¡Nuevo capítulo! ¿Sorprendente un capítulo nuevo al día siguiente de publicar el anterior? Yo estoy igual de sorprendida xD. Es un regalo para compensaros!
Personajes de Akira Toriyama!
Capítulo 5. El don de Akrog.
Era la hora del almuerzo y, soldados y trabajadores, esclavos todos ya que allí ninguno era libre mientras trabajasen para el Rey Cold, asistían al comedor. Tarble y Bra fueron los únicos que decidieron renunciar a ese momento. La niña porque dormía en la habitación que la designaron, y el saiyajin porque decidió colarse en la enfermería y rebuscar en el ordenador unos archivos.
El hombre aún se acordaba de la conversación que tuvo por la mañana con la niña, el motivo porque el ahora se encontraba allí como si fuera un ladrón buscando algo que robar, ya que lo que hacía no era legal a los ojos del tirano.
(Flash Back)
Tarble tocó dos veces a la puerta que llevaba a la habitación de la pequeña. Él la avisó de que no golpearía ni una ni tres veces, porque casi nadie tocaba dos, así ella sabría que se trataba de él.
El hombre había estudiado a la niña y su comportamiento durante estos días. Ella había aceptado su compañía y eso fue lo que él anotó en su informe. Ella le toleraba, pero no le apreciaba o mucho menos confiaba en él. Para Bra, Tarble era el único que hablaba con ella sin despreciarla o sin mirarla con desagrado, y con eso le bastaba para tratarlo un poco.
Lo normal era que ella le diera paso, una vez confirmado que se trataba de él y no de otro, pero no escuchó su vocecita en ningún momento. Se atrevió a abrir la puerta sin necesidad de ser invitado. Tecleó el código en el panel y acto seguido la puerta metálica se elevó hacia arriba y él entró. Entonces encontró a la pequeña, sentada sobre su cama, con el pijama blanco, el cabello suelo y el rostro oculto entre sus rodillas, las cuales rodeaba con sus brazos. Anduvo hasta donde estaba ella, no habló o pidió permiso para sentarse, simplemente se sentó en el colchón a su lado mientras la contemplaba.
–¿Qué es lo que te pasa? –preguntó Tarble esperando porque alzase el rostro y le mirase.
–Vete–su voz infantil sonó apagada, mucho más que la primera vez que le dirigió la palabra. Tarble se preocupó.
Agarró sus brazos, haciendo que dejara de rodearse las piernas con ellos, para después sujetar con sus manos su cabeza y levantarla lentamente. Bra no estaba llorando, pero había indicios de que si lo estuvo en algún momento. Su rostro enfermizo, sus ojeras oscuras, sus ojos rojos, sus pómulos rosados y sus labios hinchados le decían que lo había pasado mal.
–Bra, sabes que soy tu amigo–Tarble tomó la mano de la niña y con suavidad la acarició–. Yo no quiero que llores ni que lo pases mal. Quiero cuidarte. –
–Tú eres amigo de ese monstruo malo–el hombre le hizo una señal de silencio, para que no volviera a dirigirse así al Rey Cold–. No quiero callarme. Él es malo, así que tú no puedes ser bueno. –
–Vamos a ver, Bra–Tarble alzó su otra mano para acariciar su cabello con suavidad–. Yo no soy malo. Yo te quiero proteger, no hacerte daño. Eres una niña muy lista–la pequeña observó con sus grandes ojos al hombre que dulcemente la hablaba–, y tú lo sabes. –
Bra hizo un puchero. Quería llorar de nuevo pero intentó aguantar. Tarble le dedicó una dulce sonrisa para que se calmara.
–Ahora dime–Tarble volvió a su preocupación–. ¿Qué te ha pasado? –
–Una pesadilla–recordó la niña que se separó de él para abrazarse a si misma–. Era muy fea. –
Tarble miró con curiosidad a la pequeña. Se pasaba todo el día durmiendo y a penas comía, de ahí que su aspecto cada vez fuera más enfermizo. Temía que acabase mal y tuvieran que trasladarla a la enfermería de manera urgente.
–Era con mi mamá–Bra miró hacia la pared, como si de esa manera pudiera recordar mejor su pesadilla–. La agarraban dos hombres por los brazos mientras ella gritaba. Me llamaba a mí, llamaba a mi hermano y también a mi papá. –
–¿Le hicieron daño a tu madre? –Bra asintió.
–La tumbaron en una cama como la de los hospitales y la ataron sus manos y sus pies–Tarble escuchaba como la voz de Bra parecía no tener vida alguna–. Luego le pusieron un casco en la cabeza. Ella seguía gritando y llorando, pero yo no podía ir y tampoco papá o Trunks. Sólo ese monstruo feo que atacó al Rey Darek. –
–Cooler–el nombre del hijo del Rey Cold salió de los labios de Tarble de manera rápida.
–Sus ojos eran muy rojos y no paraba de mirar a mamá–Bra apartó la mirada de la pared para observar a Tarble–. Tenía un control, cuando apretaba un botón ella temblaba, gritaba y lloraba. Lloraba, temblaba, gritaba… y volvía a temblar mucho, a gritar y a llorar–una lágrima se escapó de su ojo izquierdo–. Y luego dejó de llorar, de gritar y de temblar. –
Tarble tragó saliva sin dejar de contemplar a la pequeña, la cual acabó de romper en llanto. Él la rodeó con sus brazos y dejó que se desahogara con él. No podía dejar de pensar como alguien tan joven tenía unos sueños como esos. No lo comprendía.
