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—¿En serio quiere irse?— pregunta Light desde el umbral, viendo como un lastimado Liam mete su poca ropa dentro de una mochila.

—No tengo opción...— masculla con un gesto de dolor.

Hay silencio, Light lo observa ir despacio de un lado a otro, arrastrando los pies y sosteniéndose la zona abdominal con una mano.

Sachiko duerme desde que el vecino le administró un sedante, en algún momento de la noche fue por ayuda, cuando pensó que su progenitora estaba a punto de sufrir un colapso. Ahora yace inconsciente sobre el colchón, ignorando lo que ocurre.

—Yo puedo hablar con Ushio...— ofrece con la poca fuerza que tiene. No ha dormido nada, aún lleva las mismas prendas del día anterior, pero su cansancio no es físico, es emocional.

—¡No lo harás...!— su intento de sonar autoritario falla penosamente, su nariz esta tan inflamada que su voz suena como que si estuviese congestionado. Se acerca despacio hasta el castaño, éste no retrocede—. ¿Por qué lo haces...?— pregunta, y si sus párpados no hubiesen estado hinchados, seguramente hubiese entrecerrado los ojos para comprender ese rostro inexpresivo.

«Porque ya no me importa» piensa, pero se retracta porque sabe que esa sensación de vacío es temporal, pronto su pecho volverá a llenarse con migajas de esperanza como siempre lo hace.

—Porque ayer iba a hacerlo antes de que nos interrumpiera— dice en cambio.

Liam menea la cabeza a la vez que lo ve fijamente. El Light del que muchos hablan y que ha llegado a conocer es demasiado orgulloso como para exponerse a una situación que lo dejará mal parado frente a los vecinos.

—No entiendo porqué lo haces, pero créeme que meterte con Ushio no es ningún juego— farfulla; exaltarse no es algo que debería hacer en ese estado. Se relame el labio superior solo para confirmar que una de las fisuras sobre ellos acaba de abrirse debido al movimiento —. Ushio y toda su pandilla son de los que toman lo que quieren sin pedir permiso y lo sabes— prosigue con un tono más calmado para evitar hacerse más daño —, que hasta el día de hoy no te haya hecho nada es porque quizá de manera enfermiza disfruta todo ese jueguito del gato y el ratón, la dificultad que representas, pero no significa que te respete.

De nuevo hay silencio aunque en esta ocasión las facciones de Light se suavizan. Sabe lo peligrosos que Ushio y sus secuaces pueden llegar a ser, no son leales ni siquiera a las personas que los vieron crecer, muchos de los vecinos más antiguos ya no están entre los mortales a causa de ellos. Y aún sabiéndolo estaba dispuesto a hacerlo, porque ya no le importa lo que pase con él. Sin embargo escuchar todas esas cosas de alguien más son suficientes para hacerlo reaccionar; inconscientemente su mirada se dirige a su madre, a la única persona por la que sigue adelante.

—Pe-Pero no puede irse...— en esta ocasión su voz no suena monótona ni cansada, en cambio se perciben chispazos de desesperación en ella.

—Debo hacerlo...— inspira hondo y luego se voltea para seguir empacando lo poco que tiene. Detesta que todo esto esté pasando justo ahora que al fin sentía haberse ganado un espacio en esa casa, pero tiene miedo de las represalias luego de lo ocurrido el día de ayer.

Esta vez, en lugar de ser un simple espectador, Light lo sigue.

—De verdad puedo hablar con él— da un paso hacia atrás cuando luego de sus palabras, Liam voltea de forma brusca —, no haré nada, solo hablar, convencerlo de una prórroga— añade de un tirón antes de permitirle al otro recuperar el aliento.

—Light... no lo harás— es tajante porque teme no poder hacer mucho en su estado, si Light decide salir por esa puerta no podrá detenerlo —. Además, sea ahora o dentro de un mes, no tengo el dinero...

—¡Pero es que no le vamos a pagar nada!— prorrumpe con una trémula sonrisa y Liam ahora si no entiende nada—. Yo... tengo dinero ahorrado— comienza con una expresión nerviosa, como si temiera a que alguien que no debe escuche su secreto—. He visto unos apartamentos... la renta son ciento cincuenta dólares al mes, casi el doble que aquí, pero la zona es más bonita. Yo... la otra semana seré mayor de edad y...

—Que seas mayor de edad no significa que puedas rentar una casa, te verán como a un niño solamente— interrumpe al comprender por dónde va el rumbo de la conversación.

—Entonces hágalo usted, usted es un adulto, podrá firmar cualquier papel.

Liam sonríe y de nuevo menea la cabeza a la vez que da un paso al frente para llevar una mano hasta la cabeza de Light y alborotar su cabello como lo haría con un niño pequeño.

—No es tan fácil...— hay condescendencia en su voz—. Me pedirán boletas de pago de mi trabajo actual y quizá referencias personales... ¿Tú crees que Ushio me brindaría algún comprobante cuando sabes que le debo? ¿O piensas que puedo ponerlo de referencia cuando fue él mismo quien me puso de patitas en la calle por falta de pago?— no puede evitar que haya cierta ironía y brusquedad en sus preguntas, porque ciertamente también se siente cansado de que cada vez que su vida parece estabilizarse, algo pasa y lo destruye todo de nuevo.

