Un sinfín de emociones contradictorias revolotean por el estómago de Light, es un amanecer extraño, las manos le tiemblan por los nervios mientras intenta hacerse el nudo de la corbata. Sin embargo, en sus labios hay dibujada una auténtica sonrisa de felicidad. Mañana a esta hora, tal vez ya tendrá la cabeza abierta, pero hoy es el día en el que podrá ver a su madre y hacerla sentir orgullosa.
Se cómoda el cuello de la camisa y alisa la parte del frente con las manos, luego camina por la habitación y toma entre sus dedos helados el pedazo de papel rectangular en el cual su nombre sobresale en un tamaño más grande y en cursiva. Es el diploma más bonito que alguna vez le han dado, obtenerlo no fue fácil, cada letra impresa representa todos esos días que se levantó temprano, las noches de estudio hasta altas horas de la madrugada, y todos los obstáculos que debió sortear a como diera lugar sin ni siquiera pensar en detenerse. Que se lo entregaran tampoco fue sencillo, pese a que rindió los exámenes hace un par de meses, el instituto Daikoku quería darle prioridad a los alumnos que sí serían parte de la ceremonia de graduación, la cual tiene entendido será en dos días, luego a él le permitirían ir por el suyo. Sin embargo, después de la graduación, toda el área administrativa tomará sus vacaciones de fin de año, por lo que él ya se había hecho a la idea de obtenerlo hasta el año siguiente. Afortunadamente, Elle decidió hablar con ellos, ya sea por el tema de la operación o porque le pareció que lo hacían por represalias, ya que no había una explicación lógica para no entregarle algo que ya tienen. No sabe que tuvo que hacer Elle para que cedieran, pero lo importante es que al fin llegó a tener ese diploma en sus manos, aunque no fuera de la manera que soñaba
Vuelve al vestidor y escoge un saco, tener al fin el diploma en su poder es realmente satisfactorio, pero el motivo de vestirse elegante es que visitara a su madre para mostrárselo y debe estar vestido a la altura de la ocasión. No es día de visita, sin embargo debido a todo lo acontecido harán una excepción. De alguna forma, pareciera que le están cumpliendo su último deseo a un desahuciado, pero su felicidad es tanta que aplaca cualquier otro sentimiento.
—¿Estás listo? —Pregunta Elle desde los escalones de la habitación, acomodándose su Rolex. Fueron citados a las nueve de la mañana y solo faltan cinco minutos.
—Sí, sí. —Se pasa las manos por el cabello y toma su diploma antes de darse prisa. A diferencia de Lawliet, él no es un obsesionado con la puntualidad, pero dada la ocasión no desea llegar tan tarde.
Una vez que el auto se estaciona en el parqueo del centro de rehabilitación, las mariposas en el estómago de Light se triplican.
—¿Vamos? —Elle le abre la puerta y le ofrece la mano, la cual el castaño toma luego de tragar saliva.
Caminan por el patio principal y con cada paso el aire se vuelve más denso para Light. Elle toma asiento en la sala de espera mientras el castaño es guiado por un enfermero hacia las habitaciones del lugar. En todo momento va acomodándose el cabello, la corbata o el saco, intentando procurar que nada esté fuera de lugar. El pasillo está lleno de una puerta cerrada tras otra, sin embargo se detienen frente a una que está entreabierta.
—Te explicaron que no los puedo dejar completamente solos, ¿verdad? —Cuestiona el enfermero, sin apartarse de la entrada.
Light asiente, sabe que las visitas tienen días y lugares asignados específicos, y lo de hoy es una excepción extraordinaria.
El hombre que lo ha acompañado se hace a un lado, permitiéndole el acceso, no sin antes recordarle que se mantendrá en la puerta. Light ya no escucha lo último, su atención es captada por lo que se alcanza a ver a través de la puerta entreabierta: una pequeña litera perfectamente tendida. Se acerca despacio, sintiéndose hipnotizado por esa imagen. Es la primera vez desde la internación que verá a su mamá en un lugar tan privado e íntimo, donde estarán sólo ellos dos... o casi. Al asomar la cabeza, en su visión periférica entra una silueta sentada en la cama situada al lado contrario, y al voltear, sus ojos miel se encuentran con los profundos ojos marrones de su madre, quedando ambos sin aliento al verse.
