16. No Te Enamores

Dos semanas han pasado y Light, quien se prometió una y mil veces que no lo buscaría, está de pie frente al penthouse de Elle Lawliet, con la mirada fija en el número 69 de color dorado.

Tiene puesta una camisa sin mangas de color negro con un pronunciado escote en V, lleva también una ajustada gargantilla del mismo color con una pequeña hebilla de metal en el medio, los pantalones vaqueros son entallados y rasgados a la altura de las rodillas, unas zapatillas blancas complementan su atuendo, el cual ha cubierto con un largo abrigo de tonalidades grisáceas, y como accesorio dos enormes ojeras.

La noche anterior, muy cerca de la medianoche, se escucharon disparos, no es extraño que al menos una vez al mes hayan redadas y que éstas terminen en tiroteos, pero Liam no regresó en toda la noche y su madre no paraba de llorar creyendo que le había pasado algo, lo cual era muy probable tomando en cuenta que trabaja para Ushio, el cabecilla de lo que ahora ya es considerado por las autoridades delincuencia organizada y no una inofensiva pandilla de muchachitos vagos. Light, aunque no lo admita, estaba preocupado al igual que su madre, porque saben lo que son capaces de hacer. Faltó a clases por buscarlo en los alrededores, y siempre sostendrá que solamente lo hizo porque le debía una, porque Liam le cubrió las espaldas cuando estuvo en el hospital, nada más por eso. Escuchó rumores al andar, dos hombres habían muerto, uno regresaba de su trabajo y fue alcanzado por una bala, el otro era un secuaz de Ushio, y de nuevo, aunque nunca lo admitiría, esperaba que Liam no fuese ninguno de ellos. Sin embargo sus preocupaciones fueron en vano, lo encontró a dos cuadras tirado en la cuneta y con una botella en la mano. Decir que se sintió decepcionado es poco, quiso dejarlo ahí, regresar a casa y decir que no lo había encontrado, pero no pudo, lo llevó consigo y lo acostó boca abajo en la cama, le dejó una botella con agua y una cubeta cerca por si la necesitaba; aún en su ebriedad, Liam le pidió perdón y mientras le quitaba los zapatos le prometió que no lo volverá a hacer, como si esas palabras no las hubiera escuchado antes.

¿Pero tener un par de días malos es excusa suficiente para estar dónde está? ¿Para buscar a esa persona de la que ya había logrado deshacerse?

Así como se convenció de que no corrió a Liam de su casa porque se sentía en deuda con él, también se convenció de que buscar a Elle era lo mejor, que la propuesta de hace dos semanas no era tan descabellada si lo piensa bien...

Lo que oíste— repitió con mayor seguridad mientras tomaba asiento de lado en la orilla del colchón —. Te propongo otro trato... uno que incluya conocernos.

¿Y yo por qué querría conocerte?— preguntó con el entrecejo fruncido y cierta desconfianza en su voz. Estaba tan abrumado que no retiró la mano, pese a que sentía los dedos del otro enredarse entre los suyos.

Porque te conviene— su respuesta fue seca, sin rodeos —. ¿Has escuchado de las escorts?

¿Damas de compañía?— alzó una ceja confundido y Elle asintió.

En el ámbito que me desenvuelvo, es normal que hombres influyentes sean acompañados por hermosas mujeres en los eventos sociales, yo mismo he recurrido a los servicios de algunas de ellas, y también de hombres— añadió, su bisexualidad no era algo oculto para los medios —. Tú pagas por estar acompañado de una cara bonita y agradable presencia durante un evento lleno de personas importantes.

¿Y por qué me dices esto?— interrumpió a la vez que apartaba la mano luego de percatarse que Elle hacía círculos sobre sus dedos con el pulgar.

¿En serio no sabes el porqué?— soltó una risilla acercándose un poco, hasta que su rostro y el de Light quedaron a escasos centímetros y continuó—. Quiero contratarte como mi acompañante oficial.

¿Por qué harías eso?— soltó al instante, con el entrecejo fruncido y ojos perspicaces, queriendo descubrir cada posible detalle que estuviese oculto en aquellas palabras. Sin embargo también recordó algo importante, el asunto pendiente entre él y Lawliet—. Además, ¡yo aún te debo!