(Fin Flash Back)
Después de un gran rato de búsqueda sonrió al encontrar lo que quería. Vio el archivo que transfirieron de la base de Cooler a la de Cold. Allí había bastantes informes pero sólo uno le interesó.
–Bulma Brief–leyó en un tono bajo el saiyajin. Abrió el informe y empezó a leer.
Se perdió en cada párrafo y lo analizó con detenimiento, hasta que finalmente leyó el resultado. Tragó saliva y resopló.
–Descargas eléctricas–frunció el ceño–. Los temblores… eran descargas que estaba recibiendo. –
Trunks se encontraba en su habitación en compañía de Aloy. Él partiría en cuestión de minutos a la misión que Cooler encomendó, así que habían acordado que debía hacer ella en su ausencia.
–Créeme, Trunks–dijo ella viendo como el muchacho andaba de un lado hacia otro de manera nerviosa–. El encuentro que tuvieron ayer tus padres pareció ilusionar a tu madre. Yo sólo me encargaré de que piense lo increíble que es. Incluso puede que sirva para ayudarla a recordar. –
–Fue una suerte que se reconciliaran después de la metida de pata de mi padre–suspiró el muchacho.
Aloy contemplaba al joven que seguía andando sin parar. Sonrió dulcemente y se acercó a él, se colocó detrás suyo y posó su mano sobre el hombro de él, provocando que dejase de andar.
–Estás muy tenso–dijo ella con suavidad–. ¿Qué te pasa? –
Trunks se dio la vuelta y cruzó su mirada con la de ella. Por mucho que intentase ocultarlo ella se veía preocupada.
–Es la misión–Trunks se tocó la frente y la masajeó con suavidad–. No dejo de pensar en ello. –
–Eres un hombre fuerte, no deberías temer–Aloy agarró la mano con la que él se estaba masajeando la frente. Trunks tragó saliva al sentir como la acariciaba mientras que sus miradas se encontraban–. No quiero que me prometas que volverás con vida, porque sé que lo harás. –
–No he matado a nadie en mi vida, Aloy–ella forzó una sonrisa ante sus palabras–. Si desobedezco a Cooler y no cumplo con la misión, será mi hermana la perjudicada. No puedo exponerla, pero tampoco me siento capaz de matar a personas inocentes. –
–Entiendo tu estado–Aloy apretó su mano y él, inevitablemente, le correspondió con suavidad–, pero sinceramente no creo que le hagan nada a tu hermana. –
–El Rey Cold…–
–¿Cold? –repitió ella y Trunks asintió–. Piénsalo, Trunks. Si quisieran utilizar a tu hermana para someteros, ¿no la tendrían aquí? A Cold no le debería interesar una niña y, en cambio, está con él y no con Cooler. ¿Cómo puede extorsionaros si no está aquí? –
Trunks soltó la mano de Aloy y apartó la mirada. Él no pensó en nada así, sólo que les separaron para hacerles chantaje, después de todo ¿qué podría tener una niña de importante?
–No puedo arriesgar la vida de mi hermana por una hipótesis–Aloy asintió, entendiendo la postura de Trunks.
Trunks le dio la espalda. Ahora no podía dejar de pensar por lo que podría estar pasando la pequeña. Había encontrado una manera de ayudar a su madre, aunque no era fiable por completo, pero al menos ya era más de lo que podía hacer por su hermana, porque no encontraba nada.
–Trunks–el joven alzó la mirada para encontrarse a Aloy delante. Ella no dudó en acariciar el rostro del muchacho con suavidad y él no se apartó, simplemente se limitó a sentir el contacto–, eres un buen hombre y un gran soldado. Hagas lo que hagas, estará bien. –
El medio saiyajin llevó su mano sobre la de ella y, con la misma suavidad con la que Aloy le acariciaba, él correspondía.
–¿Interrumpo? –ambos se apartaron de forma abrupta al escuchar a una tercera persona en la habitación.
Trunks miró hacia la puerta donde se encontraba su padre apoyado, con los brazos cruzados y con la mirada fría.
–Padre–dijo él para luego mirar a Aloy, estaba con la cabeza baja–, no pasaba nada. –
–Tenemos que irnos–Vegeta se separó de la puerta y le dio la espalda a su hijo y a Aloy–. Deja de hacer el idiota y vamos. –
–Voy–Trunks le vio salir. Suspiró y volvió a mirar a la chica que reía a causa del momento, a lo que él no pudo evitar hacer lo mismo.
–Vuelve vivo y bien, Trunks–Aloy no dudó en abrazarle y él correspondió–. No me lo prometas, porque entonces lo pasaré mal de verdad. –
–Tú cuida de mi madre–Trunks se separó de ella–. No me lo prometas, porque sé que lo harás sin que te lo pida. –
Ella asintió. Él se despidió y abandonó la habitación, dejándola a ella sola allí.
