Scandalous
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

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Capítulo VI

El suave eco de los murmullos de las mesas de todas las casas mágicas, resonaba gentilmente en el usualmente ruidoso gran comedor. Las curiosas miradas de los estudiantes se concentraban apenas unos cuantos minutos en su comida, para después volver a posarse en el bizarro cuadro que se encontraba pintado en la mesa de la casa de los basiliscos. Las cejas arqueadas de diversos estudiantes de la casa esmeralda, se encontraban incapaces de volver a la normalidad, mientras que sus orbes se mantenían fijos en el estudiante de la casa escarlata, que se había atrevido a tomar el lugar que se encontraba libre al costado de la serpiente mexicana. Las discretas risas del par de peliblancos eran difíciles de ignorar, mientras miraban la forma en que las resplandecientes aguamarinas, se habían atrevido a iniciar una silenciosa batalla, contra las opalinas pertenecientes al príncipe de las serpientes.

– Mathias, deberías volver a tu mesa.

Susurro la dueña de las hebras castañas, al mismo tiempo que miraba de reojo a cierto grupo de leones, quienes no dejaban de mirar boquiabiertos como su capitán se encontraba sentado junto a todos los miembros del equipo de las serpientes, en la mesa de la casa esmeralda. La mano del rubio se colocó sobre la de la ojimiel, asegurándose de entrelazar gentilmente sus dedos con los de la chica, mientras que la mirada del león se mantenía fija sobre la del pelirrojo que se encontraba sentado en el lugar que estaba frente a él. 'Quiero estar contigo min dronning' un coro de indiscretas risas escapo de varios de los miembros del equipo esmeralda, al escuchar el brusco énfasis del león rubio al hacer notar que la serpiente de las hebras castañas, no se encontraba disponible para que anduvieran insinuándosele de ningún modo.

– Eres bastante insolente Kohler…

Siseo la voz del pelirrojo al mismo tiempo que una sonrisa maliciosa se dibujaba sobre sus labios. La mirada divertida de Allister se posó sobre la dueña de los orbes miel, haciendo que el rubio apretara los dientes al entender que, a pesar de sentirse el ganador del silencioso encuentro. El capitán del equipo contrario prefería mil veces mirar a su Rafaela sabiendo de sobra cuanto lo molestaría eso; estaba más que consciente de que esto, no era más que una ridícula provocación. Los orbes azules se entrecerraron en un gesto lleno de molestia, y sin pensarlo mucho con un rápido movimiento de su muñeca, el rubio atrajo la mano de la dueña de las hebras castañas hacia sus labios, para colocar un beso sobre la bronceada piel de la ojimiel.

– Y tú eres bastante atrevido, por tomarle la mano a mi novia.

El sonoro eco de la carcajada de Gilbert, las discretas risas de los gemelos Kirkland, el sorprendido jadeo de Emmet, junto a la incrédula mirada de Julchen y la repentina tos de Rafaela, que había estado bebiendo un poco de jugo y que al escuchar las palabras del rubio, se había atragantado de golpe con el líquido, resonó junto a todo el repentino caos que provenía del cuarteto de mesas, que no dejaban de mirar sorprendidos en la dirección del rubio y de la pelicastaña. No era sorpresa alguna que Mathias tuviera una novia nueva, pero el rubio jamás había intentado acercarse a las serpientes como para que una de ellas, aceptara semejante cosa. El sonoro eco de los llantos repletos de pena y gritos llenos de ira de los miembros femeninos de la casa escarlata, resonaba insistentemente en el lado contrario del comedor.

– ¡Eso no es verdad!

Chillaron un sinfín de voces al mismo tiempo que algunos de los miembros de la casa escarlata empezaban a gritar a todo pulmón sobre el caos '¡Alguien se está haciendo pasar por el capitán!' La idea de que las serpientes habían realizado una poción multijugos, y que se habían desecho del mismo león para asegurarse de tener la victoria en sus manos, resonaba insistentemente en el tenso ambiente del comedor. El eco de las puertas azotándose de golpe contra las paredes de piedra, se alzó sobre todo el pánico y los gritos sin control de la casa escarlata. Varios de los estudiantes que no se encontraban gritando desviaron rápidamente la mirada, al ver entrar la silueta de la profesora que estaba a cargo de la casa roji dorada.

