¡Aquí os dejo con el noveno capítulo! Espero que lo disfrutéis :)
Advertencia: Capítulo que contiene poco lime
Personajes de Akira Toriyama!
Capítulo 9. Dolor.
Cuando abrió sus ojos azules se encontró con los negros del saiyajin, contemplándola con un deseo que se transmitía también a ella. Tragó saliva por culpa de los nervios, bajó su mirada para observar sus labios y, pronto, los echó en falta. Se estremeció al sentir sus grandes manos sobre su cintura, tocándola con una delicadeza que parecía no corresponder a su ruda apariencia. En ese momento pensó que besaba mucho mejor que en sus sueños, pero que también su comportamiento era diferente a como imaginó. Ella pensó que sería un hombre bruto y demandante, pero la realidad era diferente a sus prejuicios. Vegeta se mostraba más atento a ella que a él mismo.
–Vegeta–él emitió un leve sonido de silencio para que no siguiera hablando.
Él pudo notar como su cuerpo temblaba mientras sus ojos le miraban con curiosidad. Azules y brillantes, como siempre los vio y ahora de nuevo podía volver a apreciarlos. Sintió sus manos descendiendo por sus fuertes brazos y acariciándolos con suavidad, utilizando la yema de sus dedos como navegantes. En ese momento de silencio él solo esperaba que ella fuese capaz de recordarle a él, a sus labios y a sus caricias, pero podía leer en su mirada que no estaba pensando en eso. Ella estaba sonrojada y acalorada, deseaba que lo que comenzó de pie terminase en el colchón.
–Te deseo–dijo ella con un tono bajo pero audible para él. Su rubor se intensificó y sus ojos brillaron como cuando era una adolescente. Para el Príncipe no había imagen más bella en el universo.
Vegeta se aproximó nuevamente a su rostro, acortando la poca distancia que los separaba. Ella, impaciente por volver a sentir sus labios sobre los suyos, se inclinó hacia delante para que el beso tardase menos en llegar. Alzó sus manos hacia su nuca, hundiendo sus dedos en el cabello de él, mientras el Príncipe intensificaba el beso y descendía sus manos hasta el trasero de ella, haciendo que ambos cuerpos estuvieran más pegados. La temperatura entre los dos fue incrementando de igual forma que lo hacía el beso que, a diferencia del anterior, éste no era dulce o delicado, sino pasional y ardiente.
El Príncipe la arrastró hacia su cama, recostándola sobre el colchón debajo de él y sin despegar sus labios de los de ella. Bulma recorrió con sus uñas la tonificada espalda del saiyajin, mientras él se perdía por las curvas del cuerpo femenino. Embriagados por la palpitante lujuria, el beso incrementó cuando la lengua del guerrero se encontró con la de ella. Bulma gimió al sentir una corriente eléctrica que se centró en su entrepierna. Notaba como su interior era un volcán activo qué él se encargaba de encender, el cual calentaba con su curiosa exploración, metiendo una de sus manos por debajo de la blusa y apoderándose de su pecho izquierdo. Ella volvió a gemir y, como reacción, flexionó su pierna derecha, haciendo que su rodilla acariciase el duro miembro de él, que también dejó sonar su gruñido ante el contacto.
El beso se iba a romper, pero, antes de perder aquel delicioso contacto, Bulma atrapó con sus dientes el labio inferior de su amante, mordiéndolo con una sensualidad que alentó su deseo por quitarla la ropa y darse al placer de manera inmediata. Se devoraban con tan solo una mirada que podía quemar al otro. Ella tenía la respiración agitada mientras que él tenía su lucha interna por quitarle la ropa de un tirón, pero fue más sensato que su deseo. Había esperado por aquel momento desde que se la cruzó por el pasillo y, ahora que ella estaba dispuesta a estar con él, pensó en disfrutarlo como si fuera la primera vez.
La humana agarró la mano del Príncipe que estaba sobre su pecho, haciendo que éste despertase del embrujo al que estaba sometido, contemplando los ojos azules. Vegeta vio como le guiaba hasta el punto donde ella quería, dejándola en el comienzo de su pantalón. Él alzó una ceja y le mostró una sonrisa ladina como respuesta a la iniciativa de Bulma. No dudó un segundo en meter su mano por dentro de la prenda, incluso por debajo de la ropa interior, decidido a hacer contacto físico con su entrepierna. Ella soltó un gemido más elevado al sentir la yema de sus dedos por los labios de su húmeda entrada. Aquel sonido para él era una melodía de la que no estaba cansado, por lo que se dispuso a volver a escucharla. La acarició lentamente mientras se perdía en la belleza de su rostro. Su mirada brillante, sus mejillas sonrojadas y su boca entreabierta.
Ella se aferró a su hombro justo cuando sintió como dos de sus dedos penetraban en su interior. Dijo su nombre en un sensual gemido que lo excitó. Bulma alzó la mirada para comprobar que él estaba contemplándola mientras le daba aquel placer. Se mordió los labio y, en ese momento, volvió a tocar con su rodilla el miembro del saiyajin. Él le mostró su perfecta sonrisa cuando notó el contacto, relamiéndose los labios cuando vio como se mordía el suyo. Vegeta aumentó la velocidad con la que introducía los dedos en ella, haciendo que sus gemidos se volvieran más elevados y sensuales, mientras que ella seguía acariciándole. Ambos tenían la misma expresión de placer y en sus ojos se podía leer las ganas que tenían el uno del otro.
–¡Príncipe Vegeta! –se escuchó una voz detrás de la puerta, justo antes de que ésta fuera aporreada.
La pareja se miró unos segundos tras escuchar aquella voz. A Vegeta le cambió la expresión por completo tras la interrupción de Raditz, a quien reconoció rápido. Frunció el ceño y gruñó sonoramente, mientras escuchaba la respiración de Bulma casi a al altura de su oído.