—Pero...tengo suficiente dinero— su rostro se asemeja al de un niño al que le acaban de decir que Santa Claus no existe. Se niega a creer que su idea no es perfecta, la ha planeado por semanas, ha esperado ansioso su cumpleaños solo por ella.

—Lo siento...— sus disculpas no solo son por sus agresivas palabras de hace un momento, sino por el daño que está ocasionando y ocasionará a esa familia. Sabe que los intentos de Light por retenerlo son por Sachiko, ella se puso realmente mal al verlo lastimado, así que se hace una idea de lo que pasará cuando despierte y no lo vea—. Debo darme prisa si quiero marcharme antes de que amanezca...

Hasta hace unos minutos, Light se sentía como un caparazón vacío, un espectador que observa los escombros de una catástrofe sin sentir nada, como es usual cuando una desgracia ocurre repentinamente. Pero ahora la sensación de irrealidad que lo mantuvo protegido del dolor desaparece, el cúmulo de emociones que su mecanismo de defensa reprimió se desbordan; la sensación de desesperación, ira e impotencia lo invaden, su pequeña casa de nuevo se desbarata bajo sus pies. Esta vez ya no es un niño de doce años y se siente en la obligación de hacer algo; se dice que debe hacerlo por su madre, porque quiere evitarle el dolor de un nuevo abandono.

Sale de la habitación y se dirige a la suya con una sola idea en mente. En su alcoba se detiene por un momento, inconscientemente su mirada se dirige a esa zona del colchón donde estuvo sentado mientras Lawliet lo abrazaba, antes de pedirle que se marchara y que éste a regañadientes aceptara. Por un segundo, toda esa calidez que sintió entre los brazos de Elle parece envolverlo de nuevo y casi sonríe al recordarlo; menea la cabeza para deshacerse de recuerdos innecesarios, jamás reconocería que deseó aferrarse a esa cintura delgada y quedarse así la noche entera, como tampoco reconocería que el retener a Liam no es solo por su madre, sino que también es un intento de mantener lo más estable que ha tenido en mucho tiempo.

Retoma sus pasos y jala el colchón para despegarlo un poco de la pared, es delgado así que no es difícil. Se yergue y voltea por sobre su hombro sólo para asegurarse de que no hay nadie detrás de él, acto seguido se sube a gatas sobre la cama y retira un poco el cubrecamas del costado que ahora está libre, dejando al descubierto una pequeña cremallera mal cosida.

Con bastante dificultad ha ahorrado 1200 dólares; según él tiene dinero suficiente para el depósito de una casa y los primeros seis meses de renta. Con lo que tiene guardado en la cuenta bancaria que Elle le abrió podrán subsistir uno o dos meses, además, a partir de la próxima semana piensa buscar un trabajo estable, al ser mayor de edad no tendrá problemas en conseguir uno y así podrán seguir pagando la renta. ¡Su plan es perfecto! O al menos pensó que lo era hasta hace un momento.

Contempla los billetes que tiene en la mano y se siente como un niño ingenuo por haber creído que todo sería tan fácil como lo imaginó. Suspira antes de tomar 500 dólares y devolver el resto a su escondite, creyendo que aún tiene suficiente para al menos cuatro meses de renta. Se arrastra hacia atrás sobre el colchón y sus pies vuelven a tocar el suelo, es hasta ese momento que realmente se detiene a pensar en lo que está a punto de hacer. A los quince años comenzó a ahorrar con una sola idea en mente, ese dinero serviría para darle a su progenitora la vida que merece, mil doscientos no es mucho, pero el objetivo sigue siendo el mismo y sus planes nunca incluyeron a una tercera persona, serían solo él y su madre por siempre.

—He terminado...— dice Liam a sus espaldas repentinamente, haciéndolo dar un respingo.

Light voltea aún con el corazón agitado debido al susto, lo ve de pie debajo del umbral, con el rostro casi desfigurado a causa de los golpes y una mochila en la mano; quizá esto último hace que sus dudas se disipen, como si estuviese hipnotizado camina hacia él con el manojo de billetes por delante.

—Tenga.

Liam parpadea confundido antes de soltar un suave «¿Qué...?», sin despegar la vista del dinero que Light le ofrece.

—Páguele a Ushio, así no tendrá que irse— insiste a la vez que extiende más su brazo, casi estrujándole los billetes contra el pecho.

—No... n-no puedo a-aceptarlo— tartamudea al mismo tiempo que se aleja, como si lo que Light le está ofreciendo estuviese contaminado.

—¡Por favor!— farfulla desesperado y Liam se detiene en seco, es la primera vez que lo escucha decir esa palabra—. Mi mamá estará muy triste si usted se va.

—Yo...

—Es solo un préstamo— añade al creer que el otro estaba a punto de negarse nuevamente. A cada segundo que pasa, su inquietud crece, porque para él no es fácil entregar lo que tanto le ha costado conseguir, pero haría lo que fuese por su madre.

Liam duda; nunca consideró que llegaría a sentirse tan bien en la casa de los Yagami, en un principio creyó que Ushio lo había enrollado con Sachiko a manera de favor, para que tuviera un lugar donde vivir mientras le pagaba los meses de renta que le quedó debiendo; ahora ya es muy tarde para darse cuenta que Ushio nunca lo hizo por bondad, quizá a su manera quería destruir un poco más a esa familia, porque muchos saben que está ensañado con ellos y quizá verlos convivir en armonía fue algo que le molestó.