Tarble se dirigió a la sala del trono donde debía encontrarse el Rey Cold. Antes de poder entrar se cruzó con los soldados que custodiaban la puerta. Éstos contemplaron al saiyajin de arriba abajo, con gran desprecio, pero no objetaron nada cuando entró. Cuando entró, anduvo hasta donde se encontraba el inmenso tirano, quien estaba sentado con el codo en el reposabrazos y su cabeza apoyada en la palma de su mano. Ambos se miraron durante el tiempo que él andaba, hasta que, finalmente, paró a dos metros de distancia de los escalones que ascendían hasta el trono, se arrodilló y durante unos segundos agachó la cabeza.
–Gran Rey Cold–nombró el hombre con respeto.
–Deberías estar cuidando a esa mocosa–se quejó Cold de primeras. Tarble alzó la cabeza y le contempló.
–Precisamente de ella es de quien quiero hablarle–Cold hizo un gesto con la mano para que se levantara. Tarble obedeció. Se mantuvo en una postura firme, con los brazos pegas al cuerpo y la cabeza alta–. La niña tuvo una pesadilla que…–
–¿Una pesadilla? –la gran bestia dejó de apoyarse en su mano, para poder dar un golpe con su puño en el antebrazo que hizo dar un paso hacia atrás al saiyajin–. ¿Me vas a venir a dar un parte diario de lo que le pasa? ¿Crees que me importa algo sobre lo que sueña, come o caga? –
–No se trata de una simple pesadilla–el tirano resopló y, con un nuevo gesto, le ordenó a que siguiera hablando–. Antes debo avisarle, Gran Rey Cold, que he cometido una infracción importante. –
El Rey Cold frunció el ceño y le miró de arriba abajo, esperando por saber que estaba haciendo Tarble que pudiera ir contra las normas, ya que siempre era alguien que respetaba las leyes por encima de todo.
–He revisado informes de la base del Gran Cooler–Cold se puso en pie tan rápido como él terminó aquella frase, la altura intimidaba pero Tarble siguió hablando–. Concretamente de Bulma Brief, la madre de la niña. –
–¿Qué maldito motivo te lleva a hacer algo así, pequeña rata? –el tono de voz del lagarto era gélido y amenazante. Consiguió impresionar a Tarble, pero éste pudo mantente su postura.
–La pesadilla de la niña coincide con el informe de la madre–en ese momento Cold no dijo nada, sólo miró atentamente a su subordinado–. Bra mencionó que vio a la mujer tumbada en una camilla y que temblaba. Haría referencia a las descargar eléctricas que recibió. –
Hubo unos minutos de silencio en que ambos se miraban. Tarble imaginó que sería castigado por su imprudencia y lo entendía, pero en vez de eso, la reacción del Rey Cold llegó a ser más diferente de lo que imaginó. Éste empezó a reír en voz alta mientras el saiyajin le miraba estupefacto. El tirano volvió a sentarse en el trono y, tras unos segundo más de risas sonoras, suspiró fuertemente.
–Entonces era cierto–Tarble miró dudoso al tirano.
–Disculpe, Gran Rey Cold–el nombrado observó al saiyajin que aún seguía asimilando lo que acaba de suceder–, ¿qué es cierto? –
Cold se llevó una mano a su mentón y lo acarició con suavidad mientras le miraba con expresión divertida.
–Dime, Tarble, ¿sabes lo que es feresi? –el nombrado asintió.
–Era un animal del planeta Akrog–Cold confirmó la información de Tarble con un leve movimiento de cabeza–. Lo utilizaban los akrogianos como transporte, pero por lo que leí es una raza extinta desde hace un milenio. –
–¿Y sabes cual era el producto más valioso de ese planeta? –Tarble, extrañado, volvió a asentir.
–La medicina–el lagarto sonrió ampliamente, perturbando al hombre–. No entiendo estas preguntas, Gran Rey Cold. –
–Sólo hay un error en tu información–el Rey Cold golpeó con los dedos el reposa brazos–. El feresi no era un animal extinguido, al menos no antes de la destrucción del planeta. –
El Rey Cold se puso en pie de nuevo y miró al hombre quien no comprendía la información.
–El planeta Akrog tenía medicinas muy eficaces. Desde siempre se han dedicado al arte de la curación–con las manos detrás de la espalda bajó los escalones–. Algunos curanderos decían que si bebías sangre de un feresi adquirirías ciertos dones que el resto del mundo no tendría. –
–¿Dones? –preguntó interesado el saiyajin.
–Algunos decían que podían controlar la mente, otros que eran más rápidos, algunos incluso hablaban de inmortalidad–Cold volvió a reír–. ¿Dónde estarán ahora? –suspiró sin dejar de lado la sonrisa amplia que en su rostro se creó–. El punto es que la mayoría tenían como una visión algo extraña. Podían ver cosas que habían pasado, a veces incluso que estaban pasando, pero sin estar allí. –
–¿Está diciendo que Bra tiene ese don? –Cold asintió.
–Al parecer la familia real tenía esos animales a su disposición. Hicieron creer que se extinguieron para protegerlos de los curanderos, pues ellos no creían en esas ideas–Cold paró justo delante de Tarble y le miró fijamente–. Salvo el último Rey, quien le dio de esa sangre a la niña cuando tenía dos años. –
–¿Cómo sabe eso? –Tarble cada vez se sentía más perdido, así como asustado. No quería imaginar que fuese real lo que le estaba contando el tirano.
