Antes de comenzar con el capítulo, me gustaría dar un pequeño resumen de lo que paso anteriormente:
El capítulo pasado había iniciado con una escena de Matt y Beyond, donde entre cerveza y cerveza pudieron limar un poco las asperezas que traían de días atrás. Vimo a un Near con un conflicto interno por no haber sido capaz de acostarse con Gevanni, su objetivo de ser alguien muy distinto a quien es no es tan fácil de cumplir y en su estado no se le ocurre mejor idea que intentar acostarse con Matt. Por suerte Near tiene a Light y Light tiene a Near asi que éste no duda en acudir cuando Near lo llama porque lo necesita (bueno si lo duda pero termina asistiendo). Light intenta animar a Near hasta que se da cuenta que, debido a que Matt consiguió empleo, Elle llegara a cenar y obvio como la vida lo odia, se lo termina encntrando cuando pretendía huir de ahí. ¿Recuerdan las señales de celos por parte de Light y que por fin Lawliet captó? Lawliet prometió que pasaría por él al día siguiente pero Light no estaba de acuerdo y prefirió irse
A pesar de ser los últimos días del verano, el clima amerita usar algo más abrigado. En menos de una semana estarán entrando al otoño y según las noticias, este año promete las temperaturas más bajas de la última década. Será como vivir en invierno por los próximos seis meses, lo cual es una mierda ya que él y el frío no son buenos amigos. Las últimas noches han sido difíciles, es como si de un momento a otro una espesa nube hubiera bajado desde el cielo envolviendo la ciudad para convertirla en un congelador, y está seguro de que en su casa se vive mucho peor por la pobre infraestructura que va desde las ventanas rotas y puertas faltantes hasta los agujeros en la pared por donde se cuelan las frías ventiscas invernales.
Este día se levantó un poco más temprano de lo usual, cualquiera creería que él es de los que se levantan con la primera alarma al estar acostumbrado, porque ni siquiera en sus días libres duerme hasta tarde, sin embargo no significa que sea fácil y menos con este clima, de hecho le tomó un mínimo de cinco intentos fallidos poder salir de la cama, y estar de pie no significa necesariamente estar despierto.
Enciende la estufa con los ojos casi cerrados, una habilidad que ha ganado con los años, y luego pone una olla con agua sobre ella; no piensa ducharse con el agua que sale de la regadera y menos con la que guardan en un viejo contenedor que tienen el el patio.
Lleva puesto un suéter que compró en promoción hace un par de años, es de un color gris muy feo pero lucía calentito al ser afelpado, y lo era; pero no sabe si la temperatura es realmente baja o si la tela se ha desgastado con el tiempo, quizá sea un poco de ambas porque ayer al ponerse el suéter encima del pijama, pudo notar que le quedaba más holgado de lo que recuerda, lo que significa que tal vez ya está muy viejo y debió comprar uno nuevo éste año... sin embargo y aunque no quiera admitirlo, sabe que no es la única prenda que parece quedarle más grande.
Sea como sea odia el frío tanto como levantarse temprano. Se abraza a sí mismo con fuerza y se queda muy cerca de la estufa en busca de un poco de calor mientras espera que el agua hierva, pero no pasan ni treinta segundos cuando cierra los ojos, o más bien se le cierran por sí solos. Su cara es la de alguien que aún no ha terminado de despertar, en una de sus mejillas todavía se dibuja la forma de la almohada y con su cabello yendo hacia todos lados luce tan adorable como cansado. Se balancea un par de veces en clara señal de estar perdiendo la batalla contra el sueño, viéndose obligado a recuperar el equilibrio tras un respingo, volviendo a cerrar los ojos al segundo siguiente.
Sin importar cuántos años pasen, de algo cree estar seguro, y es de que jamás podrá acostumbrarse a las madrugadas ni al frío.
—¿Qué haces despierto tan temprano?
Escuchar la repentina voz de su madre detrás de él le sonsaca un jadeo junto a un exagerado brinco. Sachiko se adentra a la cocina, frotándose los brazos mientras se abraza a sí misma a causa del frío.
—Siempre me despierto a esta hora —contesta mientras intenta aún recuperar el aliento luego del susto.
Light sonríe al notar que su mamá está usando un suéter parecido al suyo, ambos del color gris más feo que ha visto, pero le hacen recordar a esas fotografías donde padres e hijos usan ropa a juego.
Sin embargo no percibe lo que sus palabras provocaron en ella. Para Sachiko estar sobria puede ser un sufrimiento igual o peor de tormentoso que no estarlo; la susceptibilidad e irritabilidad se ponen a la orden del día, Light lo sabe, por eso siempre intenta tener cuidado en lo que dice y cómo lo dice. Su respuesta careció de malicia o reproche, pero para Sachiko fue como una estaca directa al corazón, como si le restregara en la cara que ella no sabe ni a qué hora se levanta.
—¿Quieres que te prepare algo para desayunar? —Finge una sonrisa nerviosa que quizá Light habría notado si no tuviera tanto sueño.
Ni siquiera sabe qué hay en el refrigerador o en la alacena pero quiere sentirse útil. No obstante, la respuesta que recibe es como una nueva bofetada.
—No te preocupes, yo siempre compro algo en el camino —le dice con esa amabilidad que utiliza solo con ella, aunque probablemente no comprará nada. Suele saltarse el desayuno pero no quiere preocuparla ni mucho menos pedirle algo tan temprano cuando lo mejor sería que siga durmiendo hasta que la vecina llegue para pasar el día con ella.
—¿Tú puedes solo, verdad? —Murmura detrás de él, a unos pasos de distancia.
Light está tan cansado que solo asiente, pensando que se trata de una aseveración inofensiva. Apaga la estufa y todavía sonríe al pasar a su lado, si no llevara en las manos una olla repleta de agua hirviendo seguramente se hubiera acercado para abrazarla, en su somnolencia olvidó darle un beso de buenos días.
