Afuera está lloviendo

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La preocupación consumía a Hinamori, no podía estar tranquila a pesar de estar inconsciente y como respuesta a esto su cuerpo trataba de despertarla, sus ojos se abrían intermitentes pero sus parpados se sentían demasiado pesados, estaba cansada. El causante no era otro que Gin Ichimaru, se preguntaba que tanto planeaba.

Para cuando logro despertar unas horas después lo hizo tan de golpe que se sintió agitada y mareada, las imágenes de lo que había pasado llegaron a ella revueltas como si diera vueltas dentro de un remolino, aquello solo le provocaba una terrible jaqueca, llevo sus manos hasta la sien donde masajeo levemente tratando de tranquilizarse y pensar racionalmente.

Analizo su entorno, antes no había podido hacerlo debido a la venda que cubrían sus ojos. Lo primero que noto es que estaba recostada en una estrella suspendida, lo sabía por la textura elástica y el color azulado, desde ese ángulo lo único que alcanzaba a apreciar con total claridad era el techo de madera, si giraba la cabeza a ambos lados podía notar que estaba en una habitación, probablemente de la casa de la que había escapado. Lo sabía porque mientras forcejeaba con el ex capitán había alcanzado a verla a lo lejos.

Afuera estaba empezando a oscurecer, no podía decir con seguridad la hora debido al cielo nublado, era probable que ya no quedara mucho tiempo hasta que fuera de noche.

Con su brazo se apoyó un poco para levantarse y quedar de rodillas sobre la estrella suspendida, al hacerlo sintió algo resbalarse por su cuerpo, lo tomo con curiosidad, era una cobija de aspecto deteriorado con tonalidades cafés, estaba tan vieja que parecía que la hubiesen sacado de la basura. Si se fijaba bien también había otra tela de aspecto más nuevo, la jalo un poco.

-Un haori-Fue entonces que recordó a aquel hombre. De inmediato giro hacia todos lados buscándolo. Nada, no estaba ahí.-¿Un sueño? No.

Era simplemente imposible, una vez estaba bien, dos ya era ser demasiado idealista. Gin Ichimaru la había "salvado", o eso es lo que él dijo. No lo creía, pero tampoco tenía pruebas de lo contrario. En todo caso de ser cierto debió curarla y dejarla en algún lugar cerca de la sociedad de almas para que la encontraran, ¿Qué ganaba el con dejar que ella lo descubriera? Todos pensaban que estaba muerto, debió quedarse así.

Estaba lejos de casa, eso era seguro, lo mejor para ella seria escapar ahora que él no estaba cerca. Se preguntó qué tan lejos podría llegar. Iba a pararse, pero la brisa fría de la noche que entro por el espacio de la puerta la golpeo directamente, se rodeó con sus brazos buscando amortiguarlo, fue entonces que se dio cuenta de algo más. ¡Estaba desnuda!

-Pero..¿Q-que demonios?

No llevaba nada puesto encima, ni su traje de shinigami ni su ropa interior.

Pensamientos de todo tipo llegaron a su cabeza. Su corazón se aplasto temiendo lo peor, abrió un poco las piernas para asegurarse de que nada malo hubiera pasado. Suspiro aliviada al no encontrar ni sentir ningún tipo de dolor en esa zona, aunque no descartaba que no lo sintiera debido a que le dolían más otros lugares.

Trato de calmarse, dudaba mucho que el ex capitán salvara gente para después abusar de ella, durante toda su vida nunca lo vio si quiera coquetear con alguien, salir mucho menos, hasta alguna vez escucho a Aizen decirle que tenía que relajarse y salir una noche con mujeres lindas.

Sin embargo, aunque no le hubiera hecho algo seguro que si fue el quien la despojo de sus ropas, tan solo pensar eso provoco que un sonrojo apareciera por todo su maltrecho cuerpo, pintándolo de un tono escarlata, el calor se acumuló en su cabeza. Era demasiado vergonzoso, se sentía un poco ultrajada.

-En mi defensa puedo decir que fue tu culpa-El aliento cálido que golpeo contra su oído venía acompañado de la suave voz que llego a sus oídos.

Hinamori ahogo una exclamación, Gin estaba sentado a su lado, de la nada había aparecido. En un momento estaba y al otro ya no. Inmediatamente tomo la manta y la llevo a su pecho intentando cubrirse, con esos sustos no creía que su corazón aguantara más de ello, mucho menos en la condición actual en la que se encontraba.

