Cuando Light abre los ojos esa mañana, recibe de lleno una bofetada de cruel realidad. Toda la tormenta contenida en su corazón revienta caudalosamente mientras de forma serena su rostro sube y baja al ritmo de la pausada respiración de Elle. La piel de su mejilla roza contra el cálido pecho semidescubierto del otro, embriagándose más a cada segundo por el inalterable palpitar de ese corazón, pero cada latido también lo llena de amargura. Deposita un ligero beso sobre lo que fue su almohada buena parte de la madrugada, donde supone debe estar ese latente órgano que horas atrás le abrió las puertas, el cual ahora rechaza. Se arrastra sobre las suaves sábanas, procura hacerlo despacio para no despertar a su acompañante, pero entre más se aleja, más crecen sus ganas de volver y acurrucarse a su lado para huir de la realidad que lo espera; sin embargo continúa, los recuerdos de hace unas horas comienzan a agolparse en su cabeza mientras se acerca al final del lecho que acunó su lado más frágil, y estallan tan pronto los dedos de los pies rozan la fría madera.
—Es uno de los mejores hoteles de la ciudad— dijo Lawliet mientras entregaba las llaves al valet parking y admiraban la altura del edificio frente al cual estaban parados.
—¿Y qué hacemos acá?— Su voz sonó ronca luego de lo ocurrido, en sus pupilas y mejillas aún había vestigios de tristeza.
—Tragándome mis palabras— aseguró antes de sostenerle el rostro con ambas manos para captar su mirada —. Hace unos meses dije que las posibilidades de visitar contigo un lugar como éste eran nulas, pero quería que la noche de tu cumpleaños fuera la mejor.
Aún estaba aturdido por la situación agobiante que atravesó, pero no era del todo ajeno a lo que ocurría, el pesar que Lawliet sentía por lo ocurrido en La Rochelle era palpable, pero sobre todo supo identificar el peligro que representaban aquellas palabras. Sin embargo no retrocedió en ningún momento, en lugar de huir, se dejó guiar sujetado de la cintura, aceptando los besos juguetones que Elle le daba mientras hacían largo uso del ascensor, hasta que éste se detuvo en el último piso.
La habitación, igual de impresionante como todo lo que habían visto sus ojos esa noche, tenía una vista sorprendente justo frente a una cama de gruesas sábanas blancas, donde un ventanal cubría buena parte de la pared, sino es que toda. Ahí pegó sus manos y frente, atraído por las luces de la ciudad como si de un imán se tratara; eran tantas, tan brillantes e incontables como las estrellas en el cielo. «Es hermosa» susurró cuando subió su vista hasta el firmamento y la enorme luna blanca se reflejó en sus pupilas, jamás le había parecido tan grande, tan cercana, tan alcanzable que creyó que podría rozarla con los dedos si estiraba el brazo. Ahí de pie, se sintió cobijado por tanta belleza y calma, como si esa noche en específico el mundo le estuviera regalando el más bello de los panoramas, mostrándole su mejor cara para convencerlo de que aún vale la pena seguir viviendo en él.
—¿Tomamos una ducha?— Le preguntó Elle en algún momento, abrazándolo desde atrás mientras jugaba con los botones de su camisa.
En el baño, Lawliet se encargó de recorrer su cuerpo con una suave esponja. No hubo malicia en sus roces, más bien parecía querer limpiar con la espuma todo lo malo que había ocurrido esa noche, pero había tanta ternura en sus caricias que más que un mal recuerdo, terminó llevándose, al menos por ese instante, su soledad.
Hubo besos carentes de lujuria bajo la regadera y continuaron sobre la cama, apaciguando con cada uno de ellos la tempestad de angustia e inseguridad albergada en su pecho. Por primera vez sentía lo que era realmente ser besado, por primera vez se daba cuenta que nunca nadie lo había besado a él, a Light Yagami el ser humano y no al pedazo de carne... la sensación era muy distinta a lo que alguna vez había vivido y le gustó que fuera así.
Las manos de Elle nunca bajaron más allá de la piel de su pecho que quedaba al descubierto con la bata blanca que ahora ambos usaban, en cambio le acarició el cabello mientras recorría sus mejillas con los labios, llevándose los remanentes de tristeza que aún estaban adheridas a ellas
—Vuelvo en un segundo.
Desapareció tras una pared y apareció al poco tiempo, trayendo consigo una caja de tamaño considerable con un esponjoso moño más grande que su cabeza.
En su interior, entre papeles de colores, había un morral y una billetera de cuero en color marrón, unas gafas de sol, un reloj y una pequeña tablet. Por el rostro de Lawliet, podría decir que a lo mejor tenía planeado entregárselo de forma especial y no tan simple, aunque lo notó sonreír aliviado cuando tomó el obsequio, quizá porque no pudo disimular tan bien su emoción al tener la caja entre sus manos. En otra ocasión hubiese ido por su celular para sacarle una foto antes de rasgar el envoltorio, pero al menos en eso si pudo contenerse. Fue divertido sacar hasta el último trozo de papel, fue como descubrir el tesoro de un cofre recién encontrado, pero nada de lo que ahora tenía desperdigado sobre la cama parecían imitaciones como las que él solía comprar, y aunque lo fueran, era demasiado, no podía aceptarlo.
—No es correcto rechazar los regalos de cumpleaños, es de mala suerte— dijo Elle de repente, como si lo hubiera notado vacilar.
No contestó, en parte porque no tenía la voluntad suficiente para rechazarlos, pero tampoco creía que fuese correcto aceptarlos. Entonces pensó en pagarle de la única manera que sabe: con sexo. Llevó sus manos hasta el cinturón de su bata pero fue detenido.
—¿Realmente quieres hacerlo?— Lawliet lo vio directamente a los ojos, sin permitirle continuar con lo que planeaba.
—Estamos solos en una habitación de hotel...— respondió como si fuese lo más obvio. Supo lo que harían desde que puso un pie en la acera frente a ese edificio.
Sin embargo Lawliet repitió la pregunta sin soltarlo y esta vez añadió: «no te he traído para lo que estás pensando». Esto lo confundió por unos segundos ya que el pelinegro parecía dispuesto a continuar si se lo permitía, entonces ¿por qué no simplemente lo hacían y ya?
—Esta noche solo importa lo que tú quieras.
«¿Soy demasiado obvio?» se preguntó, esa era la segunda vez que Elle parecía leer lo que cruzaba por su mente.
Pero entonces negó despacio agachando la cabeza, sintiéndose inseguro de su decisión; no porque quisiera hacerlo, sino porque no sabía si tenía el derecho a negarse.
—Pero si tú quieres... — alzó la cabeza pero fue silenciado con un beso suave.
—¿Tienes hambre?— Comenzó a guardar todo en la caja como si la conversación de hace unos segundos nunca hubiera existido, luego la dejó a un lado—. Puedo pedir que nos traigan algo.
Sonrió con ironía y malestar, terminaría vomitando todo si comía algo aunque su estómago estaba vacío. El cuchicheo de las personas junto a los clics de las cámaras seguían resonando en su cabeza, volviéndose más fuertes que su hambre.
—No, gracias— susurró arrastrándose por la cama hasta que su espalda chocó contra el respaldo de la misma. Debía ser el mejor momento de su vida pero no lo estaba disfrutando.
