Declaro que los personajes no me pertenecen, esos son de Kishimoto

Sakura, el inicio de una kunoichi

Itachi Uchiha

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La luna se asomaba sobre las calles de Konoha; esta noche era distinta a cualquier otra noche que haya habido, no era un noche como cualquiera, en donde las estrellas resplandecen con fulgor junto a la luna como si fueran gotas plateadas de metales brillantes, no; la luna no se mostraba con esplendor como su fuera la cosa más hermosa en toda la vida, no, ni la brisa soplaba cálida y refrescante con su melodioso sonido de voces susurrantes que hasta se creía que hablaba con los árboles cuando este chocaba con ellos, no… Las estrellas brillaban como armaduras de un guerrero sin pulirse por años, la brisa no era cálida ni refrescante, sino tan fría que calaba hasta los huesos, y la luna, oh la luna se escondía de tristeza aquella noche entre las nubes como si no quisiera seguir viendo lo que sucedía abajo en la tierra.

Como si el mismísimo cielo fuera la única presente ante un gran secreto que no podrá contar.

Las calles se encontraban desiertas, la gran mayoría se encontraba en sus casas resguardadas de la fría noche. Todo parecía relativamente tranquilo. Entre la penumbra aparece una pequeña niña con las mejillas humedecidas de tantas lágrimas que había derramado; no era mayor de ocho años, su cabello era de un extraño color rosado que no se ve en todos los días y sus ojos, tenía unos ojos sorprendentes color jade que si no fuera por la tristeza y dolor que expresaban serían esplendorosos. Lo cuestionable de todo esto era encontrar a una niña sola fuera de su casa a altas horas de la noche y más aún llena de raspones, arañazos y moretones, pobre niña.

—Papá —dijo ella, en un susurro ahogado. Apenas se le podía escuchar, en su tono de voz dominaba dolor y rencor de solo pronunciar ese nombre, al decir ese nombre siente como todo su ser estremecerse.

La chica de pelos rosados caminaba destilando un aura ausente, y sin rumbo fijo caminaba, se dejaba llevar hacia donde sus pies la llevasen.

Se encontraba perdida y sin deseos de regresar a lo que llamaba su hogar. No, ese no era su hogar. Su mundo se derrumbaba y con lo mismo solo deseaba estar sola. Ya nada le importaba, ahí en la oscuridad se había rendido a lo que sucediera.

Que sea lo que los demás quieran.

Hambrienta y con el frío mordiendo su piel daba pequeños pasos entre la oscuridad. Al tener la mirada hacia el piso terminó golpeando a alguien. Por ser respetuosa lo mira para pedir perdón, su sorpresa fue que al ver a la persona frente a ella. Se quedó congelando unos segundos mirando al chico de quizá algunos trece o catorce años con el cabello de color negro como el cuervo, tenía una piel blanquecina y unos hipnóticos ojos color rojo carmesí con betas negras dentro del mismo.

No era sus ojos ni su mirada fría lo que la que le quitó el aliento sino su presencia misma, podía oler la muerte y peligro desprenderse de su ser mientras que en su ropa y una espada que traía en su mano se encontraba pintada con sangre.

Cualquier persona cuerda huiría o por lo menos gritaría, sin embargo ella no…

Rubí y esmeralda se encontraron largo rato.

La pequeña niña de cabellos rosados examinó su rostro con curiosidad, resignación y en cierto grado miedo. A pesar del peligro inminente frente a ella no sentía que fuera alguien peligroso, más bien… Como si sufriera.

— ¿Usted también quiere golpearme? —dice, la pequeña con aflicción marcada en su pequeño rostro sin dejar de derramar lágrimas como si de un riachuelo se tratase.

El chico estoico frente a ella gracias a sus años de experiencia escondió su sorpresa puesto que no se esperaba a tan altas horas de la noche a gente a su alrededor y mucho menos a una niña con curiosa cabellera; podía pasarlo de un borracho. Pero ¿una niña?

¿Lastimarla? ¿Por qué el la lastimaría?, si, estaba pero no tenía razón alguna para matarla aun cuando la sangre en su ropa muestre lo contrario. Mirándola con detenimiento captó raspones y hematomas que floreabas saltando sobre su blanca piel.

—Entonces quiere burlarse de mi enorme frente —dijo la chica como si fuera un hecho, giró su rostro a un lado con desdén, en lo personal ya estaba fastidiada de todo y todos. Ya no quería nada, ¡Solo quería que todo se detuviese y desaparecer por siempre! Si no la molestaban por su enorme frente era para golpearla y maltratara.

—No… ¿Por qué molestaría a alguien que no conozco? —dijo después de estar tanto tiempo en silencio.

