17. Frágil

Es temprano, los primeros haces de luz atraviesan la ventana de la blanquecina recámara, la más grande de toda la casa debido a su posición, justo al final del pasillo. Las paredes son de un pulcro blanco que se asemeja mucho al de un hospital pero en lugar de aséptico, es un aroma entre melocotón y talco lo que llena cada rincón. Las esponjosas sábanas corren con la misma suerte, dan la apariencia de ser una suave capa mullida de nieve, donde en las noches de luna llena, Near y su lechosa piel parecen desaparecer entre ellas. Las paredes carentes de posters musicales y fotografías le darían un toque impersonal a la recámara si no fuera por la gran cantidad de robots coleccionables que están en una repisa y la suave alfombra azul marino que sobresale del inferior de la cama; el color favorito de Near.

Se levantó temprano esa mañana, o quizá no durmió en gran parte de la noche. Ahora limpia sus juguetes, lo hace cada tres días con un paño no muy seco ni muy húmedo, envuelve su pequeño dedo índice con la tela y entrecerrando los ojos presta atención a cada pliegue. A veces suele sacar la punta de su lengua rosácea o morderse los labios, aunque realmente nunca se ha percatado de que lo hace. Pero esta mañana cuidar de sus figuras no parece ser el hábito del que siempre ha disfrutado, más bien da la impresión que simplemente no quiso romper con su rutina. Lleva cinco minutos limpiando la misma pieza de ajedrez en tonalidades rojizas, sus ojos de grandes pupilas están puestos en ella, pero no se puede decir que realmente la esté viendo.

Así han sido las últimas dos semanas, Near está pero parece no estarlo, sonríe pero le cuesta, es como si el mundo hubiese seguido su curso y él se hubiese quedado estancado. No hay noche en la que no se haga la misma pregunta «¿cuándo el tiempo va a sanarlo todo?» porque el rechazo de Mello le sigue doliendo igual o quizás aún más cada día que pasa, porque no es fácil superarlo cuando debe tratar con él tanto en el trabajo como en la casa; aunque en ésta última sus interacciones han disminuido, ya ni existen los besos de buenos días, solo se cruzan cuando accidentalmente ambos coinciden en la cocina pero no hay nada más allá de una mirada fugaz; en el trabajo intercambian sólo las palabras necesarias «la mesa cinco quiere la cuenta», «el piso cerca de los baños está mojado», «nuestro jefe requiere tu presencia en su oficina»

Near apenas sale de su habitación, es por eso que cada mañana, cerca de las seis, Matt llega con un nuevo problema diario. Y esta mañana no es la excepción.

Da un pequeño respingo cuando escucha golpes en la puerta, voltea por sobre uno de sus hombros y Matt ya está asomando la cabeza.

—¿Has visto mis goggles?— en su desorden, Matt sabe dónde tiene cada cosa, pero cualquier excusa es válida para saber cómo se encuentra su amigo.

Near, quien parece no captar las verdaderas intenciones del otro, niega con la cabeza antes de dejar la pieza de ajedrez en su lugar.

—¿Ya los buscaste en tu cesta de ropa sucia?— su respuesta habría sacado una sonrisa a cualquiera que conozca a los peculiares habitantes de esa casa, porque al día de hoy ninguno sabe como un queso chedar fue a parar a la lavadora, pero su voz suena demasiado apagada como para bromear.

Matt y Beyond han intentado animarlo durante los últimos días, aunque el menor de los Lawliet tiene una forma particular de hacerlo, en tres ocasiones le ha dicho que deberían irse de putas y cada mañana le exige que sea él quien haga el desayuno porque es el que cocina más rico, según él para mantenerlo con la cabeza ocupada y porque realmente Near es el que cocina mejor de los cuatro. Matt en cambio intenta ser menos brusco en sus acercamientos.

—¿Nate?— cierra la puerta y despacio se acerca al muchacho que aún le da la espalda. Le parece haberlo escuchado sollozar, y al acercarse lo confirma.

Lo ve llevar las manos hasta su cara, por los movimientos de los brazos sabe que se está restregando los ojos con los puños o con la manga de su pijama blanca. Matt solo lo abraza por detrás.

—¿Crees que realmente merece tus lágrimas?— ha visto a Mello, el rubio también parece ser un alma en pena, pero quien realmente le preocupa es Nate. Acaba de sufrir su primer rechazo amoroso a los veinte años, del chico que ha estado enamorado desde los trece.

