Rehén
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Nadie en el mundo de los vivos entendía realmente la vida.
Muchos pasaban valioso tiempo de la misma maldiciendo su suerte y destino, preguntándose ¿Porque ellos? ¿Por qué de las miles de personas en el mundo tenían que ser justamente ellos? Piensan que son los únicos que reciben desgracias y culpan a la vida.
Se equivocaban.
Si bien no todos podían comprenderlo en su momento y lugar, no significa que sea lo contrario.
La vida no odia.
La vida no maldice.
La vida nos entrega.
La vida siempre daba otra oportunidad.
Y quienes lo sabían mejor que nadie eran los habitantes de la sociedad de almas. Bendecidos con una nueva oportunidad, ahí las personas podían rehacer sus vidas, lejos de lo que alguna vez los ató o los lastimo y aunque no era perfecto, era más de lo que muchos podrían desear.
"Una vez más, solo una vez más". Era el pensamiento que embargaba a todo ser humano al morir, así que esa "vez más" se les otorgaba. Pero todo tiene un límite, un final, todos llegado a su tiempo deben desaparecer, ninguna suplica será escuchada, ningún último deseo se hará realidad…y la voz de Hinamori Momo se apagaba mientras sentía que su segunda oportunidad se le escapaba de las manos sin poder atraparla.
-Espera…Espera…No…-Susurraba cierta morena, palabras al vacío.
Hinamori se sentía suspendida en un oscuro abismo, ya no había dolor, hambre o frio, solo tortuosos pensamientos que la rodeaban, la engullían, se repetían incesantemente dentro de su cabeza una y otra y otra vez. Ella no estaba en paz, aun no quería morir. Tenía muchas cosas que hacer y nada de tiempo.
-Si solo…tuviera un segundo más…yo
Quería enmendar sus errores, solucionar cosas que dejo pendientes, como aquel libro que le regalaron pero nunca leyó. Que al abrir sus ojos se encontrara en su cama, salir, asomarse por la ventana y comenzar a ser valiente, decidida, ser más ella y menos lo que los demás esperan, mover su tiempo por sí misma, no solo esperar a que otro lo haga en su lugar. Demostrarse lo fuerte que era en verdad…Pero ya no había tiempo y si mucha tristeza.
En realidad, tenía muchos pesares. Le habría gustado aquella vez, en la batalla por Karakura, matar al traidor de Aizen. Le habría gustado visitar más a la abuela quien cada vez que la despedía le pedía que volviera pronto. Le habría gustado poder proteger a sus subordinados. Le habría gustado, poder disculparse con cada uno de ellos y decirles que para ella también había sido un honor. Pero por sobre todo, deseaba con todo su ser el despertar y decirle a Shiro-chan que lo amaba.
Ahora todo eso era imposible.
-Shiro-chan, Shiro-chan, Shiro-chan-Las palabras se perdían sin ser escuchadas jamás por aquel al que amaba.
Su vida comenzó a correr ante sus ojos, cada cosa que había pasado, una a una lentas grabándosele en las pupilas, burlándose de ella, muchas cosas ni si quiera las recordaba con claridad, pero todas le dejaban una sensación aplastante en el pecho, no importaba si fueran felices o tristes, para ese punto era demasiado doloroso.
En ese delirio las imágenes se entremezclaban unas con otras en un torbellino confuso en el que ciertas imágenes se cruzaron ante ella, eran diferentes, pero algo dentro de sí le decían que era de ella. En algún momento su alma le dio la respuesta: Memorias de su vida como humana.
Nunca lo creyó posible, desde que había llegado a la sociedad de almas nunca había logrado recordar algo de esos tiempos, ni una imagen llego a su mente, ella era un fantasma sin pasado, sin embargo, siempre pensó que era lo mejor, seguramente no había nada que valiera la pena. Ahora podía ver lo equivocada que había estado; recordó a sus padres, tenía una hermana, un perro y una pequeña granja parte de un pueblo en medio de la nada.
Era como un sueño, quiso extender su brazo y rozar las imágenes, saber más de ellos. Pero desaparecieron tras un parpadeo, regresando a su vida presente.