– ¡¿Qué significa esto?!

El repentino silencio que se apodero del comedor, resonó en lo más profundo de los estómagos de los estudiantes. Los castigos de la profesora Carriedo no solían ser nada agradables, y si debían de elegir entre ella y el profesor Díaz, seria mil veces preferible ser castigados por el profesor Águila quien usualmente solo buscaba hacerlos escarmentar y que se mantuvieran fuera de problemas, mientras que la profesora Isabel… era una historia completamente diferente. Los orbes verdes de la española se deslizaron sobre las mesas repletas de estudiantes, intentando encontrar la razón de semejante zafarrancho, que se encontraba causando estragos por todo el castillo. Este era el segundo día sin calma en la escuela de magia, y tenía que haber una explicación razonable para esto.

–Continúen con la cena, y asegúrense de comportarse mientras lo hacen.

El murmullo de los pasos de la europea resonaba en el ambiente, mientras los estudiantes volvían discretamente su vista hacia sus compañeros de casa, asegurándose de evitar la mirada esmeralda de la hechicera. Había algo extraño en el ambiente, podía sentirlo de sobra y el caos de las casas era la prueba de ello, primero el pelito de ayer en las afueras del comedor, el mismo del que se tuvo que mantener al margen, gracias a las órdenes del director roma. Y del que Águila se había hecho cargo, castigando así a varios de los miembros del equipo de Quidditch de la casa roji dorada. A pesar de que había exigido detalles, nadie había compartido nada más que un simple 'Pelea de encantamientos' con ella.

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El suave murmullo de las conversaciones de los estudiantes pululaba por el recinto, haciendo que los orbes verdes se deslizaran perezosamente sobre los estudiantes en las mesas, quienes no hacían más que cuchichear discretamente entre ellos mismos. La dueña de las hebras rojizas se aseguró de dirigir su mirada llena de curiosidad, al estudiante de la casa rojiza que se encontraba sentado a un lado de su hija, en la mesa de las serpientes. Le resultaba bastante extraña la cercanía de Mathias Kohler con su hija, no era algo común ver a los leones y las serpientes entablar alguna clase de charla, que no terminara en alguna clase de pleito o duelo mágico. Quizás lo más extraño era la calma de las serpientes, quienes no parecían encontrarse molestas del todo con la invasión del león en su territorio.

–Águila ¿Pero qué diablos significa eso?

Murmuro la castaña rojiza, intentando entender porque razón el rubio, insistía en fulminar con la mirada a Allister Kirkland y las nada discretas risas de Gilbert Beilschmidt. El repentino movimiento del alto pelinegro llamo la atención de la europea, quien miro con una ceja arqueada la forma en la que el moreno se masajeaba el puente de la nariz, sin que sus orbes dorados se desviaran de la silueta de la mayor de sus hijas. 'Esa es la prueba de que no la hemos educado bien…' sentencio el hombre al mismo tiempo que tomaba su copa de pulque, asegurándose de beber el líquido como si intentara evitar pensar en lo que el estudiante escarlata, podría significar en el delicado balance de sus planes. Tenía expectativas de su primogénita, pero tal parece que la manzana en verdad no cae tan lejos del árbol.

–Mi pobre hija…

Una de las cejas de la española se arqueo levemente, en un gesto cuestionador al ver la forma en la que el pelinegro se masajeaba las sienes con ambas manos, y le dirigía una mirada cansada al espectáculo del rubio que se encontraba como un erizado gato, al ver la sonrisa socarrona del pelirrojo que se encontraba frente a él. 'No lo entiendo' susurro el hombre al mismo tiempo que recostaba su cabeza en el respaldo de su silla, olvidándose de la etiqueta y postura rígida que siempre llevaba consigo mismo. Isabel giro los ojos al ver de dónde había heredado su hija esos mismos gestos, por los que el hombre solía exigirle a Rafaela más control sobre su persona.

