Scandalous
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capitulo II

–¡Relashio!

La repentina sensación de ser libre del agarre del danés le llevo a abrir los ojos, solo para que un gesto de sorpresa se apoderara de las facciones de la pelicastaña, al ver al rubio ser arrojado por el aire en la dirección del resto de los leones. Un entrecortado jadeo escapo de sus temblorosos labios; cualquier duda que tendría sobre cómo se desarrollaría todo después de que el encantamiento del ojiazul la tocara, había sido remplazada por la seguridad de que en ese mismo instante habría un enfrentamiento en el pasillo. La pila de cuerpos que se encontraban bajo el rubio era la prueba definitiva de ello.

–¿¡Gilbert donde se encuentra tu lealtad!?

El eco del sonoro grito de la salvadora de la pelicastaña resonó por el largo pasillo. Arrancando gestos de duda y nervios junto a las sorprendidas miradas de los leones, que eran dirigidas en la dirección de la ojicarmin que se erguía a espaldas de la mexicana. Los lentos pasos de Julchen Beilschmidt resonaron contra el empedrado del pasillo, mientras sus orbes entrecerrados miraban con molestia a los estudiantes de la casa escarlata. A los ojos de los estudiantes roji dorados, era justo como ver la sentencia de un verdugo que caminaba hacia su indefensa víctima.

–¡Furunculus!

Sentencio la voz del peliplateado al mismo tiempo que apuntaba su varita hacia los leones, poniéndose de pie rápidamente para colocarse al lado de ambas jóvenes mujeres. El sonoro grito del galo resonó en el pasillo al sentir las terribles abrasiones que se habían apoderado de su rostro, mientras le arrojaba una mirada llena de molestia al chico albino que no dejaba de reír entre dientes, y que le miraba como diciendo que no tenía otra opción más que acatar las órdenes de la lealtad, que se tenían los miembros de la casa esmerlada.

–No es nada personal Francis, pero si atacan a una serpiente…

Menciono el ojicarmin mientras apuntaba a la pila de derrumbados leones con su vara, al mismo tiempo que sonreía socarronamente. El movimiento de los estudiantes de la casa roja, que se encontraban intentando salir de debajo del alto danés fue la primera advertencia para el trio, al escuchar un murmullo colectivo que se esparcía por la zona donde se encontraban los estudiantes que habitaban en las altas torres. El repentino movimiento de una mano fue lo que les indico que, aunque inhabilitados por el momento, los leones no dejarían pasar esto.

–Las demás responderán.

Sentencio la pelicastaña al mover su propia vara en la dirección del destello de luz que se acercaba hacia el más alto de los tres miembros de la casa esmeralda. El sonoro eco de 'Reversio' resonó entre las paredes de piedra del corredor, mientras el resplandor verde volvía en la dirección del león que había arrojado el encantamiento hacia el dueño de los orbes rojizos. El repentino sonido ahogado de alguien atragantándose con algo, junto a los gritos de asco de los leones inundo el extenso pasillo.

–¡Bien echo!

La risueña voz del peliblanco resonó en el recinto, mientras le dirigía un coqueto guiño a la ojimiel, para después girar el rostro hacia su hermana, una divertida risa escapo de ambos gemelos Beilschmidt al ver la situación frente a ellos, no todos los días uno podía ver a los orgullosos Griffyndors tirados en el suelo escupiendo babosas. El repentino eco de un 'Thump' resonó en el lugar haciendo que las tres serpientes tensaran su cuerpo al ver como el cuerpo del inconsciente ojiazul, caía de bruces contra el suelo después de haber levitado gracias al 'Mobilicorpus' de alguno de sus compañeros de casa.

–¡Pagaran por esto!

Gruñeron los jóvenes mientras se ponían de pie, dejando al inconsciente rubio de lado y a la par que miraban al trio de socarronas serpientes frente a ellos, quienes solo parecían sonreír aún más al escuchar sus palabras. El repentino movimiento de todos los estudiantes en el pasillo, dio inicio al que vendría a ser el décimo percance entre ambas casas en ese mismo día. Sin percatarse de que absolutamente nadie había hechizado el pasillo, permitiéndole al sonoro eco del enfrentamiento alertar a los profesores que se encontraban en sus propias oficinas no tan lejos del lugar.