La pequeña giró su cabeza tan rápido como un rayo que parecía que se iba a fracturar. Estaba anonadada, sin aliento y por un momento su mente se detuvo. Con los ojos abiertos tanto como podía y la boca abierta con la de un pez retuvo el aliento. A pesar de la oscuridad podía ver un pequeño rayo de luz en su corazón atormentado de tanta tristeza al verlo. ¡Hasta las lágrimas que parecían no tener fin han cesado!


En la casa del Hokage la puerta de la entrada era tocada varias veces.

Hiruzen que se encontraba descansando después de un largo día de trabajo, estaba en su sillón favorito en la sala leyendo tranquilamente un libro acompañado de su adorada pipa. Gruñendo se levantó de su cómodo lugar para abrir la puerta. Dejó ver su molestia a quien estaba en la puerta interrumpiendo su merecido descanso.

El trabajo es trabajo se repetía muchas veces y sabía que si a estas horas le llamaban era por una razón considerable, aunque eso significa más papeleo mañana, como si no tuviera suficiente.

— ¡Señor Hokage! —Grita el jounin con agitación, respiraba entrecortadamente de correr tan rápido. Eso no era una buena señal—. Tenemos un problema ¡El clan Uchiha ha sido asesinado!

Sus ojos se entornaron y su cuerpo se tensó.

—Explícate ahora.

El sueño que comenzaba a recorrer en su cuerpo en el momento que leía se esfumó al ser inyectado corrientes de adrenalina en su torrente sanguíneo, las cosas eran muy serias.

—El clan Uchiha ha sido atacado por la noche, se tiene la sospecha de que el culpable es el mismo Itachi Uchiha hijo de Fugaku—sama, el líder del clan, hemos encontrado un solo sobreviviente inconsciente, el hermano menor Sasuke Uchiha —dijo el jounin, de manera profesional componiendo su postura al hablar a pesar de su respiración agitada.

Definitivamente esto es grave.

—Infórmale a Kakashi que deje su puesto de vigilar a Naruto y que vaya en búsqueda de Itachi Uchiha, él será el líder del equipo que forme, dile que en cuanto regrese de la misión que inspeccione el estado del pequeño Uchiha —dijo Sarutobi al ninja, este en seguida asiente y en un dos por tres desapareció dejando al Hokage solo con una mirada triste dando un pequeño suspiro—. Así que has dejado a tu hermano vivo, eh Itachi… Respetaré tu opinión, solo espero que sea lo mejor.

Con paso lento y con una gran carga sobre sus hombros que llevará hasta su muerte se arrastró a su cuarto para arreglarse, una noche más sin dormir y con un gran trabajo por hacer.

Definitivamente ya estaba viejo para ser Hokage.


Los ojos de Itachi brillaban con interés mientras veía con detenimiento a la chica de pelos rosados frente a él. Se veía mucho más calmada que antes, era como si sus palabras por insignificante que fueron la embadurnaron como una pomada a una herida.

—Es peligroso estar aquí de noche, ve a tu casa—dijo Itachi, tratando de hacer una buena acción, no podía dejar a la chica sola y menos en una noche como esta que en cualquier momento se volvería agitada.

Una vez más, por dentro se sorprendió al ver su reacción, de todas las reacciones, esta fue la menos esperada: miedo, las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos sin parar y muy pronto empezó a temblar.

— ¡No!… ¡No quiero ir a ese lugar! —dijo la pequeña, temblando abrazando su cuerpo con rigidez. Un sinfín de pensamientos comenzaron a trazarse en su mente para evitar llegar a su casa. Solo uno relució ante los demás—, ¡Llévame contigo!

La niña había notado que en el hombro de Itachi traía colgando un saco con sus pertenencias, eso sólo podía significar que se iba. En un impulso desesperado se aferró a la pierna del chico y lloró amargamente que fuera un si por respuesta.

—Llévame contigo.

Los ojos de Itachi le traicionaron abriéndose ligeramente de la sorpresa al ver el rostro de desesperación y anhelo por dejar atrás todo lo que le hace sufrir. Se aferraba como si su vida pendiera de él, como si al alejarse terminaría cayendo en un abismo sin retorno.

Sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir la agitación a lo lejos, la gente comenzaba a darse cuenta y en cualquier momento los Anbu se pondrán en acción, no podía perder más tiempo con la niña. Sin pensarlo y con rapidez la noquea y la carga en su hombro como peso muerto y con gran rapidez y agilidad atraviesa las calles y muros que delimitan Konoha adentrándose en el basto bosque que lo protege. Se la llevaría lejos de la aldea a un lugar donde pueden estar tranquilos… Por un tiempo.


En un pequeño pero espacioso cuarto se encontraba Itachi Uchiha mirando por una pequeña ventana, estaba de brazos cruzados y una mirada en blanco. No faltaba mucho a que la chica que tenía a un lado, recostada en la cama, despertara de su letargo. Dejarla sola ya no era una opción, ya no se encontraban en la aldea como para dejarla en un sitio seguro, regresar era un suicidio después de lo que hizo. En su mente no dejaban de resonar aquellas palabras que la pequeña dijo antes de que se desmayara. ¿Cómo la trataban en casa?, quizá luego lo averiguaría. Lo que no lograba entender es ¿cómo esa niña no se asustaba de verle todo sangriento?