–¡Cooler quiere que vaya de inmediato a verle! –el Príncipe contó hasta diez para no salir y darle una paliza, pero eso ni siquiera le calmó.
–¿A estas horas de la noche? –preguntó Bulma al hombre que estaba sacando la mano de dentro de su pantalón.
–Voy a matarle–ella no pudo evitar una sonrisa ante el evidente enfado de Vegeta. Le tomó del rostro y le depositó un pequeño beso que le supo a poco a ambos–. Voy, escucho a ese lagarto y cuando vuelva te quiero ver desnuda. –
–A la orden, capitán–sonrió ella con picardía. Vegeta se levantó a desgana mientras ella se sentaba sobre la cama–. ¿Puedo utilizar la ducha? Necesito agua fría. –
–Sólo la puedes utilizar conmigo–Bulma frunció el ceño como respuesta, a lo que él le dedicó una sonrisa de lado–. Utilízala con la condición de no secarte, así te encontraré desnuda y mojada. –
Bulma se mordió el labio y le guiñó el ojo. Vio como tecleaba en el panel y salía por la puerta, dejándola sola en aquella habitación. Volvió a dejarse caer sobre el colchón y cerró los ojos. Sonrió al sentir el aroma de aquel saiyajin, haciendo el reciente encuentro la envolviera en pensamientos ardientes.
Abrió los ojos, dejó salir un suspiro y se levantó de la cama con la intención de ir a la ducha, pero el sonido de la puerta abriéndose llamó su atención. Se giró hacia ella con una sonrisa picara, esperando a que Vegeta apareciese para volver al punto donde lo dejaron.
Vegeta pasó todo el camino desde la habitación hasta el lugar de encuentro con Cooler maldiciendo a éste y a Raditz. Pensaba en lo que estaba haciendo hacía escasos minutos y eso le llevó a imaginar lo que en ese momento tendría que estar sucediendo. Él junto con Bulma nuevamente, pero otra vez los habían separado y otra vez por aquel tirano al que deseaba matar, resucitar y volver a destrozar.
Tras un par de minutos se encontró delante de la puerta que le separaba del tirano. Apretó los dientes con rabia y se mentalizó de la mala idea que era matarle. Lo único positivo que podía sacar de aquella espera era la manera de acabar con él de la forma más dolorosa posible, hasta llegar a escucharle clemencia. Finalmente, dio un paso hacia delante. El sensor de movimiento hizo que la puerta se abriera, invitando al saiyajin a su interior.
El Príncipe analizó la sala en la que se encontraba. Allí solamente estaba Cooler. Le pareció extraño no ver a alguno de los soldados que iban con él como una sombra. Ignoró aquello y estudió el pequeño espacio. Había una mesa redonda para reuniones en el centro junto con un par de sillas y, encima de ésta, había un control. Pensó que encendía los grandes monitores que estaban detrás del tirano. Debajo de éstos había una pequeña mesa metálica con pocos botones y un pequeño comunicador.
Vegeta se cruzó de brazos, mirando de manera desafiante al tirano. Aún no aceptaba el protocolo de tratarle como él pedía, algo que no pasaba desapercibido por Cooler, que mostraba una sonrisa que molestaba al Príncipe.
–Me alegra verte, Vegeta–Cooler puso sus manos detrás de su espalda y, con la cabeza alta, hablaba al Príncipe con tono burlón.
–¿Qué quieres ahora que no puede esperar hasta mañana? –Cooler alzó una ceja, sorprendido ante la manera en la que le hablaba el saiyajin.
–Buenas noches a ti también–Vegeta resopló al notar el teatro del tirano. A éste le encantaba ser protagonista de obras que él mismo creaba. Un circo macabro donde él era el domador y el resto sus animales enjaulados. El saiyajin quería dejarle claro que él no era de los dóciles–. ¿Acaso tienes prisa? –
–Únicamente de dejar de ver esa horrorosa cara–el lagarto asintió con un gesto de sorpresa ante su contestación–. ¿Qué demonios quieres? –
–Entiendo, entiendo–Vegeta vio andar a Cooler hacia la mesa, tomando asiento en la silla más grande y que estaba colocada para presidir–. Es normal que no quieras estar aquí. Tienes mil cosas que hacer. –
Vegeta contempló minuciosamente al tirano. Su expresión de sorpresa fingida y aquel tono de ironía constante le estaban diciendo que debía estar alerta.
–Bueno… en realidad solo una–Cooler mostró un dedo mientras decía la frase–. Meterla en un terreno repleto de minas. –
Vegeta intentó mantener su postura a pesar de que no esperaba aquella contestación. Cooler estiró su brazo por la mesa para agarrar el control que había encima de la mesa. Éste sonreía al Príncipe que se mantenía de brazos cruzados, como si lo que hubiera dicho no le sorprendiera.
–¿Tan difícil es de entender que no debías de acercarte a tu mujer? –Vegeta separó los brazos, colocándolos a ambos lados de su cuerpo–. Te lo advertí. –
Cooler apuntó con el control a uno de los monitores, presionó un botón y lo encendió. Vegeta apartó la mirada del tirano para contemplar la pantalla, encontrándose con una imagen que no hubiera querido ver jamás. El lagarto sonreía sonoramente mientras veía como Bulma era arrastrada al laboratorio por dos soldados que la tenían agarra por las muñecas, mientras ella pataleaba, gritaba y lloraba. El saiyajin sintió que su corazón dejó de latir por unos segundos mientras la contemplaba, incapaz de apartar la mirada de aquella horrible escena.
