Declaro que los personajes no me pertenecen, esos son de Kishimoto

Sakura, el inicio de una kunoichi

CAPÍTULO 11

Niños

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"¡Ssh! los niños no se pueden enterar, ellos no sabrán nada si no decimos nada"… Esa es la mentira más grande del mundo, la mayoría de nosotros somos curiosos por naturaleza, miramos todo, sabemos cómo actúan los adultos, y si hay un problema lo detectamos aunque no nos digan qué sucede. Aunque quieran esconder lo malo, aunque sea para no lastimarnos, termina lastimando


Tardó un día en que despertara Sakura. Entonces se preguntó qué había pasado, ¿habían completado la misión con éxito? Sus últimos recuerdos eran borrosos antes de que todo se volviera negro. La única respuesta que tuvo es: "te golpeaste en la cabeza tan fuerte que te desmayaste".

Cuando le dijeron eso se avergonzó tanto que no quiso salir de su cuarto, le dejaron quedarse ahí, no llegó Kisame irrumpiendo en su cuarto a cargarla como un saco de patatas y meterla a la humeante tina con todo y ropa para que vaya a la escuela, no llegaron a decirle que debía entrenar, nada. Solo llegaban para ver cómo estaba y tratar de jugar con ella. Después de pocos intentos, la convencieron salir, pero siguieron sin insistir en entrenar.

¿Vieron que ella no estaba a la altura?

Tobi siguió haciendo travesuras con ella, Budu-kun enseñando matemáticas financieras, Sasori haciendo muñecos de madera y Konan origami, de ahí nada más. Es muy extraño, incluso para ella. Un día se atrevió a decirle a al abuelo que le entrene y el puso excusas antes de irse, fue con Barbie y el solo huyó como si quisiera llorar, intentó provocar a tiburoncin pero no resultó.

Sentía que su corazón lo punzaron con una pequeña y delgada aguja, aún así decidió esperar, quizá solo estan asustados, quizá solo estan esperando a que mejore antes de seguir enseñando a ser ninja. A la semana de haber despertado, por cuenta propia se despertó y fue a la escuela acompañada de Tobi, al menos no le dijeron que no fuera a la escuela, pero podía ver que en el desayuno, -estando todos ahí- se les veía un poco más serios de lo normal, incluso de la Barbie y Tontín.

¿Qué había hecho mal?

La duda comenzó a corroer dentro de ella, pero por miedo y duda decidió meterla hasta el fondo de ella. Faltaban dos años para que se graduara para convertirse en gennin y no quería echarlo a perder.

Quizá lo que más le irritaba es que algunos, cuando creían que ella no les miraba dejaban entrever una mueca de desagrado o tristeza. Su mente pendeja desde entonces comenzó a plantar el pequeño gusano de la inseguridad.


Al entrar a su salón de clase molesta, dejó su mochila en la parte trasera de su asiento antes de que Renji golpeara sus palmas de las manos en la mesa de ella.

—¿Dónde diablos estabas?, ¡mañana es la competencia inter-escolar! —gritó Renji poniendo su rostro enfadado casi en el de ella.

¿Competencia inter-escolar?

Antes de que Renji pudiera seguir gritándole, Shiro lo agarró del cuello de su camisa y lo jaló hacia atrás hasta tirarlo al piso con indiferencia.

—¿Estas bien?, estuviste mucho tiempo fuera de la academia —Shiro se quedó contemplando a Sakura, incluso hasta frunció ligeramente el ceño al verla—, estás distinta, hay algo en ti que no es como antes.

Sus ojos brillaron como un par de esmeraldas cuando el recuerdo la golpeó como un meteorito estrellándose en la tierra, ¡Es cierto! por estar pensando en lo raro que actuaba su familia había olvidado que se aproximaban los exámenes.

Una vez que en la academia de Amegakure, cuando cumplías el cuarto año de la academia, podías participar en la competencia inter-escolar, un evento en donde los de cuarto grado a sexto peleaban en una serie de eventos donde medían, habilidad, fuerza, destreza con shurikens, inteligencia y pelea. A los mejores se les agrega un plus en su expediente, mientras que los que tengan el puntaje más bajo, tendrán que repetir el año o en caso de que las calificaciones sean horribles, bajar de año.

