3. LA GENTE ES EXTRAÑA

Estaba hecho un desastre. Hasta yo me daba asco.

No sentía las extremidades, tenía el cerebro todavía paralizado.

Me arrastré como pude por encima de los cuerpos de los caídos.

Era extraño, era como si me pudiera ver a mí mismo, fuera de mi cuerpo.

Y ahí estaba yo, arrastrándome entre una panda de imbéciles para llegar al teléfono.

Ojalá en ese momento hubiésemos sabido que el Ministerio ya nos investigaba.

Es decir, ¿cómo mierda podían atraparnos? Mientras los Aurores vigilaban las chimeneas, nosotros ya hablábamos por celular. Si alguno aparecía con algo de dinero extra, era lógico pensar que lo había ganado por los medios habituales. Los del Ministerio eran unos anticuados, unos culos sucios, se negaban a adaptarse a los nuevos tiempos. Lástima, así cualquier recién salido de Hogwarts puede burlarlos.

No lo digo por nosotros, ya saben, nosotros éramos geniales.

—Tenemos problemas. En el lugar. A las 6 —y colgó. Qué bueno que no me preguntó nada, apenas podía con la mandíbula. No pude reconocer la voz, usaba un hechizo de modificación, pero seguro era Lupin, y quizás no deba estarlo diciendo, pero al carajo, que lo jodan a ese cabrón. Levanté a los demás cuando recuperé el habla, y los empecé a patear cuando pude usar las piernas.

Si se preguntan dónde hacíamos la magia, los conocedores ya deberán saber que Hogwarts es sabio. Tiene siempre todo lo que estudiantes aplicados como nosotros necesitamos, para bien o para mal. El Salón de Menesteres, en el Séptimo piso. Nunca hace preguntas, nunca abre la boca, tiene lo que necesitas, es el socio que todos quisieran. Este castillo no tiene moral, ¿cómo podría? Es un puto edificio, muy sabio, claro. Prepara a los pececitos para saltar a la gran corriente, los prepara bien, mejor que cualquier estúpido maestro de pociones.

—Alastor Moody —así abrió la boca Lupin cuando estuvimos todos—. El maldito cazador de magos tenebrosos, Ojo Loco Moody. Él está investigando el caso. ¿Saben qué significa? Goyle, ¿sabes lo que significa? No, claro que no. Significa problemas.

Nos miramos entre nosotros. A nadie le era desconocida la trayectoria de Moody, así como sus curiosos giros ideológicos en los últimos años.

—Moody, eh —dije, pensativo—, ¿cuándo dejó de cazar Mortífagos para dedicarse a estas pendejadas?

—No me creo ni por un segundo que ese sea el pinche Alastor Moody. ¿Saben lo que dicen? —Inquirió Hermione, como emocionada incluso—, dicen que el Ministerio lo encarceló y lo reemplazó con un puto Mortífago, ¡un Mortífago!

—Ay, por favor —se burlaron los Weasley —, ya vas a empezar con tus teorías...

—¿Cuáles teorías? Está todo ahí. Vean, vean.

—Imposible —le dije—, nadie puede beber tanta poción multijugos sin volverse loco.

—¿Y quién en el Ministerio está más loco que Ojo Loco? —parecía una de esas preguntas retóricas que hace la gente cuando el asunto se cae de evidente.

—Hermione, yo me daría cuenta si alguien está usando poción multijugos, incluso a kilómetros de distancia, ¿de acuerdo? —y estaba muy seguro de mis palabras.

—¿Sabes cómo descubrir a alguien que bebe multijugos? ¿Lo sabes? —insistió, y yo me hundí de hombros, y se señaló a sí misma—. Por la nariz.

¿Eh? Dije yo, mostrándole las palmas.

—Joder... no quiero ir a Azkaban... —decía Crabbe, cabizbajo.

—No irás a Azkaban, tonto —les responde Fred, o George, yo qué sé.

—Nadie iría a Azkaban por esto, no seas ridículo —dijo el otro clon.

—Da igual —continuó Lupin, con su ridículo bigotito bailándole sobre el labio—, tienen a ese maldito loco pisándoles los talones. Bien hecho, imbéciles.

—Querrá decir "tenemos" —yo solo hice una sugerencia.

—¿Qué dijiste? —me puso todo el careto enfrente—, disculpa, ¿acaso dijiste "tenemos"? ¿Dijiste acaso "tenemos a Alastor Moody pisándonos los talones"? No creo que hayas dicho eso, ¿verdad, Cedric?

Cómo odiaba su estúpido bigote.

—Bueno, yo solo digo que estamos juntos en esto...

—Ah, ahora resulta que estamos juntos —a veces puede ser muy odioso, casi todo el tiempo de hecho.