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El eco de sus firmes pasos era casi inexistente sobre la sonora resonancia de los gritos y los encantamientos que inundaban los pasillos, haciendo retumbar la piedra del castillo, haciéndole saber que ninguno de los contrincantes se estaba conteniendo en lo más mínimo. Sus orbes dorados se entrecerraron en un gesto de molestia, al poder ver la insignia de la serpiente que se erguía orgullosamente sobre la oscura tela de las gabardinas de sus estudiantes. Una de sus cejas se arqueo levemente al ver al trio de serpientes frente a la puerta del gran comedor.

No es que fuera inusual verlos juntos, al contrario, ambos peliblancos y la ojimiel eran miembros del equipo de duelo, era de lo más común verlos juntos. Pero al ver la forma en que los jóvenes hechiceros, quienes normalmente eran tan controlados, se encontraban atacando a sus rivales. Al pelinegro no le quedaba la más mínima duda, estaba seguro de que era lo que los había puesto en ese estado tan salvaje. Los estudiantes de su casa creían ciegamente en protegerse los unos a los otros. Las serpientes compartían un lazo de unión que el resto de las casas no podía comprender del todo, los Slytherins compartían la fraternidad y la lealtad, atacar a una era el equivalente de hundir la mano en un nido donde todas las serpientes morderían al agresor.

–Finite Incantatem…

Un repentino silencio se apodero de todos los estudiantes en el pasillo al escuchar la gruesa y dominante voz que había arrojado su propio encantamiento, deteniendo con el mismo todo el caos que se encontraba en el pasillo. Un escalofrío les recorrió la espina dorsal a los jóvenes hechiceros, mientras desviaban la mirada intentando no ser atrapados por los orbes dorados que estaban seguros los mirarían con la característica seriedad que ya conocían del profesor de defensa contra las artes oscuras.

–Espero que tengan una explicación para esto.

Añadió la tranquila voz, mientras sus pasos lo acercaban a los nerviosos estudiantes. Sus orbes se deslizaron sobre los leones, aparte de sus ropas desacomodadas, no quedaba rastro alguno de los furúnculos, babosas y extremidades pegadas que había podido ver mientras evaluaba la situación. Los orbes dorados se cerraron, mientras el hombre se masajeaba el puente de la nariz. Podía sentir la migraña que se apoderaba de su cabeza, esta era la décima vez en el día, en que tenía que lidiar con los miembros de la casa roji dorada.

–De ustedes tres, espero mucho más de lo que puedo esperar de los Leones.

Añadió el hombre en un tono molesto, mientras se daba vuelta para posar ahora la mirada sobre sus tres pequeñas serpientes, quienes continuaban respirando profundamente, intentando recuperar el aliento. Un gesto de fastidio se apodero de los gemelos ojicarmin, al percatarse de que la molestia en los orbes dorados era dirigida principalmente a la joven pelicastaña, quien era la única que se encontraba mirando al alto moreno a los ojos. La mirada del adulto se encontraba fija sobre los orbes caramelo, como si le prometieran un castigo ejemplar a la joven.

–¡No es culpa de Rafaela, Kohler y sus gatos la atacaron!

Chillo indignada la peliplateada, mientras daba un paso al frente para atraer la mirada del profesor hacia su persona. Un escalofrió recorrió la espalda de la dueña de los orbes carmín, al ver como las pupilas del profesor cambiaban ligeramente por unas más parecidas a las de un felino. El nervioso susurro de los zapatos de los acusados siendo arrastrados sobre el empedrado del suelo, resonó en el silencioso pasillo. Los jóvenes tragaron saliva nerviosamente al sentir como la tranquila aura en el cerrado lugar, daba un vuelco radical al sentir la molestia que se desprendía del alto hombre.

–¿Estas bien?

Pregunto la voz del alto moreno, mientras sus pasos le acercaban a la pelicastaña. Sus orbes se deslizaron sobre el cuerpo de la joven, intentando encontrar algún desperfecto en la ojimiel, al mismo tiempo que una de sus manos le tomaba la muñeca para hacerla girar y poder ver cada centímetro de su persona. Con un lento asentimiento de la cabeza, la dueña de los orbes caramelo se detuvo frente al alto profesor, quien sin pensarlo mucho hundió los dedos en el cabello de su nuca, para presionarla protectoramente contra su pecho.