—Mamá... —Es Light quien rompe el silencio con voz temblorosa. Sachiko reacciona en ese instante y se pone de pie, saliendo a su encuentro y envolviéndolo en un abrazo.
—Mi bebé... —Hunde el rostro en el pecho de su hijo como siempre lo hace, queriendo que ese aroma quede grabado en ella.
Se quedan así por unos minutos, siempre se abrazan como si no se hubiesen visto en años. Al menos para Light es así, porque en cada visita se encuentra con una mujer que lo recibe con el cabello peinado, algo de rubor y una sonrisa sincera adornada con un poco de brillo en los labios. Esa es una versión de su madre que hace años no veía.
Usualmente tomarían asiento y hablarían de lo que han hecho mientras ignoran lo rápido que pasa el tiempo. Sin embargo, el castaño ha esperado este momento desde que despertó, le es difícil pensar en algo más que no sea la sorpresa que resguarda entre sus brazos, le pregunta cómo está y le dice lo linda que se ve, pero no puede retener más su emoción.
—Traje algo para ti... —Susurra, mordiéndose los labios.
Sachiko no pierde detalle, desde cómo le brillan los ojos hasta la forma en la que le tiemblan las manos.
—¿Qué es?
A Light se le nublan los ojos desde el momento que voltea el papel acartonado que ha abrazado con tanto recelo.
—Mi diploma... —No entiende por qué un par de lágrimas caen al decir esas palabras— Me gradué...
Ella ya lo sabía, o al menos tenía una idea. Eso no impide que se sienta enternecida al verlo como un niño pequeño que emocionado le muestra su primer dibujo.
—Mira tu nombre... —A Sachiko también se le llenan los ojos de lágrimas y se lleva una mano a los labios mientras con la otra toma el diploma. Había olvidado esa hermosa sensación que los logros de su hijo le provocan.
—¿Estás orgullosa? —Pregunta Light, porque para él es importante saberlo.
Sachiko aparta la mirada del diploma y la enfoca en su niño, el cual no sabe en qué momento creció tanto.
—Cierra los ojos... —Le pide, acariciándole la mejilla con ternura.
Pese a que no es la respuesta que esperaba, el castaño acata sin rechistar. Luego su madre lo toma de la mano y lo guía unos cuantos pasos por la habitación. La escucha abrir una gaveta y revolver algunas cosas, acto seguido algo es colocado en su cabeza.
—Ya puedes abrirlos...
Light lo hace despacio, un sinfín de emociones se apoderan de él cuando ve su reflejo en un pequeño espejo en la pared, se le empañan los ojos por lo que debe abrirlos y cerrarlos un par de veces, hasta que logra enfocar de nuevo el objeto en su cabeza: un birrete de crochet.
—Nunca he dejado de estarlo. —Comenta Sachiko, respondiendo la pregunta anterior de su hijo.
—¿Tú lo hiciste...? —Pregunta apenas con un hilo de voz.
Quisiera decir que sí, intentó hacerlo sola porque sabía que esta ocasión se aproximaba, sin embargo fue bastante frustrante no lograrlo por su cuenta como hubiese querido.
—Me ayudaron un poquito... —Admite con vergüenza y abrazándose a sí misma.
Se da cuenta que el detalle de no haberlo hecho sola, para Light es irrelevante, él luce sinceramente feliz con el tejido a pesar que tiene algunos puntos sueltos. Y mientras su hijo se acomoda una y otra vez el birrete frente al espejo, ella lo observa de pies a cabeza, prestando especial atención a la ropa que lleva puesta. El hecho de verlo con saco y corbata le recuerda específicamente a alguien.
Está segura que Light está con Elle, no sabe qué tan seria o profunda es su relación y eso sigue sin ser de su agrado. Es un tema que ha salido en un par de ocasiones en terapia, Dianne le ha ayudado a sobrellevarlo y a intentar encontrar y entender el meollo de su rechazo hacia ese muchacho. Es algo en lo que sigue trabajando. Sin embargo, se da cuenta que la mejoría que nota en su hijo probablemente pueda deberse a que ese tal Elle está a su lado. No solo lo ha notado más feliz en las últimas visitas, sino que también se lo ve menos ojeroso y con algunos kilos de más.