—No debo...— susurra luego de unos segundos de meditación. Ahora que lo entiende, sabe que no es el dinero lo que le importa realmente a Ushio.

—Le cobraré hasta el último centavo— insiste, creyendo que la resistencia de Liam cesará si le asegura que no le está regalando nada, que tan solo se lo está prestando.

Light mantiene el brazo extendido, no lo ha bajado en ningún momento. Sin embargo contrario a lo que cree, sus palabras no ayudan, Liam sabe que no tiene cómo pagarle, prácticamente ya no tiene empleo y conseguir trabajo para alguien como él nunca ha sido fácil, ni siquiera terminó la primaria y su aspecto escuálido y enfermizo no es agradable a la vista. No obstante, luego de unos instantes de lucha interna, termina aceptando el dinero.

—Hablaré con Ushio— asegura a la vez que dobla los billetes y los guarda en uno de sus bolsillos.

Light asiente con una sonrisa de alivio en su rostro.

—Le llamaré a la señora Anderson para que los cuide.

No ha dormido nada en toda la noche y quizá debería descansar, Liam también se lo dice, ya perdió días de clases cuando estuvo hospitalizado. El problema es que de pronto ya no se siente cansado, la seguridad de que todo estará bien le basta para continuar.

oOo

—Joven Yagami, por favor tome asiento.

El aludido asiente y con cautela cierra la puerta. Sus pasos inseguros son mitigados por la alfombra lisa de color marrón que cubre el piso. La oficina del director es un lugar cerrado, amplio y de techo alto sin ventanas, con estantes llenos de libros a cada costado y una enorme vitrina al lado de la puerta donde se exhiben un sinfín de trofeos estudiantiles; aún así hay espacio suficiente para un anticuado, aunque bien conservado escritorio de roble justo en el medio y el aire circula sin problemas por las rejillas de ventilación que cubren la parte superior de las paredes, pero para Light las paredes se reducen en cada paso y el aire abandona por completo sus pulmones cuando toma asiento en uno de los mullidos sillones individuales de cuero.

—No le quitaré mucho tiempo— dice el robusto hombre de origen Francés a la vez que se acomoda hacia atrás su tupido cabello marrón. Light traga saliva e inconscientemente su nerviosa mirada se dirige al suelo —. Hoy se quedó dormido en clases y no presentó una tarea— hace una pausa, no necesita más explicaciones para que el adolescente sepa el porqué lo mandó a llamar, además probablemente él ya lo sabía desde que cruzó la puerta.

—L-Lo lamento... no volverá a p-pasar— se encoge sobre el asiento y sin alzar la vista, espera el castigo que le será asignado.

No obstante el director inspira hondo para deshacerse un poco del aspecto de docente cruel que se ha ganado gracias a sus espesas cejas y su siempre fruncido entrecejo; Light es tan buen alumno que no considera justo reprenderlo, pero si es necesario un llamado de atención.

—Joven Yagami, recuerde que esta institución es una de las más costosas de todo el país, pero cada año aceptamos a cinco jóvenes de escasos recursos para brindarles la oportunidad de un mejor futuro— entrelaza sus dedos y de nuevo guarda silencio, tiene esa manía de hacer pausas porque aún hay palabras que no pronuncia correctamente y no le gusta tener que repetir cuando ya terminó su idea completa.

Light escucha atento, sintiéndose apenado. Su situación económica es bien sabida por los miembros de la junta directiva, quizá no a profundidad, pero saben que no pertenece a la clase social alta. De hecho hay más alumnos en su misma situación y para no generar un ambiente de intolerancia nunca revelan quienes son parte de dicho programa, aunque muchos saltan a la vista fácilmente.

—Usted actualmente paga sólo el diez por ciento de la mensualidad— se detiene de nuevo solo para tomar aire —; su obligación es brindar siempre las mejores calificaciones y lo ha hecho excelente durante el tiempo que ha sido alumno de esta institución, sin embargo su rendimiento no ha sido el mejor las últimas semanas...

—¡Le prometo que pondré de mi parte, señor Lefebvre!— prorrumpe exasperado a la vez que alza la mirada, pero se remueve nervioso al percatarse que elevó la voz —. Lo siento...— musita, regresando a su posición de cachorro regañado mientras espera lo peor.

—No lo dudo— dice el hombre con una sonrisa, confía en la capacidad del joven —. Solo le pido que retome el buen camino que ha llevado durante todo este tiempo y que la próxima vez que pida verlo en mi oficina sea porque de nuevo fue el número uno de su clase como siempre, ¿de acuerdo?

Light no da crédito a lo que escucha, levanta la mirada y parpadea confundido, le toma unos segundos procesar las palabras del director y cuando lo hace salta fuera del asiento cuando éste le extiende la mano.

—¡Gracias!, ¡gracias!— farfulla con una sonrisa nerviosa al mismo tiempo que estrecha la mano del mayor—. ¡Le prometo que no volverá a pasar!

El directo asiente y con calma se arregla el puño de su camisa manga larga luego de que el eufórico apretón de manos lo desacomodara.

—Eso espero— con la misma tranquilidad hace un gesto con la mano, indicando que puede retirarse.

Light no espera a que se lo repitan, acata la orden, antes de irse le agradece una vez más con un suave «merci».

Por los pasillos su sonrisa se ensancha, no puede creer lo bien que va su día. Por supuesto que no se siente orgulloso de haber recibido un llamado de atención, pero pudo haber sido peor.