–Está a punto de seguir los pasos de su padre…

Susurro el hombre mientras negaba con un suave movimiento de su cabeza, él en algún momento había sido joven y también había sido un estudiante en estas mismas paredes. Al igual que su hija había portado con orgullo el uniforme de la casa esmeralda y también había tomado decisiones… cuestionables a los ojos de muchos otros. Los orbes dorados se posaron sobre las resplandecientes esmeraldas de la mujer que era su compañera de vida, aquella con la que se había casado y con quien había decidido pasar el resto de su existencia. Un cansado suspiro escapo del oji dorado, mientras tomaba sus cubiertos e ignoraba las curiosas miradas de los otros profesores, que se encontraban en la mesa principal. Todos sabían de sobra a lo que el pelinegro se refería.

–Tiene tantas opciones de donde elegir, está el Kirkland mayor, alguno de los hermanos Morgens.

Menciono el pelinegro haciendo que los orbes de la castaña rojiza se colocaran sobre cada uno de los estudiantes mencionados, es cierto que Allister era el epitome de la excelencia que la hechicería podía ofrecer con dedicación. Su talento era algo asombroso, así fuera un maleficio, un encantamiento, alguna poción o incluso su talento para usar la escoba, simplemente no había nadie que pudiera cuestionar los resultados que el estudiante pelirrojo podía obtener como líder de la casa esmeralda. Abel Morgens en cambio, no era lo que llamaría un estudiante ejemplar. Estaba segura de que todas esas pociones que encontraban en las manos de los estudiantes, eran creación suya ya que no se podía discutir el talento del rubio a la hora de tomar control sobre un caldero. Emmet en cambio era un joven encantador, realmente dulce y adorable que estaba segura estaba en la casa equivocada, pero que tenía un talento excepcional para los encantamientos mágicos, a la hora de enfrentarse a cualquier contrincante en un duelo.

–También Siegfried Bondevik o incluso Vladimir Loup, serian excelentes candidatos.

Los orbes verdes se deslizaron sobre el silencioso Ravenclaw que podría ser considerado como el equivalente de Allister Kirkland en la casa de los cuervos, Lukas Bondevik era otro ejemplo asombroso de lo que las familias mágicas, con años de correcta educación y matrimonios adecuados podían forjar de sus linajes. Una última mirada dirigida al propio prodigio de la casa de los Hufflepuff, le recordó que el mismo Vladimir era parte del grupo de los estudiantes más prometedores con los que contaba la escuela. Pero no tenía sentido alguno lo que su esposo le estaba diciendo en este mismo instante. ¿Que podían tener de relevante todos esos jóvenes, con el león que se encontraba invadiendo el territorio de las serpientes?

–Pero no… quiere cometer los mismos errores de su padre, y terminar con uno de esos gatos.

Los orbes verdes de la española se abrieron de par en par, al mismo tiempo que dirigía la mirada hacia el pelinegro a su costado, tenía que estar escuchando cosas. Porque no había la más mínima posibilidad de que su bebe, estuviera involucrándose con Mathias Kohler. Había miles de estudiantes en la escuela de magia, entonces ¿¡Porque tenía que ser el coqueto de Mathias Kohler!? Los orbes dorados se posaron sobre la mujer, que había tomado las solapas de su saco y lo empezaba a zarandear de un lado a otro, con una desesperación que era perceptible al resto de la mesa de profesores; mientras la mujer lloriqueaba sobre como su bebe estaba cometiendo una reverenda estupidez, y su padre no hacía nada para detenerla.

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El rápido movimiento de los miembros del equipo esmeralda poniéndose de pie, llamo repentinamente la atención del resto de las casas. El susurro de las capas negras moviéndose rápidamente en la dirección de la salida del gran comedor, era acompañada por los diversos buenos deseos del resto de los miembros de la casa verde platinada. Las esperanzadas miradas y sonrisas del resto de las serpientes, les recordaba lo que se encontraba en juego con el partido de mañana. No había la más mínima oportunidad de que se permitieran perder. No cuando el resto de la casa esmeralda esperaba una victoria de todos ellos. Con suaves pasos la dueña de los orbes miel se detuvo frente a uno de sus compañeros, para colocar la mano sobre su hombro.

