¡Capítulo 11! Espero que os guste es capítulo, que os aviso está lleno de sentimientos.

Personajes de Akira Toriyama!


Capítulo 11. Carta del pasado.

Cooler, con una sonrisa maquiavélica adornando su sádico rostro, observaba de arriba abajo al primogénito de Vegeta, que se presentó en compañía de Salza. El muchacho tenía su mirada azul clavada en el tirano, pero apenas le mostraba atención. Los ojos sanguinarios de aquella bestia eran un punto para que sus pensamientos le llevasen al reciente acontecimiento, motivo que le había llevado a estar allí.

Nunca había imaginado que quitarle la vida a alguien podía ser tan sencillo y aterrador a la vez. A pesar de que había luchado contra Broly, y que éste no se lo había puesto fácil, había terminado con su existencia dejándole sin aire. Aún podía sentir el peso de aquel saiyajin sobre el suyo cuando soltó su último aliento. A pesar de sentir alivio por una parte, sabiendo que aquel hombre no volvería a hacerle daño a Aloy, se encontraba en un estado de shock del que no era capaz de recomponerse.

Sus manos le temblaban, su cuerpo se encontraba frío y pálido, con el rostro ensangrentado y el traje de combate destrozado. Marcas de su lucha que le desestabilizaban y le hacía recordar una y otra vez el momento en el que le arrebataba la vida a Broly.

Cooler degustaba aquella imagen mientras escuchaba a su soldado informándole de la situación. Él respondía con una carcajada siniestra a cada frase que Salza iba pronunciando. Trunks, contemplaba aquella escena como si no fuera con él. La realidad era que no temía al tirano, a sabiendas de que le castigaría por el asesinato de Broly. No sabía cuáles serían los métodos que utilizaría, porque ya intuía la tortura, pero no como sería ésta.

–Salza–Cooler nombró a su soldado en cuanto éste dejó de hablar–, hiciste un buen trabajo trayendo al muchacho aquí. Ahora te pido que nos dejes a solas para conversar. –

–Como ordene, Gran Cooler–Salza hizo una reverencia–. ¿Qué haremos con el cuerpo de Broly? –

–Tíralo al vertedero–contestó con desgana el lagarto–. Lo que más te plazca. –

Salza sonrió con malicia antes de salir de la sala, no sin antes pasar al lado de Trunks para dedicarle una sonrisa aún más retorcida que el muchacho ignoró. Éste se estaba preparando para un castigo que no temía, pues más le pesaba el dolor de matar, que de sufrir la ira de Cooler.

Cuando se cerraron las puertas y se encontraban únicamente el tirano y el medio saiyajin en aquella sala, el primero colocó sus manos a su espalda a la vez que mostraba sus dientes en una sonrisa que no intimidó al adolescente.

–Así que… mataste a Broly ¿eh? –Trunks ni afirmó ni desmintió nada, simplemente se dedicó a seguirle con la mirada mientras escuchaba su tono sarcástico–. Reconozco que me encuentro sorprendido. No tenía grandes expectativas contigo, muchacho. –

Cooler se acercó a Trunks y empezó a andar a su alrededor, como una bestia que estaba acechando a su presa. El adolescente podía escuchar los pasos que sonaban con lentitud, y como su cola golpeaba contra el suelo metálico para crear más tensión.

–Broly era uno de mis mejores soldados y ha sido una gran pérdida–le escuchó parar a su espalda en cuanto terminó aquella frase. Trunks se mantuvo alerta, mirando por el rabillo del ojo al tirano que aún estaba con los brazos detrás de la espalda y aquel tono sarcástico que le molestaba–. Soy consciente de que no todos los que vivís en esta base os podéis llevar bien y que para mantener vuestra hombría os peleáis entre vosotros–Cooler soltó una sonrisa burlona–. Pero aquí hay reglas y un límite. Matar a uno de mis hombres se tiene que pagar con la misma moneda. –

El tirano volvió a emprender aquel camino alrededor del joven, esta vez para detenerse justo delante de él. Ambos se miraron a los ojos y pudieron estudiarse el uno al otro. Cooler leía en los del medio saiyajin una rabia que iba disminuyendo, mientras que el joven podía sentir como la sangre se teñía en su mirada asesina.

–Para tu suerte, no lo haré–Trunks abrió los ojos ante la sorpresa. Esperaba recibir un golpe que le hiciera caer al suelo–. Broly siempre fue una amenaza para mí y no podía matarle. Los malditos saiyajins se hubieran rebelado contra mí y yo no podría prescindir de ellos–Cooler dio un paso hacia atrás para crear mayor distancia entre ellos–. No digo que sean mi mejor escuadrón, pero son de los más eficientes y encontrar otro así sería difícil. ¿Comprendes? –

–¿Me estás felicitando? –Cooler hizo una mueca que podía parecer un gesto afirmativo.