—Es que...— las palabras se le atoran en la garganta.

Su error fue pensar que Mello lo quería de forma especial solo porque las últimas semanas habían sido justamente eso: especiales; cada mañana existía un beso de buenos días y cada noche dormían juntos, no existía un tercero, Mello no traía nadie a cada. Pero no quiere dar más explicaciones, se siente patético cada vez que lo hace porque de alguna forma piensa que los otros lo juzgan; «fuiste muy inocente», «fuiste demasiado ingenuo» casi cree escuchar que le dicen cada vez que lo ven. No sería la primera vez que esas cualidades que los demás tanto aman de él son también su punto débil. Y está harto de eso.

—Que se joda Mello— dice Matt de repente. Aún detrás de él, lo sujeta de los hombros y lo hace girar —No deberías estar triste por él.

Casi estuvo a punto de añadir un «te dije que no lo hicieras», pero supo callar a tiempo. Ahora frente a frente, puede ver a Nate a los ojos, y su mirada es la de alguien que ya carga con un gran pesar como para añadirle más culpas.

Todas las veces en las que se la ha insinuado, no han sido simples bromas, lo desea sexualmente desde hace mucho. No está enamorado pero lo quiere mucho, ningún estúpido deseo carnal sería más fuerte que el cariño que le tiene. Por eso siempre ha tenido claro que no sobrepasará los límites que Nate establezca y que no sacará provecho de sus momentos de vulnerabilidad. Sin embargo en ese instante el sentido común parece abandonar su cuerpo, no lo piensa, tan solo le rodea la cintura y se encorva un poco antes de unir sus labios a los del otro.

El beso es pausado, los labios de Near se encuentran entreabiertos pero no se mueven, Matt supone que debe estar aún sorprendido, así que intenta sacar provecho a esos pocos segundos. Introduce su lengua en la pequeña cavidad y le mordisquea un poco el labio inferior, es así hasta que las manos que Nate había colocado sobre su pecho reaccionan y lo apartan.

—¡No!— ladeando un poco el rostro, se limpia los labios con la manga de su pijama—. ¿¡Por qué hiciste eso!?

Matt sabe que es un buen besador, así que no se siente ofendido por la reacción casi asqueada del otro, de hecho no esperaba algo diferente. Quizás lanzarte y besar a tu amigo que pasa por una crisis amorosa no es la mejor idea, pero él está seguro del porqué lo hizo.

—Tranquilo, fue solo un beso— le dice a la vez que le da unas palmadas sobre la espalda.

Near vuelve la mirada a él, sorprendido y molesto, «¿solo un beso?» ¿Acaso no entienden que él no es igual a ellos? Él no puede traer a alguien diferente a casa todos los fines de semana que salen a bailar, no es capaz de permitirse ser tocado de una manera íntima por una persona a la que no ama, para él los besos no son solo eso. Sin embargo antes de poder reclamar, Matt lo interrumpe.

—Fue solo un beso— repite porque sabe que sus palabras anteriores hicieron mella en el otro —. Y Mello es solo Mello. Es especial para ti pero eso no significa que sea el indicado.

oOo

Casi las seis y treinta de la tarde y Elle Lawliet está nervioso. Citó a la señora Yagami a una modesta cafetería muy lejos de su trabajo, en un lugar más humilde donde los manteles son de plástico con estampados florales y cada mesa incluye su matamoscas por si acaso. No le dijo nada a Light y no está seguro si ella lo hizo, supone que no porque de otra manera ya hubiese recibido alguna llamada desagradable.

La verdad es que a Light no le gustaría enterarse de lo que Lawliet está haciendo, porque de alguna manera se está metiendo en su vida personal y eso es una línea que no debería cruzar. Sin embargo Elle no lo ve así, según él no hay ningún interés afectivo de por medio, solo quiere asegurarse de que el dinero que le ha estado pagando a Light las últimas semanas esté siendo ocupado con sabiduría.

La ve entrar al establecimiento y alza una mano para llamar su atención. Ella sonríe mientras se abre paso entre las mesas.

—Lamento la tardanza— susurra apenada; si su salud no fuese tan mala quizá sus mejillas se hubieran sonrojado aunque fuese un poco.

—No hay problema— como el caballero que le enseñaron a ser, se pone de pie y jala la silla frente a la suya como una invitación a que tome asiento—. Hoy se ve muy bonita.

