Scandalous
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capitulo IX

La fresca brisa mece las hebras rubias al mismo tiempo que se mantiene cerca de la entrada de los vestidores. El susurro de sus compañeros preparando sus propias estrategias en el interior, resuena en sus oídos recordándole que tienen que ganar a toda costa este partido. Las manos de Mathias se cruzan sobre su pecho, intentando prepararse mentalmente para el encuentro que tendrá en el estadio. Es la primera vez que el rey de Gryffindor admitirá, que se siente presionado para obtener a toda costa los resultados que desea.

No solo tiene que ganar para llevarle la victoria a la casa escarlata, necesita ganar porque de lo contrario Rafaela pensara que es incapaz de conservar sus promesas. No puede permitir que eso pase, no importa el costo tiene que ganar a como dé lugar, solamente así podrá amortiguar el avance de las serpientes en la tabla de puntaje, y mantener contenta a Rafaela para que no lo ignore por el futuro campeonato de duelos.

–¿Capitán porque sigues afuera?

La mirada del nórdico se dirige hacia la silueta de la rubia ceniza, que se encuentra a unos cuantos pasos de distancia. Mathias simplemente asiente como un saludo al mismo tiempo, que devuelve su mirada hacia la entrada del pasillo que les permitiría salir del edificio. '¿Sera que me estabas esperando?' los ojos del europeo se entrecierran en un gesto pensativo, intentando entender que razón puede llevar a Amelia Jones a suponer semejante cosa.

Porque las palabras dichas por Rafaela están repletas de verdad, y Mathias lo sabe… No es mentira que cambiaría de pretendienta, apenas terminara un partido de quidditch. No podía arriesgarse a llamarlas novias… a no ser que quisiera molestar a la serpiente de ojos miel, por eso era bastante extraño que Amelia se encontrara aquí, intentando hablarle cuando el resto de las chicas al ser cambiadas, parecían detestarlo e incluso planear la forma de fastidiarle el resto del año escolar.

–No, espero por min dronning.

Una sonora risa escapa de los labios de la leona, a la par que toma el brazo del alto escandinavo. Las cejas de Mathias se fruncen mientras se pregunta, que puede causarle tanta gracia a su compañera de casa. La barbilla de la estadounidense se presiona contra su brazo, en un gesto que Mathias sabe de sobra lo meterá en problemas, si Rafaela logra ver la familiaridad de la chica con su persona.

Con un movimiento del hombro del europeo, Amelia se aparta de su brazo arqueando la ceja en un gesto repleto de curiosidad. En la semana que llevan juntos Mathias jamás se ha rehusado al contacto físico, así sea algo tan simple como dejarla que tome su mano al caminar por los pasillos. ¿Probablemente se encuentre tenso por el partido? Los brazos de la chica envuelven la cintura del león, asegurándose de sonreír socarronamente para responder a las palabras de Mathias.

–Esa es una excelente broma, pero no tienes por qué seguir con eso… mientras estamos solos.

Un vértigo sin control se apodera del estómago de la chica, al ver la forma en que los ojos del capitán del equipo escarlata, se rehúsan a dirigirle siquiera una mirada. Los hombros de Mathias se encuentran tensos, mientras sus orbes se rehúsan a desviarse del final del pasillo. Como si… enserio estuviera esperando, por la llegada de alguien que no es ella. Claro que sabe lo que paso hace unos días en el gran comedor ¿Cómo no hacerlo? Si todos los miembros de su casa tenían la sospecha detrás de semejante acto.

Después de tantos años de insistir en que Rafaela, nunca les daba problemas directamente. Mathias finalmente había desistido de mantenerse al margen, y por fin haría algo en contra de esa Slytherin, que el capitán siempre se había empeñado en mantener fuera del alcance del resto de sus compañeros. Por supuesto que sabe que esto tiene que ser una broma para Rafaela, una que ella misma debe de admitir es realmente cruel, pero en la que no interferirá de ningún modo.

–Amelia suéltame, no quiero que Rafaela malinterprete esto.

Las uñas de la chica se hunden en la tela del uniforme de Mathias, entendiendo de sobra que no es su imaginación y la voz del león, en verdad se ha suavizado al decir el nombre de la desgraciada, y ponzoñosa víbora de los duelos. Esto es absurdo ¿A qué diablos está jugando Mathias? Esto no es más que una puta broma, entonces… ¿Por qué su Mathias se atreve a hacerla a un lado, como si Rafaela fuera mucho mas importante?