–Está a punto de recibir descargas eléctricas–Vegeta escuchaba al lagarto mientras veía como llevaban a su esposa hacia una camilla–. Será como empezar de nuevo. –
–Suéltala–Vegeta fue incapaz de disimular su angustia, alimentando así el cinismo de Cooler–. Ni la toques. –
–¿Eres consciente de que es culpa tuya? –Vegeta apretó los dientes mientras la venenosa voz del lagarto seguía escuchándose en la sala–. Si te hubieras alejado y no hubieses hablado con ella, ahora mismo no estaría ahí. En cambio, decidiste buscarla y la verdad es que de manera descarada–veía a la mujer tumbada en la camilla, mientras intentaban atar sus muñecas y tobillos para que no escapara–. La encontramos en tu habitación. –
–Suéltala y no la buscaré de nuevo–pidió él mientras señalaba a la pantalla–. Ponme en su lugar si quieres, dame una paliza o lo que sacie tu puta mente de psicópata, ¡pero la sueltas ya! –
–¿Sabes lo que más me sorprende? –Vegeta gruñó al ver que Cooler seguía hablando, ignorando sus peticiones–. Que me pides que haga esto y esto para salvar a tu mujer, cuando realmente me quieres matar. ¿Es por tu hija? –el Príncipe le miró con rabia y él le mostró su brillante dentadura–. No somos seres diplomáticos. –
–Pero si crueles, y disfrutarías más viéndome a mí allí–Cooler asintió, afirmando su idea–. ¡Cámbiame de una maldita vez! –
–Es cierto, pero disfruto más viendo tu impotencia–Vegeta contempló a Bulma, estaba tumbada y atada–. No empezarán las descargas hasta que dé la orden. –
–¿Qué más quieres que haga? –aquella pregunta suscitó en Cooler un placer que no imaginó. Miró al Príncipe, con el rostro agotado, el cuerpo acongojado y sin saber que más hacer.
–Sino le doy las descargas, cuando la suelte irá a buscarte–Vegeta se masajeó la frente.
–Te dije que la apartaría–Cooler sonrió, se levantó y se acercó a donde estaba Vegeta. Le tomó del mentón y elevó su cabeza, contemplando sus ojos negros sin vida.
–Mírate, Vegeta–el tirano sonreía mientras hablaba con suavidad–, no eres más que un despojo de saiyajin que vale menos que una furcia. ¿Por una mujer? –
Vegeta agarró la muñeca de Cooler, apartando su mano con brusquedad. El tirano amplió su sádica sonrisa como respuesta. Le dio la espalda y avanzó a la mesa metálica debajo de las pantallas. Pulsó uno de los botones y se acercó al comunicador para que su voz se escuchase por el altavoz del laboratorio.
–Cancelad–ordenó con autoridad.
Vegeta observó por las pantallas como obedecían la orden de Cooler. Liberaron a Bulma de las ataduras para dejarla marchar, ésta no dudó en salir corriendo cuando la soltaron. Tenía el rostro repleto de lágrimas e imaginó el miedo que pudo llegar a pasar en ese momento.
–El problema es que cometiste una falta grave y debe ser castigada–Cooler miró de reojo al saiyajin, aún dándole la espalda.
–Te dije que hicieras conmigo lo que quisieras–aquella bestia, alta y fuerte, mostró una sonrisa retorcida.
–Y ya te dije que no hay mejor placer que verte en esa postura de impotencia–aquello sonó como una clara amenaza. Vio a Cooler presionar de nuevo el control entre su mano, haciendo que el segundo monitor se encendiera mostrando otro lugar de la base.
Su expresión de sorpresa pronto se transformo en dolor, poco después fue completamente de ira y odio. Aquella imagen, ubicada en una de las salas de combate, mostraba a su hijo tirado en el suelo, inconsciente, malherido y sangrando. Con él se encontraban cinco soldados que le rodeaban para propinarle patadas mientras se reían de su desgracia. El cuerpo del Príncipe tembló de rabia sin apartar la mirada de su primogénito siendo golpeado brutalmente sin piedad.
–Tu plan nunca fue darle descargas eléctricas a ella–Cooler se dio la vuelta, viendo a un guerrero como nunca antes vio. En él no se mostraba fiereza, sus ojos negros le declaraban la muerte, pero además había un dolor que nacía de la impotencia.
–Si te hubieras puesto altivo sí que hubiera tenido descargas–Cooler volvió a presionar uno de los botones del control, quitando la imagen del laboratorio donde llevaron a Bulma, para mostrarle a su hija en una habitación donde dormía tranquilamente–. Como ves, la niña está bien. –
–El día que te mate lo haré de una manera tan lenta que me suplicarás–el tirano sonrió viendo al Príncipe perdido en la imagen de la pequeña durmiendo–. Porque no lo dudes. Te voy a matar. –
–Ten cuidado, Vegeta–Cooler se puso de nuevo frente al Príncipe, intercambiando la misma mirada de odio–. Hay promesas que no se pueden cumplir. –
Vegeta abandonó la sala donde estaba con Cooler sin recibir ni pedir orden para ello. Estaba rabiando por dentro y lo único que quería era encontrar a su hijo. Al salir al pasillo vio a Raditz esperándole, estaba apoyado en la pared metálica con los brazos cruzados. Éste pudo percibir enseguida en los ojos del Príncipe un fuego que se extendía por todo su cuerpo y que no había posibilidad de que se extinguiera, pero, a pesar que de todo, no quemaba.
–Se llevaron a Bulma–Raditz esperó para informar. Había visto como se llevaron a la fuerza a la humana, pero él no pudo hacer nada cuando le dijeron que era orden de Cooler.