—Entonces...— el pelinegro se acercó con cautela, como si no quisiera darse por vencido pero a la vez temiera hacer un movimiento en falso —¿Quieres que usemos el jacuzzi un rato?
—¡No!— Volteó hacia otro lado, avergonzado de su reacción—. No quiero nada... — murmuró luego de haber gateado lejos de Elle hasta ocultarse bajo las sábanas.
El colchón vibró, y junto a un leve tirón en las cobijas, supo que Lawliet estaba a punto de invadir su escondite.
—¿No son desgastantes esos cambios de humor repentinos?— Preguntó con tono burlesco pero sin llegar a ser ofensivo.
—No es gracioso... — masculló sin moverse de su posición, aun cuando sintió el pecho de Lawliet pegarse a su espalda mientras con un brazo le rodeaba la cintura.
—No, no lo es— reconoció menos animado, y lo sintió acompañar esas palabras con un beso en su cuello, como si le estuviera pidiendo perdón por lo ocurrido.
Por unos segundos, el silencio fue reconfortante, escuchar solo la respiración del otro lo tranquilizaba. Sin embargo la agradable sensación no duró mucho, el caos en su cabeza se volvía cada vez más escandaloso, hasta que la voz de Elle se hizo presente.
Como si hubiese percibido su angustia, Lawliet se encargó de llenar con anécdotas cada segundo. Se dio cuenta de que no sabía nada acerca de la vida personal de Elle cuando éste comenzó a platicarle sobre sus años en el orfanato; «tuve una buena infancia» agregó, quizá porque lo sintió estremecerse ante la noticia, su madre es lo más importante que tiene y no se imagina su vida sin ella, por eso tal vez le afectó saber que Lawliet había crecido sin ninguno de sus padres. Sin embargo el otro le aseguró que nunca le hizo falta nada, que ahí conoció a los raros que hoy eran su familia y que Watari y Roger, sus tutores y los fundadores de la compañía donde ahora es presidente, fueron y son los mejores padres que pudo haber tenido. También le contó sobre cuando fueron por primera vez a un parque de diversiones y la sorpresa que se llevaron cuando el único que se quería subir a la atracción más alta era un Near de nueve años, pero debido a su estatura y edad solo lo dejaron subirse al gusanito.
Las anécdotas no llevaban un orden cronológico, Lawliet le platicaba sobre algo que hizo a los dieciséis años y luego regresaba a cuando tenía ocho, como usualmente sucede cuando le cuentas algo a alguien. Sin embargo el otro hablaba de todo, menos de lo sucedido esa noche, y sabía que lo estaba haciendo deliberadamente. Entonces se sintió culpable, si él no hubiese arruinado el evento, Lawliet ahora estaría vanagloriándose en lugar de evitar el tema...
—¿En qué piensas?— Le preguntó muy cerca del oído, dejando de lado la vez que cierta parte de la anatomía de Beyond sufrió cambios permanentes gracias a las ideas raras de Matt.
—En que tu hermano es un idiota por hacerle caso a tu amigo— murmuró pese a que por su mente pasaba algo muy distinto. Era obvio que Lawliet hacia lo que hacía para mantenerlo distraído, y no quería arruinar al menos eso.
Lo sintió respirar muy cerca de su nuca, donde luego depositó más besos cortos. De nuevo hubo relatos, historias divertidas y tiernas contadas muy cerca de su oído mientras sentía la punta del dedo índice y medio de Elle hacer círculos en su abdomen sobre la bata. Los minutos pasaron, y aunque estaba consciente de las intenciones de Lawliet, no se percató en qué instante comenzó a prestar más atención a lo que escuchaba en lugar de atormentarse con sus pensamientos.
—Me gustas, Light— le dijo de repente, dejándolo sin aliento por unos segundos.
No hubo respuesta de su parte, aunque tampoco parecía que Lawliet esperara alguna, más bien era como si tan solo quería o necesitaba sacárselo del pecho. Y a pesar de que no podía corresponder por razones que nada tenían que ver con sus sentimientos, tampoco se movió; en ese momento no existía otro lugar en el mundo donde quisiera estar que no fuera cerca del calor de Lawliet.
Una delgada lágrima casi imperceptible cae desde sus pestañas y la retira antes de que ésta llegue al final de su mejilla. Recoge del suelo su ropa como quien recoge los fragmentos apagados de su ser; más que su cuerpo desnudo, cubre con ellas una faceta de sí mismo que no conocía, o que ya no recordaba.
Quien lo viera notaría que su actitud no es la de alguien que realmente desea huir pues sus movimientos son lentos, más que cauteloso diríase que desea prolongar su estancia mientras sus ojos recorren cada esquina de la habitación, como queriendo retener en su memoria cada detalle que hay en ella. Sin embargo también se le nota incómodo, en cada segundo que pasa su mirada se apaga un poco más, como si toda la calidez que lo abrazó hasta hace unos minutos abandonara su cuerpo y en su lugar un aire gélido se instala en cada disco de su columna vertebral.
—¿A dónde vas?— Pregunta Elle tras un bostezo, pasándole desapercibida la pequeña parálisis que provocó en Light al hablarle desde la cama.
Aún somnoliento, se rasca descuidadamente la cabeza con una mano mientras con el otro antebrazo se cubre el rostro para proteger sus ojos de los pocos pero molestos haces de luz solar que se cuelan por las persianas.
—A casa— responde aún dándole la espalda tan pronto sus músculos vuelven a obedecerle.
Con la pereza de alguien que pide dormir solo cinco minutos más, se estira con languidez mientras busca un reloj en algún sitio de la habitación, y encuentra uno con números enormes colgando de una de las paredes. «No debe ser tan tarde», piensa mientras entrecierra los ojos, así tal vez las agujas del reloj toman una forma definida pese a las legañas y el cansancio... ¡Las diez y cuarenta y cinco! Sale de la cama como un resorte, sin percatarse o preocuparse de que su bata está completamente abierta.
—Deja me lavo el rostro y me pongo un poco de ropa— no tiene prisa por marcharse, pero tampoco esperaba que fuera tan tarde; ¿desde cuándo perdió la capacidad de dormirse a las tres de la madrugada y estar como si nada a las seis? —Deberíamos pedir algo para desayunar... o almorzar— propone con una sonrisa mientras intenta alcanzar uno de los calcetines que está debajo de la cama.
Sin embargo no recibe respuesta, Light termina de colocarse los zapatos como si estuviera solo en la habitación, totalmente indiferente a su presencia.
—Hey, ¿qué sucede?— Se acerca hasta él y es necesario que lo sujete del mentón para hacer que le dé la cara.
—Me voy...— logra sostenerle la mirada con aire altivo pese a que le incomoda verlo a los ojos.
Pero ahora que conoce, o al menos, conoció el ápice de la fragilidad que se esconde bajo ese caparazón de mirada fría, no puede caer ante la fachada de indiferencia que tiene enfrente.
—Claro, nos iremos. Solo me cambio y te llevo, te dejo cerca de tu casa— continúa con una sonrisa en los labios, esperando que ella transmita al menos la mitad de esa paz que sintió al tenerlo tan cerca de su pecho.