—Prefiero que descanses, no te preocupes por mí —le da un beso en la frente, teniendo sumo cuidado de no quemarla—. Te quiero, mami. —le susurra viéndola directamente a los ojos, como si fuese un secreto solo de ellos que ni las paredes deben escuchar.
Sin embargo ignora el error que acaba de cometer.
Sachiko sale de la cocina un poco después que su hijo y vuelve a la habitación con el corazón pendiendo de un hilo. La primera lagrima sale tan pronto como cruza el umbral y a ésa se le unen muchas más en pocos segundos, haciéndola caer derrotada a un lado de la cama. Su llanto se vuelve amargo y el dolor incrustado en su pecho se expande a tal punto que debe cubrirse la boca con sus frías manos para oprimir los gemidos mientras escucha el agua caer en la habitación contigua, donde su autosuficiente hijo debe estar tomando una ducha.
«Él no me necesita», piensa, hipando desconsolada. Los mismos miedos de siempre la atormentan desde hace años, pero éstos se vuelven más palpables en sus momentos de mayor lucidez. Es por eso que nunca duran mucho, porque su organismo le exige escapar de la realidad cuando el dolor ya es demasiado; pero cada recaída también duele más que la anterior.
«Le estorbo», continúa torturándose mientras aprieta los puños con todas las fuerzas que alguien en su condición física puede tener. Todo su cuerpo tiembla y le cuesta respirar a causa del frío, la impotencia y la abstinencia.
Se encuentra en el fondo de un agujero del que no podrá salir solo con dejar de beber unos días. Erróneamente Light cree,que todo se trata de fuerza de voluntad, y aunque así fuera, los problemas de Sachiko no desaparecerán cuando existen desde mucho antes de que ella vaciara por primera vez una botella de alcohol. ¿Pero cómo Light iba a saberlo cuando era tan solo un niño? ¿Cómo podría saber ahora que los secretos y la culpa que ella carga consigo son más graves que su alcoholismo?
«Él no te necesita», sus palabras se repiten pero no es su voz, y si lo es, suena distorsionada, con malicia en lugar de dolor. «Le estorbas», sus manos temblorosas cubren con desesperación sus orejas, como si así fuese a opacar la voz que la atormenta cuando todo viene de su cabeza... «Y si no te necesita...», sacude la cabeza con demasiada brusquedad y sin pensarlo dos veces se trepa a la cama para esconderse bajo la cobija, en busca de protección. Comienza a orar, muy suave y rápido como hace cuando tiene miedo, intentando que sus plegarias aplaquen el ruido que hay dentro de ella.
«Y si ya no te necesita... te dejará sola»
oOo
Tan pronto como Light abre la puerta, el gélido aire lo golpea de lleno, colándose a través de su uniforme. Se cubre la parte inferior del rostro con la bufanda roja que lleva puesta y luego se frota las manos enguantadas, reprochándose mentalmente por no haber comprado un nuevo abrigo a tiempo. Pensaba usar la única parka decente y de apariencia costosa que tiene, la cual compró hace dos años, antes del primer invierno que pasó como estudiante del instituto Daikoku, su intención era encajar así que la usaba solo lo necesario para no estropearla, pero esta mañana descubrió que tiene un agujero en la parte del frente, y es preferible pasar frío a llegar con un abrigo roto a un lugar donde la apariencia habla por ti.
Guarda el celular en uno de los bolsillos del saco de su uniforme luego de haber recibido la confirmación por parte de su vecina de que estará en la casa a las siete sin falta. Está a punto de iniciar su camino cuando nota un auto verde aparcado justo enfrente de su casa, no es como si no lo hubiese visto al salir pero tampoco le prestó atención hasta este momento. Se acerca y se encorva un poco frente a la ventana, entrecerrando los ojos en un intento de agudizar su mirada y poder vislumbrar algo detrás del vidrio polarizado.
—¡Sí busca a Ushio es en la siguiente cuadra! —Grita, golpeando con los nudillos la ventana. Piensa que debe tratarse de esos autos que van de pasada en busca de la especialidad del barrio y a lo mejor el tipo anda perdido.
Se siente tentado a golpear de nuevo la ventana pero se endereza de golpe luego de que el vidrio comienza a bajar y sus ojos logran distinguir un par de ojeras y una melena negra.
—¿No es aún muy temprano, cariño?
Elle enciende de nuevo el motor del auto cuando, como ya lo esperaba, es ignorado.
—¿Sabes? Te conozco tan bien que sabía que ibas a intentar evadirme —dice inclinándose un poco hacia la ventana del copiloto, sin apartar la vista por completo del frente mientras va avanzando despacio, siguiendo los pasos del castaño—. Así que no me quedó más remedio que esperarte desde temprano.
Light frunce el entrecejo y aprieta los puños, no le agrada ser tan predecible para Lawliet cuando él no pensó en la posibilidad de que el empresario podría llegar antes.
—Entonces... ¿Vamos a desayunar? —Continua Elle, con una sonrisa ladina que exasperaría a Light si tan solo éste volteara a verlo.
«Solo ignóralo... se va a aburrir», se dice mientras sube un poco más su bufanda, cubriéndose ahora también la nariz.
—Supongo que eso es un no, ¿verdad? Bueno, supongo que ya que estoy aquí podría pasar a saludar a tu mamá —Lawliet detiene el auto casi al mismo tiempo que se detienen los pasos del castaño, quien voltea a verlo con brusquedad—. ¿Acaso cambiaste de opinión?
El pelinegro nota como esos ojos color miel echan chispas, lo cual no le sorprende. Recuerda que en alguna ocasión Light le pidió de manera poco amable que no se acercara a ella, y pretende respetar esa decisión pero está jodidamente desesperado por hablar con él que diría lo que fuera.
