15. Trato II: Existe alguien más detrás de esa mirada.
Acostado en el sofá, envuelto de la cabeza a los pies, Beyond suelta un exagerado bufido, quizá el tercero que ha emitido en el lapso de quince minutos. ¿Es demasiado pedir que lo dejen dormir?
La noche anterior fue Matt y su velada de estudio, al amanecer fue Elle y su cuestionable acoso a un menor de edad, y ahora Near. El enano tiene al menos treinta minutos repitiendo las mismas acciones: dar vueltas por la sala con el teléfono en mano, marcar los números en la pantalla y llevar el aparato hasta su oreja, suspirar fastidiado para después alejar el teléfono y volver al paso uno. Luego de la veinteava vez, Beyond simplemente dejó de contar.
—Near... vete a dormir— pide entre dientes, removiendo un poco la cobija hasta dejar descubierto tan solo uno de sus ojerosos ojos.
—Lawliet no contesta— advierte alarmado, como si la petición del otro nunca hubiese existido.
Beyond repasa la habitación con su ojo hasta dar con el reloj de pared; ¡las cinco y quince de la mañana!
—¿Te has puesto a pensar que quizá no contesta porque... ummm no sé... ¡porque es jodidamente temprano!?— vuelve a cubrirse con las sábanas, pensando que el otro lo dejará en paz al notar su fastidio.
A veces olvida que el de cabellos blancos lleva casi toda una vida lidiando con las diferentes personalidades de todos y que un gruñido amenazante no es suficiente para hacerlo desistir cuando algo le preocupa. Lo recuerda hasta que las sábanas son arrebatadas de su cuerpo.
—¿¡Qué mierda!?— farfulla, cubriéndose con un antebrazo los ojos a causa de la molesta luz.
—Lawliet no contesta... desde ayer— repite y hace énfasis en las últimas dos palabras, como si ellas le agregaran más gravedad al asunto.
Pero antes de que alguno de los dos pudiese decir o hacer algo más, una de las puertas se abre. Por su posición, Beyond tan solo escucha los pies descalzos de alguien haciendo eco por el pasillo a sus espaldas. No voltea aunque tampoco lo considera necesario, el percibir el olor a nicotina es suficiente para saber de quién se trata.
—¿Quién se murió o qué?— pregunta Matt con ese semblante relajado de siempre, mientras suelta el humo por la boca y se rasca el descubierto abdomen con la otra mano.
—¿No es muy temprano para que estés fumando?— Near se cruza de brazos y agita de arriba a abajo uno de sus pies sin despegar el talón del suelo, como lo haría una madre que exige explicaciones.
Matt se encoge de hombros y casi desnudo como está, usando solamente un ceñido bóxer color negro, toma asiento en el reposabrazos del sofá, haciendo intencionalmente que su culo quede muy cerca de la cabeza de un muy molesto Beyond.
—¡Quítate!— se sienta súbitamente y lo empuja fuera de su territorio, lográndolo sin mucho esfuerzo.
—¡Ay, qué humor! ¿Quieres un poco?— le ofrece su cigarrillo para que se relaje, pero en lugar de tomarlo Beyond se lo arrebata y lo apaga contra la mesa de centro que tiene al alcance.
—Estúpido vicio el tuyo— murmura con el entrecejo fruncido—. ¿En serio tienes que fumar cuando acabas de despertar?
—¿Y quién dice que he dormido?— contesta con una sonrisa coqueta que confunde a los otros.
Near y Beyond cruzan miradas entre ellos, pero antes de que alguno pida alguna explicación, un muchacho bastante alto y corpulento sale del pasillo.
—Con permiso...— susurra cabizbajo un joven de cabellos oscuros y espesos, con un sonrojo en las mejillas que contrasta con su varonil aspecto.
Matt, como un buen amante, acompaña a su conquista hasta la puerta, donde lo despide con un beso en los labios.
—Tienes mi número, Mateo— susurra el muchacho como recordatorio antes de dar media vuelta.
Al ser un apartamento pequeño, no existe nada parecido a un recibidor, la puerta principal está junto en la sala, a escasos metros del sofá, por lo que para los otros dos es bastante fácil observar la romántica despedida.
—¿Mateo?— pregunta Beyond conteniendo una carcajada una vez que la puerta se cierra.
—Le dije que era italiano— se encoge de hombros y camina hasta el sofá, donde cae al lado de su amigo —. Estábamos borrachos— agrega al notar la confusión en los ojos de Nate.