–¿Emil, me darías un minuto de tu tiempo?

La pálida ceja del ojilila se arqueo levemente al ver a Rafaela detenerse a un costado de donde se encontraba, para después dirigir la mirada hacia el pucheroso e inmenso ojiazul, que se encontraba de pie detrás de ella. No había forma alguna en la que el rubio platinado pudiera mantenerse estoico, ante las mejillas infladas del imponente león que se encontraba pululando alrededor de la pelicastaña, como si se tratara de una molesta abeja revoloteando alrededor de una pobre e indefensa flor. Con un firme asentimiento, el joven escandinavo se puso de pie para seguir a la pelicastaña a la salida del comedor. Un gesto lleno de curiosidad se apodero de las facciones del menor al ver la discreta sonrisa de la serpiente cobriza.

–¿Puedes acompañar al capitán y al resto del equipo?

Los ojos del joven islandés se deslizan lentamente, sobre el sonriente rostro de la otra estudiante al no entender porque razón, su compañera de casa le pide que se una al equipo en lo que parece ser una última practica para el partido de mañana. Lo correcto sería que todo el equipo entrenara una última vez, pero al parecer Rafaela no los acompañara al campo de vuelo. Un asentimiento es la única respuesta que Emil puede profesar, mientras intenta ignorar las insistentes miradas y gestos del rubio que hace ademanes con sus manos para que se vaya. Un cansado suspiro escapa de los labios del peliblanco, mientras se promete recordarle a su hermano que controle a su primo lo mejor posible, para que no perturbe tanto a la dueña de los orbes ambarinos.

–¿Mathias, aun sigues aquí?

Pregunto la sorprendida mexicana, al ver la forma en la que el rubio se mantiene de pie a su lado. La resplandeciente sonrisa del ojiazul es algo que Rafaela ha visto un sinfín de veces, no es poco común el verla en los pasillos cuando la casa escarlata sale victoriosa, después de algún partido de quidditch, un enfrentamiento con alguna otra de las casas, o incluso en algún duelo mágico contra las serpientes. Pero hay algo extraño… los orbes de la ojimiel se colocan sobre el pálido rostro del joven europeo, era la primera vez que veía una sonrisa más… suave en las facciones del rubio. Sus sonrisas en los duelos solían ser algo más bien… socarrón para provocar a su rival. Durante sus victorias lo acompañaría una estruendosa carcajada, y cuando coqueteaba con las chicas solía sonreír de un modo tan engreído, que podría jurar que la cabeza del león estallaría en cualquier momento, gracias a lo inflado de su ego.

–¿A dónde más iría?

La mirada ambarina se desvía del rostro del chico, intentando justificar la extraña sensación que se ha apoderado de su estómago, como una reacción natural al haber mezclado su cena habitual, con los waffles de Emmet. Porque esa es la única explicación razonable, para ese extraño revoloteo en su estómago. Los orbes miel se ocultan tras sus parpados, al mismo tiempo que la mexicana respira profundamente, para intentar controlar ese extraño pensamiento que no puede permitir siga rondando por su cabeza. Esto no es real, nada de esto es aceptable, porque ella no es una mala persona. Puede que el mundo crea que los estudiantes de la casa esmeralda son malos, pero eso no implica que eso sea cierto.

–¿A las torres?

Pregunta sin el menor cuidado la dueña de los orbes miel, al mismo tiempo que estira perezosamente los brazos. Intentando evitar mirar nuevamente al rubio. La actitud de Mathias es algo completamente fuera de lo normal, el engreído y egocéntrico león al que mira de reojo en los pasillos, es al que sabe cómo tratar a diario; ellos no se llevan mal si es que debe ser honesta. No se dirigen la palabra, muy apenas se miran de reojo al verse pasar, en las clases que comparten cada uno se sienta con su propio grupo de amigos. Aunque hay una rivalidad entre sus casas, pareciera que ellos simplemente no eran dignos de recibir la molestia del contrario. No era la primera vez que ambos terminaban en un enfrentamiento, pero Mathias nunca apuntaría su varita hacia algún punto cercano a ella, y por simple cortesía Rafaela se aseguraba de hacer lo mismo, concentrándose en sus blancos favoritos.