No pasa mucho para que en el patio principal sus amigos lo vean aún cuando intenta abrirse pasó entre los demás alumnos. Escucha la aguda voz de Misa llamándolo a sus espaldas pero está de tan buen humor que no se altera ni cuando de forma repentina Teru aparece a un costado y le pasa un brazo por encima de los hombros.

—¿Que quería el director?— pregunta la chica al alcanzarlo.

—¿Estaba muy enojado el viejo?— añade Mikami, aún abrazándolo.

—¿¡Te suspendieron!?— farfulla Misa con una expresión dramática mientras se lleva ambas manos al rostro.

Light menea la cabeza a la vez que sonríe; después de todo, pese a estar cansado, fue buena idea ir a clases, porque en ese instante mientras camina junto a ellos hacia la salida y lo acosan con sus preguntas, siente que es parte de todo ese mundo. Ahí es un adolescente cualquiera y no uno que muchas veces se va a la cama sintiéndose incómodo en su propia piel.

—Solo me dijo que me pusiera las pilas— se encoge de hombros para restarle importancia, porque no quiere entrar en detalles sobre lo que habló con el señor Lefebvre.

—Ni que te hayas dormido la clase entera— comenta Teru cruzándose de brazos. Considera que el maestro de ciencias sociales exageró al mandar al mejor alumno de la clase a la dirección por algo tan leve.

Light sabe que debido a su situación se debe esforzar más que el resto, pero no contradice a Mikami, es agradable cuando se comporta más como un amigo y no tanto como un adolescente mimado.

Siguen charlando en las afueras del colegio mientras esperan que el chofer de Misa y Teru llegue por ellos, ya después de tanto tiempo ni siquiera cuestionan a Light de porqué prefiere regresar a pie en lugar de usar a la servidumbre. En un principio hablan un poco de las tareas que tienen pendientes para la semana y luego Teru sugiere que deberían salir el sábado al cine, a comer o aunque sea por un helado porque según él hace mucho que no salen juntos; la juvenil plática continúa hasta que Misa advierte la presencia de alguien con quien Light no hubiese querido tener que lidiar ese día.

—No nos dijiste que tu novio vendría por ti— comenta con una sonrisa a la vez que agita de lado a lado una de sus manos. Elle, quien acababa de salir de su auto hacía unos segundos, devuelve el saludo a la chica; su sonrisa se congela al encontrarse con la molesta mirada de Light.

El castaño se vuelve hacia sus amigos y con una sonrisa forzada se despide antes de cruzar la calle. Su supone que debería fingir que está enamorado de ese hombre, pero al estar frente a él lo único que quiere es golpearlo, sin embargo se contiene.

—Sube al auto— le ordena antes de rodear el auto y dirigirse al lado del copiloto. Lawliet acata sin rechistar pero al cerrar la puerta se percata de que quizá era mejor dejar pasar algunos días antes de buscar a Light de nuevo.

—¿Quieres que vayamos a alguna parte?— pregunta con un nerviosismo que no es usual en él mientras enciende la radio para evitar silencios incómodos.

—Solo dime a qué viniste— exige cruzado de brazos y con la vista al frente.

Lawliet suelta un suspiro y pone en marcha el auto, necesita un lugar más tranquilo donde puedan hablar, lejos de la mirada curiosa de algunos alumnos.

Sabe que todavía es muy pronto para tocar el tema, él aún ni siquiera termina de asimilar todo lo que vio, lo lúgubre de aquellas calles ni la desesperanza que se respiraba en aquella casa. Sin embargo no quiere que su imprudencia sea motivo para que las cosas entre él y Light vuelvan a ser difíciles como en un principio, quizá por eso lo buscó tan pronto, para demostrarle que nada de eso importa, que nada ha cambiado.

Va andando hasta que aparca cerca de un parque. Está consciente de que Light no aceptará salir por un paseo pero al menos durante el trayecto ordenó sus ideas y cree que están en un lugar lo suficientemente tranquilo para charlar a gusto por un momento.

—Light...— sostiene el aliento y se muerde el labio. Llegó a la conclusión que no tiene sentido esquivar un tema del que tarde o temprano tendrán que hablar, aunque eso no significa que sea fácil hacerlo, menos con alguien que se la pasa todo el tiempo malhumorado—. Lo que pasó ayer...

—¡Lo que pasó ayer no debió suceder!— prorrumpe a la vez que voltea su rostro en dirección a Elle—. ¡No tenías derecho a meterte en mi vida privada!— Light no esperaba reaccionar de esa manera, pero una vez que empieza no puede parar—. ¡Si tanto querías saber sobre mi miserable vida podrías haberme preguntado y yo hubiese decidido si quería compartirla o no!

—Lo siento...— es lo único que atina a decir, sus palabras no merman la furia del otro.

—¡Y no tengo idea de qué hacías con mi mamá pero te prohíbo que la contactes de nuevo!

Lawliet sostiene el aliento, aunque la petición de Light es razonable, él no lo había tomado en cuenta, de hecho aún está preocupado por la señora Yagami, su actitud lo dejó inquieto y esperaba conocerla un poco más. Sin embargo recapacita y entiende que una relación con ella es mantener una puerta abierta a una zona que no le corresponde.

—Está bien...— murmura con un aire de derrota.

—Tampoco te puedes aparecer de nuevo en mi casa— finaliza, cruzándose de brazos y volviendo la vista al frente.

