Scandalous
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capitulo VII

El suave murmullo de los pasos de ambos estudiantes, resuena en los silenciosos pasillos del palacio, los mismos que irradian tanta calma para el par de jóvenes que se mueven lentamente por el viejo empedrado de la antigua edificación. Tanto la serpiente cobriza como el león rubio, son conscientes de que la mayoría del alumnado, aún se encuentra disfrutando de su cena en el gran comedor. Es a causa de esto que ambos pueden caminar lentamente, asegurándose de disfrutar de la agradable compañía del otro. Los pálidos labios de Mathias dan paso a una gentil sonrisa, al posar su mirada sobre la silenciosa dueña de los orbes miel. La misma que solamente suspira mientras intenta igualar los lentos pasos de su rubio acompañante, para no abandonarlo en el silencioso recorrido hacia las mazmorras.

El corazón del alto escandinavo late completamente fuera de control, ante el conocimiento de que su compañera está intentando ser cortés, y educada con su solicitud de acompañarla hacia los dominios de las serpientes. Una parte de él sabe que Rafaela puede negarse a dicha petición, porque sabe que para ella no es común este tipo de cosas. Pero… esto es lo correcto, porque su novia se merece todo esto, se merecía las miradas, las caricias, las muestras de afecto y devoción, junto a todas las palabras que pudieran escapar de sus labios. Las manos del rubio se aprietan con decisión, mientras se asegura de erguirse de un modo orgulloso, como sabe de sobra que siempre hacen todos los miembros de la casa carmín.

Los orbes celestes se posan sobre la bronceada mano de la serpiente mexicana, notando el suave movimiento de la extremidad de la pelicastaña siendo mecida por su tranquilo andar. La lengua de Mathias se desliza nerviosamente contra su labio inferior, intentando decidir si debe pedir permiso para tocar la piel que ha sido besada tan amorosamente por el sol. Discretamente los dedos del rubio se acercan lentamente hacia la mano de la ojimiel, intentando no llamar la atención de su tranquila acompañante. El corazón del danés late desbocado en su pecho, como si se tratase de un salvaje e indomable caballo, galopando a toda marcha en el interior de su pecho. La pálida mano del ojiazul se acerca hacia la inocente dueña de los orbes caramelo, esperando poder tomar la mano de la serpiente que se ha apoderado por completo de sus pensamientos, sus sueños y aún más importante… de su corazón,

–Min dronning…

Jadea el rubio ante la inexistente distancia de sus pálidos dedos, frente a esa pequeña y firme mano que Mathias podría jurar, sería capaz de destrozar con el agarre de apenas unos cuantos de sus dedos. Un sonoro lamento deja los labios del europeo, al percatarse de la mirada que la dueña de los orbes ambarinos le dirige sobre su hombro. Usualmente el rey de los leones no se quejaría de que la ojimiel le mirara, pero el ver la forma en que ambas manos de la pelicastaña se encuentran unidas, sin darle la más mínima posibilidad de tomar alguna de ellas en su agarre. El rubio no puede hacer más que inflar discretamente las mejillas, ante la clara muestra de insolencia que proviene de la estudiante que ha elegido como su igual. Porque no hay la menor posibilidad de que Mathias Kohler, se permita adorar a alguien que no sea digno de él.

–¿Me permitirás tomar tu mano?

El corazón del rubio late completamente fuera de control nuevamente, al percatarse del intenso tono escarlata que se apodera lentamente de la piel de bronce, que pertenece a la despiadada reina de los duelos mágicos. No importa cuánto tiempo pase en este viejo palacio, donde los estudiantes aprenden sobre la magia y las criaturas que provienen de la misma. Hay constantes que simplemente no cambian en esta escuela, que se sabe dedicada a enseñar este arte a todos aquellos que tienen talento para ella. Los Ravenclaw son listos, los Hufflepuffs son agradables, los Gryffindors son valientes, los Slytherins son leales. Mathias es el rey de su casa, asegurándose de guiarlos a la victoria en todo lo que pueda.

–¿Q-que?

La forma en que la voz de su acompañante se quiebra, resuena en lo más profundo de la existencia del león, porque ese nerviosismo grita a los cuatro vientos sobre como la reina es despiadada con sus enemigos, pero en este momento… Mathias no es su enemigo en ningún aspecto de la palabra. Es por eso mismo que el rubio sabe, que jamás ha podido brindarle la victoria a su casa en el campeonato de duelos, porque él mismo león ojiazul no puede negar que la única e indiscutible reina de dicho evento… es la joven mujer que se ve simplemente encantadora mientras su rostro arde gracias al sonrojo, que se encuentra completamente fuera de control en su rostro.

–Quiero tomar tu mano min dronning… ¿Me permitirás hacerlo?

