13. Cap extra: Le jour precendet

LIGHT:

Mamá... ¿dónde está papá?

Los piecitos de Light se balanceaban de adelante hacia atrás, el plato de comida frente a él no se le apetecía cuando su madre tenía los ojos rojos, de nuevo había llorado. Papá decía que algunas mujeres se ponen sensibles durante el embarazo pero un niño de diez años no lo entendía, o al menos no de esa forma.

Dijo que vendría pronto— contestó la mujer a la vez que se limpiaba las lágrimas con una servilleta —. Ahora come, cariño.

Llevó una mano a su abultado vientre y la mantuvo ahí, incrédula de estar embarazada a su edad cuando su hijo mayor estaba próximo a cumplir los once años. Un descuido del cual Soichiro la culpaba.

Pero yo quiero que venga papá... — murmuró cabizbajo con las manos ocultas bajo la mesa del comedor. Sachiko sujetó el mentón de su hijo con dos dedos y le acarició con el pulgar a la vez que lo hacía alzar el rostro.

Está trabajando mucho para que tú y tu hermana...

¡Yo no quiero una hermana!— interrumpió, apartando la mano de su madre y poniéndose de pie para salir corriendo a su habitación.

¿No preferirías ir a jugar con los otros niños?— preguntó un hombre mayor de cabello recortado y canoso. El menor frente a él meneó la cabeza, sonsacando un suspiro al docente—. Bien... ¿quieres que hablemos de algo?— sonrió con amabilidad mientras dejaba a un lado su pluma. Quería aprovechar el receso para terminar con los exámenes que aún tenía pendientes, pero no podía ignorar al alumno que estaba frente al escritorio.

Los otros niños dicen que usted se irá de la escuela— soltó tan pronto aquellos ojos cansados hicieron contacto con los suyos.

Sí, pienso retirarme este año— confirmó al mismo tiempo que empujaba el puente de sus lentes con dos dedos para acomodarlos. El menor agachó la cabeza, claramente no era esa la respuesta que deseaba escuchar—. ¡Hey! Pero aún falta mucho para que termine este año— añadió a la vez que extendía un brazo para revolverle los castaños cabellos, esperando animarlo.

Mi mamá dice que el tiempo pasa volando— replicó alzando la cabeza. El docente inspiró hondo y asintió dándole la razón.

No puedo contradecirla pero quién va a extrañar este viejo aburrido— soltó una carcajada pero su comentario no pareció ser divertido para el chico.

Yo— aseguró al instante con el entrecejo fruncido —. Usted es la única persona que habla conmigo.

El profesor guardó silencio unos minutos y apoyó los codos sobre la superficie del escritorio mientras las palabras resonaban en su cabeza. A finales del año pasado Light había enfrentado meses difíciles, su salud necesitaba asistencia médica y faltar a la escuela se hizo inevitable. Pero el profesor Hiroto era consciente de la capacidad del menor, así que en la medida de lo posible intentó visitarlo constantemente para mantenerlo al día con todas las clases, consiguiendo culminar el año escolar con éxito. Su intención no era ganarse la gratitud y admiración de los Yagami, en todo caso, si debían darle el crédito a alguien era solamente a Light, no cualquier alumno termina con calificaciones casi perfectas cuando ni siquiera había estado presente en la mayoría de las últimas clases. Tampoco pretendía ser "el mejor profesor del mundo" ante los ojos del menor, pero parecía haberse ganado su confianza gracias a los meses que compartieron juntos y ahora no lo dejaba en paz en ningún receso.

¿Les dijiste a tus padres que quisiera hablar con ellos?— preguntó con tono calmado aunque su semblante sugería lo contrario. Hizo un esfuerzo sobrehumano para no rodar los ojos al momento que el adolescente meneó la cabeza.

Era la tercera vez en lo que iba del año que intentaba sin éxito programar una cita con los Yagami, y lamentablemente el director de la escuela no era de mucha ayuda porque no veía ninguna área de oportunidad en el desempeño escolar de Yagami hijo que requiriera la intervención de los padres. Efectivamente, las calificaciones de Light seguían siendo admirables, pero no era eso lo que le preocupaba.