–Sé que los saiyajins quieren matarme y para ello necesitaban quitarle el chip a Broly–Trunks siguió escuchando la explicación del tirano. Estaba sorprendido, porque él sabía de los planes que tenía el escuadrón y no hizo nada para remediarlo–. Que le hayas matado tú es un peso que me quitas a mí. Así que, como agradecimiento, no te castigaré por tu insolencia. –

–No quiero tus agradecimientos–Cooler borró su sonrisa ante la abrupta respuesta–. Acabo de matar a un hombre y eso no remediará nada. Puede que tú seas un cínico, pero yo no soy igual. –

Cooler miró de arriba abajo al muchacho, casi con desprecio, pero después soltó una risa sarcástica y volvió a mirarle a los ojos.

–¿Enserio que nada calmará tu conciencia? –Cooler giró la cabeza, mirando atrás suyo, justo donde había una gran pantalla–. ¿Qué pasaría si te dijera que, como agradecimiento, puedes hablar con tu dulce hermanita? –

Volvió la vista enfrente y contempló la reacción de sorpresa de Trunks. Se deleitó con ella y con el dolor interior, supuso, que sintió con aquellas palabras. El lagarto se acercó a una mesa, tomó un scouter y se lo colocó. Mediante él, se comunicó con alguien a quien ordenó que preparase a la pequeña para realizar una videollamada. Todo lo que hacía era bajo la mirada del adolescente, quien había transformado su expresión, casi olvidando por completo lo acontecido con Broly. Su rostro pareció iluminarse, sin siquiera replantearse la idea de que fuera un burda mentira de Cooler.

Con el antebrazo intentó lavarse la cara ensuciada de sangre, pero apenas sirvió. Su rostro aún seguía ensuciado y algunas heridas ya habían secado el líquido. Echó hacia atrás su cabello y contempló al tirano que se acercaba a donde estaba la pantalla y poder prenderla. Observó, con sus bellos y brillantes ojos azules, lo que mostraba aquel televisor. Vio al Rey Cold imponente, sentado en un trono con el codo apoyándose en su rodilla y su cabeza sobre la palma de su enorme mano, y de pie, junto a tal monstruo, la pequeña Bra con la cabeza agachada.

Su corazón latió fuertemente al ver a la pequeña en la pantalla. La vio con un vestido amarillo de mangas largas y con unos zapatos que combinaban con el color de la prenda. Su cabello azul estaba suelo, cayendo por su espalda. Trunks quería pensar que la estaban tratando bien y que no le hicieron ningún daño.

–Bra–Trunks anduvo hasta estar más cerca del televisor. En su interior sentía un calor que le invadía y no pudo reprimir cuando una lágrima escapó de su ojo izquierdo. La pequeña, al escuchar su nombre, alzó la cabeza y se encontró con su hermano, quien mostraba las heridas de la reciente pelea con Broly.

–¡Trunks! –la niña se acercó corriendo hasta la pantalla y puso sus manitas sobre esta, como si así pudiera tocar a su hermano–. ¡Trunks! ¿Qué te ha pasado? ¿Dónde estás? ¿Cuándo vas a venir a por mí? –

La niña había entrado en una estado de nervios al ver a su hermano y en las condiciones en las que se mostraba. Comenzó a llorar mientras preguntaba una y otra vez que le había ocurrido y cuando volvería a verle, algo que le dolía en el alma al mayor. Trunks, imitando la acción de Bra, puso su mano sobre la pantalla, manchándola con las manos ensuciadas de sangre.

–Dime que estás bien, Bra–la niña contempló el rostro de su hermano. Estaba manchado de sangre y solo las lágrimas le limpiaban. Nunca antes le vio así y eso la tenía aterrorizada–. Dime que no te han hecho nada. –

–No me han hecho nada como a ti–Bra hablaba mientras su labio inferior titiritaba–. Quiero que vengáis, Trunks. Por favor, quiero que vengáis. –

–Te lo prometo–Trunks emitió una sonrisa triste mientras contemplaba los grandes ojos de su hermana. Por primera vez los veía apagados, como si le hubieran quitado la vida que daban sólo con mirarlos.

Bra levantó la mirada detrás de su hermano y se encontró con Cooler. El tirano contemplaba la escena con emoción y ella lo percibió en su retorcida sonrisa y sus sanguinarios ojos. Tragó saliva y, con las mangas de su vestido, se limpió las lágrimas.

–Que no nos vean débiles los monstruos, Trunks–su hermano miró preocupado a su hermana que frunció el ceño–. Como dice papá, somos saiyajins y no tenemos miedo a nada. –

Trunks se perdía en aquella mirada colérica y desafiante de su hermana. Quería contestarle, pero Cooler se adelantó y cortó la comunicación. El muchacho pegó su frente al televisor ahora apagado y, haciendo caso de las palabras de Bra, se quitó las lágrimas.

–Una familia que no dejará de sorprenderme–Cooler siguió hablando, sin una pizca de molestia a pesar de las palabras de la niña–. Márchate. –

Trunks se apartó del televisor, alzó su cabeza y contempló a Cooler sin camuflar su desprecio. Le dio la espalda y se fue hacia la puerta, para salir de aquella sala mientras en su cabeza escuchaba la infantil voz de su hermana. Ahora más que nunca quería luchar contra aquellos tiranos y salvar a su familia de sus afiladas garras.