—¿Algo más?— suspira, preguntándose si realmente lo que hizo fue tan malo o si Light simplemente ama hacerle escenitas por todo.

—No, es todo. Ahora es tu turno— toma una postura arrogante, alzando el mentón y cerrando los ojos.

Elle sonríe un poco de lado al verlo, quizá antes hubiese percibido esa actitud de una manera muy distinta, ahora le parece que luce bastante aniñado, porque ha descubierto que en algunas ocasiones Light aún es muy infantil.

—Lo siento...— dice luego de unos segundos, después de haber adoptado de nuevo un semblante apacible—. No fue correcto lo que hice, pero no lo hice con mala intención— se inclina un poco hacia Light, lo suficiente para poder sujetarlo de la barbilla y hacerlo girar el rostro en su dirección—. Pero créeme que la imagen que tengo de ti no ha cambiado y no deberías sentirte avergonzado de tu procedencia— finaliza viéndolo a los ojos, y como ya esperaba, su comentario no es bien recibido.

—¡Argh! ¡Tenias que decir eso!— le aparta la mano y se aleja de él, pegándose lo que más puede a la puerta.

—¡Está bien!, ¡está bien!— farfulla a la vez que hace un gesto con ambas manos, como restándole importancia o pidiéndole que se calme—. Si no quieres hablar del tema está bien.

—¡No es que no quiera hablar del tema!— vocifera al instante con bastante fuerza mientras se yergue lo más que puede—. ¡Solo debes admitir que te equivocaste y que no volverás a hacerlo!

Elle sin embargo, no adopta la misma postura dominante de Light, él se mantiene con el rostro sereno y hombros caídos, aparentando que cede ante esa imagen de macho alfa y así evitar que la furia del otro siga en ascenso. Sabe que para discutir se necesitan dos y él no es partidario de las discusiones.

—Es justo lo que acabo de hacer...— susurra, esperando que una voz suave sea la clave para que el otro recapacite y se dé cuenta de que su enojo es injustificado.

Light en ese momento es un cerillo encendido y cualquier palabra o movimiento errado es como gasolina.

—¡Bien! ¡Entonces puedo irme!— lleva su mano hasta la manija y antes de poder abrir, Elle lo sujeta del brazo para detenerlo—. ¿¡Y ahora qué!?

Lawliet suelta un suspiro hastiado. Es una persona tranquila pero tampoco es un santo, si se tratara de alguien más ya lo hubiese mandado a la mierda, solo acepta esa actitud porque es Light. Luego de lo sucedido siente hasta pena por el muchacho, cosa que jamás le comentará sino quiere pasarse otras dos semanas usando gafas oscuras; es claro que las circunstancias lo orillaron a prostituirse, pero también se ha convencido de que toda esa hostilidad es porque a su corta edad vive frustrado, y no lo culpa, probablemente él también lo estaría si viviera en esas condiciones.

—También te busqué porque quería entregarte algo...— lo suelta hasta estar seguro que ha logrado captar su atención, acto seguido se inclina un poco más hacia adelante hasta alcanzar la guantera y sacar un sobre que guardó en ella—. El evento es el jueves de la próxima semana— indica sin preludios y le extiende la invitación.

—¿El jueves?— pregunta con su vista fija en las líneas doradas que se desplazan con delicadeza a lo largo del sobre azul marino. Su voz, esta vez, carece de rabia y Elle lo nota.

—Sí, el jueves— reafirma. Está seguro que Light debe haber notado la fecha y esperaba algún reclamo al respecto, porque sí, el evento a propósito será el día de su cumpleaños —. Será el lanzamiento para un nuevo videojuego de realidad virtual en el que hemos estado trabajando durante casi un año.

Elle le da los detalles acerca de su proyecto, a Light no puede importarle menos, ni siquiera se ha percatado que se ha quedado como bobo leyendo la invitación, buscando el sitio en donde se realizará. ¡La Rochelle!, ¡conoce ese lugar! O... bueno, ha leído sobre él y ha visto fotos, ¡es precioso! ¡Quiere ir, quiere ir, quiere ir! ¿¡Por qué tiene que faltar tanto!? Se pregunta si el lago artificial que lo rodea realmente es de color turquesa como sale en las fotos, o si...

—¿Quieres que vayamos a comprar algo que puedas usar ese día?— pregunta con una enternecida sonrisa, cuando Light se emociona realmente puede verse muy lindo.

Sin embargo el castaño, al percatarse que se dejó llevar, recobra la compostura y guarda la invitación sin ningún cuidado en su mochila.

—No creas que no sigo enojado— dice cruzándose de brazos y frunciendo el entrecejo para retomar su aspecto estoico de siempre, pero ante los ojos de Elle, ese aspecto se asemeja más al de un gatito arisco que se crispa y rasguña al intentar tocarlo, pero un inofensivo gatito al fin y cabo.

—¿Entonces prefieres que escoja yo algo y te lo mande?— no hay respuesta, Light ni siquiera lo ve, pero prefiere no insistir luego de lo que ha pasado, no quiere que ese volcán hormonal de apellido Yagami vuelva a explotar —. Envíame tu talla por mensaje de texto y yo te aviso cuando lo tenga listo.

—Como quieras— se encoge de hombros y vuelve a tomar la manija —¿Algo más?