—Light... —Lo llama con un tono y una sonrisa dulce, por primera vez en mucho tiempo, no se siente amenazada ante la felicidad de su hijo— Lo que sea que estás haciendo para verte así, sigue haciéndolo, por favor.
Tras decir eso, Sachiko siente como si algo en su pecho se desvaneciera, quitándole un peso de encima. Ignora que esa frase provoca el mismo efecto en su hijo. Para él es importante hacerla sentir orgullosa, y han habido días en los que se ha sentido conflictuado por tener la certeza de estar fallándole. Sin embargo, esas palabras le dan la seguridad que necesitaba, haciéndolo sentir libre, lo cual es extraño para alguien que no está detrás de unas rejas, pero es como si el grillete que le impedía continuar, al fin hubiera sido abierto.
oOo
La visita al centro de rehabilitación fue sin límite de tiempo, tanto Elle como Light le agradecieron a la administración por haberla programado fuera del cronograma estipulado. La operación es de alto riesgo, y otro de los factores por el cual accedieron es por el tiempo de recuperación luego de la misma, lo que significa que Light no podrá visitar a su madre mientras tanto.
A pesar que podría haberse quedado con Sachiko hasta que se hiciera la hora de partir al hospital, tuvo que marcharse antes porque desde muy temprano Elle le advirtió que le tenía una sorpresa.
Light no tiene ni idea qué podría ser, en parte porque Lawliet no le dio ninguna pista, por más que le rogó, y además porque no ve nada. La venda que le cubre los ojos está logrando dos efectos; uno de ellos es la adrenalina que le produce la curiosidad y dos, la desesperación por no saber cuánto más debe esperar.
—¿Falta mucho? —Se remueve en el asiento ansioso mientras con una mano se retira el flequillo húmedo de la frente.
—Casi llegamos.
Elle lo ve abrirse otros dos botones de la camisa, hace un rato se deshizo del saco y la corbata, no es para menos, están en verano y él se ha rehusado a poner el aire acondicionado del auto durante todo el camino, está seguro que Light debe estar odiándolo por eso, pero la calidez del sitio al que se dirigen es algo que deben disfrutar.
El calor solo se vuelve más sofocante mediante pasan los minutos, es como si se estuvieran adentrando a un sauna, Light está a punto de protestar. Sin embargo, de pronto algo lo hace quedarse inerte, el aire huele diferente y le parece escuchar un sonido que solo había conocido a través de una pantalla. En un principio cree que se equivoca, pero poco a poco el sonido de la marea se vuelve más claro, como si se estuvieran acercando, y ahora se le añaden el gorjeo de unas gaviotas. No sabe cómo reaccionar, solo atina a arrancarse la venda y frente a sus ojos aparece, aún un poco lejos, un panorama que luce mucho más imponente y de ensueño a cómo lo había visto en películas.
—Elle... —Sus manos se aferran a la parte inferior de la ventana y guiado por la emoción, saca la cabeza, la brisa costeña le revuelve el cabello.
—Se supone que te tenías que dejar la venda hasta que yo te dijera. —Responde el pelinegro, manteniendo las manos en el volante.
—Elle... —Susurra mientras las olas y la arena blanca se reflejan en sus pupilas dilatadas— ¡Es la playa! ¡Es la playa! ¡Mira el mar!
Aunque la sorpresa no salió como esperaba, Lawliet sonríe con el resultado. Son contadas las ocasiones en las que ha visto a Light luciendo tan inocente y genuino.
—¿¡Cuánto falta!? —Pregunta el castaño, acomodándose en su asiento antes de llevarse las manos al cinturón y luego a la camisa, como si necesitara hacer algo, pero sin saber qué.
—Aún falta un poco.