–Era una trampa–gruñó Vegeta, pasando de largo y comenzando a correr por el pasillo. Raditz dudó con la respuesta y, al mismo paso, siguió el camino de su superior–. Han atacado a Trunks. –
Raditz se sorprendió con aquella información. No había visto al muchacho desde hacía horas, pero tampoco pensó que estuviera en peligro. Quería saber lo que había pasado, pero conocía bien a Vegeta, por lo que no preguntó, únicamente siguió sus pasos, que le llevaron hasta la zona de entrenamiento.
Vegeta se metió dentro de una de las salas junto con Raditz. Allí dentro estaba tirado en el suelo el cuerpo inconsciente de Trunks. Su padre avanzó hacia él y se agachó para analizar su estado. Mostraba heridas graves que debían ser cerradas urgentemente, grandes hematomas y completamente ensangrentado. La parte superior del traje de combate estaba roto y su armadura destrozada estaba esparcida por la zona. El Príncipe colocó el brazo izquierdo de su hijo alrededor de su cuello, mientras que su mano la llevó hasta la cintura del adolescente, de esa manera se levantó y pudo alzarle con él. El melenudo se acercó a ellos e, imitando a su superior, le ayudó a cargar al muchacho.
Ambos salieron de la sala para ir hacia la enfermería. Raditz no dejaba de mirar de arriba abajo a Trunks, contemplando todas sus heridas y pensando si también tendría internas.
–¿Qué demonios le ha pasado? –preguntó sin dejar de contemplar su deplorable estado–. Le han destrozado. –
–Cooler–Vegeta le nombró con asco y odio–. Lo de Bulma era una trampa. Iba a por Trunks. –
–Tenemos que matarlo, Vegeta–el nombrado gruñó y luego apretó los dientes–. Alguna manera habrá de…–
–¡Mientras tengan a Bra no! –Raditz silenció al escuchar a Vegeta. Su rabia era latente y estaba mezclada con el dolor y la dura impotencia. Había visto al Príncipe alguna vez de manera extraña, pero jamás así–. Cuando la recupere me encargaré de que se pudran en el infierno. –
El melenudo prefirió no seguir hablando, sólo continuó caminando junto con el Príncipe mientras cargaban con el muchacho. Raditz, en los últimos años, también había evolucionado de tal manera que apenas quedaba algo del saiyajin que vivió en la base de Freezer. En Akrog todo cambió, así que no fue capaz de echarle en cara a Vegeta su debilidad, porque así le veía. Débil y frágil, como no debería serlo.
Se escucharon unos pasos hacia su dirección. Se toparon de frente, a escasos metros de la enfermería, con la muchacha que iba siempre acompañaba a Trunks. Ésta se mostraba fatigada por la carrera hasta que se encontró con ellos, preocupándose de inmediato por el estado del joven..
–¡Trunks! –Aloy se aceró a ellos aturdida y, a la vez, cansada por correr–. ¿Qué pasó? Iba a hablar con él… Bulma me dijo que intentaron hacerla algo en el laboratorio pero… ¿qué le ha pasado? –
–Ahora no–negó Vegeta con frialdad–. Necesita curarse urgentemente. –
Aloy tardó en reaccionar. Tragó saliva, asintió y siguió a los saiyajins hasta dentro de la enfermería. Vegeta se topó de frente con el mismo médico que días atrás se negó a darle un tanque de recuperación a su hijo.
–A la camilla–señaló el médico a la cama metálica pegada a la pared–. Órdenes del Gran Cooler. –
–Las órdenes te las metes por donde te entren–gruñó el Príncipe, acerándose a un tanque e ignorando al médico.
Vegeta se vio sorprendido por Salza, que estaba apoyado en un tanque de recuperación, de brazos cruzados y una sonrisa triunfante. Se apartó de la maquina y dio un paso hacia el grupo, miro de arriba abajo a Trunks y soltó una carcajada que alimentó la rabia del Príncipe. Pronto imagino que el soldado les estaba esperando allí.
–Órdenes son órdenes–informó Salza con burla–. Tu hijo a la camilla. –
–Esa camilla será para ti si no te quitas–amenazó Vegeta, escuchando una nueva risa de parte del soldado azul.
–La camilla o el otro mundo–la amenaza de Salza fue más sádica–. Eso fue lo que dijo el Gran Cooler por si le contradecías. –
–¿Por qué no vas a lamer el culo de tu Gran Cooler? –Salza alzó una ceja divertido ante el atrevimiento de Vegeta. Podía leer en su mirada las ganas que tenía de matar.
–Parece que no quieres entender, Vegeta–el soldado tocó con el dedo la armadura del Príncipe–. Aquí no mandas. En esta base no cabéis tu dignidad y tú juntos. Uno se tiene que marchar, así que deja de comportarte como si tuvieras poder aquí–Salza sonreía al ver la expresión cada vez más rabiosa del saiyajin–. Si tú hijo no va a la camilla, le matarán a él, le darán descargas a tu mujer hasta que huela a barbacoa y tu hija será esclavizada hasta la edad suficiente para ser vendida como puta. Así que te sugiero ser obediente, porque hay seres perturbados por el universo que les gustan las más pequeñas. –
Vegeta soltó a su hijo, haciendo que Raditz cargase con él. El Príncipe agarró del cuello a Salza, le arrastró hasta que chocase contra el tanque de recuperación, haciendo que el cristal se rompiera. Ese soldado había utilizado las palabras necesarias para provocarle, tenía ganas de matarle en ese momento pero todavía estaba cuerdo. El guerrero azul mostró una sonrisa impregnada de burla al ver como el saiyajin había explotado.