De entre todas alcanzo a distinguir el momento en que abrió los ojos encontrándose en la sociedad de almas, su miedo, las manos amorosas de su querida abuela y también unos ojos aguamarina que la miraban curiosos. Nunca lo supo y ahora se daba cuenta que probablemente ese fue el encuentro más feliz de su vida, cuando se aferró a aquellas dos personas como una tabla de salvación.
¿Cómo estarían ahora ellos? ¿La extrañarían? ¿Llorarían? ¿La maldecirían? No, estaba segura.
Su abuela probablemente lloraría mucho; Renji apretaría sus puños y gritaría un montón de cosas, culpándose, pero él no tenía la culpa de nada; Izuru se quedaría en blanco unos momentos y después trataría de estar feliz diciéndose a sí mismo "Era lo que ella hubiese querido"; Rangiku sonreiría tristemente y ahogaría sus penas en alcohol hasta que olvidara lo que paso; Hisagi diría que es lo normal para un shinigami, sin embargo cada noche antes de dormir recordaría a cada uno de sus compañeros caídos, incluyéndola a ella y Shiro…Él seria quien mas sufriera.
No era que fuera pretenciosa, pero ahora que veía cada uno de sus recuerdos al lado de todos ellos podía decir que los conocía más de lo que alguna vez imagino. Se despidió en silencio, esperando algún día volver a verlos, se despidió mientras las imágenes desaparecían y la poca luz que la rodeaba se extinguía.
Aleteando como mariposa un último recuerdo se posos sobre ella. Un último momento de cuando era humana.
Se encontraba arriba de un árbol de ciruelos, las flores blancas cosquilleaban en su mejilla. La extensión verde lucia brillante, suave y esplendoroso ante sus pies al ser mecido por el viento, a su lado sentía una cálida mano y logro captar por el rabillo del ojo el atisbo de un mechón albino.
Pero poco a poco la imagen se borraba, regresándola al oscuro olvido y antes de perder por completo ese recuerdo alcanzo a ver al pie de un árbol una misteriosa sonrisa.
…
Un grito desgarrador se elevó en el aire.
Tan lastimero, tan miserable que cualquier persona en su lugar habría corrido en auxilio. Pero no él, sabía a quién pertenecía y sabia porque lo hacía. Ella estaba mal herida, asustada, no sabía que estaba pasando, justo ahora era como un perro callejero que atacaría a la menor provocación. Esperaba no causarle un paro cardiaco.
La imagen de él haciendo "Bo" y ella cayendo muerta le pareció graciosa. Negó, no era el momento, no la había rescatado de la muerte y el total abandono para acabar con ella, seria tiempo perdido de otro modo. Suspiro, era hora de visitar a su nueva mascota.
Con paso lento se dirigió a la pequeña y destruida construcción que en el páramo silencioso se erguía con su endeble estructura derruida. Aunque más que casa diría que eran los restos, muchas partes ya ni si quiera eran habitables y lo poco que quedaba de ella era apenas suficiente como para cubrir el frio viento. Si no fuera por el hecho de que la lluvia había parado, justo ahora tendrían goteras.
No era de sus mejores escondites, pero debido a la falta de tiempo era lo único que había logrado conseguir.
Subió a la veranda y camino hasta la pequeña habitación, ahí sobre la madera a medio podrir seguía la joven, justo donde la había dejado; En silencio se recargo sobre el marco de la entrada. Cuando la encontró a punto de morir ella era como una vieja muñeca de porcelana, endeble, apenas si respiraba, tan roja que de no conocerla no sabría decir como lucía su rostro.
La había llevado en brazos, su principal objetivo era sacarla de la sociedad de almas, nadie debía saberlo, aun si eran personas de confianza para ella, pero la pequeña shinigami no se lo permitió, apenas un par de kilómetros y la sintió desvanecerse, estaba a punto de desaparecer, así que se vio obligado a hacer una parada para tratar de reanimarla.
El único lugar cercano que conocía y donde estarían a salvo (por un corto periodo de tiempo), era ese. Antiguamente perteneció a una familia noble que cayó en desgracia, tenía un par de barreras para mantener la residencia escondida, pero con los años comenzaba a fallar.