-¿¡Usted no…!?-Ni si quiera pudo acabar la frase, preguntar si había abusado de ella era difícil, la palabra se le atoraba en la boca. Quería saberlo, pero le asustaba pensar en la respuesta-Usted no me…

-…Vaya, lastimas mi corazón. No soy ese tipo de hombre-Se levantó de su lado para pararse frente a ella- Ya te dije que tú misma lo provocaste… ¿No me crees?

Se sintió un poco aliviada por tal declaración. Cerro los ojos intentando detener las lágrimas de alivio, no hubiera podido manejarse si la respuesta fuera un "si". Cuando volvió a abrir los ojos el ya no estaba.

-No acostumbro a satisfacerme con un trozo de carne semi muerta-De nuevo estaba tras de ella

-¡Hia!-Soltó una exclamación de susto y volteo a la dirección de la voz.

Recordaba bien que Rangiku alguna vez le dijo que él se iba sin decir nada, pero jamás le hablo sobre ese hábito tan poco agradable de aparecer de pronto y asustar. El peli plata parecía divertirse bastante, no le sorprendía, era de los que disfrutaba el sufrimiento ajeno, su sonrisa se hacía más grande por momentos, como si fuese a reír a carcajadas, su penetrante mirada apuntaba a ella, sintió que podía verla a través de la tela.

La teniente del 5to por instinto aferro la manta con más fuerza contra su cuerpo intentando cubrirse con desesperación, ocultándolo de la vista zorruna, por desgracia el frio y el dolor hacían mella en sus brazos, no creía poder sostenerla adecuadamente, mucho menos podría defenderse del shinigai frente a ella.

Recordó las palabras que dijo antes.

-Yo…¡Yo no hice nada!-Trato de defenderse patéticamente pues su voz vacilante le hacía malas jugadas provocando que tartamudeara.

-Claro que sí, tú fuiste quien decidió jugar en el lodo-Ladeo levemente la cabeza

Cierto, había resbalado a causa del lodo y caído en el mismo. Tenía sentido, pero no quería estar en una condición más vulnerable de la que ya estaba, menos frente a él.

-Mi ropa, quiero mi ropa…No importa si están sucias-Las manos de Momo temblaban más y más producto de la profunda vergüenza que sentía.

-Tus ropas por desgracia fueron incineradas accidentalmente a propósito, tendrás que esperar-Momo desfiguro su cara de susto a una de desagrado. No podía estar pasándole- Al menos podrías…

Se congelo por un segundo a verlo acercarse y estirar su mano en su dirección, ante tal acción solo atino a golpear su mano con la propia para alejarla y retroceder un poco ella misma, no era que pudiese alejarse mucho en un espacio tan limitado como una estrella suspendida. Lo escucho bufar y noto que fruncía el ceño.

-No pienso dañarte, no al menos de las formas que imaginas-Tomo el haori y lo lanzo hacia ella-Al menos cúbrete con esto.

Lo pesco en el aire, sin pensarlo mucho se cubrió con él y cruzo la tela para cerrar, por suerte era lo suficientemente largo para taparla hasta la mitad de los muslos. Aun así, uso la manta para cubrir su espalda, comenzaba a hacer más frio. No podía dejar de sentirse indefensa, sin tan solo tuviera a su lado a Tobiume…

-Cierto-dijo para ella misma, no la veía por ningún lado. Hablo más fuerte ahora, exigiendo-¿Dónde está Tobiume?

-Tu zampakuto la he guardado yo por seguridad, no vaya a ser que te saques un ojo. No es como si la fueras a necesitar de todos modos.-No estaban llegando a ningún lado, ¿Qué era lo que pretendía?-Bien, es hora de irnos.

"¿Irnos?"

Ni si quiera tuvo la posibilidad de procesar lo que dijo, Gin tomo con rapidez el cuerpo de Momo cargándola a modo de princesa de manera que las heridas quedaran intactas, aun así, el movimiento le provoco molestias logrando que se le revolviera el estómago.

-No…¡No me toque!-Comenzó a revolverse en sus brazos, eso no podía estar pasando, debía ser una broma-¡¿Qué hace?! ¡Bájeme!

Fue completamente ignorada. En cambio, Gin comenzó a andar hacia afuera de la casa, pasando por alto los reclamos y golpes que la teniente le estaba proporcionando. No importo cuanto hiciera, el solo seguía caminando, dudaba que hacia la sociedad de almas. Cubrió su rostro con sus manos, justo cuando se salvaba de morir le pasaba esto, al parecer de Momo el destino siempre era cruel con ella, lanzándole directamente al rostro cal en lugar de arena.

-¡¿Qué es lo que planea?!-Pregunto una vez más, la poca paciencia que había tenido desde el inicio se esfumaba- Nada de esto tiene sentido.

