Scandalous
By: HybridVirus

Dedicado con mucho cariño a los Reviewers que esperaron por la actualización de esta historia, a pesar de que se encontraba en Hiatus.

CuteMuffin / FrancisB / lillithcosa / charmingkitty / AGedeon / Nahomy Lpez / P-Y-Z-K / MiraiLenKun

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capitulo IV

El eco de las pisadas del cuarteto de serpientes resonaba entre los tranquilos pasillos del viejo castillo. El agradable silencio entre los cuatro solo se veía roto por la conversación del par de pelinaranjas, que caminaban detrás del pelirrojo y la pelicastaña; el debate de ambos Kirkland preparando las tácticas que les parecían mejores para el partido de pasado mañana, resonaba como el único ruido de fondo para la caminata de los cuatro estudiantes. Un gesto de duda se apodero de la dueña de los orbes miel al sentir como la mirada del joven a su costado se mantenía firme sobre su persona. No entendía porque él siempre la miraba de reojo, sus orbes siempre la buscarían para después desaparecer entre la multitud de los estudiantes. Pero…. estaba segura de que, su mirar era muy diferente al de sus mismos hermanos.

–¿Sucede algo capitán?

Una agridulce sonrisa se apodero de los pálidos labios del pelirrojo, al mismo tiempo que giraba el rostro para mirarla fijamente a los ojos. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal al ver la curiosa mirada opalina fija sobre ella. 'Lamento no haberte podido ayudar' susurro la voz del pelirrojo al mismo tiempo que, desviaba la mirada de su persona al entender que el prefecto de Slytherin se estaba disculpando por el asunto transcurrido hace horas atrás. Con un suave movimiento de cabeza, la dueña de los resplandecientes orbes ambarinos negó intentando quitarle importancia a lo que había ocurrido hace horas atrás en las afueras del comedor. Allister Kirkland siempre había sido educado con ella, jamás la había tratado de una forma que le hiciera pensar que, la veía como alguien indigna de portar los colores de la casa verde platinada. Sin embargo….

–Deberías descansar, no es necesario que vayas a la práctica de mañana.

Ordeno finalmente la voz del ojiverde, al mismo tiempo que entraban los cuatro al comedor y se dirigían a los puestos que se encontraban usualmente ocupando en la larga mesa de la casa de la serpiente, sin darle a la pelicastaña la más mínima oportunidad de negarse a semejante orden. Algo había en Allister que le parecía diferente al resto de los estudiantes, algo un tanto… peculiar. No estaba segura de como describirlo, pero la forma en la que el pelirrojo caminaba por Hogwarts era diferente a la del resto de los adolescentes que habitaban en el lugar. Mientras algunos se centraban en los deportes y otros en los estudios, Allister sobresalía en todos los campos posibles, era un líder innato lleno de carisma y que no toleraba las faltas de respeto hacia su persona.

–Disfruta el descanso.

Una pequeña sonrisa fue dirigida a los pelinaranjas que se despedían sonrientemente de su persona. La actitud del adolescente era algo muy diferente a lo que estaba acostumbrada, él simplemente actuaba como si fuera el verdadero amo y señor del lugar, su dominio sobre la magia era algo asombroso a los ojos de todos con su corta edad, la forma en que se pavoneaba después de salir victorioso de un duelo, le recordaba a un egocéntrico pavorreal con las plumas de su cola completamente expuestas, la forma en la que utilizaba todo a su favor para obtener la ventaja y de igual forma todo lo que quería; pero eso tenía sentido a los ojos de la mexicana, después de todo, así había obtenido el título del príncipe de Slytherin, el mismo título que compartía exclusivamente con sus dos hermanos en la casa de la serpiente.

–¡Hey!

Una sonrisa se apodero de los labios de la ojimiel al ver al dúo de peliblancos sentados ya en la mesa, los mismos que no dejaban de hacer gestos y que no paraban de mover las manos para que se sentara con ambos; exigiéndole de ese modo que ignorara las llamadas de alguno que otro miembro de la casa verde, quien le ofrecía amigablemente un asiento en la aun no tan concurrida mesa del comedor. Una pequeña sonrisa llena de disculpas y una promesa de unirse a ellos en otra ocasión fue la respuesta de Rafaela al sentarse con las serpientes albinas, quienes se miraron de un modo cómplice para después dirigir sus miradas hacia la recién llegada.