De forma apresurada había tendido una vieja manta para después infundirle energía espiritual. Fue realmente complicado, las heridas eran profundas, la sangre que había perdido fue demasiada, el reiatsu era casi inexistente. Sin embargo había logrado mantenerla con vida y cerrar las heridas lo suficiente como para mantenerla estable.
Durante todo el tiempo que estuvo curándola, el femenino rostro mostraba un gesto de dolor, apretaba los dientes y los puños, soltaba un par de gemidos, lágrimas se resbalaron de los ojos cerrados. De haber estado despierta hubiese supuesto una tortura mayor. Una vez que termino, la joven ya respiraba con más calma, los músculos finalmente se relajaron lo suficiente para que descansara un poco.
Así que se sentó a su lado un rato esperando que ningún inconveniente pasara.
Mientras ella estaba inconsciente se le veía tranquila y resignada ahí tendida en la vieja manta. En ella no podía distinguir ni un solo rasgo de querer vivir, solo veía un cascaron vacío lleno de abolladuras, la figura menuda y patética que seguramente caería con un pequeño rasguño. Para empeorar las cosas la sangre pegada en su cara no mejoraba la imagen, así que a pesar de ser una tarea molesta restregó un poco el rostro con su propia manga.
Fue entonces que noto que a pesar de que lo peor se lo había llevado el torso aún tenía otras heridas que deberían ser atendidas, en su frente había una pequeña abertura, estaba llena de hematomas y el ojo izquierdo no se encontraba en el mejor estado, un corte cruzaba el parpado, con suerte no lo perdería. Improviso con la parte interna de su ropa una venda que ato alrededor de la cabeza a la altura de los ojos, no sin antes aplicar una crema que evitaría infecciones.
La dejo descansar, pero sabía que una cosa como esa no mejoraría de un día para otro, lo único que le quedaba era esperar. La rutina de ese tiempo consistió en vigilar los alrededores y sentarse a su lado esperando que despertara. Le preocupaba que no lo hubiese hecho aún, mientras más tiempo pasaran en ese lugar más peligro corrían.
Una tarde salió a analizar la situación, hasta ese momento no había indicios de ser perseguidos, ni si quiera por ese chico de cabellos blancos como la nieve, tenían que salir lo antes posible, pero antes tenía que asegurarse que cada pieza que intento pegar de aquella muñequita se quedara en su lugar.
Esperaba que no tardara en despertar para saber que tan bien se encontraba. Y justo cuando pensaba eso escucho el grito. Ahora, se encontraba ante ella presenciando el estado de confusión en el que la joven se encontraba. La muñeca de porcelana había sido hechizada y convertida en un puerquito en el matadero, gritando lastimeramente, retorciéndose y arañando su cara intentando descubrir sus ojos.
Debía intervenir antes de que se sacara los ojos por la fuerza que estaba usando…Aunque tenerla ciega no sería tan mala idea. No no.
-Si te sigues moviendo de esa manera reabrirás tus heridas muñequita-Hablo desde su lugar a la vez que cruzaba los brazos-Ahh ah, tal vez no fue muy buena idea salvarte después de todo-bromeo.
El noto como Hinamori Momo, teniente del 5to escuadrón se congelo ante aquellas palabras, dejando de forcejear contra aquello que la tenía cegada. Un ligero temblor comenzó a esparcirse por el maltrecho cuerpo, ¿Producto del frio o de la incredulidad?
Por otro lado, Hinamori se sentía mareada, su cabeza y cuerpo palpitaban. Había abierto los ojos solo para encontrar más oscuridad, pensó que había logrado sobrevivir porque el dolor inmenso en su cuerpo se lo decía, sentía miedo e inseguridad, desesperanza. No alcanzaba a comprender la situación en la que se encontraba.
Alzo su cuerpo, la sensación de romperse estaba presente, no pudo evitar gritar, era como tener fuego en las venas quemando todo a su paso. Quería escapar, quería alivio. Inconscientemente trato de calmarlo hiriendo otras partes; el no ver no mejoraba la situación, no podía decir que pasaba a su alrededor, trato de remover la venda de sus ojos, arañándose en proceso, sus manos eran torpes y pesadas, el palpitar de su corazón era desbocado.