Lawliet se ve tentado a ofrecerle su ayuda para lo que sea que necesite ahora que sabe la escasez en la que vive, pero teme que sus buenas intenciones no serán bien recibidas así que menea la cabeza y le dice que es todo.

Light ni siquiera se despide, tan solo sale y se aleja del auto. Sabe que ese día deberá actuar como un lindo accesorio, pero mientras la ocasión llega, prefiere guardarse sus modales.

Camina erguido por varias cuadras, su andar es estilizado y no voltea a ver hacia atrás en ningún momento. Solo acelera el paso cuando cree que se ha alejado lo suficiente. Abre la cremallera de su mochila y con una mano palpa el interior casi encorvado mientras sus pupilas van de aquí para allá, examinando su entorno, asegurándose que Lawliet no se encuentre oculto en alguna esquina. Recupera el sobre y con su dedo pulgar e índice intenta alisar los bordes que se vieron afectados hace unos minutos, acto seguido vuelve a abrirlo para leer de nuevo la invitación, y esta vez, al saberse solo, no contiene su sonrisa.

«Light Yagami» su nombre en cursiva y en color dorado casi al final de la invitación sobresale entre las demás letras de un tamaño menor y en color negro. Sin importarle que va andando por la calle, la lee en voz alta una y otra vez, disfrutando de ese divertido cosquilleo que invade su lengua cada vez que su nombre se desliza por ella. Se pregunta si ese es el mismo evento que comentaban Misa y Teru la semana pasada, por una parte espera que no porque sería incómodo ya que nunca ha asistido a uno; pero por otra parte le emociona la idea de ser igual a ellos aunque sea una noche.

Sigue andando, sus pies parecen moverse por voluntad propia, siguiendo el mismo camino que recorren todos los días mientras Light continúa soñando con los ojos abiertos. Se imagina una incontable cantidad de grandiosas posibilidades sobre lo que podría ocurrir ese día, y cada nueva idea es mejor que la anterior; algunas son demasiado fantasiosas e incluyen hasta al presidente, pero en este momento no podría importarle menos, no cuando ha dejado volar su imaginación tan alto después de tanto tiempo. No obstante su burbuja de fantasía y júbilo explota bruscamente y sus pies tocan la realidad tan pronto como empuja la puerta de su casa.

En ese instante todos sus sentidos se bloquean, no escucha más que los propios latidos de su corazón y la escena frente a él parece ir en cámara lenta. Su madre llora encorvada sobre el sofá sin advertir su presencia mientras su vecina intenta consolarla.

—¿Qué su-sucede?— cuestiona apenas audible aún sujetando el picaporte.

Una de las mujeres reacciona al escuchar su voz, se pone de pie de forma tan abrupta que casi le sonsaca un respingo.

—¡Light!— la señora Anderson se acerca apresurada con una expresión compungida, como si estuviera a punto de darle la peor de las noticias.

Pero antes de que ella pueda decir algo más, el instinto de Light se activa. Sus ojos se abren de par en par y negándose a creer lo que su intuición le grita, se adentra a la casa, recorriendo con su mirada cada rincón que su posición le permite antes de preguntar por Liam. Hay un silencio lleno de conmiseración en el que ella agacha la cabeza.

—¿¡Dónde está Liam!?— vocifera esta vez pero no se detiene a esperar una respuesta.

La aparta del camino de forma poco delicada y se dirige a su habitación. Espera que el idiota haya ido a atenderse las heridas o a comprar algo para el dolor, su mente aún intenta buscar un motivo que justifique su ausencia, aunque su estómago revuelto y su corazón agitado ya parecen saberlo.

—No, no, no...— susurra alterado mientras con una mano palpa el interior de su colchón. Sus dedos rozan algo, su mundo se quebranta cuando lo que saca es un papel con un simple «lo siento» escrito en él, nada más.

—¿¡Dónde está Liam!?— salta fuera de la cama y regresa a la sala. Su corazón palpita con demasiada prisa, su pecho está saturado de decepción, dolor y furia; furia contra Liam y también contra sí mismo—. ¿¡Dónde está Liam!?— repite alzando más la voz y su pregunta es acompañada de un manotazo que hace volar un vaso que habían dejado sobre la mesa.

La señora Anderson se encoge nerviosa y los hipidos de Sachiko aumentan, esto último lo encoleriza más.

—¿¡Por qué lloras!?— se sitúa frente a ella y sujetándola de los brazos la zarandea un poco mientras le vuelve a hacer la misma pregunta en un tono más alto.

—¡Por qué estoy sola de nuevo!— dice entre gimoteos al levantar la cabeza. Quizá en otra ocasión su rostro demacrado y sus ojos llenos de desconsuelo lo habrían hecho reaccionar, pero no ahora.

—¿¡Sola!?, ¿¡sola!?— la rabia le nubla el juicio e inconscientemente hunde más sus dedos en aquellos huesudos brazos mientras dos gruesas lágrimas cuelgan de sus pestañas—. ¿¡Y yo qué soy!?, ¿¡un pedazo de mierda!?

—¡Light!— exclama la señora escandalizada. Ha estado al lado del joven sujetándolo del brazo e intentando alejarlo por los últimos segundos, pero fue hasta ese momento que se sintió en la obligación de decir algo—. Entiéndela, está alterada— intenta que su voz sea dulce, casi maternal, pero no obtiene un respuesta positiva.

—¿¡Qué la entienda!? ¿¡Y a mí quién me entiende!?

