—¡Mira esta parte!— Farfulla Misa con una sonrisa mientras le extiende su celular a Teru, quien con notable fastidio lo aparta.

—Ya quita eso, Misa.

—¡Uy pero que aburrido!

Teru chasquea la lengua y pone los ojos en blanco antes de cruzarse de brazos. La chica vuelve su vista al aparato, lanzando una carcajada cuando el vídeo llega a su parte favorita. Lo ha visto más de veinte veces desde el fin de semana y aún se sigue riendo como si fuera la primera vez.

Toman asiento en uno de los bancos de madera que están en el patio principal, debajo de un árbol de cerezos, el mismo asiento que usan cada recreo, pero en esta ocasión solo son ellos dos en lugar de tres.

—¿Realmente no te molesta ni un poco?— Pregunta el pelinegro, viendo de reojo la parte del vídeo donde Light en el suelo es ayudado por Elle Lawliet —¿No te molesta que nos haya visto la cara de idiotas?

—¿Luego de como se humilló él solo? No lo creo.

—Con razón nunca nos invitó a su casa— continúa, como si la respuesta anterior no hubiera existido —. Su apellido no es reconocido y nosotros de imbéciles le creíamos cuando nos decía que sí lo era en Japón— suelta un gruñido, le ha dado tantas vueltas al asunto todo el fin de semana, y entre más lo piensa, más mentiras encuentra en toda la vida que Light les contó.

Misa sin embargo tan solo forma una mueca de fastidio ante las quejas del pelinegro. A diferencia de él, ella ya sospechaba desde hace mucho que algo no encajaba con Light, y está segura que Teru también lo sabía pero que ambos le restaron importancia, prefirieron ignorar lo que sus sentidos les gritaban. Y ese fue su error.

—¿No te da curiosidad saber cómo está aquí?— Continúa Teru al mismo tiempo que sus ojos recorren todo el patio, no encontrando rastros del castaño.

—¿Qué no es obvio?— Misa hace una pausa, solo para sacarse una fotografía haciendo el signo de amor y paz para subirla a su perfil, luego continúa — Por el tonto programa ese de becados— dice haciendo una mueca, como si le causara repugnancia tan solo la idea de tener que compartir el mismo aire con personas inferiores a ella.

—Sí, pero... me refiero quizá a su vida, a saber dónde vive y quiénes son sus padres.

La chica despega la vista del celular y la dirige a su amigo, casi preguntándole con un gesto si realmente habla en serio.

—A mí no me interesa— asegura luego de confirmar que, en efecto, el pelinegro no bromea —. Por mí que no se me acerque y ya está.

—¿Por qué no le preguntas de nuevo a ese tal Beyond?

Misa suelta un bufido, es como si lo que ella dijera no importara.

Quizá a ella no le importe pero él necesita saberlo todo. No se perdona haber sido tan idiota y necesita que el causante de su coraje lo pague.

—Ya te dije que no me quiso decir nada.

Ha compartido mensajes con el menor de los Lawliet todo el fin de semana, y es cierto que en una ocasión él hizo un comentario que la dejó confundida. Hablaban de Light, ella estaba feliz de que su "amigo" los hubiera presentado, entonces fue cuando Beyond dijo: «creo que andaba de buenas porque por una noche pudo olvidar que no es más que un muerto de hambre», cuando le preguntó a qué se refería, él cambió el tema, como si se hubiese percatado de que habló de más.

—Yo sé que si le insistes, él te contará todo— asegura con una sonrisa. Fue una compañera de clase, cuyos padres fueron invitados al evento, quien les envió el vídeo el viernes por la mañana; y esa prueba junto al extraño comentario de Beyond que Misa le mencionó, hicieron que comenzaran a cuestionarse cada una de las historias que Light les ha contado, él más afectado que ella —. ¿No dijiste que saldrían un día de éstos?

