadras, Liam se detiene frente a una casa de esquina, la única que no está pintarrajeada con los indescifrables mensajes que los vándalos crean sobre las paredes para marcar su territorio; ésta, en cambio, tiene escrito "Abarrotes Pascual" en la parte superior de una de las paredes, todas las letras del mismo tamaño y de un color negro sobre una fachada en tonalidades durazno suave, la cual sería impecable si no fuera por algunas cuantas grietas propias de la zona.

Aún de pie frente a la entrada de doble puerta, saca un pedazo de papel junto al dinero que trae en uno de los bolsillos y lo cuenta; un par de billetes arrugados y monedas son lo único que le queda para lo que resta del mes. Nada más veintiocho dólares y setenta y tres centavos. Deberá pedirle a Ushio un adelanto salarial para sobrellevar los días que faltan o hacer una que otra "entrega especial" para obtener más dinero en el próximo pago, pero por el momento piensa que la cantidad en su mano es suficiente para cumplir con los puntos que aún no han sido tachados del papel, o al menos intentarlo.

Al entrar, una campana incrustada en la parte superior de la puerta anuncia su llegada. El interior del lugar se asemeja mucho a su exterior, simple pero agradable. En los estantes y mostradores, cada producto está perfectamente ordenado, como si cada mañana fueran limpiados y alineados antes de abrir sus puertas al público. Incluso el piso luce impecable pese a que el ladrillo es igual o incluso más viejo que los habitantes de dicha casa.

—¿Puedo ayudarte en algo?— pregunta el dueño del local, dejando a un lado el periódico que data de unos años atrás, pero que contiene una nota que siempre le agrada leer por las tardes

A Liam le sorprende que el anciano esté tan sonriente detrás de un simple mostrador en lugar de colocar barras en medio del lugar y atender a sus clientes detrás de ellas, como medida de seguridad que tomaría cualquiera que tenga una tienda en dicha zona. Pero supone que Don Pascual, como es conocido por las antiguas y nuevas generaciones, tiene ciertos privilegios por haber visto crecer a muchos de ahí.

—Quiero...— hace una pausa y revisa nuevamente el papel. El segundo punto es demasiado ambiguo, solamente dice "decoración" y no tiene idea de qué tenía Light en mente, así que se limita a pedir lo primero que se le ocurre —... globos. Y tal vez un par de esos listones coloridos.

—¿Alguna celebración?— pregunta con el fin de sacar plática mientras se desplaza por el local con la lentitud propia de la edad.

—Un cumpleaños— contesta con la mirada hacia abajo, fija en el arrugado papel que tiene en manos, repasando los tres detalles que aún le hacen falta.

La lista es corta, solamente cinco puntos a cumplir y dos de ellos ya están tachados. Uno de ellos, el primero de hecho, lo tachó antes de salir de casa, el otro, el quinto, ya estaba tachado cuando encontró el papel tirado cerca del cesto de basura.

Don Pascual regresa hasta el mostrador principal y coloca sobre él tres bolsas, cada una de tamaños diferentes dependiendo de la cantidad.

—Los globos vienen en paquetes de diez, veinte y cincuenta. Y los listones se venden por docenas.

Luego de vacilar un poco, toma el paquete más pequeño de globos y la docena de listones, sin saber qué hará con ellos. Repasa con la mirada cada estante, buscando algo más que pueda utilizar en su intento de decoración y sonríe al encontrar un paquete de letras inflables en color dorado pero al preguntar el precio su sonrisa desaparece, por lo que opta por una opción más económica, unas letras hechas de cartón forradas con papeles de colores llamativos y cada letra unida a la otra con un hilo para formar la palabra "feliz cumpleaños"

—¿Algo más?— pregunta el propietario mientras mete todo en una bolsa.

Liam no contesta al instante, en cambio regresa su vista al rasgado papel y repasa el tercer punto, como si leerlo más de cuatro veces le hará saber lo qué son los sorrentinos.

—¿Usted sabe cómo se preparan los sorrentinos rellenos de calabaza y salmón?— alza la mirada casi con ilusión luego de haber leído, lo que supone, es el nombre del platillo. Sin embargo la amable sonrisa de don Pascual lo hace sentir como un tonto. Es claro que el viejo no tiene idea de qué habla y aunque lo supiera, no podría encontrar nada de lo que necesita en su tienda ni en ninguna de la zona—. No importa— dice con una sonrisa para disimular su vergüenza.

