- Buen trabajo – Le felicitaba Nancy por primera vez desde que comenzó a trabajar en el canal.
Y solo necesitabas jugar de celestina.
- Iré a la estación inmediatamente.
- Lily – Llamó su jefa antes de que la pelirroja saliera de la oficina – Tráeme un cappuccino cuando regreses ¿de acuerdo? Leche de almendras, sin crema y endúlzalo con Stevia.
- Claro – Respondió, tragándose el "te odio" que tenía en la lengua. Observó al equipo de producción tratando de peinar a una Dominique claramente trasnochada - ¡Saldré un momento! ¡Suerte hoy, Dom!
- Potter – Gimió la rubia mientras le maquillaban las ojeras – Tu nivel de volumen es un 11 y necesito que seas un 4 el resto del día ¿entendido?
Ni siquiera Nancy te llama por el apellido.
Asintió con la cabeza, evitando sabiamente abrir la boca nuevamente. Conocía de primera mano el humor que cargaba Dominique cuando estaba con resaca.
El camino hasta la estación le resultó encantador. El sol calentaba sus brazos desnudos y sus tacones resonaban graciosamente contra el asfalto. Ni siquiera sintió nervios al entrar a la estación de bomberos, y pudo reconocer rápidamente a Sebastián, a quien le preguntó el camino a la oficina de su comandante.
El hombre fue en extremo amable, mencionando un par de veces que Lily le recordaba a su hija, y sin más complicaciones tenía la fecha para la capacitación de simulacro de emergencias.
Salió de la oficina del comandante con una sonrisa en el rostro, la cual solo pudo desaparecer al ver una persona.
- Hola.
- Hola – Respondió a Scorpius, odiando su voz temblorosa.
No lo pienses. No te atrevas a recordarlo. No lo hagas…
Inútil. La imagen de Scorpius sobre ella se coló en su mente y sus mejillas ardieron en respuesta.
- Lily…
- Te veo el jueves… si es que vas al canal. Ya hablé con tu jefe ¡Me dijo que me parecía a su hija! Pero supongo que debo alegrarme de que me vea como niña y no como mujer…
Por el amor de Dios, Lily. Solo cállate.
- Si… - Murmuró el rubio sin saber que contestar.
Se quedaron en silencio unos segundos. ¿Es que acaso eso momento no podía ser más incómodo? No podía soportarlo más.
- ¡Bueno, adiós! – Exclamó la pelirroja, para salir de allí trotando.
Eso no fue patético.