Sayu está aprendiendo a caminar y dicen que deben cuidarla más— contestó entre dientes, notablemente molesto.

No era la primera vez que lo veía reaccionar así al referirse a Sayu, y era ese tema en específico lo que le hubiese gustado abordar con los padres, porque era claro que existía cierto rencor por parte de Light, de hecho jamás lo había escuchado referirse a la niña como "hermana". Entendía que la llegada de un nuevo bebé podía ser difícil para los demás retoños, sobre todo cuando se crece como hijo único por diez años, y en muchas ocasiones los padres cometen el error de dar toda su atención al recién llegado solo por ser el menor.

Pronto la tendrás correteando por toda la casa— dijo de forma amable pero decidió no añadir otro comentario al respecto, en cambio carraspeó un poco la garganta antes de continuar. —¿Fuiste al doctor?— preguntó con una sonrisa a fin de cambiar el tema. Suponía que Light lo buscaba porque quería atención y no sería correcto convertir a otra persona en personaje principal de la conversación.

El adolescente asintió con la cabeza y orgulloso mostró las banditas que le cubrían el centro del dorso de ambas manos.

¡Y no lloré!— añadió con una sonrisa más amplia pese a que los hematomas eran visibles en buena parte de su lastimada piel.

El señor Hiroto también sonrió sin poder apartar la mirada de los pequeños puños.

Fuiste muy valiente— le revolvió los castaños cabellos y de uno de los bolsillos de su chaqueta de tweed sacó un bombón, el cual le entregó como le había prometido.

¿Papá me odia?— preguntó sentado al borde de la cama mientras su mamá batía un pequeño bote de jarabe.

Claro que no, cariño— sonrió a la vez que vertía un poco del líquido en una cuchara y la llevaba hasta la boca de su hijo.

Lo escuché decir que el dinero no alcanza por mi culpa— murmuró con un hilo de voz al mismo tiempo que se frotaba los ojos —. Lamento enfermarme tanto, yo no quería enojar a papá.

Esas no habían sido las palabras exactas de Soichiro, pero discutían tanto que para Sachiko era difícil recordar todos los insultos que se decían uno al otro.

Tu padre solamente tuvo un mal día— replicó al instante y rápidamente tomó asiento al lado de su hijo—. A veces las personas decimos cosas muy feas cuando estamos de mal humor— los dos habían gritado sin medir la gravedad de sus palabras, cada vez los momentos de paz eran más escasos. La relación iba en decadencia y mantenerla a flote era complicado —, pero él te ama mucho, Light.

Pero llevó a Sayu al parque y a mí no— ya no tenía edad para ésos juegos, probablemente ni siquiera cabía en los columpios, pero tampoco quería ser dejado de lado.

Sachiko apretó al menor contra su pecho y le dio un beso en la cabeza. Ya no sabía qué más hacer para mantener a su familia unida.

Es porque queríamos que descansaras y tu hermana no te dejaría porque siempre anda detrás de ti— contestó apenas audible con el poco aire que tenía —, pero cuando te recuperes de la gripe iremos todos, ¿sí?— el menor asintió aunque no le creía, porque su intención tampoco era hacerla llorar —. Duerme un poco, por favor.

La mujer se puso en pie y disimuladamente se pasó las manos por las mejillas al darle la espalda a su hijo. Light removió las cobijas pero no volvió a la cama, solo esperó a que ella saliera y se quedó sentado al borde del colchón, atisbando desde su posición la silueta de su madre ir de la cocina a la sala. Se acercó hasta la cortina y con cuidado la removió un poco, viendo una escena que se había repetido cada tarde en las últimas semanas: su progenitora con una botella en la mano para luego quedarse dormida en el sofá.

Más tarde esa botella sería la causante de otra discusión.