Y ciertamente esa respuesta contesta muchas preguntas, al menos para Near, quien aún recuerda la vez que tuvo que explicarle a un chico que el tipo que se lo había llevado a la cama no era rico ni los habitantes de esa casa eran sus sirvientes.
—¿En qué momento lo metiste?— no le importa las mentiras que le haya inventado al muchacho que hace unos minutos dejó la casa, pero si le llama la atención el no haber notado su presencia cuando él se quedó despierto hasta tarde.
—¿Y qué puedo hacer cuando tú no me haces caso?— el más pequeño pone los ojos en blanco ante esa respuesta y Matt sonríe con malicia a la vez que se pone en pie y se acerca a él.
Su intención es abrazarlo solo para verlo rabiar o sonrojarse, le parece que de ambas formas se ve adorable. Sin embargo sus planes se ven truncados cuando la presencia de alguien más irrumpe en la habitación, robándole por completo la atención de Nate.
—Buenos días— dice Mello aún somnoliento, pero sin perder detalle de la cercanía entre Matt y Near.
—¡Mello!— el menor de todos sale a su encuentro, pensando que al fin alguien le pondrá atención —¡Lawliet no atiende mis llamadas desde ayer!
Mihael no contesta al instante, primero lo saluda como es usual cada mañana, le enmarca el rostro con ambas manos y le da un beso en los labios. Aunque Matt cree notar cierta malicia en ese gesto cuando sus ojos color esmeralda se encuentran con los zafiros del otro.
—No te preocupes...— le asegura en un susurro. Se supone que no debe decir nada, Elle se lo pidió porque no quiere generar más desacuerdos con su hermano pero es incapaz de soportar la carita intranquila de Near, así que cede... —Está en el hospital... con Light...
Near sonríe ante la noticia, le parece tan romántico, su joven e ingenua mente no concibe la idea de tener relaciones sexuales con una persona que no amas. Sin embargo la reacción de Beyond es muy distinta, luce molesto y no es para menos, para él Light es un oportunista y Elle un idiota, y está a punto de exteriorizar lo que piensa pero Matt, quien ha notado su semblante, interviene.
—¿¡Por qué no regresamos todos a dormir!?— interrumpe juntando las manos.
—Matt tiene razón— secunda Mello a fin de impedir cualquier comentario desagradable por parte de Beyond. Él tampoco está de acuerdo con las acciones de Elle pero todavía está somnoliento como para discutir al respecto —. Aún es muy temprano— agrega.
Sin embargo Near menea la cabeza, su preocupación no es lo único que lo tiene despierto a tan temprana hora de la mañana.
—Debo ir a trabajar.
—Pero hoy nuestro turno empieza a las diez de la mañana— Mello frunce el entrecejo, como queriendo recordar si su jefe les cambió el horario para esa semana.
—Tengo horas extras— sonríe mordiéndose los labios. Nota que el rubio luce confundido pero no puede explicarle nada o arruinaría la sorpresa —. Debo apurarme o llegaré tarde— y con esa excusa regresa a su habitación, lo hace rápido porque se conoce, sabe que está tan emocionado que terminará revelando su pequeño secreto si Mello lo cuestiona.
Mihael no es el único que parece desconcertado, a Beyond también le causa curiosidad esa sonrisa y sonrojo que Near mostró antes de irse corriendo hacia el pasillo. Sin embargo Matt no está sorprendido, él conoce lo que Nate trama, se lo contó hace tres días cuando le pidió algunos consejos. Solo espera que Mello no lo arruine.
oOo
Hay un lejano repiqueteo retumbando en su cabeza; «Bip... bip... bip...» es un sonido rítmico, casi hipnótico pero desconocido, y esto último lo obliga a entreabrir los ojos. Hay una difusa silueta frente a él, mueve un poco la cabeza y se alarma; el último recuerdo guardado en su memoria llega de repente, él caminando en las cercanías de la institución Daikoku, y ahora... ¿qué pasó?, se pregunta mientras intenta ponerse de pie sin ser consciente de su situación, sin embargo su cuerpo se niega a reaccionar.
—¿Dónde estoy...?— susurra más para sí mismo, mientras enfoca con sus ojos un objeto que está en una esquina, el cual poco a poco toma una forma definida.
—Al fin despiertas.
Como acto reflejo y tras sentarse de forma abrupta, gira su rostro hacia el lado izquierdo, hacia el origen de aquella voz ya conocida, encontrándose a un desaliñado Elle Lawliet con una sonrisa en los labios.
—¿Me fui al infierno...?— murmura confundido con sus ojos completamente abiertos.