–Vegeta–Raditz intentó detenerle mientras sujetaba el cuerpo herido de Trunks–, tendremos tiempo para acabar con él. –
Vegeta no despegaba su sanguinaria mirada del hombre que tenía delante. Odiaba verse tan doblegado, con cadenas invisibles que le tenían muy bien amarrado. Apretó los dientes y mentalmente se dijo que debía ser más listo y menos impulsivo. Finalmente soltó a Salza hacia el otro lado, haciendo que éste retrocediera dos pasos. El saiyajin agarró a su hijo y, muy a su pesar, le colocó con cuidado sobre la camilla. Fue humillante escuchar al médico y al soldado reír mientras abandonaban la sala.
–El maldito médico se marcha–Raditz habló con rabia–. Panda de malnacidos. –
–Yo puedo atenderle–se escuchó la suave voz de Aloy, quien se acercó al muchacho y le retiró los cabellos que tenía pegado a su rostro ensangrentado–. ¿Por qué le atacaron? –
–Eso no importa ahora–habló Vegeta mirando el malherido cuerpo de su hijo, sintiendo el dolor de la culpabilidad en su interior–. Hay que sanarle cuanto antes. –
Ella asintió y fue corriendo a lavarse las manos para desinfectarlas, para después acercarse al cuerpo del joven y curarlo, todo ante la atenta mirada de ambos saiyajins.
Durante ese procedimiento Vegeta no dejaba de pensar en lo que dijo Aloy sobre Bulma. Se sintió idiota porque en algo Cooler tenía razón, no fue disimulado y por culpa de eso la había expuesto nuevamente. Podía alegrarse de que estuviera bien, pero el precio que pagó fue caro. Trunks en una camilla. Por mucho que se cuestionaba que debía hacer o como proceder con la humana no encontraba respuestas. No quería volver a arriesgar a su familia, porque aquel monstruo sólo les dañaría a ellos.
Dos días después
Tarble sobrevolaba el Palacio dorado del planeta Riolhase, bajó la mirada solamente unos segundos para encontrarse con la niña contemplándole. Ella estaba un poco confundida por su comportamiento, ya que, desde hacía días, estaba muy extraño. Él le dedicó una sonrisa para que mantuviera la calma a lo que ella respondió asintiendo. Él le pidió que se quedará allí hasta que un soldado viniera, y utilizara algún truco para entretenerle mientras él llevaba a cabo su investigación.
El saiyajin recordaba los pasillos del Palacio cuando ingresaron para conocer al famoso Lord Krixus y, durante el trayecto, se encontraron con una puerta bien custodiada por cuatro soldados. Podría haber sido la sala del trono, pero esa no era, pues Tarble y Bra se presentaron en ella para conocer al hombre que gobernaba aquel planeta y que no era su Rey, así que aquella habitación protegida debía tener lo que él había venido a buscar. Desde a fuera intentó ubicar la zona hasta que encontró un balcón con las cortinas echadas.
Bajó el vuelo mientras recordaba la puerta custodiada y la ubicación le parecía exacta. Se acercó a la puerta del balcón para abrirla pero ésta estaba cerrada con llave. Ejerció fuerza suficiente para romper el pomo, después de todo era un saiyajin. Abrió la puerta, apartó la cortina e ingresó en un lujoso dormitorio.
Todo tenía un toque brillante de oro y plata, pero podía ver como los símbolos de un sol adornaban las paredes e incluso uno gigante el centro del suelo de madera. Alzó la mirada hacia la amplia cama, allí había un hombre tumbado boca arriba con los ojos cerrados. En ese momento Tarble se fijó en una de las paredes, allí había un cuadro. Podía ver como habían retratado al hombre que estaba tumbado. Una media melena castaña, una barba prominente y una mirada ámbar penetrante. A su lado una mujer hermosa, de largos cabellos plateados y ojos azules, ambos tenían una mano puesta sobre una tercera, a quien el saiyajin reconoció como la Princesa Aloy.
Apartó la mirada del retrato y volvió su atención al hombre que dormía. Se aproximó hacia él y, cada paso que daba, algo le llamó la atención. En el ambiente había un olor que molestaba por lo fuerte que era. Buscó de donde provenía, encontrando la respuesta en la mesita que había al lado de la cama. Una bandeja de plata con un vaso medio lleno de un líquido verdoso, color conseguido por culpa de una larga planta sin flor que estaba a su lado. Tarble la agarró para aspirar su aroma, en ese momento sintió un punzante mareo.
Volvió a dejar aquella planta donde estaba. Miró el contenido del vaso que aún emanaba un leve vapor. Agua caliente mezclada como si fuera una infusión. En el borde del cristal la marca de unos labios y fue suficiente para saber lo que ocurría.
Llevó su mano hacia el cuello del hombre tumbado para poder sentir su pulso, éste aún tenía pero era bastante leve. Quitó la mano y se aproximó hasta la altura de su oído para poder hablarle.
–Mi Rey–habló con claridad pero con un tono bajo, para que los guardias no pudieran oírle–, le están envenenando con una planta. Sé que puede oírme o, al menos, debería hacerlo. –
Tarble miró el cuerpo del monarca para ver si se movía como alguna reacción, pero no se inmutó.
–Su hija está en la base de Cooler. Ella no está muerta–Tarble metió su mano dentro de su armadura, sacó un pequeño papel y lo colocó debajo de la almohada del Rey–. Sé que me oye. No beba nada de lo que le traigan o morirá de un momento a otro. –
La puerta de la habitación se abrió de golpe, haciendo que Tarble retrocediera. Aparecieron cuatro soldados con armadura dorada mientras un quinto hombre se aproximaba. El saiyajin reconoció a Lord Krixus, un tipo con un color de piel muy pálido, con el cabello largo grisáceo peinado hacia atrás y con unos ojos verdes oscuros, maquillados con una sombra negra. Llevaba una túnica azul oscura que llegaba hasta el suelo, con unas mangas anchas, que parecían una cuando él juntaba sus manos a la altura del pecho.