—Hijo de puta... —masculla sin remover la bufanda antes de subir y cerrar de un portazo.
—Al fin un insulto que no es idiota.
—Y tengo más de donde vino ese.
Lawliet sonríe tras un suspiro y pone el auto de nuevo en marcha. Espera que de una vez por todas puedan aclarar las cosas, dejar atrás las confusiones y los tratos absurdos. Pondrá sus verdaderas intenciones y sentimientos sobre la mesa y espera que Light los acepte.
—¿A dónde quieres ir? —Pregunta luego de haber avanzado unas cuadras, cuando gran parte de los monótonos edificios con paredes descascaradas son dejados atrás.
Light se cruza de brazos y suelta un bufido en señal de fastidio, casi gritándole con su lenguaje corporal que él está ahí en contra de su voluntad y que no podría importarle menos adónde lo lleve. Sin embargo una repentina y fugaz idea cruza por su mente, haciéndolo formar una pequeña sonrisa.
Le da unas escuetas indicaciones que Elle acata sin rechistar, hasta que se detienen frente a un puesto de comida callejera, y no, no es un food truck debidamente equipado con su respectivo espacio para acomodar mesas, más bien son tres mesas y muchas sillas puestas en el medio de la acera mientras un sujeto prepara todo clase de sándwiches en una plancha tipo industrial.
—¿Realmente quieres comer ahí? —Pregunta arrugando un poco la nariz. Admite que le sorprende la elección del castaño, pensó que elegiría Las Brumas o cualquier otro restaurante costoso de la ciudad.
—Si es demasiado sencillo para ti, vamos a donde tú quieras. —Voltea hacia la ventana, como si estuviera indignado, pero la misma sonrisa traviesa sigue en su rostro.
Elle entiende entonces el porqué Light eligió ese lugar. Lo entiende pero no lo comprende. Dejando de lado los primeros encuentros entre ellos, no cree que alguna vez se haya comportado como un ricachón engreído que ve de menos a los que no están a su altura; económicamente hablando. Tampoco es que le apetezca comer en un lugar de dudosa salubridad, pero no se va a echar para atrás por unos simples panes callejeros.
Light se sorprende cuando lo ve abrir la puerta y sabe que no tiene escapatoria cuando luego de rodear el auto, Elle le abre la puerta y le ofrece su mano.
—Puedo solo.
Lawliet no esperaba una reacción distinta, así que solo se hace a un lado para permitirle salir.
—¿Por qué no traes suéter? —Pregunta Elle caminando a su lado mientras termina de abotonar su saco de paño negro. Quizá hasta hace unos minutos el momento le parecía tan irreal que no notó la ausencia de abrigo en Light, y un par de guantes junto a una bufanda no son suficientes— ¿No escuchaste en las noticias que probablemente este día tendría la temperatura más baja de la semana?
—Me gusta el frío —contesta encogiéndose de hombros antes de adelantarse unos cuantos pasos. No sabe ni cómo fue capaz de decirlo sin que le temblara la voz.
Las únicas tres mesas están ocupadas así que deben tomar asiento en los bancos donde usualmente la gente espera lo que han pedido para llevar.
—¿Qué vas a querer? —Le pregunta cruzándose de brazos de pie frente a él. Lawliet frunce el entrecejo mientras se remueve en el incómodo asiento.
—¿No te preguntan ellos qué vas a ordenar?
Light suelta una carcajada más exagerada de lo necesario.
—Sí, claro, solo debes hacer sonar la campanilla y alguien viene corriendo.
—Ok, ya entendí —se da un breve masaje en el puente de la nariz, extrañaba hasta esa irritabilidad pero no significa que sea fácil lidiar con ella—. Quiero lo mismo que tú pidas.
—Yo solo pido café. —Sisea, repitiendo las palabras del otro cuando desayunaron juntos por primera vez. Elle sonríe de lado al reconocer la ironía en su voz, así que se limita a encogerse de hombros, como lo hizo el castaño en esa ocasión.
Al saberse solo, Lawliet inspira hondo tantas veces como puede. Sabe que cuando Light regrese, se sentará a su lado y deberán hablar, no solo del malentendido de hace unos días sino también de ellos, de lo que son y de lo que pueden llegar a ser.
El problema es que una vez juntos, el silencio también los acompaña.
A Elle ese encuentro le causó insomnio la noche anterior, pasó gran parte de ella tomando anotaciones mentales sobre todo lo que podría decir, y a pesar de ser alguien seguro de sí mismo, las ideas en su cabeza son ahora un revoltijo y no sabe por dónde iniciar.
Afortunadamente para él, Light no soporta el silencio por mucho tiempo.
—¿De quién es ese auto?
—Umm, mío. ¿Por qué?
—¿¡Tienes dos autos!? —Sus ojos se abren sorprendidos, es lo más absurdo que ha oído, entiende que tenga dinero pero ¿para qué necesita dos carros si vive solo?— Seguramente el otro lo utilizas para fanfarronear—forma un mohín con los labios y se cruza de brazos, adoptando una pose bastante común en él, aunque más bien lo que busca es abrazarse un poco a sí mismo en busca de calor.
Lawliet suelta una breve carcajada, ya sea porque le parece gracioso ver cómo la bufanda se mueve cada vez que habla o porque tiene razón. En aquel entonces era más joven e inmaduro, acababa de regresar de Italia y como premio le pidió a Watari un auto, y no uno cualquiera, debía ser el auto. Antes, cuando era adolescente y el tiempo posterior a su salida del orfanato, sufría de arrebatos como si fuera un niño caprichoso al cual debían premiar por cada acción buena, y ni Roger ni Watari se negaban a complacerlo. Esos caprichos no fueron recurrentes ni prolongados, es solo que a veces era traicionado por sus propios impulsos, él no quería hacerse cargo de una empresa, y a pesar de que fue él mismo quien reprimió sus sueños porque al final era lo más conveniente para todos, en ocasiones actuaba como si necesitara recompensas para acallar sus propios reproches. Afortunadamente con los años ha aprendido a aceptar su realidad, después de todo, cualquiera desearía su vida.