Lo único que se observa al costado de la carretera es la infinidad del océano, todavía faltan algunos minutos para llegar a su destino. Al no necesitar hospedaje, invertir en un hotel para pasar solo dos horas le pareció innecesario, entonces optó por un club de playa. Sin embargo, él es una persona exigente, no podía ser cualquier club de playa, tenía que ser uno a la altura de Light. Quería que fuese privado y que tuviese las comodidades necesarias para pasarla bien. Encontró uno bastante exclusivo, el cual posee muebles y piso de madera, mullidos y amplios cojines, una pileta rectangular con agua turquesa, camas balinesas sobre la arena blanca y meseros por doquier. Y aunque al principio se dijo no querer invertir en un hotel porque no necesitan hospedaje, al final terminó pagando más por aquel ostentoso lugar. El precio es lo de menos, siempre y cuando sea del agrado de Light.
Cuando llegan al parking el castaño ni siquiera espera que el auto se apague para salir del mismo. Lo único que lo detiene de salir corriendo hacia el club, y no dejar a Lawliet detrás, es que no conoce el lugar. En la recepción anotan su información y les colocan unos brazaletes, Light no deja de removerse viendo hacia todos lados, como un niño que no puede más de la emoción.
—¿Quieres algo de tomar? —Pregunta el pelinegro mientras caminan hacia la salida del edificio.
Light niega con la cabeza y lo toma de la mano, jalándolo con él.
—Date prisa, Elle.
Tan pronto como salen, todo es como Lawliet vio en las fotografías: los camastros, la alberca con el bar, las reposaderas y los kioscos con techos de paja. Sin embargo, parece que nada de eso impresiona a Light. Aún jalando a Elle, camina sobre el puente de madera que atraviesa la piscina, su objetivo se encuentra al otro lado y éste se refleja en sus pupilas.
En el camino, se quita los zapatos sin dejar de avanzar, y solo se detiene hasta que sus pies descalzos pisan la arena cálida.
—Elle... —El corazón le bombea tan rápido que no sabe qué decir o hacer, solamente atina a apretar con más fuerza la mano del otro.
—Ven. —Lo lleva consigo, viendo de reojo cómo Light va fascinado con el simple hecho de ver sus pies hundiéndose en la arena a cada paso. Llegan al punto donde la arena se vuelve húmeda y de pronto, una suave ola empuja el agua y les cubre los pies.
—¡El pantalón! —Regresa de prisa unos cuantos pasos, su burbuja explotó al sentir la tela humedecerse. Es entonces que se da cuenta que Elle sí va vestido para la ocasión, usando sandalias y unas bermudas con estampado de palmeras— ¿¡No me podías decir que trajera otra ropa!?
—¿Y arruinar la sorpresa? —Enarca una ceja, sonriendo de lado.
—Podrías haberme traído una mudada en el maletero, ¿no crees?
Esta vez Lawliet aprieta los labios, porque ni siquiera se le ocurrió hacerlo, pero no piensa dejar que ese detalle les arruine el momento.
—¿Por qué no te quitas la ropa? —Light abre los ojos de par en par al escucharlo e instintivamente voltea a ver hacia todos lados— No hay nadie acá. —Es cierto, quizá por ser miércoles, son muy pocos los que han llegado al sitio.
El castaño traga saliva, sin dejar de ver a su alrededor. Está casi vacío, pero no del todo, por lo que duda un poco. Sin embargo, su vacilación no dura mucho tiempo, es la primera vez que está en una playa y sería muy tonto no aprovecharlo. Camina hacia una parte seca en la arena y deja ahí sus zapatos, luego comienza a desabrocharse la camisa de forma torpe y apresurada, haciendo lo mismo con el pantalón para luego enrollar todo de mala manera y dejarlo sobre el calzado. Acto seguido corre de vuelta con intención de lanzarse al mar, y lograría su cometido si no fuera porque Elle lo sujeta del brazo.
—Espera un momento —debido al impulso que Light llevaba, el pelinegro se tambalea un poco— ¿Sabes nadar?
—Uhm, no...
—¿Entonces a dónde vas?
—¿¡Acaso no voy a meterme al mar!?
—Sí, pero conmigo. —Elle se retira las sandalias ya húmedas y las lanza en dirección a donde Light dejó la ropa.