—Como usted dijo que estaba a cargo...

—Ah, ahora resulta que yo estoy a cargo. Disculpa, pequeño chupa pene, yo estaba a cargo cuando seguíamos mi plan, pero ustedes hicieron lo que quisieron esa noche, sacaron más de la cuenta, lo hicieron demasiadas veces y muy obvio, malditos imbéciles, así que están solos en esto —Lupin parecía que se desesperaba, y cuando le empezaba a temblar el bigote sacaba su botella y le daba un buen sorbo, y terminaba con todo el bigote empapado y se pasaba la mano por encima y luego un gran suspiro de alivio—. Bien hecho, lo arruinaron, nos vemos.

Quiso coger sus cosas y pirarse.

—Si caemos, usted caerá —me sentía poderoso y clásico diciendo eso.

—Repítelo.

—Salga usted de este Salón, e iremos al Ministerio a contarlo todo.

—Ah, eso me gustaría oírlo. El cómo un ex estudiante más bien mediocre y sin trabajo conocido acusa a un profesor intachable.

—¿Qué le parece esta? Un profesor que obliga a antiguos alumnos suyos a trabajar con él en algo ilegal bajo la amenaza de comprometer su futuro laboral en el Ministerio, ¿para qué necesita ese dinero? Preguntarán, y nosotros les diremos: Para mantener a su "amiguito especial" en esa casucha de mierda en Riverdale. Entonces irán a ver. ¿Qué dice? Suena creíble, ¿verdad?

Lo siguiente que supe es que estaba en el suelo, al lado de una silla. El oído derecho me zumbaba como si un avión despegara de él.

—Nunca chantajees a alguien con más influencia que tú. Reglas básicas, imbécil.

—Solo me da más credibilidad. Usted solito está cavando su propia tumba.

—Cedric, ya basta... —Cho se arrodilló a mi lado, como una geisha.

—Somos 7 varitas contra 1, ¿por qué tanto miedo? —Trataba de apelar a su dignidad, si es que algo tenían—, Incluso si quiere pelear, uno acabará llegando al Ministerio.

—Quiero verte intentarlo —decretó Lupin.

—Quiero ver que intentes detenerme, perra.

Suspiró.

—... Trabajar con mocosos, qué tremendo error...

Y el maldito tomó su maletín y su saco y estaba a punto de desaparecerse cuando Hermione lo tomó de la mano y con una cara de venado tierno le dijo que por favor esperase, que esto todavía no estaba acabado.

—Granger, acordamos esto desde el principio. Yo no arriesgaré mí...

—Profesor Lupin. Nosotros nos arriesgamos todas las noches por sus ganancias.

—Yo...

—Usted nos dio el método, y no hay nada que nos relacione con usted, ni huellas ni hechizos, no hemos tenido más encuentros que los normales entre un profesor entregado a su vocación y unos alumnos muy aplicados que llevan un taller extra. Pero si caemos, su método fracasará, y el próximo grupo será identificado aún más fácilmente y entonces sí será posible llegar a usted...

Lupin le sostenía la mirada, como entendiendo.

—Su miedo es realmente injustificado, aquí nadie lo acusaría... Esta sociedad puede sobrevivir mucho tiempo más, ¿verdad, Cedric?

Yo me mantuve en silencio, clavándole la mirada a Lupin.

—¿Verdad, Cedric? —insistió Hermione.

—Verdad...

—Profesor, todavía tenemos mucho terreno por explorar. Detenernos aquí sería como probar la cubierta y nunca probar el pastel.

¿Qué carajos decía? Sus metáforas eran malas, pero tenía razón. Dábamos para mucho más, Lupin era un cobarde, eso era un hecho, pero lo necesitábamos todavía un poco más, aunque si por mi hubiera sido, lo hubiera dejado irse. Pero Granger no hacía esto por las posibilidades, todavía necesitaba el dinero, todavía necesitaba más. No tenía cuándo llenarse.

—No volveré a aceptar insolencias de este tipo. Y subiré mi tarifa, al 25%.

Es un maldito, ¿existe otra forma de llamarlo acaso?

—Bien, profesor, solucionaremos el problema, tenemos los contactos aún, cambiaremos de estrategia y de zona, así les costará un tiempo más hallar un patrón...

—Bien, bien, está muy bien, eres muy lista, Granger —a mí se me podía haber ocurrido esa porquería—, yo veré con mi contacto cómo va la investigación, veré qué saco...

—Sí, y no vaya a chivarse —habló Goyle.

—... ¿Qué dijiste, imbécil? —ahí va otra vez.

—Eh, no, yo... nada, solo que...