Te absuelvo de esa deuda— se encogió de hombros y se puso de pie antes de continuar —. ¿Qué por qué lo hago? Fácil, para mi elegir un acompañante es una inversión de tiempo y dinero, muchas veces no me quedo conforme solo con ver los perfiles que las agencias me envían y debo citar a los que más me interesan para poder decidir si alguno de ellos es lo que ando buscando— inspiró hondo y se llevó ambas manos a los bolsillos, manteniendo un semblante apacible —. Sin ánimos de ofender, tú no eres un escort de lujo, no te pagaría como a uno, pero creo que los dos podríamos salir ganando; tienes un mal carácter pero creo que puedes controlarlo— estuvo a punto de decir que estaba casi seguro que toda esa hostilidad hacia su persona era fingida la mayor parte del tiempo, porque con Sachiko la historia parecía ser diferente, pero no quiso arriesgarse a tanto —. Si aceptas, yo podré evitarme todo ese tedioso papeleo al solicitar los servicios de alguien en una agencia y, si bien no pienso pagarte tanto, te pagaré mucho más de lo que actualmente cobras.

Light escuchaba atento, ignorando que una enorme sonrisa se había formado en su rostro desde hacía unos minutos, a partir de que en su cabeza se comenzó a formar la idea de lo que implicaría aceptar esta nueva propuesta. Sí, prácticamente le estaba diciendo que sería un accesorio solamente, un hombre adinerado que quiere que lo vean acompañado de una cara bonita, pero también significaba estar con él en esos eventos lujosos a los que Misa y Teru siempre asisten con sus padres o en representación de ellos, rodearse de personas importantes y utilizar trajes de diseñadores reconocidos, porque claro, supuso que Elle Lawliet tendría que ocuparse también de su apariencia, llevarlo de compras y a la barbería... sin embargo salió de su juvenil sueño cuando escuchó que el otro carraspeó la garganta, como queriendo llamar su atención.

¿Escuchaste?— preguntó el de cabellos negros, ahora cruzado de brazos al pie de la cama.

¿El qué...?

Que todo trato lleva condiciones, en mi caso solo tengo una— hizo una breve pausa, solo hasta asegurarse que los ojos de Light estaban fijos en los suyos aun detrás de las gafas —. Si aceptas, pido exclusividad, no puedes acostarte con nadie más— soltó de una sola vez conteniendo la respiración. Y la respuesta no se hizo esperar.

¿¡Qué!?— farfulló y se enderezó inmediatamente, la única razón por la que no saltó fuera de la cama fue por los electrodos y porque de alguna manera aún se sentía débil—. ¡Por supuesto que no! ¡No puedes pedirme que...

¿No te da miedo?— interrumpió. Tuvo intenciones de quitarse las gafas para que el contacto visual fuese directo, pero no quería que la atención se desviara a sus aún irritados ojos, así que se los dejó y continuó—. ¿Sabes al peligro que te expones?, podrías contagiarte de algo o alguien podría obligarte a hacer algo que no quieres, hasta podrías...

¿No crees que ves muchas noticias?— dijo con semblante serio. Ciertamente ha conocido hombres a los que les gusta el sexo rudo, que le hablan bonito pero que al estar a solas es mejor ceder antes de que se pongan violentos; sabe lo que es ser penetrado de una sola estocada y con poco lubricante, chillar hasta quedarse sin voz y morderse el labio hasta sangrar; afortunadamente no han sido muchos pero siempre existe la posibilidad de toparse con alguno, sin embargo nunca le ha gustado pensar en ello.

No lo hago por ti, lo hago por mí— continuó Elle después de unos segundos, luego de darse cuenta que la única manera en la que alguien tan orgulloso y terco acepte es a través de la persuasión en lugar de mostrarse preocupado —. Si te ven conmigo, es posible que alguien se interese en tu vida, imagina cómo se vería mi reputación afectada si descubren que te paras en las esquinas todas las noches, tampoco creo que a ti te convenga.

La excusa de Elle parecía lógica, no obstante Light se mantuvo serio en todo momento, estudiando cada facción en el rostro del otro, porque algo no le encajaba, el repentino trato más bien parecía una forma de querer ayudarlo, ¿acaso sentía lástima por él?, y con esa idea en mente, tomó su decisión.

Pues mi respuesta es no, no acepto.

Elle soltó un suspiro, esperaba esa respuesta desde un principio, pero por un momento, cuando lo vio sonreír, llegó a pensar que realmente aceptaría.

Es tu decisión— se encogió de hombros para restarle importancia aunque realmente se sentía decepcionado —. Quedas absuelto de la deuda tal y como te dije antes, tampoco tienes que preocuparte por los gastos hospitalarios, corren por mi cuenta, y...— hizo una pausa para ordenar sus ideas, por supuesto que no pensaba obligarlo, pero quería dejar al menos una posibilidad abierta — si cambias de opinión, sabes dónde encontrarme.