–Vuelvan a la sala común…

El podía tolerar los pleitos infantiles de ambas casas, podía tolerar a su problemática esposa defendiendo a los felinos, podía dejar pasar los trabajos mediocres, que entregaban en sus clases con una calificación apenas aprobatoria. Podía romper un sinfín de peleas en los pasillos, podía dejarlos ir con un castigo leve al arrojar algún encantamiento de calvicie o furúnculos. Pero era una historia completamente diferente el que se atrevieran a atacar a su hija. Un gesto lleno de molestia se apodero de las facciones del hombre mientras daba un giro quedando de frente a los estudiantes de la casa escarlata.

–Gryffindor, tienen cinco minutos para estar en la sala de pociones…

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Un cansado jadeo escapo de los labios de los jóvenes, la tensión en la sala de pociones era tangible para todos los presentes, mientras que unos continuaban limpiando el interior de calderos, otros barrían el piso con un gesto lleno de molestia y otros se aseguraban de pulir toda la cristalería que usaban los estudiantes para preparar diariamente pociones. Los agitados leones no hacían más que mirarse los unos a los otros, para después arrojarle miradas llenas de furia al rubio ojiazul, quien no dejaba de lloriquear el nombre de la serpiente de ojos miel. Mientras desempolvaba los viejos libros de hechizos en los estantes.

–¡Rafaela!

Chillo de nuevo el rubio danés, mientras abrazaba el plumero que llevaba en las manos. Una socarrona sonrisa se apodero del rubio francés al ver la forma en la que el orgulloso y auto proclamado rey de Hogwarts, se dejaba caer dramáticamente al piso para quedar de rodillas y gritar al techo sobre como el destino era cruel e injusto '¡Acepta mi amor, que arde como la llama de mil soles!' un cansado suspiro grupal resonó en el ambiente al ver la forma en la que el rubio continuaba lamentando la perdida de la estudiante que amaba, gracias a las garras de las serpientes gemelas de orbes rojos.

–You Wanker!

Grito el rubio de orbes verdes, mientras arrojaba un trapo en la dirección del alto danés, consiguiendo que este se golpeara contra su rostro. Las sonoras pisadas del inglés resonaron con cada paso que daba, hacia la dirección del hechizado león, que continuaba en el piso lloriqueando sobre su amor no correspondido. Con un rápido manotazo el inglés le quito el trapo de la cara y le dedico su mirada más gélida a Mathias Kohler. Asegurándose de apretar los dientes, en un intento de controlar toda la molestia que ni siquiera podía disimular.

–¿¡Qué diablos estabas pensando!?

Grito el exaltado dueño de las esmeraldas, asegurándose de no desviar sus ojos de la patética estampa del destrozado león que no dejaba de lloriquear en el suelo. '¡Atacar a la hija del profesor fue una estupidez!' el sonoro chillido del rubio atrajo finalmente la cansada atención del resto de los estudiantes, quienes detuvieron sus movimientos para posar toda su atención sobre el abrumado inglés, quien casi parecía echar espuma por la boca ante la situación en la que se encontraban.

Todos los estudiantes estaban conscientes, la clase de defensa contra las artes oscuras y pociones eran importantes para cualquier hechicero. Y ambas de ellas se encontraban bajo el mando del profesor Águila. El hombre era una leyenda en el mundo de la magia negra. Se decía que era experto en la conjuración de los peores maleficios y a lo que se sabía con hechos, era uno de los pocos hechiceros capaces de controlar la nigromancia a la perfección; también se decía que el mago había sido capaz de domar a las mismísimas estrellas y a las sombras de la noche. Lo que menos necesitaban, era que el hombre los reprobara simplemente porque podía.

–Yo no ataque a Rafaela…

El repentino gruñido que escapo de los apretados dientes del danés, les erizó la sangre a los presentes. Los orbes azules se entrecerraron en un gesto de molestia, al mismo tiempo que se ponía abruptamente de pie, en ese instante un extraño malestar se apodero del ojiverde al ver como el rubio se erguía frente a él, su tamaño y la musculatura de su cuerpo le parecían agobiantes desde este ángulo. La oscura promesa de sus resplandecientes ojos, y la forma en la que el pálido hombre sujetaba su varita le helo el corazón, esto era lo que habían visto las serpientes… y para ser honesto, no le sorprendía la reacción de las mismas.