No obstante, y como si lo ocurrido hace unas horas nunca hubiera pasado, Light se aparta diciendo que debe irse. Elle necesita más que un rostro apático para desistir, así que le impide continuar al situarse frente a él, pero eso no significa que la actitud de Light no lo desconcierta.
—¿Hay algo de lo que me estoy perdiendo?— Su incertidumbre es sincera pese a que sospecha saber cuál es la respuesta.
—Lo que sucedió, no debió pasar— hubiese deseado tener que usar menos palabras, o simplemente no usar ninguna y marcharse sin que el otro se enterara.
Elle suelta un suspiro sin apartarse. Está consciente de lo que hizo y dijo, pero no entiende qué es lo grave como para que Light se comporte tan esquivo.
—Y... ¿Qué sucedió?— Le pregunta despacio, con un tono casi inaudible.
—¡Deja de fingir!— Vocifera, apartándose con la misma brusquedad que llevan sus palabras. ¿Acaso se está burlando? ¿Piensa fingir demencia? —¡Teníamos un trato! — Comienza a andar por la habitación, recoge la corbata y el saco, luego los lanza a la cama, no piensa llevarse nada, después le regresará el resto del traje —¡Fui claro al decir que no te enamoraras!
—¿Y quién ha dicho que estoy enamorado?— Elle, quien lo seguía de cerca, da un paso hacia atrás cuando el otro se detiene y voltea.
—Dijiste que te gusto— repite entre dientes, viéndolo a los ojos —, ¿no es así como empiezan todas las parejas?— Suelta con ironía antes de intentar retomar su camino pero Lawliet lo detiene al sujetarlo de la muñeca.
—Está bien pero... ¿qué tendría de malo si eso pasara?
—No está en mis planes— su respuesta no tarda en llegar, es como si esa fuera la respuesta para muchas cosas; nada que no incluya a su madre está en sus planes.
—Tampoco lo estaba en los míos, así es como funciona, ¿no? — Sonríe aún sujetándolo, sin embargo el otro desvía la mirada —¿Piensas que miento al decir que me gustas?
La idea pasó por su mente en cuestión de segundos, la actitud de Light pareciera ser la de alguien que no quiere escuchar o no cree lo que escucha, aunque tampoco le sorprendería si dudara de la veracidad de sus palabras, él mismo ha hecho promesas absurdas a tipos que no ha vuelto a ver en su vida, todo para pasar una buena noche y despacharlos al día siguiente; supone que para Light no debe haber sido muy distinto, tantas palabras vacías de diferentes bocas en los últimos años, con la diferencia que en su caso siempre había dinero de por medio y no simple placer. Sin embargo Light no lo ve o no quiere verlo de dicha forma, su orgullo nunca le ha permitido detenerse a prestar atención a sus sentimientos, sobre todo si éstos lo van a distraer de lo que realmente importa.
—No está en mis planes— repite y da media vuelta. No encuentra otra razón más válida que esa porque simplemente no la hay.
Desde el momento en que esa confesión siquiera cruzó por la mente de Lawliet, supo que de nuevo cruzaría una línea que no debía si la decía, aún así salió por sí sola. Se guardó para sí mismo un «te quiero», se reservó todos los halagos que empezaban desde sus bonitos ojos miel y terminaban con el dulce recuerdo de aquella mañana en el hospital, donde lo vio más preocupado por su madre que por sí mismo cuando era él quien realmente necesitaba ser atendido. Pero no pudo ni quiso callar la raíz de todos sus pensamientos y sentimientos; Light le gusta como hace mucho tiempo no le gustaba nadie. Y si decidió decírselo, aún sabiendo las posibles consecuencias, fue quizá porque de alguna manera al estar tan cerca, pensó que Light también sentía lo mismo.
Sin embargo, aunque la actitud del otro demuestre lo contrario, está seguro de que el sentimiento es recíproco, de otra forma Light lo hubiera rechazado en lugar de quedarse a su lado hasta dormir sobre su pecho. Es por ello que no puede dejarlo ir sin antes haber aclarado las cosas.
—No te vayas...— le pide al situarse frente a él, impidiéndole continuar—. De verdad me...
—¡No lo repitas!— Interrumpe levemente agitado. Y Elle nota lo que ya sospechaba, más que rechazo lo que encuentra en esa mirada es miedo e incertidumbre.
—Light... déjame demostrarte que no te miento.
Un portazo es lo que recibe como respuesta, Light se marcha sin ni siquiera verlo. Le toma unos segundos convencerse de que la puerta no se abrirá de nuevo. No sale detrás de él porque cree que lo empeorará todo, de por sí las cosas no salieron como él hubiese querido, aunque tampoco le sorprende mucho el resultado.
Suelta el aire por la boca antes de regresar sus pasos. Recoge las prendas que están sobre la cama y con parsimonia las guarda dentro de la caja, ésa con los regalos que Light no se preocupó en llevar consigo.
No pierde demasiado tiempo en una ducha, pese a que su bonita velada no tuvo el mejor de los finales, aún tiene una reprimenda pendiente como para deprimirse. Además, contrario a lo que cualquiera esperaría, no se siente triste; quizá Light no saltó feliz a sus brazos, pero tampoco existió un rechazo verbal y la actitud escurridiza parecía ir cargada de inseguridad pero no de desagrado; sólo debe esforzarse más y ser perseverante es una de sus muchas cualidades.
Termina de acomodarse la camisa y verifica la habitación una vez más, en ese momento es cuando encuentra un pedazo de tela cerca de una de las patas de la cama. Es un pañuelo desgastado que no reconoce pero cuyo dueño no es difícil de adivinar. Una sonrisa cargada de ternura se hace presente cuando nota un pálido corazón bordado en una esquina, no puede evitar compararlo con el corazón del mismo propietario: apagado y quizá deteriorado con el tiempo pero sin perder completamente su color.
oOo
Near es de las personas que dejan a mano lo que utilizará el siguiente día cada noche, sabe la cantidad de camisas y pantalones guardados en su armario y nunca ha sabido lo que es tener un calcetín sin par. Sin embargo ese día una llamada lo cambia todo. No fue hace más de media hora que Gevanni lo llamó para invitarlo a almorzar; y para alguien que no está acostumbrado a planes repentinos, ni mucho menos a citas, es motivo suficiente para poner la habitación patas arriba.
—¡No sé qué ponerme!— Farfulla al teléfono que tiene pegado en su oreja mientras con la mano libre mueve de un lado a otro las prendas que están desperdigadas sobre la cama. Del otro lado de la línea está Light, él fue a la primera y única persona a quien se le ocurrió llamar porque ahora más que nunca necesita sus consejos.
—Ya te dije que le llames y le preguntes a dónde irán para que puedas escoger algo o directamente pregúntale cómo deberías ir vestido— la voz de Light no suena animada, pero es algo que Near no percibe debido a su nivel de estrés.
—¿¡Estás loco!? ¡Se supone que pasará por mí en quince minutos! ¿¡Cómo esperas que le llame para preguntarle qué debería usar cuando ya debería estar listo!?
El ataque de histeria de Near se detiene y un sonrojo se hace presente al escuchar una suave risa seguido de un «en serio te interesa este hombre, ¿verdad?»
Pese a que el tono de voz de Light sugiera lo contrario, la conversación le interesa y de no ser por lo ocurrido con Elle en el hotel, estaría dando brincos sobre el asiento del autobús mientras exige detalles sucios.