-¿Acaso no puedes verlo? Te estoy salvando, puedes agradecerme más tarde.-La sonrisa no desaparecía, no podía decir cuánto de esas palabras era cierto, o lógico.

-¡Suélteme!-Volvió a intentar- Déjeme volver.

-Ya no tienes un lugar al cual volver. Para ellos has dejado de existir.

Esas simples palabras la callaron: Ella ya no existía. Lo que la llevaba a pensar que dentro de la sociedad de almas todos para ese punto la daban por muerta, ¿Cuánto tiempo exactamente había pasado desde ese día? ¿Por qué Gin Ichimaru la había salvado? ¿Qué era lo que estaba pasando? Tenía tantas preguntas y ninguna respuesta.

"¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?"

Todo daba vueltas, la preocupación e incertidumbre se aferraban a su cerebro evitando dejarla pensar correctamente, quería gritar, llorar, golpear, pero no tenía la suficiente fuerza para alguna de esas acciones. De repente su vista se tornó borrosa y las ganas de devolver el estómago la invadieron nuevamente, sentía escalofríos recorrerla, su energía se le escapaba entre las manos sin siquiera poder detenerla, además de eso el dolor de cabeza regresaba a intervalos.

Llevo su mano a la boca y respiro profundamente un par de veces. Esta vez no tendría la ayuda de ninguna pastilla, quería romper su cráneo ahí mismo para librarse de esa insistente molestia.

Luchando por mantener la compostura regreso su atención hacia el camino, buscando distraerse de esas sensaciones. Llevaban un par de minutos caminando, a lo lejos la construcción se hacía cada vez más pequeña hasta casi convertirse en un punto, lo último que alcanzaba a apreciar de ella era la apariencia solitaria, opresiva y triste. Se alegró de haber salido de ahí, daba la sensación de que esas paredes fueron testigos de diversas tragedias, pero no tenía tiempo de sentirse aliviada, no cuando noto que Ichimaru giro tras unas altas rocas llegando a la entrada de un tétrico bosque.

No pudo negarse ni un minuto más que estaba aterrada.

Entraron, con ello la poca luz que quedaba se extinguió. Avanzaron a ciegas, sin embargo, Gin jamás pareció perdido, su andar era firme y lento, no cambio el ritmo en ningún momento. Aun así a cada paso del pálido shinigami ella hacia una mueca por el dolor persistente en su costado y para terminar de empeorarlo las duras ramas de los arboles le hacían leves arañazos en la cara y brazos; ante esa falta de luz parecían garras de hollows al asecho, justo como…

Intento alejar esos pensamientos de su mente, pero el bosque solo le regalaba un poco de la misma oscuridad que le traía malos recuerdos, esos en lo que flotaba sin un rumbo fijo por lo que fueron eones. Le causaba pánico. Para el colmo el frio no le ayudaba, había comenzado a aumentar, la manta y el haori ya no eran suficientes como para mantenerlo a raya, la temperatura de su cuerpo descendía.

Trago saliva antes de intentar hablar, esperando que la voz saliera lo más normal posible.

-¿A dónde me lleva?-Silencio. Lagrimas caian mojando sus delgadas manos que se mantenían pegadas a sí misma. Lo siguiente que salió de sus labios no lo pudo detener, fue la plegaria de su alma-Shiro-chan, por favor, Shiro-chan…

Quería seguir peleando, seguir preguntando, pero se sentía tan cansada en ese instante, sus ojos volvían a pesar. Tenía mucho sueño, luchaba por no quedase dormida, aunque no es que pudiera recordar todo el camino que habían recorrido, sin embargo, le daba un poco de tranquilidad el saberse consiente, aun si no pudiese reaccionar de forma adecuada.

-Shiro…chan.

El no respondió, sus labios se mantuvieron sellados, solo siguió con su marcha e ignoro cualquier petición, sobre todo aquella que era dirigida a cierto albino. Hinamori limpio las gotas saladas que escurrían de sus ojos, ¿Qué más podía hacer? "Nada" Se respondió a sí misma, ni si quiera era dueña de su propio cuerpo, el cual se encontraba tan flácido cual gelatina y que le gritaba exigiendo dormir.

Era malo, su mente se perdía por lapsos, iba y venía, veía el bosque, luego oscuridad, bosque, luego nada, bosque y después tela blanca. Abrió mucho los ojos al encontrarse con que había dejado caer su cabeza contra el pecho del pálido shinigami, recargándose un poco debajo del corazón, iba a alejarse, más el viento helado que soplo justo hacia ella se lo negó.