Tarble tragó saliva, pero no apartó su mirada desafiante. Sabía que lo que acababa de hacer le costaría caro, no con el hombre que tenía delante, sino con el mismo Rey Cold.
Trunks estuvo un día inconsciente y el siguiente lo paso casi todo el tiempo dormido por culpa de somníferos. Por el momento llevaba solo media hora despierto, sentado sobre aquella incómoda camilla, con una bandeja repleta de comida entre las piernas. Allí se encontraban Bulma y Aloy, su madre examinaba sus heridas visibles y aprovechaba para cambiar sus vendajes, mientras que la muchacha estaba apoyada a su lado observando como comía con la mirada perdida en algún punto de la enfermería.
–Vas a tardar en recuperarte si sigues en esta camilla–dijo Bulma observando una de las heridas cosidas en su brazo derecho–. Y te quedarán más marcas. –
–Estoy bien–dijo Trunks mientras agarraba un trozo de fruta de la bandeja–. ¿Cuándo podré salir de la enfermería? –
–Podrías irte a tu habitación si prometes reposar–Bulma se puso delante de él, con los brazos cruzados casi adoptando su postura de madre que él bien conocía–, pero algo me dice que no cumplirías. –
–Tengo que entrenar–Bulma rodó los ojos, se dio la vuelta y fue a lavarse las manos.
–Deberías hacer caso–Trunks miró a Aloy que se mostraba preocupada. Agarraba el collar que él le regaló mientras con la otra mano se echaba mechones rubios detrás de su oreja–. Fueron muy brutos contigo. –
–He dicho que estoy bien–Trunks dejó la bandeja sobre la camilla y se levantó–. Enfermaré mucho más si sigo en este lugar. –
–La rabia nunca fue una buena medicina–Bulma se volvió a acercar a ellos, con la mirada severa y la voz firme–. Eres inteligente, Trunks. No te comportes como esos idiotas que sólo piensan en peleas. –
Trunks desvió la mirada. No podía evitar sentir vergüenza tras la brutal paliza. Recordaba como le habían sacado de su dormitorio y le habían llevado arrastras a una sala de entrenamiento. Haciendo un circulo empezaron a empujarle, después a darle puñetazos hasta que cayera al suelo. En ese momento comenzaron las patadas, alguno incluso le lanzaba rayos de ki. Aunque se defendió y pudo golpear a alguno, acabó perdiendo. Cooler mandó a los mejores soldados para darle una paliza que no olvidaría.
–Por una vez estoy de acuerdo en que ser impulsivo no ayuda–Trunks alzó la mirada hacia la puerta, encontrándose con su padre. Inevitablemente observó a su madre, quien no pudo evitar una sonrisa al verle.
Vegeta se acercó a donde estaba su hijo, ignorando a las dos mujeres que allí se encontraban. Podía notar la mirada de Bulma sobre él. No se habían visto desde que Cooler requirió de su presencia y solo sabía de ella por la información que daba Aloy. Sabía que a penas dormía por las noches, pensando que volverían a por ella.
–¿Cómo van tus heridas? –Vegeta se puso delante de su hijo, que se incomodó ante el comportamiento de su padre con su madre.
–Se curan con lentitud–contestó su hijo mientras Vegeta le examinaba–. Padre, no podemos consentir que Cooler siga humillándonos de esta manera y…–
–Te he preguntado por tus heridas. No te he pedido opinión de nada–cortó de manera tajante el Príncipe, acallando al muchacho que asintió pesadamente.
Bulma frunció el ceño ante el comportamiento del saiyajin. Ella no se preocupó de que Vegeta no hubiera ido a buscarla para saber como estaba tras aquel horrible momento que vivió, porque entendía que estuviera preocupado por el estado de su hijo, pero ahora notaba algo diferente. Podía sentir su ignorancia, como si en aquella sala sólo estuviera él con Trunks.
–¿Puedo hablar contigo, Vegeta? –el Príncipe no la miró, simplemente negó con la cabeza–. No lo entiendes. Tenemos que hablar–el saiyajin gruñó y alzó sus ojos negros hacia ella, encontrándola enfadada–. Ahora. –
Trunks sintió un pinchazo que le hizo sentir más incómodo. Se levantó de la camilla y con un leve gesto de cabeza pidió a Aloy que le siguiera. La muchacha, tan tensa como el medio saiyajin, le siguió hasta la salida, dejando a Vegeta y a Bulma solos.
–¿Por qué le hablas así? –Vegeta volvió a apartar su mirada mientras ella hablaba con rabia–. Lo está pasando mal, no necesita de tus sermones. –
–Menos de tus atenciones–Vegeta la enfrentó, encontrándola desencajada. Pronto sintió haber dicho aquellas palabras–. Soy su padre y le educo a mi manera, no te metas en ello. –
A Bulma le costó tiempo reaccionar ante su voz fría y sus palabras distantes. Si quería dañarla lo estaba consiguiendo.
–¿Se puede saber que te pasa? –Bulma finalmente reaccionó al comportamiento del Príncipe.
–Quiero que te apartes de mi hijo–los ojos azules de Bulma se agrandaron ante sus palabras–. No necesita tu compasión. –
–¿Qué? –la humana aún intentaba asimilar las palabras del Príncipe y la frialdad de su tono y postura–. Me preocupo por tu hijo porque me importa, no por compasión. ¿Qué demonios te ocurre? –
–A mi hijo le han dado una paliza y mi hija está en peligro–Vegeta dio un paso hacia delante de una manera que asustó a Bulma. Podía notar en sus ojos un fuego violento que la estaba quemando dolorosamente–. No te acerques a él y no te acerques a mí. No nos distraigas más. –
–Fuiste tú el que me buscaste a mí–los ojos de Bulma comenzaron a humedecerse.