—Congeniamos bastante, ya te dije— susurra aún sonrojado —. Nos gustan las películas de superhéroes y los dos tenemos una colección importante; claro que la de él son monedas antiguas y no simples robots, aunque se mostró muy interesado cuando le hable de ellos— agrega lo último con una sonrisa.
—Entonces, ¿lo vas a intentar con él?, ¿le darás una oportunidad?— Aunque Near no lo note, esas preguntas no van dirigidas sólo hacia él. Es lo que Light se ha estado preguntando desde que puso un pie fuera de aquel hotel, cuando la razón y el orgullo le permitieron al corazón hacerse escuchar.
—Creo que es muy pronto para decirlo— dice tras un suspiro aunque sabe que su verdadero impedimento es otro, y lo admite verbalmente —, me agrada y tenemos cosas en común pero aún quiero a... a ya sabes quién.
—¿Qué más quieres?— Hay un poco de rabia en su respuesta, aunque de nuevo, y de forma inconsciente, sus palabras no van dirigidas solamente para Near, o quizá el destinatario de dicho reproche no es nadie más que él mismo —. Tienen cosas en común, te la pasaste bien, claramente está interesado en ti y encima de todo está como quiere.
—Uno no decide a quien amar— interrumpe sin prisas mientras toma de entre la ropa un pantalón oscuro —. Si así fuera, entonces te haría la misma pregunta.
—¿De qué hablas?
—Es obvio que le gustas a Elle y ayer se veían muy bien juntos...
—¡Sabes que nada de eso fue real. Me pagó por hacerlo!— Prorrumpe de tal forma que de haber estado en la misma habitación, seguramente Near hubiese dado un paso hacia atrás debido a la repentina reacción.
—Su sonrisa era real, al igual que la preocupación que sintió cuando te pusiste mal— es incapaz de culpar a Mello por lo sucedido, no le corresponde a él decírselo y tampoco es el momento, y aunque lo fuera, probablemente el amor que le tiene le impediría hacerlo —. Pero aún así tú no lo quieres, ¿verdad?
Con esa pregunta pretende demostrar que tiene razón al decir que uno no decide a quien amar, ignorando que sus palabras provocan una nueva ola de confusiones.
Desde que tomó el primer autobús, una pregunta tras otra se ha ido acumulando dentro de la cabeza de Light, y la que Near acaba de hacer lidera su lista desde hace varias paradas. No sabe qué es exactamente lo que siente pero sabe que esa no es la forma en la que su corazón debería latir al pensar en alguien.
El problema es que han sido años aferrado a un sólo sueño y no cree tener espacio para uno más.
—Nada de eso fue real— repite, como si decirlo en voz alta hará que su subconsciente lo crea.
La respuesta entristece a Near pese a que no lo sorprende. No entiende cómo alguien puede ser tan frío, pero más le afecta el hecho de que él no puede serlo.
—¿Cómo lo haces?— Susurra y aunque Light escucha la pregunta, decide ignorarla pensando que Near está juzgando de nuevo su "forma de ver la vida", cuando realmente lo que aquella pregunta envuelve en un enorme deseo de "ser menos él y más como los otros".
—¿Decidiste qué vas a usar?— Pretende desviar la plática, no quiere continuar hablando de sentimientos que no entiende.
—Algo así— no se inmuta ante el cambio abrupto de tema, de hecho no parece notarlo, su completa atención está enfocada en elegir el atuendo perfecto para su primera cita, porque a pesar que conoció a Gevanni a raíz de un amor no correspondido y que el protagonista de sus sueños sigue siendo Mello, está emocionado —. ¿Crees que debería llevar una camisa de botones? Tengo una de color rojo.
—Ajá.
Light tampoco se encuentra atento a la conversación ni a lo que le rodea, fácilmente el autobús podría tomar un camino distinto al habitual y no lo notaría. Su mente está demasiado ocupada intentando ordenar el cúmulo de emociones que revolotean por su pecho para poder comprender lo que ocurrió hace unas horas y para encontrar en algún rincón la respuesta de lo que debería hacer.
—¿Por dentro o por fuera?
—Por dentro— contesta como si fuese un robot programado.
Las respuestas cortas y las preguntas puntuales continúan por un par de cuadras más, las cuales para Light se vuelven eternas debido a la lucha que se desata en su interior; su corazón salta con la inocencia de un niño mientras su mente le grita con la experiencia nociva de un alma dañada.
—¿Abotonada hasta arriba o...
—Debo cortar— interrumpe de repente —. Olvidé algo.
Es tan inesperado que a Near no le da tiempo ni de pensar, la llamada se desconecta antes de que pueda preguntar algo. Intenta contactarlo de nuevo, pero automáticamente es desviado al buzón de voz.
—¡Gracias! ¡Sabía que podía contar contigo!— Le farfulla al teléfono antes de lanzarlo sobre el cúmulo de ropa que está sobre la cama.
No estaría en la situación que se encuentra si no fuera por Light, es por eso que se siente ofendido de que lo abandone; aunque claro, el plan no incluía salir y conocer realmente a Gevanni. Se convence de que solo está estresado y nervioso, es su primera cita y si bien no es con la persona de la cual está enamorado, Gevanni tiene algo que le atrae.
Se sitúa frente al espejo, cree que el conjunto elegido no es malo, pero también supone que podría haber usado algo mejor si tan solo tuviera ropa como la de Matt o Mello. Decide dejar abierto los primeros botones tal y como Light lo hizo, así al menos se deshace un poco del aire religioso del que Beyond lo acusó la noche anterior. Guarda su celular en un bolsillo y la billetera en el otro, acto seguido da un último vistazo al espejo y sale de su habitación.
Las pisadas de Near siempre han sido suaves, como si sus pies no lograran rozar por completo el suelo; es por ello que Mello no lo escucha hasta que ya es demasiado tarde; la puerta se abre y de haber estado completamente apoyado sobre ésta, hubiera caído sobre Near.
—¿Qué haces?— Pregunta el de cabello blanco aún sosteniendo la perilla. Su voz es monótona pese a que la presencia de Mello casi le saca un respingo.
—¿A dónde vas?— Se yergue y se cruza de brazos como si hace unos segundos no hubiera estado espiando con la oreja pegada a la puerta.
—Saldré con Gevanni— sonríe e intenta pasar de largo pero Mello se sitúa frente a él.
—Near, necesitamos hablar— lo sujeta de los hombros para asegurarse de que éste no huirá.
—No puedo, Gevanni me está esperando abajo— miente tal y como Light le dijo que hiciera, y hace un esfuerzo sobrehumano para no colgarse de su cuello porque eso es algo que también el castaño le advirtió en la llamada
«Se enojó cuando te vio con Gevanni, pero probablemente sea solo porque su ego está dañado, siempre estabas disponible para él y el no tenerte claramente le afecta. Por eso no debes ceder hasta que realmente te demuestre que te quiere, déjalo sufrir un poco», esas fueron las palabras exactas de su amigo.
—¡Ni siquiera lo conoces!— Farfulla y lo sujeta de la muñeca. Pero Near, sin saber cómo logra mantener su entereza, se hace a un lado.