Se adentran despacio y no muy hondo, el agua apenas les cubre la cintura. Lawliet es de los que piensan que al mar no hay que temerle, pero sí hay que respetarlo. Además para alguien que es su primera vez y no sabe nadar, esa profundidad es suficiente, y puede confirmarlo por la sonrisa de Light. El castaño comienza a salpicarlo, todo es diversión hasta que el agua salada le entra en los ojos a Elle. Arde como mil demonios, e intenta pedirle que pare, pero Light no le da tregua, por lo que no le queda otra que devolverle el ataque a ojos cerrados, hasta que lo escucha toser.
—¿¡Estás bien!? —Elle entreabre un ojo, viéndolo y escuchándolo dar arcadas.
—Me entró en la bocaaa —responde aún tosiendo— ¡Puaj! ¡Es salado! —Se limpia la lengua con las manos, empeorando la sensación ya que sus manos también están empapadas con agua marina.
Lawliet ríe al verlo.
—No te alejes tanto. —Se acerca a él y le ofrece la mano, debido a la hora el oleaje está un poco fuerte al igual que el sol, ahora se pregunta por qué no empacó protector solar, tal vez en su mente solo imaginó un almuerzo frente al mar, no contaba con que Light querría darse un chapuzón. Al menos él lleva puesto una remera, solo espera que al castaño no le arda mucho la espalda mañana.
Juegan con las olas, más bien Light lo hace al intentar saltar para pasar sobre ellas, Lawliet solo procura no soltarle la mano. A Elle le gusta el mar, pero solo para darse algún chapuzón refrescante, por lo que no entiende cómo el otro no se aburre y no se cansa de hacer lo mismo una y otra vez. De pronto una ola más grande que las demás y un poco más fuerte, los toma de imprevisto, cubriéndolos casi por completo. El pelinegro se desbalancea, pero logra estabilizarse con cierta facilidad. Sin embargo se da cuenta que su mano ya no sujeta la de Light, el castaño no corrió con la misma suerte, él no solo fue revolcado por la ola, sino que también fue empujado hasta la orilla.
—¡Light! —Lawliet corre hacia él, encontrándolo en cuatro, con el bóxer a mitad de pierna y el rostro enterrado en la arena— ¿¡Estás bien!? —En otra ocasión jamás hubiese desaprovechado la oportunidad de apreciar ese culo al descubierto, pero ahora su preocupación es otra, por lo que lo ayuda a enderezarse.
Y mientras el corazón le late a mil por hora debido al susto, escucha al castaño reír cuando su cara sale de la arena.
—¿Por qué no te estás riendo conmigo? —Light se deja ir de espalda sobre la arena, aún carcajeándose mientras se sube el bóxer— A veces eres todo infantil y ahora pareces un viejo de treinta años.
—Primero, los de treinta te parecen viejos porque eres un crío, espérate hasta llegar a los veinticinco —se arrodilla junto a él, ayudándolo a retirarse un poco la arena del rostro—. Segundo, cuando uno de los dos se está comportando como un niño, al otro le toca hacer de adulto.
—Yo no me estoy comportando como un niño —hace un puchero, porque sabe que no es así, de hecho hasta hace unos meses Elle seguramente le hubiese soltado una nalgada por la posición en la que quedó y eso lo lleva a una conclusión—. Eres tú el que ha cambiado.
Lawliet sonríe, tal vez deba darle un poco la razón, lo único cierto de cuando se conocieron es que en el sexo le gusta experimentar, pero no es tan hijo de puta. Sin embargo, desde hace mucho le mostró su verdadera cara y eso sigue siendo igual, más bien es Light quien no se da cuenta que es él quien ha cambiado, ya no es aquel muchachito arisco que se rehusaba a mostrarse como realmente es.
—Vamos a que te quites un poco la arena. —Elle se pone de pie y lo ayuda a levantarse, luego toma la ropa del suelo y acto seguido caminan en dirección a unas duchas individuales hechas con varas de bambú.
Lawliet se dirige a unas camas balinesas que están cerca y deja la ropa a un lado mientras Light se ducha. Al lado de cada camastro hay un teléfono sobre una mesita tejida de mimbre que conecta con la recepción. Pide algo liviano para el almuerzo y luego se recuesta a esperar.