La rubia lo medita un poco. Han quedado de verse el miércoles por la tarde pero no sabe si quiere pasar su cita hablando de un tema que no le interesa solo para darle gusto a su amigo.

Sin embargo, para satisfacción de Teru, accede. Después de todo, puede ser divertido averiguarlo.

oOo

Por tercera vez en un lapso menor a diez minutos, Elle arranca una hoja de su libreta antes de hacerla puño y lanzarla al cesto de basura ubicado en una esquina de la oficina, importándole poco si acierta o no en su tiro. Fácilmente podría pedirle a Kiyomi, su secretaria, que tome notas mientras el bebe una copa de coñac o una taza de café, pero si decidió hacer los apuntes para la reunión de la tarde por su propia cuenta es porque quería mantenerse distraído. El problema es que las ideas no fluyen cuando tiene la cabeza en otro lado; es perfectamente capaz de trabajar bajo presión pero le cuesta horrores hacerlo cuando está estresado, sobre todo si la causa de su estrés no tiene nada que ver con el trabajo.

Que Light no haya contestado sus llamadas en todo el fin de semana es motivo suficiente para tener los nervios de punta. Se siente impotente por no poder explicarle lo que vio esa noche, aclararle cualquier malentendido que la presencia de Alex pueda haber generado. Siente que cuando al fin dio un paso, retrocedieron dos. Ha estado tentado a ir hasta su casa y no marcharse hasta que hablen, pero no quiere pisar de nuevo ese lugar, no porque le importe lo que Light sea o de dónde venga, sino porque la vez que lo hizo, sintió que invadió un espacio que el castaño no comparte con nadie y no quiere hacerlo de nuevo sin que el otro se lo permita.

—¿Señor, Lawliet?

La voz de su secretaria irrumpe en la oficina, sacándole un respingo. Ella sabe que nada más tiene que hablar una vez a través del comunicador y esperar alguna respuesta si acaso él está disponible, Ele prefiere eso al molesto repiqueteo de un teléfono. Podría ignorarla y ella no insistiría, pero podría tratarse de la reunión que tiene programada con los socios para la tarde, así que con pereza decide estirar un brazo y presionar el botón que conecta sus líneas.

—¿Qué sucede, Kiyomi?

—El joven Alexander Ryuuzaga quiere hablar con usted— dice con una timidez que no es propio de alguien que se caracteriza por ser segura de sí misma, pero conoce a su jefe y por el tono de voz empleado, teme haberlo estresado mucho más de como lo vio en la mañana.

—Comunícamelo— indica tras un suspiro, frotándose el puente de la nariz.

—¿Paso por ti y almorzamos juntos?

Ojalá sus ánimos mejoraran con solo escuchar la jovial voz de Alex, como solía pasar cuando estaban juntos.

—Tengo planes— dice intentando ocultar su malhumor, porque él no merece ese trato pese a que en su cabeza lo ha culpado un par de veces, solo para sentirse mejor consigo mismo, aunque ha desechado esas ideas al segundo siguiente.

—¿Irás a buscar a Light?— Pregunta tras un suspiro. Elle ignora que sin necesidad de que se lo digan, Alex ya se siente bastante culpable.

—Tiene que escucharme...

—Hubiera querido que fuéramos a almorzar para no tener que decírtelo por teléfono pero ya que intentarás hablar con Light... — de nuevo suspira —, encontré un hotel, está cerca, a solo dos calles, quizá Light quiera escucharte si tiene la certeza de que no estamos viviendo juntos.

—No te estoy pidiendo que te vayas a un hotel— no, no quiere sacrificar a uno para quedar bien con el otro. Tan solo debe explicarle las cosas a Light y él debe entender —. Yo te ofrecí mi casa...

—Lo sé, pero creo que será lo mejor.

—No estamos haciendo nada malo.