–Ya nos estábamos preocupando.

Menciono la ojicarmin, al mismo tiempo que miraba de reojo al pelirrojo que se había sentado con sus hermanos cerca del final de la mesa, el mismo que se encontraba lo más alejado posible de los profesores. '¿El capitán menciono algo?' pregunto al aire el alemán, mientras empezaba a tomar comida y colocarla sobre su plato. Ofreciendo alcanzarles a las hechiceras todo aquello que se encontraba más cerca de su lado de la mesa. El eco de una cuchara golpeteando en la porcelana de la tasa de té de Julchen se había convertido en el único ruido de fondo entre ellos tres, mientras que el trio se disponía por fin a comer aquello que no habían podido hacer en la tarde después del fiasco de esa en el pasillo.

–El capitán cree que debo descansar y no participar en la práctica.

Una ceja de la mexicana se arqueo al ver la forma en la que los hermanos se miraban de reojo; con un suave movimiento el peliblanco se giró levemente sobre la banca para mirar a Rafaela a los ojos. 'Creo que es bastante sensato' menciono el dueño de los resplandecientes rubíes al mismo tiempo que introducía a su boca un poco de las papas gratinadas que se encontraban en su plato. Un gesto lleno de incredulidad se apodero del rostro de la bronceada hechicera, asegurándose de mirar a Julchen a los ojos esperando que negara de algún modo las palabras de su hermano.

–No lo tomes a mal, estamos preocupados.

Añadió la joven su punto de vista a la conversación, para después llevar la porcelana de la taza de té hacia sus labios. Un suave suspiro repleto de satisfacción escapo de los pálidos labios de la chica, mientras le dirigía una dulce mirada llena de preocupación a la dueña de las hebras castañas 'No sabemos cuánto tiempo le tomara a Mathias dejar de actuar así' un insistente asentimiento con la cabeza fue la respuesta de Gilbert, mientras se aseguraba de beber un poco para después volver a posar sus orbes en su compañera de casa 'Mathias es problemático sin estar embrujado'

–Creo que, están tomándose muy enserió esto.

El eco de la voz del alemán susurrando 'Solo piénsalo' resonó en la tranquila atmósfera que se encontraba entre los tres estudiantes, para ser seguido por un '¿Que pasara en el campo de vuelo, si él te sigue?' susurrado por la voz de la ojicarmin, intentando brindarle un poco de seriedad a las palabras con las que intentaban convencer a la pelicastaña. Sería preferible para ambos que Rafaela aceptara quedarse en la banca al menos durante el partido de quidditch que se llevaría a cabo pasado mañana. Les sería realmente beneficioso que las cosas se llevaran a cabo de ese modo, pero ¿Cómo convencerla?

–Están exagerando.

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El repentino eco de las puertas del comedor golpeándose estruendosamente resonó en la inmensa habitación. Las miradas de los miembros de las cuatro casas mágicas se posaron sobre la puerta, donde un alto rubio rebuscaba entre todos los miembros de la mesa de las serpientes a la dueña de los orbes caramelo. Un gesto lleno de cansancio se apodero de los orbes de los Ravenclaws, al igual que uno de incertidumbre se posó sobre los Hufflepuffs al ver como el rubio entraba al enorme salón, dando pasos firmes y decididos en la dirección de la mesa de las serpientes. El eco de un 'Fermaportus' cerro de golpe las puertas detrás del rubio, evitando de ese modo que esta vez alguien se atreviera a interponerse en su camino.

–Anko

Siseo un molesto rubio platinado, mientras mantenía fijos sus orbes índigo en el orgulloso y altivo caminar del tarado que era su amigo de la infancia. El mismo que se estaba adentrando solo, en el nido de las serpientes buscando probablemente un pleito que lo llevaría a salir volando hacia alguna de las direcciones de las mesas vecinas o a estrellarse en la pared. El rubio se masajeo la sien al mismo tiempo que se ponía de pie y empezaba el proceso de rodear su propia mesa, para intentar acercarse lo más pronto posible hacia el exaltado rubio que no dejaba de buscar celosamente entre los molestos rostros de las serpientes, a la persona que necesitaba ver en ese mismo instante.