—No sé por qué en las películas te hacen creer que es romántico tener sexo en la playa —Light se trepa al camastro y se desplaza sobre él a gatas, con algunos mechones escurriendo luego de la ducha—. Tengo arena en lugares donde no debería, ¿qué es lo romántico de eso?
—Podríamos averiguarlo. —Responde de forma galante, sin perder detalle de lo bien que se ve ese cuerpo húmedo acercándose a él.
—Tienes razón —el castaño sonríe de lado, acto seguido, y sin que Lawliet pueda preverlo, lo toma de los tobillos, los cuales levanta y separa—, pero yo quiero ser el activo esta vez —termina de acomodarse en medio de las piernas del otro, quien lo observa con los ojos bien abiertos—. Nunca lo he sido.
—¿Eh...? —Elle balbucea, nada coherente sale de sus labios, él nunca ha dado el culo y honestamente no está muy interesado en entregarlo.
—Anda, puedo morirme, ¿sabes? Deberías cumplirme ese último deseo. —Acompaña sus palabras con un suave movimiento de cadera.
Lawliet traga saliva, pensándolo un poco. Está considerándolo, pero no por lo que dijo acerca de ser «su último deseo», sino por el amor que le tiene. Si tiene que vivir esa experiencia con alguien, quiere que sea solo con Light. No obstante, mientras está decidiendo el futuro de su virginidad trasera, lo escucha carcajearse.
—¿De qué te ríes?
—¡Solo bromeaba! ¡Solo bromeaba! —El castaño le suelta los tobillos y se sujeta el estómago con las manos a causa de la risa— ¡Debiste haber visto tu cara! —Elle tiene un tono de piel bastante blanco, por lo que no hubiese creído que fuera capaz de alcanzar otro nivel de palidez como el de hace unos segundos.
—No es gracioso. —Cruza los brazos y hace un puchero, volteando hacia otro lado.
Light suspira un par de veces, intentando calmarse, y de pronto así de fácil cómo comenzó, la risa cesa al recordar el destino que le espera después de ahí. Se deja caer encima del pecho del otro, sonsacándole un respingo debido al cambio repentino.
—Elle... tengo miedo... —Susurra, hundiendo el rostro en su cuello. Hace un tiempo atrás, jamás se le hubiese ocurrido confesar tal cosa, pero desde hace mucho los brazos de Lawliet son su mejor refugio.
Elle lo abraza despacio antes de darle un beso en la frente.
—El doctor dijo que la operación no será complicada. —Con sus palabras no solo busca tranquilizarlo, porque siendo sincero consigo mismo él también tiene miedo, ya que toda operación por mínima que sea siempre es riesgosa—. Verás que todo será rápido y cuando despiertes estaré a tu lado.
—¿Me lo prometes? —Alza un poco la cabeza, viéndolo a los ojos.
El pelinegro asiente y Light sonríe. Pese a que algunas personas han roto las promesas que le hicieron, para él todavía valen mucho y sigue creyendo, en especial las de Elle.
De pronto, ambos dan un respingo y voltean al escuchar a alguien carraspeando la garganta.
—Perdón por la interrupción —dice un camarero. Él intentó hacer todo el ruido posible mientras se acercaba, pero ninguno se percató de su presencia—. Aquí les traigo sus bebidas, en un momento completo su orden. —Deja sobre la mesa dos copas con frozen de coco.
Los dos se separan y Elle toma asiento mientras le pide al camarero que a uno de los platos le agreguen salsa picante, el muchacho asiente y promete que estará de vuelta en unos minutos. Una vez solos, Elle le ofrece una copa a Light y él toma la otra. En ese instante, mientras el pelinegro hace algo tan simple como remover la pajilla en el hielo, el castaño lo observa detenidamente repasando cada detalle físico que le gusta de ese hombre, como su nariz pequeña o cabello abundante, también las cosas intangibles que le atraen, como sus atenciones o inteligencia, y mientras lo hace, las palabras de su madre de hace unas horas se reproducen en su cabeza: «Lo que sea que estés haciendo, sigue haciéndolo».