Luego de otros minutos en silencio, y sin una idea clara de cómo empezar, Lawliet lleva su mano hasta el bolsillo del pantalón y busca algo que ya es momento de regresar a su dueño.
—Toma.
Los ojos de Light se abren de nuevo por completo cuando Elle le extiende su preciado pañuelo que él ya daba por perdido.
—¿¡Dónde lo encontraste!? —Pregunta, retirándose la bufanda de la cara con una mano mientras con la otra le arrebata el pañuelo, llevándolo luego hasta su nariz, cerrando los ojos al momento que inhala el casi imperceptible aroma de la loción de su madre.
—Lo dejaste en el hotel la otra vez —su respuesta es suave, como si no quisiera perturbar el atrayente brillo que se ha apoderado de los iris de Light.
—¿¡Y cuando pensabas dármelo!? —Le gruñe, soltándole un golpe en el brazo que el otro no esperaba.
—¿¡Me lo pregunta él que no quería ni verme!? —Le responde con la misma agresividad mientras se soba un poco. Sin embargo si es honesto, por un momento pensó en quedárselo.
Se siente aliviado de no haberlo hecho, porque sino no hubiera sido testigo de la genuina emoción que se apoderó de los ojos del castaño. Desde que lo conoce, sabe que no es una persona que sonría mucho, o al menos es lo que intenta aparentar. Porque también ha descubierto por momentos fugaces que debajo de esa hostilidad se esconde una persona muy dulce, a la que quiere proteger hasta con su vida.
Sí, definitivamente está jodido... y le encanta.
—¿Es muy importante para ti? —Pregunta con una sonrisa, pensando que pueden continuar ahora que el castaño ha bajado sus defensas.
Sin embargo...
Light parpadea y recobra la compostura antes de guardar el pañuelo con indiferencia mal fingida. Se dejó llevar y no es eso lo que realmente le incomoda, si no el haberlo hecho específicamente frente a Elle.
Pero justo mientras piensa en una excusa para desviar la conversación, el tipo frente a la plancha, quien parece tener cuatro brazos para preparar, cocinar, servir y limpiar al mismo tiempo, les grita que su pedido está listo.
—¿Quieres comer aquí? —Le pregunta Light mientras se pone de pie, sin verlo a los ojos porque teme que aún haya rastros de emoción mal contenida en los suyos. Sabe que ese pedazo de tela no sería importante si no fuera porque es un obsequio de su madre, y todo en él se desestabiliza, para bien o para mal, cuando se trata de ella.
A Elle le da lo mismo, podrían comer hasta a un lado de la cuneta si se lo pidiera.
—Podemos comer en el auto —dice sin embargo por un buen motivo, pese a que no le agrada la idea de que probablemente harán un miguero.
Light se encoge de hombros y voltea, tomando la delantera mientras Elle se dirige a pagar. Sonríe de lado, divertido, creyendo erróneamente que el otro debe sentirse asqueado, algo así como se sentirían Teru y Misa ante la tan sola idea de estar en un sitio como ese. Sin embargo se detiene en seco cuando de pronto siente algo cálido sobre sus hombros.
—Estás temblando desde hace rato. —comenta como si tal cosa, soltando una risilla burlona al notar el violento sonrojo que se apodera de las mejillas de Light, las cuales ya estaban rosáceas a causa del frío.
Esta vez es Elle quien se adelanta, dejando atrás a un inerte Light por unos segundos. No le ofreció su abrigo antes porque está seguro que no lo hubiera aceptado. Con él ha comprendido mejor la frase «más vale pedir perdón que pedir permiso».
Abre la puerta del copiloto y deja la bolsa del pedido sobre el tablero antes de ofrecerle su mano, prefiere que ensucien su auto antes de permitirle que continúe temblando como un cachorrito bajo la lluvia.
Light frunce el entrecejo y vuelve a cubrirse la mitad de la cara con la bufanda, no solo para protegerse del frío sino también para salvar un poco su dignidad. Camina hasta él y se retira el abrigo de los hombros, entregándolo al pelinegro antes de entrar al auto.
—No lo necesito.
—No seas tan terco —Lawliet vuelve a cubrirlo con él, esta vez como si se tratara de una cobija, luego le acomoda el cinturón de seguridad—. Además, es muy de novios tener el suéter del otro, ¿no crees?
Light está a punto de refutar cuando la bufanda de pronto es retirada de su rostro sin poder preverlo, y con la misma rapidez los labios de Elle chocan contra los suyos; es un beso breve y suave que ambos necesitaban aunque uno de ellos no se atreva aún a admitirlo. Lawliet admite que muchas veces se siente intimidado por la actitud esquiva y gruñona de Light, lo hace pensar que quiere aferrarse a un sentimiento que solo existe de su parte, pero luego, al tenerlo tan cerca y poder notar también ese nerviosismo que intenta ocultar en esos bellos ojos miel, lo invaden unas ansias locas por abrazarlo y no soltarlo más.
—Tú y yo vamos a hablar. —le asegura aún muy cerca de su rostro, con esa confianza en sí mismo que lo caracteriza.