Pensó que esto de hacer una fiesta de cumpleaños sería más sencillo, en su cabeza ir de compras se había presentado como algo fácil y entretenido. Sin embargo, pese a que su ánimo no está por el cielo como cuando entró a la tienda, la idea de celebrar el cumpleaños de Sachiko sigue en pie aunque tenga que cambiar algunos, o más bien, todos los detalles de la lista, desde el platillo principal hasta el postre, y don Pascual lo ayuda.

De regreso a casa, recapacita en algo que debió haber pensado el día que decidió recoger el papel en vez de dejarlo ahí."¿Por qué?" sabe que él no es parte de los Yagami, a diario Light se lo deja en claro cada vez que "amablemente" le pide que se busque otro lugar donde molestar, pero desde hace unos días él realmente desea serlo, quizá porque el sentirse, de alguna manera, parte de una familia es lo mejor que le pudo haber pasado en mucho tiempo.

oOo

Light sabe que es tarde, quizá una o dos horas han pasado luego del mediodía, la hora en la que el sol se encuentra en lo más alto, lo supone porque su habitación se ha caldeado hasta el punto que el colchón bajo su espalda le escuece los riñones, sin embargo no cambia de posición, la sensación calcinante no es tan molesta si lo compara con el punzante dolor en su cabeza. De hecho cree que cualquier malestar físico es leve en comparación al cúmulo de emociones que le invaden el pecho. Se siente decepcionado de sí mismo.

En días como este es cuando la vida le demuestra que aún es muy iluso. Su error fue haber deseado revivir un momento que ocurrió años atrás, cuando era tan solo un niño...

Tenía ocho años cuando su padre le contó un secreto, le harían una fiesta a mamá, con regalos, globos, pastel y unas cuantas amigas de ella. A esa edad, cualquier niño se emociona con la palabra "fiesta", sobre todo alguien que lo único que conocía por cumpleaños era que sus padres le compraran un pastel y le cantaran cualquier melodía alusiva a la celebración porque algo más grande era demasiado costoso.

"—¿Ya no estás enojado conmigo?"

Le había preguntado su padre una noche antes, luego de explicarle que había hecho horas extras para que mamá tuviera un bonito cumpleaños, pidiéndole perdón por haber estado tan ausente los últimos días. Esa noche apenas y pudo dormir, estaba tan emocionado que quería correr y contarle a alguien su increíble secreto, pero eso arruinaría la sorpresa.

Ser el cómplice de tu padre para hacer feliz a la mujer que más amas puede ser mágico cuando eres tan solo un niño. Aquella tarde vio a su papá cocinar el platillo favorito de mamá mientras él, como miembro oficial y único del pequeño club de decoración, tenía la tarea de hacer el dibujo más bonito para que papá lo pegara en el refrigerador antes de que mami regresara.

Jamás admitiría que a sus diecisiete años escribió una lista con cada detalle de aquel día en un intento de revivir uno de sus mejores recuerdos de la infancia. No sabe porque pensó que sería una buena idea; su padre ya no está allí para cocinar mientras le relata espectaculares anécdotas de su juventud, cuya veracidad ahora pondría en tela de juicio, él ya no es un nene inocente de ocho años al que mandas a dibujar para evitar un accidente en la cocina, y su madre... ella ya no luce tan radiante como lucía esa tarde cuando cruzó la puerta.

Y es ante la imagen actual de su madre, llena de marcas y carente de vida, es que suelta el primer sollozo. El llanto es amargo y en poco tiempo desmedido, no importa cuánto odia llorar, la sensación de melancolía, decepción y patetismo lo sobrepasan, haciendo que las lágrimas se enreden entre sus falanges al momento que se frota ambos ojos con las manos hechas puño. Sentir las mejillas húmedas es sofocante, así que intenta calmarse, gira sobre el colchón y cierra los ojos a la vez que se abraza a sí mismo para dominar los temblores que de pronto invaden su cuerpo. Solo debe dejar la mente en blanco, olvidar lo orgulloso que se sentía cada vez que sus padres le explicaban que Light significaba "luz" en inglés, porque eso era para ellos. Solamente tiene que olvidar que alguna vez le hicieron creer que él era lo más importante que tenían.

Desde hace mucho, tal vez desde que su padre los dejó, su único objetivo es hacer feliz a su madre, pero entre lágrimas y espasmos cae en cuenta que lo hacía por una necesidad no dicha de sentir que entre aquellas paredes aún se encuentra su hogar. "Egoísta" piensa, convencido de que ese es el motivo por el cual falló, porque no lo hacía por ella, sino por él.