En esas dos semanas ha pensado en Elle ocasionalmente, pero no por algo en especial, se convenció que era por cargo de consciencia ya que supone que las gafas del otro día eran por el gas pimienta que le lanzó, incluso algunas noches tuvo intenciones de llamarle para saber cómo estaba pero siempre desistió. Fue hasta hace unas horas que realmente consideró la propuesta de Lawliet, cuando platicando con su madre en la sala de su casa intentaba hacerle una trenza en el cabello. Siempre ha sabido que ella es la luz de su vida, la persona por la que sigue adelante sin importar cuán difícil sea, pero en ese momento de intimidad fue más consciente de lo poco que tiene para ofrecerle.

En un arrebato intrépido, armó su atuendo y salió de casa, sin embargo esa confianza fue disminuyendo mientras avanzaba, y desapareció completamente al estar de pie frente a esa puerta.

No le preocupa tener que tragarse su orgullo, solo debe convencer a Elle de que él siempre actuará por conveniencia y no por complacencia, y que él sabe muy bien lo que le conviene.

De alguna forma ignora que no es solamente el dinero de Lawliet lo que realmente busca, sino también lo que su presencia podría darle, el poder de tener una pequeña probadita de esa vida que ha venido fingiendo.

Lo ignora pero no completamente, sabe que hay algo más detrás de su decisión, lo intuye porque de otra manera no estaría tan nervioso. Sin embargo intenta calmarse, faltan diez para las siete según su reloj de muñeca, no quiere regresar tan noche a casa así que no puede perder más tiempo. Toca por fin y unos segundos pasan antes de que la puerta se abra.

—¿Light...?

Elle se queda de pie, sosteniendo el picaporte de la puerta con una mano y una cerveza con la otra. Había llegado del trabajo hace no más de una hora y a pesar de que aún es temprano, ya está en pijama, una holgada y vieja camisa blanca con un pantalón de seda, y sin zapatos, porque no hay nada mejor que andar descalzo luego de un largo día en la oficina, además tampoco esperaba recibir visitas esa noche.

—¿Quieres que sea en tu cama o en la sala?— pregunta a la vez que entra sin pedir permiso, golpeando suavemente con su hombro a Lawliet al pasar a su lado.

—¿Esto significa que aceptas?— aún confundido, cierra la puerta y gira, quedando ambos frente a frente.

—Sí, pero también tengo mis condiciones— no piensa dar explicaciones de por qué cambió de opinión, tiene la excusa perfecta por si el empresario pregunta, aunque espera que no lo haga —. Prefiero en tu cama— anuncia y voltea, retomando sus pasos en dirección a la habitación.

Elle lo sigue, los dos escalones de cerámica oscura que están frente a su recamara se sienten más helados bajo sus pies debido a la ansiedad que lo embarga. Está emocionado, se dice que es por la satisfacción de que alguien tan orgulloso haya aceptado, pero sabe, y no tiene problemas en aceptarlo, de que una parte de él está feliz de que ese alguien sea específicamente Light.

—No es necesario hacerlo para cerrar el trato— indica al verlo desabrochar los primeros botones de su abrigo. No lo esperaba esa noche, está cansado y su propuesta no incluía el sexo todo el tiempo, muchas veces nada más necesitará su compañía y es algo que desea que Light entienda.

El castaño detiene sus acciones y fija su mirada en Elle. A su edad, y con la vida sexual activa que lleva, es normal que a veces se masturbe mientras está en la ducha, imaginando que un hombre lo toca y lo besa por todas partes. Pero en esta ocasión, aparte de desearlo, consumar el acto es una necesidad para su ego. No le dejó un buen sabor de boca la vez que Elle se negó a continuar, percibió preocupación en sus acciones y eso no es correcto. Por eso necesita asegurarse de que Lawliet solamente lo ve como alguien a quien usará a su conveniencia, porque él solo lo ve como alguien de quien obtendrá dinero.

—Quiero hacerlo— afirma a la vez que camina en dirección al de cabellos negros, deteniéndose al estar frente a frente.

Elle guarda silencio luego de echar un vistazo a esos ojos color miel. Lo ve decidido y no cree que esté en posición de rechazarlo cuando ya es un logro el tan solo tenerlo ahí.