"¿Estoy viva?, estoy viva, estoy viva"
Se repetía mentalmente. Una especie de alivio llego a ella como agua en el desierto, pero no duro demasiado, aquella voz que le hablo desde algún punto le detuvo el corazón que acababa de comenzar a latir, el vello de su cuerpo se erizó. Creyó estar viva, pero ahora estaba segura de haber muerto, no solo eso, había ido a parar al infierno.
Una risa histérica broto de lo más profundo de su pecho surgiendo como antagonismo al alivio por saberse viva.
-Haha, ha, ha, haha. Creí haber escuchado al capitán Ichimaru- La risa seguía, debía parar, dolía demasiado-Esto es una broma muy cruel Kami-sama, ¿Qué tan mala pude haber sido? -Las cortas carcajadas le comenzaron a dejar el gusto salado de la sangre en la lengua y paladar.
-Yo también creería que es gracioso muñequita-Dijo en tono burlesco aquel hombre.
Gin Ichimaru esperaba expectante la reacción de la niña frente a él, por unos instantes no hubo nada, se quedó inmóvil en su lugar como intentando procesar lo que acababa de oír, segundos después pudo notar como el pánico se apoderaba de ella, estaba 100% seguro de que lo siguiente que haría sería una estupidez guiada por ese mismo miedo.
Estaba en lo correcto.
Sumida en un instinto de supervivencia e ignorando su propio dolor, la pequeña teniente se paró rápidamente para después salir corriendo con los ojos vendados (aunque en realidad no podría decirse que corría, mejor dicho, iba lo más rápido que sus piernas le permitían). Salió trastabillando de la habitación sin si quiera rozarlo y siguió su camino hacia afuera.
-Ow, nada mal, y sin ver.
En su carrera tratando de huir lejos de él, cayó debido a que no pudo ver la bajada de la veranda, sus rodillas y las palmas de sus manos golpearon el duro suelo, las piedrecillas se le encajaron en la piel, algo dentro de ella dio un tirón que le provoco nauseas, sin embargo, se levantó rápidamente y continuó. Momo lloraba y ahogaba sus sollozos.
Gin la siguió sin prisa deteniéndose en el pasillo, veía toda aquella escena con diversión marcada en sus afiladas facciones. Entendía que estaba aterrada de él, tenía sentido si tomabas en cuenta que en muchas de las experiencias traumáticas que había vivido él estaba presente y supuso que, aunque Rangiku le hubiese contado acerca de sus verdaderas intenciones y su traición hacia Aizen, las experiencias vividas en lo referente a su persona eran difícil de borrar, seguiría temerosa ante su presencia.
A pesar de ello no dejaba de ser gracioso, parecía un cervatillo herido tratando de huir de un lobo. Por desgracia sabía que debía detenerla, si la pequeña teniente seguía corriendo de esa manera acabaría por lastimarse más, de por si esperaba que la caída de antes no le hubiese roto algo o peor, que ella sola provocara su muerte, ahí si no podría hacer nada.
-Pequeño y tonto ciervo, ahora te atrapare.
Con el shunpo le dio alcance fácilmente y la tomo por ambas muñecas, sujetándola con la suficiente fuerza para mantenerla, pero no para lastimarla. En cuanto lo hizo, la morena, quien había tratado de mantener a raya su pánico ahora gritaba con todas las fuerzas que sus maltrechos pulmones le permitían. Momo intento soltar el agarre, pero fue inútil.
-Deja de pelear, no tiene sentido.
Las palabras del peli lila no llegaban a sus oídos, se veían menguadas por los berridos de Hinamori quien no se daba por vencida, quería escapar de ese maldito sueño. ¿Qué era lo que estaba pasando? No lo entendía y no quería saberlo, no mientras tuviera que ver con Gin Ichimaru, nada bueno salía de estar a su lado.
Golpeaba y pataleaba para deshacerse de él, en su mente veía a aquel hombre alto de sonrisa enigmática que daba la sensación de estar frente a una serpiente lista para atacar, eso la aterraba. En uno de los tantos golpes que soltó logro desbalancear a Gin, quien no se lo esperaba debido a la débil condición de Hinamori, provocando que ambos cayeran al lodoso suelo. Por suerte para Ichimaru alcanzo a frenarse y no cayo tan aparatosamente como la morena.