Esta es su oportunidad de hacerles ver que ella es digna de ser parte de Akatsuki.

—¡Eso es!, Renji eres un genio, ¡Verde no me estaba mintiendo!, hoy mi día iba a ser mejor que los anteriores —dijo Sakura girando sobre su propio eje de la emoción.

—¿Ah?, Claro que soy muy inteligente, ¡Soy el rey del mundo! —gritó Renji hinchando su pecho de orgullo.

Shiro puso los ojos en blanco antes de mirar a Sakura nuevamente.

—Hablas de la diosa de la fortuna, ¿no? —preguntó Shiro.

Sakura asintió contenta, su mal humor se estaba esfumando como la espuma. Renji y Shiro son los únicos con los que abiertamente les comentó sobre Verde, Flor, Calavera, Chocolate, Reloj, Lentes y Viejito. Los de Akatsuki decían que son sus amigos imaginarios, su propia imaginación por eso mismo no insistió en seguir hablando mucho de ellos y les seguía la corriente cuando pensaban así, sin embargo, sus amigos Renji y Shiro si la escuchaban.

Al parecer lo que ella veía y los demás no son espíritus, había descubierto que no era la única rara que podía hacerlo porque un día cuando estaba acariciando lo que llamaba en ese entonces una serpiente voladora blanca, resulta que Shiro la encontró, en aquel momento se reprendió a si misma por hablar y acariciar las criaturas frente a otros y resultó que él también los puede ver. Resulta que su antigua familia de ninjas que además de tener una excepcional habilidad de manejar dos hoces de doble filo curvas con mango recto unidas por una cadena, también tienen una habilidad especial con la naturaleza y con el chakra.

"Es un espíritu mensajero" le había dicho aquella vez Shiro. Un espíritu que lleva por la tierra mensajes de lo que sucede a los demás espíritus.

Aunque Shiro y ella sean los únicos dos de los tres que podían verlos, Renji confiaba en ellos y aceptaba que los dos vieran cosas aunque él no pudiera.

—Si, hoy en camino a la escuela me dijo que las cosas van a cambiar —le dijo a los dos con una gran sonrisa.

Aunque es cierto que Shiro puede ver los espíritus, su familia ni el nunca han visto un dios, por lo que tenía cierto respeto a Sakura por lograr que no solo un dios sino varios, tengan la mirada sobre ella.

—Crees que vas a ganar el torneo —dijo Shiro al entender lo que pensaba Sakura.

Sakura asintió llena de energía.

—¡Qué!, ¡Primero tendrás que pasar sobre mi cadáver, yo seré el mejor del mundo! —gritó Renji tan fuerte que todos en el salón los miraron.

Shiro se acercó y con su palma de la mano abierta empujó la cabeza de Renji hacia abajo para que se callara. Los ojos azules de Shiro miraron directo a Sakura con indiferencia.

—Hay que entrenar.

Sakura suspiró aliviada, sabía que con ellos siempre puede contar, por muy loca que sea la idea, por mucho que parezca que los superan en número para pelear por una injusticia o simple reunión de tarde bajo la lluvia.

Miró de reojo a todos lados antes de agarrar la mano de Shiro y la de Renji par salir de clase, había perdido una semana, que no creía que le afectara mucho en los estudios, pero si quería ser la mejor entonces tiene que se incluso mejor que los de último año.

—Hace una semana aprendí a hacer un Bushin no jutsu que nos hará salir de aquí.

—¿Butin no jutsu? —preguntó Renji siendo jalado a la salida de la oficina.

—Bushin no jutsu, la réplica ilusoria de uno mismo.

Renji comenzó a emocionarse al saber que iba a aprender otro jutsu nuevo que va mucho más adelante de todos los de la clase.

Ya estaban por salir cuando son detenidos por un grupo de cinco chicos que se pusieron en la puerta.

—Tch, parece que el trío de raros se ha vuelto a juntar.

Los tres se detuvieron al ver a los tres chicos y dos chicas interponerse en el camino. Renji frunció el ceño, Shiro se les queda mirando en silencio y Sakura voltea el rostro como si estuviera viendo algo muy interesante en el fondo del aula.

—¿Acaso no tuviste suficiente con saltarte una semana de clases, princesita —el apodo que le puso lo hizo con tono burlesco. Ella es Tara, una chica pecosa de cabello negro y piel grisácea por falta de sol como el de la mayoría de todos en Amegakure.