La puerta se cierra sin que Light haya podido decir algo, tan solo atina a tomar el abrigo de Elle y como acto reflejo se cubre la cara con él, sintiendo sus mejillas más calientes que nunca.
oOo
Misa hojea su revista de ídolos adolescentes favorita, sin prestar atención realmente, solo viendo superficialmente las imágenes o leyendo uno que otro artículo. Así no es como planeaba pasar la tarde. Invitó a Teru a su casa, pensando que podrían pedir una pizza y ver películas, pero su amigo anda tan insoportable últimamente que se arrepiente de haberlo llamado.
Suelta un sonoro suspiro, esperando llamar la atención del pelinegro que está pegado al teléfono, pero al no lograrlo toma otra revista de la mesita de noche y se acomoda en la cama de tal manera que su cabeza queda colgando en el borde del colchón. El malhumor de Teru comienza a afectarla, tal vez si tuviera otras amigas lo dejaría solo, pero nunca fue capaz de congeniar con las otras chicas del salón, a decir verdad, son los únicos cuya amistad se reduce a dos personas, mientras que los otros siempre se mueven en grupos, a ellos nunca le agradaron los demás y está segura que el sentimiento es recíproco. Siempre fueron ellos dos y nadie más; ah, y Light...
—¿Crees que debería perder peso? —Pregunta con intención de romper el silencio mientras lee superficialmente la dieta que usan todas las famosas, o al menos eso dice el encabezado.
—Si es lo que quieres... —Teru se encoge de hombros, sin despegar la mirada del celular mientras desliza el dedo sobre pantalla para continuar viendo las fotos recientes que han subido sus contactos.
Misa suelta un bufido a la vez que levanta la cabeza, furiosa.
—¿¡Puedes dejar esa maldita cosa!? —Farfulla, lanzando un cojín que impacta en la cabeza de su amigo.
Teru suelta un suspiro y se acomoda los lentes antes de inclinarse para recoger el cojín del suelo.
—¿Qué más quieres que haga si es lo único medianamente divertido que hay acá? —Dice con una extraña calma, pero hay cierta rabia presente en sus palabras.
—¿Sigues enojado conmigo porque no te sigo el juego? —Parpadea confundida mientras se reincorpora. No puede creer que siga molesto por lo mismo— ¡Ya supéralo! ¡Estás actuando como un...
—¡No me digas que supere lo de Yagami como si fuera mejor que yo porque no lo es! —Esta vez Misa dio en un punto aún sensible para él, haciéndolo explotar.
—Al menos él la pasa mejor que nosotros... —murmura para sí misma.
Hoy lo había visto riendo con dos chicos en el receso, el castaño lucía de mejor humor que los días anteriores y realmente parecían estar pasándola bien, lo cual no le sorprende si lo piensa, Light siempre fue el más amable y divertido de los tres. Lo extraña un poco, no se va a mentir a sí misma, pero no significa que quiera ser su amiga de nuevo, lo único que realmente quiere es que Teru deje de ser tan intenso, así ellos puedan volver a pasarla bien.
—¿Leíste el boletín escolar esta mañana? —Pregunta él luego de unos minutos, poniéndose de pie.
—¿Sobre las calificaciones del último trimestre? —Pregunta con desinterés.
Hay una enorme pizarra de corcho protegida por una vitrina en el pasillo del edificio principal, donde las secretarías colocan anuncios, actividades y los mejores resultados de los exámenes de cada trimestre. Y como ha sido desde hace casi dos años, Light obtuvo las mejores calificaciones de toda la institución, quedando Teru como segundo en esta ocasión. Quizá antes no le hubiera molestado porque eran amigos, pero esta vez, ver su nombre justo debajo le provocó rabia.
—¿¡No te parece injusto que reconozcan más a un muerto de hambre que seguramente no pone ni un centavo en lugar de nosotros que si pagamos!?
Misa pone los ojos en blanco disimuladamente, harta de escuchar a diario la misma cantaleta. Ella es buena en matemática pero no la mejor, ¿cómo va a pedir entonces que la pongan sobre Light? Sea como sea el castaño se destacó académicamente desde el primer día que puso un pie en esa institución, y aunque entiende el punto de Teru, prefiere no darle más vueltas al asunto. Por supuesto que su ego también fue dañado, tanto por lo de Light como por lo de Beyond, pero a diferencia de su amigo ella prefiere seguir con su vida.
—¿Y qué quieres hacer al respecto? —Sabe la respuesta, pero cree que exteriorizar las molestias te ayuda a sanar, o dejarlo ir, algo así decía el quiz que hizo en internet sobre cuál princesa de Disney eres.
—Ya te dije, saber cada detalle de la vida que nos ha ocultado todo este tiempo —comenta como si tal cosa mientras se cruza de brazos. Sin embargo ambos saben saben que sus intenciones no son tan simples como las plantea.
—Y yo ya te dije que puedes tomar de referencia a Beyond —se arrastra por el colchón hasta que sus pies tocan el suelo y queda de pie frente a él—. Un tipo equis que no nos llega ni a los talones.
Misa le contó sobre el fiasco de cita que tuvo con el hermano menor de los Lawliet. Compraron unos milkshakes mientras pensaban qué hacer por el resto de la tarde, fue incómodo y todo se tornó peor cuando ella sugirió ir a comer a un restaurante que a Beyond le pareció caro, y si eso no fue suficientemente malo, él sugirió ir entonces a un lugar de comida a la vista en una calle que jamás había escuchado y, para terminar de joderlo todo, le dijo que solo debían tomar dos autobuses, como si ella fuese a subirse a uno de esos cuchitriles que usan los tipos como él.
—Pero yo necesito pruebas. —asegura, viéndola a los ojos. Entiende la lógica de Misa; si Light le presentó a Beyond es porque ellos son amigos, y uno solo se relaciona con las personas que están a su nivel... pero él necesita verlo para sentirse al menos un poco mejor consigo mismo.