– No puedo irme, hasta que min dronning se encuentre en sus aposentos.

Los orbes miel se abrieron en un gesto de sorpresa al ver la forma en la que el orgulloso león, colocaba una de sus rodillas en el suelo para después tomar cuidadosamente su mano. Un escalofrío le recorrió por completo la espina dorsal, al ver la intensa y profunda mirada cerúlea posarse sobre su persona. Las resplandecientes aguamarinas del capitán del equipo rojidorado resplandecían con algo que escapaba a la comprensión de la serpiente cobriza. Había algo ahí, algo que no sabía cómo nombrar, una intensidad que parecía arder como el fuego de un maleficio, que se había salido por completo de control. La sensación de los labios del rubio colocándose de nuevo contra su piel, le encendió las mejillas de un resplandeciente tono rojo, que traicionaba por completo la calma que su rostro parecía profesar, a quienes hubieran podido ver lo que había pasado en ese silencioso pasillo.

– Min dronning… ¿Me permitirás escoltarte?

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Espero que se encuentren bien lectores y que estén teniendo un excelente día. Sé que no he podido actualizar otras historias, pero he tenido tanto trabajo extra en la oficina, porque algunas de las compañeras cayeron victimas del Covid. Es por esa razón que no he tenido nada de tiempo libre para escribir. Pero al menos habrá una actualización en este mes, y con la apretada agenda diaria, en verdad que siento que es un logro impresionante xD.

Isabel es obviamente Nyo España, quien fue una estudiante de la casa de los leones, es por esa misma razón que Aguila menciona que "La manzana no cae muy lejos del árbol" haciendo énfasis en que él, hizo lo mismo que Rafaela en su adolescencia, aunque los padres de la misma no saben que Mathias está completamente hechizado. Aunque puede que Águila si este consciente de esto, pudiera ser por esa misma razón que no esté interponiéndose en el camino de lo que sabe, que eventualmente terminara en algún momento. Tendremos que esperar para saber que pasa entre el suegro y el yerno no tan favorito xD.

Ah Mathias es un encanto, en las culturas nórdicas no existe el cortejo al que los latinos estamos acostumbrados. Es por esta misma razón que en el momento en que Rafaela recibió las flores que Mathias le obsequio. Es más que prueba suficiente a sus ojos de que son novios. Que es la misma razón por la que no le agrada la forma en la que Allister se dirige hacia la pelicastaña. Y en el que tampoco disfruta como Emil le roba la atención de Rafalea, haciéndole señas de 'Shu' con los dedos para que se retire y los deje finalmente solos.

Efectivamente, Emil será el reemplazo de Rafaela en el partido. Lo que le dará la oportunidad de salir de las bancas de los grados menores, para lucirse con los estudiantes más problemáticos y afrentosos de toda la casa de las serpientes, así que una cabeza fría como la suya sería necesaria para el partido. Cabe mencionar que los blancos favoritos de Rafaela para arrojarle maleficios, son obviamente Alfred y Francis.

Sin más que agregar por el momento, dejen un Review y nos vemos en la próxima actualización.

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"Formemos parte de la línea de reviews, cuando leamos un fanfic con un personaje que nos gusta y no es muy común ver, de un fandom olvidado o de una historia que nos guste; dejemos un review, porque esa persona escribe para nosotros y que mejor forma de inspirarla y darle combustible para seguir"

:Reviews:

Guest: Me alegra mucho que te guste la historia, la pareja es simplemente encantadora a mis ojos, y me hace realmente feliz que te guste la personalidad de ambos. ¡Muchas gracias por tu review, espero que sigas disfrutando de la historia!