—Lo sé—repite —, pero dicen que no hay que hacer cosas buenas que parezcan malas, ni malas que parezcan buenas— escucha un gruñido al otro lado de la línea pero no piensa cambiar de opinión, tal vez si Elle hubiese visto la cara que puso Light al verlo, lo entendería —. Tú y yo sabemos que no estamos haciendo nada malo, pero al final del día somos exnovios, ¿quién creería que entre tú y yo ahora solo existe la mejor de las amistades? También ponte en su lugar, Elle.

—Sigo sin estar de acuerdo— murmura, masajeándose las sienes.

Por supuesto que entiende a Light, carajo que si, solo es de recordar como se puso la noche que lo vio salir con aquel hombre del club para saber que ahora, teniendo claro lo que siente, reaccionaría igual o peor, porque sí, es celoso, pero también escucharía lo que Light tuviera para decir y luego él juzgaría si creerle o no. El problema es que lo conoce y, a diferencia de él, no le permitirá explicaciones, ni ahora ni en un par de días. Y eso lo desespera.

—No es como si realmente viviéramos juntos— continúa luego de una breve pausa, ahora dando masajes circulares en los laterales de su cabeza para calmar el incipiente dolor.

—No te preocupes, yo no dejaré de joderte día y noche para que salgamos con los chicos— dice con esa voz alegre que lo caracteriza, intentando así hacerle más llevadero el momento a su amigo—. Además el hotel está a solo dos calles.

—Pero no tienes que...

—Elle, por favor— casi suplica, sosteniendo con más fuerzas el teléfono. Si el pelinegro continúa insistiendo, no podrá hacerlo, pero tampoco se sentirá tranquilo consigo mismo.

Y Elle lo sabe, lo conoce.

—Está bien...— concede tras un suspiro.

No se siente conforme con la decisión de Alex, se supone que ha llegado para pasarla bien, no para que se sienta culpable o forzado a hacerse a un lado cuando no debería de ser así, ellos son mejores amigos, no están haciendo nada malo, y si tan solo Light se dignara en atender sus llamadas se lo podría explicar.

Light le gusta mucho y también lo quiere más de lo que el castaño podría imaginarse, pero no lo ama, al menos no aún. Aunque sabe que puede llegar a hacerlo a este ritmo, sin importarle el pasado ni los comentarios de terceros, pero justo ahora, no está seguro de querer acercarse cuando lo que ve enfrente es un enorme capullo de acero rodeado de espinas, lo que significa que pese a estar cerrado, no deja de lastimar a quienes se acercan demasiado.

Quizá es su frustración la que lo domina, porque quisiera que al menos una vez las cosas con Light fueran más fáciles. Lo buscará, sí, pero si por algún motivo éste lo rechaza, no insistirá más.

oOo

Regresar al trabajo luego de un fin de semana largo no es fácil para nadie, menos para Mello, quien en los últimos días apenas ha dormido un par de horas. Lo único que agradece es que Beyond no lo esté cuestionando acerca de su notable mal humor, el azabache parece muy ocupado leyendo el periódico mientras come un poco de cereal como para prestarle atención a sus gruñidos mientras pica algunos tomates para hacer un poco de salsa y preparar espaguetis antes de irse a trabajar.

Desde que discutió con el viejo rabo verde de su jefe, éste les asignó a Near y a él la limpieza de la cocina dos días a la semana en lugar de solo uno, lo que significa que dos días a la semana deben presentarse después del mediodía para cubrir el turno de la tarde y quedarse hasta más noche de lo usual para encargarse de la limpieza. Sabe que su jefe tiene la fama de ser un viejo mano larga, y que se hubiera sobrepasado con cualquiera no le habría importado, pero su error fue hacerlo con Near; por eso, pese a que es un dolor en el culo intentar quitar la grasa de las estufas y cepillar cada llaga y tendel de las paredes revestidas de azulejos, el castigo nunca les molestó, fue satisfactorio poner a ese vejete en su lugar y por un tiempo se rieron del suceso... hasta ahora.