–Porque tanto Cooler como yo estuvimos estudiando el planeta durante mucho tiempo y, al igual que has hecho tú, nos metimos en archivos prohibidos y ahí se mostraba–Tarble le contemplaba sin asimilar palabra–. El Rey Darek dio sangre de feresi a la hija del Príncipe Vegeta con dos años de vida. No hay reacción, ponía el informe. –
–Entonces no tuvo una pesadilla. Vio lo que le hicieron a su madre como si estuviera allí mismo–Cold asintió nuevamente–. ¿Por eso quería a la niña? –
–Además de ver el pasado y poder ser consciente del presente, datos importantes mencionan la capacidad de ver un futuro posiblemente manipulable–Cold alzó la cabeza con orgullo–. Y eso quiero que vea. Quiero que sueñe tanto cuanto pueda y que la oigas hablar, para que luego vengas ante mi presencia y me digas que Freezer mató a Vegeta. –
–¿Freezer? Dirá Cooler–Cold bajó la mirada para encontrarse con él.
–Me he equivocado–Tarble miró extrañado. Era obvio que de sus hijos era Freezer el favorito, pero no entendía su error, pues su muerte fue hace dieciséis años–. El don de la niña está resurgiendo, y te necesito a ti para que estés con ella. Cuanto más confíe, más sabremos. –
Tarble asintió. Cold le ordenó que se retirase y el acató. Salió de la sala y se dirigió con gran rapidez a su habitación. Tenía suerte de haberse librado de un castigo, pero ahora sentía que algo malo estaba por venir y en su cabeza sólo podía repetirse el nombre de Freezer.
Bulma estaba sentada sobre una mesa metálica, contempló de nuevo los planos y resopló. Los había visto tanto que ya se sabía cada línea de memoria, pero Bonnet dijo que así debía ser. La humana no paraba de contemplar al soldado que debían crear. Tenía la cabeza redonda, no sería muy alto y lo que le llamaba la atención era la cola. Era exactamente igual que la de Cooler.
–¿Cómo se va a llamar el soldado? –Bonnet silenció cuando escuchó la pregunta de Bulma–. Hablamos de materiales y de tiempo de construcción, pero no sabemos su nombre. Necesitará uno para cuando el Gran Cooler le llame. –
–¿En eso piensas? –Bulma rodó los ojos ante el tono molesto de Bonnet. Ella no se cansaba de preguntar aunque nunca recibiera contestaciones–. Eso es lo menos importante. –
–Pues yo creo que es lo más importante–apuntó Bulma con su dedo al enano–. Cuando nacemos nos ponen un nombre, porque es relevante. ¿Cómo te darías por aludido si no pueden llamarte de ninguna manera? –
–Esto es un laboratorio, no una sala de debate–Bulma sonrió ante las respuestas de Bonnet.
–Hasta en la ciencia se debate, amigo–la mujer se puso en pie, se quitó la bata y la tiró sobre la mesa en la que estaba sentada–. Estoy cansada de ver ese papel y de aguantarte a ti. Puede que haya perdido la memoria, pero eso no significa que no tenga un límite. –
Sin decir otra palabra, salió del laboratorio mientras Bonnet le soltaba insultos y avisos que nunca llegarían a oídos de Cooler, por mucho que él amenazase.
Bulma estaba cansada de esa base. No le gustaba el proyecto, no le gustaba el laboratorio y prefería ahorrarse los adjetivos para los compañeros. Simplemente estaba harta. Decidió irse a su habitación y dormir hasta el día siguiente, pero se encontró con la compañía de su compañera Chi Chi y de Aloy.
–¿Qué haces aquí? –preguntó Bulma a Aloy, quien estaba sentada en la cama de Chi Chi, junto con ella.
–Vi a Chi Chi nerviosa y la acompañé a la habitación para que se calmara–Bulma se sentó sobre su cama mientras observaba a la morena. Durante ese tiempo no hablaban nada más que para un hola y adiós y alguna pregunta irrelevante.
–¿Qué te ocurre? –ante la pregunta, Chi Chi miró a la peliazul. En ese momento Bulma fue consciente de que había llorado, así que podía estar realmente preocupada por la morena y no pensar que le daba igual.
–No es nada… sólo que no me acostumbro todavía–Bulma miró extrañada a la mujer–. Cada vez que sale de misión no estoy tranquila, no hasta que le vuelva a ver. –
–¿Al hombre que pagó por ti? –Chi Chi asintió para después tragar saliva con pesadez, notando como una bola se había formado en su garganta.
Hubo un silencio en el que Chi Chi sollozaba, Aloy acariciaba su espalda y Bulma la contemplaba. La peliazul había asimilado que nunca tendría una amistad con su compañera de habitación, ya que nunca habían tenido una conversación normal. Hasta el momento ella la veía como una mujer de piedra, gélida y distante. Pensó que era por el aviso que le dio, de que no hiciera amigos para evitarse daños, pero ahora comprobaba que hasta ella sentía dolor por los demás.