-Quieta.
-¡No! ¡No! ¡No!, ¡déjeme!
-Piénsalo. Si te quisiera dañar ya lo habría hecho.
-¡No! ¡No! ¡Es un sueño! -Comenzó a hipar-Kami-sama, por favor, detenlo…¡Detenlo!
-No es un sueño, con tan solo verlo lo sabrás-Intento jalar la venda, pero eran tan violentos los movimientos de Momo que le era complicado -Me sería más fácil quitarte esa venda si tan solo dejaras de moverte…bakudo 1, obstrucción.
Las manos de momo fueron atadas a su espalda por una cadena de reiatsu, Gin retiro la venda con un solo movimiento, dejando al descubierto un par de ojos chocolate que inmediatamente se centraron en la figura del ex capitán del tercer escuadrón. Su miedo era latente e iba dirigido a su persona. Ahogo una risa, ¡Con esa expresión realmente parecía un ciervo siendo cazado!
Hinamori quedo paralizada frente al hombre de cabello lila-plateado, piel blanca y su tan conocida sonrisa que hacia juego con sus zorrunos ojos. No pudo hacer más que recordar todos y cada uno de sus encuentros con ese hombre, el como la desgracia en su vida había venido acompañada por esa sonrisa carente de emociones. Y ahora estaba a su merced.
Se armó de valor ignorando el nudo que se formaba en su garganta.
-¿Por qué?-Dijo ella con voz temblorosa.
-¿Por qué, que?-Contestó, ladeando la cabeza al fingir ignorancia.
-¿Por qué está pasando esto? Debe ser una maldita broma, debe de estar jugando- Lo que inicio como casi un susurro fue subiendo de tono-¡¿Por qué el capitán Ichimaru me trajo aquí?! ¡Usted debería estar muerto, Aizen lo mato! ¿Por qué esta aquí? ¡¿Porque?!
Sus ojos ahora estaban llenos de ira.
-Vaya vaya, veo que no has perdido del todo las agallas que me mostraste ese día.
-¿Por qué si quiera sigue vivo?
-Normalmente la gente educada agradece que lo hayan salvado y después pregunta los por qué.
-¡No me joda!, ¿Qué es lo que planea? Estoy segura que nada bueno.
-Umm-Llevo un dedo a su barbilla-Si tanto te molesta que te haya salvado podemos arreglar eso.
De su manga saco su zampakuto, ante la vista del afilado objeto Hinamori abrió los ojos y guardo silencio, la sensación de no querer morir le embargo de nuevo; La sonrisa de Gin se acrecentaba a cada momento, y más ante la cara de terror de la joven shinigami, no se había entretenido tanto desde hacía un tiempo, era algo nuevo en los largos días de aburrimiento que había sufrido hasta ese preciso momento.
Aun así, la pose de su cuerpo mostraba cierta renuencia hacia su huésped.
Por otro lado, Momo había comenzado a murmurar incoherencias de todo tipo, se le veía agitada, tal vez el cansancio y el shock la estaban haciendo delirar, estaba perdida dentro de sí. Por desgracia Gin comenzaba a irritarse, no tenían tiempo para desperdiciar en esa clase de juegos, pronto ellos estarían ahí.
-Sera mejor que olvides esa actitud y vengas conmigo si no quieres morir.
Su sonrisa desapareció de su rostro, tal acción fue captada por la teniente, trayéndola de vuelta a la realidad. Por alguna razón que no alcanzo a comprender comenzó a sentirse más nerviosa, como una alarma de peligro inminente activándose en su cerebro se alzó buscando emprender huida; esta vez no llego más lejos que antes, debido a que sus manos estaban atadas era complicado, no tardo en volver a caer y, al no tener como apoyarse, su cuerpo golpeo directamente.
-Ag-A ese paso no creía resistir. Sollozó.
-¿Ves lo que provocas? Tus heridas han vuelto a abrirse- El excapitán exhalo pesadamente, no había más opción. Lanzó un hechizo kido y con un "buenas noches" por su parte la dejo inconsciente.
Cargo a la niña en brazos regresándola a la casa.