—Oye, cerebro de manteca —se acercó, inclinando la cabeza, todavía amenazante, sarcástico y agresivo—, ¿me escuchaste antes? ¿Acaso dije que me iba a chivar? ¿Qué estás sugiriendo, eh? ¿Qué clase de "brillante idea" asaltó tu cabeza ahora?

—No, yo... —movía las manos bajito, y balbuceaba algo—, solo bromeaba.

—Ah, claro, ahora debo tranquilizarme porque "solo era una broma", ¿no? ¿Crees que estoy aquí para bromear? Estoy aquí para hacer negocios, métanselo en la cabeza de una buena vez, imbéciles.

Impuso un silencio pesado.

—Profesor... Solo era una broma.

—Dilo una vez más —y explotó—, ¡dilo una vez más, di que era una broma una vez más y te juro que, yo te juro!

Goyle solo se quedó callado. ¿Ya para qué? Lupin respiró.

—... Bien.

Y le arrojó un maleficio contractor a Goyle. Cayó al suelo, pataleando y retorciéndose mientras suplicaba y botaba espuma por la boca. Crabbe se arrojó a su lado, a ras de la madera, solo para escuchar el crujido de sus huesos y la contracción de sus músculos. Joder, ¿había necesidad de esto?

—Felicidades, Granger. Estos tipos deberían agradecerte, por ti siguen vivos.

Y se desapareció.

Sin más.

Necesitábamos un nuevo lugar, algo menos rastreable, ya saben, armar algo ilegal en las narices del Ministerio puede ser una buena idea, una cachonda idea, pero solo hasta el principio. Una vez que te das cuenta, siempre te tienen cogido por los huevos. Así que nos reunimos en mi casa, nos rompimos la cabeza 5 minutos y empezamos a rodar durante 3 horas. Las nubes se deslizaban como por un tobogán, y los hogares enladrillados se sumergían los unos en los otros para alzarse como cachalotes rompiendo el mar. En el fondo lo sabíamos, saben, esas cosas se saben aunque no se digan: teníamos que recurrir a él, ¿qué otra opción teníamos? Era cercano, hasta donde se sabe confiable, por supuesto querría algo, nadie aquí hace las cosas por caridad, y claro, sin ninguna duda, estaba tan loco como cualquiera.

—Parece que me necesitan, idiotas —giramos todos la cabeza, y ahí lo vimos, en el alto descanso de las escaleras, Malfoy nos observaba con una sonrisa irónica y diagonal. Bajó las escaleras con un bailoteo relajado, y se impuso en medio de todos.

—¿Por qué estás aquí, Malfoy? —le cuestioné poniéndome de pie.

—¿Esa es tu manera de mostrarte agradecido? Un cerdito me contó que estaban buscando un buen lugar, algo seguro.

—¿Quién fue? —se giró Hermione—, ¿Crabbe, o Goyle?

Ellos solo agacharon la cabeza.

—Yo les daré un nuevo lugar —decía a lo que se paseaba por la sala, pasando los dedos por los lomos de los viejos volúmenes de alquimia olvidada y se detenía en el girador anti-gravedad—, y mejor aún, con vía de escape garantizada, no vigilada ni localizable por el Ministerio

—¿De qué se trata? —le pregunté.

—Ya lo verán, si aceptan claro —se rio jactanciosamente, en un intento muy ambiguo de insultarnos, mientras daba pasos tembleques al centro de la sala y se ubicaba en el sofá de mimbre—, y como veo las cosas, no creo que no acepten. No son tontos, después de todo. Y yo tampoco lo soy. No crean que no sé lo que hacen, y déjenme decirles...Son unos principiantes —sus comentarios pasivo-agresivos no diré que no sentaban mal a la peña, en especial a Granger—. Me sorprende que no los hayan atrapado todavía, pero créanme, de seguir así, los atraparán más temprano que tarde. Pero conmigo ayudándolos, no solo llegará tarde su captura, sino que nunca llegará. Ustedes tendrán nietos cuando alguien del Ministerio se le ocurra re-abrir el caso.

Los gemelos Weasley intercambiaron una serie de miradas codificadas, entre asentimientos y negaciones, ondulaciones del labio y algún que otro chasquido.

—... ¿Qué? —Malfoy se les quedó mirando—, ¿se comunican telepáticamente o algo?

Uno de los Weasley, el mayor me parece, se estiró el saco.

—¿Cuál es el trato?

Malfoy nos miró a todos, con sus ojos grisáceos atrapados en esas esfericidades pulcras, y con una sonrisa manipuladora debajo.

—Quiero el 20%

—Vete a la mierda —le dije—, apenas tendremos ganancia.

—Hecho —se apresuró Hermione.

—¿Qué? ...Joder —ella siempre se apresura.

Malfoy sonrió complacido. Se inclinó, asintió varias veces, mostrando los dientes y entrelazó los dedos con confianza.