Su compañero de trabajo —porque es a lo que se han reducido— se fue antes, sin decirle nada. Revuelve con más fuerzas la salsa al recordar la conversación que por accidente escuchó desde el pasillo. Near estaba al teléfono con ese tal Stephen, quedaron de verse para almorzar juntos según entendió. La ha pasado tan mal los últimos que ni siquiera se le cruza por la mente que esa llamada pudo haber sido falsa, pese a que notó a Near jugando con uno de los mechones de su cabello, como usualmente hace cuando miente. El viernes no durmió la noche entera, esperando por alguien que se acordó que tenía casa hasta el final del día siguiente; de no ser porque Matt le dijo que habían intercambiado algunos mensajes, él mismo hubiese salido a buscarlo por las calles. El domingo no fue mejor, para nada; no le habló, no lo vio, prácticamente fue como que no existiera, tal y como han sido las últimas semanas, ¿y ahora esto?, ¿restregarle en la cara que se está viendo con alguien más?, ¿que acaso no ve cuánto le afecta?, ¿no nota que lo...

—¡Mierda!— Vocifera luego de que, al intentar guardar un poco de espagueti en un recipiente, un poco de salsa hirviendo cayera en uno de sus dedos. Justo en el momento en el que se percataba de algo: extraña a Near como nunca creyó hacerlo.

—Leí una vez que frotar la quemadura con un tomate es más efectivo que eso— dice Matt al entrar en la habitación, escuchando las maldiciones que el rubio murmura mientras lo ve abriendo el grifo del lavaplatos para que el agua calme el ardor —. Creo que tenemos un ungüento de aloe vera en el botiquín.

—Sí, será mejor—cierra el grifo y al fin voltea, quedándose inerte al ver a Matt vestido de manera formal, prácticamente es el mismo traje que llevó al evento —¿A dónde vas tan arreglado?

—¿Recuerdan que les dije que anduve dejando algunos currículum?— Dice con una sonrisa, dirigiéndose a los dos presentes pero solo uno parece prestarle atención, el otro ni siquiera ha despegado los ojos del periódico —Bueno, hoy tengo una entrevista—. Finaliza con la misma sonrisa aunque con un tono menos animado, no puede evitar sentirse afectado por la actitud de Beyond, se pregunta por cuánto tiempo más seguirá molesto.

—Suerte con eso— medio sonríe al acercarse y darle un par de palmadas en señal de apoyo.

Matt asiente como dando las gracias, sin embargo no puede decir que se siente cómodo con el ambiente que se respira en la habitación. Lo menos que esperaba es que esos idiotas hicieran algún comentario donde pusieran en duda sus capacidades, porque sabe que entre más se molestan más se demuestran que se quieren, pero las últimas semanas después de lo sucedido entre Nate y Mello han sido tensas, y ahora tras lo ocurrido con Beyond es como si nadie en esa casa se llevara bien.

—¿Y tú no vas a desearme suerte?— Pregunta, tomando asiento en la mesa luego de que el rubio dejara la habitación para ir en busca del ungüento.

—Mejor deséame suerte tú a mí— contesta Beyond sin alzar la mirada, doblando la esquina de una de las páginas antes de pasar a la siguiente —, así tal vez encuentro un empleo rápido y me largo de aquí.

El pelirrojo pone los ojos en blanco y suelta un suspiro entre cansado y fastidiado. No sabe si la comunicación entre ellos se ha reducido a ser casi nula los últimos días por lo que él le dijo o porque su amigo ha estado muy ocupado mensajeando con la pechugona que conoció en el evento. Quizá es una combinación de ambos.

—¿En serio vas a seguir resentido por algo tan insignificante?

—¿Para ti es insignificante que te llamen arrimado?