Sachiko da un respingo ante el halago y agachando un poco la cabeza suelta un suave «gracias». Pasó quince minutos intentando hacer algo con su corto cabello y al final solo optó por dos ganchos de color marrón para mantener quieto su descuidado flequillo y un poco de brillo labial, nada del otro mundo, pero el único que siempre le dice que es hermosa sin importar lo que se haga es su hijo, por eso le sorprendió escucharlo por parte de alguien más.

Lawliet le extiende un menú luego de haber regresado a su asiento. Él por su parte lleva unos vaqueros desteñidos que no recordaba que aún tenía junto a camisa verde musgo de cuello holgado; la compró en Escocia y la tela es de calidad, pero cree que se ve menos exuberante que con saco y corbata.

Sachiko ordena pasta y Lawliet ordena sopa. Charlan mientras tanto, pero contrario a lo que esperaba, ella no pregunta nada acerca de su trabajo, de cómo conoció a Light ni de por qué se hizo cargo de un gasto tan alto como es la factura de un hospital privado. Él ya llevaba preparadas todas las posibles respuestas, tenía planeado decir que trabaja en una compañía de videojuegos, lo cual no sería mentira, pero en lugar de presentarse como el presidente, diría que nada más es el asistente de la segunda secretaria al mando en el área de finanzas. En cambio las preguntas de ella son como las de dos personas que ya se conocen y se han reunido por un café: ¿cómo está?, ¿cree que llueva más tarde?, ¿alguna vez había comido aquí?

Una parte de Sachiko, la pequeña parte maternal que aún no se extingue, le dice que debería indagar en las intenciones que ese hombre tiene con su hijo, porque no cree que alguien sea tan dadivoso sin esperar algo a cambio. Light jamás le ha dicho abiertamente sus preferencias sexuales, pero ha escuchado los rumores, ¿y qué tal si ese hombre no es solo un amigo como dice? Lawliet es joven pero aún así es mayor que su bebé, y aunque no parezca un mal muchacho, le inquieta el no conocer nada de él. Sin embargo en ese instante se siente insignificante, otra parte de ella le grita que debería mostrarse agradecida o simplemente callarse como lo ha hecho siempre.

Lawliet la ve doblando y desdoblando una de las esquinas de la servilleta, lo hace una y otra vez, de un lado y después al otro mientras abre y cierra los labios como si fuera a decir algo pero siempre se arrepiente. Le incomoda su actitud, la nota nerviosa y a la vez distante, los ojos de ella están bastante abiertos y fijos en la servilleta, no en él. No obstante antes de intentar llamar su atención, una chica con una bandeja en la mano los interrumpe.

—Que disfruten su comida— con una sonrisa en los labios, se despide luego de haber colocado los platos y bebidas en su lugar.

—¿Cómo ha estado Light?— pregunta Elle tan pronto la chica se aleja, no quiere perder la atención que parece haber recuperado.

—Bien...— es la escueta respuesta mientras intenta enrollar un poco de espagueti en su tenedor.

Lawliet cree que Light compró las medicinas porque las cuatro veces que lo ha visto luego de cerrar el trato, ha notado pinchazos violáceos en sus glúteos y hace tres días encontró la factura de una farmacia cerca de su mesita de noche, probablemente se le cayó a Light cuando se quitaba el pantalón. Aunque está seguro que aún no se ha realizado los exámenes que el doctor recomendó, pero ¿qué puede hacer él?, no le corresponde entrometerse.

—Me gusta su perfume— comenta intentando cambiar el tema, no solo por ella también por él, no quiere arruinar su ánimo ni hacer más incomodo el momento.

—Gracias, me lo regaló Light para mi cumpleaños— contesta con una sonrisa.

Lawliet también sonríe, esa respuesta le hace sentir que está compartiendo mesa con la persona más importante del mundo, porque ciertamente eso es ella para Light. Reconoce el aroma, su secretaria también usa Coco Chanel, pero no es la marca o el precio lo que importa sino el cómo con un pequeño detalle Light demuestra que daría lo poco que tiene por su madre.

—El cumpleaños de Light es la próxima semana, ¿verdad?— quiere que la conversación fluya y debido al tema recordó la fecha de nacimiento impresa en el carné estudiantil.

Esa pregunta hace que Sachiko trague la comida con demasiada prisa al estar desprevenida, ni siquiera recuerda qué fecha es hoy.