Lo más fácil para mitigar la frustración contra sí mismo es culpar a Elle, sobretodo cuando le ha saturado el buzón de voz con mensajes donde le dice que necesitan hablar. Sin embargo, pese a que el sinfín de llamadas es muestra suficiente de cuán culpable se siente, debe admitir que él se hubiese marchado aún si el pelinegro jamás hubiese aparecido en ese club. Fue un estúpido al creer que por tener un historial sexual con muchos hombres sería capaz de hacer lo mismo en un lugar diferente, entrar a esos sitios y elegir a su víctima en lugar de esperar en las afueras por alguno que apenas pudiese mantenerse en pie. Pero ahí, donde todos creían tener el derecho de poder tocarlo, se sintió indefenso, y ese es un sentimiento que siempre ha odiado.

—Oye...

Light escucha la voz de Liam detrás de él y al instante se paraliza, reteniendo hasta la respiración.

—¿Es que acaso no piensas salir de la cama en todo el día?— pregunta el recién llegado, asomando la cabeza luego de haber removido un poco la cortina, sin advertir realmente el estado del otro

—¿Quién le ha dicho que puede entrar a mi habitación sin permiso?— contesta sin voltear luego de unos segundos, cuando creyó haber controlado su respiración. Sin embargo su voz sonó forzada, o quizá llena de necesidad sin desearlo.

—¿Quieres que toque antes de entrar la próxima vez?— sonríe pero no obtiene respuesta. Lo que para Liam puede parecer una muestra de rebeldía, para Light es una forma de no quedar en vergüenza luego de haber sonado tan patético, por lo que solo emite un bufido, como diciéndole que su presencia le molesta—. Solo bromeaba. Anda, sal de la cama, aún tenemos que poner unos globos antes de que Sachiko vuelva.

Y con eso da media vuelta, casi seguro de que como es usual, será ignorado por el adolescente que siempre le deja en claro cuánto lo odia en cada oportunidad que tiene. Sin embargo se sorprende al escuchar detrás de él un par de pies descalzos haciendo eco en el suelo.

—¿Dónde está mi mamá?— pregunta mientras con una mano se sujeta del marco de la puerta para sobrellevar el mareo que le provocó haberse puesto de pie tan rápido.

Debió evitar hacer cualquier movimiento brusco para no empeorar el dolor de cabeza, sobre todo luego de no haber comido ni bebido nada en lo que va del día, pero no pudo reaccionar de otra manera cuando notó que ni siquiera se había percatado de la ausencia de su progenitora.

—En el salón de belleza— dice con una sonrisa parecida a la de un niño pequeño.

Sin embargo para Light esas palabras son como una bofetada que lo obligan a sujetarse con más fuerza de la pared. En primera instancia piensa en su nota, está seguro que se deshizo de ella, pero ¿qué tal si ese idiota la encontró? Porque "un día en el spa" era lo primero en su lista. Liam, sin saber que hace bien, evita comentar que el intento de salón de belleza en la casa de la señora del edificio B no es tan bonito como supone que debe ser el lugar que Light tenía en mente; en cambio comienza a sacar las cosas de las bolsas que traía consigo.

—Tú puedes preparar los emparedados y yo inflo algunos globos, o al revés, como prefieras.

Liam sabe cuán importante es Sachiko para Light, y piensa que de esa forma se construirá un espacio en dicha casa, por lo que sonríe al ver que Light toma asiento en el comedor, sin saber el verdadero motivo

—Quiero agua— pide con voz seria y sin mirarlo a la cara.

—Tú puedes preparar los emparedados o los globos— repite al colocar un vaso sobre la mesa. Debido a lo pequeño del lugar, el refrigerador está casi al lado, así que ir por una botella le toma pocos segundos.

Luego de darle un largo sorbo al vaso y sin decir nada, deja en claro su elección al tomar el pan, queso y jamón que están sobre la mesa, solo porque cree que necesita comer algo para mitigar el agobiante dolor de cabeza.

Una sonrisa es lo menos que Liam esperaba como muestra de agradecimiento, pero el hecho de que Light decidiera quedarse en lugar de volver a su habitación es un comienzo, así que él también toma asiento en el comedor e infla unos cuantos globos que luego pegará en la pared.

—Y...— carraspea la garganta, inseguro de cómo continuar. En un principio piensa en hablar de chicas, él adoraba hablar de ellas en sus años de juventud, pero si los rumores son ciertos, no cree que el muchacho se sienta atraído hacia el sexo opuesto, aunque tampoco está seguro de su homosexualidad, por lo que opta por una pregunta más general—. ¿Hay alguien que te guste?