—Primero, no pongas palabras que yo no dije— se inclina sobre la mesa, buscando la mirada de su amigo —, segundo, hasta cierto punto todos somos unos arrimados aquí, ¿o acaso piensas que con el sueldo de todos podríamos pagar el alquiler y los recibos?— Aprieta la mandíbula, reprimiendo las ganas de arrancarle el periódico para ver si así logra que le preste atención, pero no quiere hacer de esto una pelea campal —, sino fuera por el corazón de pollo que tienen los viejos, a veces no llegaríamos a fin de mes.

—¿Y cuál es tu punto?— Pregunta encogiéndose de hombros, crispando más al otro.

—¡Mi punto es que eres un idiota!— Sin pensarlo dos veces manda al suelo el periódico de un manotazo, logrando por fin que Beyond alzara la mirada —¡Teniendo todo aquí prefieres ir a valer verga allá afuera por tu tonto orgullo!

El pelinegro lo ve directo a los ojos y con una sonrisa ladina se cruza de brazos.

—También lo hago por Misa— contesta luego de unos segundos.

Por alguna razón que Matt no entiende, esa respuesta es como un balde de agua fría. Abre los ojos por completo y mueve los labios sin pronunciar nada al instante.

—¡Pero apenas la conoces!— Es lo único que logra articular.

Beyond se encoge de hombros otra vez antes de dejar la mesa, no pretende seguir con la discusión. Matt no hace el intento de seguirlo porque tampoco quiere continuar con la charla, no luego de su reacción.

Supone que la mención de la chica le molestó porque es como si el cara de muerto ese le hubiera dado más importancia a ella que a todo lo que él le estaba diciendo. Pero una maliciosa voz interior le susurra al oído que más que molesto, está celoso... y quizá, tan solo quizá, sea cierto.

oOo

Luego de que Gevanni lo llevara hasta su casa, o al menos, a la que supuestamente era su casa el sábado por la noche, se escondió bajo las sábanas e intentó dormir, sin éxito. Las imágenes que vio esa mañana no abandonaron su cabeza, causándole temblores y pesadillas toda la noche.

El domingo tampoco fue más fácil. No tuvo apetito ni ánimos para salir de la cama, mucho menos valor para darle la cara a su madre, quien se pasó buena parte del día dormida en el sofá frente al televisor. La vio desde su cama, por el espacio vacío que queda entre el umbral y la cortina, aunque no vio más que el respaldar del asiento y un brazo colgando por un extremo, pero sí notó una botella semivacía en el suelo, y tan solo esa imagen lo remontó a años atrás, cuando no entendía porque su mamá lloraba tanto pero de alguna forma sabía que era por su culpa. Y ese sentimiento de nuevo salió a flote, de nuevo se sintió culpable por todo y por nada, y su lógica adormecida no lo convenció de lo contrario

Nunca se había detenido a pensar en cuántos años han pasado desde que el alcohol también pasó a ser parte de su familia, ni tampoco se había percatado de lo destruido que está su hogar, solo lo notó cuando el domingo por la tarde su madre se asomó por el umbral y le preguntó si estaba enfermo. Le tomó más de un maldito día acercarse y mostrar una pizca de preocupación, y aunque hubiese querido pasar desapercibido el fin de semana completo para no verla a los ojos, el casi haberlo logrado le dolió en lo más profundo.

Sin embargo, pese a que deseó que esos días terminaran pronto, tampoco quería que llegara el lunes. Sabía que en esas instalaciones de prestigio tendría que enfrentar su otra realidad.

Hubiese querido que lo sucedido en el evento fuese una anécdota sin importancia, y para algunos así fue, pero no para quienes hasta hace tres días llamó amigos. Cuando Teru lo interceptó en la entrada esa mañana, le pidió, no, más bien le exigió pruebas para comprobar todo lo que ha dicho estos dos años, y al sentirse acorralado y sin fuerzas para seguir mintiendo, tan solo agachó la cabeza.