—¿¡Está bien!?— pregunta Lawliet alarmado al verla toser escandalosamente. Se pone de pie y se acerca para darle unos cuantos golpes en la espalda, ella agita de arriba a abajo una de sus manos, como pidiéndole que no se preocupe.

—Estoy bien...— contesta con la voz carrasposa, la garganta le quema y aún tose un poco.

Una de las camareras, al ver la escena, no dudó en ir a la cocina y regresar con algo de beber. «Tome» indica una chica rubia mientras le extiende a la mujer un vaso con agua.

Lawliet agradece y Sachiko toma el vaso, pero éste resbala de sus dedos y el crujido del vidrio fragmentándose en el suelo hace eco en sus oídos.

—¡Lo siento!— farfulla de forma casi atemorizada a la vez que se empuja con la silla hacia atrás. Cae de rodillas e intenta recoger los pedazos, pero la misma chica se lo impide.

—No se preocupe— ella sonríe mientras utilizando dos trapos reúne los fragmentos y le pide a un compañero que vaya por la escoba y una pala.

—Señora Yagami...— llama Lawliet a la vez que se acuclilla para quedar a su altura, ella aún sigue en el piso. La joven continúa intentando convencerla de que todo está bien, ninguno entiende porque la mujer está llorando.

Soy tan inútil...— susurra antes de llevarse las manos hasta la boca para aplacar su llanto, pero dos grandes lagrimones descienden por sus desnutridas mejillas.

—Pediré la cuenta— dice el pelinegro un poco agitado luego de lo que escuchó. Verla tan alterada y hasta desorientada es como ver una versión muy distinta de la de la mujer que vio sentada al lado de Light en el hospital —. La llevaré a casa, señora Yagami.

Luego de pagar la cuenta y de que le ofrecieran un té relajante, salen de la cafetería. Su plan inicial era llevarla hasta alguna parada de autobuses, es por eso que en vez de ir con su Lamborghini, rento otro auto un Chevrolet 2000 rojo, para mantener la apariencia de un muchacho modesto. Pero luego de lo sucedido no cree conveniente dejarla ir sola, así que se ofrece a llevarla hasta su casa. Sin embargo teme lo que pueda suceder una vez que llegue ahí, más específicamente a la reacción que Light pueda tener.

oOo

19:10 Light sigue intentando resolver los ejercicios del libro de matemática; está a dos intentos de llamar a Teru para que le ayude, su amigo es bueno en esa materia. Estuvo ausente por su tonto desmayo y últimamente también ha estado distraído, por eso ahora no entiende nada. Lo único que lo detiene de llamar es que se supone que él es uno de los mejores estudiantes de toda la institución, no quiere ceder sin antes haber intentado entender por su propia cuenta. Quizá el hecho de que está compartiendo la mesa con Liam ha alterado el curso natural de las cosas.

El silencio que los envuelve no es incómodo, cada quien está concentrado en lo suyo; Liam haciendo cuentas y Light intentando resolver su tarea. Tampoco se percibe hostilidad hacia la presencia del otro y así ha sido por los últimos días.

Liam anota en un papel todos los paquetes que entregó durante el día y con una calculadora suma las ganancias, quiere asegurarse de que no haga falta ningún dólar mañana cuando le rinda cuentas a su jefe. Light por su parte, lee por quinta vez el séptimo ejercicio mientras muerde la parte metálica del lápiz, se pregunta si realmente alguna vez en la vida utilizará todas esas fórmulas.

—¿No ves absolutamente nada de ese ojo?— pregunta Liam para sacar platica. Había hecho movimientos circulares con sus hombros para desestresarse un poco y fue cuando vio a Light tan concentrado, usando esos grandes y graciosos anteojos que usa solo cuando hace tareas.

—Casi no— responde sin apartar la mirada de los libros. Hasta hace poco las únicas personas que lo había visto con ellos puestos eran el médico y su madre, pero últimamente la convivencia con Liam no es tan desagradable.

—Entonces deberías usarlos todo el tiempo.

Esta vez Light deja a un lado su tarea y levanta la cabeza, dedicándole una expresión de «debes estar bromeando». Claro, si sus gafas fueran tan bonitas como las de Teru no habría problema, pero las suyas en cambio parecen las de un anciano de ochenta años. Son de montura metálica pero delgada, con plaquetas que le lastiman la nariz al estar desgastadas y dos enormes aros que cubren buena parte de la zona superior de su rostro; aunque por mucho lo peor es el lente, solo uno de ellos tiene una graduación exagerada al ser solo su ojo derecho el afectado, lo que le da la apariencia cómica de tener un ojo más grande que el otro.

