6. LA RAÍZ DE TODO LO MALO
Cuando recuperé los ojos, estaba paralizado en una silla, frente a dos hombres de miradas obtusas y sonrisas golpeadas, que exponían sin temor sus marcas tenebrosas. Muchos petulantes hay que se la pusieron sin ser Mortífagos ellos, pero estos sí que lo eran, no tenía ni que preguntarles.
—¿Qué tenemos aquí? Una perrita asustada que llegó hasta nuestra puerta pidiendo algo de leche, ¿curioso, no? —habló el primero, que tenía todo el pelo ensortijado y enrollado detrás de la cabeza, y un candado abultado en el rostro.
—Muy curioso, yo creo que deberíamos cortarlo en pedacitos y violarlo. Después nos lo comemos, y al final, lo matamos.
Sus alientos formaban una tormenta fangosa frente a mí, pero aguanté las ganas de arrojar y pude hablar.
—No tenemos que enfrentarnos. No somos tan diferentes.
—Oh, ¿enserio? —acercó sus dientes picados, verdosos, que escapaban chuecamente de esas encías pútridas.
—Eh, sí, escuchen, los magos de hoy son unos maricas, no quieren reencontrarse con sus orígenes, han olvidado lo que son...
—... ¿Y qué son?
—Bueno... Son... Son como ustedes, en el fondo... Muy en el fondo, los magos saben lo que les pertenece por derecho, saben cuál es la raza superior...
Se me quedaron mirando.
—La raza superior, como nosotros... Como ustedes, ya saben...
Casi se ahogaban en sus risas babosas.
Se miraban y luego me miraban a mí, para seguir riendo.
—Podemos trabajar juntos —les dije—, tenemos un buen método... Enserio.
Enserio necesito mejorar mis codas.
—Muchachito, por favor... dime, ¿qué es lo más Hardcore que has hecho?
—Soy Cedric Diggory.
—¿Diggory? No me suenan de nada.
—Espera, Diggory, claro, ¿no fue el chico que fue descalificado de la Prueba de los Tres Magos?
—¡Ah, claro!
—Con un demonio, ¿pueden olvidar eso ya?
—Bueno, chico, no podemos decir que tu credencial es positiva, así que...
—Está bien, está bien... Sexo anal, tuve sexo anal.
—... ¿Qué, te la metieron por el culo?
—No, no... Quiero decir, yo se la metí a alguien por el culo, a una chica, quiero decir...
—Chico... El sexo anal es repugnante. Los culos están llenos de mierda, ¿sabías? ¿Y tú metes a tu amiguito en ese hoyo? Acabarás pillando una enfermedad y se te caerá el pene...
—No necesariamente...
—... ¿Cómo dices?
—Digo, que si tu pareja tiene buena higiene, no hay riesgos a...
—¿Por qué estamos hablando de culos?
—No sé, tú preguntaste.
—Algo Hardcore de verdad.
—Bueno, estuve en un trío, lo juro.
—Ah, ¿y tienes dos novias?
—No, en realidad, éramos dos hombres y ella...
—Ah, violinista, ¿y ella es libre?
—Sí, bueno, tenemos una relación abierta, ¿sabe? Como amigos con derecho...
—Eso es basura.
—Bueno, si tú lo dices...
—¿Dices que no entiendo de eso? Joder, niñato, he chupado tantas vaginas que mi lengua sabe a vagina. El caso con tu amiguita no es especial.
—Sí que lo es...
—¿Ella tiene pene?
—... Pues no que yo sepa.
—Entonces no es especial, ya madura, ¿cuántos años tienes, 17?
—Pues... no...
—Eh... Todavía estás verde, pero puedes madurar, sí, eso estaría bien. Queremos que vuelvas con algo de lo tuyo, y veremos qué se puede hacer, eh...
—Entonces... ¿Lo dejo ir, así sin más?
—Uhm... se vería raro. Rómpele unos dedos.
