Necesitaba un plan y lo necesitaba rápido.
- Lo tendré para el final de la noche - Prometió Scorpius Malfoy con tanta seguridad que casi cae en su propia mentira.
Su casero lo miró con recelo, tras su tupido bigote adivinó que tensaba los labios, como debatiéndose si creerle o no. Finalmente lanzó un suspiro y levantó el dedo amenazador.
- Lo quiero para el final de la tarde, Malfoy. O me pagas los cuatro meses de renta, o llamaré a la policía – Amenazó el viejo con cara de morsa.
Un bombero amenazado por la policía. ¿Puedes ser más patético?
- Descuide, tendré el dinero – Prometió él, aun sabiendo que era imposible conseguir esa suma de dinero en tan corto tiempo.
Su casero no tuvo interés en despedirse verbalmente, simplemente le dedicó una mirada de rechazo y se alejó del edificio.
¡Perfecto! Me deshice de él por una tarde. Ahora solo tengo que conseguir cuatro veces más de una suma que no tengo, y todos mis problemas estarán resueltos.
Suspiró con resignación y se dirigió al trabajo. Tendría que pedir un adelanto a su jefe y un préstamo a cada uno de sus amigos si quería cubrir lo que debía, pero en el fondo sabía que su jefe ya no le daría más adelantos, y que sus amigos estaban igual o más cortos que él.
- Simplemente perfecto – Gruñó con sarcasmo, sin importarle que la gente lo escuche hablar solo.
Si bien nada podía empeorar ese día, había caído tan bajo que ahora solo quedaba subir.
Consuélate con eso, pobre miserable.
Estúpida vocecita. Su consciencia parecía disfrutar de patearlo cuando estaba en el suelo y…
Un flash.
Parpadeo con confusión un par de veces y encaró con molestia a la fuente de su irrupción.
- ¿Puedo ayudarte con algo? – Preguntó sin intentar suavizar su tono.
Era delgada, de estatura baja a pesar de llevar tacones, tenía el cabello cobrizo lacio, y grandes ojos marrones. Si no estuviera vestida con un traje de oficina y no llevara maquillaje, Scorpius fácilmente hubiera pensado que se trataba de una adolescente de secundaria.
La muchacha lo miraba como un cordero a punto de ser devorado. Lucía tan intimidada que las palabras no salían de su boca. Parecía un pez fuera del agua, abriendo y cerrando la boca sin dar ningún tipo de explicación. En otra situación quizá hubiera intentado ser más comprensivo, pero ahora no tenía paciencia para acosadoras.
- Sea lo que sea, borra lo que acabas de…
- ¡Perdona! – Exclamó ella dejando entrever su vergüenza.
- No me gustan las acosadoras desconocidas, borra lo que tengas – Ordenó Scorpius.
- Si… ¡No! – Gritó la muchacha comenzando a ofenderse – Mira, no soy una acosadora. Simplemente necesito enseñarles a mis primas una fotografía de alguien apuesto para que le digan a mi ex que ya lo superé.
La imagen infantil que le daba la muchacha creció mucho tras su aclaración.
- ¿No te parece patético? – Preguntó Scorpius sin malicia.
- Claro que sí. No soy tan idiota para no ver lo ridículo que es, pero no estoy en el mejor momento de mi vida…
Oh, no. Detente, Scorpius. Sé lo que harás, pero por favor no lo hagas.
- Descuida…
Idiota.
La muchacha lo observó entre sorprendida y aliviada. Sin saber que ese día el rubio se encontraba especialmente comprensivo con quienes tocaban fondo.
- Entonces… - Masculló la pelirroja animándose a sonreír - ¿Puedo tomarte otra foto?
Cualquier rastro de comprensión en Scorpius desapareció instantáneamente. Resultaba claro que esa niña engreída no conocía límites. Eran polos opuestos con el único elemento en común de estar desesperados… Un segundo ¡eso era!
- Hagamos un trato – Sugirió Scorpius con una sonrisa maliciosa dibujándose en el rostro.