—No, gracias. Prefiero mantener mi vida social intacta— dice luego de unos segundos, después de imaginarse cuál sería la reacción de cualquier persona que lo viera con ellos puestos, y lo único que vino a su mente fueron burlas.

A Liam la respuesta le causa gracia, pero no hace ningún otro comentario al respecto. Vuelven a sus asuntos y el silencio vuelve a acompañarlos. Así pasan varios minutos hasta que alguien llama a la puerta, pensando que su madre ha vuelto del salón de belleza —porque es lo que le dijo antes de salir— Light se pone de pie, pero Liam lo detiene cuando los golpes se vuelven más violentos.

—Yo iré.

Light se hace una idea de quién puede ser así que vuelve a su asiento, dejará que Liam, un adulto de verdad, se encargue en lugar de hacerlo él mientras finge ser uno.

Liam también sabe quién podría ser, pero no se explica qué hace ahí, lo único que se imagina es que Ushio le va a pedir que haga una entrega a esa hora. Abre la puerta, tan solo un poco, lo suficiente para asomar la cabeza mientras parte de su cuerpo queda detrás de ella como soporte.

—¿Qué h...

—¡Págame lo que me debes!— interrumpe Ushio añadiendo otro manotazo a la puerta.

Se le nota intranquilo, un poco acelerado y sudoroso. Estaban bebiendo y fumando en la casa que su pandilla y él usan como guarida cuando recibió una llamada, hacía falta dinero para la mercancía; fácilmente podría haber pedido prestado a su tía, la arrendadora de buena parte de las casas que hay en esa zona, pero alcoholizado como se encuentra, su mejor idea fue ir a reclamar lo que le pertenece.

—Habíamos dicho que...— intenta explicar con un tono suave luego de unos segundos, esperando que su jefe se tranquilizara un poco, pero no logra concluir la frase cuando de nuevo es interrumpido con otro manotazo a la puerta, el cual le hace jadear un poco al ser su pecho el que recibe parte del golpe.

—¡Me vale verga lo que hayamos dicho!—. Vocifera tan alto que algunas venas de su cuello y frente se dilatan por el sobreesfuerzo—. Págame o...

—¡Baja la voz!— pide entre dientes a la vez que ejerce más fuerza. Lo único que se le ocurre es cerrar pero Ushio no se lo permite.

—¿Liam...?— para mala suerte del aludido, el escándalo ha llamado la atención de Light y éste ahora se encuentra de pie a su espalda —. ¿Qué sucede?

Liam voltea a verlo por sobre uno de sus hombros y le pide que vuelva adentro, ese segundo de distracción hace que no esté preparado para cuando Ushio vuelve a empujar.

—¡Fuera de mi casa!— sin mostrarse temeroso, Light da dos pasos al frente mientras con un dedo le señala la salida.

Sin embargo un adolescente orgulloso y vanidoso no es amenaza para alguien que cometió su primer asesinato a los trece años. Ushio ríe al mismo tiempo que sujeta uno de los flacuchos brazos de su subordinado, trayéndolo consigo.

—Mira, niño. Tu papi me debe plata y...

—¡Ya habíamos quedado que te pagaría una parte a final del mes!— vocifera a la vez que se revuelve, sin lograr soltarse.

Ushio afianza su agarre y avanza. Light aún mantiene su porte altivo, pero no puede evitar retroceder un paso cuando el amplio pecho de Ushio está demasiado cerca.

—Ya te dijo que te pagará...— susurra manteniendo el entrecejo fruncido.

—Pues yo necesito mis quinientos dólares ahorita.

Escuchar la cantidad hace que dos de los presentes sostengan el aliento. La mirada de Light se dirige rápidamente a Liam, ¿en qué momento se le ocurrió endeudarse tanto con ese tipo?

—¿¡Qui-quinientos!?— Tartamudea con los ojos completamente abiertos—. ¡Pero eran doscientos cincuenta!

—¿Qué acaso no sabes cómo funcionan los intereses, imbécil?— dicho esto, lo empuja hacia adelante, cayendo Liam sobre la mesa. Debido al impacto, los anteojos que Light había dejado encima caen al suelo, afortunadamente el golpe no es tan fuerte como para romperlos—. Entonces, Liam...