—Pues allá tú... —suelta un suspiro y se dirige al armario en busca de ropa más abrigada, una camiseta de tirantes y shorts realmente cortos estaban bien por la calefacción de la habitación, pero necesita ir al patio por aire fresco—. Lo único que puedo decirte es que a mí no me vas a arrastrar contigo, no sé qué tanto aprecias tu tiempo pero el mío es demasiado valioso como para andar detrás de alguien que no vale la pena.
Teru la ve de espalda sacando unas cuantas prendas para luego dirigirse al vestidor, dejándolo ahí, pensativo. Suelta un suspiro y se masajea el puente de la nariz con notable cansancio. Una parte de él sabe que tiene razón, por primera vez ella está actuando de forma madura y él no, pero por otra parte se niega a abandonar sus ideas, porque está convencido de que lo mínimo que Light se merece es que sea expuesto frente a todos como lo que realmente es y así destruir esa imagen que les hizo creer todo ese tiempo. El problema es que seguirlo, tal y como dijo Misa, sería perder el tiempo con alguien que no lo vale, y además rebajarse a su nivel... a menos que... a menos que, por supuesto, alguien más lo haga por él.
oOo
El aire abandona los pulmones de Light y una sonrisa se instala en su rostro. Mira ansioso el establecimiento que está al otro lado de la calle, como si quisiera grabar en sus pupilas cada detalle. Ha estado ahí antes, cuando por casualidad lo encontró y resultó ser el lugar donde Near trabaja, pero esta vez la fachada del restaurante le parece más imponente y llamativa, invitándolo a acercarse pero las piernas no le responden.
Busca el celular en los bolsillos de su abrigo, más bien, el abrigo de Elle, esa prenda que ha usado desde el día que se vieron en la mañana, la cual aún mantiene el aroma dulce y masculino de Elle.
«Estoy aquí», envía el mensaje y mientras espera, se asegura de tener el cabello en perfecto orden.
Lo ocurrido hace unas semanas aún le parece irreal, no entiende cómo solo un par de palabras fueron capaces de desestabilizarlo, cómo esa mirada seguida de una caricia pudieron provocar en su pecho sensaciones que desconocía, y aunque le cueste admitirlo, sabía que verlo le afectaría, pero no tenía idea hasta qué punto. Todavía le cuesta asimilar su reacción cuando Elle repitió las palabras que le susurró al oído aquella noche en el hotel, solo que esta vez se lo dijo viéndolo a los ojos, sin ninguna pizca de duda en ellos. Quiso gritarle, llamarlo mentiroso y salir de ahí dando un portazo, no porque no le creyera, sino para intentar protegerse a sí mismo de sentimientos que no lo llevarán a ningún lado, pero en lugar de hacer alguna de las cosas que se le pasaron por la cabeza, solamente atinó a cerrar los ojos cuando lo vio acercarse, una reacción involuntaria de su cuerpo que lo hizo sentir como una niñita enamorada.
Sacude la cabeza para deshacerse de esa extraña pero reconfortante calidez que le invade el pecho con solo traer a su mente los recuerdos de esa mañana. No significa que ahora esté dispuesto a dar el siguiente paso, al menos le queda el consuelo de que fue lo suficientemente fuerte de no contestar que sí cuando Lawliet le preguntó si a él también le gusta, si él también siente lo mismo... no dijo que sí, pero tampoco dijo que no...
Honestamente no se siente orgulloso de su reacción, pensó que con una relación fallida en el historial junto con los golpes que a la vida le encanta darle, sería más fuerte y tendría un mejor autocontrol, pero solo se demostró que sigue siendo débil, un idiota fácil de engañar.
Como si su vida no fuera ya lo suficientemente complicada como para ahora complicarla más...
Afortunadamente los reproches deben cesar cuando la mata de cabellos blancos de Nate sale por la puerta principal del restaurante, saludándolo desde ahí.
Cruza la calle, de nuevo nervioso, cree que de haber seguido pensando en lo ocurrido con Elle, terminaría colapsando, aunque ahora es muy probable que colapse pero a causa de los nervios.
—¿Cómo me veo? —Pregunta apenas con un hilo de voz mientras que alisa con las manos el abrigo y luego se acomoda de nuevo el cabello debido a las leves ventiscas que han estado presentes durante todo el día.
—Te ves bien —concede Near con una sonrisa. No entiende cómo sus amigos pueden tacharlo de ser cosas tan feas si verlo tan nervioso le parece lo más adorable— ¿vamos? —Le ofrece la mano para guiarlo al interior. Light la toma tras tragar saliva.
Pese a que estuvo ahí antes, no puede evitar voltear hacia todas partes tan pronto como cruzan la segunda puerta, luego de haber atravesado el pequeño salón de espera donde un hombre con saco y corbatín les dio la bienvenida.
—Disculpa haberme tardado —comenta Near, jalandolo con una mano mientras con la otra comienza a aflojarse el corbatín del uniforme—. Estaba terminando unas cosas y...
—¿Vas a irte? —Interrumpe, más nervioso aún.
Fue hace un par de días que, chateando con Near, le contó que había salido a buscar trabajo y que resultó ser un fracaso. Era una plática normal, sin dobles intenciones o indirectas, pero él le dijo que estaban necesitando personal y que podía hablar con su jefe. Le entregó hace un par de días el pequeño currículum que ha presentado en todas partes, donde solo aparecen los estudios y menciones honoríficas porque no tiene nada más. Está seguro de que lo hizo mal pero Near lo convenció de que eso era suficiente.
—Estarás bien, Light. —se detiene justo frente a una de las puertas de solo personal autorizado, y le sonríe, intentando tranquilizarlo.
—Pero te vas a ir... —insiste, casi como si se sintiera traicionado. El encargado del lugar lo entrevistará a solas pero saber que Near no estará al otro lado de la puerta, esperándolo, lo hace querer regresarse.