Ojalá el rechazo de esos dos no le hubiese calado tanto, pero al final realmente les tuvo, y aún les tiene cariño. Sin embargo parece que la amistad no funciona igual en todos los sectores de la sociedad. Algunas veces hasta se preguntó si ellos lo aceptarían si supieran la verdad, y ahí estaba su respuesta. Pobre iluso.

Deambular por los patios en los recesos fue como retroceder dos años, cuando era nuevo y nadie le hablaba. Ya no recuerda la primera vez que mintió pero él no iba a ser como los otros becados que pedían disculpas si uno de esos niños ricos chocaba contra ellos, él no iba a sentirse inferior a ellos, y había logrado "colarse". Pero este día retrocedió en el tiempo, aunque esta vez fue diferente, si bien antes nunca se mostró intimidado e intentó encajar con bolsones de imitación, en esta ocasión sintió que no pertenecía, que no perteneció y que nunca pertenecería a ese sitio, supuso entonces que era así como los otros chicos debían sentirse, porque a pesar de que la institución comienza a ser reconocida por su proyecto de inclusión social, inclusión es lo que menos hay en muchos casos.

El almuerzo decidió pasarlo en la azotea, sentado en una esquina y comiendo un sándwich que compró en la cafetería; al menos ahí estuvo lejos de la desdeñosa mirada de Misa y Teru, y la curiosa mirada de otros.

Y aunque fue un día largo, al fin terminó.

Ahora regresa a casa, más temprano de lo usual porque ya no tiene con quien quedarse platicando unos minutos luego de clases. Pero no importa, lo superará, es su último año, una vez termine solo verá a sus compañeros una vez más en la graduación y después puede olvidar que alguna vez los conoció.

«Has superado cosas peores», se recuerda mentalmente con amargura, caminando erguido y sosteniendo con fuerza la asa larga de su maletín.

Fueron tantas emociones en tan poco tiempo que para asimilarlas necesitaría no ver a nadie por, al menos, una semana, pero solo puede conformarse con volver terapéutica ésta caminata. Demorar el regreso a casa con pasos lentos, prestar atención a cada detalle del entorno para mantener la mente ocupada, y quizá también pasar por una heladería comprando un sundae para deshacerse del mal sabor de boca que le dejaron los últimos días.

Sin embargo, sus planes no son los de Elle, quien desde hace minutos lo sigue a una distancia considerable, aunque no lo suficiente como para que el motor de su auto, por más suave que sea, no sea escuchado por el otro, cosa que le intriga porque Light realmente parece ignorar su presencia.

En el camino tuvo tiempo para calmarse, y con la cabeza fría se puso realmente en el lugar de Light, tal y como Alex se lo pidió. Comprendió entonces que estaba esperando una reacción madura de un muchacho de apenas dieciocho años, y que sin importar la edad, no hay manera de no mal pensar lo que Light vio esa noche, lo que lo llevó a concluir que su reacción es comprensible, después de todo "una imagen vale más que mil palabras". Además justo ese día le había expresado parte de sus sentimientos para después casi suplicarle que le permitiera demostrarle que no mentía, ¿y qué fue lo primero que hizo? ¡Ocultarle la llegada de Alex!, no adrede, por supuesto, él mismo lo había olvidado entre el ajetreo de los días previos.

El problema es lo poco creíble que suena decir que había olvidado que su ex venía de visita, y que también le había ofrecido hasta su casa como hospedaje desde hace semanas.

Ejerce más presión de la necesaria sobre el manubrio, intentando armarse de valor u ordenar sus ideas, lo que ocurra primero. No debería estar tan nervioso, pero no puede evitar crear en su cabeza un sinfín de situaciones, desde cómo abordarlo hasta lo que podría decirle, y para cada una de ellas se ha imaginado una posible reacción. Quizá si se tratara de otra persona sería más fácil, o quizá él debería dejar de darle vueltas a lo mismo y tan solo...

—Light...