No quiere mostrarse celoso pero lo está. Está dispuesto a pedirle que sean novios si es lo que tanto quiere, porque sí, le gusta y quiere a ese enano. Sin embargo, aunque a ninguno le parezca, lo mejor es no hablar, no aún. Eso no significa que alguno de los dos esté actuando de forma correcta. Mello, quien siempre ha huido de las relaciones formales, no está listo para iniciar una si sus motivos son los celos; y Near, quien tampoco debería, necesita sanar las heridas que él mismo se provocó al aferrarse a alguien con la esperanza de que algún día sus sentimientos serían correspondidos.
—Ya te dije que me están esperando— sigue de largo y esta vez lo logra solo porque Matt aparece en el pasillo.
—Elle quiere hablar contigo— dice el de cabellos rojos con rostro pálido, aún cree que su amigo también está enojado con él pese a que él solamente entregó la bebida sin saber realmente lo que contenía.
—Dile que estoy ocupado— bufa Mello. Respeta a Elle y en sus cinco sentidos no contestaría tal cosa, pero necesita detener a Near, ¡no puede irse con ese hombre!
—No, no lo estás— el pelinegro aparece de repente y se cruza de brazos al situarse frente a ellos.
—Lawliet, yo tengo que irme— Near se excusa y le da un abrazo, aun si no tuviera algo que hacer, quedarse y ver a su amigo molesto no es algo que le gustaría presenciar —. Tengo una cita— añade con una sonrisa y a la vez un poco de malicia.
Mello intenta seguirlo pero Elle extiende su brazo para impedirle el paso. Al mayor de los presentes también le intriga la mencionada cita, supone que debe ser con Gevanni porque los vio hablando la noche anterior, de ser así sabe que Near está en buenas manos, pero de igual forma le sorprende viniendo de alguien tan tímido como su amigo. Sin embargo no es momento para indagar al respecto.
—¿Hablamos en tu habitación?— Pregunta Elle tan pronto como se escucha el sonido de la puerta principal cerrándose.
—Sé a qué vienes. Dímelo aquí si quieres— se cruza de brazos y se encoge de hombros como si no le importara, aunque realmente no lo ve a los ojos, no tiene el valor para hacerlo.
Lawliet suelta un suspiro, la actitud de Mello no ha cambiado mucho de cuando era adolescente.
—¿Por qué lo hiciste?— Es lo único que desea saber, el enojo de la noche anterior ha desaparecido, pero no la decepción y necesita comprender qué motivó a Mello a hacer algo tan bajo.
—Tu amigo se lo buscó— murmura entre dientes y con el entrecejo fruncido —. Se pasó toda noche hablando mal de todos, creyéndose importante solo porque estaba sentado en la silla más costosa que su culo ha tocado, y mira que imagino que ese culo se ha sentado sobre muchas cosas—. Lanza una mirada fugaz a Matt, como pidiéndole que se calle porque sabe que la mitad de lo que dice es mentira — Yo solo quería que se avergonzara tan solo un poco para que dejara de creerse mejor que los demás.
A Lawliet no se le hace difícil creer la historia de Mello, porque sabe que lo que Light tiene de lindo lo tiene de complicado. Sin embargo no lo justifica.
—¿Y no pensaste que más que afectar a Light, me afectarías a mí? Era mi noche Mello, todo lo que ocurrió quedará bajo mi nombre.
—¡Sí, lo sé! ¡Pero intenta entenderme! ¡Se estaba burlando de ti!— Farfulla desesperado, y continúa porque nota que lo último afectó a Elle —¡Dijo que tú solo eras un idiota que podía utilizar a su antojo!
—Eso no es verdad— interrumpe Beyond, quien desde hace unos minutos se había asomado al pasillo para no perderse el chisme.
—¡Claro, ahora hasta tú lo defiendes! ¿No es que lo odiabas tanto?
—Pienso que Yagami es un interesado, claramente no es santo de mi devoción— contesta encogiéndose de hombros —, pero no significa que inventaré mentiras tan patéticas.
—Solo lo defiendes porque te presentó a su amiga de tetas grandes.
Beyond admite que su desagrado hacia Light mermó un poco luego de que le presentara a Misa, aunque eso no significa que la imagen que tiene sobre él haya cambiado. Es un oportunista y su hermano tendrá que darse cuenta algún día, pero no está de acuerdo con lo que Mello hizo ni con la sarta de estupideces que está diciendo.
—Solo admite que te equivocaste— dar consejos siempre es mucho más fácil que seguirlos, él suele llevarle mucho la contraria a su hermano, pero lo conoce y sabe que esa conversación habría terminado hace mucho sí desde el principio Mello se hubiera mostrado arrepentido.
—¿¡Qué no es obvio que solo estaba fingiendo!? ¡Ni siquiera era una dosis completa!
—¡Lo drogaste!— Farfulla Elle impaciente a la vez que lo toma por el cuello de la camisa en un intento de que sus miradas se encuentren —¡No importa si fue mucho o poco!
—¿¡Y me vas a decir acaso de que nunca había consumido algo!? ¡Por dios, Elle! ¡Los tipos como él le dan el culo a quien sea con tal de conseguir drogas!— Mello no sabe en qué momento sus pies dejaron de tocar el suelo, pero ahora su espalda está contra la pared más cercana mientras su rostro está paralelo al de su amigo —. No sé cómo no te da asco...— murmura sin apartarle la mirada.
—No voy a permitir que hables así de Light— siente la mandíbula tensa y sus nudillos se vuelven blancos. Beyond se acerca por detrás y le pide que se calme pero él no afloja su agarre —. Tú no lo conoces.
Beyond está consciente de que Mello se pasa de pendejo muchas veces, pero también le sorprende la reacción de su hermano porque significa que ese niño le importa más de lo que creía. Sin embargo en ese momento solo le pide que se calme, no quiere que esa discusión termine en golpes y menos si es por Yagami.
—Desperdicias tu tiempo, Elle— insiste Beyond a la vez que intenta lograr que su hermano suelte la camisa del otro.
Mello, por su parte, sigue retándolo con la mirada, lo cual no ayuda a que la tensión merme.
—Elle... — la voz tímida de Matt se hace presente luego de haber ido hasta la puerta, él fue el único que escuchó el timbre sonar y ahora parece que es su turno de ser ignorado—Alex está aquí...
—¿Interrumpo algo?— El recién llegado se hace escuchar luego de que los intentos de Matt por llamar la atención fracasan.
—¿Alex?— Como acto reflejo, Elle suelta a Mello y voltea por sobre uno de sus hombros, encontrándose con el muchacho sonriente y despeinado de cabello marrón oscuro —¡Rayos! ¡Lo olvidé! ¡Lo siento! ¡Lo siento!— se acerca apresurado pero el otro hace un gesto con las manos, pidiéndole que se calme.
—Tranquilo, le llame a Near porque tu celular está apagado, él me dio la dirección de su apartamento— Elle busca rápidamente su teléfono en el bolsillo, sintiéndose un idiota al percatarse que realmente olvidó encenderlo —. Se nota que ha practicado mucho su italiano, fue capaz de mantener una conversación completa con muy pocos errores.
Alex se retira la gabardina y la bufanda ahora que puede, en el ajetreo del aeropuerto y con las maletas encima no había podido hacerlo. Luego se acerca a Beyond, a quien le da un abrazo a la vez que le reclama sus inexistentes mensajes. El menor de los gemelos corresponde el saludo mientras se disculpa, nunca ha sido bueno con las palabras aunque en su defensa dice que él tampoco recibió mensajes de su parte.