Hinamori tembló y se encogió sobre si misma buscando mantener el poco calor que le quedaba, ¿Cuánto más de ello tenía que soportar? Las gotas que comenzaron a descender de los grises nubarrones y la golpeaban en sus mejillas quebraban su espíritu. Trago saliva y ahogo un sollozo, nunca hubiera imaginado que el deseo profundo se salir de sus monótonos días se convirtiera en una pila de miedo que la consumía.

De haberlo sabido, nunca lo hubiera deseado.

Mientras se lamentaba entre temblores una respuesta un tanto extraña e inesperada llego a ella: Gin Ichimaru la acerco más hacia sí mismo tapándola con las amplias mangas del hakama blanco, inmediatamente el tempestuoso clima dejo de arreciar sobre ella, en cambio podía sentir la calidez emanando del cuerpo contrario logrando apartar las gotas de lluvia. En ese corto camino que había pasado sobre sus brazos, sintiéndose como un prisionero, en ningún momento había dirigido su vista hacia la cara de ese hombre, temía encontrarse con su mirada. En cambio ahora alzo sus ojos chocolate, Gin miraba hacia en frente ignorándola como si no cargara nada, su rostro no era diferente a las otras veces.

Dudo.

Él era como una sombra de la que había que cuidarse, se deformaba y no podías discernir cuál era su verdadera forma o lo que escondía, Momo pensaba el hecho de que siempre le había parecido que el excapitán Ichimaru era enigmático y astuto como un zorro, a su lado se sentía una presa moviendo constantemente la nariz por el peligro inminente acechando. No parecía haber cambiado en ese tiempo de "muerto", seguía dando la impresión de que si te volteabas terminarías con un cuchillo en la espalda, solo que ahora que le miraba un poco más de cerca parecía tener algo diferente, no podía decir que era.

Probablemente imaginaciones suyas.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos al sentir una energía espiritual como la del senkaimon, supo se trataba de un portal, un hecho extraño, se suponía que el gotei 13 tenía la ubicación de todas las fracturas entre dimensiones y se encargaba de custodiar o cerrar cada una de ellas, eran peligrosas, nunca sabias que se podía colar entre ellas. La que estaba ante ellos era una grieta de tamaño medio, los bordes lucían irregulares y vibraban ligeramente con la lluvia, su color azulado oscuro que se tornaba a morado y luego a negro le decía que había que ser cuidadoso, lo más seguro era que fuera más defectuosa de lo normal, quien cruzara debía calcular bien el momento de entrar o terminaría perdido.

Se quedó embelesada en la gama de colores, después algo dentro de ella hizo clic.

-¡¿Qué estamos haciendo aquí?!

-Cruzar-Fue su única respuesta.

-No, no por favor, se lo ruego- El pánico la invadió ¿Y si la estaba buscando? Cambiarse de dimensión dificultaría la tarea, aunque él dijo que para todos ya estaba muerta.

-No tengas miedo-Dijo como quien intenta calmar a un niño pequeño, pero en realidad se está burlando de él.-Es completamente seguro, solo unos pocos han muerto.

Se le erizo cada vello corporal que poseía. Momo giro la cabeza hacia todos lados buscando algo a lo que aferrarse con tal de no ser arrastrada hacia el portal, para cuando localizo el tronco más cercano ya era tarde.

Al cruzar aquella puerta lo primero que ambos sintieron fue el peso de la energía espiritual arrastrándolos, si tuviera que definir la sensación, diría que era como estar dentro de una lavadora acompañada de inmensas rocas. El viaje duro menos de un minuto, aun así, para cuando llegaron al otro lado la teniente tenía una sensación desagradable, juraría que allá adentro algo pegajoso la había rozado. Tosió un par de veces, parecía que venían de un lugar sin oxígeno.

Una vez que se recompuso se dio cuenta que seguían en un bosque, solo que ya no era el de antes, esta vez los árboles que los rodeaban tenían un aspecto más ancestral, daban un aire de paz, estaba demasiado oscuro para saberlo a ciencia cierta. Entre las ramas a lo lejos alcanzo a distinguir un par de puntos titilantes y un leve murmullo característico de las ciudades llego a sus oídos.

Estaban en el mundo humano.

Aunque por la distancia lo más probable es que fuera una zona montañosa alta desde donde se podía ver la ciudad más cercana. ¿Qué lugar exactamente? Esa era la cuestión, el mundo era realmente grande.