–No tenía dinero para pagar a una furcia y tú me salías barata–Vegeta vio venir el bofetón incluso antes de terminar la frase. Sonó pero no dolió físicamente, al menos no a él. A ella le tembló la mano, pero supo que no era tanto el dolor como el que debía sentir dentro.
Bulma intentó empujarle con la intención de apartarle y salir de allí, pero no pudo moverle. Le dedicó una última mirada de rabia con sus ojos llorosos antes de marcharse y dejarle allí en la enfermería. Notaba como su interior se iba rompiendo poco a poco mientras las palabras del Príncipe se repetían en un bucle que no podía frenarse.
El llanto de Bra era desesperado cuando Krixus la agarra con fuerza por el brazo. Él la arrastró hasta la sala del trono, un lugar blanco, con las columnas y el suelo de mármol. Aquel lugar podía emanar paz, pero esa sensación se rompía con la imagen de Tarble tirado sobre la dorada alfombra que atravesaba la mitad de la habitación y que ascendía por los cinco escalones que llegaban al trono de oro, cuyo respaldo era un medio sol con rayos y en el que se había sentado el Lord mientras sostenía a la pequeña.
La sangre de Tarble manchaba aquella costosa alfombra. El culpable era el gran soldado oculto tras la armadura dorada que no dejaba de propinarle patadas y, a ratos, le aplastaba con su enorme pie el pecho. El saiyajin escupía la sangre mientras gemía de dolor por cada golpe que recibía.
–Por última vez–dijo Krixus con voz potente–, ¿qué hacías en la habitación del Rey? –
–Fue una… confusión–Krixus frunció el ceño, no contento con aquella contestación.
–¡Suéltale! –Bra intentó zafarse del hombre, cuyo aspecto le infundía un gran miedo. Krixus apretó su brazo y ella gritó de dolor–¡Monstruo! ¡Monstruo! –
–Tienes suerte de que no me pueda divertir contigo como lo hago con él–Krixus se levantó del trono, arrastrando a Bra con él. Con un leve gesto de mano, pidió al soldado que cesara con los golpes y se apartase del magullado cuerpo de Tarble. Sin ningún tipo de cuidado, lanzó con brusquedad a la niña, haciendo que cayera al suelo justo al lado del saiyajin–. Informaré al Gran Rey Cold de esto. –
Bra se dio la vuelta para ver a Tarble. Se puso de rodillas ante el hombre tirado en el suelo, acarició su rostro mientras las lágrimas se escapaban.
–¡Largo de mi Palacio! –Krixus volvió a dar orden al soldado, esta vez para que los expulsara–. Estarás muerto en cuanto llegues a su base, mono. –
Tarble miró con rabia al Lord. Ese insulto hacía referencia a la raza a la que pertenecía, aquella que el Rey Cold jamás le informó.
Aloy tocó en la puerta de la habitación donde dormían Bulma y Chi Chi. Escuchó la voz de la morena invitándola a entrar dentro y así lo hizo. La joven se encontró con una imagen que dolía ver. La peliazul estaba sentada en la cama de su compañera de habitación con ella al lado, quien la estaba abrazando y consolando mientras lloraba incesantemente.
La rubia cerró la puerta, se sentó en la cama de Bulma y la contempló. La vio completamente rota, no sabía que pudo haberle dicho el Príncipe pero podía notar su dolor y era muy grande.
–Ya le dije que no podía fiarse de los hombres de esta base–dijo Chi Chi mirando a Aloy mientras acariciaba el azulado cabello de Bulma, quien humedecía su hombro con las lágrimas.
–¿Qué ocurrió? –preguntó la menor sin dejar de mirar a Bulma.
–Que sólo quería divertirse–aquella frase que soltó Chi Chi hizo que el dolor en Bulma se avivase–. A penas le conocía y está así. No sé qué más hacer. –
–Hay gente que vive algunas cosas con mayor intensidad–Aloy se levantó de la cama y se puso delante de ella, se agachó y apartó mechones que tapaban su enrojecido rostro. Vio como las lágrimas emanaban sin censar–. Esto parecía especial. –
–¡Me creí todas sus jodidas palabras, Aloy! –el tono de Bulma era ronco a causa de su estado. Hablaba con dolor y rabia, sentía que toda su ira salía de las entrañas–. Ni si quiera se preocupó por mí ni por lo que me ocurrió. –
–Entiendo que ahora mismo estés dolida, pero necesitas descansar, Bulma–Aloy tragó saliva mientras miraba sus ojos azules, los cuales mostraban desesperación–. Por favor, vete a dormir. –
–¡No puedo! –Bulma se apartó bruscamente de los brazos de Chi Chi y de golpe se levantó de la cama mientras la rabia la cegaba–. ¡Llevo dos días sin poder dormir! ¡Primero me agarran unos soldados, me llevan a una sala en el que intentaron hacerme algo hasta que esa rata de Cooler anula la orden! ¡Luego lo de Trunks! ¡Y ahora éste idiota me trata así! –
Aloy y Chi Chi veían como se consumía en su dolor. Los ojos los tenía hinchados, las mejillas enrojecidas y los labios no dejaban de temblarle. Se sentó sobre su cama, con los brazos en las rodillas y la cabeza agachada siguió llorando. Lloró durante unos minutos hasta que de pronto su llanto empezó a disminuir. La rubia miró extrañada cuando Bulma alzó la cabeza con el ceño fruncido.
–Cooler anuló la orden–repitió Bulma–. Anuló una orden que dio a la vez que Trunks recibía una paliza. –
Chi Chi y Aloy se miraron mientras Bulma hablaba, más para si misma que para ellas.