—¡Ya te dijo que te pagará!— insiste el castaño a la vez que recoge sus lentes y los coloca sobre el refrigerador. Son horribles, pero los necesita.

—Ush... Jefe, ¿podemos hablar de esto afuera?— se reincorpora y casi se cae de nuevo cuando el joven más alto lo apunta con una pistola.

—¿Sabes? Ya no me sirves para nada— sonríe de lado al verlos palidecer.

—¡No!— exclama Light casi lanzándose contra el robusto brazo del otro. Su expresión ya no es la de alguien presuntuoso, más bien luce escandalizado—. ¡Está bien, está bien! ¿¡Qué quieres!? ¡Puedo dártelo!

Liam, paralizado como está, no entiende a qué se refiere Light. Sin embargo Ushio sonríe ante la propuesta. Por supuesto que no pensaba disparar, eso sería poco divertido y demasiado fácil, pero le parece conveniente el curso que ha tomado la plática.

Primor, yo no pagaría ni cinco dólares por ti— dice con una sonrisa maliciosa al mismo tiempo que le acaricia la mejilla con la punta del arma —. Pero una prórroga...

—¡No, no, no!— esta vez es Liam quien interrumpe. Tardó unos segundos para entender de lo que hablan y no lo puede permitir—. Esto es entre tú y yo, deja a Light fuera de esto.

—Que él decida— se encoge de hombros y se hace a un lado, quedando Light en medio de ambos. En otra ocasión no se hubiese arriesgado a perder la oportunidad que ya tenía en sus manos, pero está seguro de cuál será la decisión del castaño.

A Light no le agrada la idea por tratarse específicamente de Ushio, pero se dice que no es nada que no haya hecho antes. Liam cree adivinar cuáles son las intenciones del adolescente e intenta intervenir pero éste lo detiene.

—Esto es tu culpa— lo acusa con el entrecejo fruncido, fingiendo brusquedad —. Así que mientras tanto piensa en una manera de resolverlo.

—Pero...— inconscientemente da un paso hacia atrás, sin saber qué decir.

—Y tú...— continúa, ahora dirigiendo su mirada a Ushio y al arma que sigue en su mano—, mantén eso alejado de mí. Me pone nervioso.

—Como ordene, su majestad— suelta una risa mordaz al mismo tiempo que guarda la pistola en el cinturón de su pantalón, acto seguido lo sujeta del brazo para llevarlo consigo —. Quiero que sea en el cuarto de tu madre, me trae recuerdos— anuncia y Light se detiene en seco.

—¡No!— prorrumpe intentando alejarse. Jamás, con nadie, haría algo como eso sobre la cama de su progenitora—. Es en mi cama o...

—Como sea— se encoge de hombros y retoma sus pasos, esta vez en dirección a la recámara que está al lado. Hubiese querido decir que se cogió a madre e hijo en el mismo colchón, pero realmente le da lo mismo donde sea.

Light camina a su lado con la actitud engreída de siempre, convencido de que podrá hacerlo debido a su experiencia. Sin embargo un aire gélido le recorre la espina dorsal tan pronto como cruza el umbral de su habitación, una parte de él le grita que su orgullo no habrá valido de nada después de esto. Aún así continúa, no tiene planes de seguir viviendo en ese lugar por mucho tiempo más, se irá con su madre y quizá hasta con Liam a otro sitio y todo estará bien mientras estén juntos.

Justo luego de cruzar en la esquina que Sachiko le indicó, el mundo cambia y se transforma ante los ojos de Lawliet. Hay un sinfín de edificios agrietados, la opacidad del alumbrado eléctrico junto a las extrañas letras y números en las descascaradas paredes le dan un toque siniestro al lugar. Va andando despacio, hay unos cuantos agujeros en el asfalto y demasiados túmulos; poca gente transita por las aceras, pero ha visto algunas con un aspecto que harían retroceder a cualquiera. Hay pequeños puestos de comida a lo largo del trayecto, duda de su salubridad o legalidad; han sido construidos con cuatro o cinco láminas y un foco de luz amarilla, y el hecho de que estén rodeados de oscuridad junto a los pocos o inexistentes clientes, da la sensación de que han entrado a un pueblo fantasma y que pronto algún asesino serial aparecerá frente a ellos como en las películas. Continúa pero cada vez se siente más nervioso, hay un hombre de apariencia desaliñada en la esquina que observa su auto fijamente, y lo inquietante es que no es la primera persona que ha visto con el mismo comportamiento.