–¡Rafaela!

El sonoro eco de sus apresurados pasos, se unió al repentino grito del rubio que resonó en el tenso ambiente, los orbes de varios miembros de las tres casas se abrieron en un gesto lleno de sorpresa, al entender que el duelo que se llevaría a cabo en ese instante seria realizado en contra de la serpiente cobriza. El eco de los tensos susurros de los estudiantes resonaba en los alrededores, al mismo tiempo que varios de los miembros de la casa esmeralda sacaban sus propias varas, en caso de que fuera a ser necesario intervenir antes de que la mexicana pudiera sacar la propia, para responder al furioso escandinavo que se acercaba rápidamente en la dirección de los gemelos peliblancos.

–¡Rafaela!

Un cansado suspiro escapo de los sonrojados labios de la ojimiel, al mismo tiempo que se ponía de pie y dirigía una mirada molesta al dueño de los intensos orbes azules, que se acercaba rápidamente hacia su persona. El eco de su exaltado grito resonaba por todo el ambiente; pero si Mathias Kohler creía que esa sería la forma en que la intimidaría, estaba completamente equivocado. Lo más probable fuera que finalmente el alto rubio se hubiera enterado de lo que había pasado en el pasillo hace horas atrás, si el escandinavo estaba ofendido por que Julchen lo hubiera arrojado contra el resto de sus compañeros, seria ella quien tendría que responder al ataque esta vez, no permitiría que alguien más se interpusiera ahora que no se encontraba atrapada por las manos del nórdico.

–Mathias

El tono ácido de la dueña de las hebras castañas resonó en el pequeño pasillo creado por el espacio entre las mesas de las serpientes y los cuervos. Varios de los Ravenclaw se apresuraron a alejarse del punto donde era más que obvio, que se llevaría a cabo el onceavo enfrentamiento del día entre las casas con la eterna rivalidad. Algo estaba muy mal con Kohler, era más que obvio que esa poción lo había afectado de algún modo extraño. Por segundos gritaría que la quería en los pasillos, y después la miraría con una extraña llama en los ojos, como si quisiera atraparla y no dejarla escapar nunca de su agarre. El eco de las palabras de Gilbert esa misma tarde resonaron en su cabeza, ella misma había visto al danés correr por un pasillo gritando que la quería. Pero no se podía confiar sobre qué tan profundo, estaba arraigado el falso afecto creado por la pócima de la que había sido víctima.

–¡Saca tu varita Kohler!

Siseo la ojimiel al mismo tiempo que movía su capa negra hacia un costado, exponiendo la camisa blanca y la falda negra de su uniforme, junto a la corbata que se encontraba atada a su cuello como un moño en vez del uso normal. Les recordaría a todos quien se encontraba frente al rey de los leones. Desde que había llegado a Hogwarts, había hecho que su nombre se volviera algo conocido en el campeonato de duelos. No había un solo rival que la enfrentara de frente, sin que uno de sus maleficios lo tocara. Una sonrisa maliciosa se dibujó sobre los labios de Rafaela, al mismo tiempo que la pálida mano del escandinavo se introducía en su propia capa grabada con el escudo del león.

–Rafaela…

El eco del palpitar de su desbocado corazón, bombeando sangre en sus tímpanos y la estruendosa voz del rubio, inundo el resto de sus sentidos. Sus orbes se encontraban fijos en el alto joven, quien empezaba a acortar la distancia entre ambos con sus repentinos pasos, los ecos de sus largas pisadas se encontraban resonando en el estático recinto, al mismo tiempo que le acercaban a una velocidad alarmante hacia la dueña de las hebras castañas. Un relajado suspiro escapo de la ojimiel, al mismo tiempo que iniciaba su propia reverencia llevando una de sus manos hacia su hombro, permitiéndose recostar su antebrazo contra su propio pecho, para finalmente volver a tomar en su mano la varita que le daría la victoria frente al alto nórdico.