Los cinco chicos, Tara, Shia, Yu, Len y Soto son un par de chicos que desde que se enteraron que golpearon en el primer día de clases a un par de chicos entonces quisieron integrarlos al club para "gobernar a todos". Ni siquiera Renji aceptó, incluso alegó que si quería ser el más fuerte de todos no sería forzando e intimidando a todos.

Desde aquel entonces, los cinco chicos comenzaron a molestarlos, tratar de que los profesores los castigaran o que quedaran en ridículo.

—¿Cuándo dejarán de teñirse el cabello para tratar de llamar la atención?, ¡Son raros, no necesitan más para llamar la atención —la voz chirriante de Shia podía hacer estremecer a cualquiera además de que a muchos les disgustaba que cuando creía que nadie la veía, se hurgaba la nariz.

Como si hubiese dicho algo gracioso, los otros cuatro comenzaron a reírse. Los tres "raros" como esos cinco los llamaban siempre molestaban con el color de cabello de los tres. Omitiendo a Akatsuki, en Amegakure, son muy pocas las personas que tenían el cabello de distinto color que no sea negro, marrón y azul oscuro, por eso, en la escuela, a excepción de un par de personas, ellos resaltan como un pulgar dolorido en el mar de personas en la escuela y aldea.

—¡Ja!, de seguro estás celosa de no tener un cabello tan genial como el de nosotros —se jactó Renji.

La sonrisa en el rostro de Shia desapareció dando paso a una mueca. Los otros cuatro se pusieron a la defensiva, los iban a atacar sun un maestro con ellos. Shiro se puso en posición defensiva mientras que Renji estaba listo para atacarlos si era necesario.

—Buenos días chicos, hoy empezaremos hablando de historia —cuando el maestro entró por la puerta los cinco se hicieron a un lado y caminaron hacia sus asientos.

Aprovechando el momento, Sakura tomó nuevamente las manos de sus dos amigos y salieron en silencio del salón de clases. Al estar en el pasillo miró hacia un lado y hacia otro inspeccionando que nadie los viera, entonces se dirigió hacia sus amigos y les enseñó a hacer un bushin.

Shiro no tuvo tanto problema, en cambio Renji tardó unos minutos hasta que logró a hacer un Bushin decente. Si cualquier maestro pasara en ese momento, quedaría impresionado por la gran velocidad que los dos chicos aprendieron a hacer un Bushin, incluso tal vez creerían que son prodigios. Por suerte para ellos, nadie los vio.

La copia de ellos se metió al salón de clases con sigilo y los verdaderos salieron de la academia con cuidado de que nadie los viera.

Una vez fuera de la academia los tres caminaron con tranquilidad, como si no se estuvieran saltando ninguna clase, y por si fuera poco, el día de hoy no estaba lloviendo más que en los alrededores de la aldea por lo que Sakura tenía la certeza que su padre no se iba a enterar.

—¡Genial!, tenemos que hacer esto más seguido —gritó con entusiasmo Renji.

Sakura sonrió con el mismo que entusiasmo que Renji, e incluso Shiro, el más serio de los tres asintió dejando entrever una ligera sonrisa.

—¿A dónde iremos a entrenar? —preguntó Sakura una vez que la euforia de haber logrado salir de la academia se calmó.

La mirada de Renji y Sakura se dirigieron hacia Shiro dando el implícito mensaje de que fuera en su casa. A los dos les gustaba ir al barrio de la familia de Shiro. La familia de Shiro, era muy sensible a las cosas que la gente común no puede ver, además de que son personas serias pero muy amables, tanto que Sakura a veces, si no fuera porque ha visto que entrenan a Shiro el arte de la espada es que dudaría que son ninjas.

—No —respondió llanamente por lo que Renji se quejó—, Sakura, algo debió pasar porque te siento distinta. No se lo que cambió en ti pero si yo lo siento tu familia

Brevemente se preguntó si tenía que ver con la primera y última misión como miembro de Akatsuki, antes de eso los había visto a ambos y Shiro no le había dicho nada. La única vez que pasó algo así fue cuando pasó algo con el tío Oro que sus memorias de aquella ocasión igualmente estaban en blanco, solo que esa vez, en vez de ser Shiro quien dijese algo, fue su padre quien le lanzó una larga mirada antes de decir que las estrellas de Sakura han cambiado y la paz será más larga de lo que se esperaba.

