No era bueno en eventos sociales, y ya había perdido el interés en fingir que sí. Mientras los anfitriones, sus amigos y las personas que recogieron del puerto se emborrachaban en todos los rincones posibles del yate, Sebastián buscó un lugar privado para recargar energía de tanta interacción social.

Observó la aislada figura de Rose Weasley a lo lejos, y decidió refugiarse en la única persona que parecía desear más soledad que él. Hubiera preferido buscar un lugar solitario, pero sabía que cabía la posibilidad de que alguien lo encuentre e insista unirlo la fiesta. En cambio, si se sentaba junto a la miseria personificada, nadie osaría en acercarse a ellos

- ¿Puedo sentarme? – Preguntó Bash, señalando el suelo junto a la muchacha, quien asintió como respuesta.

Al fin… Un poco de paz.

Apoyó la espalda en la baranda y se animó a mirar el perfil que le dedicaba la mujer de al lado. ¿Debería cortar el silencio? No, estaba allí para tener paz, no para buscar un compañero de juerga.

¿Seguro? Porque este silencio es realmente incómodo.

Demonios. ¿Era un silencio incómodo? No lo había notado hasta que comenzó a pensar en ello. Quizá sí debería decir algo para aliviar la tensión…

- Gran fiesta.

¿Gran fiesta? ¿Gran fiesta? ¡¿Es que tienes 13 años?!

- Supongo.

Perfecto. Habló y obtuvo una respuesta. Eso era todo, no necesitaba decir más.

¿Seguro? Porque ahora todo es más incómodo que antes de que hablaras.

Maldición. Esa voz tenía razón. Estaba incómodo y no sabía por qué. Generalmente le gustaba el silencio. ¡Amaba el silencio! Era algo que había aprendido tras 28 años de convivir con una personalidad tranquila e introvertida…

Incómodo

- ¿Estás bien? – Rompió el silencio nuevamente; y claro, con la pregunta más estúpida que puedes hacerle a alguien que luce como la parca.

- No… No sé…

Bien. Comprobamos nuevamente que hablar no es lo tuyo. No digas nada más y disfruta el maldito silencio, o regresa a la fiesta con los escandalosos borrachos…

- ¿Qué se supone que debo hacer? – Preguntó Rose Weasley mirándolo a los ojos. Oh, oh. Algo le decía que había abierto la caja de pandora – Doce años ¡Estuve con Jarvis durante doce años! No sé estar soltera, no sé estar con otro hombre. Extraño todo de él, aunque lo único que hacía era engañarme… Sé que debería estar mejor sin él. No soy tonta, sé que no era sano, pero luego de doce años sentía que lo conocía ¿Entiendes? Y no puedo simplemente olvidarlo, aunque Dominique y Lorcan insisten en que tener sexo con otra persona hará que me olvide de él, no soy capaz de hacer eso. Cualquiera pensaría que Lily podría entenderme más, pero no hace más que mirarme como si fuera idiota por tener sentimientos. Es tan frustrante no tener a nadie, porque ya perdí a alguien y de cierta forma…

Oh, no…

Asentía con la cabeza, murmuraba "claro" o "lo entiendo" de vez en cuando, pero en el fondo estaba a punto de sufrir un ataque de pánico.

¿Por qué demonios no pudo disfrutar de la desagradable y ruidosa fiesta hace un momento?

¡Corre! ¡Huye! ¡Vete ahora!

- Ya veo…

- Eres muy bueno escuchando – Dijo la pelirroja, sonriendo por primera vez desde que la conocía.

Bien, ya se tranquilizó. Inventa una excusa y vete.

- ¡Rosie!

Oh, mierda.

- ¿Lily?

La novia de Scorpius se acercó a ellos tambaleándose. Era claro que estaba ebria, y que el hombre que la acompañaba no iba en mejor camino.

- ¿Son amigos? – Preguntó Scorpius entre ofendido y sorprendido.

- Solo estábamos hablando… - Se excusó Bash incómodo.

- ¡Oh, Rose! ¡Y tú que decías que los bomberos no son material de novio! – Exclamó Lily señalándolo sin ningún disimulo - ¡Solo mírate!

- Por Dios, Lily. Acabo de cortar con Jarvis, no puedes decir ese tipo de cosas…

- Como sea, Jarvis es un cretino – Aseguró la chica.

- Yo… Tengo que ir al baño – Se excusó Bash, aprovechando la distracción.

- Iré contigo – Añadió Scorpius sacando carcajadas por parte de Lily, quien no paraba de compararlos con dos niñas de secundaria.

Cuando finalmente se alejaron de ambas pelirrojas, Bash no pudo evitar lanzar un suspiro de alivio. Después de todo, evadir borrachos no era tan malo como escuchar los lamentos de una desconocida.

- ¿Dónde estaban? – Gruñó Ishki, molesto porque lo habían dejado a solas con su novia.

- Quiero cambiarme – Dijo Scorpius con los ojos entrecerrados y apenas manteniendo el equilibrio - ¡Vamos todos!

Nancy y un par de sujetos que recogieron en el puerto, escucharon al rubio y estallaron en carcajadas, pero permitieron que los tres bomberos se distanciaran del grupo para estar a solas.

- ¿Entonces? – Insistió Zabini visiblemente ofendido.

- Kevin y Dominique no paraban de hacernos preguntas sobre como nos conocimos, así que Lily y yo terminamos bebiendo más de la cuenta – Explicó Scorpius como si su explicación tuviera toda la lógica del mundo.