Vegeta se encontraba en la enfermería, andando de un lado hacia otro mientras Raditz le contemplaba desde la pared, apoyado y con los brazos cruzados. Según el Príncipe, Trunks volvería allí y en peores condiciones que la última vez, porque confiaba en que Cooler no le mataría, sino tendría los minutos contados. Bulma, por su parte, estaba apoyada en la camilla donde aún descansaba Aloy. Su mano estaba colocada sobre el cabello rubio de la muchacha, acariciándolo de manera protectora, mientras su mirada se clavaba en el suelo. Tenía miedo de lo que le podía ocurrir a su hijo, quería ir a buscar al tirano y recriminarle, pero sabía que no conseguiría nada con eso, al menos no ella.

El Príncipe no dejaba de recordar la escena de su hijo transformado en Super Saiyajin 2, y como consiguió matar a Broly en pocos segundos gracias al considerable aumento de su ki. Lo que más rabia le daba era que solo había pagado uno y que Turles seguía libre y sin recibir castigo, pero no pensaba dejarlo pasar. Tenía claro que le pagaría cada cosa que hizo contra su familia, y el precio sería muy elevado.

–Se acabó–Bulma y Raditz miraron al Príncipe que detuvo su andar–. No aguanto ni un minuto más aquí. Voy a por Trunks. –

Vegeta ya no podía controlar más su ira. La rabia le estaba cegando y no podía estar paseándose de un lado hacia otro mientras Trunks era castigado, víctima de la trampa de Turles. Decidido, se encaminó hacia la salida, pero Raditz se interpuso. La mirada del Príncipe era amenazante y pensó que era suficiente para que el melenudo entendiera la orden, pero éste no se movió.

–No quiero gastar parte de mi tiempo y de mi fuerza en apartarte, Raditz–el tono rabioso del Príncipe conseguía asustar al saiyajin, pero no se movió–. O te quitas por las buenas o te mato aquí y ahora. –

–No le va a matar–Raditz intentó que Vegeta recapacitara, entendía que sintiera tanta rabia que llegase a cegar su cordura, pero debía ayudarle a entender antes de cometer una locura–. Podría ser peor si te plantas ante Cooler. –

Vegeta le agarró por la armadura sin medir su fuerza al hacerlo. Le acercó a él y le contempló con una mirada asesina. En ese momento no podía razonar, lo único que quería era proteger a los suyos y uno estaba en peligro. Ya poco le importaba si Cooler le veía vulnerable, no podía permitir que hiriese de nuevo a su primogénito.

–¡Trunks! –Vegeta escuchó la voz de Bulma. Se giró para verla y la encontró corriendo hacia la dirección de la salida. Apartó a Raditz y se encontró a su hijo tal y como le vio cuando se fue detrás de Salza.

Bulma abrazó a Trunks con todas sus fuerzas y él rodeó su cintura, aproximándola a él. Sintió a su madre llorar en su hombro hasta llegar a humedecerle con las lágrimas. Él acarició su cabello mientras la abrazaba y escuchaba sollozar.

–Me tenías preocupada–Bulma se apartó para mirarle a los ojos. Llevó sus manos hacia el rostro de su hijo y lo acarició, sin importarle la sangre que había cubierto su piel–. ¿Qué te hizo? –

–Nada–contestó con una sonrisa para tranquilizarla.

Vegeta se acercó hasta su hijo, mientras analizaba su estado detenidamente. Alzó una ceja y le miró a los ojos, haciendo que el adolescente intercambiase la mirada con él. Su padre no comprendía lo que estaba ocurriendo, pero la sonrisa del muchacho era serena.

–¿Cómo que no te hizo nada? –Vegeta se aproximó hacia donde estaba Trunks con su madre.

Agarró a su hijo por el hombro y le analizó más detenidamente de arriba abajo. Como comprobó la primera vez, las heridas fueron de la pelea contra Broly. La ropa estaba igual que cuando abandonó el comedor. Le miró a los ojos y ahí vio la diferencia. Detrás de una cortina de humo que eran sus ojos azules, se escondía la sombra del llanto. Observó sus mejillas, un río de lágrimas había limpiado parte de la sangre que había ensuciado su rostro. No necesito más pruebas para saber que su hijo había llorado, sólo necesitó saber si fue antes, durante o después del encuentro con Cooler.

–Al parecer Cooler llevaba tiempo planeando la muerte de Broly porque sabía que el escuadrón quería utilizarlo como arma contra él–Vegeta se separó mientras Bulma se quitaba las lágrimas y contemplaba a su hijo hablar–. No lo hizo porque tendrían un motivo para que le atacaran directamente. –

–Y los saiyajins no serían los únicos en atacarle–mencionó Raditz con una sonrisa al ver que el muchacho estaba bien–. Broly se llevaba con más soldados y Turles tiene labia para convencer a otros en su lucha. –

Trunks asintió, confirmando la teoría de Raditz. Apartó la mirada y se encontró con su padre, analizándolo todavía. Sabía que había descubierto lo que le ocurrió, a lo que le dedicó una sonrisa que desconcertó a Vegeta.