—Tranquilo— dice una Sachiko ya más calmada —, ellos solo son los posteros. Son los encargados de ver quien entra, quien sale y reportar cualquier cosa rara. Les pagan por estar todo el día observando no son peligrosos, ellos no.

Lawliet sonríe e intenta ignorar el «ellos no». Afortunadamente no pasa mucho para que Sachiko le indique que están cerca, «yo vivo en el piso de abajo» dice mientras señala el edificio que está en la siguiente calle.

Aparca frente a una casa que luce igual de triste y apagada que las otras, ambos notan que la puerta está semiabierta, Sachiko no le da importancia, así que Lawliet no lo toma como algo extraño. Baja y rodea el auto para abrir la puerta de su acompañante, pero un grito llega hasta sus oídos.

—¡Ya déjalo, Ushio!

Elle reconoce esa voz al instante, es Light. No piensa en lo que hace, tan solo corre hacia esa casa. Sin embargo al cruzar la puerta, en lugar de atacar como pensó hace unos segundos, se queda inerte. Ve que hay un hombre en el suelo casi inconsciente, lleno de golpes y sangre; lo reconoce, es el mismo que acompañó a la señora Yagami en el hospital, sigue sin hacer nada, sabe que debe ayudarlo, pero su cuerpo no reacciona. Sigue ahí, y su mirada se dirige a Light, el castaño está aferrado al brazo del sujeto alto que golpeaba al que yace en el suelo, nota que las prendas de Light están desacomodadas, que el cuello de su camisa está roto y que un color violáceo le decora tenuemente una de las comisuras de sus labios. Sin embargo todos sus músculos siguen paralizados, quizá porque en ese momento cae en cuenta de que ha invadido su intimidad, que está es la realidad que intenta ocultar al mundo y él lo ha desnudado sin preguntar.

Solo sale de su ensimismamiento cuando un despavorido grito lo alcanza desde atrás.

—¡Liam!— Sachiko corre y cae de rodillas frente al cuerpo herido de su novio mientras le pide que no la deje.

Ushio se hace a un lado y aparta a Light, no tiene intenciones de seguir. No golpeó a Liam por el dinero, al fin y al cabo tiene otros medios para obtenerlo, el imbécil ese se atrevió a atacarlo justo cuando estaba a punto de lograr lo que tanto quería.

—Mañana hablamos— dice con la vista fija en su subordinado, quien continúa escupiendo sangre cada vez que tose. Fue una amenaza y Liam lo sabe.

—Vete— pide Light apenas audible antes de caer al lado de su madre, pidiéndole que se calme mientras intenta ayudar a Liam a ponerse de pie para llevarlo hasta la cama.

Ushio suelta una carcajada, no es necesario que se lo pidan, ya no tiene nada que hacer en esa casa. Sin embargo se encuentra con que el recién llegado no le saca la mirada de encima. Se dirige a la salida, pero antes se detiene frente al fisgón.

—¿Se te perdió algo?— pregunta con una sonrisa mientras se levanta un poco la camisa para mostrar el arma que lleva en su cinturón. Reconoce a ese pálido hombre de cabellos negros.

Lawliet también lo reconoce pero no retrocede, en cambio intenta grabar en su memoria todos los detalles que la otra noche pasaron desapercibidos para él debido a la poca luz. Ushio es un hombre alto y robusto, quizá unos años mayor aunque no cree que llegue aún a los treinta; tiene un brazo completo lleno de las mismas letras y números que vio en las paredes; su cabello negro está recortado pero uno de los costados de su cráneo está completamente rapado, donde el tatuaje de la cabeza de una serpiente hace su aparición y desciende hasta el cuello. Definitivamente Ushio tiene el aspecto y la personalidad de una persona a la cual no deseas conocer nunca en tu vida.

Luego de sostenerse la mirada por varios segundos, Ushio sonríe ladino antes de retomar sus pasos, golpeando al otro con el hombro al pasar a su lado. Lawliet lo sigue de soslayo hasta la salida.

—Si das dos pasos hacia atrás llegas a la puerta— dice Light luego de salir de la habitación de su madre e ir al refrigerador por un poco de hielo.