'Deja de jugar Mathias…' gruñe entre dientes la dueña de los orbes azules, al mismo tiempo que intenta evitar que el escandinavo escape de su agarre. Las manos del león empujan con cuidado los hombros de la chica, para alejarla de su cintura intentando conseguir que Amelia entienda, que no quiere que ninguna parte de ella entre en contacto con su cuerpo. Un sinfín de maldiciones escapan de los labios de la joven, para detenerse de golpe ante la repentina forma en que Mathias la hace a un lado.

El rostro de Amelia gira para ver la forma en la que jura que los pasos de Mathias, parecen dar saltitos mientras se apresura a encontrarse con la silueta vestida de negro y verde al final del pasillo. Las onduladas hebras castañas le dicen lo suficiente, como para saber que es Rafaela quien está siendo abrazada en este instante por el rey de los leones.

–Esto tiene que ser una broma…

Las náuseas en su estómago se hacen aún más notorias, al ver la resplandeciente sonrisa en los labios del escandinavo. No hay forma alguna en la que pueda creer, que las emociones que el hombre porta en su rostro sean falsas. Esto no parece ser una broma como el resto de los miembros de su casa piensan.

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Los gritos de los estudiantes en las gradas resuenan insistentemente en el ambiente, permitiéndole a Rafaela sentirse extraña al poder ver a su equipo adentrarse en el estadio, es diferente ver todo desde el exterior y saber que esta vez no será ella quien arroje la quaffle para hacer anotaciones. Los gritos de sus acompañantes la hacen ponerse de pie, para alzar y mover con fuerza el banderín que varios miembros de la casa esmeralda, portan en apoyo a su inesperado reemplazo.

El nombre de 'Emil' parece resplandecer contra los tenues rayos del sol, mientras los ecos de los nombres de los integrantes del equipo de los basiliscos, resuena por todas las gradas de la casa verde plateada con gritos repletos de emoción. Una pequeña risa escapa de la ojimiel al escuchar su propio nombre, entre los canticos de sus compañeros algunas gradas más hacia atrás.

–¿Crees que los leones puedan sobrevivir?

La mirada de Rafaela se posa sobre los gélidos ojos violeta, pertenecientes a la rusa que sonríe de un modo tan gentil que casi podría pensar, que la malicia en su voz era algo realmente inventado por su imaginación '¡El capitán Allister se ve tan genial!' gritan varias voces femeninas alrededor, mientras el nombre de uno de los príncipes de Slytherin, se vuelve el mantra de los gritos de las serpientes.

Mientras que los gritos de las gradas de los leones, muestran la propia emoción de sus acérrimos rivales. Rafaela es consciente de la curiosa mirada, que Anya le dirige de reojo. Pero honestamente no es el momento de pensar, si su amiga en verdad intentara incomodarla con una pregunta directa, sobre la curiosa situación en la que se encuentra.

–Espero que dominemos el partido desde el inicio…

La mano de Anya se coloca debajo de su barbilla, para dirigir su mirada hacia el campo donde los miembros de cada equipo, está realizando su vuelo de calentamiento. Por un instante la mirada de Rafaela se encuentra con los saludos, las sonrisas y los guiños de sus compañeros de equipo. Sus ojos se detienen sobre el casi imperceptible, y nervioso resplandor en los ojos de Emil.

El mismo que parece desaparecer cuando sus ojos se encuentran, el islandés tiene el potencial para ser un excelente jugador, simplemente es cuestión de permitirle que se acostumbre al estadio. Lo ha visto practicar y sabe que la serpiente platinada, es capaz de ocupar su lugar al menos mientras ella lo permita. La repentina visión de un uniforme rojo, interponiéndose entre sus ojos y el avergonzado saludo que Emil le dedica, la hace sentir que su estómago cae en picada.