La sonrisa se borra del perfilado rostro de Elle antes de mascullar un «muy gracioso, Light...» apenas audible. Sin embargo una parte de él presiente que dicho comentario fue más una reacción automática instalada dentro de esa cabeza tupida de cabellos castaños, lo supone porque de otra forma el odio casi injustificado hacia su persona hubiese continuado, pero simplemente pareciera como si su presencia hubiese dejado de ser importante.
Light pasea la mirada por la habitación; las paredes blancas, pulcras y ese aroma a aséptico lo hacen volver la vista hacia sí mismo. Se agita, su uniforme escolar ha sido reemplazado por una bata celeste y su pecho se encuentra semidescubierto, lleno de electrodos.
—Te desmayaste, ¿lo recuerdas...?— pregunta con suavidad, intentando llamar su atención sin ser brusco. Light voltea hacia él y nota que esos aturdidos ojos color miel ahora también lucen angustiados luego de sus palabras.
«Bien, Elle. Bien» se reprocha mentalmente mientras acomoda sus gafas oscuras, pensando en cómo explicarle lo que sucede.
—¿Qué...? ¿Me m-me des...
—Intenta calmarte, ¿sí?— lo interrumpe a la vez que se encorva un poco y le enmarca el rostro con ambas manos. Sus narices casi se rozan y Light no hace nada para impedirlo, lo que para Elle significa que realmente está abrumado. —Luego te explico, pero antes...— aún sujetándole el rostro, lo hace girar hacia la derecha, donde su progenitora duerme sobre un mullido sofá.
—¿Mamá...?
Todo dentro de su cabeza se vuelve un caos; Elle Lawliet y su madre están en la misma habitación, él se desmayó cerca de su colegio, ¿y si sus amigos ya se enteraron?, ¿y si en este momento Misa y Teru se encuentran diciéndole a los otros de su... de su penosa situación? Jadea nervioso y un sudor frío se le acumula en la nuca... ¿y si Lawliet ya le dijo a su madre de que él... que él...
—Ella piensa que somos amigos— dice, como si hubiese sido capaz de leer la incertidumbre en aquellas facciones —. Nos conocimos porque yo llegué a dar una charla a tu escuela sobre mi trabajo e intercambiamos teléfonos— agrega porque es necesario. Sabe que la señora Yagami preguntará al respecto, ya sea ahí o en su casa cuando esté más cómoda para indagar en las relaciones que su hijo tiene con "personas mayores" como ella le llamó —. Obviamente tú quedaste tan deslumbrado que no podías dejarme ir sin pedirme mi número.
Lo último lo añade para mermar la tensión en el ambiente, y parece dar resultados; Light medio sonríe, aunque realmente no está seguro si es una sonrisa pero se conforma con verlo más tranquilo.
—Podrías haber inventado una excusa mejor— dice volviendo el rostro hacia él. Esas palabras salen por sí solas, como si tuviese un chip instalado que le ordena agredir a Lawliet cada vez que puede, sin embargo no hay malicia ni brusquedad en ellas—. ¿Por qué los lentes...?
Lawliet se endereza un poco a la vez que se acomoda los mismos. Entreabre los labios pero vuelve a cerrarlos, no considera conveniente hablar sobre lo sucedido el viernes, al menos no en estos momentos. Sin embargo su lucha interna dura poco, para suerte de ambos alguien llama a la puerta antes de abrirla.
Una sonriente enfermera de cabellos rojos recogidos en un moño tras su pequeña cofia cruza el umbral empujando un carrito de acero.
—Buenas días. Te he traído el desayuno— con la misma sonrisa se detiene a un costado de la cama y presiona un botón situado en el respaldar para reclinar el colchón, acto seguido se dirige hacia la mesa auxiliar con ruedas que está debajo del televisor y la trae consigo —. Tienes el sueño pesado, ni siquiera sentiste cuando vinimos a retirar el suero— continúa de forma amable mientras coloca la mesa a un costado. La bandeja se sostiene por una pieza de acero ubicada en tan solo uno de sus extremos, dejando el otro libre para poderla acomodar sobre las piernas del paciente.
Lo hace todo con cuidado, no quiere despertar a la mujer que aún duerme sobre el sofá, pero el cloche que cubre el plato resbala de sus manos y éste hace un estridente sonido al caer al suelo.
—¡Lo siento, lo siento!— dice con premura a la vez que se agacha y toma el cloche para que éste deje de oscilar escandalosamente sobre la cerámica.
Sin embargo el ruido hace eco en los oídos de Sachiko y ésta parpadea con pereza.
—¡Lo siento, lo siento mucho!— repite avergonzada, sin esa sonrisa que decoraba su rostro hasta hace un momento.