Y me dio con un martillo. Nada más elegante. No, qué va.
Los Mortífagos no son tan malos como uno podría pensar, pero sí son muy estúpidos. En parte se merecen esa mala fama que tienen.
—¿Que hiciste qué? —aquí vamos. Hermione puede ser mucho más regañona de lo normal, de lo que aparente a simple vista, digo. Cuando haces algo que la molesta, primero te dedica una mirada dulce y suave, un buen preámbulo para la cogida de huevos que dispara como zarpas directas a tu orgullo—, ¿y al menos es un buen trato?
—... Eh, sí, por supuesto —atiné a responder. Debía imaginarlo.
Así que planeamos un encuentro para cerrar el negocio. Desde entonces, tendríamos unos grandes socios, buenos aliados de verdad, un territorio serio y confiable y al fin dejarían de agarrarnos pal hueveo. Era una decisión importante y no todos estaban preparados para ella, como no todos pueden comer la mejor parte del Pie de Manzana cuando sale del horno. Malfoy se desaparecía por días enteros, completamente desorientado, él seguía en sus asuntos y para él nosotros éramos apenas un pequeño experimento con el cual distraerse en las tardes largas de Noviembre. Por su parte, George se puso algo pesado, y Fred intentaba animarlo, tuvieron varias charlas de hermanos y esas cosas, ya saben, profundidad familiar; yo nunca tuve hermanos, es raro imaginarme compartir mi vida entera con alguien tan extrañamente cercano, tan desconocido pero confiable, tan adentro de ti como para darte la puñada definitiva, pero a quien dejas sostener el puñal sin problemas. Es raro pensar que en algún momento fueron uno solo, y que en algún momento volverá a ser uno solo, cuando el uno observe al otro dentro de un cajón de caoba satinado, y piense "solo quedo yo", y tras un par de años de insoportable soledad finalmente se reúnan en el polvo. Creo que prefiero no tener hermanos.
Así que al final solo fuimos yo, Crabbe y Hermione. El lugar fue la Casa de los Gritos, era una choza más embrujada que la Edad Media, y donde los líderes de clanes solían concertar reuniones. Les seré sincero, nunca había entrado, siempre me había producido un pavor especial. No sé por qué, pero ver su vieja estructura a punto de ser derrumbada por cualquier brisa que se digne a despojarla de su historia, y aun así mantenerse en pie, abierta y transitable, como un trampa a la espera de sus presas, realmente me produce un pánico preocupante. Todavía más, al solo poner un pie en ella, toda la madera se retuerce y gime por todas sus grietas. De alguna forma, es un buen lugar; y si todo sale mal, el Mapa del Merodeador muestra un pasaje que nos conduce a Hogwarts, y qué lugar más seguro en la tierra que Hogwarts, ¿verdad?
Los Mortífagos estaban frente a nosotros, cubriendo un gran grafiti de Dumbledore Gay!
—¿Cuál de ustedes es Aleister Black? —preguntó Hermione.
—Soy yo —respondió el del medio, el más alto, que dejaba expuesto su torso tatuado entre su gabardina mohosa—, ¿contigo es que hay que hacer el trato?
—Pues... Sí, señor Black.
—El mariquita no mencionó nada de hacer tratos con una Sangre Sucia.
—¿Qué te hace pensar que soy una... una de esas?
—Yo huelo a los Sangre Sucia.
—Así que tienes buen olfato —lo sabía, pueden hacerlo.
—Lo tengo. Y sé perfectamente que tu pequeña vagina apesta a Sangre Sucia.
Hermione dio un pesado suspiro.
—Qué amable... Supongo que también tendrás buen olfato para los negocios, porque este trato apesta a dinero por kilómetros.
Black inclinó la cabeza, como sorprendido por la asertiva respuesta de Granger, claro, ensayando así qué chiste, a mí se me estaban ocurriendo cosas más pendejas.