Los orbes miel se encuentran abiertos a mas no poder, al escuchar la firme voz del autoproclamado rey de Hogwarts. Una de las manos de Rafaela se separa de la otra, para moverla de un lado a otro anunciando su negación a la petición del alto ojiazul. Solamente para jadear ante la repentina calidez que se aferra a su diestra, la taquicardia en el pecho de la ojimel la lleva a entender que ese golpeteo que resuena insistentemente en sus oídos, es la sangre que su corazón bombea sin control por todo su torrente sanguíneo. Un tembloroso suspiro escapa de los carmines labios de la mexicana, al sentir la forma en que los dedos del más alto se entrelazan gentilmente con los suyos, al mismo tiempo que una voz en su cabeza menciona con un tono lleno de sorpresa, que su mano pareciera encajar perfectamente en la de Mathias, a pesar de la notoria diferencia de tamaños entre las mismas.

–No quiero que alguien intente robarte de mi lado…

La siniestra de Rafaela cubre como puede su sonrojado rostro, agradecida de sobra con la ausencia del resto del alumnado en los corredores. Esto es algo de lo que está segura que su reputación jamás se recuperaría, no sin que algunos de sus compañeros basiliscos la culparan de estar coludiéndose de una forma tan descarada con el enemigo. La sensación de su mano siendo mecida lentamente gracias a los movimientos del rubio, despiertan de nuevo esa sensación en su estómago. La misma que la latina espera que en verdad sea el inicio de una horrible indigestión, para no pensar en que esto podría tratarse de una situación completamente deplorable para ella en un futuro.

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El suave murmullo de la brisa nocturna meciendo las hojas de los árboles en los jardines, que los estudiantes suelen ver al cambiar de aulas de clases resuena en los alrededores, mientras la mirada ambarina observa de reojo las pálidas facciones del sonriente león, que se rehúsa a liberar su agarre sobre la mano de la dueña de las hebras cobrizas. Hay algo realmente extraño en esta caminata que comparten ambos estudiantes, pertenecientes a las casas con la rivalidad más grande que exista en el mundo de la educación mágica. La mirada miel se desliza discretamente sobre el rostro de Mathias, por un momento pensando en las palabras que los miembros de la casa escarlata han gritado en el comedor con completa seguridad, quizás alguien le está haciendo una broma de mal gusto, haciéndose pasar por uno de los leones para después revelar que en verdad todo había sido una jugarreta para hacerle hervir la sangre.

–¿Mathias?

Pregunta en un tono suave la dueña de los orbes caramelo esperando ver qué clase de respuesta, obtendría después de usar el nombre que le pertenecía al león que usualmente la evadiría en los duelos. La mirada de Rafaela se mantiene fija en la sonrisa que pasa de ser algo pequeño y discreto, para después convertirse en un gesto radiante completamente repleto de felicidad y adoración, en el rostro que Rafaela recuerda ver algunas veces una molesta sonrisa socarrona y egocéntrica. Esto es algo completamente diferente a lo que Rafaela está acostumbrada a ver, este no es el Mathias que ella conoce. No es el egocéntrico león que guiña indiscriminadamente en la dirección de todas las chicas, o el mismo que suele apoyarse con una mano contra la pared para poder coquetear con cuanta estudiante se le pusiera enfrente.

–Por fin min dronning… por fin dices mi nombre…

La piel de la pelicastaña se eriza por completo al ver esa extrañamente cálida, y gentil mirada posarse sobre su nerviosa figura. Pero una parte de ella justifica completamente esta emoción, porque esto no es normal para la serpiente cobriza. Mathias hace esto con las otras estudiantes de la escuela, quienes probablemente son vistas como compañeras, como conocidas o quizás inclusive como amigas. Pero Rafaela sabe que para el león ella no es más que una de las tantas enemigas, que probablemente para él no es vista como alguien a su altura. Puesto que el rubio jamás ha dado el menor indicio de molestarla, despreciarla públicamente o incluso de atacarla durante los duelos en los que ambos se encuentran peleando.

–Por favor… una vez más.

El corazón de la dueña de la piel de bronce late desbocadamente en su pecho, al percatarse de la cercanía del rubio a su persona. La mano que se desliza lentamente de su cuello en una caricia que le roba el aliento, se detiene sobre su mejilla para acunar su rostro con un cuidado, que simplemente no existe en los gestos del rey de los leones. La mirada caramelo se encuentra fija en las resplandecientes aguamarinas, que se encuentran frente a ella gracias a la forma en que el más alto, presiona gentilmente su frente contra la de ella. Un tembloroso suspiro escapa de los entreabiertos labios de la ojimiel, al sentir la forma en que la diestra del león se coloca firmemente sobre su cintura, como intentando evitar cualquier intento de escape de su persona.

–Di, mi nombre… una vez más.