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ELLE:

¿Entonces hoy tampoco saldrás a jugar?— preguntó Matt, asomando solo un poco la cabeza a través de la puerta, sin soltar la manija.

Elle alzó un poco la mirada. Los ojos de Matt se encontraban ocultos bajo unos graciosos goggles y con un brazo rodeaba un balón, sin embargo meneó la cabeza antes de volver la vista al libro que tenía entre manos.

No puedo— contestó, acomodándose en el mullido asiento y tomando un lapicero que estaba sobre el escritorio para marcar lo más importante; tal y como Roger y Watari se lo habían pedido.

Matt dejó salir un suspiro lleno de toda la desilusión que podía cargar un niño al haber sido rechazado nuevamente por su amigo. Desde que tenía memoria, Elle siempre estaba en la biblioteca, a veces solo, a veces con otros niños elegidos por los fundadores de dicho orfanato, pero muy rara vez se le veía jugando.

Bien... si cambias de opinión, estaremos en el patio trasero— dijo apenas audible, frustrado porque tendría que soportar las burlas de sus amigos cuando les dijera que había fallado de nuevo.

Elle no se inmutó ante el ruido de la puerta al cerrarse, tan solo continuó leyendo, analizando cada página antes de pasar a la siguiente. Era un libro para una edad avanzada según le habían dicho sus mentores, quienes en cada oportunidad le decían cuán increíble era que un niño de doce años fuera tan inteligente. Admiraba tanto a Watari y Roger que le encantaba ser elogiado por ellos; sin embargo, a veces se sentía solo.

Colocó el libro sobre el escritorio y casi saltó fuera del asiento. A su espalda se encontraba un enorme estante con muchos libros, delgados y gruesos, algunos acumulando polvo en lo más alto del mueble; pero a cada lado había dos enormes ventanas estilo francesas por las cuales se colaba la luz del día, se acercó a una de ellas y colocando sus pequeñas manos sobre el alféizar, admiró el patio trasero.

Disculpa la tardanza— interrumpió Roger al cruzar la puerta. El niño se volvió sobre su hombro, notando como el recién llegado traía más libros y lápices —¿estás listo para la lección de hoy?

Echó un último vistazo a toda la acción que ocurría en el patio y luego regresó al escritorio con una sincera sonrisa en su rostro. Sí, quería salir y jugar con sus amigos pero debería esperar hasta el fin de semana como siempre; además, sabía el motivo por el cual él y unos cuántos niños más tenían que estudiar más que el resto.

El orfanato Wammy era solo uno de tantos, fundando como un aporte a la sociedad como parte de la responsabilidad de toda empresa. A su edad Elle no entendía mucho de finanzas y negocios, pero sabía que si daba su mejor esfuerzo, algún día Roger y Watari lo tomarían en cuenta para hacerlo parte de las muchas compañías que tenían a lo largo del continente, y eso significaba que a él y a su hermano nunca les haría falta nada.

Regresa conmigo, Alex— pidió desde el sofá individual color rojo que estaba al lado de la ventana de su apartamento, el cual compartía con su novio en Italia.

¿Por qué no te quedas tú aquí?— preguntó a la vez que se sentaba a horcajadas sobre las piernas del otro—. Hablé con Watari, él está de acuerdo con que trabaje aquí, sabes que en esta ciudad está una de las compañías que más ganancias genera. Estoy seguro que él estaría de acuerdo que ambos comencemos aquí.

Pero yo quiero volver— sujetó la cintura del chico a quien por los últimos dos años le había jurado amor eterno y lo acercó hacia sí.

Alex se cruzó de brazos, no contento con la respuesta.

¿Es por Beyond?

Elle asintió y el otro soltó un suspiro, relajando el rostro porque no podía enojarse cuando el motivo de su novio era completamente válido.

Regresa conmigo— insistió a la vez que le acariciaba la espalda con una mano y con la otra le sujetaba el rostro.