–Orchideous

Susurro la firme voz del ojiazul, al mismo tiempo que hacia un pequeño círculo en el aire con su vara, dejando boquiabiertos a todos los presentes al ver el ramo de flores que se había materializado gracias a la magia canalizada através de la varita. Sus orbes azules se posaron sobre las flores mientras acariciaba gentilmente los blancos pétalos de las margaritas y de las rosadas dalias entre sus manos, la incrédula mirada de los leones se posó en la cuidadosa caricia del rubio, misma que no cuadraba con la escabrosa forma en que sus ojos habían resplandecido, cuando había realizado el encantamiento. El sonoro eco de algunas palmas conectándose contra varias frentes resonó en el silencioso recinto, al entender como todo había sido mal interpretado por las serpientes.

No había duda alguna para el resto de los miembros de la casa roji dorada, la poción que habían estado haciendo en esa misma sala, había cambiado radicalmente gracias a sus ingredientes improvisados. Lo que debió de ser una poción de Felix Felicis, al parecer había terminado convirtiéndose en alguna especie de poción de amor. Que había alcanzado a Mathias con la explosión que había surgido del caldero. Las preocupadas miradas del resto de los Gryffindor, se encontraron las unas a las otras, para después posarse sobre el cabizbajo rubio que se encontraba lloriqueando en un rincón, sobre cómo no había podido confesar sus sentimientos a la pelicastaña.

El repentino eco de la puerta abriéndose y los pasos del hombre moreno entrando a la sala de pociones, les llevo a incorporarse rápidamente para mirar al profesor a la cara. Quizás debieran de confesar lo que había pasado en esa habitación y por qué Mathias se había comportado de la forma en la que lo había echo. Pero algo les decía que eso no cambiaría su castigo y tampoco haría que recuperaran los puntos que ya había perdido su casa, dejándolos en números rojos tan pronto. Los labios del hombre se separaron para darles nuevas indicaciones, solo para verse interrumpido por el alto danés.

–¡Suegro!

Un quejido colectivo escapo de todos los estudiantes exceptuando al rubio, al ver la forma en que los orbes dorados se cerraban y el profesor se masajeaba el puente de la nariz, el movimiento y la forma en que se fruncían los labios del moreno, hablaba de una desesperación idéntica a la que los estudiantes sentían, al saber que probablemente seguirían castigados por el resto del año escolar, al ser los creadores de esa poción y los causantes de las palabras de Mathias.

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Buen día y espero que estén teniendo un buen inicio de mes. Esta vez traigo por fin el capítulo número dos de esta historia. Hemos aprendido que Mathias en verdad no buscaba atacar a Rafaela, simplemente es enorme y llego agitando su varita como loco. Por lo que Rafaela supuso que por las reacciones de los otros buscaba atacarla.

Los otros reaccionaron así porque no pueden creer que Mathias vaya y se le arroje de ese modo a Rafaela. Lo cual seguiremos viendo, porque como bien se menciona, el rubio insiste en que Rafaela tiene que aceptar su amor que quema con la intensidad de mil soles. Antonio será el típico hermano mayor que siempre anda metiendo las manos en donde no le incumbe.

El padre de Rafaela es obviamente Azteca, después de mucho rebuscar decidí dejarlo simplemente como Águila, ya que al parecer era el animal que representaba la luz y la guía. En este caso, es algo que Rafaela y sus hermanos necesitan porque heredaron el talento de su padre para la magia oscura. Y el hombre se asegura de enseñarles a sacarle provecho a esto.

Un dato curioso es que el nieto de Slytherin se encuentra en la escuela y no es Rafaela, tampoco lo es Gilbert o Julchen. Por lo que tampoco lo es Ludwig. Tendremos que esperar para enterarnos de quien será el heredero de Slytherin. Lo que sí puedo decir, es que tanto Rafaela como sus hermanos son de interés para el futuro señor tenebroso

Relashio Es un hechizo que se puede usar para liberar a personas y objetos, además de que según la wiki puede hacer que quien la tiene capturada, se aleje siendo arrojado con mucha fuerza.

Furunculus Es un hechizo que hace que el cuerpo de una persona se llene de Furúnculos

Reversio Es un hechizo que se utiliza para devolver el hechizo de otro mago hacia el mismo. Este creo que solo se utilizó en los juegos.

Mobilicorpus Es un hechizo que hace levitar a una persona ya sea que esté consciente o inconsciente.

Finite Incantatem Es un hechizo para detener todos los encantamientos en un área en específico.

Orquideous Es un hechizo que crea flores.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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