—¿Cuáles son tus condiciones?— y con esa pregunta, le hace saber que está dispuesto a continuar.

Light sonríe, como respuesta le arrebata la botella que aún sostiene en la mano y da la vuelta, «las bebidas alcohólicas están prohibidas cuando estés conmigo. No me gustan», le dice mientras camina hacia el buró, dejándola ahí.

Para Elle no es ningún problema, ciertamente se ha puesto hasta el culo en algunas noches de juerga junto a sus amigos, pero no cree tener un problema de alcoholismo, se considera más bien un adulto responsable, no bebe durante los días de semana salvo una copa o una botella de cerveza para relajarse luego de un día atareado, nada más.

—¿Algún otro requisito?— pregunta porque él también tiene un anuncio que darle.

Light voltea y lo ve cerca de la mesita de noche, buscando algo en su billetera. Aún tiene una condición más, pero se queda sin aliento al ver que Elle saca dos tarjetas, una dorada y otra roja.

—Abrí una caja de ahorro, te depositaré ahí cada pago— le explica a la vez que le extiende la tarjeta roja, luego le entrega la dorada —. Esta es de crédito, es una extensión tiene un límite pequeño, nada más doscientos dólares, utilízala solamente en caso de emergencia.

Que el límite de la tarjeta de crédito sea exactamente la cantidad que le robó, no es una coincidencia, al menos no lo es para Light, también le incomoda que Elle haya abierto una cuenta bancaria como si hubiese estado seguro de su regreso, sin embargo se reserva cualquier comentario porque teme tartamudear si dice algo al respecto.

—¿Puedo usar tu baño?— pregunta y haciendo un gesto con la mano, Elle lo invita a pasar.

Cierra la puerta despacio, se mantuvo sereno en todo momento, pero no puede evitar recargar su espalda contra la madera al saberse solo. Sonríe, coloca ambas tarjetas paralelas a su rostro, una en cada mano, su nombre en relieve se ve tan bonito en ellas. Adora la de color dorado, es tan brillante, tan perfecta, tan parecida a una que tiene Teru, ¡su primera tarjeta de crédito!, cierra los ojos e inconscientemente las estrecha contra su pecho mientras se imagina usándola. ¿En qué compartimiento de su billetera se verán mejor? ¿Colocarlas al frente sería muy presumido...?

—¡También te mandaré la receta del doctor porque supongo que la perdiste!— grita Lawliet desde afuera. Dentro del baño, Light da un respingo y las pobres tarjetas terminan en el suelo.

Con celular en mano, le manda por mensaje la fotografía que tomó al papel que le entregaron en el hospital, ese que tenía escrito el tratamiento y las indicaciones, porque está casi seguro que Light no ha comprado nada de lo que debería estar tomando, lo deduce porque de otra manera le hubiese respondido al instante, aunque realmente el motivo del silencio de Light es porque en ese momento está limpiando sus preciadas tarjetas a la vez que intenta recuperar el aliento luego de semejante susto.

Ansioso en la habitación, Lawliet camina de un lado a otro, ya no se siente cansado, en cambio un delicioso hormigueo recorre sus testículos y se extiende por su miembro. Piensa en qué posición debería adoptar, ¿acostarse en la cama?, ¿desnudarse por completo?, y sólo atina a retirarse la camisa mientras espera. Se pregunta si la emoción sería la misma si la persona que saliera por esa puerta fuese alguien distinto; ciertamente Light le atrae, tiene un cuerpo que le encanta, pero le preocupa que dicha fascinación sea por algo más allá de lo físico.

Sin embargo antes de poder continuar buscando una explicación a todas las sensaciones que invaden su cuerpo, la puerta se abre y su mandíbula cae inconscientemente al verlo salir sin el abrigo, con el cabello un poco despeinado y un atuendo que lo hace lucir aún más provocativo.

—Tengo una condición más— dice mientras se acerca despacio.

Elle está tan embelesado que tan solo asiente. Se siente aún más excitado al verlo caminar con esa sonrisa de alguien que sabe lo que provoca. Lleva dos semanas sin sexo, quizá más, no lo sabe y tampoco se lo pregunta pero no ha buscado a nadie más luego de lo que ocurrió con Light fuera del club. Ahora solo quiere tomarlo, lanzarlo a la cama y decirle que aceptará lo que quiera, pero se controla y lo escucha.

—No te enamores de mí— dice al estar frente a frente, viéndolo a los ojos.