Sachiko la ve, apenas una silueta carente de facciones, y su voz es lejana, casi distorsionada. Le toma unos segundos que sus sentidos reaccionen, no reconoce el lugar al instante, pero casi salta fuera del sofá al recordarlo.
—¿¡Qué hora es!?— pregunta alarmada mientras se pasa las manos por el rostro para despabilarse más rápido.
—De verdad lo lamento— continúa la enfermera, como si para ella fuera muy importante que cada persona dentro de esa habitación acepte sus disculpas.
—Solo fue un accidente— insiste Light con una amabilidad y sonrisa que sorprende a uno de los presentes. Ya lo había dicho antes pero parece que sus palabras fueron inaudibles para la azorada mujer.
La enfermera medio asiente y cabizbaja coloca el plato sobre la bandeja.
—Si necesitan algo más pueden llamar a recepción— sonríe un poco, es importante mostrarse siempre dispuesta a ayudar. Les dice que el doctor vendrá después, luego se despide, no sin antes decir una vez más, en un tono más bajo, que siente mucho el alboroto.
Tan pronto la puerta corrediza se cierra, Sachiko se pone de pie y con lágrimas en los ojos se acerca a la cama. Lo recuerda todo. Siente su corazón vibrar emocionado pero a la vez lleno de angustia al ver a su Light vestido con esa triste bata; una angustia que disminuye al envolverlo en un abrazo.
—Estaba tan preocupada...— solloza hundiendo su rostro en los castaños cabellos de su hijo.
Light corresponde al abrazo y llena de besos la mejilla que tiene a su alcance mientras le asegura que ya se siente bien, que seguramente solo fue porque no ha comido bien estos días a causa del estrés que le provocan los exámenes, pero que ya va a comer mejor y que lamenta haberla preocupado.
Lawliet se aparta a una de las esquinas, al lado del televisor hay un sofá reclinable en el cual toma asiento, sin perder detalle de la escena frente a él. Le parece adorable pero a la vez se ve invadido por ideas y sentimientos que eran comunes cuando era niño, esa necesidad de saber cómo sería tener unos padres que se preocupan por ti y te preparan tu platillo favorito. «Nunca te hizo falta nada, Elle» se reprocha mientras menea la cabeza para deshacerse de esas ideas.
Sachiko se endereza y se limpia las mejillas a la vez que forma una mueca con los labios, lo más parecido a una sonrisa que puede.
—Debes comer...— dice con voz débil mientras le acerca un poco más la bandeja.
Light asiente y con una leve sonrisa regresa su mirada al frente, al plato hondo con avena caliente. Con la punta de la cuchara toma tan solo una pequeña cantidad y la lleva hasta sus labios para saborearla. Nunca ha sido fanático de la avena, aunque los únicos recuerdos que tiene de ella es cuando era un niño, y de niño se suele odiar todo lo que se considera saludable. Sin embargo no le desagrada el sabor de ésta, piensa que es porque tiene hambre y con hambre todo sabe mejor.
—Tiene un sabor raro— dice relamiéndose con disgusto el labio superior —. No sabe como a la que tú hacías, mamá. Pruébala— hunde la cuchara en la avena y toma una buena cantidad antes de llevarla hasta los labios de su madre.
Con el entrecejo levemente fruncido, Sachiko degusta despacio, como queriendo encontrar el extraño sabor que le desagrada a su hijo.
—Para mí está bien. Quizá es la leche que usan en los hospitales.
—No lo sé...
Light toma un poco más con la cuchara pero el resultado es el mismo, así que vuelve a pedirle a su madre que pruebe de nuevo. Sachiko concluye que es debido a que tiene poca azúcar, la avena está algo simple aunque le parece que su hijo exagera, tampoco es como que tenga mal sabor debido a ello.
Desde su asiento, Lawliet cree deducir lo que sucede. Agradece el haber decidido no regresar a casa, aún viste el mismo traje del día anterior y la espalda y cuello le duelen por haber dormido en un sofá, pero la sensación de descubrir a un Light tan diferente del que conoce es gratificante. No ha perdido detalle de nada; lo ha visto sonreír, lo ha escuchado hablar con un tono de voz que le parece dulce y ha notado como los ojos le brillan cuando ve a su madre. Es por ello que se percata de lo que realmente ocurre frente a él; mientras que Light apenas prueba la comida, Sachiko acepta una tras otra las cucharas colmadas de avena que su hijo le brinda. La acción se repite tantas veces que Elle duda mucho que no sea intencional.
—Señora Yagami, ¿le gustaría acompañarme a la cafetería y desayunamos juntos? Ninguno de los dos ha comido nada desde ayer— interrumpe a la vez que se levanta.