—En verdad lo siento— murmura Elle, aún apenado mientras se rasca la coronilla y se ofrece a cargar la gabardina del recién llegado, pero Alex le dice que no es necesario —. No sé cómo pude olvidar ir por ti al aeropuerto.
—Ya te dije que no pasa nada— sonríe y solo un hoyuelo se dibuja sobre su mejilla izquierda. Lawliet no puede evitar sentir nostalgia de todas las veces en las que esa cálida sonrisa significaba todo para él —. Al menos el taxista fue amable y me trajo las maletas hasta el ascensor del edificio.
El siguiente objetivo de Alex es Mello, a quien se acerca con los brazos extendidos pero éste se da media vuelta.
—No estoy de humor— dice el de cabellos rubios antes de encerrarse en su habitación tras dar un portazo.
—Parece que sí interrumpí algo, ¿verdad?
—Ignóralo, anda en sus días— le dice Elle a la vez que lo sujeta de un brazo y lo jala hacia sí.
El abrazo dura más de lo que pudo haber durado con Matt o Beyond. Alex hunde su rostro en el cuello del mayor de los gemelos y éste, inconscientemente, también hace lo mismo. Uno se aferra con más fuerzas, como si temiera que de nuevo se fuese a alejar de él y el otro mantiene el contacto por la alegría que le causa tener de nuevo entre sus brazos a alguien tan especial. Sin embargo, mientras que Elle siempre ha querido y querrá a Alex por haber crecido juntos y por la bonita relación que alguna vez tuvieron, sus sentimientos hacia él ya no son los de antes; pero Alex no puede decir lo mismo.
—¿Nos vamos?— Es Lawliet quien corta el contacto con una sonrisa—. Debes estar cansado luego de tantas horas de vuelo.
Alex solo asiente y luego voltea en dirección a Matt y Beyond.
—Tan pronto desempaque les llamo para coordinar el día y la hora para salir, así vamos todos juntos a comer o algo, ¿les parece?
—Éste vago y yo no tenemos problemas. Él ni trabaja y yo no tengo un horario fijo— contesta Matt —. El problema serían Mello y Near, a veces les cambian los días libres o los hacen entrar más tarde o más temprano. Aunque hoy es asueto y...
—Sí, pero Alex debe estar muy cansado como para salir hoy— interrumpe Elle —. Nos ponemos de acuerdo y vemos que día de la otra semana salimos todos.
Matt no tiene ninguna otra sugerencia, los acompaña hasta la puerta y les pide que por favor le envíen un mensaje cuando ya hayan llegado a casa.
—¿Soy yo o Alex ha ganado peso?— Pregunta Beyond tan pronto están solos mientras bajo el brazo trae un tarro de mermelada que sacó de la cocina quién sabe cuando.
—Me sorprende que hayas defendido a Light— comenta Matt, regresando sus pasos hasta quedar frente al pelinegro.
—Digamos que Misa tiene dos enormes razones como para que uno perdone a quien sea— comenta en son de broma —. Además, no lo hice por tratarse de Light, sino que Mello se estaba pasando con sus comentarios. En cambio a mí me sorprende que tú no lo hayas desmentido.
—Lo iba a hacer— murmura un poco apenado pero luego su rostro vuelve a ser serio —. De todas maneras, un acto noble no es suficiente para expiar tus pecados.
—¿De qué hablas?— Pregunta Beyond con el entrecejo levemente fruncido y dos dedos hundidos en el tarro de mermelada.
—Ayer te comportaste como una mierda cuando Elle te pidió que lo acompañaras a tomarse unas fotos...
—Meh, sabes que no me gusta tanta atención— interrumpe encogiéndose de hombros.
—Claro, cuando te conviene. De lo contrario te la pasas quejándote de que eres el gemelo que vive en las sombras, que muy pocos en el círculo social de Elle saben de tu existencia y que nunca fuiste el gemelo favorito de nadie.
—¿A qué viene todo esto?— Frunce un poco más el entrecejo y con lentitud retira sus dedos del frasco para luego cerrarlo.
—¡Que ya es hora de que dejes de quejarte!— Farfulla. Desde hace días ha tenido la intención de hablar con Beyond, pero no esperaba alterarse de esa forma, quizá se deba a que la tensión quedó en el aire luego de lo de Mello y Elle —¡Haz algo con tu jodida vida! ¿¡O es que acaso piensas dormir por siempre en un viejo sofá!?
—Ah, entiendo...— suspira mientras coloca su tarro de mermelada sobre la mesita del centro —Sabía que éste día llegaría. Les estorbo, ¿verdad?
—¡No! No me refería...
—Claro, como soy el único que no hace nada.
—¡Que no me refería a eso!— Vocifera. Definitivamente la conversación no está resultando como él esperaba —¡Me importas! Solo quiero que...
—No te preocupes, buscaré un empleo para poder largarme de aquí. Y ya que no tengo habitación, estaré en la cocina, así que no molestes— da media vuelta, pero regresa sus pasos solo para tomar su mermelada y llevarla consigo.
Matt intenta detenerlo pero el otro le cierra la puerta en las narices.
—¿¡Beyond!?— Empuja la puerta pero hay resistencia, lo que significa que el pelinegro está apoyado contra ella— Lo siento, ¿sí? No fue mi intención hacerte sentir que nos estorbas. Nadie está pidiendo que te vayas; yo, personalmente, no quiero que te vayas... — se queda ahí esperando que la puerta se abra, pero desiste cuando pasado unos segundos no recibe respuesta.
oOo
Luego de que le fuera imposible contactar a Elle, porque éste tenía el teléfono apagado, regresó al hotel donde en recepción preguntó si habría alguna posibilidad de que revisara la habitación, ya que creía haber olvidado algo en ella. Sin embargo la habitación ya había sido limpiada y le aseguraron que los empleados no encontraron ningún objeto olvidado. Y aunque le hubiera gustado revisar con sus propios ojos, decidió entonces ir hasta el apartamento de Elle.
No se hubiera tomado tantas molestias si no fuera algo importante; puede que un pañuelo viejo sea insignificante para cualquiera pero para él significa mucho.
Tan pronto como el ascensor se abra en el último piso, deberá utilizar alguna de las excusas que practicó durante el trayecto.
No sabe con qué cara puede llegar hasta ahí luego de lo sucedido entre ellos horas atrás, pero ahí está frente a la puerta de Lawliet. Golpea la madera con los nudillos, el primer golpe es tímido, el segundo ya es un poco más decidido. Sin embargo, Light no estaba preparado para lo que sucedería.
—¿Sí?
Un muchacho alto de cabellos despeinados, que usa solamente un pantalón estrecho, es quien abre la puerta. Inconscientemente Light echa un vistazo al torso desnudo del joven y luego a su cabello desordenado, una combinación que haría malpensar a cualquiera. Y si acaso guardaba la esperanza de haber tocado la puerta equivocada, sus dudas se disipan cuando escucha la voz de Elle venir desde el interior.
—¿Quién es, Alex?
El aludido vuelve la vista al recién llegado e intenta preguntarle su nombre, pero el castaño lo interrumpe antes de dejarle decir algo.