Quizá su petición es pretenciosa, pero la realidad es que no considera que alguien pueda enamorarse de él, su vida es complicada y su actitud también. De hecho, de alguna manera, quien realmente le preocupa es él mismo, nunca se ha enamorado pero se conoce, su corazón no es tan duro como aparenta; ahora mostrarse débil o inseguro no es una opción.

—Está bien— contesta el de cabello negro a la vez que le sujeta la mano y lo guía a la cama—. El trato quedará anulado en el momento que alguno sienta cosas por el otro— y con ello, lo invita a que tome asiento pero Light se niega.

—Híncate— ordena con una sonrisa maliciosa.

Lawliet también sonríe, no lo hace al instante pero obedece, cae de rodillas y Light se sitúa frente a él, tan cerca que puede distinguir como la tela del pantalón se deforma sobre la entrepierna del castaño.

—Sírvete— continúa con ese tono de voz autoritario. Una de sus manos va hacia la cabeza de Elle, como invitándolo a continuar, piensa vengarse por cómo lo trato cuando recién se conocían.

Lawliet lo mira directo a los ojos mientras lleva sus manos al broche del pantalón, solo aparta la mirada y la dirige a su objetivo cuando con una de sus manos logra sacar la tibia y palpitante verga de Light. Está seguro que desde su posición debe verse bastante sumiso, y aunque la actitud dominante del otro le excita, no es algo que agrade a su ego.

—¿Piensas darme un aperitivo tan pequeño?— su comentario es más por una cuestión de hombría, el miembro de Light tiene buen tamaño y grosor. Aunque claro, y no es por alardear, sabe que la suya es más grande.

—¿Esto te parece pequeño?— brama afectado por la situación a la vez que menea las caderas, provocando que su órgano erecto choque contra las pálidas mejillas del otro, dejando un rastro de humedad en ellas.

Los dedos de Light desaparecen entre la abundante melena de cabellos negros y jala un poco de ellos hacia atrás, haciendo que sus miradas se encuentren al momento que el rostro de Lawliet se eleva; con su otra mano manipula su miembro y lo acerca, acaricia con su rojizo glande los delgados labios, los cuales Elle separa como si estuviese hipnotizado, pero Light no cede a su invitación, aún no, en cambio continúa esparciendo su virilidad sobre ellos.

Mientras tanto Lawliet se deja hacer, se siente hechizado por esa mirada lujuriosa. Aspira disimuladamente, impregnando sus fosas nasales de ese olor masculino que despide la perlada piel del castaño, como si de feromonas se tratara porque ciertamente ese intoxicante aroma está provocando que su propio miembro se estremezca emocionado, expectante y ansioso.

El glande se adentra y Lawliet lo recibe, apretándolo con los labios. Light suelta un gemido ronco y tiembla cuando la carnosa y húmeda lengua del otro recorre su longitud. Elle sabe lo que hace, se considera un experto y esta vez si es por alardear, pero ha hecho que incontables mujeres y hombres se corran en su boca, y Light no será la excepción.

La rapidez del vaivén aumenta en cuestión de minutos, las manos de Light continúan sumergidas entre aquella melena alborotada, sujetándolo, o más bien sujetándose. Light cree o quiere convencerse de que es él quien marca el ritmo, pero realmente es Elle quien controla sus movimientos desde que decidió sujetarle las caderas con ambas manos. La cabeza de Lawliet va y viene, engullendo todo a su paso, sorbiendo y lengüeteando de forma escandalosa, los lampiños testículos del castaño golpean su barbilla en cada movimiento y eso le excita, se sienten tan cargados, tan cálidos y suaves que solo desea saborear todo lo que guarda en ellos, y sabe que no falta mucho para que el orgasmo de Light llene su boca, cada vez gime más alto y los espasmos han comenzado a hacerse presentes. Lleva ambas manos hasta los redondos glúteos, los cuales manosea sin reparo, los aprieta y los jala hacia los extremos, le encanta arañar esa piel suave. Por un momento, retira la hombría de Light de su boca, lo hace despacio, sorbiendo todo el dulce líquido preseminal que puede y luego se dirige a los testículos, los acuna con la lengua y los succiona con su boca, mordisqueando un poco con los labios mientras sus manos continúan entreteniéndose con las voluminosas nalgas, las jala de nuevo y sus dos dedos grandes se dirigen al expuesto agujero, no lo penetra, tan solo tantea por encima, acaricia con su yema la pequeña entrada mientras hunde más su rostro en la juvenil entrepierna, aspirando sonoramente, queriendo absorber más de ese exquisito aroma a hombre entregado mientras con su lengua recorre de forma impaciente cada centímetro de piel que tiene a su alcance, como queriendo saborear hasta el más ínfimo rincón. Y esas lamidas junto al toqueteo incesante que recibe su retaguardia es más de lo que Light puede soportar.