—Elle... —está en modo automático, por lo cual no piensa lo que está a punto de decir— ¿Qué somos nosotros?
De inmediato Lawliet se atraganta con su bebida, comenzando a toser. Es entonces que Light es consciente de lo que acaba de preguntar.
—Perdón, perdón, perdón —se apresura a decir el pelinegro, porque no hay manera que su reacción no sea malinterpretada.
—No, no tienes que decir nada. —Light sacude las manos, sintiendo las mejillas calientes.
—No es lo que parece, es...
—No digas nada —lo calla colocando dos dedos sobre sus labios—. Primero, escúchame...
El castaño gatea por el camastro hasta llegar a la ropa que quedó a un lado, busca algo en un bolsillo y luego regresa, quedando hincado frente al pelinegro, con sus glúteos sobre los talones.
—¿Qué es eso? —Pregunta Elle al ver una pequeña bolsita de gamuza borgoña.
—Es para ti... —responde cabizbajo, creyendo que en cualquier momento le saldrá fuego de las mejillas por lo caliente que las siente. Al menos el inicio fue fácil, solo falta decir el resto— Desde hace tiempo quería regalarte algo...
Elle toma en sus manos la bolsa y la abre con cuidado, sacando de ella una cadenita que parece ser de plata, de la cual cuelga una pequeña y delicada esfera transparente con una flor diminuta de color rosado en su interior.
—Es una camelia. —Aclara el castaño. Como alguien que suele darle un significado a los detalles, este ha sido uno de los regalos más difíciles que le tocó escoger— Pensaba entregártelo cuando estuviéramos en el hospital, como una forma para que me recuerdes.
—No lo digas así... —murmura Elle, sujetándolo del mentón— Lo dices como si te fueras a morir.
Esa palabra hace mella en Light, su relación con la muerte siempre ha sido peculiar. No le teme a la muerte en sí misma, lo que realmente lo aterra es no tener el tiempo suficiente para cumplir el objetivo más grande que ha tenido desde hace años: que su mamá tenga una buena vida. Pese a que aún está en el centro de rehabilitación, puede decir que está mucho mejor, por lo que su objetivo está cada vez más cerca, sin embargo...
—Ahora más que nunca tengo claro que no quiero morir —le asegura viéndolo a los ojos—, y no lo haré. Tú acabas de prometerme que estarás a mi lado cuando despierte, ¿no es así?
—Ni lo dudes. —Responde sonriendo y acariciándole la mejilla.
—Por eso quería darte algo, porque tú siempre estás ahí... —se muerde los labios, sintiendo todo el rostro arder—, y de alguna forma, yo también quiero estar presente para ti...
—Siempre lo estás...
—No he terminado —no quiere ser grosero al interrumpirlo, pero teme que si lo piensa demasiado, no podrá decirlo—. Si algo tengo que agradecerle a la vida es haberte conocido. No sé cómo, pero cambiaste mis planes y aunque antes me daba miedo, ya no más...
Es cierto que desde hace varios días tiene la intención de regalarle algo, pero estas palabras no estaban entre sus planes. Todo esto fue impulsado por lo que su madre le dijo unas horas atrás, él sintió como si a su manera ella le diera permiso para estar con Elle.
Lawliet por su parte ignora que por planes Light se refiere a su renuencia a enamorarse, pero prefiere quedarse con la duda, es la primera vez que lo escucha expresarse de esa forma y no quiere interrumpirlo.
—Y... —el castaño se relame los labios, viendo nervioso hacia todas partes— Y... y esto en las películas también lo hacen parecer más fácil...
—Dilo. —Pide Lawliet con voz serena mientras le enmarca el rostro con las manos, porque cree entender hacia dónde va la conversación.
—¡Ya sé! ¿Esto puede contar como un hotel de lujo?
—Uhm, algo así —frunce el ceño— ¿Por qué?
—¿Recuerdas cuántas eran las probabilidades de que me llevarás a uno?
—Nulas —responde avergonzado y soltando una risa suave—. Así como que tú me amaras.
Justo eso último era a lo que Light quería llegar, y agradece que Elle lo dijera, porque se lo hace más fácil.