Le parece tierno que Light se preocupe por su madre, pero el que se desmayó en medio de la calle fue él, no ella.
Sachiko asiente y le da a Light un beso en la frente mientras le pide que se coma todo y le asegura que volverá pronto. Supone que comer ahí tiene un precio, pero ahora que Light ha despertado se siente más calmada y le gustaría tener una charla con ese tal Elle para conocerlo.
—Le llamaré a Liam, él quería venir a visitarte.
Light no puede fingir que esa noticia le agrada, su sonrisa desaparece al instante. Lo único que sabe es que Liam acaparará toda la atención de su madre una vez que llegue y no quiere eso.
Por otro lado Lawliet, ante la emoción de conocer un nuevo miembro de la familia Yagami, no se percata del semblante molesto de Light.
—¿Su esposo?— pregunta con una sonrisa.
—Solo un hombre que vive en nuestra casa— interrumpe el castaño al instante.
La hostilidad en esa respuesta hace que Elle se muerda el labio en un acto reflejo, como avergonzado de sus palabras. La reacción de Light lo lleva a deducir que la señora Yagami es divorciada, algo bastante común en la actualidad, aunque tampoco está seguro, lo que sí es un hecho es que se arrepiente de haber abierto la boca.
—Es mi novio...— añade Sachiko apenas audible luego de unos segundos.
Lawliet medio sonríe pero no quiere arriesgarse a hacer otro comentario fuera de lugar, en cambio desenreda un poco su cabello con los dedos de su mano derecha, como queriendo disimular lo incómodo y mal que se siente de haber roto esa buena vibra que envolvía a Light hasta hace unos segundos, luego se acomoda los lentes y dice que se va a adelantar, quiere ver que hay de bueno en la cafetería. Sin embargo Sachiko se aproxima, Liam no tardará mucho y prefiere que lo espere en la entrada del hospital antes de ir a desayunar.
—Volvemos pronto— promete ansiosa, como cuando le dices a un niño pequeño que volverás con el mejor regalo para él.
Y es que para Sachiko es así. Ella está segura de que su hijo aprecia una figura paterna en casa luego de que Soichiro los abandonara. Ella se ha convencido que todo lo hace por Light, no se percata de lo dependiente que es de esos hombres pasajeros por temor a estar sola. Ella no sabe lo que realmente provoca.
Tan pronto la puerta se cierra, Light aparta la bandeja. No tiene hambre, ya no.
Para él es sencillo, su madre lo dejo ahí para irse con un hombre. Exagera, pero es un adolescente que en vez de ser la prioridad más importante de su progenitora, es la última, o al menos así lo siente él.
Se recuesta en el colchón, se cubre con las sábanas y aprieta los ojos. El saberse solo en esa habitación le molesta y por ello quiere dejar la mente en blanco, deshacerse de recuerdos que debido a las circunstancias comienzan a apilarse y adherirse a las paredes de su cráneo, uno tras otro haciendo ruido en su cabeza. Hay un recuerdo en particular que detesta, pero que inconscientemente siempre sale a flote cuando se sumerge en la desesperación.
A los catorce años la vecina del piso de arriba lo llevó al hospital luego de haberse pasado toda la tarde vomitando, su madre se suponía que llegaría después, luego de arreglarse un poco pero nunca lo hizo. En cambio se quedo bebiendo, ni siquiera tuvieron que decírselo, se la imaginó llorando mientras las botellas se acababan una a una, como lo hacía cada vez que caía enfermo. Pasó la noche solo en un oscuro pasillo, en una cama realmente angosta y rodeado de otras veinte personas, lo único que lo separaba de ellas eran unas cortinas de tela blanca. No era la primera vez que le tocaba presenciarlo, pero esa noche murió un hombre, los pasos apresurados de doctores y enfermeras no hacían más que llenar de pánico a los demás pacientes. Escuchó a una señora llorar, sus hijos no habían ido a visitarla desde que llegó ahí y no quería morir sin verlos. Los lamentos y plegarias llenaron de agonía el lugar y las enfermeras carecían de empatía para manejar la situación. Supo que su vecina era una anciana porque pudo escuchar su carrasposa y temblorosa voz diciéndole a una enfermera que sin querer había mojado la cama, la respuesta de ella fue un gruñido junto a un «pues tendrá que dormir con las sábanas mojadas hasta que amanezca y la señora de la limpieza las cambie». Cuando fue su turno, la misma enfermera corrió un poco la cortina, él también estuvo a punto de orinarse encima pero se contuvo, aunque no pudo controlar los involuntarios espasmos de su cuerpo. La mujer ni siquiera lo miró al decirle que la muerte era natural, sin ninguna pizca de respeto para el hombre que acababa de fallecer a tan solo a unas camas de distancia. Las lágrimas se acumularon en sus ojos color miel ante la indiferencia y solo atinó a preguntar por su madre, seguido de un «quiero a mi mamá»; se sintió como un niño, uno que realmente necesitaba del amor de su progenitora, pero ni siquiera recibió respuesta, la enfermera simplemente pasó al siguiente paciente como si nada. Esa noche no durmió, se la pasó acurrucado, llorando y llenándose de miedo con los alaridos de una mujer que ya no soportaba el dolor.