—Cre-creo que me e-quivoqué de casa— da un paso hacia atrás sin apartar la mirada del muchacho frente a él, guardando en sus pupilas la mayor cantidad posible de detalles. Pero el análisis no dura más de cinco segundos, aunque para Light fue una eternidad.
Da media vuelta y vuelve al ascensor con demasiada prisa, sin darle tiempo al otro de reaccionar.
—¿Quién era?— Insiste Elle, esta vez apareciendo detrás de Alex.
—Amm, dijo que se equivocó de casa— contesta aún confundido mientras cierra la puerta.
—¿Se equivocó? Pero si vivo en el último piso, ¿quién podría equivocarse?— Elle también parece confundido. Alex simplemente se encoge de hombros.
—Solo te digo lo que él me dijo. Pero bueno, ¿qué importa?, ¿terminamos de desempacar?
Elle asiente aunque no del todo seguro, antes de volver a la habitación junto a Alex, asoma la cabeza por la puerta pero no hay nadie en el pasillo.
Por un instante, la idea de que fuera Light quien tocó la puerta pasa por su mente pero la desecha a los pocos segundos. Light, su Light, es demasiado orgulloso como para buscarlo, sobre todo luego de que él le confesara parte de sus sentimientos.
oOo
Más que largo, el regreso a casa es un suplicio. Las piernas se le debitan y su pecho le duele más con cada paso. No sabe exactamente qué provoca el escozor tras sus párpados, su cabeza es un caos, hay tantos pensamientos revoloteando incansablemente que encontrar solo un motivo es difícil; pero entre ellos aparece uno en específico, uno muy reciente, el recuerdo de aquel muchacho de cabello desordenado y color marrón que estaba en casa de Elle... y por alguna razón, un nudo en su garganta se forma cada vez que el rostro de ese chico aparece en su mente.
«Light, hijo... te prometo que volveré por ti, ¿sí?»
«Por supuesto que te amo, pero no te puedo traer a vivir conmigo, eres muy joven aún. Pero te prometo que cuando tengas dieciocho viviremos juntos, bebé»
«Light... te prometo que voy a cambiar... esta vez si dejare de tomar... me crees, ¿verdad?»
«De verdad quiero ser parte de esta familia»
«Light... déjame demostrarte que no te miento»
Al final, Elle también mentía...
Está cansado de tanta mierda, está cansado de intentar correr más rápido que la vida, está cansado de mentir y de que le mientan, pero sobre todo está cansado de seguir creyendo pese a que la misma historia se repite siempre. Tan solo quiere llegar a casa y acurrucarse en su cama, dormir hasta que el corazón ya no le duela. Sin embargo, desde hace mucho, esas cuatro paredes ya no se sienten como un hogar y no tiene un lugar a donde ir cuando necesita consuelo.
—¡Light!
Es la señora Martí quien sale a su encuentro luego de abrir la puerta, sus hinchadas piernas se mueven lo más rápido que su avanzada edad le permite y la cruz de un rosario cuelga de su tembloroso puño.
—¡Bendito Dios que estás aquí! ¡Gracias, Dios mío!— Continúa la azorada mujer con los ojos enrojecidos mientras palpa los costados del muchacho, como queriendo asegurarse de que es real —Estábamos tan preocupadas.
—¿Dónde estabas?
Una voz débil se abre paso en la habitación. Sachiko se mantiene de pie entre espasmos a un lado de la mesa, sosteniéndose de una de las sillas. Enredado en su mano y muy cerca de su pecho está también un rosario, ese que siempre cuelga de su cuello. Su aspecto, al igual que el de la señora Martí, es el de alguien que ha pasado la noche en vela y que ha llorado demasiado en las últimas horas.
—Lo siento, mamá...— se acerca a ella con lentitud y levemente cabizbajo, como lo haría alguien que desea mostrarse arrepentido. Sabe que en un par de horas anochecerá y la última vez que él dio señales de vida fue cerca de la medianoche del día anterior.
—También pensabas abandonarme, ¿verdad?
—Por supuesto que no— envuelve entre sus brazos el tembloroso cuerpo de ella, la estrecha con calma y le da un beso sobre la revuelta melena castaña —. Yo jamás te abandonaré, te lo prometí.
—¡No me mientas!— Con las pocas fuerzas que tiene, se revuelve y lo empuja, deshaciéndose así de la exigua calidez que podría haberle brindado a su hijo—. Te doy asco, ¿verdad?, por eso quieres dejarme...
—Mamá, no...
—¿¡Dónde estabas!?— Vocifera de tal forma que todo su cuerpo tiembla de forma exagerada.
—Sachiko...— susurra la vecina al verla tan alterada. Cansada y preocupada intenta acercarse a ella, pero con un gesto Light le pide que no se acerque. En cambio es él quien camina hacia ella, porque la señora Martí ya hizo suficiente.
—Te lo dije, mamá. ¿Lo recuerdas...?— La sujeta de los hombros con delicadeza y busca su mirada. Su voz es suave como ha aprendido a hacerlo a lo largo de los años para no empeorar su estado —Te dije que Elle me invitó a...
—¿Te acostaste con él?
—¿Qué...?— Murmura perplejo. Los movimientos ascendentes y descendentes que hacía sobre los brazos de su madre se detienen.
—¿Qué si preferiste ir a hacer eso que todos aquí dicen que haces en vez de buscar a Liam como tanto te lo he pedido?— Dos grandes lágrimas bajan por sus demacradas mejillas, las cuales Light habría retirado si no estuviera tan cansado de escuchar siempre lo mismo.
—No vamos a hablar de eso otra vez, mamá— le da la espalda y se aleja unos cuantos pasos. Inhala, no quiere exaltarse pero está a punto de hacerlo.
Puede soportar su alcoholismo y sus reproches, pero no puede lidiar con la idea de que la única preocupación de ella sea la desaparición del novio de turno más reciente y no de que él no haya regresado a casa en toda la noche.
—¡Ya te dije que le preguntes a Ushio!— Farfulla desde su posición, aún sujetando la silla del comedor, de otra forma probablemente caería al suelo —¡El último día que lo vi Liam regresó con él!
—¡Que no me importa! ¡Entiéndelo!
Siente las arrugadas manos de la señora Martí sujetándolo del brazo y pidiéndole que se calme, pero no puede, es como si ser paciente le fuera cada vez más difícil.
—¡No me importa con quien haya regresado ni dónde rayos está ahora!
—Light, no...— la mujer de avanzada edad se interpone entre ellos, se la nota nerviosa, de forma inconsciente recuerda a su esposo muerto, las discusiones que terminaban en golpes y más botellas de alcohol —Sachiko, vamos a la habitación— pide con una expresión compungida mientras la sujeta del brazo para llevarla sin que termine en el suelo debido a sus flojos movimientos.
—Ves, solo se preocupa por él mismo...— murmura de la misma forma en la que sus pies se arrastran en cada paso —Yo no le importo, jamás le he importado...
Con miedo a que la discusión continúe, la señora de cabellos canos acelera como puede su tembloroso andar. Pero para su sorpresa, no existe respuesta para los murmullos de Sachiko, pese a que sabe que éstos fueron lo suficientemente audibles para que se escucharan en cada rincón del pequeño lugar.