Como su pequeña e inocente mente en aquel momento se ofendió y se sintió triste que el padre de su amigo creyera que ella es algo así como el mal encarnado, nunca ha deseado o planeado la extinción del mundo.

—Supongo que iremos a mi casa entonces —dijo Renji metiendo sus manos en los bolsillos.

Sabiendo que al pelirrojo no le gustaba que fueran a su casa los dos lo se acercaron a caminar junto a él. Pasaron a la tienda favorita de los tres donde la anciana tete vendía, en opinión de ellos, los mejores bollos de la tierra de la lluvia, compraron una gran cantidad de ellos y en seguida fueron rumbo a la casa de Renji. Poco a poco, las calles llenas de tiendas con personas gritando promociones de su tienda aprovechando el raro día nublado, los grandes edificios y casas, puentes que llevaban a otra zona de la ciudad comenzaron a disminuir, menos gente pasaba junto a ellos, eran menos las personas dentro de sus tiendas y las enormes casas y departamentos comenzaron a mostrarse más viejos y descuidados hasta que los edificios se volvieron pequeñas casas que apenas se podían llamar casas hechas de láminas.

Varios niños se acercaron a saludar mientras aceptaban los bollos que Shiro y Sakura les regalaban hasta que llegaron a la casa de Renji, una pequeña casa hecha con láminas y pilares de madera para sostenerla. A Renji le avergonzaba llevar a sus amigos a su casa, él es pobre, tan pobre que sus amigos le regalaban de sus almuerzos para poder comer, tan pobre que su casa, que no se comparaba en nada a la de ambos, fue hecha con lo que él, sus padres y hermanos la construyeron sino no tendrían hogar.

Su padre trabaja en un lugar donde se la pasaba casi todo el día donde había muy mala paga y su madre cayó enferma, al punto que había días donde no podía pararse de la cama por lo que las responsabilidades de la casa recaen en él y su hermano menor para cuidar a sus otros hermanos, un par de gemelos y las dos chicas más pequeñas con dos años de diferencia. Al enterarse la familia de Shiro y Sakura las dificultades por las que está pasando él y su familia, ocasionalmente iban y daban comida y ropa que podían necesitar. Renji estaba muy agradecido y en deuda con Shiro y Sakura.

Cuando entraron a la casa de Renji, los cinco hermanos se abalanzaron a ellos a saludarlos. El mar de abrazos se agarraron a los tres e intentaron arrebatarles la comida, con un poco de esfuerzo, Renji hizo retroceder a sus hermanos.

—No seas tan estricto Renji, no eres más grande que ellos —se burló Sakura sacando un tinte rosado en las mejillas de Reji. Se rió un poco antes de volver a los niños— aquí hay bollos para todos.

Los cinco niños tomaron esta vez con cautela los bollos caliente y fueron a comerlos en un rincón.

—Están muy bien educados —comentó Shiro viendo a los cinco comer con deleite los bollos poco después de que Renji los aplacó como si fuera el adulto en la casa.

Renji inconforme comenzó a murmurar cosas como que ellos son unos diablos cuando los dos no estaban en la casa. Una vez que se alejaron de los niños, fueron directo a la mamá de Renji, una mujer con cabellera roja como la de Renji que al ver a los tres acercarse les dio una tierna sonrisa.

—Mis niños, que bueno verlos aquí, ¿no deberían de estar en la escuela? —su voz sonaba tan frágil como se veía su cuerpo.

—Tendremos el torneo interescolar mañana, así que venimos a entrenar —respondió Shiro.

La sonrisa de la mamá de Renji se hizo más grande y asintió.

—Sean fuertes para que ustedes esten orgullosos de si mismos.

Los tres asintieron seguros, estaba más que claro que iban a entrenar para ser los mejores. Dejaron los bollos en un lugar seguro donde los pequeños hermanos de Renji no se los comiera y corrieron a entrenar. Porque juntos siempre practicaron.