Los parpados de la mexicana se cierran intentando desesperadamente, retomar algo de control ante las inesperadas sensaciones que producen en su interior las sorpresivas acciones del apuesto león, que Rafaela sabe de sobra no puede permitirse mirar de semejante forma, a no ser que quiera tolerar las miradas reprobatorias del resto de los basiliscos. La cercanía entre Mathias y ella es casi inexistente, tanto que la ojimiel puede percibir de sobra el aroma dulzón escapando del uniforme del alto rubio. La repentina calidez que se presiona sobre su pecho y el aroma de galletas de mantequilla, inundando abrumadoramente sus sentidos junto a la calidez de unos brazos envolviéndola sin la menor duda, hacen finalmente que su cerebro haga cortocircuito ante el abrazo en el que sabe de sobra, que se encuentra completamente por su propia voluntad.

–¿Lo pues ver, min dronning…?

Un suave suspiro escapa de la pelicobriza al mismo tiempo, que su mejilla se presiona contra el cálido pecho del león rubio. Hace unos días atrás el ver a Mathias tan cerca de ella, la había llenado de un pánico sin igual. El rubio era mucho más grande que ella y aunque ella podría responder, no había forma de negar que a un lado del danés Rafaela era mucho más pequeñita, y una pelea física sería algo mucho más complicado de resolver, que un duelo mágico donde ella parecía tener ligeramente la ventaja. La sensación de una mano entrelazándose con el cabello de su nuca, para después acariciar las castañas hebras en un gesto cariñoso. Producía un cambio radical en sus recuerdos, pues no tenía sentido el repentino cambio de sensaciones, que le había dado el león que la había llenado de pánico, para ahora hacerla sentirse cálida, tranquila y completamente a salvo.

–Encajas perfectamente en mis brazos.

La mirada ambarina se abre repentinamente de golpe, mientras una extraña incomodidad se hace presente en su estómago ¿Es esto lo que sentían las otras chicas? Los orbes de la mexicana se entrecierran, al mismo tiempo que sus manos se colocan en los costados del rubio buscando empujarlo, para intentar recuperar la distancia entre sus cuerpos "¡Reacciona!" sisea una voz insistentemente en su cabeza, a pesar de que esa extraña sensación en su pecho continua presente. ¿En qué diablos estaba pensando? Acurrucándose de esa forma con uno de los miembros de la casa escarlata. Como si no fuera mejor que todas las estudiantes, que prácticamente se arrojaban ante el encanto del engreído adonis ojiazul, que en apenas un par de días las cambiaría por la siguiente complaciente ilusa, que estuviera dispuesta a intentar hacerse un lugar en el hueco que el león tenia por corazón.

–¡Suéltame Kohler!

Las resplandecientes aguamarinas se entrecierran en un gesto repleto de duda, sin entender el repentino desagrado de la ojimiel con el contacto de su cuerpo. Si apenas unos cuantos segundos atrás, Rafaela se encontraba presionándose contra él, como si de un mimado y feliz gatito se tratase. Las manos del rubio se presionan contra el pequeño cuerpo, que busca a toda costa alejarse de su abrazo. Las manos del rubio bajan lentamente por los costados de la pelicastaña, buscando el mejor punto para llevar a cabo su plan. Porque no hay forma alguna, en la que Mathias se permita que Rafaela escape estando tan molesta con él. No cuando quiere volver a repetir el abrazo que apenas recién compartió, con la persona que más quiere en este mundo.

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Un repentino grito repleto de sorpresa escapa de los labios de la mexicana, al sentir la forma en la que es levantada del suelo, gracias a los fornidos brazos del rey de los leones. Las bronceadas extremidades se aferran al cuello del rubio, intentando asegurarse de que no va terminar repentinamente en el suelo. Para después posar su mirada sobre los resplandecientes y sinceros orbes celestes que la miran esperanzadamente, mientras que el murmullo de los pasos del más alto resuena en el desierto jardín. La sensación de ser dejada de pie sobre la plana superficie de una banca de piedra, la hace sentir un poco más tranquila al saber que al menos no existe la menor posibilidad de que termine en el suelo.

–¿Qué sucede, min dronning?

El rostro de Rafaela se desvía hacia el costado posándose en uno de los tantos arboles del jardín, rehusándose a prestarle mayor atención a la mirada de cachorrito regañado, que parece ablandar ligeramente la molestia en el interior de su corazón. Los brazos de la ojimiel se retiran del cuello del alto ojiazul, intentando recuperar un poco el control ante esta situación. La sensación de las manos del rubio deslizándose lentamente, sobre los costados de su torso le acelera de nuevo el corazón. Las palabras de Gilbert resuenan insistentemente en su cabeza, no tiene que ceder por completo a los deseos de Mathias para molestar de vuelta al resto de los leones. Pero si tiene que mantenerlo lo suficientemente cerca, como para el efecto de lo que sea que lo tiene bajo un hechizo, continúe al menos hasta que termine el partido de mañana.