No puede respirar, le duele el pecho, su corazón late con demasiada prisa y algo dentro de su cabeza palpita como si estuviera a punto de explotar. Es hasta entonces que suelta los brazos de su progenitora y se yergue antes de limpiarse las mejillas.

—Siempre ellos van a ser más importantes que yo, ¿verdad?— se ven directo a los ojos, cada uno posee una mirada vacía, con historias diferentes grabadas tras ellas. Sachiko menea la cabeza, quiere decirle que no es así, que no es verdad, que él es lo más valioso que tiene, pero las palabras se quedan atoradas en su garganta junto a otros lamentos.

—Light, por favor...— continúa la vecina, casi rogándole con esos ojitos cansados que se detenga.

El aludido dirige su mirada a ella y luego la vuelve a su madre, quien en ningún momento ha dejado ese maldito sillón para abrazarlo mientras le dice que podrán superar cualquier cosa mientras estén juntos.

—Odio este lugar...— murmura con palpable rencor a la vez que se aparta de la señora Anderson y se dirige a la puerta—. También te odio a ti, mamá.

No voltea, solo sale tras un portazo. Quizá se arrepienta luego de sus palabras, pero en ese momento solo quiere alejarse, no le importa el lugar mientras sea lejos de ahí.

oOo

Luego de haber andado por más de una hora, decidió entrar a un restaurante medianamente decente que encontró y pidió una mesa discreta, de esas que por su ubicación quedan casi ocultas y son perfectas para parejitas traviesas. Hay música instrumental en vivo en el enfrente del establecimiento, quizá por eso pensó que el lugar sería acogedor, se sintió atraído por todas esas personas que platicaban divertidas mientras la alegre melodía continuaba sonando de fondo. Se sintió envuelto por toda esa calidez.

Sin embargo ahora cree que fue una mala idea. El espectáculo musical solo se escucha en la parte de afuera, en el interior solo se cuela algún que otro acorde de vez en cuando, pero el ambiente vivaz es el mismo, y es eso lo que quizá le molesta, lo que le atrajo ahora le incomoda.

Su mesa está casi al fondo, detrás de una pequeña pared con pequeñas macetas de flores artificiales sobre ella. Desde su posición puede observar buena parte del restaurante, y aunque fue él quien pidió una mesa en un lugar alejado, en ese momento ese detalle le afecta, de alguna manera se siente como si hubiese sido dejado de lado por todos los demás, como si estuviese en un lugar donde nadie jamás lo volteara a ver, en un sitio distinto al de ellos. Ahí, en ese rincón, no desentona.

Todas las mesas del establecimiento están ocupadas, haciendo que las risas y charlas se mezclen en el aire y se combinen con el ruido de las cazuelas. Y aunque algunos comensales lucen más animados que otros, es una mesa en específico la que ha atrapado su atención. Al otro lado de la pared, una familia merienda; asume que son papá, mamá e hija; la niña no debe pasar de los ocho años y lleva una tiara sobre su melena negra. La pequeña parece contarles algo a sus padres, pero por el bullicio y la distancia apenas logra entender una que otra palabra, aún así, por la forma en la que mueve los brazos parece que es sobre algo muy divertido. Los padres escuchan atentos con una gran sonrisa, claramente fascinados por la enorme imaginación que tiene su niña.

Sonríe un poco al ver que la niña sube a la mesa una muñeca de trapo que luce bastante vieja; eso le recuerda la ocasión en la que de pequeño sus padres lo llevaron a una feria, él quería que le comprarán una figura del hombre araña que había visto en la tele, pero a su padre solo le alcanzó para un conejo rosa de orejas largas que se ganó en un juego de tiro al blanco. Aún así, Orejitas fue una gran heroína, protegió por años el hermoso mundo de San Liya, donde los únicos habitantes eran él, una pelota de fútbol y una patito de goma. Se pregunta si esa muñeca es igual de importante para ella como lo fue ese peluche para él.

—Disculpe la demora— el castaño da un respingo cuando sorpresivamente alguien se sitúa a su lado —. ¿Está listo para ord... ¿Light?— Near sonríe con una expresión de «¿Me recuerdas? Nos vimos el otro día»—. ¿Te sientes bien...?— pregunta cuando al prestar más atención, lo nota sudoroso.

—Aquí hace mucho calor— comenta a la vez que toma el menú que está sobre la mesa, el cual ni se había molestado en revisar.

—Puedo cambiarte a una de las mesas del centro, si quieres— ofrece con toda la buena voluntad del mundo, pero su sonrisa casi desaparece cuando Light le regresa de forma poco delicada el menú.

—Solo quiero un té de limón— contesta de manera cortante sin verlo.

—Vuelvo en un momento— dice apenas audible antes de regresar por donde llegó.

Al saberse solo, remueve un poco la manga de su saco junto con su reloj y se pierde en las líneas gruesas que se deslizan por la parte interna de su muñeca. Delinea cada letra con su dedo índice tres veces y luego vuelve a cubrir su antebrazo. VON es su canción favorita, por eso decidió tatuársela en una zona visible solo para él, donde pudiera verla cada vez que lo necesita y ese día en particular ha recurrido a ella muchas veces.

—Ten.

Near aparece de nuevo, aunque en lugar de traer en sus manos lo que ordenó, coloca sobre la mesa un plato de pollo con patatas.

—Yo no pedí esto...— susurra confundido al mismo tiempo que aleja el plato, pero el de cabellos blancos lo detiene.