—Descansa, ¿sí?— La coloca sobre la cama, hace a un lado la cobija y la acomoda de tal forma en que le sea fácil levantarse de ser necesario —Debes dormir.
Sale de la habitación con intenciones de ir hasta el humilde intento de patio en busca de un balde que pueda dejarle cerca en caso de que las náuseas empeoren, pero mientras cruza el comedor, no puede evitar que sus ojos se dirijan a Light; el adolescente sigue de pie en la sala, a escasos metros debido al reducido espacio, o al menos su cuerpo continúa ahí pero sus pupilas lucen ausentes.
—¿Light...?— Camina hacia él despacio, temiendo perturbarlo si hace un movimiento brusco —¿Estás bien...?
El aludido voltea, luce confundido, quizá por haber sido regresado a la realidad de forma repentina. Aunque lo que más le llama la atención a ella son esos ojos cargados de tristeza, que puede apreciar cuando sus miradas se encuentran por pocos segundos.
—Estoy bien— recobra la compostura como solo él sabe hacerlo e intenta apartarse, pero se detiene cuando siente una mano tibia y rugosa acunar una de sus mejillas.
—No, no lo estás— asegura con tono suave y maternal. No puede engañarla cuando debido a la cercanía puede verlo directamente a los ojos, los cuales ahora lucen fríos, sin rastros de humedad, aunque igual de quebrantados que hace unos segundos.
—¿¡Y usted lo estaría si cuando regresa a casa parecen más preocupados por un idiota que por usted!?— No grita pero casi lo hace. Se aparta y en esta ocasión voltea hasta darle la espalda, la forma en la que la señora Martí lo observaba, como si lo estuviera escudriñando, lo puso nervioso.
—Light...— de nuevo se acerca con la misma lentitud y suavidad—. No sé si debería decirte esto... o más bien, no sé como decírtelo— hay vacilación en sus palabras, las cuales tientan a Light a voltear, guiado más por la preocupación que por la curiosidad, porque ese tono solo pueden significar más malas noticias. Sin embargo mantiene la compostura, o al menos lo intenta —... llamaron hace rato, preguntaron por Liam, o no entendí bien, Sachiko estaba muy cerca mío... y aunque intenté que ella no supiera de qué se trataba la llamada, se dio cuenta y se puso mal... estoy segura de que todo eso que te dijo fue solo porque estaba alterada por esa llamada...
—Si, claro, no se preocupe— la interrumpe a la vez que voltea, quedando frente a frente —. Solo hay que entenderla y tenerle paciencia, ¿verdad?— Añade con una pizca de ironía, cansancio y una sonrisa.
Sin embargo la sonrisa es fingida y los dos lo saben. Ella también solía sonreír de la misma manera cuando justificaba las acciones de su esposo o cuando quería que su hermana dejara de preguntar por los moretones en sus brazos.
—Dijeron que llamarían más tarde— finaliza apenas audible y cabizbaja.
—¿Ahora también hay que anotar los recados que le dejan al caballero?— Dice en son de burla y suelta una carcajada.
—Te lo digo para que estés pendiente del teléfono, no creo que sea buena idea que tu madre atienda la llamada.
Esa respuesta hace que Light recobre la seriedad que tenía hace un par de minutos.
—¿Acaso no pudo decirles que ese tipo ya no vive aquí?
—No me correspondía a mí hacerlo, Light.
El castaño pone los ojos en blanco pero no le lleva la contraria a su vecina, ella tiene razón, hizo lo que creyó correcto al intentar ocultar esa llamada de su madre, pero no podía hacer más que tomar el recado. Pero él sí puede y lo hará.
—Está bien— suspira resignado mientras lleva una mano hasta su bolsillo —, si llaman yo les digo que el idiota de Liam está muerto o que se lo llevaron los extraterrestres y que dejen de llamar porque yo no soy su secretaria— dice a la vez que le entrega el pago correspondiente; un par de billetes que retiró en un cajero automático cuando regresaba a casa.
—¿Necesitas algo más? ¿Tienes hambre?— Su amabilidad no se debe a que Light le haya pagado un poco más de lo acordado, sino al impulso protector que la invade—. Puedo hacerte unos huevos revueltos, ¿o te gustaría algo diferente?
—Solo quiero dormir...
Ella asiente y murmura un «entiendo». Dice que solamente irá por un balde y que luego se marchará, sin embargo Light la detiene y se ofrece a hacerlo él, acto seguido le pide que vuelva a su casa a descansar, también le pide perdón por la mala noche que le hizo pasar.
Cuando se despide, el abrazo de ella es cálido, pero se siente frío tan pronto como se marcha.
Piensa entrar a la habitación de su madre, acomodar el estúpido recipiente como muchas veces lo ha hecho y salir porque no quiere que la discusión de antes se repita. Sin embargo siente como si toda la sangre de su cuerpo hirviera cuando la escucha tartamudear un «déjame sola».
—Tú ya estás sola— susurra inaudible mientras deja rápidamente la recámara pese a que intentó guardarse sus palabras, pero está tan cansado.
De mala gana toma el teléfono inalámbrico que está en la mesita ubicada al lado del sofá y luego se dirige a su habitación.
Hablaba en serio cuando dijo que quería dormir, necesita cerrar los ojos y desconectar su mente. Sin embargo escapar de lo que le rodea no es tan fácil como quisiera. Una sensación de angustia, traición y soledad le invaden el pecho hasta que sus ojos se encuentran con el viejo conejo de felpa color rosa que guarda sobre el desgastado mueble de madera junto a sus trofeos, medallas, listones y diplomas; ese pequeño espacio que creó para exhibir el fruto de todo su esfuerzo y así, de alguna forma, llenar de orgullo a su madre... porque todo siempre ha sido por ella.
Se mantiene hecho casi un ovillo sobre la cama sin apartar los ojos del conejo afelpado, el cual en sus años de inocencia fue su mejor amigo. Ya no es un niño como para dormir abrazando a un peluche, y la sola idea de ponerse en pie y traer esa bola de felpa consigo lo incomoda, pero tampoco es capaz de apartar la mirada, se siente embelesado, ésos ojos de botones negros lo miran directamente y desde su posición lo arrullan mientras su mente se aleja del presente.
Estaba muy pequeño aún para recordar todas las atracciones de aquella feria pero sí recuerda que Orejitas era apenas un insignificante conejo rosa al lado de otros mucho más grandes y sorprendentes; en ese momento no entendió por qué no pudieron comprarle el tiburón enorme que tanto quería, pero siempre atesoro su regalo. De alguna manera ese recuerdo le brinda el consuelo que no encuentra en nadie mientras a su cabeza vienen más momentos donde sonreír era tan fácil. Su pequeña casa siempre le pareció el hogar perfecto y sus padres eran los mejores de todo el mundo, aunque no le pudieran comprar tantos juguetes como él quería.
Todo era más sencillo cuando una de sus mayores preocupaciones era buscar un buen sitio donde esconderse cuando jugaba al escondite en la escuela o con sus vecinos. Si pudiera regresar el tiempo lo haría sin pensarlo, volver a la época cuando una rodilla raspada era el dolor más grande que conocía y cualquier noche tenebrosa de tormenta podía arreglarse colándose a la cama de sus padres. Regresar a ese tiempo cuando todo era tan simple pero era perfecto.