—¡No...!— jadea con las pocas fuerzas que tiene a la vez que con sus manos separa a Elle.

Respira agitado, su pecho sube y baja, estuvo a punto de correrse, hubiese sido magnífico ver su semen cayendo desde las comisuras de los labios del otro, pero eso no es lo que fue a buscar. Si se vistió de esa forma es porque desea correrse sentado sobre la verga del empresario, así lo piensa en ese momento, quizá porque en esa posición se siente menos vulnerable, menos entregado y con más en control. Desea demostrarle lo que es capaz de hacer, que con cada movimiento sepa que todo lo ha aprendido de otros hombres y que él es solo uno más de la lista. Ignora que de cierta forma ese mensaje va también para él mismo y no solo para Elle.

Aún hincado con sus glúteos sobre los talones, Lawliet eleva el rostro, su barbilla está empapada con una combinación de saliva, sudor y líquido pre seminal.

—¿Por qué te...— intenta cuestionar, pero el otro lo interrumpe.

—A la cama— ordena, sin embargo su voz suena más necesitada que autoritaria.

Elle obedece, está tan ansioso que no se detiene a preguntar. Se acuesta de espaldas sobre el colchón y observa a Light despojarse de su ropa, quedando completamente desnudo, salvo por la ajustada gargantilla. «Joder...», piensa mientras se muerde el labio, no le importaría recorrer ese cuerpo con su lengua hasta quedarse seco.

Light lleva ambas manos hasta la parte superior de la única prenda que cubre la intimidad del Lawliet y lo despoja de ella, liberando el erecto miembro que choca contra el pálido abdomen debido al movimiento. Luego se hinca sobre el colchón, dejando las piernas del otro entre sus rodillas y toma el pequeño bote que minutos antes sacó de su pantalón y lanzó a la cama.

Elle se siente hipnotizado por esa mirada lasciva pero no pierde detalle del resto de su cuerpo; recorre con sus oscuros orbes el torso perlado, subiendo por el delicado cuello y deteniéndose en esos carnosos y húmedos labios... todo en él es hermoso, debe admitirlo. Lo ve alzar el bote y desde lo alto deja caer una abundante cantidad de lubricante, la transparente sustancia cubre su glande y baja por su longitud de manera delicada, como si se tratara de un roce sutil.

—¿Te gusta...?— pregunta con un tono libidinoso, y lo que obtiene como respuesta es un largo jadeo cuando una de sus manos aprisiona esa sólida verga.

Lawliet arquea un poco la espalda, la mano de Light sube y baja de manera lenta, acariciando con sus dedos las palpitantes venas que se dibujan a lo largo de su miembro.

Sin dejar de manipular la erección del otro, Light lleva su otra mano hacia su parte trasera, donde con sus dedos lubricados comienza a acariciar su entrada.

«¡Mmph!» es el sonido que emite apretando los labios al lograr introducir dos dedos.

Elle suelta roncos gemidos cada vez más audibles, desea cerrar los ojos y entregarse al placer que le brindan esas hábiles falanges, pero no quiere perderse la exquisita vista frente a sus ojos. Sentir el cuerpo de Light casi convulsionando sobre sus piernas y escucharlo jadear es excitante, pero lo que lo tiene al borde del orgasmo es verlo mover las caderas mientras su cabello está alborotado y húmedo, con esos espesos mechones adheridos a la frente debido al sudor, sudor que baja por su cuello y se extiende por la blanquecina piel de su pecho; un notable sonrojo colorea sus mejillas, su boca levemente abierta deja escapar sonoros jadeos y su hinchado labio inferior está empapado, luciendo más apetecible. Nota que esos ojos color miel se desenfocan por momentos, como si algo en su interior estuviese a punto de hacerlo perder la razón.

Y esa vista es demasiado para Elle, quien entierra sus falanges en las piernas del otro y lo jala hacia sí. Light accede, aún afectado retira sus dedos y entre espasmos se acomoda a horcajadas sobre las caderas del pelinegro, tomando un preservativo que está en la cama. Lawliet lo ve temblar mientras intenta abrir el empaque, pero vuelve a jadear cuando el látex cubre y aprieta su miembro.