—¿Qué importa?— dice con una sonrisa, tomando asiento sin ser invitado y sin importarle que aún está en horas laborales, espera que su baja estatura y la posición de la mesa sirva para que sus compañeros no lo vean tan fácilmente—. Yo invito— insiste, empujando el plato hacia el muchacho.

—No tengo hambre— su estoico rostro y su tono de voz cansado lo hacen ver como si estuviera fastidiado con la presencia o el gesto del otro, pero realmente es solo eso, está cansado y no tiene hambre.

Sin embargo Near no es alguien que desista fácilmente cuando se trata de ayudar a otros.

—Debes comer— casi ordena con el entrecejo fruncido como lo haría una madre. A Light le sorprende como un rostro tan aniñado es capaz de lucir tan serio —. Lawliet me comentó el porqué te desmayaste, no es bueno saltarse los tiempos de comida, tú en especial debes alimentarte bien para que puedas recuperarte, ¿no crees?

No puede evitar rodar los ojos; no es un niño pequeño y tampoco conoce a ese muchacho para que le hable así, aunque quizá lo que más le incomoda es que su estado de salud haya llegado a oídos de otros gracias a Elle, le hace pensar que su penosa situación económica también será conocida por los amigos del empresario. Es algo que debe aclarar, le llamará tan pronto pueda para recordarle que nadie más debe enterarse.

La sonrisa vuelve al rostro de Near cuando Light toma el tenedor, aunque también nota la ironía con la que éste se lleva la comida a la boca.

—¿Feliz?— pregunta mordaz con la boca llena. Pero al ver que su actitud no causó ni el más mínimo repudio, vuelve su vista al plato y lleva más comida a su boca, de pronto tiene apetito.

Near lo observa fascinado, ni siquiera se percata que el supervisor anda queriendo localizar su pequeña cabeza blanca. Lo deja comer a gusto por unos segundos, cuando de pronto la curiosidad es demasiada para su menudo cuerpo.

—Light...— dice con voz suave, llamando su atención —, tú y Elle... ¿son algo?— una sonrisa nerviosa surca sus labios, ignorando que su pregunta acaba de arruinar el almuerzo del otro.

—Solo somos dos personas que nunca debieron conocerse— masculla mientras aparta el plato.

Near, quien no esperaba esa respuesta, abre los ojos de par en par. Está seguro que Lawliet siente algo por ese muchacho y le entristece que no sea recíproco.

—¿Sabes? He estado enamorado de la misma persona desde que tengo memoria y nunca he sido correspondido— dice cabizbajo. No sabe porque se lo cuenta, quizá porque la situación de Lawliet le recordó a la suya con Mello y porque la forma de hablar de Light le recuerda mucho a sus amigos cada vez que le dicen que no debería darle importancia.

Light tampoco entiende porqué se lo cuenta a él cuando no se conocen, pero supone que espera una respuesta al respecto. Lo que pasa es que Light no es la persona idónea para dar consejos en el amor.

—Si no te ama, búscate otro, ¿no sería más fácil?— sonríe satisfecho. El dilema de su pequeño acompañante le parece que tiene una solución fácil, son las personas las que deciden complicarlo todo con sentimentalismos.

Sin embargo para Near esa respuesta es como un balde de agua fría. Está cansado de sentir que él es el problema. Sí, se equivocó, se precipitó, pero no debería ser algo malo ser una persona que ve el amor como algo especial y sagrado.

—¿Por qué todos piensan que es tan fácil reemplazar a una persona como si se tratara de una prenda?— hay un poco de hostilidad en sus palabras pero no alza la voz, es consciente del lugar en el que se encuentra.

—Porque nadie es indispensable— se cruza de brazos y alza el mentón, una posición de autosuficiencia que hace a menudo.

—Las personas si son importantes, Light — le replica con el entrecejo fruncido —. La familia, los amigos y también la persona de la que te enamoras son importantes, irreemplazables.

—Lo único importante es la familia, y ni siquiera toda— comienza a enumerar con los dedos de su mano los tres puntos que el otro mencionó —. ¿Amigos? Van y vienen. Y... ¿amor? No, lo siento, esa es una manera muy tonta de pensar, definitivamente no va conmigo.

Near se muerde el labio para no soltar un jadeo, siente que las lágrimas queman tras sus párpados, exigiendo salir pero las contiene. Él solo quiso ser amable.

—Entonces para ti yo soy tonto, pero tú a mí me das lástima— dice a la vez que se pone de pie con notable resentimiento —. Tú manera de ver la vida demuestra lo vacío que estás, no tienes nada que ofrecerle a los demás.

Light frunce el entrecejo mientras lo ve alejarse. No esperaba que todo terminara tan mal, realmente su intención no fue ofenderlo, muchas veces habla sin pensar y se deja llevar. Sin embargo no lo contradijo, no tuvo el valor de hacerlo porque sabe que hay algo de cierto en sus palabras.

Se levanta mientras busca en su bolsillo algunas monedas, piensa que dejar propina es lo menos que puede hacer. Coloca dos dólares sobre la mesa y toma su mochila para retirarse, antes de hacerlo, recuerda el papel que encontró en su colchón. Las disculpas de Liam no significan nada para él y supone que las suyas no significaran nada para el pequeño de cabello blanco, pero aún así deja ese papel junto al dinero, con la palabra «lo siento» a la vista.