—Supongo que ambos fallamos calculando nuestras probabilidades. —Suelta luciendo tranquilo, solo él sabe todo el valor que necesitó para decir eso
Lawliet abre los ojos de par en par de inmediato, repasando cada palabra en su cabeza para asegurarse que entendió bien.
—¿Me estás diciendo que...
—No lo sé —interrumpe, porque todavía no entiende muy bien cómo es amar a alguien además de su madre. Tal vez sea porque la única relación en la que estuvo no fue amado y ahora tampoco cree haber amado a Lucas—. A mí... a mí todo esto me está costando como no tienes idea...
Elle guarda silencio, prestando atención a cada gesto. Sabe que no se refiere solamente a este momento, sino a todo lo que viene pasando desde hace un tiempo, a cómo poco a poco se esconde menos detrás de sus barreras.
—Lo que tengo claro... —continúa Light, sacando el aire por la boca en busca de sentir la garganta menos cerrada— Tengo claro que no quiero seguir siendo solo tu amigo...
En ese instante todo se detiene, el castaño no sabe cómo interpretar la mueca y el silencio de Lawliet, por lo que se apresura a agregar algo más.
—Elle... —está intentado hacer la pregunta como corresponde, pero no es capaz de hilvanar la oración— Yo quisiera saber... es decir... —de pronto dos dedos delgados se posan en sus labios, callándolo.
—Sí quiero, Light. —Le responde juntando sus frentes. Aunque le hubiese encantado escucharlo, no es necesario que diga algo más, así que procede a besarlo, porque es lo que su corazón acelerado le pide: que lo bese hasta que se le cansen los labios. Eso es lo mínimo que puede hacer para intentar controlar el revoloteo que está ocurriendo en su pecho, mientras su cerebro intenta asimilar la idea que Light Yagami no es solo el hombre del que está enamorado, sino que ahora también es su novio.
—
Notas de autor:
Dicen que el camarero los vio desde lo lejos y dijo "Hola, Dios, soy yo de nuevo"
Ahora sí la intro.
Guess who's back, back again, Girly's back, tell a friend~
Uff, capítulo cortito pero bonito, el amors está en el aire. Quiero confesarles que yo me siento súper emocionada. Yo empecé a escribir esto con una idea clara de a dónde quería llegar, con escenas en mi cabeza que sí o sí debían pasar, pero nunca fui ordenada jajaja, quizá por eso valió tanto pito jaja. Hasta que un día me puse a organizar un poco mejor e hice una guía, algo general de qué debía pasar en cada capítulo. Y la confesión es que está escena de la playa ha existido tanto desde que mi vida era un desorden hasta que en la parte donde dije "basta, Girly, sosiégate pod favod". Son pocas las escenas que he esperado con ansias para escribirla y éste es una de ellas, aiins es que imaginemos al bebo mojando sus piecitos en el mar por primera vez /.\
Como es un capítulo corto, no hay mucho qué decir. Aunque fue corto, la aparición de Sachiko me gustó, porque siento que al fin ya vamos viendo mejor a esa mujer, y aunque se ve que estar lejos de ella le hace bien a Light, también vemos lo presente que sigue ella en su vida. Obvio que aunque me gustó la aparición de la suegra, mi escena favorita es la playa, y ahí no puedo escoger una parte en específico, es que desde imaginar a Light emocionado viendo desde la ventana, pasando a imaginarlo culo arriba luego que lo revolcara una ola, y por último verlo haciendo realmente el esfuerzo por decir lo que siente en lugar de seguir ocultándolo como siempre... todo 3 como dice el meme, nombre si a veces soy una cosa pero bárbara, jajaja.
Y ya, creo que nunca me había echado tantas flores, entiéndanme, he soñado desde hace mucho con esta escena esperando escribirla, así que espero que la hayan disfrutado tanto como yo 3 pero ya mejor me callo y díganme ¿escena favorita?
Hoy no voy a preguntar teorías, no hay que arruinar esta atmósfera de amor y paz con pronósticos desalentadores (porque todas sus teorías siempre son negativas, jajaja, se pasan. Los amo, ok? Pero se pasan, jajaja)
¡Ahora sí, gracias por leer, chichis!