—Dime, muchacha, ¿con quiénes están?
—Vamos por cuenta.
—Malfoy... ¿Qué saben de ellos?
—... Apellido respetable, personas dignas y confiables...
—¿Y no están trabajando?
—¿Crees que un racista como Malfoy trabajaría con alguien como yo? —Su facilidad para mentir en realidad asusta—, Pff... Por favor, a él lo ciega su honor, pero yo sé que ustedes no dejan escapar las oportunidades...
—No lo dudes, pequeña... —habló uno de los segundones.
—Bien. Te escucho, pequeña rubiecita...
—50 grandes por stac. Cada stac con la calidad habitual. Ustedes se encargan, y somos libres de entrar a su territorio.
—¿Crees que los nuestros permitirán que una Sangre Sucia les robe? Además... parece que nosotros haremos todo el trabajo...
—¿Disculpa? Aquí nosotros venimos con la innovación. Si quieren seguir en el hoyo, es su problema, pero yo les ofrezco dos cosas: Progreso para todos y...
—... ¿Y?
—Y a ti... poder irte con tu vida enterita.
—¿Te burlas de nosotros? —Otro de los Mortífagos mostró los colmillos—, Black, no hay que permitir esas faltas de respeto, enseñémosles, además, siempre me he querido coger a una rubia blanquita como esta... Se nota que le hace falta una buena verga.
—¿Meterás tu verga en una Sangre Sucia? —Hermione actuó escandalizada—, Espero que luego estés dispuesto a cortártela...
—Primero te fornicarán las bestias.
—Silencio —le dijo Black—, no harás nada.
—Aleister —retomó Hermione, con tonos sardónicos—, permíteme llamarte Aleister, ¿sí? Mira, se nota que eres un tipo listo, el más listo de hecho aquí esta noche, y yo te estoy dando el regalo más importante de todos: Tu vida, ¿por qué lo desprecias?
—Mira... niña... Usualmente despedazamos a los imbéciles como ustedes que llegan creyendo ser los dueños aquí, y debimos haberlo hecho con tu marica amigo, lo admito, y deberíamos hacerlo con todos ustedes ahora... —los dos peleles detrás de Black se entusiasmaron—, pero él ofreció un trato, y aunque no me gusta tu actitud, también ofreces un trato, un buen trato, y aquí, en este puto lugar, aquí, así es como se hacen las cosas... Así que voy a aceptar.
—¡Black, ¿qué carajos estás diciendo?!
Yo estaba como ¿qué carajos está pasando acá?
—¿Tenemos un trato? —insistió Black, y hasta Hermione parecía sorprendida, algo desubicada, un estado nada común de ver en ella, ¿es que acaso esperaba otra cosa?
—Tenemos un trato —aceptó ella.
Black se sonrió y soltó un perfecto bastante bien logrado y lúgubre. Granger asentía, empezando a procesar el inesperado logro, y terminó por devolver la sonrisa. Era un hecho y tras darse la mano, (una mano tatuada en negro y con las uñas crecidas y afiladas y mal lavadas, encontrándose con una mano suave, de piel tersa y cremosa, de uñas sutilmente decoradas) pasaron a despedirse como putos amiguitos.
—¿Qué hay de nuestro amigo?
Todos clavaron sus pies en la madera. Crabbe levantó el pecho.
—¿Quién? —preguntó Black.
—Fue asesinado... —habló Crabbe—, Lo mataron hace poco... En Su Territorio...
—Uhm... No sé de quién me estás hablando.
—Su nombre era Goyle.
Granger y yo girábamos, y con nuestras miradas disimuladas y nerviosas intentábamos detenerle pero como que no, mientras Crabbe hiperventilaba y apretaba sus dedos gordos.
—Creo que se refiere al cerdo del otro día —le comentó un segundón al otro.
—Ah, claro, claro... Tu imbécil amigo se metió a nuestro territorio a intentar estafar a nuestra gente con su basura... Solo le enviamos un mensaje.
