Su imagen le devolvía la mirada al otro lado del espejo, pero no estaba del todo convencida. Se deshizo la trenza, dejando su cabello con suaves ondas que pronto desaparecerían por la naturaleza lisa de su cabello.
- No es suficiente – Murmuró Lily para sí misma.
Por supuesto que no lo era. Lorcan era un mujeriego por excelencia (su relación más larga fue la que tuvo con Lily por un mes y que desechó sin parpadear), estaba acostumbrado a ver mujeres hermosas tanto en la cama como en plano amistoso. ¿Cómo podía competir con las extravagantes invitadas que estarían en la fiesta de Dominique? No lo sabía, pero estaba segura que su look actual no ayudaría.
No es suficiente, no es suficiente.
Toc… Toc…
El golpe desganado de la puerta la extrañó por un segundo. Se apresuró a abrirla y se encontró con el bombero, el cual ya sabía se llamaba Scorpius, mirándola con desgano.
- Pudiste tocar el timbre – Murmuró ella como saludo, dejándolo pasar al departamento. En silencio observó que el rubio se había tomado la molestia de vestir bien y peinarse. Lucía atractivo y mucho más adecuado para presentarlo a su familia que cuando se conocieron por primera vez.
Presentar a su familia a un hombre que cobra 200 euros por foto y 1000 por hora de falso noviazgo, pago adelantado.
Scorpius se encogió de hombros, recorriendo con la mirada el pequeño y acogedor estudio donde vivía la pelirroja.
- Lindo lugar – Murmuró el rubio apoyándose en la pared.
No estaba segura si hablaba en serio o no. No había sonado sarcástico, pero su departamento era tan pequeño que ni siquiera estaba segura si podía llamarlo así. Una cocineta, la sala, una puerta que daba a la habitación y un baño. Todo limpio y usualmente ordenado (a excepción de ese día, donde la ropa descartada y el maquillaje que había utilizado desencajaban con el minimalismo del lugar), pero sin poder compararse con las viviendas donde residían Rose o Dominique.
- Gracias – Contestó Lily insegura, regresando al espejo de cuerpo completo de la sala y evaluando su imagen una vez más.
- ¿No estás lista? – Preguntó Scorpius luego de unos minutos de silencio.
- Ya casi – Respondió ella, optando por cambiarse de ropa.
Entró a su habitación y se quitó el pantalón de mezclilla para colocarse un vestido de verano. No era nuevo, pero estaba segura que no se lo habían visto antes.
Serás la única que no estrenará algo en esa fiesta, ¿y así piensas reconquistar a Lorcan?
- ¿Lista? – Preguntó el bombero mientras enviaba mensajes desde el celular.
- Ya casi – Repitió mecánicamente, mientras evaluaba su imagen una vez más.
Ahora el cabello suelto no le convencía.
Luego de trenzarse, deshacerse el cabello, amarrárselo en una coleta, hacerse ondas, amarrarlo en un moño, deshacerlo y trenzárselo nuevamente, se sentía tan insegura como en un inicio.
- Creo que será mejor llevarlo suelto…
- Lily – Llamó Scorpius, de quien se había olvidado por completo, atrayendo su atención – Te ves genial. ¿Podemos irnos?
Presentía que no lo decía en serio, pero aun así le gustó tener su aprobación, por lo que asintió levemente con la cabeza.
- ¿Ansioso por llegar? – Se atrevió a bromear.
- Ansioso porque termine – Contestó el bombero abriendo la puerta del estudio para dejarla salir primero.
No tenía motivos para quejarse. Después de todo Lily estaba pagando un buen precio por su compañía… 200 euros cada foto y 1000 por cada hora, pago adelantado. Si, realmente ese bastardo no tenía motivos para quejarse.
- Repasemos el plan – Propuso ella una vez que tomaron el taxi – Nos conocimos hace un mes en la cafetería Putipié, pediste mi número y nuestra primera cita fue en el acuario… ¿Estás escuchando?
- Si… - Murmuró el rubio con cansancio.
- Cambia esa actitud cuando lleguemos. Tienes que ser encantador, carismático… Mi familia tiene un alto estándar cuando se trata de parejas, y Lorcan… debes ser mejor que Lorcan.
- Tranquila, enana. Haré que Lorcan luzca como el pedazo de basura que es.
- No es un pedazo de basura – Defendió ella sin pensarlo – Es listo, apuesto, divertido…
¿Por qué demonios lo defiendes? Es un pedazo de basura. ¡Dilo, Lily! ¡Dilo!
- Y tú estás muy enamorada de mí – Interrumpió Scorpius con una sonrisa maliciosa.
- Solo… No menciones que te estoy pagando.
Suspiró nerviosa, sin volver a hablar hasta que llegaron a la casa de campo donde se festejaría su prima.
Scorpius debió notar lo incómoda que se sentía, por lo que, tras abrirle la puerta del taxi, tomó su sudorosa mano en un acto silencioso de apoyo.
- Llegamos – Murmuró ella animándose a dar un paso adelante.
- ¡LILY!
Mierda.