–Yo…

Con un rápido movimiento de su muñeca, la ojimiel giro su varita apuntándola hacia el rubio, preparándose de ese modo para arrojar su primer hechizo hacia el alto león. Solamente para abrir los ojos como platos al ver la forma en la que Mathias se dejaba caer sobre sus rodillas y gracias a la velocidad de sus apresurados pazos, se deslizo de golpe por la piedra del castillo hasta quedar de rodillas frente a la ojimiel. El movimiento del rubio sacando finalmente aquello que había tomado de debajo de su capa, y colocándolo entre ambos finalmente le robo cualquier clase de razonamiento a la serpiente de tonos caramelo. En especial al posar su incrédula mirada, ante lo que le era ofrecido por el dueño de los resplandecientes orbes azules como el cielo.

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El murmullo del sepulcral silencio que se apodero del comedor, le permitía concentrarse por completo en la exaltada respiración del rubio que aún se encontraba con una de sus rodillas sobre el empedrado del piso. Al mismo tiempo que le sonreía dulcemente, mientras que sus ojos parecían suplicar que aceptara el objeto entre sus manos, el mismo que todos los estudiantes se encontraban mirando como si se tratase de una bomba de tiempo a punto de explotar. La incrédula mirada de los miembros de la casa esmeralda se encontraba fija sobre el rubio, mientras los ecos de algunas de las chicas de la casa rubí parecían desplomarse de golpe contra la mesa, al ver lo que estaba pasando.

–Yo te quiero

Un intenso tono carmín se apodero del rostro de la ojimiel al escuchar la gentil voz que, escapaba de los pálidos labios del dueño de las hermosas aguamarinas. Un tembloroso jadeo escapo de la serpiente al ver el encantador tono rosado de las dalias, que se entremezclaban con el suave tono blanco y amarillo de los pétalos de las margaritas, junto a los frondosos claveles de un encantador color rojo que inundaban por completo toda la extensión del ramo de flores, todas envueltas amorosamente en un papel del mismo tono verde de su casa, y que eran sujetadas por un enorme lazo rojo que se envolvía alrededor del ramo en un moño.

–Tú también me quieres.

Un escalofrío recorrió a la dueña de la cabellera castaña, al escuchar la segura afirmación del rubio. Mathias le estaba asegurando que ella también lo quería, en vez de preguntarle a la cara si sentía algo por él. Los labios de la mexicana se separaron intentando formar palabras, al mismo tiempo que intentaba ignorar todas las miradas que se encontraban firmes sobre los dos. Podía sentir las gélidas miradas de sus compañeros de casa puestas sobre su persona, esperando que rechazara la afirmación del rubio. De igual modo podía sentir las incrédulas y sorprendidas miradas de los Ravenclaws que no dejaban de mirarla por unos cuantos segundos, para después posar su mirada sobre el rubio que aún se encontraba en el suelo. También estaban ahí las nerviosas miradas de los Hufflepuffs quienes se encontraban viendo todo con un deje de curiosidad, esperando porque alguno de los dos hiciera finalmente un movimiento.

–En verdad te quiero…

Con un rápido movimiento el rubio se puso finalmente de pie, consiguiendo que todos los presentes se tensaran al ver la forma en que Mathias acortaba la distancia entre ambos, los orbes miel se abrieron desmesuradamente al ver la forma en la que el rostro del rubio se acercaba al suyo. El movimiento era lento, gentil, suave como quien busca no asustar a un aterrado felino, para evitar que no le dé un zarpazo en respuesta a semejante atrevimiento. Los orbes del rubio se mantuvieron fijos en los de la chica más bajita que él. Sus cuerpos aprisionaron gentilmente el ramo de flores atrapado entre ellos, la única barrera que se encontraba separándoles y que no tendría poder alguno para detenerlo, si la estatura del danés tenía algo que decir al respecto.