–Cuando Freezer atacó mi planeta tenía siete años, me raptaron y me llevaron a esta base–Bulma y Aloy contemplaron a Chi Chi, quien, después de aclararse la voz, rompió el silencio–. Yo no era la única que estaba allí. También se llevaron a otro niño, tenía diez años y fue quien me protegió de los malos. Era muy fuerte para ser un crío–la morena sonrió ante los recuerdos–. Pensé que moriría tarde o temprano, ¿para qué querían una niña? Luego lo supe... existen hombres con unos deseos tan repulsivos, que eran capaz de hacerle a alguien de esa edad cosas muy malas, pero mi Goku no lo permitió jamás. –
–¿Goku? –Aloy pensó si escuchó ese nombre en algún momento cuando estaba en el comedor.
–Aquí le llaman Kakarotto–los ojos marrones de la joven se abrieron al escucharlo. Sabía quien era–. Me dijo que Goku era el nombre que le pusieron en la Tierra, pero al parecer él no es humano, y que realmente Kakarotto era como se llamaba. Ambos crecimos y él decidió comprarme para protegerme y que nadie me hiciera daño. –
–No me quiero imaginar haber pasado por algo de eso–dijo Bulma, apartando la mirada sin poder soportarla durante más tiempo.
–Es un buen hombre. No es como los demás... por eso temo cada vez que sale de misión–ella volvió a romper en llanto, Aloy la abrazó fuertemente para que llorase sobre su hombro.
–El planeta Tierra–repitió Aloy, esta vez mirando a Bulma–. Freezer lo destruyó. –
Bulma tragó saliva.
"¡Mamá! ¡Papá! ¡Tight!", escuchó Bulma en su cabeza e inevitablemente, cerró los ojos.
La hierba era de color verde, la casa grande y amarilla. La mayor tenía el pelo rizado, el hombre gafas y fumaba. La muchacha paseaba alegremente con el viento moviendo su pelo rubio y haciendo danzar su blanca falda.
"¡Mamá! ¡Papá! ¡Tight!", volvió a escuchar. Apretó los ojos con fuerza.
En la hierba había sangre y la casa estaba destruida. La mayor estaba en el suelo, el hombre contra la pared y la chica tirada con la entrepierna llena de sangre, manchando su hermoso vestido.
Abrió los ojos de golpe. Sintió un sudor frío recorrer todo su cuerpo, hasta que algo en ella explotó. Su cuerpo pesaba, el aire le faltaba y su cabeza daba vueltas. Se agarró al borde la cama y, haciendo un poco de esfuerzo, se levantó.
Aloy contempló a la peliazul que se encontraba fatigada, sudando y con la mirada perdida.
–¿Bulma? –la nombrada no dijo nada, simplemente se dirigió al baño y cerró detrás de ella dando un fuerte portazo.
Abrió el grifo esperando a que saliera el agua fría, llenó sus manos con ella y empezó a echársela por la cara, el cuello y la nuca, mojando su cabello en el transcurso. Lo tomó y lo amarró en una alta coleta para que no le molestara y así seguir mojándose. Cuando sintió que su mareo desaparecía, cerró la llave del agua, alzó su cabeza y se contempló en el espejo.
–¡Bulma! –se escuchó la voz de Chi Chi, que después golpeó la puerta–¿Qué demonios te ocurre? ¡Abre! –
Soltó un fuerte suspiro, como si de esa manera hiciera que todo lo que estaba sintiendo se disolviera. Se dio la vuelta y, con la mano temblando, abrió la puerta. Allí se encontraban las dos mujeres, cada una a un lado, mirándola con atención.
–¿Qué es lo que te ocurre? –preguntó Aloy asustada.
–Creo… creo que he recordado a mi familia–Aloy sonrió ante la noticia–. Mi madre… mi padre… Tight… ¿mi hermana? –la muchacha borró la sonrisa–. Están todos muertos. –
Dos días después
Las naves de los saiyajins impactaron en el planeta que debían purgar. Salieron de los transportes y empezaron a inspeccionar el terreno con los scouters. Habían caído en una parte desabitada, donde sólo había arena y piedras rojizas. El cielo estaba oscuro y el viento traía consigo una suave brisa que levantaba el polvo.
–Según éste informe se necesita un metal típico del planeta–leyó Paragus en su scouter–. Después se procederá a su destrucción. –
–Puto Cooler–gruñó Turles–. ¿Ahora quiere que le hagamos la compra? –
–Acostumbrado a los lametones que le debes dar en el culo no me extrañaría que te elija de recadera–Turles desvió la mirada a Vegeta, quien le dedicaba una sonrisa repleta de burla.
–Ja ja–Turles rodó los ojos y se cruzó de brazos–. Vamos a ver que tan buen líder eres. –
–Mucho mejor que uno de tercera, te lo aseguro–Vegeta se puso en medio de todo el escuadrón–. El viejo y el del chip irán en busca del metal ese, el sentimental con Raditz peinarán la zona, Trunks y yo nos ocupamos de los habitantes. –
Trunks frunció el ceño al escucharle. Esperaba no tener que entrar en combate de primeras y mucho menos en compañía de su padre.
–¿No te olvidas de alguien, principito? –Vegeta miró de arriba abajo a Turles.