–Por favor Anya… Dime que ese no es Kohler, arrojándome besos e invadiendo la formación de nuestro equipo…

Menciona Rafaela en un tono repleto de negación, mientras cierra los ojos para no ver el espectáculo, creado por el capitán del equipo contrario. El danés mantiene su equilibro con el agarre sobre el mango de su escoba, al mismo tiempo que los dedos de su siniestra se colocan sobre sus labios, para arrojar un beso en la dirección de la serpiente acomodada en la primera fila, de las gradas de la casa esmeralda.

El gesto le recuerda los besos que arroja el descarado león francés, quien no hace más que reír sobre como finalmente alguien, ha reconocido la genialidad de sus románticas acciones. Después de esto Rafaela sabe que no le quedara ninguna reputación, para salvaguardar de las habladurías que estarían revoloteando por el resto de la escuela.

–Podría mentirte, pero creo que el silencio en el estadio es respuesta suficiente.

Los ojos de Rafaela se abren al sentir la forma en que sus dedos, son colocados contra sus labios por su acompañante. La mirada de Anya resplandece con una malicia, que Rafaela reconoce a la perfección y que entiende es la verdadera razón por la que se encuentra en la primera fila de las gradas. 'No seas cruel Rafaela, el pobre gato ha intentado llamar tu atención hace diez vueltas.' Susurra entre risitas la europea, intentando disimular la gracia que la causa toda esta situación.

Un pequeño tic nervioso se apodera del parpado izquierdo de la bronceada joven, intentando pensar en cómo sus compañeros esperan que su amor por la cresta de las serpientes, sea mayor al de su ahora inexistente dignidad gracias a las acciones de Mathias. Un cansado suspiro escapa de los labios de la serpiente cobriza, para dirigir su mirada hacia el frente y encontrarse con los orbes celestes, que parecen resplandecer en el momento en que sus miradas se encuentran fijas la una en la otra.

–Eres una verdadera amenaza Kohler…

Susurra entre dientes la mexicana al mismo tiempo, que se asegura de reacomodar los dedos contra sus labios. Ha visto a Francis hacer esto un sinfín de veces, no debe de ser tan vergonzoso de imitar si incluso el tarado de Mathias se atreve a hacerlo. Los dedos de Rafaela se separan de sus labios, para arrojar un beso en la dirección del campo de juego, estando de sobra consciente sobre el extraño silencio en todo el estadio.

El mismo que parece estallar en una completa histeria, al ver la forma en que Mathias se estira hacia atrás y casi cae de su escoba, en un gesto que imita el atrapar dicho beso. Hay algo curioso en el ambiente, una pesadez realmente abrumadora que Rafaela intenta convencerse, no tiene nada que ver con las miradas de la casa escarlata, intentando apuñalarla para que muera en donde se encuentra. Aunque… no puede explicarse ¿Por qué siente, como si ella misma acabara de sellar su destino?

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Buen día lectores, espero que estén pasando un excelente día y que disfruten de su fin de semana largo, aquellos que no trabajan mañana. Tengo un capitulo nuevo para esta historia, el mismo se extendió un poco en ambos cortes y decidí no agrandarlo aún más. Empieza el partido de Quidditch y con ello da inicio la desesperación de ambos equipos, por conseguir asegurar la victoria para sus correspondientes casas.

En este capítulo podemos ver un poco de trasfondo detrás del porqué, Mathias nunca ha sentido la necesidad de atacar a Rafaela. Usualmente la mexicana no es quien empiece algún conflicto, por el contrario, Rafaela suele mantenerse al margen de las cosas, hasta que llegan a un punto en el que siente que debe hacer algo. Es a causa de esto que Rafaela siempre ha correspondido, la forma en que Mathias la ignora con la misma cortesía del león, procurando no atacarlo y no meterse en su camino.

Esto es algo que se ha visto roto en estos días, y es a causa de esta situación en el comedor, que algunos de los miembros de la casa rojidorada, suponen que todo el teatro de Mathias se trata de alguna especie de broma cruel. Algo que Amelia empieza a ver como muy poco factible, con la extraña forma de actuar del rey de los leones.

Mathias no conoce la discreción, ni nada por el estilo. Así que era bastante obvio que no toleraría el ser 'ignorado', por Rafaela mientras se encuentra en medio del juego. Tendremos que esperar para saber qué es lo que el rubio se trae entre manos, además de verlo sufrir en el campo de juego al darse cuenta de que tiene que compartir la atención de Rafaela.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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