Tenía a su lado a una niña de la que sabía prácticamente nada; nombre, si era de un clan o no, nada, tan solo podía estimar su edad. Ahora no solo lo buscarían por asesinato y casi extinción de uno de los más prominentes clanes de Konoha, sino también por secuestro, ¡Una cosa más que agregar a su apenas empezada carrera de criminal!

Sus pensamientos fueron interrumpidos en cuanto vio a la niña moverse lentamente.

Se paró de su lugar para ir a donde se encontraba la niña poniéndose a un lado de la cabecera de la cama donde pudiera ver claramente a la chica, para que lo reconociera en el extraño cuarto. Espero con paciencia hasta que lograra estar en sus cinco sentidos.

— ¿Dónde estoy? — fue lo primero que dijo, su voz había salido como un graznido. Abría y cerraba los ojos una y otra vez, poco a poco fue acostumbrándose a la luz y se sentó en la gran cama hasta notar la presencia del chico a su lado. Al principio se crispó, pero al reconocerlo se relajó notablemente haciendo alzar las cejas a Itachi.

—Dime, ¿Por qué quieres venir conmigo? Ni si quiera me conoces —dijo Itachi mirando a la chica de ojos color jade. Aun cuando por fuera tenía un inmutable rostro en blanco por dentro estaba curioso. La niña era muy interesante y volátil en cuanto a los sentimientos, ayer en tan poco tiempo había reaccionado de tantas maneras en tan poco tiempo, entre rabia, tristeza, odio, esperanza, era mucho como para que una niña pequeña de su edad sufriera cosas así.

La chica miró las sábanas que la cubrían como si fuera lo más interesante que encontró, sin embargo, sus ojos expresaban dolor y las lágrimas peligraban por querer salir de nuevo como lo había hecho ayer, no, no debe hacerlo, no quería darse ese lujo, no después de que este hombre tan amable llegara y la salvara.

—No quiero ir a mi casa, mi padre me odia, cada vez que puede el me pega, solo busca excusas para hacerlo, mi madre nunca hace nada por mí, solo se le queda viendo o se burla de mí y siempre complace a mi papá en lo que él desea, nunca se han preocupado por mi aunque este enferma… Todos siempre se burlan de mí y me pegan… —La voz comenzó a menguar—, yo quiero ser fuerte, quiero no ser pisoteada por personas como ellos...

Una vez más estaba impresionado, tan pequeña, tan frágil, pero cargaba con un gran odio dentro de ella, en el fondo de su mente una voz le decía que debía de llevarse a la niña y hacerla feliz antes de que entre en alguna fosa de oscuridad. En cierto modo podía entender lo que ella le decía, sin embargo ni él ni Sasuke habían sido tratados así y tuvieron a su bondadosa madre. Debía experimentar una infancia feliz, no este camino lleno de vidrios que él caminaba. Claramente podía ver que ella es un ser de la luz a diferencia de el que se mueve en la oscuridad, y lo más lamentable es ver como uno de aquellos seres tan puros como podía ver en ella sean arrastrados al mundo de las sombras.

Miró por la ventana dando un largo suspiro para luego volver a ver aquellos ojos color verde maravillosos que en aquellos instantes mostraban temor, tristeza y determinación al mismo tiempo, una combinación muy peculiar.

—Ven conmigo —dijo Itachi con voz neutra.

Los ojos de la chica tronaron de emoción y dibujó una gran sonrisa en su rostro, haciendo sentir feliz a Itachi, definitivamente una sonrisa quedaba mejor que la tristeza en ella.

Por otra parte ahora ella sabía que él a pesar del estado de su ropa y su estoico rostro de aparente indiferencia, era su caballero que vino a salvarla de esta horrible pesadilla, sabía que no importa la apariencia de uno, no importa el peligro que pueda emanar alguien, los caballeros de los cuentos de hadas pueden aparecer en las presentaciones más peculiares.

—Gracias eh…

—Itachi, soy Itachi Uchiha —dijo dándole una pequeña sonrisa por primera vez en todo este largo rato.

—Yo soy Sakura Haruno, Itachi-nii —se paró sobre la cama abalanzándose al cuello de Itachi dándole un fuerte abrazo sorprendiéndolo momentáneamente hasta que le responde el abrazo aun sonriendo.

Por dentro de su corazón ofuscado con pesar y negrura un pequeño rayo de luz nació en él. Quizá el caballero no era otro más que una pequeña niña de peculiar cabello color rosado.

Ahora ellos dos iban a ser compañeros o una familia como al parecer Sakura quería. Solo sería cuestión de enseñarle unas cosas para que el líder la considerara tenerla con ellos.