–¿Eres eficiente en algo? –Turles se carcajeó tras escucharle–. No me digas tu respuesta, es tan predecible como tú. ¿Te crees que por haber tenido el privilegio de liderar un escuadrón ya eres alguien? –
–Padre–Vegeta miró seriamente a su hijo, como si le estuviera reprendiendo ante su interrupción–, esta discusión no va a llevar a ninguna parte. ¿Por qué no vais los dos a pelear y yo peino la zona con Raditz y Kakarotto? –
–¿Piensas que yo iré con ese idiota? –señaló a Turles.
–¿Y por qué no? Ambos sois iguales–aquello molestó tanto al Príncipe como a Turles, pero Trunks no se arrepintió ni mucho menos rectificó–. Demostrarías mucho más si vais los dos a si vas conmigo. Así él vería porque mandas tú y no él. –
Vegeta miró de arriba abajo a su hijo. El Príncipe no era idiota y sabía que Trunks no quería matar a nadie, pero también era muy listo. Si negaba la propuesta, podrían llegar a pensar que él no quería demostrar su fuerza a Turles, y que cuando discutían eran solamente meras palabras que salían de su boca.
–No te acostumbres a que acepte siempre tus consejos, mocoso–Trunks sonrió triunfante. Vegeta miró a Turles y, con un leve gesto de cabeza, le ordenó que le siguiera.
Cada uno realizó la misión encomendada. Broly y Paragus fueron a buscar el material ordenado por Cooler, Raditz, Kakarotto y Trunks buscaron cosas de valor, así como analizaron al enemigo, Vegeta y Turles comenzaron por liquidar a algunos de estos habitantes.
–Debo admitir que no me caes tan mal, Príncipe–Turles, quien volaba al lado de Vegeta, empezó a darle una conversación que poco le interesaba–. Ambos somos hombres con grandes ambiciones, en eso no se confundía el muchacho. –
–Tú y yo no somos iguales–dijo con seguridad el Príncipe–. Yo tengo unos valores que tú nunca podrás tener, porque eres un traidor. –
–Deja el orgullo un momento de lado, idiota–Turles frenó el vuelo de golpe. Vegeta le imitó, no por gusto, sino por el insulto.
–Orgullo. Algo más que tú también desconoces, escoria–el insultado sonrió ante el ataque.
–¿Lo ves? –Turles bufó–. ¿Crees que estoy a gusto trabajando para ese lagarto insípido? –esas palabras si que sorprendieron a Vegeta, y el saiyajin de tercera lo notó–. Deseó su muerte de la misma manera que tú se la deseaste a Freezer. –
–¿Y por qué no le has matado ya? –Turles se encogió de hombros.
–El malnacido nos torturó cuando mataste a Freezer. Dijo que era un aviso para que no tuviéramos las mismas ideas–Vegeta entrecerró los ojos, buscando credibilidad en su odio–. La única manera que tengo para matarlo es quitarle el puñetero chip a Broly, y que éste le destroce. Pero Cooler es muy listo, el dispositivo es pequeño y cada cierto tiempo le envía al laboratorio para que se lo saquen y se lo coloquen en otro lado. –
–¿Lo duermen mientras hacen eso? –Turles asintió–. ¿De verdad es tan poderoso? –
–No he peleado con él sin el chip en la vida–recordó el saiyajin–. Ese chip le anula el ki y a la vez es un limitador. No puede pasar a cierto nivel. Como si fuera un vehículo. –
Vegeta intentaba creer las palabras de Turles, pero le costaba. No se fiaba de él. No quería creer que realmente estaba pensando en una rebelión contra Cooler, porque parecía muy cómodo en ese mundo. Aunque si creía que el tirano les torturase.
–¿Cómo llegó Kakarotto a transformarse en Super Saiyajin? –preguntó Vegeta, recordando la conversación con el hermano de Raditz.
–Sorprendido ¿verdad? –sonrió Turles–. Hijo de perra ese Kakarotto. Con esa cara de imbécil y ese sentimentalismo mediocre…–el guerrero notó impaciente al Príncipe–intenté forzar a su mujer y se enfadó. –
–Le envidiabas porque era más fuerte que tú–le señaló Vegeta, recordando las palabras de Kakarotto. Turles hizo una mueca de desprecio.
–Me gano una batalla sin importancia, y yo debo hacerme respetar, Príncipe Vegeta–sonrió el guerrero con gran orgullo.
–Una batalla sin importancia, pero planeaste violar a su mujer–Vegeta hizo un gesto pensativo–. Él te pilla y de la rabia se transforma–el Príncipe vuelve a mirar al guerrero–. ¿Enserio pretendes que confíe en ti? Eres un traidor con tu raza, y no sabes llevar un escuadrón. –
–Sé llevarlo…–
–No sabes–interrumpió el Príncipe–. Cuando un soldado te doblega le golpeas a él, no vas a escondidas para meterte bajo las faldas de su amante, porque lo que empieza en un campo de batalla, termina en un campo de batalla. Eso es lo que hace un guerrero, en vez de tener una pataleta digna de un idiota, como lo eres tú. –
Vegeta volvió a emprender vuelo, dejando atrás al guerrero quien apretaba sus puños con fuerza a causa de la impotencia de sólo poder matar al Príncipe en su cabeza y no de verdad. Notaba como su sed de sangre y su rabia aumentaban con cada encuentro que tenía con él.