El recuerdo de esa mujer, sus gritos haciendo eco en sus oídos lo hacen abrir los ojos y menear la cabeza, como si eso fuese suficiente para deshacerse del desasosiego que lo invade. Respira agitado y el sudor baja copiosamente desde sus sienes, necesita calmarse. «Solo debo caminar un poco» piensa y retira la sábana que cubre sus piernas, se pone de pie, pero antes de dar un tan solo paso recuerda que tiene esas cosas pegadas al pecho y si se las quita tendrá que inventar una excusa realmente buena que justifique el porqué no llamó a recepción teniendo un teléfono a la mano, sobre todo una excusa que no genere más preguntas, porque a la última persona a quien quiere darle explicaciones es a Elle Lawliet; sin embargo en ese momento su mente es incapaz de pensar en una, así que vuelve a la cama.
Es entonces que nota un control remoto en la mesita de al lado, quizá ver alguna película le ayudará a despejar la mente. Pero sus planes de distraerse con la televisión pasan a segundo plano cuando la puerta se abre de nuevo, en esta ocasión de forma brusca, haciéndolo dar un respingo antes de ladear el rostro en dirección a la entrada, encontrándose a Misa debajo del umbral.
—¡Liiight!
La voz chillona de la chica invade la habitación y también sus oídos. Y como si la presencia de ella no fuese lo suficientemente mala, Teru aparece unos segundos después detrás de ella, sujetando con una mano el asa de su mochila por sobre un hombro.
Misa corre y se lanza hacia un pálido Light. El castaño siente los brazos de su amiga rodeándole el cuello, pero es incapaz de responder al abrazo. El aire vuelve a faltarle y se siente aturdido, no sabe cómo puede tener tanta mala suerte, ni como su cuerpo soporta tanto, no termina de salir de una crisis cuando ya lo somete a otra.
—Sigo pensando que esto es mala idea— comenta Teru al entrar a la habitación. Light siente que sus signos vitales descienden drásticamente; solo puede pensar en su madre, en lo malo que sería si apareciera en ese momento —. ¡Vamos a llegar tarde a clases!
—Ay, Teru. ¿Ya viste la hora? Ya es tarde.
—¿Qué... qué hacen aquí?— tartamudea. Intenta calmarse, pero le tiemblan hasta los dedos de los pies.
—¿Cómo que qué?— cuestiona Misa llevándose ambas manos a la cintura, fingiendo molestia —¡Visitarte, obviamente!
—Sí— secunda Mikami y entrecierra los ojos al notarlo agitado —¿Por qué tan nervioso?— se acerca hasta quedar al lado de Misa y se cruza de brazos.
—¡No...! No... es qu-que ustedes deberían es-estar en clases— su voz suena débil en contra de su voluntad pero intenta sonreír. Le incomoda la forma en la que Teru lo ve, es como si supiera que esconde algo y quiere descubrirlo, o quizá solo está siendo paranoico.
—¡Pero estábamos muy preocupados!— Misa mueve los brazos al hablar como es usual en ella—. Ayer te envié un mensaje, necesitaba el temario del examen de hoy pero no contestaste, así que le llame a tu novio...
—¿Le llamaste a Elle...?— pregunta confundido. ¿¡Entonces ese idiota les dijo dónde estaba!?
—Sí, bueno, es Elle Lawliet, fácilmente encuentras su número en internet— se encoge de hombros y juega con un mechón de su dorado cabello para restarle importancia.
—¿Por qué te desmayaste?— antes de que Misa continúe, Teru interrumpe con un tono de voz más serio aunque no por ello menos interesado.
Light inspira hondo, el doctor aún no ha hablado con él y su madre tampoco le ha dicho qué sucedió. Aunque realmente no necesita un doctor para saberlo.
—Estaba tan preocupado por los exámenes que dormía y comía poco— dice luego de unos segundos, esperando que eso sea suficiente.