De un momento a otro se sintió tonto al tener que cuidar a alguien como ella, era como tener a un molesto e infantil cachorro. La miro de nuevo tratando de encontrar un indicio que le dijera lo contrario, pero no hallo nada más que la lamentable imagen de una chica sucia abandonada para ser comida, e irónicamente, era de cierta forma realidad.
Suspiro resignado, antes estaba aceptable, ahora tendría que quitarle todo eso lleno de lodo, sangre y agua para evitar que las heridas se infectaran, además de volver a cerrarlas antes de que volvieran a sangrar como cascada.
Volvió a la pequeña habitación, una ráfaga se coló entre la madera, juraría que hacía más frio que antes. Todo se complicaba, no podía dejarle en el piso o enfermaría, la necesitaba bien para su propósito, así que creo una "estrella suspendida" donde después pudiera recostarla.
Se removió el haori que llevaba puesto para usarlo como una capa extra a la manta, después la recostó.
Entonces inicio con la tarea de desvestir a la muñequita de porcelana. A pesar de la mala fama que se había creado, él no era tan despreciable como para aprovecharse de una niña y menos si se encontraba inconsciente, por ello solo toco lo necesario. Quito el sucio y raído traje de shinigami además de la ropa interior.
Algo como eso no significaba nada, pero siendo sincero, lo que vio lo dejo levemente sorprendido. Había visto muchas mujeres hermosas a lo largo de su vida, todas y cada una de ellas era diferente, hermosa a su manera. No era que fuera un pervertido, simplemente sabia apreciar la belleza cuando la veía y Hinamori Momo tenía más de lo que a primera vista aparentaba: Su cuerpo era menudo, adornado con una bonitas y suaves curvas que recordaban los valles en primavera.
El largo cabello oscuro se encontraba desparramado a ambos lados del cuerpo, resaltando la piel melocotón que, a pesar de la suciedad brillaba ligeramente. Las caderas anchas hacían lucir a la cintura más esbelta y se complementaba bien con el par de pechos firmes, su tamaño no era cosa del otro mundo, sin embargo eran lo suficiente abundantes como para a primera vista decir que se desbordarían en la mano.
La shinigami tenía una especie de belleza delicada que se adaptaría con facilidad a cualquier gusto, esa forma era algo difícil de ignorar…Bueno, tal vez si, según lo que sabía no era una chica cotizada como Ranguiku. Lo adjudico al estilo de la chica, siempre tan recatada, buscando lo simple.
Al parecer Hinamori Momo guardaba una que otra cosa que lo lograba sorprender…solo un poco. Le daría crédito por ello.
Sin perder la compostura y caballerosidad que aún conservaba curo las heridas con hechizos médicos, fue más sencillo que antes pero no por ello menos difícil, tardo alrededor de 20 minutos lograr que obtuvieran una apariencia aceptable, pese a esto aún tenía sus dudas respecto a la curación, cerraban con verdadera dificultad, se imaginaba la causa.
Una vez que termino la envolvió en la vieja cobija que hacía antes de cama y la cargo en brazos, depositándola suavemente en el tsuriboshi recién creado. La dejaría descansar un poco, según sus cálculos la teniente despertaría en unas horas, estaba en muy malas condiciones, sumando las experiencias pasadas…Se preguntó si lo que tenía era mala o buena suerte. Bueno, ahora la muñequita no tenía que preocuparse de nada, se encargaría de mantenerla viva lo suficiente para lograr su propósito.
Lo que le preocupaba era la falta de tiempo, tal vez podría hacer algo al respecto, agregar un par de barreras, pero sin interferir con las que ya existían para así evitar que las energías de reiatsus diferentes llamen la atención. Se perdió un segundo en ello.
Cuando corto sus pensamientos volviendo a la realidad Gin se dio cuenta de algo, estaba cerca de ella, cuando se había inclinado para recostarla no se había alejado, por lo tanto su rostro quedo a la altura del cuello, ahí donde la esencia era más fuerte, estaba a punto de alejarse cuando de pronto paso. Abrió los ojos levemente ante el aroma que logro captar a través de la sangre, era un aroma que cosquilleo en su nuca como el aviso de un recuerdo lejano, frunció el ceño y se alejó de la teniente.