—Quisiera que fuese tu culo el que abrazara mi verga en vez de un puto condón— gruñe agitado mientras abarca ese par de turgentes glúteos con sus manos. Nunca tendría sexo sin protección con alguien que no es su pareja estable, pero está tan excitado que realmente desearía poder sentir su miembro siendo estrujado directamente por las cálidas y suaves paredes internas del castaño.

Light sonríe a la vez que lleva una de sus manos hacia atrás, toma con ella la hombría del pelinegro y la acomoda justo en su entrada. Ambos se muerden el labio inferior, Light por esa exquisita combinación de dolor y placer al sentir su recto expandiéndose para darle cabida a ese trozo de carne y Lawliet por la deliciosa fricción a la que se ve sometido su miembro cuando ese agujero lo abarca por completo, mientras que la piel lampiña y cálida de las nalgas de Light chocan de lleno contra sus piernas.

Quizá en ese momento, al estar sumergidos en el placer, creen estar seguros de que enamorarse del otro es imposible, sus personalidades son tan opuestas y sus vidas son muy distintas. Sin embargo ninguno toma en cuenta que hasta el día de hoy no se han conocido realmente, y cuando lo hagan, descubrirán que las supuestas barreras que los separan son demasiado delgadas y frágiles. La pregunta es: ¿quién las cruzará primero?

oOo

En días como este, cuando el trabajo en la cafetería es realmente agotador, es cuando Mello se arrepiente de no haber puesto atención a los consejos de Roger y Watari. Los viejos siempre intentaron hacer con ellos lo mismo que hacían con otros muchachos, porque sabían que esa bonita hermandad que se había formado entre los cinco se mantendría una vez dejaran el orfanato, y porque lo que Elle más quería es que trabajaran todos juntos cuando eso pasara. Pero no, estaban demasiado ocupados jugando videojuegos o masturbándose; a Beyond no parecía importarle mientras que Matt y él no querían ser una carga más para su amigo, ya estudiarían en una universidad cuando salieran de ahí, el único obediente era Near, pero terminó abandonando el orfanato dos años y medio antes de cumplir la mayoría de edad, cuando él y Matt habían conseguido su primer trabajo estable y Elle les había ayudado con los primeros meses de alquiler del apartamento.

A los veinte años pensaba que trabajar y estudiar sería sencillo, pero tres años han pasado y lo único que ha logrado es usar el chaleco de supervisor los viernes; y de universidades ni hablar, no es por falta de efectivo ya que el alquiler no es tan costoso y entre los tres sacan una buena cantidad de dinero a final de mes, pero pasar nueve horas en la cafetería lo dejan sin tiempo y sin energía, incluso caminar por el pasillo del piso en el que vive es un suplicio en días como este.

—¡Espero que nadie haya entrado a mi cuarto!— les advierte al momento que abre la puerta del apartamento, pero es recibido por una habitación oscura.

Hay silencio, y está tan cansado que esa paz que se respira es acogedora, pero sabe que tranquilidad y el nombre de los habitantes de esa casa jamás irán juntos en una oración.

—¿Matt...?— llama mientras tantea la pared en busca del interruptor. Enciende la luz pero la sala está vacía —¿Beyond...?— continúa mientras entra despacio, recorriendo con su mirada cada rincón del lugar porque piensa que en algún momento uno de esos dos idiotas brincara de quién sabe dónde para asustarlo.

Sin embargo se convence de que no hay nadie al tocar la parte trasera del televisor, está frío, lo que significa que no ha estado encendido recientemente. Cierra la puerta y comienza a desabrocharse los botones del chaleco mientras se dirige a su habitación. Supone que los tres salieron a cenar, aunque se le hace raro que Near no le hubiese mandado ningún mensaje, pero la fatiga llega a tal punto que no tiene fuerza ni para hacer drama, además probablemente se hubiese negado si lo hubiesen invitado.