–Cooler llamó a Vegeta para que fuera a verle y a los dos minutos entraron dos soldados y me arrastraron al laboratorio–Bulma apartó un par de mechones de su cabello hacia atrás como un gesto de nerviosismo–. Estaban esperando a recibir órdenes de Cooler para que me hicieran algo pero su voz se escuchó por un altavoz, cancelando aquel mandato, pero Trunks terminó en enfermería, en una camilla, porque ese lagarto quería hacer sufrir a Vegeta. –
–Bulma…–la mujer se puso en pie mientras Aloy intentaba calmarla. –
–¡Fue Cooler el que le dijo a Vegeta que se alejara de mí! –Aloy agarró por los brazos a Bulma para que la mirase a los ojos y así intentar calmar su evidente estado de nervios–. Tengo que ponerme a investigar. –
–¡Puede ser peligroso, Bulma! –Aloy intentó calmar a la mujer. No sabía si era buena idea que se pusiera a investigar, ya que si la descubrían podría costarle caro.
–Voy a ir a hablar con Vegeta–Bulma se apartó pero Aloy fue más rápida. Se colocó en la puerta para impedir que la humana la atravesase.
–Por favor, Bulma, no hagas nada que pueda ponerte en peligro–la joven intentó hacerla recapacitar, pero sólo consiguió una mirada suspicaz de la humana.
–Tú sabes algo–dijo a la vez que la señalaba, haciendo que la angustia la ganase–. ¿Trunks te contó algo? –
Aloy negó con la cabeza mientras se mantenía aún en la puerta. Bulma podía leer en sus ojos la angustia y eso sirvió para que sus sospechas fueran ciertas.
–¿Qué sabes? –Bulma se acercó amenazante a la joven que estaba visiblemente nerviosa–. Aloy, si sabes algo deberías decírmelo. Somos amigas y nos debemos ayudar. –
–Porque soy tu amiga te pido que dejes de exponerte a cosas que te pueden dañar–Aloy tragó saliva antes de seguir hablando–. Si quieres hablar con Vegeta yo le haré llegar tu mensaje. –
–¿Cooler me utiliza contra Vegeta? –Bulma intentaba adivinar lo que ocurría mientras la desesperación se visibilizaba en el rostro de la adolescente con cada frase de la humana–. Las piezas encajan. Si no me lo dices tú, lo descubriré por mi propio medio. –
Bulma miró a los ojos de la adolescente. En ella vio un dolor y una preocupación con la que pronto empatizó, era como si hubiera sentido algo así alguna vez.
–Sufres amnesia, Bulma–contestó ALoy–. Trunks dice que si te damos cierta información podrías entrar en estado de shock. –
–Me da igual–Bulma no pudo evitar sonreír. Apartó la mirada de Aloy y se retiró de donde estaba para volver a tomar sitio en su cama.
Las dos mujeres vieron a Bulma mirar a algún punto en el suelo. Allí ella estaba concentrada pensando en miles de hipótesis que necesitaban ser resueltas. Volvió a alzar la mirada, primero se encontró con la de Chi Chi, quien sonreía con tristeza, luego buscó la de Aloy. La adolescente sintió la súplica en su mirada, suspiró pesadamente y le dedicó una leve sonrisa a la científica.
–Trunks es tu hijo–confirmó la muchacha.
Bulma se llevó una mano a la boca, pero no pudo reprimir el sonido desgarrador que salió de ella. Su corazón latió fuerte, haciendo que su pecho subiera y bajara descontroladamente. El aire pareció faltarle y en cuestión de segundos una lágrima emanó de su ojo derecho.
–Bra es tu hija–Bulma apartó la mano con la que cubría su boca. Su cuerpo comenzó a temblar y sólo fue capaz de morderse el labio por los nervios–. Eso significa que tu marido es Vegeta. –
El llanto la ganó y las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro. Bulma se tapó la cara con las manos mientras Chi Chi y Aloy la miraban. La mayor miró a la adolescente con reprimenda mientras que ella demostraba arrepentimiento. No sabía que hacer y ante el miedo de que la humana se expusiera a investigar, cedió. Vieron a la científica apartar las manos, dejando que la vieran. Estaba destrozada pero había algo diferente. Una leve sonrisa que no esperaban ver en ese momento en ella.
Bulma hizo contacto visual con Aloy, esperando porque le dijera todo lo que debía saber. La muchacha dudó, pero sabía que ya no valía la pena seguir silenciando más cuando lo importante ya había salido a la luz.
–Vegeta prometió a Cooler que se alejaría de ti y que haría que tú te alejases de él, así estarías a salvo–Bulma asintió mientras escuchaba a Aloy–. Él quería decirte la verdad, pero en cierto modo tu amnesia servía también para que no sufrieras por Trunks y Bra. –
–Quiero verle–demandó la científica.
–Bulma, ahora que sabes la verdad no puedes precipitarte–Bulma suspiró pesadamente–. Tenéis que hacer las cosas bien. –
Bulma cerró los ojos y esperó que, con la información reciente, pudiera recordar algo, pero desgraciadamente no fue así. Sólo escuchó la voz de Aloy y recordó las palabras de Vegeta.
–Tienes razón–Bulma abrió los ojos y se quitó las lágrimas–. Recuperaré mi memoria, a mi familia y haré todo lo posible para ver muerto a Cooler. –
¡Hasta aquí el capítulo! Espero que os haya gustado y perdón por la interrupción de Raditz, pero no le odiéis a él porque es culpa de Cooler xD (mía no, por supuesto).
Gracias por haber leído y haber dejado review! Seguid haciéndolo y no os desconectéis ;)