-Ínfimo-Declaro.
Salió hacia el pasillo y miro el cielo, estaba calmado pero no menos gris. Las lluvias continuarían, era bueno para ellos, menos rastros, menos de que preocuparse. Lo siguiente era moverse, debía buscar un lugar donde quedarse hasta que la pequeña shinigami se recuperara por completo, no podían estar en tan malas condiciones, eso solo empeoraría la salud de esa muñeca de porcelana.
Repaso uno a uno los lugares en los que podrían refugiarse. Ocultarse a sí mismo no suponía ninguna dificultad, en cambio cargar con otra persona significaba trabajo extra, aunado a que esa persona era la teniente del 5to el peligro se triplicaba. El problema principal residía en que probablemente un solo soplo podría acabar con ella.
Por el momento tenía una lista limitada de opciones y sabía cuál de ellos era la mejor para quedarse, solo debía ir a prepararlo y para hacerlo tenía que dejarla sola. No era una buena idea teniendo en cuenta la situación por la que cruzaban, pero era lo único que podía hacer, esperaba que nada malo pasara en su ausencia.
Antes de partir, con una rapidez inigualable que caracterizaba a los capitanes, agrego un par de barreras para "tapar los huecos" de las partes dañadas en las que ya existían, además agrego una a la habitación donde dormía la joven de ojos chocolate y para terminarse de asegurar reviso el perímetro: No había nadie cerca. Suspiro.
Si alguien violaba aunque fuera un centímetro de las barreras regresaría inmediatamente.
-Con eso será suficiente- Solo había dado un paso cuando vacilo, miro tras de sí.-¿Buena o mala suerte? Espero no me envuelvas en ninguna… aunque es un poco tarde para decir eso. ¿En qué lio me he metido ahora?
Esperaba que no degollaran al cervatillo mientras no estaba.
El peli lila camino por tan solo unos minutos para encontrar un portal, amplio su sonrisa, era bueno estar muerto para los demás, le daba la oportunidad de merodear y descubrir cosas nuevas como esa grieta dimensional frente a él.
Sin vacilar cruzo.
Una vez en el otro lado fue recibido por una ligera llovizna y el viento frio, se encogió levemente de hombros, el tiempo no era mejor que en la sociedad de almas. Siguió caminando entre la oscuridad de los frondosos árboles, las ramas se movían violentas por el empuje del aire, el cielo crujió. Le pareció que el mismo clima quería burlarse, no era para menos. Se suponía que estaba muerto y la muerte trae paz, sin embargo ahora se encontraba envuelto en otro enredo de ardides
La vida sí que era extraña y el destino cruel.
Porque de todas las personas que Aizen pudo haber escogido, justamente tenía que ser ella, ahora la chica tendría que ser más que su mascota o su entretenimiento barato, la retendría en contra de su voluntad, la quebraría para volverla a construir, acabaría con cada pedazo.
Siguió hacia adelante ignorando las voces de burla, sonrió espabilado, se encargaría de que ni una semilla de Aizen volviera a dar frutos, así tuviera que descender un millón de veces al infierno.
Se detuvo finalmente frente a una construcción. El excapitán sabía que no era mucho, pero para el eso bastaba, no hacía falta lujos pues estos llamaban la atención y el objetivo de todo ello era quedarse en secreto, conseguir un perfil más bajo del que ya tenía hasta ese momento, pues ahora tenía a alguien para esconder.
Ichimaru sentía que, de alguna forma, una nueva vida iniciaba para ambos. Pero no estaba seguro de que el camino que eligió seguir fuera el indicado.
…
Cap. 3 editado, me siento satisfecha. Lo edite despues de haber terminado unos trabajos, después de lapsos de estrés me siento sin mucha inspiración así que me he tardado en este.
Hoy me estaba preguntando, ¿Qué clase de gente es la que lee este fic? Por los comentarios veo que les llamo la atención la mención de Shiro-chan x Hinamori, pero ¿Alguno llego aquí porque le guste emparejar a Gin con Hinamori?
Mi palabra favorita para este capítulo fue dolor. No negare que me gusta hacer sufrir a los personajes :p
Bendiciones de Yato-chan.