Luego de esas palabras, Light aparta la mirada de lo que sería su primer emparedado y la dirige a Liam, quien incomodo vuelve la vista hacia los globos que tiene entre las manos al percibir exasperación en aquellos ojos.

—¿Qué pretende?— dice con el entrecejo fruncido—. ¿Piensa que soy tan tonto como para creerle?

—Solo...

—¡Usted no es parte de esta familia!— interrumpe, dejando todo a un lado.

—¡Porque tú no me dejas serlo!— el reproche suena más duro de lo que hubiese querido, pero no se retracta, en cambio añade — ¿crees que no sé lo que sientes? Mi adolescencia fue parecida a la tuya, ¡por eso estoy intentando cambiar!— se relame los labios y lo mira directamente a los ojos antes de continuar—. ¿¡Sabes hace cuánto no pruebo una botella de alcohol!?, Sachiko tampoco...

—¿¡Y luego qué!?— espeta a la vez que con brusquedad se pone en pie, apoyando ambas palmas en la mesa—. ¿¡Cree que no sé lo que sigue!? Solo serán unas semanas y luego...

—¡Lo estoy intentando!— interrumpe con un golpe sobre la madera. Por supuesto que conoce las recaídas, ha tenido tantas que ya perdió la cuenta, pero esta vez realmente quiere y cree poder lograrlo.

—Ir a la casa de un viejo a platicar de sus problemas con un grupo de alcohólicos que no tienen nada que hacer un viernes por la noche no es realmente intentarlo— se cruza de brazos, su voz y aspecto son mordaces.

Liam intenta mantener la calma, pero el sarcasmo con el que Light lo mira le molesta.

—¿Sabes?— llevando una mano a su bolsillo trasero, busca el papel que guardó en él —. Supongo que salvar esto de la basura tampoco es "realmente intentarlo".

Liam está equivocado si piensa que obtendrá una reacción favorable al mostrar lo que ha guardado los últimos dos días. Y lo descubre al instante.

—¿¡Quién se cree que es para meterse en mis cosas!?— se abalanza contra él y lo sujeta de la parte frontal de la camisa, guiado por el coraje que le provoca ver su preciada lista en posesión del otro. Arrebatarle el papel no es difícil, Liam no hace nada por detenerlo, pero aún así los reproches siguen—. ¡No tenía que hacerlo!, ¡solo yo podía hacerlo!, ¡usted no es él!

—¡Solo quería ayudar!— farfulla a la vez que lo empuja un poco. La fuerza que ejerce no es demasiada, pero sí lo suficiente para alejarlo luego de que Light intentara golpearlo. Sin embargo nota algo extraño al verlo tambalear—. ¿Estás bien...?— se acerca deprisa y lo sujeta de los brazos para mantenerlo quieto cuando intenta rechazarlo.

—¡No me toque! ¡Usted solo es otro que se va a ir cuando se canse de cogerla!

—¿Light...?

La escena se paraliza, los reproches y forcejeos cesan y ambos voltean en dirección a la puerta principal, bajo la cual Sachiko se encuentra de pie. Pero verla tan hermosa con sus labios rosáceos y delicados rizos, como hace mucho no la veía, es más de lo que Light puede soportar por ese día. Lo último que escucha es un grito despavorido de su madre, llamándolo sin éxito.

oOo

Le toma tres intentos lograr al menos entreabrir los ojos, y medio minuto más para que sus demás sentidos reaccionen. Está tan oscuro que le es difícil ver lo que le rodea, pero deduce que se encuentra en su cama. Lo siguiente que percibe es algo frío a la altura de su frente y al llevar una mano hasta ella descubre que se trata de un paño húmedo.

—Al fin despiertas, ¿cómo te sientes?

La voz de Sachiko es dulce y la acompaña con una caricia en la mejilla de su hijo. Sin embargo, debido a la poca luz y aturdimiento que lo invade, escuchar la repentina voz de su madre le sonsaca un respingo junto con un jadeo.

—Lo siento, no quise asustarte...— continúa ella, con el mismo tono de voz y la misma caricia.

—Yo...— titubea pero guarda silencio, aún está confundido. Sentir el borde de la cama rozando sus talones lo mantienen en la realidad, esa sensación es la que le dice que no es un niño pequeño por más que la escena le resulte familiar.