Calentaron e hicieron sus ejercicios, practican y entrenan hasta que finalmente tenían sus rostros totalmente rojos y sus cuerpos llenos de sudor y lodo. Al poco rato de darse un merecido descanso una suave llovizna cayó sobre ellos y Sakura dejó escapar un gemido ahogado. No pasó mucho tiempo antes de que llegara Sasori junto a Deidara.

—¿Por qué estás aquí? Fue por ti Konan y no te encontró en la salida por lo que fue directo con el líder a que te buscara, ¡Casi haces que me de un paro al corazón!, Pain nos ordenó a buscarte y ni tiempo nos dejó de buscar nuestros sombreros, ¡mi cabello se va a arruinar!

Renji rodó los ojos.

Al instante que empezó a hablar Deidara ninguno le hizo caso, seguirá una interminable cantidad de palabras sin sentido que decían "yo, yo, yo"

—Debiste avisar que te ibas con tus amigos a jugar —comentó Sasori ignorando a Deidara.

Sakura hizo un pequeño puchero, había ocasiones en las que no tenía que avisar, con el simple hecho de que sus papá dejara caer la lluvia inmediatamente sabía dónde estaba y ya, ahora si presentía que pasaba algo para que no le permitieran salir. Sasori se quedó en silencio esperando a que le respondiera, pero ella se rehusó, bajó la cabeza y sus labios se quedaron sellados. Era la primera vez que hacía un berrinche a alguien de su familia, al menos uno de verdad.

—Vámonos —dijo Sasori antes de darse la media vuelta e irse.

Se mordió el labio de frustración antes de inhalar fuertemente, no iba a empezar a gritar en este momento, no con Shiro y Renji que la miraban, no cuando de seguro su padre podía verla a través de la lluvia.

—Nos vemos mañana en el torneo —dijo en voz baja antes de irse.

Los dos chicos la vieron correr junto a Sasori y Deidara.

—¡Les daremos una paliza a todos! —gritó Renji muy seguro. Son los mejores, es una promesa.


En la noche Sakura no pudo dormir mucho, al llegar a casa Deidara, Tobi y Hidan se veían muy nerviosos a diferencia de los demás, no entendía por qué hasta que casualmente, cuando salió de su cuarto para ir por un vaso de agua, escuchó que desde el otro lado de una puerta a personas hablando rápido, al detenerse se arrepintió al escuchar que todos estaban reunidos sin ella. Dolida por no haberla invitado quiso irse, sin embargo, por ser tan curiosa como un niño de su edad, se escuchó.

Aguardó en silencio hasta que las palabras comenzaron a tomar forma hasta que finalmente logró escucharlos, estaban hablando de ella. De pronto, la sed que tenía quedó olvidada y su cuerpo se tensó. No había duda.

—No podemos dejar que ella concurse, puede lastimarse. Es mejor impedir que entre —las palabras de Kisame fueron peor que un miles de pequeños tiburones lanzándose a ella listos para arrancarle la piel.

Con los ojos llorosos se fue corriendo con cuidado de que no la escuchen y lloró toda la noche hasta que con los ojos hinchados, logró dormir.

A la mañana siguiente, aún con los ojos ligeramente rojos, se levantó de la cama sin esperar a que llegaran a levantarla a la fuerza. Con la frente en alto por su orgullo destruido, agarró su ropa y se metió a bañar mucho antes que cualquiera, y sin decir una sola palabra bajó a hacerse el desayuno. Cuando estaba sirviendo su desayuno el primero en llegar fue Itachi, al verla sentada en la silla con el desayuno en frente enarcó la ceja, ella nunca estaba antes que todos para el desayuno.

Sakura en silencio comió mientras Itachi hacía el desayuno para todos. Una vez que terminó, apenas estaban entrando algunos. Por estar aún haciendo el desayuno de todos no podía ir a llevarla a clases.

—Yo la llevaré —dijo Pain apareciendo.

Los presentes se quedaron mudos al ver a Pain decir aquello, nunca la había llevado él a la escuela. Sin tener nada que decir, le dejaron ir con Sakura. El camino fue silencioso, ninguno de los dos dijo nada.

Cuando estuvieron en frente de la escuela, algunos padres comenzaron a murmurar al ver al líder caminar entre ellos.

—¿Irás a estar en el torneo? —preguntó Sakura no atreviéndose a verlo con el temor de que le impida entrar.

El silencio que siguió le hizo un nudo en la garganta. Con la lágrimas a punto de derramarse comenzó a caminar hacia la escuela.