En su habitación se retira los zapatos y lanza el chaleco hacia un lado, sin importarle dónde caiga, pero esperando que lo haga en la cesta de ropa sucia. Comienza a aflojar los botones de su camisa, pero se detiene cuando inconscientemente recorre el lugar con su mirada y le parece notar algo sobre su cama. Camina hasta ella y, en efecto, hay una pequeña caja rectangular de terciopelo color azul; la toma y al abrirla se encuentra con una elegante cadena de plata de la cual cuelga un dije color blanco perla que simula la forma de un corazón que ha sido partido a la mitad de manera zigzagueante. Sonríe al notar la apenas visible pero sofisticada N que tiene grabada en el medio, pero la sorpresa no termina ahí, observa que en la contraparte de la caja hay una nota que dice:

«Tu otra mitad se encuentra en la habitación de al lado»

Sentado con una pierna flexionada sobre el colchón mientras la otra cuelga oscilante fuera de la cama, Near está ansioso, al borde del colapso. Una sonrisa nerviosa se formó en su rostro desde que escuchó a Mello caminar por el pasillo antes de azotar la puerta de su habitación, sabe que es cuestión de minutos para que el rubio lo busque y no sabe si su pequeño corazón podrá soportarlo. Lleva una mano a su cuello y con dos de sus dedos roza el collar que lleva puesto, es la otra mitad del dije que le regaló a Mello, pero el suyo es de color negro con una elegante M grabada en el medio. «Todo debe salir perfecto», se dice mientras acomoda sobre la mesita de noche las dos hamburguesas que compró, las favoritas de ambos, con doble carne y queso parmesano.

Está nervioso pero sabe que no hay vuelta atrás cuando escucha que la puerta de al lado se abre. Se pone en pie como en un acto reflejo y echa un último vistazo, le parece que el camino de pétalos en el suelo y los que están sobre su cama fueron buena idea, solo espera que a Mello le guste su sorpresa.

Sin embargo no es precisamente emoción lo que Mihael siente al abrir la puerta de esa habitación.

—¿Te gusta...?— pregunta Near acercándose a él cuando pasados unos segundos, Mello continúa de pie en el mismo sitio, sosteniendo aún el picaporte.

—¿Qué es esto...?— susurra confundido mientras observa cada rincón de la recámara. Su intención era agradecerle a Near por su obsequio, pero no esperaba encontrarse con todo esto.

—Matt me dijo que no fuera tan cursi— siente que su rostro está caliente y que su estómago es un revoltijo, sin embargo sonríe, está feliz —, pero no pude evitarlo.

—Near... — es la única palabra que sale de su boca porque no sabe qué más decir, y tampoco parece necesario cuando en un arrebato el más pequeño le enmarca el rostro con ambas manos para unir sus labios.

Quizá esa imagen de velada perfecta que se creó en su cabeza no permite que Near perciba la confusión y angustia que están claramente reflejadas en el rostro del otro. Mello corresponde al beso pero de forma insegura, porque no sabe qué esperar después de ese contacto. Near por su parte, le atrapa el labio inferior con sus pequeños labios mientras que con una de sus manos le acaricia de forma ascendente la nuca, hasta que sus dedos se pierden entre los cabellos dorados. Siente cómo su corazón se acelera a cada segundo que pasa, cada latido es una prueba de que lo ama como nunca ha amado a nadie más.

Mello...— jadea sobre los labios del otro sin abrir los ojos, sintiendo como sus narices aún se rozan.

—Por favor no lo digas, Near...— casi suplica mientras aún le rodea la estrecha cintura con los brazos.

—¿Qué... ?— Parpadea confundido luego de haber sido traído a la realidad de forma abrupta—. ¿De... De qué ha-hablas?

—En que sé a dónde va todo esto— continúa, esta vez cabizbajo al no soportar la inquisidora mirada de Near —, pero lo arruinaras todo si lo dices.

—¿Arruinarlo...?— repite con voz débil. La silueta de Mello frente a él se vuelve difusa, lágrimas se acumulan en sus enormes orbes mientras esas palabras hacen eco en su cabeza, estrujando su corazón.

—Tú sabes que yo te quiero— intenta enmarcar con sus manos el pálido rostro, pero Near se aparta.

—Pero tú sabes cómo yo te quiero.

Ver dos gruesas lágrimas bajando por esas mejillas blancas es como una patada en el estómago para Mello, intenta acercarse, quiere secarle la piel con sus pulgares, Near retrocede casi temblando.

Los ojos de Mello también se humedecen cuando es consciente de cuán egoísta fue. Todos le dijeron que ese momento llegaría, que algún día tendría que ponerle nombre a esa relación, nunca quiso creer que esto realmente sucedería. Su intención jamás fue lastimarlo, pero sabe que lo hizo por la forma en la que esos enormes ojos lo miran.

—Near...— susurra pasado unos segundos, luego de convencerse que al menos merece que sea sincero con él—. Te quiero pero como a un hermano... — dice algo más pero Near ya no escucha, tan solo esas palabras lograron calar en lo más profundo de su ser, transformando todo ese amor en un profundo resentimiento.