—Tengo cosas que hacer. —suelta un suspiro agitado, pareciendo que sea lo que sea que tenga que hacer, lo ha mantenido estresado el día entero.
Cruzan la cocina sin ninguna otra queja, Light se queda absorto y a la vez un poco atemorizado con lo que ocurre ahí: tres personas gritan, indicándole a los demás qué hacer, y éstos se mueven con una agilidad envidiable mientras otros se encargan de mantener la zona limpia y despejada. Se pregunta si él alguna vez podría moverse con esa rapidez y bajo esa presión.
Cruzan una puerta más, llegando esta vez a una sala amplia, con estantes llenos de microondas y cafeteras a un costado, televisores al otro, comedores en medio y un par de esos sillones puff regados por cualquier parte, esa supone que debe ser el área de descanso de los empleados.
—¿Terminaste, Nate? —Mello aparece a un lado de ellos, ignorando completamente la presencia de Light.
—¿Cómo te sientes? —pregunta Near dirigiéndose solamente al castaño.
La relación de ellos se había reducido a eso, a fingir la mayor parte del tiempo que el otro no existe, y si es necesario hablar, hacerlo con formalismos, nada de sobrenombres o apodos cariñosos.
—¿Vas a salir con Mello? —Light enarca una ceja, paseando su vista de Near a Mello y viceversa.
—Elle nos invitó a su casa... —comienza a explicar el de cabellos blancos, pero Mello lo interrumpe.
—Y Alex también, su novio —Mello sonríe con saña. Desafortunadamente para él, Light está al tanto de que Lawliet y Alex no son novios, al menos ya no, aunque eso no significa que no se sienta sorprendido por no estar al tanto de esa reunión. No es como si debería importarle pero...
—No son novios —corrige Nate, sin voltear hacia Mello, como si el rubio no existiera aunque su respuesta va dirigida a él—, pero ¿sabes quién si irá? ¡Stephen! —Da un pequeño brinco, mostrándose emocionado, aunque la verdad es que saber que Mello y Stepen estarán en el mismo sitio lo ha tenido bastante tenso el día completo.
Light se abstiene de hacer cualquier comentario al respecto, lo cual es raro porque es la oportunidad perfecta para molestar a Mello, pero está realmente nervioso por la entrevista y ahora además, se pregunta porqué Lawliet no lo invitó a él pero si a Gevanni. No lo quiere admitir, pero se siente un poco o en realidad bastante dolido.
—El jefe te llamará en cualquier momento —retoma Near, señalando las escaleras al fondo del salón, las que conducen solo a una puerta.
—¡Ja! ¿Viene a buscar trabajo? —Interrumpe el rubio de nuevo, cruzándose de brazos— ¿Y qué va a hacer? ¿Pasarse el día debajo del escritorio del vejete?
—¿¡Podrías callarte, Mihael!? —Gira, furioso, en dirección al otro, quién parpadea confundido ante esa reacción.
Pese a todo, a Light le toma unos segundos entender el comentario de Mello, y cuando lo hace, no puede refutar o devolverle un comentario igual de venenoso porque de nuevo Near lo arrastra, alejándose los dos del rubio.
—Escucha, Light, el señor Karlsson es... un poco mano larga, pero es inofensivo —le explica en voz baja, procurando que nadie cercano escuche. No le preocupa su jefe, sea como sea el hombre sabe comportarse. Quién realmente le preocupa es Light, porque el castaño no cumple con uno de los requisitos más importantes que es la flexibilidad horaria, pero si el jefe aceptó considerarlo es solo porque él se lo pidió—. Tú solo demuestra que realmente quieres trabajar aquí, él aprecia mucho eso, y por favor sonríe, tienes una bonita sonrisa.
—Matt está afuera —anuncia Mello acercándose un poco pero no del todo.
—¿Irán todos...? —Pregunta apenas audible algo que es bastante obvio.
Near asiente mientras termina de retirarse el chaleco. Está demasiado ocupado con sus propios problemas como para prestar atención a los de Light. No solo estarán Stephen y Mello bajo el mismo techo, sino que también los acompañarán Matt y Beyond, ¿acaso podría estar más jodido? Solo espera que a ninguno de esos dos se les ocurra hacer un comentario de lo sucedido el otro día.
Light debe morderse los labios para no hacer más preguntas sobre esa reunión. No le sorprende que asistan todos, al fin y al cabo, ellos son como una familia, pero no significa que no sienta una punzada extraña e incómoda por saber que él ni siquiera estaba enterado. Él y Lawliet han intercambiado mensajes todos estos días, la mayoría irrelevantes, pero ¿no pudo comentarselo en ningún momento? No es como si debería invitarlo... aunque una mejor pregunta sería: ¿Por qué le molesta tanto?
—Debo dejarte — a Near le hubiese gustado acompañarlo hasta el final, pero ya fue lo suficientemente difícil pedir permiso para salir más temprano como para que ahora no se marchen —. Escríbeme tan pronto salgas, ¿está bien?
Lo ve partir mientras él intenta controlar sus nervios y curiosidad. No quiere darle más vueltas al asunto porque lo único que logra a cada segundo es sentirse más patético, como si él y Lawliet fueran algo cuando realmente no son nada, al menos no aún, o algo así. Quedaron en intentarlo, tal vez, no está seguro, se comportó como un pendejo así que prefiere no recordarlo, pero lo que sí recuerda es que le prometió demostrarle que no miente acerca de sus sentimientos.
«Bonita forma de demostrarlo», piensa para sí mismo mientras se cruza de brazos y forma un mohín con los labios, sin apartar los ojos de la puerta por la que Near desapareció, como si su insistente mirada lo fuera a hacer volver, o mejor aún, como si Lawliet fuera a cruzar por esa puerta para darle explicaciones.