—¿Y aún así no te cuidas?— continúa el chico de cabellos negros con el mismo semblante apacible.
No es necesario que señale el plato, Light sabe que habla de la avena que dejó hace un momento. Teru parece molesto pero no lo está, eso también lo sabe sin que el otro se lo diga, supone que está tenso porque saltarse clases lo puede meter en problemas, pero si decidió hacerlo es porque al igual que Misa estaba preocupado y eso de alguna forma lo reconforta.
—Lo que sucede es que estaba caliente cuando la trajeron— explica al mismo tiempo que vuelve a acercar la bandeja —, esperaba que se enfriara para poderla comer.
—¿Seguro?— pregunta Misa—. Dicen que la comida de los hospitales es horrible, si quieres podemos ir a comprarte algo a la cafetería...
—¡No!— interrumpe agitando las manos. Es el único monosílabo que sale de su boca porque luego se paraliza, su extraña reacción sonsacó un respingo en los presentes y está seguro que en este momento alguno de los dos está pensando en preguntar al respecto—. Es decir...— carraspea la garganta e inconscientemente se rasca la coronilla como lo hace cuando está nervioso —, supongo que la comida que nos traen sale de esa cafetería, ¿no?
—No lo sé, podemos ir a preguntar— Misa se encoge de hombros para restarle importancia y Teru asiente en señal de apoyo; unos minutos más no harán diferencia si ya perdieron la primera clase, solo deben intentar llegar a tiempo para la segunda.
Light fuerza una sonrisa mientras intenta no reaccionar como hace unos segundos.
—Que amables...— dice casi entre dientes, siente la mandíbula tan tensa que le es difícil hablar con normalidad —, pe-pero lo mejor será que vayan a clases... no quisiera que se me-metieran en problemas por mi culpa.
—Debes comer— esta vez es Misa quien asiente dando la razón a Mikami —. Sabes que tienes que pagar por cada examen extraordinario, mejor recupérate pronto y usamos ese dinero en algo mejor— sonríe por primera vez desde que entró a la habitación. Justamente hablaba hace unos días con Light sobre unos audífonos inalámbricos que encontró en internet.
—¡Podemos ir de compras!— farfulla Misa tras dar un brinquito y juntar las manos—. Vi un bolso de Roberto Cavalli que está DI-VI-NO
—Hablaba de compras más masculinas— Teru no se inmuta ante la repentina reacción de ella, en cambio se acomoda los lentes con tranquilidad antes de añadir —. Y prefiero a Karl Lagerfeld.
Ambos muchachos empiezan una pequeña discusión sobre qué diseñador es más influyente, y a Light no puede importarle menos. Necesita que se vayan ya.
—¡Chicos!— eleva la voz para captar la atención de ambos y lo logra sin mucho esfuerzo.
Misa y Teru guardan silencio al instante y dirigen sus miradas a él. Se les ve expectantes, pero Light no encuentra las palabras correctas. Empuña las manos sobre las sábanas blancas y abre la boca pero las palabras no salen, es como si algo estuviera oprimiendo su garganta de repente.
—¿Estás bien...?— pregunta Misa con notable preocupación en su voz.
La chica da un par de pasos y lleva una mano hasta la mejilla de su amigo en busca de fiebre. Teru también reacciona, rodea la cama y toma el teléfono fijo que está sobre la mesita, convencido de que la presencia de una enfermera es necesaria porque Light ha comenzado a sudar y se ha puesto pálido de la nada, eso no puede ser normal aunque el castaño insista que está bien.
Pero Teru no llega a presionar el número dos tal y como se lo indica la operadora si desea comunicarse a recepción, en cambio la puerta se abre y pensando que es una enfermera, cuelga el teléfono. Para Light sin embargo, el mundo se le viene encima.
—Bebé, ¿quieres que te traigamos algo más para comer?— pregunta Sachiko, pero detiene sus pasos al notar la presencia de otras personas en la habitación.
Las miradas se enfocan en la mujer recién llegada pero ninguno dice nada, así como nadie nota que los ojos de Light ahora lucen aguanosos, sus iris perdiendo el brillo porque sus esfuerzos de mantener una mentira durante los últimos años fueron en vano.
Sin embargo Sachiko sonríe, unos segundos le bastan para deducir lo que ocurre al reconocer el uniforme, ¡deben ser amigos de su hijo!, pero antes de que pueda saludar, alguien la sujeta del brazo y la hace regresar sus pasos.