- Rose Weasley no dejaba de hablarme y no pude escapar.

- ¡No puedo creerlo! – Exclamó Ishki levantando las manos al cielo dramáticamente – Uno quiere engañar a su novia con la belleza sobrehumana de Dominique, y el otro se agarra a esa fiera despechada. ¿Es que ustedes no piensan en mí?

¿Acaso las palabras de sus amigos tenían sentido en sus propias cabezas?

- No quiero engañar a nadie con Dominique – Negó Scorpius.

- Y no quiero agarrar ninguna fiera…

- Además tú tienes novia – Señaló Scorpius, acusando a Ishki - ¿Qué diablos te importa quien más se acuesta con quién?

- No lo entienden. Nancy es algo casual, jamás tendría algo serio con alguien así.

- ¿Exitosa?

- ¿Atractiva?

- ¿Tridimensional?

- ¡Suficiente! – Exclamó Ishki molesto – Claramente son un par de idiotas que no piensan en el prójimo. Scorpius, te alejarás de Dominique. Si yo no puedo tenerla, entonces nadie la tendrá.

- Solamente Goyle, Kevin, el sujeto de camisa azul… - Comenzó a enumerar el rubio, contando con los dedos de las manos.

- ¡Cállate! – Gritó Zabini – Y tú Nott. Tu misión de esta noche es abrir esa ventana del despecho y entrar como un ladrón con sífilis entra a un banco.

- ¿Qué? – Preguntó Sebastián completamente confundido.

- Acuéstate con la ex novia de Jarvis Buckle, y dame todos los detalles mañana.

- ¡Por Dios! ¡Es ridículo! – Se defendió el bombero, acomodando sus gafas con el dedo – Rose Weasley no quiere acostarse con…

Toc, toc, toc.

Los tres amigos guardaron silencio, y observaron la puerta con algo de miedo. Fue Scorpius quien se animó a abrir, para ver quien osaba interrumpir su bizarra conversación.

- Sebastian, ¿puedo hablar contigo? – Preguntaba Rose ignorando completamente la presencia de Scorpius en la puerta.

Oh, diablos.

Y así inició una interminable noche donde solo pudo decir "si", "te entiendo" y "debe ser difícil" mientras la prima de la novia de Scorpius parloteaba sin cesar.

Al día siguiente no había nadie de buen humor. Los más afortunados solamente contaban con una resaca, pero el resto se las vio peor. Como Dominique terminó durmiendo con otro hombre, debían desalojar el yate de Kevin junto al resto de invitados que recogieron del puerto.

Obviamente el terminar con la fiesta no le molestaba, podría regresar a casa y jugar Dota cuanto antes, pero estaba cansado por escuchar toda la noche a Rose Weasley y molesto por no tener la fuerza de decirle que no le interesaba lo que tenía para decir. Por fortuna, el camino de regreso a casa fue subvencionado por Nancy Brown y llegaron sin mayores contratiempos a su tranquila ciudad.

- Los veo el lunes – Se despidió Ishki con la voz ronca, a quien Nancy (quien no se molestó en despedirse) lo jalaba de la camiseta para apurarle el paso.

- Acompañaré a Lily a casa – Masculló Scorpius con ojeras y evitando levantar la cabeza.

- Por Dios, dejen de hablar. No necesitamos saber que carajos hacen todo el tiempo – Gruñó Dominique Weasley como despedida, ingresando a un taxi y despotricando contra todo y todos.

- No maneja muy bien la resaca – Explicó Rose a su lado.

¡Maldición! Nuevamente se había quedado a solas con "la fiera despechada". Tenía que despedirse e irse rápido, o se vería atrapado en el infierno de anoche nuevamente.

- ¿Quieres que te acompañe a tu casa?

¡No! ¡Sebastian Nott! ¡¿Por qué dijiste eso?! ¡Piensa antes de hablar maldita basura humana!

- Claro – Contestó la pelirroja amablemente.

No, no, no. Háblale de algo que no sea su ex novio. No puedo soportarlo. Cualquier cosa menos su ex novio.

- Entonces, ¿vives cerca? – Preguntó Bash caminando junto a la pelirroja.

- A unas diez calles. No tiene sentido tomar un taxi… ¿Por dónde vives tú?

Genial… Esto va genial… Mantenla ocupada y habla de lo que sea excepto el maldito cantante de música pop.

Cuando solo faltaban cuatro cuadras, Bash se permitió relajarse. La conversación era agradable y ya no sentía las ganas de arrancarse los ojos con las uñas. Una mejora, ¿cierto?

- No sabía que se necesitaba tanto para restaurar un cuadro – Admitió él.

- No mucha gente lo sabe, pero en el museo de la Universidad manejan políticas estrictas para mantener el prestigio…

- ¡Hey! - Una vagoneta negra estacionó cerca de ellos y Jarvis Buckle los miraba desde el asiento del conductor – Sube, nena. Te llevo a casa.

Rose, con la boca entreabierta, murmuró un "puedes tomar un taxi desde aquí" y se subió al coche sin mirar atrás.

No podía creerlo. Pasó de sorprendido a un estado de furia ciega en cuanto vio el coche avanzar y desaparecer por las calles. ¿Es que acaso había escuchado el lamento de "la fiera despechada" en vano? ¿Realmente había estado al borde de un colapso nervioso para que la maldita pareja se amiste al día siguiente?