–No quiero que me trates… como el resto de tus novias.

Susurra la dueña de las hebras castañas mientras se rehúsa a encontrarse con la mirada cerúlea, no hay forma en la que Rafaela pueda tolerar ser tratada como una de las tantas conquistas del rey de Hogwarts. Su estómago burbujea ante el recuerdo de cuantas compañeras estudiantes, ha visto caminar abrazadas al egocéntrico rey de la casa escarlata. Después de esto la gente hablara de ella como una más del montón, y eso es algo que Rafaela simplemente no puede permitir. Su cariño, amor y devoción por la casa de la serpiente no tiene límites, pero no hay forma en la que permita que el resto de la institución mágica hable de ella, porque siempre será conocida como la primera serpiente en caer ante el odioso león rubio, si continua con la descabellada idea de Gilbert sin antes poner un claro limite, a las descabelladas acciones del Gryffindor.

–Min dronning… tu eres mi primera novia.

Menciona la voz del rubio en lo que la latina cree reconocer como un tono soñador, haciéndola mirar incrédulamente al ojiazul para después soltar un sonoro 'Si, como no' en lo que sabe es un gesto para desacreditar las palabras de su acompañante. El rostro del rubio gira levemente hacia un costado, rehusándose a separar su mirada del molesto rostro de la pelicobriza. 'Solo eran encuentros casuales…' menciona con un tono repleto de curiosidad el alto nórdico, para después sonreír divertido al ver la forma en la que los orbes caramelo giran, en un gesto repleto de incredulidad ante sus palabras. El corazón del danés late sin control en su pecho una vez más, al ver el molesto semblante de la reina de los duelos que se encuentra atrapada entre sus brazos.

–¿Estas celosa… min dronning?

Los orbes caramelo se abren desmesuradamente ante la pregunta de su acompañante, intentando encontrar una explicación para las absurdas palabras de su autoproclamado 'novio'. Un extraño pánico se apodera del estómago de la dueña de las hebras castañas, al entender de donde vienen las palabras de su no tan agraciada compañía. Para una persona externa que no sabe absolutamente nada, sobre la inexistente relación que ambos poseen a lo largo de los años que han estado juntos en Hogwarts. Sus palabras pueden parecer las acusaciones de una novia celosa, molesta ante las insistentes y arrastradas pretendientes de su novio.

–¡No seas ridículo!

Chilla la horrorizada ojimiel al entender de donde su nuevo y flamante novio, saca la ridícula historia de que su molestia proviene de los celos, que según el produce en su persona los intentos de conquista del resto de las estudiantes femeninas en la institución mágica. Los dedos de Rafaela se aferran a la capa negra de Mathias con una desesperación, que ni ella misma puede entender de donde proviene. La frente del rubio se presiona nuevamente contra la suya, obligándola a posar su mirada sobre las resplandecientes aguamarinas, que se encuentran fijas sobre su rostro. De nuevo puede percibir esa extraña emoción en los orbes del rubio, algo que sabe ha visto con anterioridad en los ojos de sus padres… pero que simplemente no es real… porque el rey de Hogwarts está bajo el influjo de alguna poción de amor.

–No tienes por qué estarlo, soy solamente tuyo Rafaela.

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Buenos días lectores, espero que estén teniendo un excelente inicio de fin de semana. Finalmente tenemos una actualización para esta pequeña historia que ha juntado tanto cariño, con el paso del tiempo. Finalmente empezara la caída de Rafaela en el interminable abismo que es el poco discreto afecto de Mathias. ¿Podrá sobrevivir el orgullo de Rafaela al asedio del rey de los leones? Eso es algo que nos llevará un poco de tiempo averiguar, pero que sin duda alguna será un camino repleto de un Mathias, que avergüenza a diestra y siniestra a Rafaela. Porque no será tratada como el resto de las conquistas de Mathias. Todo por un comentario inocente que cierto rey va a usar como un estandarte para mostrar que su amor quema con la intensidad de mil soles.

En todos los años que tanto Mathias como Rafaela se encuentran en Hogwarts, Rafaela nunca ha llamado al Gryffindor por su nombre. Así que el león se emociona no solo porque esta 'enamorado' si no porque en verdad es la primera vez que su nombre escapa de los labios de Rafaela. Dependiendo de algunos movimientos, aún tenemos uno o dos capítulos más antes de que el partido entre las serpientes y los leones se lleve a cabo. Y Mathias ande por ahí haciendo de las suyas, así que espero poner un poquito más de convivencia entre el león enamorado y la no tan emocionada serpiente.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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