Sin mucho tiempo a desperdiciar Gin se apresuró. Hinamori noto que en ese lugar también estaba lloviendo, solo que debido a el espeso follaje apenas si les llegaba algo que no fuera un leve goteo. Para cuando llegaron al borde de los árboles se encontraron frente a un templo abandonado, su aspecto era viejo y tétrico, aunque mejor que la casa destartalada de antes. Probablemente ahí adoraban a algún dios que con el tiempo fue olvidado, la hierba alta de alrededor decía que nadie había pasado por ahí por hacía una década al menos.

El viento aulló y los golpeo con ahínco, el peli plata se dirigió con rapidez hacia el templo. En el trecho desde los arboles hasta la puerta cubrió a Hinamori con su cuerpo para evitar que la lluvia la empapara.

Haciendo uso de sus habilidades Ichimaru abrió la puerta sin tanto ajetreo apresurándose para que la chica no muriera. La puerta cedió, chillando al ser abierta después de quien sabe cuánto tiempo; dentro todo era más oscuridad que el exterior, el olor a madera inundo sus fosas nasales, aunque también prevalecía un ligero aroma a moho, pero había algo más que no logro distinguir, era fresco y suave.

Entre esas paredes la calidez reinaba, lo cual fue un alivio para ella. Lo siguiente que sucedió fue que con un solo chasquido del ex capitan una vela fue encendida en el centro de la estancia, alumbrando discretamente con su llama titilante. Los colores rojos que desprendía iluminaban las paredes de madera y los muebles, parecía la casa de un viejo matrimonio, con estantes llenos de libros y tapices de flores en los sillones, los cuales con su mullida apariencia la llamaban a recostarse.

Por un momento olvido todo, donde y con quien estaba, pero esos pensamientos fueron interrumpidos cuando de pronto fue dejada en el suelo, sus pies descalzos titubearon sobre sostener todo su peso y se tambaleo hacia atrás, alcanzando a sostenerse de un perchero, su pulso volvió a aumentar.

-Hace frio, será mejor que tomes una ducha. El baño esta allá, hay agua caliente-La expresión de Ichimaru había cambiado por un momento, era seria y mostraba autoridad-Cuando termines será mejor que descanse, hay dos habitaciones, puedes usar la que quieras-Regreso a su máscara normal, aquella que era sonriente-O el coco vendrá por ti.

-¿A que esta jugando?-Pregunto la morena evitando mirarlo, él era tan alto y ella tan pequeña, a su lado se sentía como una niña, aun así se evidencio un tono de reproche.

-A nada que puedas entender ahora mismo

-¿Por qué lo hace?-Reformulo su pregunta

-¿Por qué no hacerlo muñequita?-Respondió Gin con otra incógnita evitando responder formalmente- Que el gotei 13 pierda más personas sería grave.

-No le creo, no importa lo que Rangiku haya dicho de usted, esta cegada por sus sentimientos. El capitán Ichimaru no es bueno, todo lo que hace es destruir- Hizo una pausa- Los caminos que elige para cometer "actos buenos" solo lastiman a los que lo rodean, usted no es más que una mentira que intenta convertirse en verdad.

La teniente alcanzo a ver como la ceja de Gin se fruncía levemente y muy rápido para después volver a la normalidad, seguro había tocado un tema sensible.

El no respondió, simplemente le dio la espalda y comenzó a buscar algunas cosas entre uno de los estantes llenos de papeles amarillentos y frascos llenos de quien sabe qué cosa. Haciendo acopio de su fuerza soltó el perchero y parándose derecha se plantó en su lugar, no quería hacer lo que ese traidor le digiera, era inaudito, tenía miedo, angustia, todo era confuso, pero sentía que si dudaba por un momento el ganaría.

-Quiero respuestas. ¡Dígame porque estoy aquí!-Apretó los puños llena de un poco más de valor que antes, pero su respiración comenzó a volverse rápida y errática, cosa que noto el peli lila- Habla con acertijos o no dice nada, afirma que me ha salvado pero me trae hasta aquí en lugar de haberme dejado cerca de la sociedad de almas, nadie está ganando nada con esto, solo quiero volver, yo…

Otra vez ese dolor punzante que atacaba su cabeza, su vista se nublo, sus piernas de pronto se sentían pesadas, además de que el sabor metálico de la sangre la invadía provocándole una dolorosa tos. Ichimaru veía desde su posición como la chica se acercaba a la pared más cercana para recargarse y apretaba sobre su pecho en símbolo de dolor, la analizo mejor, sorprendentemente se veía mas pálida, sus ojeras más grandes, ya estaba comenzando…de pronto, la teniente se dirigió al piso, Gin suspiro, en un parpadeo apareció a su lado sosteniéndola antes de que esta se golpeara.