Aunque se niegue a aceptarlo, es probable que esté celoso como nunca lo ha estado antes.
—¿Light Yagami?
El aludido pega un respingo antes de voltear en dirección a esa voz, encontrándose a un hombre de avanzada edad pero completamente erguido al final de las gradas, llamándolo desde la segunda planta. El anciano de porte formidable le indica solo con la mirada que puede pasar y luego voltea, dirigiéndose a la única puerta que se alcanza a ver, la cual Light asume debe ser su oficina.
Los nervios vuelven a invadirlo pero no se atreve a desacatar la orden. Acude al llamado con el corazón latiendo demasiado rápido, pero antes de subir siquiera el primer escalón, voltea una vez más. Intenta convencerse de que no le importa lo que Elle haga o deje de hacer, al fin y al cabo él no es su novio y ellos no son sus amigos. Pero tal vez, solo tal vez, le hubiese gustado ser invitado.
oOo
—¿Terminaron?
Alex vuelve a la sala con una bandeja repleta de aperitivos, la cual coloca en medio del intento de círculo que han formado en el suelo, donde minutos atrás les entregó a todos los presentes cinco pedazos de papel y les pidió que escribieran las preguntas que se les vinieran a la mente, tratando de que representaran alguna dificultad o de que al menos fueran divertidas.
—¿Cómo exactamente sabremos quien debe responder? —Pregunta Stephen mientras coloca sus papeles dentro de un tazón, pasándolo después a la persona que tiene al lado, en este caso a Near.
—Es como el juego de la botella —explica Alex—, solo que en lugar de besarte con la persona a la que apunte la botella, tomarás uno de estos papeles y le harás una pregunta —. Finaliza, alzando un poco el tazón para mostrarlo luego de que éste vuelve a sus manos.
—¿Y qué pasa si no me siento cómodo respondiendo? — Continúa Gevanni un poco nervioso.
Hace unos minutos mientras pensaba en qué escribir, escuchó a Matt hablando con Elle sobre sus preguntas, y no es que él sea un santo o que tenga problemas para hablar de sexualidad abiertamente, pero le da un poco de pena confesar sus intimidades cuando tiene a su lado a la persona que le gusta.
—Penitencia, por supuesto —contesta Elle a la vez que toma un trocito de queso y salami—. Pero no hay nada de qué preocuparse, ¿verdad, Matt?
—Les dije que no prometía nada —. El pelirrojo se encoge de hombros, restándole importancia.
Gevanni traga un poco de saliva mientras Alex menea la cabeza y pone los ojos en blanco. Les pidió a todos que por primera vez intentarán hacer un juego sano, ya no son adolescentes hormonados y además quería evitar momentos incómodos para todos, no solo él y Elle ya no son novios sino que también Mello y Near apenas se dirigen la palabra, sin mencionar que uno de ellos trajo a su pretendiente, enamorado o posible pareja, no le queda claro aún. Por una parte, se da cuenta de que la inquietud de Stephen se debe a que el hombre quiere dar una buena impresión y eso habla muy bien de él, pero también se percata de que toda esta situación está afectando a Near, y mucho más a Mello aunque ninguno lo admitiría.
—Bien, ¿empezamos? —Regresa a su lugar, justo en medio de los hermanos Lawliet. Decide pasar por alto que Matt ignorara sus instrucciones, solo porque no quiere que el ambiente se vuelva más tenso de lo que ya está.
Definitivamente la noche de juegos nunca había empezado tan mal. Aparte de Near y Mello, también puede asegurar que algo ocurre entre Beyond y Matt, apenas se hablan y si lo hacen, ha notado que el menor de los gemelos ni siquiera mira al otro a los ojos.
—¿Piedra, papel o tijera para ver quién empieza? —Pregunta Elle tomando otro aperitivo. No sabe los demás pero él tiene hambre.
—Yo quiero tirar —. Se ofrece Matt alzando una mano con una sonrisa, él es el único de verdad emocionado con el juego.
—Yo digo que empiece Stephen por ser el nuevo, ¿qué dicen? —Sugiere Alex sin intenciones de ignorar la buena predisposición del pelirrojo, sino para que los otros se integren, pero Near solo asiente y Mello se encoge de hombros.
—Yo empiezo, es mi casa —. Elle toma la botella que Alex dejó a un lado y la hace girar. Lo que a él le gusta de estas reuniones es la convivencia y no tanto los juegos, pero Alex siempre se esfuerza en organizarlos para que todos se reúnan y pasen un buen momento. Por eso no le parece justo que todos estén como almas en pena en lugar de mostrar un poco más de interés, aunque sea fingido.
La botella gira y al detenerse, apunta hacia Mello, pero antes de que Elle saque un papel, alguien llama a la puerta.
—Debe ser la pizza —. Dice el pelinegro con una sonrisa, casi sintiendo que su estómago gruñe de emoción.
—Pues ve tú —comenta Alex, tomando un canapé—. La última vez que yo abrí esa puerta casi te dejo sin novio.
Lawliet se pone de pie, llevando la botella consigo para que no continúen sin él. El que Alex se refiriera a Light como su novio lo hace sonreír, pero también le deja un mal sabor saber que no lo invitó. Qué más quisiera que estar con él luego de lo ocurrido, pero es justo por eso mismo que ni siquiera se lo contó, ese pequeño avance que tuvieron le parece tan frágil que podría romperse con cualquier cosa; como los malintencionados comentarios de Beyond y Mello, por ejemplo.
Sin embargo su rostro alcanza un nuevo nivel de palidez cuando al abrir la puerta, lo primero que ubican sus ojos son dos brillantes iris color miel.
—¿Qué ha-haces aquí...?
De hecho el capítulo no quedaba hasta aquí, pero preferí cortarlo para al menos entregarles una parte. Lamento mucho la ausencia :(