–He visto a Bra–con aquellas palabras, Trunks apreció el dolor en los ojos de su padre. Parecían temblar al escuchar el nombre de su hija pequeña–. He podido hablar con ella. –

El muchacho bajó la mirada al ver como su padre cerraba sus puños con fuerza. Estos temblaban y poco a poco se contagiaba todo su cuerpo. Si le preguntasen, diría que jamás vio al Príncipe Vegeta como en aquel momento.

–No le han hecho nada, pero tiene miedo y quiere que vayamos a por ella–volvió a mirarle a los ojos y sintió una punzada al ver los negros de su padre, como se volvían rojos con la intención de llorar en algún momento, algo que le parecía imposible–. Me dijo que no debían vernos débiles los monstruos y, que como siempre nos dices, somos saiyajins y no tenemos miedo de nada. –

Raditz sonrió al escuchar las palabras, porque eran muy típicas del Príncipe y no le era extraño que la niña las repitiera. Bulma acarició el brazo de Trunks, quien había pronunciado aquellas frases con gran orgullo, mientras que, Vegeta, sentía que le faltaba el aire.

Abandonó la enfermería sin decir absolutamente nada, llamando la atención de los allí presentes por su abrupta reacción. Trunks no comprendió, por lo que se dispuso a marchas tras él, pero alguien le agarró del brazo impidiendo que le siguiera. Se giró y vio a su madre con una sonrisa triste y una mirada apagada.

–Voy yo–habló con un tono suave y dulce. Trunks no estaba seguro, pero asintió y aceptó.

Bulma, antes de marcharse, acarició el rostro de su hijo con cariño. Esperaba ansiosa a que sus recuerdos con él volvieran a su cabeza, a pesar de que sabía que sus sentimientos eran los mismos que los de aquella Bulma antes de la amnesia.

Salió de la enfermería y, corriendo, anduvo por los pasillos hasta la zona que habitaban los saiyajins. Sabía que estaba en su habitación e imaginaba que quería estar en soledad, pero Bra era también su hija y aquel dolor lo debían compartir ambos.


Bulma recordaba a la perfección el código que abría la puerta de la habitación de Vegeta. Lo introdujo en el panel y, acto seguido, ya tenía acceso al dormitorio. Cuando entró se topó con una imagen inusual y que jamás pensó que vería. Se llevó la mano a la boca, sintió su corazón estrujarse y sus lágrimas nacieron al instante.

El Príncipe Vegeta, Príncipe de los saiyajins, una raza temida y de piedra, estaba sentado sobre su cama, con los codos apoyados sobre sus rodillas, las manos cubriendo su rostro mientras las lágrimas recorrían lo poco que se veía de sus mejillas. Aquel llanto sonaba roto y repleto de un dolor que se contagiaba por la rabia y la pena que lo habían creado.

Vio su cuerpo temblar, le escuchaba gruñir de rabia y llorar de dolor. Él sabía que Bulma estaba allí, pero le daba exactamente igual. Por una vez lloraba y no se sentía débil por ello, sólo por no poder hacer nada. Añoraba su vida antes de que Cooler apareciera. Quería estar con su esposa cuando ésta le recordaba, quería poder sentirse orgulloso porque su hijo había alcanzado un nivel de Super Saiyajin superior, pero no cuándo él estaba destrozado. Además de todo aquello, quería estar con su hija. Ella era la única que podía abrazarle en público y no recriminarle por hacerlo. Era quien con sus sonrisas le devolvía a los brazos de su madre cuando era un niño. Saber que sufría era el mayor de sus castigos.

La humana se quitó las lágrimas, tragó saliva, sintiendo un fuerte nudo en su garganta, tomó aire y se acercó a él. Se sentó a su lado y colocó su mano sobre su espalda mientras le escuchaba sollozar.

–No estás solo, Vegeta–habló ella con el corazón roto mientras acariciaba su espalda–. Ella está bien. Es orgullosa y fuerte, como tú. –

Vegeta se reincorporó un poco, quitó sus lágrimas y miró a la mujer que tenía a su lado. Solo en esos momentos se alegraba de que ella no recordase nada, porque le remataría verla sufrir también a ella. Cooler sabía bien como jugar con él, incluso demostró hacerlo mejor que su hermano.

–Ella estará bien cuando esté de nuevo bajó mi protección–habló él con la voz destrozada, donde quedaban las huellas de su llanto–. Tengo que saber dónde está. Donde la tienen e ir a buscarla. Ella se lo ha pedido a su hermano. –

–Yo la voy a encontrar–Vegeta contempló a la humana que hablaba con seguridad–. Estoy segura de que en algún archivo deben de estar guardadas las coordenadas del planeta donde se esconde Cold. –

–Eso suena peligroso–ella sonrió mientras llevaba su mano hacia la mejilla del Príncipe, limpiándole las lágrimas que aún humedecían su piel. El tragó saliva ante el contacto y miró sus azulados ojos.