-No seas estúpida-Le recrimino-Si en verdad quieres morir yo te ayudo.

-He dicho que no me toque-Sus ojos llenos de ira.

Lanzo un manotazo para alejarlo, sus uñas crearon un pequeño surco en la mejilla del shinigami. Gin se quedó inmóvil aun sin soltarla, acto seguido la tomó de la muñeca y jalándola hacia arriba la puso a la altura de su propio rostro. Un aura de peligro lo rodeo. Hinamori se congelo, el tacto de Gin había dejado de ser cuidadoso, apretaba dolorosamente su muñeca, aunado a que todo su peso estaba siendo cargado por esa única parte, creyó que en cualquier momento se partiría por la mitad.

-Sera mejor que no colmes mi paciencia, es cierto que te he salvado, pero si sigues así definitivamente no tendré piedad y hare lo más conveniente para todos.

Sus pasos resonaron en la madera cuando después de bajarla (aun sin soltarla) la jalo hasta el baño, abrió la puerta con brusquedad y la lanzo hacia el piso, el impacto no fue tan fuerte gracias al pequeño tapete en el piso, la teniente sostuvo su pierna que fue la que se llevó todo el golpe. De pronto escucho la regadera al ser abierta, el chorro de agua salpicaba gotas frías que muy pronto se convirtieron en cálidas. Gin iba a tomarla de muñeca nuevamente, en respuesta Hinamori se encogió asustada.

Se detuvo, ninguno de los dos hizo el menor movimiento. Las facciones del peli plata se relajaron, el aura intimidante se dispersó, lanzo un suspiro, sus manos rodearon los delgados hombros y la ayudaron a levantarse, sin embargo no la soltó, en cambio libero un poco de reiatsu curativo que la recorrió por todo el cuerpo y calmo su dolor lo suficiente para que las heridas dejaran de palpitar.

-Aséate y duerme-repitió- Cuando estés más calmada hablaremos.

Hinamori se quedó en su lugar llena de confusión, solo que esta vez no era una que le dejara un mal sabor de boca, más bien era por la contradicción que representaba ese hombre, primero la trataba con mucho cuidado, después se ponía violento y por último la sanaba como si se estuviera disculpando sin palabras; el shinigami le dio la espalda dirigiéndose a la puerta para salir, su figura daba un aire de tensión, no, más bien culpa, como cuando haces algo que sabes que por nada del mundo debiste hacer, verlo alejarse de esa manera le oprimió el pecho. Sus pies se movieron sin su permiso, para cuando se dio cuenta ya estaba en el marco de entrada del baño, estiro una mano como si quisiera alcanzarlo.

-¡Espera! No me…-Reacciono, ¿Qué era lo que quería hacer o decir? Gin se detuvo a mitad de la sala y se giró un poco en su dirección, la teniente llevo ambas manos al pecho, sus ojos fueron de un lado a otro sin saber qué hacer, abrió y cerró la boca un par de veces, soltó lo primero que se le ocurrió-¿Cuánto tiempo he estado dormida?

-…- Al principio no dijo nada, pensó que al igual que sus demás preguntas se iba a quedar sin respuesta, se sorprendió que esta vez fue diferente-Alrededor de una semana, estabas en peores condiciones que ahora y no te podía mover.

De verdad que no lo entendía, su voz a diferencia de antes ahora era suave y tranquila, tan calmada pero carente de emociones.

-…-La pequeña teniente se lo pensó un poco antes de volver a preguntar-¿Por qué me salvo?

Gin la miro fijamente, después escondió sus manos entre las mangas del hakama blanco que vestía.

-Tengo mis razones, pero puedes estar segura de que no pienso matarte. -Además-Agrego en un susurro apenas audible pero que nunca llego a los oídos de la morena-No soy tan malo como aparento.

Su respuesta fue sincera, no tenía pruebas de ello, simplemente lo sabía. No había nada más que decir o hacer, Hinamori agacho la cabeza, lo único que le quedaba era ser paciente, encontrar el momento adecuado para actuar y definitivamente no era ese. Comenzó a cerrar la puerta ajena a las palabras dichas y no escuchadas para al fin separarse de tan enigmático hombre, justo cuando solo quedaba una ranura entre ellos se detuvo, dudo antes de soltar las siguientes palabras.

-A pesar de todo estoy viva…Gracias

No quería una respuesta esta vez, pero la obtuvo, escucho sus palabras impregnadas de algo que no alcanzo a identificar.

-No las des, tal vez no sobrevivas.

Acto seguido ella cerro.