Abre la puerta de golpe y sale del auto antes de permitir que su lógica lo haga dudar. El aludido da un pequeño respingo pero no se detiene, en cambio acelera su andar luego de que su cerebro reconociera esa voz.

—¡Light!— Insiste, esta vez siguiendo sus pasos hasta estar lo suficientemente cerca como para sujetarlo del brazo —Necesitamos...

—No, Lawliet...— su voz suena áspera, cansada, a punto de romperse.

—Necesitamos hablar— sin soltarlo, por temor a que huya, se sitúa frente a él, necesita mirarlo a los ojos para poder explicarle, pero el aspecto del castaño lo deja sin aliento. Más que las oscuras ojeras, es su mirada la que le preocupa, la nota tan... apagada, se pregunta dónde quedó el brillo que irradiaba durante la última velada que pasaron juntos —. Lo que viste el otro día...— continúa de forma lenta, casi con miedo.

Sin embargo, Light menea la cabeza de un lado a otro. No quiere escuchar explicaciones, no quiere platicar con él, no tiene ganas ni fuerza para hacerlo.

—¡Alex y yo no somos nada!— Farfulla con tono desesperado a la vez que lo sujeta con más presión, pese a que el castaño no hace el amague por alejarse.

—Ojalá no te hubiera conocido nunca...— murmura, viéndolo directo a los ojos. Y Elle siente como si todo el dolor cargado en esa mirada lo quemara por dentro.

La frase se repite, esta vez casi inaudible, quizá no con intenciones de que Lawliet la oiga, sino para convencerse a él mismo, así como ha intentado convencerse de que todos sus problemas empezaron el día que lo conoció... porque de no haberlo hecho, de no haberlo conocido a él ni a Near, no se hubiera dado cuenta de lo vacío que estaba.

—Lamento mucho lo que pasó en el evento...— su voz tiembla, de hecho, su cuerpo completo lo hace. Admite que fue una decisión errada invitar a Light, no consideró las posibles consecuencias de exponerlo, porque no pensó que algo podría llegar a salir mal, estaba tan feliz y solo quería compartir esa felicidad con él. Aún así...— Pero nada de lo que te dije es mentira...

De los labios de Light escapa un jadeo mientras agacha la cabeza, meneándola de nuevo de lado a lado. Murmura algo que Elle no logra comprender del todo, pero parece haber entendido un débil «suéltame».

—¿Sucede algo más, verdad?— Se humedece los labios, de pronto resecos por la ansiedad que lo invade.

Sabe que su pregunta podría no ser bienvenida, pero le parece que detrás de ese cansado aspecto hay algo más, no puede ser solo por lo ocurrido entre ellos, porque cree conocerlo lo suficiente como para asegurar que Light no es de los adolescentes que se lanzan a llorar contra la almohada por cuestiones amorosas.

—Lawliet...— su voz es apenas un murmullo débil, agotado. Las palabras se atoran en su garganta, dificultándole la respiración. Lo único que le queda es su orgullo, y no quiere perderlo quebrándose frente a Elle, pero siente que si intenta decir otra palabra, no podrá controlar las emociones teñidas de angustia que intenta reprimir.

Para su buena suerte, o desgracia, el pelinegro parece leer su miedo.

—Si necesitas o quieres hablar... llamame.

Algo dentro de él grita que no lo suelte, sin embargo cede ante la mezcla de rechazo, dolor y cansancio reflejada en esos irises color miel.

No recibe ni siquiera una sonrisa amigable, pero tampoco la esperaba.

Lo ve alejarse y debe frenar los deseos de ir detrás de él para abrazarlo, sin necesidad de que alguno diga algo, tan solo estrecharlo fuerte, como pidiéndole que deje de alejarse, o recordándole que no está solo. Sin embargo se abstiene, sin saber si está haciendo lo correcto al dejarlo ir, pero está seguro de que seguirlo tampoco es la mejor opción. Ninguna de las opciones parece ser la correcta cuando se trata de Light.