—Se nos olvidó algo— dice Liam detrás de ella, aun sujetándola la jala consigo y la saca de la habitación, no sin antes echar un último vistazo al enrojecido y mortificado rostro de Light—. Lamentamos la interrupción— continúa desde el umbral, asomando solamente la cabeza y, esperando que Sachiko no lo escuche, añade con un tono más bajo—. Nos equivocamos de habitación.
Cuando los menesterosos personajes desaparecen, Misa suelta una risilla maliciosa, seguido de un «seguramente buscaban el cuarto de servicio». Light se encoge en la cama y se aferra a las sábanas, incapaz de decir algo. Se siente empequeñecido ante la sonrisa burlesca de ella y el rostro asqueado de Teru, sabe que tendrían la misma reacción si supieran que vive en un lugar donde muchas personas cada noche se van a la cama con hambre, si supieran que la mujer de hace unos momentos era su madre.
—¿La viste? Se veía sucia. No creo que trabaje aquí.
El comentario de Teru provoca que Light suelte un suspiro lleno de angustia pero se mantiene callado. Debería defenderla, mandar a volar a esos dos pero no puede, su garganta está comprimida al punto que hasta respirar le cuesta, y tampoco quiere, no quiere perder ese falso estatus que ha construido por su cuenta, no quiere perder ese mundo donde soñar no es perder el tiempo.
—Lamento tener que ser el aguafiestas— interrumpe Elle al cruzar el umbral —, pero Light debe descansar.
Había visto todo desde afuera de la habitación, él iba detrás de Sachiko y Liam, pero gracias a éste último decidió mantenerse como un simple espectador; su reacción fue demasiado obvia, los amigos de Light no debían saber quiénes eran ellos, así que Elle decidió esperar un poco, porque hubiese sido muy sospechoso entrar justo luego de que ellos partieron.
Ninguno de los presentes se opone, de todas formas ambos tienen que estar en el colegio antes de las nueve. Misa se despide con un beso en la mejilla y Teru lo hace con un choque de palmas y puños, seguido de una pequeña pelea de pulgares, más masculino según ellos, más idiota según Misa.
Elle los acompaña y Light no duda en cubrirse con las cobijas una vez que la puerta se cierra. Sentado en el colchón y con las sábanas encima, abraza sus piernas y hunde el rostro entre las rodillas; le es difícil procesar lo que acaba de ocurrir, no solo negó a su madre sino que también permitió que hablaran de ella como si fuese menos humana por su aspecto, y todo por no querer perder la ilusión en la que vive ocho horas al día; fue tan egoísta.
—Light...— llama con suavidad el de cabellos negros. De pie al lado de la cama, lleva una mano hasta donde supone está la espalda de Light y la acaricia un poco sobre las sábanas.
—Es tu culpa...— masculla agitado. Necesita dirigir sus reproches a alguien más para sentirse mejor consigo mismo, para convencerse de que nada de esto hubiese ocurrido si no fuera por Elle—.Tú no tenías que decirles dónde estaba. ¿Por qué te sigues metiendo en mi vida?
Hay silencio, jamás fue su intención que esto pasara. Nunca pensó en Light como alguien nacido en el seno de una familia acaudalada, lo supo desde que lo vio confundir los cubiertos en la mesa, o quizá desde antes, como la primera vez que percibió la imitación de Giorgio Armani que utiliza como perfume, pero su intuición nunca bajó más allá de la clase media.
—Quizá si me hubieses hablado sobre tu vida... — intenta defenderse con cierta timidez, pero se arrepiente al instante.
—¿¡Hablarte de mi vida!?— Vocifera Light con un tono burlesco a la vez que de forma abrupta se retira las cobijas de la cabeza—. ¿¡Para qué!? ¿¡Para que te burlaras como ellos!?— Sus entrecerrados ojos color miel se clavan en los oscuros orbes del otro, quien no parece alterarse ante su reacción—. Tú solo eras un cliente más, nuestro trato no incluía conocernos.
Elle no responde a sus provocaciones, sabe que no obtendrá nada bueno si se pone a discutir con él en este momento, podrían pasarse la mañana buscando un culpable y de igual manera terminaría perdiendo. En cambio suspira, siempre ha sido alguien que sabe guardar silencio y ordenar sus ideas antes de hablar.
—Entonces te propongo otro trato— ofrece sin prisa luego de unos segundos.
—¿Qué... ?— jadea y parpadea confundido ante la serenidad reflejada en el rostro del otro.
—Lo que oíste— repite con mayor seguridad a la vez que flexiona una pierna para sentarse de lado en la orilla del colchón —. Te propongo otro trato... uno que incluya conocernos— y al decir lo último, sujeta la mano de un desorientado Light.
