- "¿Dónde estás?" – Repetía Ishki refiriéndose al mensaje del celular del rubio - ¡Eso significa sexo!
- Lo dudo mucho – Masculló Scorpius en voz baja.
La música del bar era estridente, sus amigos se habían tomado muy en serio el "yo invito", y probablemente mañana los tres se arrepentirían. Ishki insistía en hablar de las mujeres que habían conocido y tratar de ligar con las que pasaban cerca. Bash se estaba quedando dormido sobre la barra, dejando sus preciadas gafas en la superficie pegajosa.
- ¡Dame eso! – Exclamó su amigo quitándole el celular, y tras unos pocos segundos se lo devolvió con una sonrisa pícara.
- ¿Por qué le enviaste nuestra ubicación?
- ¡Porque tu novia es una lindura! ¡Tan inocente y…! ¡Hola, muñeca! – Saludaba a una morena que lo ignoraba sin ningún disimulo.
- ¿Y por qué enviaste una berenjena y un durazno? – Preguntó confundido al ver los emoticones.
- Es el nuevo lenguaje del amor…
Deja de hacer preguntas. No quieres darte un paseo por la mente de Zabini.
En los siguientes 20 minutos Bash despertó, bebió una cerveza y volvió a dormirse. Scorpius sospechaba que Ishki estaría por el mismo camino de no ser por los estímulos visuales femeninos que rodeaban el lugar. Incluso él estaría igual de no ser por los nervios de esperar a Lily.
¿Cómo saludar a una chica/empleadora con la que estás molesto?
- Ahí esta – Señaló Ishki devorando a Lily con la mirada – Bastardo afortunado… ¡Hola, Lily!
- ¡Hola! ¿Cómo van?
Ishki conversó con la pelirroja hasta que notó una mujer asiática en la barra. Murmuró algo como "mi geisha de media noche", fue golpeado en el rostro, y optaron de forma unánime que era hora de salir del lugar.
- ¿A qué viniste? – Preguntó Scorpius una vez que empujaron a Bash dentro del taxi. Estaban demasiado apretados, pero por fortuna el lascivo de Zabini estaba sentado en el asiento del copiloto. Lo último que necesitaba era que tocasen el trasero de Lily.
- Tengo una propuesta laboral…
Entró en pánico. No pudo evitarlo. Fue casi como un reflejo. Puso una mano sobre los labios de la muchacha, empujándola hacia la ventana del coche, y cayó casi completamente sobre ella por el impulso. Ahora su dedo anular sentía la humedad de la lengua de Lily Potter, mientras su mano izquierda se apoyaba sobre el estómago desnudo de la muchacha, a quien se le había levantado la blusa.
¡Muévete! ¡Levántate! ¡Acosador! ¡Abusador! ¡Violador!
Pero estaba paralizado. Los ojos marrones lucían más saltones y brillosos de lo normal, su cara estaba cómicamente sonrojada y su cálido aliento golpeaba directamente a la mano del rubio. Era la imagen de una niña que no entendía lo que pasaba… y paradójicamente nunca la vio tanto como una mujer.
Lily también se había quedado inmóvil. Parecía que su cerebro tardaba en procesar cómo había llegado a la posición en la que se encontraban. Cuando el tiempo se tornó casi ridículo, frunció el ceño y el hechizo se rompió.
- ¡AHHH! – Gritó Scorpius acunando su dedo recientemente mordido.
Bash lanzó un quejido somnoliento. Ishki gruñó algo parecido a "guarden silencio estoy en Tinder", y Lily lo miraba entre molesta y asustada.
- ¡No es esa clase de propuesta! – Exclamó la pelirroja amenazándolo con el dedo.
¿Propuesta?
La propuesta laboral que mencionó y te llevó a actuar como un depredador, imbécil.
- Oh – Dijo el bombero sin saber que más decir.
- Nancy quiere verlos… De forma profesional. Una capacitación de cómo actuar frente a una emergencia o algo así…
- Oh – Repitió.
¿Es que no puedes formular una maldita palabra?
- ¿Entonces? – Insistió Lily - ¿Es posible?
- Si, claro – Pudo decir finalmente – Simulacros, capacitaciones. Algunas veces lo hacemos…
- ¿Cuál es el protocolo?
- ¿Él qué?
- Para que el cuerpo de bomberos asista al equipo del canal 7.
¿Cómo podía comportarse de una forma tan profesional? Quería pensar que no podía seguirle el ritmo por la cantidad de alcohol que había en su sistema, pero debía ser honesto y admitir que también estaba un poco excitado.
- Hablaré con el comandante… O podrías pasar mañana por la estación y…
El taxi se detuvo en la dirección de Lily. Ésta asintió con la cabeza y salió del coche sin decir una palabra.
- Maldición – Murmuró el bombero, presintiendo que se avecinaban nuevos problemas.