En mitad de aquel desierto se encontraba un pequeño pueblo, de apariencia pobre, por el que Trunks caminaba. Observaba las casas que allí habían, algunas tenían el techo derrumbado, otras mostraban sus puertas rotas y algunas con los cristales destrozados, pero, a pesar de aquella pobreza, podía escuchar la risa de aquellos que ahí vivían.
–Señor–Trunks se dio la vuelta cuando escuchó una suave voz. Miró hacia abajo para ver a una niña de piel grisácea con algunas rayas azuladas, sus ojos eran negros al igual que sus labios. Se tapaba el torso y la cabeza con una manta oscura y agujereada–, son tres monedas. –
La niña le extendió la mano, mostrándole una piedra amarilla y brillante que no tenía una forma exacta. Trunks se agachó y contempló el hermoso mineral. Podría encontrarlo en cualquier parte sin tener que pagar, pero, al verlo, le hizo recordar al rubio cabello de Aloy. El muchacho miró a la pequeña que temblaba por el frío.
–Me gustaría poder ayudarte, pequeña–analizando la altura y la voz, Trunks pensó que tendría la edad de Bra–, pero no tengo nada para poder darte. Lo siento mucho. –
–Por favor–la niña le agarró del brazo mientras sollozaba–, mi familia y yo llevamos tres días sin comer. Tengo mucha hambre, por favor, sea un hombre bueno. –
Trunks se levantó asustado. "Hombre bueno". Él estaba allí para matar a esa gente y esa niña le decía que debía ser un hombre bueno. Notaba como un escalofrío recorría todo su cuerpo y como un dolor leve se formaba en su nuca.
–No puedo–dio un paso hacia atrás, pero la niña le seguía–. ¡No me sigas más! –
Un rayo rojizo pasó a gran velocidad al lado de Trunks, sin que a éste le diera tiempo a reaccionar, y atravesó a la niña, quien cayó al suelo de espaldas, mientras soltaba la piedra en su mano. El medio saiyajin corrió a ver la pequeña y comprobar su estado, aquel ataque le atravesó el corazón y la mató.
–Eres débil–Trunks conoció la voz de Turles a sus espaldas–. Era una puta niña. –
–Que hace un momento estaba viva–Turles se agachó, poniéndose a su lado–. Eres un psicópata. –
–Hago mi trabajo, que para eso me pagan–Trunks negó con rabia.
–Un día me vas a pagar todo esto, Turles–el nombrado sonrió con cinismo.
–Te recuerdo que quien debe pagar eres tú, que eres el que tiene una deuda conmigo–Trunks se levantó y Turles hizo lo mismo. El muchacho le miraba desafiante mientras que el saiyajin seguía atosigándole con su comportamiento–. Y sino lo haces pronto, tendrás que devolverme la mercancía. No sabes las ganas que tengo de probarla. –
Trunks le dio un puñetazo en la cabeza, haciendo que diera unos pasos hacia atrás. Turles escupió sangre y se irguió, dispuesto a seguirle la pelea.
El saiyajin se lanzó directo contra el hijo del Príncipe. Le dio varios golpes en el estómago y luego uno en el rostro. Antes de recibir el segundo, Trunks le detuvo y empezó a pegarle. Su rodilla chocó contra el costado derecho de Turles, para después clavarle el codo contra la espalda, desplomándole contra el suelo.
Se puso encima de él, le agarró del cabello y le estampó la cabeza contra la arena, hundiéndola poco a poco en ella.
Turles se zafó, dándole con el codo en un costado. Trunks se tuvo que apartar, tiempo que utilizó el contrincante para ponerse en pie y darle patadas en el estómago. Veía al primogénito de Vegeta gemir de dolor y doblarse por los golpes, ocasionando que en algunas escupiera sangre.
–¿Para que demonios quieres a una hembra que no vas a tomar? Dámela a mí, que yo sabré darle el uso que tú no sabes–rió Turles mientras le golpeaba–. Todavía te falta mucho para ser un hombre, mocoso. –
Trunks le agarró la pierna y le arrastró al suelo. Se transformó en Super Saiyajin y le dio golpes en la cara, hasta que ésta estaba completamente manchada de sangre. Turles acabó inconsciente, pero el medio saiyajin no cesó con su ataque. Tenía mucha rabia contra él, demasiada.
–¡BASTA! –Trunks paró de golpearle cuando su padre apareció allí–¿Qué demonios es esto? ¿Qué haces, Trunks? –
Vegeta le dio una patada a su hijo, haciéndole volar a poca distancia. Trunks cayó cerca de la niña, sus ojos se encontraron con aquella piedra amarilla que le había ofrecido. No dudó en agarrarla y guardarla.
–Se acabó–el muchacho vio a su padre dando órdenes por el scouter–. Si ya están los materiales vamos a mandar este planeta al infierno. –
El Príncipe se acercó a su hijo quien estaba levantándose del suelo.
–¿Piensas en tu hermana, idiota? –Trunks apartó la mirada–. Este planeta debe ser destruido y no protegido. Si haces lo que te da la gana, o directamente no haces absolutamente nada, la perjudicada será ella. –
–Si Bra estuviese en peligro estaría en la base de Cooler–respondió Trunks con rabia–. Si ese lagarto la toma con alguien no será con ella, será conmigo. –
–Dalo por hecho–Vegeta suspiró con fuerza–, a no ser que sea yo quien te castigue. –
–¿Cómo? –preguntó Trunks sin entender.