Alex no contestó, en cambio acortó la distancia y se apoderó de los delgados labios de su pareja. Aún faltaba medio año para terminar su carrera, luego tendrían que esperar a la graduación. Pensaba que aún tenía tiempo suficiente para hacerlo cambiar de opinión.

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NATE:

A los seis años, los cumpleaños y la navidad son lo más importante, aunque Nate prefería el día de acción de gracias. Antes de salir al supermercado por los preparativos para la cena, su madre siempre lo cubría de la cabeza a los pies, dejando visible solamente sus enormes ojos grises, y aunque él se sentía un niño fuerte que podía soportar el frío, la verdad es que amaba los suéteres, gorros y guantes que le compraba su papá, todos eran de colores llamativos y con estampados divertidos.

Todos los años su mamá cocinaba pavo y su padre volvía temprano a casa con un pastel de chocolate. Amaba tanto ese pastel pese a no ser un ávido amante de lo dulce.

Amor, guarda tus juguetes, ¿sí? Pronto estará lista la cena— pidió una mujer de cabello blanco desde la cocina mientras sacaba el pavo del horno, sin saber que acababa de interrumpir la mayor guerra intergaláctica.

¡Sí, mami!— gritó el pequeño astronauta desde la sala luego de haberse retirado una toalla que se había enrollado en la cabeza que simulaba ser un casco espacial.

Indicó a su séquito de soldados, ocho robots de color blanco, que la misión había terminado y luego tomó entre sus brazos la mayor cantidad que pudo para llevarlos a su habitación.

Sin embargo sus intenciones de ser un niño obediente pasaron a segundo plano cuando escuchó la puerta principal abrirse, eso solo significaba una cosa: papá había vuelto.

¡Papá!— corrió emocionado, dejando atrás un panorama de juguetes tirados que a su mamá no le gustaría.

El hombre, al escuchar los piecitos de su hijo bajando por las escaleras, se acuclilló y lo esperó con los brazos abiertos, casi perdiendo el equilibrio y soltando un jadeo cuando Nate se lanzó a ellos.

Pequeño...— susurró al rodearlo con ambos brazos y levantarlo consigo, teniendo cuidado de no tirar o dañar las bolsas que traía en las manos.

A Nate no le gustaba que los niños en el jardín de infantes se burlaran de su baja estatura llamándolo enano o pequeño, pero estaba bien cuando su padre lo hacía.

¡Hoy salvé a toda una galaxia!— anunció alzando los brazos con una gran sonrisa —¿verdad, mami?

La mujer que recientemente se había acercado para saludar a su esposo, besó también la mejilla regordeta de su hijo y asintió sonriente.

Nate, como pudo, rodeó con sus cortos brazos el cuello de sus padres y ellos le devolvieron el gesto.

Era feliz como un niño de seis años podía serlo. A esa edad veía la vida con inocencia, sin imaginarse lo cruel que podría llegar a ser.

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MATT:

Era el líder del grupo, a sus doce añitos ya tenía su manada. Aunque claro, su manada consistía en un niño rubio que parecía niña y un raro un año mayor que él... y no era como si alguno de los dos obedecieran sus órdenes, pero sabía que en el fondo, muy oculto, era admirado por ambos.

Era difícil elegir entre Mello y Beyond, ambos le caían muy bien. Había días que prefería estar con el dramático de Mello y otros días prefería al sádico de Beyond. Otros días, como ese, no quería a ninguno.

¡Elle!— Empujó la puerta de aquella habitación, donde el hermano del causante de su agonía estaba estudiando—. ¡Mira lo que me hizo el inadaptado ese!

Era difícil no verlo, el adolescente tenía el ojo izquierdo inflamado, levemente rojo, aunque probablemente para el final del día estaría morado.

¿¡Qué rayos pasó!?— cuestionó luego de sujetarlo de un brazo y llevarlo hasta la silla donde él estaba hace unos segundos. Sabía del mal carácter de Beyond, muchas veces había visitado la oficina de Roger porque había golpeado a otro niño, pero nunca a un amigo.