–¿Te preocupas por mí? –preguntó ella mientras pasaba la yema de su dedo por el pómulo de Vegeta–. Pensé que no querías verme más. –

Él giró la cabeza y, con aquel gesto, rompió el contacto con ella. Bulma se mordió el labio y le miró atentamente. Vegeta estaba cargando un peso superior al de todos. Ella apenas se acordaba de algo, Trunks era una marioneta que manipulaba Cooler, pero sólo movía sus hilos para hacer daño a su padre. Entendía que, después de tanta tortura, se derrumbase. La gota que colmó el vaso fue su hija.

–Lo sé todo, Vegeta–el hombre escuchó la voz seria de la humana, quien llevó su mano sobre el mentón de él para que le mirase a la cara, y así lo hizo–. Sé quién soy, aunque no me acuerde de nada. –

Vegeta se perdió en sus ojos azules mientras ella volvía a poner su palma sobre su rostro, acariciándole a la vez que le sonreía con cariño.

–No me apartes de nuevo para protegerme–Bulma pegó su frente a la de él, quien estaba aún asimilando sus palabras–. Ahora soy yo quien os va a proteger. Te lo prometo. –

El Príncipe acarició la mano que ella tenía sobre su rostro. Ella sonrió dulcemente mientras le contemplaba a sus ojos negros. Él estaba rabiando por dentro, y ella consiguió calmarle. Aun asimilaba que fuera consciente de la verdad y, a pesar de cuestionarse cómo se enteró, respiró tranquilo de no tener que seguir mintiéndola, muy a su pesar de que ahora también cargaba con el peso de lo que estaba ocurriendo con Bra.

Ambos cerraron los ojos y se acercaron al otro, encontrándose sus labios en un dulce y anhelado beso. Él añoraba aquel tacto y ella se deleitaba con su suavidad. Se necesitaban y, después de tanta lucha, por fin se dieron cuenta de que no podían separarse más.


El Rey Cold estaba de brazos cruzados frente a la celda en la que tenía encerrado a Tarble. El hombre estaba sentado en el suelo, con las manos esposadas a unas cadenas que se sujetaban a unos soportes en la pared metálica. Presentaba heridas leves externas, en el rostro y el brazo derecho, y otras más graves internas, una de ellas en las costillas que no le dejaba ponerse en pie. Tenía un aspecto moribundo a causa de la sangre cubriéndole mitad del rostro y del ojo izquierdo morado e hinchado.

–Te ves mal–habló Cold, haciendo que Tarble alzase la cabeza mientras gemía de dolor por el acto–. Podría llevarte a la enfermería si colaborases. –

–No sé… no sé… de que… me habla…–habló con gran dificultad.

–¿No? –a pesar de mostrar una sonrisa en el rostro, Cold estaba colérico y así lo aclaraba su mirada–. ¿Entonces que hacías en los aposentos del Rey Riolhase? –

–No… no sabía… que… que era él…–Tarble escupió al suelo a causa del dolor que estaba sintiendo–. No… no le… he traicionado…–

–Sabes que mentirme tiene un castigo elevado, y sólo has probado un diez por ciento de mi ira–Cold dio un paso hacia adelante, puso las manos agarrando los barrotes de la celda y le miró con desprecio–. Sé que has estado haciendo investigaciones a mis espaldas y que por eso fuiste al planeta Riolhase, pero ¿por qué a ese lugar? –

Tarble miró a aquella bestia que apretaba los barrotes con fuerza, quebrando el metal con sus enormes manos.

–Investigaste a una esclava en la base de mi hijo Cooler y partiste a ese planeta del que pertenecía–Cold frunció su ceño mientras apretaba con más fuerza los barrotes–. También sé que eres conocedor de tu procedencia. Así que intuyo que la niña te está hablando de sus visiones y me las has ocultado. –

Tarble no dijo nada, no quiso involucrar a la pequeña en todo aquello. Alzó la cabeza y habló.

–Bra… Bra me dijo… que me… parecía a su… padre–volvió a escupir ante la dificultad de hablar–. Investigué y… y… vi a la Reina… lo supe. –

–Y querías vengarte ¿cierto? –Tarble no contestó, pero Cold siguió teorizando–. Sabías lo de la Princesa de Riolhase y como es un planeta de guerreros intentas buscar una alianza para salvarte–luego soltó una risa sarcástica. Soltó los destrozados barrotes, y con su enorme dedo, le señaló amenazante–. Vivirás. Lo harás para que tu hermano te vea morir. Porque verá como te mata Freezer antes de matarle a él. –

Sin decir nada más, se dio la vuelta, moviendo su capa al compás de su movimiento, y abandonó aquel lugar.