–Rafaela…

Susurro el nórdico casi en el oído de la joven, mientras sus orbes se mantenían fijos sobre los sonrosados labios que se encontraban frente a él. Solo tenía que acercarse un poco más, solo un poquito más. El rubio podía sentir su corazón desfallecer con la taquicardia del traicionero órgano en su pecho, completamente fuera de control. El aroma de miel, vainilla y de la tierra humedecida por el gentil beso de la lluvia lleno por completo su nariz. Un tembloroso jadeo escapo de sus labios al ver como esos ojos que lo habían mirado con las ganas de destrozarlo hace unos cuantos minutos, ahora se encontraban prácticamente rendidos a sus pies. Lentamente sus dedos acomodaron las hebras castañas detrás de la oreja de la dueña de los orbes miel, para finalmente acortar la casi inexistente distancia entre sus labios.

–¡Petrificus Totalus!

Un jadeo escapo de Rafaela mientras daba unos cuantos pasos hacia atrás, sus orbes se encontraron atrapados sobre el congelado rubio que se había encontrado a tan solo milímetros de sus labios. La ojimiel miro sobre su hombro posándose con los entrecerrados zafiros del rubio platinado, que se acercaba mientras murmuraba entre dientes un sinfín de ofensas para el miembro de la casa escarlata. Los pasos de Siegfried resonaron en el lugar al mismo tiempo que la puerta del comedor se abría finalmente, para dejar pasar a los exhaustos leones que habían conformado el equipo de búsqueda y captura del escurridizo rey de la casa escarlata. Los orbes miel se posaron finalmente en el ramo de flores que se encontraba entre sus manos, intentando recuperar el control sobre sus ardientes mejillas, de que servía avergonzarse si ¿Esto ni siquiera era real?

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Espero que estén teniendo un excelente día ¿Qué es esto, una actualización doble y en el mismo día? Debe de estar nevando afuera o helando, no hay duda de ello. Es la única explicación razonable.

Ah, finalmente puedo descansar tranquila. Durante el proceso de creación de esta historia, este fue uno de los momentos más agradables a mis ojos. Esperaba con ansias el momento de poder crear este capítulo donde Mathias haría publico todo el caos que se le vendría encima a Rafaela.

A partir de aquí el Rey León intentara hacer que su afecto sea correspondido a como dé lugar. Ya que Mathias está completamente seguro de que Rafaela lo quiere también. Pero vamos que el pobre está bajo la influencia de una poción, obvio que cree tener la razón, porque la margarita le dijo que ella lo quería.

Las flores del ramo que Mathias le entrega a Rafaela tienen un significado que es bastante relevante para el futuro de la historia. Las margaritas amarillas significan fidelidad y lealtad, lo cual podemos ver que no es el fuerte de Mathias. Porque coquetea con todas las chicas de la escuela, exceptuando a las serpientes porque esas no aceptarían por la presión social de los miembros de la casa esmeralda.

Las margaritas blancas representan la inocencia, pureza y belleza. Estas pudieran ser tomadas como el afecto que siente en ese momento Mathias por Rafaela. A sus ojos las emociones en su interior son bellas, puras e inocentes. Las dalias rosas significan 'Siempre te hare feliz' esta es una promesa que el Mathias bajo los efectos de la poción, le ofrece a la ojimiel.

Los claveles rojos significan 'Amor Sincero' de nueva cuenta el afecto que ofrece el rubio es completamente sincero, pero este no real porque se encuentra bajo los efectos de la poción. Que es lo mismo que menciona Rafaela al final del capítulo.

Creo que descansare unos días más, pero no estoy segura de sí habrá una tercera actualización para Scandalous este mes, todo será cuestión de esperar y ver cómo evolucionan las cosas.

Quiero agradecer a los lectores fantasma, la actualización ha traído a una enorme cantidad de tráfico a la historia, pero enserio si les gusta me agradaría que me lo dejaran saber con un review. Del mismo modo quiero agradecer con todo mi corazón a quienes apoyan siempre con su hermoso review.

Fermaportus Es un hechizo que sella puertas.

Petrificus Totalus Es un hechizo que congela por completo a una persona y no le permite moverse.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

¿Dudas? ¿Comentarios? ¿Critica? ¿Etc.? ¡Ya saben qué hacer, envíen un review!

"Formemos parte de la línea de reviews, cuando leamos un fanfic con un personaje que nos gusta y no es muy común ver, de un fandom olvidado o de una historia que nos guste; dejemos un review, porque esa persona escribe para nosotros y que mejor forma de inspirarla y darle combustible para seguir"