Matt, entre gimoteos que quería disimular porque era un niño grande y fuerte, le explicó que estaban jugando fútbol cuando Beyond pateó la pelota demasiado fuerte. Elle se sintió aliviado al escuchar lo sucedido, al menos sabía que no había sido intencional, aunque Matt insistía en que Beyond lo hizo adrede por haberle escondido un tarro de mermelada el otro día.

Deja de llorar— le pidió mientras con un paño húmedo le limpiaba el ojo, retirando los restos de tierra y césped que aún traía adheridos a la piel.

¡No estoy llorando!— contestó a la defensiva, y hubiese sido convincente si no fuese por los dos grandes lagrimones que le bajaban por las mejillas.

Sin embargo Elle se reservó cualquier comentario para no incomodarlo más.

Espérame aquí, iré por hielo.

Tan pronto la puerta se cerró, Matt se echó a llorar. El incidente había sido reciente, quizá por eso sentía que la zona alrededor de su ojo aún palpitaba y ardía, mas no dolía, o al menos no tanto. Era la desesperación de no poder abrirlo lo que lo estaba sofocando.

¿¡Me quedaré ciego, verdad!?— preguntó dramáticamente tan pronto la puerta se abrió de nuevo. Elle no pudo evitar soltar una leve carcajada.

Relájate, tu ojo estará bien tan pronto como baje la hinchazón— indicó a la vez que le colocaba un paño con hielo sobre la zona afectada —. Pero tendrás que guardar reposo por unos días.

Dicha noticia entristeció a Matt, haciendo que Elle se sintiera culpable porque el causante de dicho accidente había sido su hermano.

¿Por cuantos meses no podré salir?

Matt estaba siendo exagerado, solo serían un par de días, pero al mayor de los Lawliet se le ocurrió una idea para aliviar su pesar. Le pidió que sostuviera la compresa y se dirigió al extremo opuesto de la habitación, donde estaba su ropero. Matt lo vio abrir el mueble y quedarse de pie frente a él unos minutos. Quiso curiosear al estirar un poco el cuello pero tomando en cuenta que uno de sus ojos ni siquiera servía, no supo lo que Elle hacía hasta que éste giró.

Toma, para que te entretengas— dijo, extendiendo un brazo para entregarle una videoconsola portátil—. La compre para navidad pero nunca la uso.

Pasaron los días y Matt siempre cargaba su videojuego en uno de los bolsillos de su pantalón o en un compartimiento interno de su chaleco. Jugaba en cada momento que tenía libre, pero también intentaba ayudar más en el orfanato, pequeños trabajos que Watari recompensaba añadiendo un par de dólares a su mesada. Estaba decidido, ahorraría lo suficiente y se compraría muchos más juegos, pero por el momento disfrutaba del que le abrió las puertas a ese nuevo mundo.

Un día, al encender su consola portátil, en la pantalla se mostró un mensaje donde le preguntaba si quería reanudar el juego anterior o si deseaba continuar con el que ya tenía, no entendió la pregunta y decidió reanudar. Todo su juego se perdió, su avance, su avatar, y en cambio apareció el de Elle. Ese día descubrió que su amigo le había mentido al decirle que no lo usaba, pero decidió que nunca diría nada.

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BEYOND :

La mañana en el orfanato había iniciado con una algarabía insufrible. Dos chicos se irían a estudiar al extranjero, ¿era eso motivo suficiente para tanto alboroto? ¿A quién le importaba? Al menos a él no le importaba, ni siquiera cuando uno de esos chicos era su hermano.

¿Vienes a despedirte?— preguntó acostado en su cama, sin apartar la revista que le cubría el rostro.

La puerta se había abierto y no necesitaba ser un genio para saber quién era la persona que estaba frente a él.

¿Hasta cuándo seguirás con esa actitud?— preguntó Elle al fin. Siempre había sido difícil lidiar con Beyond, pero desde que anunciaron su partida hace unas semanas, éste parecía odiarlo.

¿Cuál actitud?— preguntó con ironía.