—Bien. Otra cosa. Quiero a Granger fuera.

—Vete a la mierda —dijo Hermione.

—Al carajo, no trabajo con Sangres Sucia.

—¿Quieres que te vuelva a romper la nariz como cuando éramos chiquitos?

—Ahora hay leyes que nos protegen contra gente como tú.

—Gente como yo... ¿Tienes complejo de pene pequeño? Yo soy el cerebro de todo esto, sin mí, todos estos imbéciles estarían buscando centavos debajo de las piedras.

—Bueno, mucha suerte entonces... —se dispuso a levantarse.

—Espera —hablé, porque visiblemente Granger no lo detendría como hizo con Lupin—, Hermione es muy importante para todo esto, todos estamos coordinados gracias a ella... Tenemos que hacer esto con ella, sin ella... Nada.

Fui muy claro, y creo que nada grosero, y aun así Malfoy se inclinó sobre sus rodillas, la sonrisa todavía viperina, y espetó: No. Yo seguí intentando salvar la situación, nadie me puede echar en cara lo contrario.

—Ella no te dará órdenes. De hecho, en lo posible, no tendrán que verse. Coordinarás todo conmigo... ¿Está bien? —admito que esa coda no fue todo lo convincente que hubiese querido, pero parece que al fin Malfoy se relajó.

—... Me agradas Diggory. No hay muchos de Hufflepuff que me inspiren respeto, en verdad —se recostó, estirando los brazos—. Quiero el 25%.

—Oh, púdrete Malfoy —se levantó uno de los Weasley—, es demasiado por hacer tan poco.

—No es solo el lugar, chicos, es la seguridad y la experiencia. ¿Alguno de ustedes conoce el territorio, tiene los contactos? ¿No, verdad? Si no quieren que este barco naufrague, y se ahoguen como ratas a la deriva, 25% es mi precio.

Y se recostó cuan largo era, así, tan pancho. Nos miramos sin disimulo. Respiré con una risa suave y me palmeé los bolsillos, camino a depositarme en el sofá reverso.

—Dime... Si eres tan listo, ¿por qué viniste aquí tu solo, contra todos nosotros?

Malfoy sonrió en toda su pedantería.

—Porque soy aún más listo de lo que crees, Diggory. No estoy realmente aquí.

—¿Eh?... —Crabbe se acercó y pasó la mano a través de la cabeza de Malfoy, sin moverle un pelo—, anda, es verdad, es una proyección.

—Desgraciado... —solo me quedaba suspirar.

—Nos vemos en Borgin y Burkes —se puso de pie, alcanzando la cúspide de su burlesca sonrisa, aun dentro de una elegancia que le era más hurtada que legada, y nos guiñó el ojo—. El santo y seña es Armonía Nectere Pasus.

Y se desvaneció como se desvanece el rocío tras los primeros rayos de Sol, eh, qué bonito me han salido esos versos, ¿no? Debería ser un puto poeta, ¿dónde está mi puto premio, eh? Púpuru Pu Pupurú Pu...

Bueno, que fuimos al lugar. No es como que no lo conociéramos, era un territorio no precisamente oculto y no exactamente amigable. Quizás no sepan, pero los Mortífagos no son lo que llamaríamos populares entre los magos, (nunca han sido tan olvidables desde que encarcelaron a las cabezas y su líder anda no habido), pero para romper un mito en su favor, diré que son más de lo que uno usualmente quiere admitir. Están allí, comparten el tren contigo, adelante o atrás en la cola de la toilette, en la misma fila para el almuerzo. A los putos progres no les gusta pensarlo, pero yo sé que en el fondo se dan cuenta, cuenta de que la gran mayoría del Mundo Mágico congenia con la dominación superior del hombre mágico sobre el Muggle. Para mí era algo obvio.

Siempre lo he visto así, desde que tenía los tiernos 8, más o menos, cuando uno de esos hombres marcados empujó a mi padre en la plaza del Ministerio. Volaron los papeles, saben, y no había culpable, aunque tampoco tenía por qué haber inocente. Mi padre no exigió disculpas, sino que más bien las dio, como mejor podía darlas un hombre que agacha la cabeza por el peso de la vergüenza. El tipo no se sació, y disparó una gratuita y muy acertada patada en las costillas del anciano, cuyos gruesos anteojos cayeron y uno de los lentes rodó lejos, como huyendo. Luego el marcado tomó su sombrero, y lo pisó.

Yo supe de inmediato qué era eso.

Se llamaba respeto.

En el corto camino a casa, papá ni me vio ni me dirigió la palabra.

Yo sabía qué pasaba, ¿cómo entregar un rostro lleno de miseria?

No conocía a nadie, pero era como mi casa.

—Armonía Nectere Pasus.