- Y la gira se reprogramó por ese estúpido huracán – Relataba Jarvis recostado en el sofá - ¿A quién le importa? De todas formas, ya murieron. No tiene sentido cancelar el trabajo de la gente y arruinar toda mi agenda.

Rose lo escuchaba a medias. Habían regresado a su departamento y, como mañana en la noche tendría una exposición, no había tenido que trabajar ese día. Sin embargo, no se encontraba tan relajada como solía sentirse en sus días libres. Esa estúpida cena y la estúpida voz de ese estúpido bombero resonaba en su cabeza: "No me parecías tonta, pero pude haberme equivocado". ¿Desde cuándo las palabras de un 'don nadie' calaban tan hondo? Había escuchado los comentarios de la prensa por años; los rumores de los amoríos de Jarvis o las fiestas desenfrenadas. Sabía que su novio no había sido fiel, pero él se arrepentía y juraba que nunca volvería a hacerlo.

No te mientas. Solo lo perdonas porque no eres nadie sin él.

- Nena, son unos idiotas. ¿Puedes creerlo?

La voz de Jarvis interrumpió sus pensamientos – por fortuna – y asintió con la cabeza para darle la razón.

- Supongo que Ángela puede solucionarlo – Comentó ella, fingiendo interés lo mejor que pudo.

- Creo que voy a despedirla.

- Llevas con ella desde que comenzaste – Se sorprendió Rose, recordando los inicios de la carrera de su novio. Cuando lo acompañaba a la salida del instituto para encontrarse con su agente.

- Es necesario un giro en mi carrera. Anita entiende mejor al público, Ángela ni siquiera tenía una cuenta en Twitter hasta el año pasado.

- ¿Anita? ¿La mujer con la que me engañaste en París?

- No vivas en el pasado – Jarvis trató de restarle importancia haciendo un gesto con la mano – Anita es profesional, solo lo hago por mi carrera. Además, yo estoy enamorado de ti…

La jaló por la cintura, colocándola debajo suyo en el sofá. Rose se dejó hacer mientras pensaba, ¿en qué punto dejo de importarle?

No te pone celosa ni te molesta la idea de ser engañada, pero te aterra el dejar de ser la novia de Jarvis Buckle.

- ¿Te gusta? – Preguntó su novio tocándola con un movimiento nuevo. Al menos todas las infidelidades de Jarvis lo habían dotado de un arsenal de movimientos sexuales que nunca se hacían repetitivos.

Consuélate con eso. ¿En qué momento dejaste de amarlo?

¿En qué momento? No sabría decirlo. Después de la tercera o cuarta vez que 'le pusieron cuernos' dejó de doler tanto. Dolía el ego, pero cuando Jarvis amenazaba con irse una alarma se prendía en su cabeza y la obligaba a regresar siempre con él.

- Oh…

- Así está bien, ¿verdad? – Gruñía su novio, quien había bajado el rostro hasta encontrarse entre sus piernas.

La verdad es que sí. Estaba temblando por dentro, permitiéndose el placer de tener a su novio de clase A, ocupándose de ella.

¿Qué importaba lo que pensaba ese bombero? Había lidiado con cosas mucho peores: la prensa, las groupies, la insistencia en que Jarvis hacía gran pareja con tal o tal celebridad. El estúpido comentario de un insignificante bombero era lo último que tenía que importarle. Ella era la novia de una celebridad.

No me parecías tonta, la voz de Bash se repetía una y otra vez en su cabeza.

Una corriente eléctrica bajó a lo largo de su columna vertebral, mientras Rose suavemente arqueaba la espalda. Tomó la cabeza de Jarvis en ambas manos, enredando sus dedos en los cabellos del cantante.

Pero pude haberme equivocado. La estúpida vocecita del estúpido bombero llegó en el peor momento.

- ¡Bash! – Exclamó Rose, rindiéndose ante la sensación que había explotado en su interior.

Le tomó un par de segundos para darse cuenta lo que acababa de pasar. Jarvis había levantado la cabeza para mirarla con sorpresa. Rose se mordió la parte interna de la mejilla mientras miraba a los ojos a su novio, quien traía el pelo revuelto y la mitad inferior de la cara empapada. En otras circunstancias la imagen se le haría cómica o hasta apetecible, pero ahora…

- ¿Qué dijiste? – Preguntó Jarvis terminando por levantarse, mientras se llevaba una mano a la cara para limpiarse un poco.

¡Piensa! ¡Piensa! ¡Piensa!

- Fue un gemido – Mintió ella tratando de sonar lo más convincente posible – 'Aysh' o algo así…

- ¿Estás segura? – Cuestionó el cantante, debatiéndose entre sí creerle o indagar más en la palabra que claramente había resonado en ese lugar.

- Segura – Volvió a mentir, y decidió usar la carta del perdón que utilizaba Jarvis en cada infidelidad – Déjame ocuparme de ti – Ofreció mientras la recostaba de espaldas, bajaba su pantalón y entreabría los labios para tomarlo.