La de un niño pequeño e inmaduro— contestó al instante a la vez que le arrebataba la revista.

Los gemelos, ahora unos adolescentes de dieciséis años, se vieron directamente a los ojos sin decir nada por unos segundos. La mirada de ambos era dura y sus pupilas brillaban, pero por razones distintas.

¿Estás celoso?— preguntó el mayor de los dos, rompiendo con cierto temor el silencio.

La pregunta descolocó a Beyond, como acto reflejo se sentó sobre el colchón, sin saber cómo continuar, y sus labios se abrieron y cerraron al instante, sin saber qué decir. ¿Él, celoso? ¿Por qué? ¿Por no ser la marioneta de Roger y Watari?

Jamás estaría celoso de ti— dijo con desinterés antes de recuperar su revista y dejarse ir de espaldas sobre la cama para continuar con su lectura.

Sin embargo sucedió algo que nunca antes había pasado y que nunca pensó que pasaría. Escuchó un gimoteo y al alzar la mirada se encontró con la imagen de su hermano mayor sollozando.

Yo siempre he estado celoso de ti— confesó Elle apenas audible mientras intentaba secarse las mejillas con el dorso de las manos. No quería llorar, se había prometido no hacerlo, pero estaba a punto de marcharse por los próximos cuatro o cinco años y a su única familia de sangre parecía no importarle.

Sin saber que hacer, Beyond sólo atinó a ponerse de pie y acercarse a él.

¿Por qué lloras?— la pregunta fue demasiado estúpida pero fue lo primero que vino a su cabeza. ¿Qué debía decirle? ¿Qué debía hacer? ¡Era Elle Lawliet! ¡Su hermano mayor! ¡El chico que el trío de idiotas que tenía por amigos más admiraban!

Tú siempre podías salir a jugar con los demás— dijo con la respiración entrecortada, como si lo hubiese callado por tanto tiempo que le era difícil decirlo —. Sé que siempre te quejabas de las pijamadas que Near hacía, decías que eran tontas pero yo hubiese querido ir al menos a una, ¡pero no podía! Debía dormir mis ocho o nueve horas diarias, de lo contrario mi rendimiento se vería afectado. A ti nadie te dijo que podías y no podías comer. Desde el momento que abría los ojos tenía un itinerario que seguir, a veces sentía que tenía un horario hasta para respirar.

Y entre espasmos, Elle continuaba, como si luego de las primeras palabras le hubiese sido imposible seguir callando.

Beyond por su parte, también tenía reclamos que siempre había ocultado. Como todas esas veces que de niño se sintió triste porque los adultos le pedían que fuera más como su hermano. Toda su vida siempre se había sentido poca cosa, nada de lo que hacía era lo suficientemente especial como para ser tomado en cuenta. No era Elle...

Desde que fueron trasladados a dicho orfanato, supieron que ya no había esperanzas de ser adoptados, pero Elle, cumpliendo su rol de hermano mayor, le prometió que siempre lo cuidaría; y aunque se llegó a sentir muy solo cuando Watari y Roger comenzaron a mostrar interés en su hermano, de alguna manera sabía que Elle seguía ahí, a solo un pasillo de distancia. Pero ahora resultaba que se iría a otro país, ¡a Italia! ¿Cómo se suponía que debía sentirse? Sin embargo se reservó cualquier reclamo y tan solo lo abrazó.

Yo siempre te he admirado— no mentía. Los celos jamás le nublaron el juicio, seguía pensando en Elle como un superhéroe tal y como cuando eran niños.

Esas palabras, el tener la seguridad que su hermano no lo odiaba fue suficiente para él.

Promete que vas a cuidar a los otros— pidió aún con la voz débil.

No soy una niñera como tú, que se cuiden solos— contestó a la vez que le sujetaba el rostro y le limpiaba un poco las mejillas con los pulgares —. Y deja de llorar, es penoso.

Elle sonrió ante el comentario y asintió.

Vendré a visitarlos en cada vacación, al menos prométeme que los encontraré con vida.