Al otro lado Gin volteo a ver el lugar por el que la pelinegra había desaparecido, borro cualquier expresión de su rostro, el haberla salvado era una estupidez, no importaba desde que lado lo vieras, después de todo lo mejor para ella era estar muerta. Entonces ¿Por qué se empeñó en salvarla? Tal vez por su odio hacia Aizen, o porque odiaba que el destino fuera cruel más de dos veces con la misma persona.

Si, "eso" era lo más importante por ahora, pero no podía negarse lo que temía, que el haberla salvado estuviera relacionado con esos desafortunados eventos, de ser así debía centrarse en la única tarea de mantenerla viva, si se desviaba tendría que pedir disculpas de nuevo, la palabra para el significaba lo mismo que un adiós por lo que no le resultaba agradable, mucho menos después de fallarle a Rangiku.

Avanzaría con cautela.

El hombre se puso de nuevo su máscara sonriente y después desapareció en un parpadeo dejando solo un cabello que demostraba que había estado en verdad ahí.

Hinamori se tallaba suavemente una y otra vez, veía al piso ahí donde el agua escapaba llevándose consigo toda la tierra y la sangre que la embadurnaba, su cuerpo se sentía frio a pesar de que el chorro que caía sobre ella estaba casi hirviendo. Sonrió melancólicamente, se sentía perdida, solitaria, asustada.

Gritos llenaron sus oídos.

Giro hacia todos lados, estaba sola, por lo que el ruido venia dentro de ella, los reconoció como las voces de sus subordinaos, su llanto, desesperación, sus llamados de auxilio rogándole por ayuda. Tapo sus oídos con las manos como si con esa acción pudiera detenerlas, no dejaban de repetir su nombre. Se quebró, esta vez lloro bajo el agua como una niña pequeña, se abrazó a sí misma, tenía miedo, si cerraba los ojos podía ver a cada uno de los rostros de los que pelearon a su lado, el fuego, el cielo nublado y a ellos.

Los hollow.

Nunca en su vida como shinigami se había sentido de esa manera al pelear contra ellos, como si cada una de esas bestias la buscara solo a ella, o como si estuviera atada de manos y piernas para ser ofrecida como sacrificio, luego se habían retirado sin hacer nada más, ni si quiera acabaron con su vida rápidamente, en su lugar se quedó agonizando hasta que la falta de sangre comenzó a hacer su trabajo.

Con dedos temblorosos toco la herida de su costado, ahí donde las garras habían atravesado su carne, la piel en esa zona estaba rojiza y apenas se unía entre ella tratando se cerrarse. Hizo una mueca ante el dolor. Dolor, era lo que en esos últimos años había tenido que soportar. Era tanto que no importaba ya, se sentía rota. Era tonto, en lugar de tener esos pensamientos debía pensar en escapar, irse de ahí, solo que sabía que en su condición a los tres pasos caería por el cansancio y desangrada, o peor aún, muerta, en esos momentos lo que más le convenía era esperar a recuperar su fuerza, pero no sabía cuánto tardaría eso.

Por ello lo mejor que podía hacer era no hacer nada.

Como si fuera un robot las siguientes acciones las hizo mecánicamente sin prestar demasiada atención, tomo la toalla que se encontraba colgada en uno de los ganchos en la pared y se secó apenas retirando el agua de su piel y luego de su cabello; iba a ponerse de nuevo el haori perteneciente a Gin, sin embargo se dio cuenta de que en uno de los cestos del pequeño mueble había ropa limpia, un simple camisón blanco de manga larga de algodón y una sudadera beige, no supo si ponérsela o no, pero la idea de regresar a la manta sucia y el haori del shinigami le parecía mas descabellada que aceptar esa ropa.

Una vez cubierta le pareció un alivio llevar encima algo más decente. Negó con la cabeza, no importaba que aquel hombre no le agradara, debía agradecerle correctamente, estaba dentro de sus principios más básicos saber ser agradecida (Eso no significaba que en un instante se fueran a hacer amigos y comer pasteles juntos), le gustara o no respiraba gracias a sus razones para salvarla, gracias a el podría ver a sus seres queridos una vez más.

Salió del cuarto de baño, no parecía haber nadie en la sala, tampoco se escuchaba ruido alguno que le indicara que Ichimaru seguía por ahí, aunque basarse en eso era estúpido, algo como el sonido nunca lo delataba. Pese a esto se quedó quieta en silencio por un par de minutos, luego se acercó a una mesita donde descansaba una lámpara que probablemente no servia, la empujo, este cayó al suelo y se rompió.

Nada. Al parecer no estaba en la casa.