—¿Un mensaje? ¡Púdranse! ¡Está muerto! —gritó.
—Crabbe... —lo encaró Hermione—, por si no te has dado cuenta... Este no es el mejor momento.
—¡Púdrete tú también, Granger, perra enferma!
Y mientras yo sentía una bolita que me subía y me bajaba, Crabbe desenfundó como el pajero más rápido de la calle 9 y con tremendo empujón tiró a la asquerosa alfombra los 20 kilos mojados de Hermione y mientras se quejaba esta los Mortífagos ya deslizaban las ramas bajo sus mugrientos abrigos y en mis ojos se reflejaba una nebulosa de relámpagos purpurados y miedos bien apretados y creo ¡creo! Pude ver cómo Aleister empujaba a uno de sus segundones y yo sentía que se me escapaba un trozo de espíritu entre los dientes y un grito como un gemido desgarrado de tela se extendía como un rumor. Cuando reaccioné, la varita no estaba en mis dedos y los 3 hombres yacían muertos frente a nosotros, múltiples agujeros y quemaduras anguladas mientras unos pasos soberbios resonaban a nuestras espaldas.
—Cómo se nota que algunos son inmunes a los buenos consejos...—era Lupin y su estúpido tono—, tienen suerte que Granger me enviara un memo... ¿verdad, Diggory?
No pude decirle nada. Crabbe se mantenía temblante, con los ojos bien abiertos como claraboyas, la varita todavía humeante. Hermione se le acercó apaciguadora y le tiró la madera de entre los dedos con mayor dificultad de la pensada.
—Muchas gracias, profesor... —sonaba sincera ella.
Crabbe se giró lenta, pesadamente.
—Los mató... —comentó, al fin, casi sin pensarla.
—¿Y no están felices? Esta cerebrito les acaba de salvar la vida —dijo Lupin, casi extasiado, apretándole las mejillas a Hermione, y dándole un beso en la frente.
Sentí asco, el aire me daba asco.
—Pero... Un hechizo desmemorizador... —dijo Goyle.
Lupin como que se atoró y luego aclaró la garganta.
—Se deshacen, maldición, ¿acaso no prestas atención en mis clases?
—... Creo que falté a esa clase.
Y fue a sentarse en un baúl que gimió doliente.
Lupin suspiró, como quitándose los polvos que se le asentaron en los hombros.
—Bien. Desaparezcan los cuerpos.
Nos miramos.
—... ¿Con magia?
—... Lamentablemente olvidé el ácido nítrico —se excusó—, claro que con magia, imbéciles, ¿qué se creen?
Nos pusimos al ruedo, Crabbe finalmente se puso de pie y fue él quien tomó de las patas a Black, pero tan solo lo arrastró unos centímetros antes de soltarlo asustado.
—Ay, carajo... —Crabbe nos miró y señaló el cadáver—, este es del Ministerio...
—... ¿Qué? —sincronizamos nuestras voces.
Al morir, el hechizo que cubría su anillo de Auror se desvaneció como una brisita, revelándonos nuestra peor pesadilla. No habíamos matado a 3 putos Mortífagos, sino a 2 putos Mortífagos y un Auror encubierto. Azkaban era nuestro destino, pero entendimos todos sin decirnos ni una palabra que sin cuerpo no hay delito, sin el cadáver nadie podría interrogarlo para sacarle quién había sido el culpable de su último respiro. Deshacerse de los cuerpos pasó de ser una orden dada con mala voz a ser un imperativo emocional. Así que empezamos, con los estómagos como navegante de tormentas...
Jamás había deshecho un cadáver, joder, ni siquiera era mío, bueno, si nos ponemos en ese plan, no era de nadie y entonces era de todos y todos jodiditos, joder... ¿Cómo terminamos así? Creía que estaba hasta el cuello, pero apenas nos embarrábamos las zapatillas...