Tan solo me queda un año en este orfanato, no creo que les pase nada en ese tiempo.

No te irás del orfanato— sentenció. Había pensado en cómo darle la noticia, pero con personas como Beyond era mejor andar sin rodeos—. He hablado con Watari, por ellos está bien que te quedes. A ti te falta un año, a Mello y a Matt le faltan dos. Solo deberías esperar...

¿Pretendes que esté viviendo acá hasta los veinte años?— interrumpió.

Elle soltó un suspiro al momento que Beyond se alejó y se cruzó de brazos. En otra ocasión, la discusión se hubiese alargado, pero él tenía que continuar empacando.

Aquí no te hará falta nada— dijo, pero antes de darle oportunidad al otro de reclamar, lo abrazó como hace mucho no lo hacía —. Te quiero, hermanito.

Beyond también lo quería aunque muy pocas veces se lo dijo.

Esa tarde se quedaron abrazados por varios minutos porque sabían que luego de ese día, ya no estarían a un pasillo de distancia.

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MIHAEL:

Todos los niños del orfanato Wammy esperaban con ansias los fines de semana, eran los días en los que podían salir de las instalaciones para ir al parque o a la pequeña aldea cercana y comprar dulces con sus mesadas, claro, acompañados de algún docente o de algún chico mayor que fuese lo suficientemente responsable para hacerse cargo de un niño.

Debido a lo anterior, era normal que los pasillos del orfanato estuvieran desiertos durante esos días. Sin embargo ese sábado en específico, el silencio del lugar se vio interrumpido por los gruñidos de un pequeño, los cuales hacían eco por los corredores vacíos.

No es como si Mihael no esperase por esos días como el resto, de hecho su frustración era específicamente porque quería salir con los demás pero no podía, no luciendo tan... feo. Roger lo había engañado, le había dicho que si lo seguía le regalaría un chocolate, ¡le había mentido para cortarle el cabello!, pero por suerte había corrido a tiempo, aunque no sabría decir qué tan bueno era eso, ahora tenía un lado corto y el otro largo, ¡y no le había dado el chocolate! No entendía cuál era el problema con que un niño tuviera el cabello largo, a él le gustaba así, pero ahora estaba arruinado, no podía salir a la calle luciendo así. No solo iba a tener que lidiar con las burlas de los otros sino que también tendría que dejar sin dientes a todo aquel que se atreviera a hacer un comentario sobre su nuevo corte, ¡tendría que triplicar su dosis de bravuconería por un corte que él no pidió!

Sin embargo su drama preadolescente cesó al pasar por una puerta semi abierta. Se detuvo frente a ella como un acto reflejo que tendría cualquier persona al escuchar un ruido repentino. En un principio creyó que estaba escuchando cosas, todos los niños decían que ese orfanato estaba embrujado, de ser así lo mejor era continuar, pero regresó sus pasos cuando el sonido se volvió más claro: alguien estaba llorando.

Un adulto hubiese entrando corriendo al creer que alguien se había lastimado, pero un niño no reaccionaba de la misma manera, al menos no uno como Mello. Reconocía aquella puerta, era la del niño nuevo, solo sabía que llevaba ahí una semana y hasta el momento no se lo había visto por los patios, solo salía a la hora de la comida y no por voluntad propia, Roger siempre tenía que ir a buscarlo, todos decían que se veía triste y algunos hasta juraban haberlo visto llorando en la cena de acción de gracias de ese año. Pero a él que le importaba, ¿no?

Y aunque seguir su camino hubiese sido lo más fácil, no era tan inhumano, o quizá la curiosidad era demasiada para un niño de diez años.

Procurando no hacer ruido, asomó la cabeza por la ranura de la puerta y ahí lo vio, el niño nuevo del que todos hablaban estaba en el medio de la habitación, sentado en el suelo con sus piernas flexionadas, jugando con dos robots mientras lloraba.