Elle da un respingo y vuelve su vista al frente, pero antes de poder decir algo, lo ve desaparecer de nuevo tras una pared.

Light envuelve un poco de hielo en una camisa vieja y la coloca sobre uno de los inflamados pómulos de Liam. Sachiko sigue llorando a un costado de la cama, la toalla que pusieron debajo para no manchar las sábanas tiene rastros del líquido carmesí que aún sale de algunas heridas.

—Mamá, tranquila...— susurra mientras termina de limpiar con un paño húmedo el rostro del otro.

—Sí... S-Sachiko, e-estoy... bien— intenta decir pero su voz suena débil y ni siquiera puede abrir los ojos a causa de la inflamación. Sonríe porque se imagina que debe verse muy ridículo diciendo que está bien cuando su rostro seguramente luce como él de un ser amorfo.

—Idiota...— murmura Light porque sabe que todo esto es su culpa, si Liam no se hubiese entrometido ni atacado a Ushio, nada de esto estaría pasando. Sin embargo también sabe que ese idiota lo hizo por defenderlo—. Mamá, llamaré al vecino, tal vez tiene algún analgésico.

Fácilmente podría utilizar su celular ahí mismo pero se pone en pie y sale de la habitación porque lo necesita, no soporta la sensación de impotencia que lo invade, no importa lo que haga, no importa cuánto se esfuerce, día a día siempre es la misma mierda.

—¡Light!— llama Lawliet al verlo salir de nuevo, el aludido no voltea, ni tampoco se detiene.

—¿Por qué no te vas? Pueden robar tu auto en este barrio de mierda— es lo único que dice al apartar la cortina que cuelga en el umbral de su recamara.

Su voz fue hostil, no es algo nuevo o desconocido para Elle, así que contrario a lo que Light sugirió, él lo sigue, penetrando el último círculo de su intimidad, ahí donde las personas son más vulnerables al estar entre esas cuatro paredes. Nota su silueta entre las penumbras, lo ve sentado al borde del colchón, encorvado y con el rostro oculto entre las manos más no se acerca por completo, en cambio guarda silencio, atento a cualquier movimiento o sonido que le indique si está llorando. Light no llora y no cree que alguien como él sea capaz de hacerlo frente a otra persona.

Lo mejor sería irse, dejarlo solo porque seguramente es lo que él desea. Además supone que el único motivo por el cual su presencia ahí no ha sido cuestionada es debido a lo abrumador del momento, pero una vez que todo esto pase, lo tendrá reclamando y exigiendo explicaciones y tendrá razón, cruzó una línea que no debía. Sin embargo al girar, nota un conejo rosado de peluche con largas orejas sobre un buró, en medio de premios y medallas.

No sabe si ese detalle tan infantil en medio de una habitación tan gris es lo que lo hace desistir pero se vuelve, lo hace sin prisa y avanza cautelosamente, evitando hacer movimientos bruscos que puedan perturbar a su objetivo.

Light sigue en la misma posición, sabe que Elle continúa ahí, puede sentir su mirada cargada de lástima sobre él. Quiere que desaparezca, necesita estar solo para poder encerrarse en el mundo perfecto que existe solo en su cabeza, donde nada ni nadie puede alcanzarlo. Pero en ocasiones ese inexistente mundo perfecto no es suficiente y ha sopesado la idea de desaparecer varias veces, para que realmente ya nada pueda hacerle daño.

—Lawliet, ya vete...— su voz no sonó ni la mitad de áspera como quería; aún en su patética y lastimosa postura, finge firmeza.

—Si gustas luego pretendemos que esto jamás pasó— ignora la petición y se acuclilla frente al otro, acto seguido lo toma de las muñecas para apartarle las manos del rostro, encontrándose con esos ojos color miel que si bien carecen de lágrimas, se los nota vacíos.

—Vete...— pide de nuevo, sin hacer ningún esfuerzo por soltarse, lo que incita a Elle a seguir.

—Solo por hoy, Light... baja tus defensas.

En vano espera algo que no llegará, Light no va a buscar sus brazos. Pero eso no significa que él no pueda hacerlo. Con movimientos lentos, se pone de pie y con la misma suavidad lo envuelve en un abrazo.

Sabe que Light no le rodeara la cintura ni se aferrara a su pecho, no le importa porque de alguna manera, pese a haber rozado su piel desnuda tantas veces, nunca antes lo había sentido tan cerca... y esa sensación es realmente agradable.