Tarble sintió rabia y dolor ante aquella situación. No quería que acabase así de mal. Él creyó poder salvar al Rey y así tener un aliado. Quería salvar, sobre todo, a Bra. No deseaba que creciera allí y lejos de su familia, pero veía como su plan y todo el futuro imaginado caía con él.

–Tarble–el mencionado miró de nuevo a la dirección de la puerta. Se sorprendió al ver a la niña que andaba hacia los barrotes con una sonrisa apagada–. Te estaba buscando. –

–¿Cómo… has llegado? –preguntó con su dificultad. Ella amplió la sonrisa con orgullo.

–Seguí al monstruo y me colé cuando le vi salir–la niña contempló al hombre y su sonrisa se esfumó. Su semblante se transformó en uno de preocupación y pánico–. Te hizo mucho daño ¿verdad? –

–Me duele… más… haber fallado…–Bra se sentó en el suelo mientras le contemplaba–. Lo… lo siento… Quería llevarte… con… con tu familia. –

–Mi familia vendrá a buscarme–Tarble se sorprendió y la curiosidad le ganó–. Escuché lo que hablasteis el monstruo y tú–Bra señaló al hombre en cuanto le mencionó–. No eran sueños ¿verdad? –

Tarble negó, confirmando las sospechas de la niña que suspiró pesadamente.

–Están obligando a mi mamá en trabajar para revivir al monstruo que mató mi papá–Tarble tragó saliva. Sabía que se refería a Freezer y ahora comprendía que Cold no se equivocaba cuando le nombraba. No se confundía de nombre, nunca quiso decir Cooler porque lo tenía todo planeado–. Soñé con él. –

–¿Qué soñaste? –preguntó Tarble, interesado en la visión de Bra.

–Les vi a los tres–contestó ella mostrándole los tres dedos mientras hablaba–. A Cold con Cooler y Freezer–Tarble frunció el ceño al saber que al final conseguían lo que querían–. Delante de ellos estaban Raditz, mi padre, mi hermano, mi madre y un hombre que no conozco. –

–Una pelea–Bra asintió–. ¿Soñaste con… con el… final? –

Bra asintió y el corazón de Tarble latió con fuerza, temiendo lo peor.

–No… no lo… debe saber…–habló refiriéndose a Cold.

–¿Quieres saberlo? –

Tarble notaba un fuerte escalofrío recorriendo todo su cuerpo. Tragó saliva, doliéndole al acto y, con la poca firmeza que podía, asintió.


Aloy, tras dormir durante varias horas, empezó a despertar. Abrió los ojos con lentitud en una habitación donde la luz estaba apagada y reinaba el silencio. Ella estaba sobre un colchón y arropada, casi hasta el cuello, con una sábana blanca. Intentó desperezarse, pero aquel acto le provocó un dolor molesto que pronto le trajo horribles recuerdos. Se echó hacia adelante, en un movimiento brusco, hasta quedar sentada, mientras sentía un sudor frío ante sus pensamientos. Se tensó cuando notó algo a los pies de la cama, pero respiró tranquila al ver a Trunks sentado sobre él, con la espalda pegada a la pared y su cabeza cayendo hacía su lado izquierdo. Él estaba dormido, pero empezó a despertarse tras el acto de la Princesa.

Lo último que recordaba ella era que Trunks entraría a un tanque de recuperación. Ahora le veía bostezar perezosamente para, a continuación, encontrarse con ella. Él le dedicó una leve sonrisa.

–¿Qué hago aquí? –preguntó ella con un tono quebrado, que le dolió a Trunks escuchar.

–Te he traído yo–Aloy se mordió el labio. No necesitaba preguntar para saber que Trunks era conocedor de lo que ocurrió.

Agachó la cabeza, una marea de malos recuerdos la envolvió y pudo llegar a sentir las manos de su atacante. Sentía pánico y frío, su cuerpo le tembló y el sueño que apaciguó su dolor, la conciencia se la devolvió. Lloró nuevamente y Trunks se acercó para abrazarla con fuerza y, así, poder tranquilizarla.

–No volverá a atormentarte, Aloy–dijo él en su oído mientras ella lloraba–. Broly está muerto. –

Al escucharle, Aloy se separó y le miró a los ojos. No sollozaba y las lágrimas salían menos, pero aún su llanto estaba presente. La sorpresa y la duda invadieron su ser mientras contemplaba al muchacho de mirada apagada.

–Me hervía la sangre y quise darle un aviso–ella frunció el ceño, no de enfado sino más por la preocupación que la invadía en ese instante–. Se me fue de las manos. –

Aloy se lanzó a abrazarle con fuerza. Lloró en su hombro mientras él acariciaba su cabello y espalda, escuchando su llanto roto sobre él.