Hey...— dijo aún desde la puerta, sin saber qué más decir. El niño apartó la mirada de sus juguetes y la dirigió al recién llegado, fue entonces que para Mihael la escena se volvió más triste, aquel chiquillo de piel pálida tenía las mejillas empapadas mientras más lágrimas seguían bajando por ellas—. ¿Estás bien...?— no obtuvo respuesta —¿quieres que juegue contigo?

Con una sonrisa poco usual en él, se acercó hasta el niño, pero la reacción de éste lo desconcertó. El pequeño de cabellos blancos rápidamente tomó sus juguetes y los apretó contra su pecho. Mihael no era alguien paciente, si ese enano quería jugar solo y ahogarse en su tristeza, él no sería quien se lo impidiera. Sin embargo lo que escuchó luego lo hizo detenerse.

Mi padre siempre volvía cuando yo terminaba de jugar. Ellos volverán cuando termine.

¿Qué...?— soltó confundido a la vez que se volvía hacia el menor. ¿De qué estaba hablando? Si no recordaba mal, la razón por la que ese niño estaba ahí es porque sus progenitores habían muerto en un accidente hace unas semanas —¿Tus padres? Pero si ellos...

Se detuvo justo a tiempo, es como si todos esos años en los que Watari intentó enseñarle a ser compasivo no hubiesen sido en vano, porque no fue capaz de decirle que las personas muertas no pueden regresar. En cambio volvió a acercarse y esta vez se acuclilló frente al menor.

Pero no deberías jugar solo, ¿por qué no vamos a mi habitación y jugamos un rato? Ya descubrí donde esconde su videojuego Matt, no creo que se enoje si lo usamos.

El pequeño vio los azulinos ojos del otro pero meneó la cabeza antes de tomar nuevamente sus robots y fingir una batalla con ellos. Mello soltó un suspiro pero la tenacidad era parte de él, un par de rechazos no eran suficientes para hacerlo desistir.

¡Ya sé! ¿Te gusta el chocolate?

¿Él, ofreciendo su chocolate? No era usual pero estaba decidido a sacar a ese niño de ahí, y cuando algo se le metía en la cabeza podía tomar medidas extremas como compartir su delicioso tesoro. Y para su suerte, recibió una reacción favorable a su propuesta, el menor alzó la cabeza y aunque no estaba seguro, le pareció que sonreía.

¿Cho-chocolate?— murmuró a la vez que nuevas lágrimas descendían por sus mejillas, Mello temió haber dicho algo malo pero se sorprendió al verlo asentir—.S-Sí quiero...

¡Bien! Pero primero debes dejar de llorar— indicó mientras se ponía en pie.

Y como si se tratase de una orden, el pequeño intentó limpiar sus mejillas con el manga de su pijama blanco pero simplemente no podía dejar de llorar. Quería comer chocolate pero las lágrimas salían por si solas. Quería jugar con su papá, quería comer la comida de mamá...

¿Cómo te llamas?— interrumpió Mello al percatarse que los sollozos estaban a punto de convertirse en sonoro llanto.

Na-Nate— contestó entre gimoteos.

Mucho gusto, Nate. Yo me llamo Mihael— extendió una mano y el otro la estrechó, tal y como sus padres le habían enseñado —. Aunque mis amigos me dicen Mello.

¿Por qué...?— preguntó curioso, viendo fijamente con sus enormes ojos grises al chico rubio.

¿Por qué? Ummm, seguramente lo descubrirás cuando los conozcas— sin haber soltado su mano, lo ayudó a ponerse en pie —. Pero no les debes decir que fui amable contigo, ¿de acuerdo? O tendré que golpearte.

Esa advertencia le pareció cómica al pequeño Nate, porque su nuevo amigo no daba miedo con ese corte tan extraño.

Con el paso de los meses, el cabello de Mello creció, al igual que su amistad con ese enano. Que Nate comprendiera su situación fue difícil, pero siempre estuvo ahí para apoyarlo.

Aquella tarde, sin saberlo, había conocido a la persona que en su adolescencia le robaría el sueño.