Apretó sus manos contra su vientre y camino hasta la puerta de entrada. No dudo ni un segundo en quitar el gancho y abrir, afuera la lluvia caía con tanta fuerza que ahogaba cualquier ruido, no lejos de ahí estaba la grieta de dimensiones y más abajo la ciudad, tal vez si se apresuraba podría lograrlo, dio un paso, la libertad estaba tan cerca.

No se movió ni un centímetro más.

Siempre pensó como la vida te llevaba al lugar en el que debías estar, si bien creía fervientemente que cada individuo controla su destino también creía que casi nada ocurre al azar, la vida te daba los mejores caminos a seguir. Nunca comprendió porque ella había tenido que conocer a Aizen o porque se aferró a él como el centro de su admiración, eso hasta que pensó que tal vez la vida la guio hasta ese punto, pero no supo interpretar lo que debía hacer. ¿Tenía que matar a Gin Ichimaru? O debía confiar en él.

No lo sabía, le dijo que hablarían cuando ella pudiera comprenderlo.

Las puntas de sus dedos rozaron el exterior, la lluvia caía en diagonal de manera que ignoraba el pequeño techo de la entrada y llegaba hasta la puerta, la humedad y el sonido se convirtieron en un recuerdo. Alguna vez había escuchado que la lluvia era el sufrimiento de la gente, que se acumulaba y se liberaba gracias a la naturaleza.

Cerro la puerta.

El viento que entro apago la vela por lo que tuvo que avanzar a tientas. Entro en la primera habitación con cama que encontró, sin detenerse a pensar más se recostó lentamente en la cama, las cobijas se enredaron a su alrededor, la tibieza la envolvió. Alzo la vista y sus grandes orbes chocolate se encontraron con una especie de tragaluz en el techo, a través de él podía ver el cielo encapotado, para ella llovía desde el día en el que iba a acabar todo, dentro de ella no había parado en ningún segundo.

-Afuera…Justo como en mi corazón-Un nudo se formó en su garganta-Shiro-chan, ven por mi pronto-Las lágrimas se juntaron en sus ojos como la lluvia en una flor-Estoy demasiado débil para ir yo hacia ti, así que por favor no tardes, Shiro chan- Dijo rindiéndose de nuevo en la oscuridad, solo que esta vez era una amable y pacífica.

El ruido de la puerta al abrirse resonó en la habitación, pero la chica no reacciono.

Una sombra se coló dentro como un ladrón y se acercó hasta quedar al lado de la cabeza de la pequeña teniente. Ichimaru desdibujo su sonrisa para después dirigir su mano hacia el pecho de la teniente, su dedo índice apoyado sobre la piel mientras que con la otra mano dibujo en el aire, una vez termino un sello se había formado en la extensión melocotón para segundos después ser absorbida cual tinta en el papel, desapareciendo a la vista.

-Con esto bastara por el momento, no te vayas a romper antes de tiempo.

Estaba por irse cuando vio la cara de la teniente, lucia tan demacrada con sus enormes ojeras, los ojos rojos y las gotas saladas amontonadas por todos lados. Lentamente acerco su mano y limpio una de las lágrimas que se había quedado en la tersa mejilla, como borrando un error en una pintura.

Gin se alejó súbitamente ante lo que acababa de hacer, solo se quedó ahí, inmóvil, mirándola.

-¿Por qué será, que, de forma inconsciente intentas desenterrar el pasado? Lo he dejado atrás…aun así, cada vez que te veo el aroma de los ciruelos en flor llega a mi memoria.

Chan chan chan chaaaaan, así termina este capítulo, espero que les haya gustado.

Agradecimiento a:

Divprince

Kary Bobbins (juraría que antes tenía otro nombre XD) Gracias por comprender.

Frany Fanny Tsuki, gracias por los consejos 0w0, críticas y demás. Respondiendo a tus preguntas pues no vas muy lejos de la realidad, ya se verá poco a poco en los siguientes capítulos, igual explico un poco sobre Rangiku.

Y a las demás pelusitas lectoras gracias por leer también.

Este capítulo tuvo muchos más cambios que los anteriores, esto es porque leí todo de nuevo y sentí que Hinamori actuaba muy fuera lugar, así que dije, noo, ella no puede ver los puntos buenos de Gin tan rápido, ella lo odia y no confía en él. Termine de editar estando medio dormida, espero que no haya nada fuera de lugar.

Ahhh, con respecto al cabello de Gin, a veces menciono que es plateado, otras lila. Yo lo veo plata con tonos lila asi que simplemente rolare los colores porque si.

Ahora sí, siguiente capítulo.

Bendiciones de Yato chan.