—Vino el vecino de arriba, el que es médico, ¿lo recuerdas?— explica mientras vuelve a acomodar el paño en la frente de su hijo, luego de haberlo humedecido en el agua fría que dejó sobre la mesita de noche—. Es una suerte que no estuviera de turno. Tenías la fiebre muy alta y Liam me contó lo que sucedió entre ustedes, eso pudo haber ocasionado el desmayo y...

—Mamá lo siento...— dice apenas audible al recordar el conjunto de sucesos que lo dirigieron hasta ese momento; desde lo ocurrido con Elle hasta la discusión con Liam—. Y-Yo...

Hay tanta inquietud en su voz que sus disculpas no pueden ser dirigidas solamente a lo sucedido esa tarde, cualquiera que viera la forma en la que brillan sus ojos aún en la penumbra podría notarlo, o al menos Sachiko lo nota, porque esa mirada y esas palabras ya las ha vivido antes.

Shhh, el doctor dijo que es importante que descanses— interrumpe con el mismo tono suave a la vez que gira y se arrastra por el colchón hasta situarse a un costado —. Era más cómodo cuando estabas pequeño, ¿no crees?

Le es difícil no romper en llanto ahí mismo, pero hace su mejor esfuerzo. La cama es tan pequeña que apenas caben los dos pero se acomoda de lado, utiliza un brazo bajo su cabeza como apoyo y con la otra mano le acaricia el suave cabello castaño.

Light se muerde los labios cuando ella comienza a tararear una canción de cuna como cuando de niño no podía dormir en las noches. La melodía es embriagante, desea aferrarse a su cintura y cerrar los ojos, olvidar todo por un instante; pero por alguna razón, la sensación que le genera su voz, sus caricias, sentirla tan cerca es agobiante. O quizá lo agobiante es la culpa que carga.

—Arruine tu cumpleaños, ¿verdad?— pregunta apenas audible, con la vista fija en ella a pesar de que es tan solo una silueta en la opacidad del lugar.

—Por supuesto que no, no digas eso— contesta al instante y se lo asegura con un beso en la mejilla —. Tú sigues siendo mi mejor regalo.

Dicho acercamiento permite que Light inhale un leve aroma a jazmín junto a un poco de laca para el cabello. El aroma es un tanto escandaloso si lo compara con la sutil y refinada fragancia que compró con ayuda de Teru. De haberle entregado su obsequio en la mañana como tenía planeado, ella podría haberlo usado durante todo el día, pero tampoco se queja, la ausencia de alcohol en su esencia es suficiente.

—Mamá, lo que escuchaste antes...

Shhh, ya te dije que debes descansar— lo interrumpe aunque en esta ocasión el tono que emplea es un poco más duro, no lo hace adrede pero no quiere hablar sobre lo que escuchó hace unas horas al cruzar la puerta de su casa.

El ambiente se torna incómodo para ambos. Light quiere explicarle de una manera en la que la culpa la tengan los demás y no ella, de una forma en la que no parezca que le llamó zorra, pero no logra articular ninguna palabra. Sachiko tampoco dice nada, solamente se remueve nerviosa en el colchón e intenta tararear de nuevo, y Light se conforma con eso por unos minutos, al menos hasta que escuchan la puerta principal abrirse entre chirridos.

—Debe ser Liam— dice con un poco de alivio antes de arrastrarse para salir de la cama —. Lo mandé a la farmacia por tu medicina. Ahora vuelvo.

En la oscuridad, Light asiente y se acomoda de tal forma que deja un espacio para cuando ella regrese.

—¿Por qué tardaste tanto?— reclama tan pronto sale de la habitación y se encuentra con Liam colocando dos frascos sobre el comedor.

—Uno de los jarabes estaba agotado y tuve que ir a otra farmacia.

—¿Y la trajiste?

Liam suelta un suspiro antes de voltear el rostro en dirección a ella, notando los ojos enrojecidos y el maquillaje corrido.

—Sachiko... yo no creo que...

—¿¡La trajiste!?— interrumpe con notable desesperación, ante la cual Liam cede.

—Al menos baja la voz...— es lo único que pide antes de sacar un último producto de una de las bolsas; una botella que es arrebatada de su mano con premura—. ¿No vas a darle la medicina primero?

—Solo necesito un trago— con la boquilla a escasos centímetros de sus labios, se detiene y sonríe, luego alza la botella y antes de darle un largo sorbo, finge hacer un brindis en el aire —. Feliz cumpleaños para mí...