–Quiero que duermas conmigo, necesito estar cerca de ti para protegerte–Trunks la tomó con suavidad por los brazos, para separarla y mirarla a la cara. Tenía mechones de su cabello dorado pegado a su rostro y él, con delicadeza, los apartó. La soltó para acariciar sus pómulos y limpiar sus lágrimas con sus dedos mientras ella le contemplaba–. Ha sido mi culpa. Lo siento. –

–Turles es impredecible. Lo habría hecho tarde o temprano–el muchacho notaba su voz aún apagada, al igual que sus ojos acaramelados–. Sé que te sientes culpable por haber matado a Broly. –

–Nunca había matado a nadie–suspiró él pesadamente–. Lo peor de todo es que no me siento mal. –

–Porque se lo merecía, Trunks–Aloy acarició el rostro del joven, mientras éste aún pasaba su mano por el de ella–. Cuando matas a un ser despiadado para salvar vidas inocentes, no eres un monstruo. Tú no lo eres, ni lo serás jamás. –

Trunks bajó su mano por el cuello de Aloy, que se quejó suavemente ante el contacto de él con la herida que tenía ella. Él observó la marca de los dientes de Broly sobre ella y recordó como él la reclamaba como si fuera una posesión.

La muchacha se dio cuenta de como él observaba la herida. Se sintió de nuevo en una tormenta de recuerdos que la llevaban de nuevo al dolor.

–Si me quedo en tu habitación debería ir a buscar mi ropa–habló ella, separándose y rompiendo el contacto. Trunks vio como se levantaba, estaba asustada y lo entendía.

–Te acompaño–él también se puso en pie, sin dejar de mirarla a los ojos que habían perdido el brillo que era como una marca de identidad en ella.

Ella asintió y, en su compañía, abandonó la habitación. El vestíbulo le hizo recordar aquel fatídico momento, por lo que avanzó con gran paso. A pesar de tener a Trunks al lado, y de que asegurase que la protegería, tenía miedo.


La noche había caído y muchos de los trabajadores estaban ya en sus habitaciones. Solamente Bulma se encontraba en el laboratorio, dibujando en un plano una esfera en la que anotaba los materiales necesarios para su construcción. Sus ojos se desviaron a los materiales sobrantes del prototipo que estaban creando, y pensó en que podría utilizarlos para su propio proyecto.

Alzó la mirada al reloj en la pared y se dio cuenta de que era muy tarde. Suspiró pesadamente, dobló el plano y lo guardó en el bolsillo de su bata. Se acercó a la pequeña nevera que tenían para guardar botellas de agua y agarró una. Quitó el tapón y dio un fuerte sorbo.

Durante esos minutos de descanso recordó al Príncipe roto y destrozado. Tras el beso no se dijeron nada, ella se marchó para ver como estaba su hijo mientras Vegeta disfrutaba de la soledad que necesitaba. No sabía expresar el dolor que sintió al verle así. Estaba tan mal que no entendía de donde sacaba fuerzas para luchar día tras días.

Soltó un fuerte suspiro para después darle un sorbo al agua. Cerró los ojos e intentó relajar el cuerpo, que tras horas de trabajo y con todo lo acontecido, lo notaba muy tenso.

Tras unos segundos, con los ojos cerrados, sintió que su mente viajaba a recuerdos olvidados. Se vio tumbada en una cama entre los brazos de un hombre que reconoció enseguida. Ella y Vegeta abrazados y desnudos sobre un colchón. Ella estaba sonrojada y él acariciaba su piel con la yema de sus dedos.

"Vegeta, yo... no sé cómo decírtelo sin que te asustes o te burles de mí". Su voz era jovial y tímida.

"Lo primero es difícil, lo segundo no tanto". Él sonreía de medio lado.

"No es broma. Te he echado de menos y esto que acaba de pasar... me ha hecho darme cuenta de que por ti siento más de lo que creía". Ella hablaba con seriedad.

El corazón de Bulma latía al recordar aquel momento. Sintió mucho calor y entonces escuchó en su cabeza las palabras que hacía mucho no pronunciaba.

"Te quiero, Vegeta". Dijo aquella Bulma joven mientras miraba los ojos negros del Príncipe.

Los ojos de Bulma se abrieron de golpe. Lo recordó. Recordó aquel día. Cumplía dieciséis años, hicieron una puja y la vendieron. El Príncipe Darek, y la salvó y, ese día fue la primera vez que Bulma y Vegeta hicieron el amor y que le dijo que le quería.

Sonrió al recordar aquel momento. Se preguntó como pudo olvidarlo. Como podía existir algo que le borrase sus hermosos recuerdos. No importaba. Ya no. Ahora ella había renacido y su sonrisa era la muestra de ello. No dudó, ya no más. Salió corriendo del laboratorio para encontrarse con aquel que formó aquellos recuerdos.


(Flash Back)

Para la Bulma del futuro,

Hola, Bulma. Soy yo, Bulma de dieciséis años. Te escribo esta carta para que no te olvides de como eras.