–Se acabó la conversación, muchacho–Vegeta agarró del cabello a su hijo, hundiendo su cabeza contra su rodilla.
Vegeta se transformó en Super Saiyajin, y bajo aquel poder empezó a golpear al joven, mientras que el planeta ardía en llamas por el ataque de los soldados. Los habitantes morían, los árboles se quemaban y el cielo se llenaba de humo. Los gritos y el llanto se escuchaban por todos lados, hasta que reinó el silencio.
El cuerpo de Trunks caía cerca del de Turles. Tenía heridas graves en el rostro y en el cuerpo, seguramente alguna fractura y hematomas elevados. Vegeta contemplaba a su hijo ensangrentado, se dejó caer de rodillas y gritó. Gritó con tanta fuerza que sólo escucharlo dolía.
(Flash Back)
Vegeta estaba en la habitación del pequeño Trunks, se encontraba frente a la cuna de éste, contemplando como dormía. El bebé tenía menos de un mes de vida y no hacía más que comer, hacer sus necesidades y dormir. De vez en cuando lloraba, demasiado fuerte para que su padre pudiera aguantarlo, y en otras ocasiones le daba por quejarse, sobre todo cuando le quitaban de los brazos de su madre.
–Es muy guapo–Vegeta sintió unos brazos que rodeaban su cintura, y como una cabeza se apoyaba sobre su hombro. Por el rabillo del ojo vio a la humana que observaba al bebé con una sonrisa radiante–. ¿A quién se parecerá más? –
–Es fuerte y atractivo como yo–Bulma rió al escucharle.
–Y es inteligente como yo–Vegeta arqueó una ceja.
–¿Cómo lo sabes? –la joven se separó de él y se puso a su lado, agarrándole ahora por el brazo.
–Intuición–él no dejaba de contemplarla, el embarazo había desaparecido y en ella dejó la huella del cansancio, pero él seguía viéndola hermosa. Para él nunca estaba fea, sólo su belleza cambiaba y todas las que le mostraba a él le cautivaban–. No va a tener todo de ti, Vegeta. –
–Tienes razón–Vegeta miró al pequeño–. Espero que un día no sea tan fuerte como yo. Prefiero que lo sea más. –
–¿Alguien más fuerte que tú? ¿Y no te importará? –preguntó con tono burlón ella, pero Vegeta negó con seriedad y sinceridad.
–Es de mi sangre–Bulma observó al niño, había gestos que se parecían a su padre–. Además de que seré su entrenador, y si lo hago será para llevarle al puesto más alto. –
–Vegeta–el nombrado dejó de mirar al niño, para contemplar a la mujer, quien también le observaba–, yo no quiero que mi hijo viva lo que nosotros sufrimos. No quiero que luche contra seres poderosos, no quiero eso. –
–Las amenazas siempre existen–la mujer agachó la cabeza, pero Vegeta la tomó del mentón y la elevó para verla–. Bulma, no debes preocuparte. Pase lo que pase yo estaré con él. Le protegeré a él como te protegeré a ti. –
–¿Lo prometes? –preguntó ella mirándole con los ojos brillantes.
–Lo prometo–Vegeta acercó a la mujer para poder besarla y así tranquilizarla.
El niño dormía en la cuna, tranquilo y sin temores, ajeno a cualquier preocupación de los adultos.
(Fin Flash Back)
Vegeta se levantó, hizo deshacer su transformación y se acercó hacia su hijo, lo agarró colocando un brazo alrededor de su cuello y cargó con él.
–Vegeta–el Príncipe miró a Raditz que apareció en ese momento y que se acercó con preocupación al ver a Trunks–, ¿qué le ha pasado? –
–No me quedó otro remedio–dijo Vegeta contemplando a su hijo–. Si no lo hago yo, lo hubiese hecho Cooler, y él no sería tan misericordioso. –
–¿Misericordioso? ¡Debe entrar con urgencia a un tanque de recuperación! –Raditz observó el magullado cuerpo.
–¡Deja de discutir y llévate a esa escoria! –ordenó Vegeta mientras señalaba a Turles–. Salgamos de este condenado planeta. –
Vegeta alzó vuelo agarrando a su hijo, mientras que Raditz cargaba a Turles. El Príncipe iba lo más rápido que podía, ya que el saiyajin melenudo tenía razón. Trunks necesitaba urgentemente atención médica.
¡Hasta aquí llegó este capítulo! Espero que os haya gustado.
No sé si os gustó la idea de Bra, pero es que realmente me pareció interesante que ella tuviera algo que la hiciera especial, ya que nos acostumbraron a verla "menos saiyajin", por decirlo de alguna manera. De esta manera tendría un papel de importancia, lo que llevaría a que Tarble fuera también importante.
Además de lo de Bra, también os he dejado una pequeña pista, tal vez no tan pequeña... xD, que seguramente habréis notado. ¿Lo habéis visto? Si no, no pasa nada. Más suspense a la historia.
¡Gracias por leer y dejar reviews! Seguid haciéndolo y no os desconectéis ;)