Prefiere entonces darle su espacio. Le llamará por la noche, o mañana, pasará de nuevo por él un día de estos, insistirá pese a que antes pensó lo contrario, insistirá pese a que sabe que solito está siguiendo un camino sin retorno.

Luego de soltar todo el aire contenido en sus pulmones, posa su mano en la pared más cercana, no solo para sostenerse de ella, sino también para de algún modo volver a conectar todos sus sentidos con el mundo... con la realidad.

«Ojalá nunca te hubiera conocido», recordar la frase le amarga la lengua y le reseca la boca, como si se arrepintiera de haberla dicho. Las palabras salieron por si solas, impulsadas por la sensación familiar de la situación... pero esta vez el efecto que esas palabras causan en él es distinto, pesan más que la primera vez que las dijo, quizá porque ahora con dieciocho años y cargando una mala experiencia en su espalda, no debió pecar de ingenuo.

Creyó en Lawliet, de eso no tiene dudas, pero tal vez lo que realmente le inquieta es que una pequeña parte de él aún se aferra a seguir creyéndole, pero otra parte, la más racional, le recuerda que se juró no volver a cometer el mismo error.

Y no lo hará...

Abre la puerta, preparado para enfrentar cualquier cosa que le aguarde dentro de aquellas cuatro paredes... o bueno, casi cualquier cosa.

Encuentra a su madre con un delantal puesto mientras tararea y baila en el área del comedor con una escoba en la mano, tan sumida en su actuación que realmente no parece notar su presencia.

Se queda de pie por varios segundos, sin mover ni un solo músculo por temor a arruinar el espectáculo. Sus ojos escrutan todo el lugar y varias veces debe tallarse la nariz debido a la picazón que le provoca el exceso de aroma a lavanda que flota en el aire. La sala está ordenada y el piso casi brilla de lo limpio, sin botellas ni papeles desperdigados en cualquier parte. Continúa explorando el sitio con la mirada, sin comprender aún lo que ocurre, pero encuentra la respuesta en la mesita al lado del sillón: un libro delgado color verde y con dos A mayúsculas escritas en el medio.

De nuevo lo invade la sensación de estar parado sobre algo que ya vivió, porque esos destellos de esperanza los conoce bien. La primera vez que conoció ese sentimiento fue cuando luego de que ella pasara una semana en el hospital, volvió a casa con la promesa de que algo como eso nunca ocurrirá de nuevo, y se aferró a ella, borrando la angustia que se instaló en su pecho luego de haberla encontrado inconsciente en el suelo; o cuando por voluntad propia ella decidió buscar ayuda en una clínica gratuita, coincidiendo con el tiempo en el que él conoció a quien alguna vez le juró amor eterno, todo fue perfecto durante esos pocos meses, de verdad creyó que su vida al fin estaba tomando un rumbo distinto y que todo sería diferente una vez que ella volviera a casa... y así fue durante unas semanas, pero luego todo volvió a ser como antes, o quizá peor. Por eso no cree en esas estúpidas charlas de tres veces a la semana, ni en esos centros de ayuda que el gobierno pone a tu disposición, porque nada que es gratis es bueno, pero costear una clínica privada sigue estando fuera de su alcance. Aún así, esas migajas de esperanza son lo único que tiene...

—¿Mamá...?

Ella alza el rostro y se sonroja por haber sido encontrada a la mitad de una coreografía improvisada, pero luego le sonríe.

Y en ese instante, mientras lo mira a los ojos con la sonrisa más hermosa que alguna vez haya visto, es cuando Light recuerda que nadie más importa mientras la tenga a ella.

N/A:

Solo me gustaría decirles que a pesar de que parece que todo se está yendo a la mierda, nos encontramos en el climax de la historia, y que probablemente todo continúe yéndose a la mierda... pero al final de la tormenta siempre hay un arco iris(? al menos para alguien, espero. :) ¡Muchas gracias por su paciencia y por leer!