Naciste en el planeta más hermoso del universo, el planeta Tierra. Allí vivías con tus padres y tu hermana mayor. Eras un poco traviesa, pero no pasa nada. Supiste disfrutar de tu infancia. Sé que este recuerdo será difícil de olvidar, porque fue Freezer quien rompió tu vida y te arrebató tu mundo. Te trajo aquí, a esta base donde te tuvo trabajando como una esclava. No es la mejor adolescencia, pero siempre has sabido como arreglártelas para poder vivirla como deberías.

¿Aún recuerdas ese sentimiento cuando conociste a tus amigos?

Nunca habrá nadie como Tara, esa anciana cocinera que te consentía a sabiendas de que hacías cosas malas. ¿Y Nella? Con ella pudiste aprender muchas cosas y era con quien más compartías tus sentimientos. Esas dos mujeres han visto muchas lágrimas derramadas y sonrisas alegres salir de ti.

¿Y qué hay de Nappa? Nunca habías visto un hombre tan grande, pero, ¿quién podría imaginar que debajo de todos esos músculos se escondía un corazón tan humilde? Seguro que eso todavía no se lo has dicho, y es mejor así, ya saber que es orgulloso como un buen saiyajin que es.

Ver a Raditz es como ver a tu hermana Tight. Estoy segura de que aunque los años pasen, pensarás igual que en el pasado. Él sabe robar muchas sonrisas y los momentos más divertidos él es quien los protagoniza. A pesar de ir de tipo duro, seguirás pensando que es como un peluche al que te encanta abrazar.

Las siguientes líneas seguro que sabes a quien van dirigidas. A él, al Príncipe orgulloso. ¿Sigue igual en el futuro? Si contestas que sí es porque aún está a tu lado. Él es el motivo por el que escribo esto. ¿Sabes que día es hoy, Bulma del futuro? El día en el que él y yo tuvimos nuestra primera vez. Le dije que le quería, porque ese sentimiento es real. Nunca pensaste que te enamorarías en un lugar así, y mucho menos que sería de él y que le conquistarías. Espero que cuando leas esto le tengas a tu lado, que te esté abrazando y, como sería típico, se ria de las ideas que tenías.

Mis últimas palabras van para ti. Espero que encuentres esta carta dentro de muchos años y puedas contestarte, porque eso significará que Freezer ya no está en este mundo. Significa que eres libre y puedes hacer todo lo que querías cuando estabas en la Tierra.

Ojalá puedas escribir más cartas, Bulma. Ojalá todo lo que soñaste se haya hecho realidad.

Atte. Bulma del pasado.

(Fin Flash Back)

Bulma llegó a la habitación del Príncipe, tecleó el código y entró. Estaba vacía, pero él estaba cerca. Escuchó el sonido del agua procedente de la ducha del cuarto de baño y sonrió.

Se quitó la bata mientras notaba como su corazón latía fuertemente. Nunca encontró la carta que se escribió, pero la recordaba palabra por palabra, porque la leyó toda la noche una y mil veces. Rio de lo ridícula que era y ahora se daba cuenta de su valor.

Se quitó la ropa, se descalzó y corrió hacia el baño. Allí le encontró, dentro de la ducha e inmerso en sus pensamientos mientras el agua caía por su cuerpo. Movió la mampara y él no pareció percatarse. Rodeó su cintura y ahí, por fin, supo que estaba acompañado. Depositó un beso en la espalda de Vegeta y apoyó su cabeza contra ella.

–¿Te acuerdas de la primera vez que nos vimos? –preguntó ella con una sonrisa–. Tú seguro que no. Estabas herido y yo te curé. –

Una sonrisa se formó en los labios de Vegeta al escucharla, al saber lo que significaban las palabras de la mujer.

–Si tú a eso le llamas curar…–no terminó la frase, pero el tono sarcástico denotaba la burla en sus palabras–¿recuerdas todo? –

–Recuerdo mi vida en la Tierra, lo que sufrimos en la base de Freezer, lo que disfrutamos en el planeta Akrog–suspiró ella sin dejar de rodear su cintura. Vegeta acarició sus brazos mientras el agua les mojaba a ambos–. Quiero recordar también como vamos a recuperar nuestra libertad. –

–¿Cómo? –preguntó él, acariciando la piel de ella mientras notaba como se aferraba a su cuerpo, sintiendo su desnudez contra la suya–. ¿Cómo recordaste? –

–Por las ansias de vengarme–Bulma se separó un poco en cuanto Vegeta quiso girarse.

Ambos se miraron a los ojos, pegaron la frente del uno contra el otro y se acariciaron. Él su cintura y ella sus hombros. El beso que les llamaba llegó rápido, con ansiedad y deseo, consiguiendo que las llamas arrasaran y quemaran, incrementando la necesidad que se tenían.


¡Espero que os haya gustado! Este ha sido uno de los capítulos que más me ha gustado escribir, por un lado porque hacía tiempo que pensé en ese reencuentro entre los hermanos, y por otro lado la recuperación de la memoria de Bulma.

Os aviso que para el próximo episodio habrá lemon ;)

¡Gracias por haber leído y haber dejado review! Seguid haciéndolo y no os desconectéis ;)