—Demuestrales que eres la mejor.

El corazón de Sakura estuvo a punto de explotar de la emoción. Con los ojos bien abiertos se volteó a ver a su padre. Se limpió los ojos para no dejar ver el llanto y corrió a abrazarlo unos segundos.

—Verás como los embarro al piso, ¡cha! —gritó alzando el puño a lo último.

Dando un abrazo más a lo último corrió a su clase, no pasaría mucho antes de que comenzara el torneo. No podía defraudar a su padre ahora que sabía que él estaría allí.

Una vez dentro de la academia ninja, notó que el ambiente estaba lleno de agitación y emoción. Corrían de un lado a otro, gritaban e incluso algunos ya habían comenzado a calentar. Los maestros estaban comenzando a salir de las aulas para llevar a sus estudiantes afuera.

Entre el mar de estudiantes finalmente encontró a Renji y Shiro, no fue tan difícil por el color particular de cabello de ambos. El primero en notarla fue Shiro, que al verla suspiró e incluso le regaló una rara sonrisa relajada.

—Te ves mejor que ayer.

Las mejillas de Sakura se tiñeron, como siempre Shiro fue muy observador. Antes de que le pudiera responder Renji los interrumpió.

—¡El torneo está por comenzar!, ¡destruiremos a todos y nos sentaremos en la sima de los cadáveres! —gritó antes de reírse con fuerza.

Sakura arrugó su nariz de disgusto.

—Eso es demasiado, solo les ganaremos.

Entre el montón de estudiantes desde primer grado a sexto que se iban a reunir en el patio escucharon unas particulares risas que les desagradó a los tres.

—Quienes pisaremos sus cadáveres seremos nosotros —dijo Len, uno de los cinco chicos.

—Una rata sucia, un arrastrado y una basura que el líder tuvo lástima por lo que te adoptó no podrán con nosotros —dijo Soto, el más alto y fornido de los tres chicos.

Renji estuvo a punto de lanzarles encima si no fuera porque Shiro lo agarró del cuello de su camisa.

—No, te están provocando. Te descalificaran —dijo Shiro.

Bufando de enojo les lanzó una amenazadora antes de irse con Sakura y Shiro que lo jalaron a la fuerza.

—No los escuches Renji.

—¡P-pero ellos!

Sakura alzó su mano en modo de detener al otro a que siga hablando.

—En la batalla los haremos trizas.

Una vez dentro del patio de atrás, se habían formado unas gradas para que los estudiantes de primero a sexto se pudieran sentar, en otras en la que padres de familia vean los progresos de sus hijos y por último, una en la que está reservado especialmente para los miembros de Akatsuki. Ya todos estaban ahí mirando a todos los estudiantes, padres y maestros.

La emoción comenzó a borbotear de todos los estudiantes.

Sakura tomó la mano de ambos y les dió un apretón de manos.

—Sin rencor hasta la cima —dijo ella con una gran sonrisa.

—Sin rencor hasta la cima —repitieron los otros dos.

La presentación comenzó y los primeros torneos fueron entre los mismos de las generaciones para ir descartando estudiantes hasta que solo quedaran los diez mejores de la generación, sólo hasta entonces, comenzaron a pelear todos contra todos. Obviamente, Sakura, Renji y Shiro estuvieron entre los mejores de la generación.

Entre las reglas está prohibido usar kunais y shurikens porque solo los de sexto grado, que están a punto de graduarse, tenían permitido usarlos, así que para ser un poco más parejo es lo único que no se podía usar.

En las últimas rondas Tara, Len y Soto fueron descalificados y casualmente a Shiro le tocó luchar contra Yu. Los amigos de yu se jactaron que acabarían con Yu, sin embargo, no había pasado ni un minuto cuando Shiro asentó un fuerte golpe en el torso izquierdo de Yu sacándole el aire.

Cuando se acercó a sus amigos se giró a ver a los otros cuatro que le miraron con odio.

—Eso es por lo que dijeron de Sakura y nosotros.

Renji y Sakura le dieron una palmada de felicidad. Los contrincantes de Sakura y Renji fueron unos de quinto grado que, aunque les costó un poco que se rindieran lograron ganar. Terminando esta tanda de rondas, resulta que los últimos seis luchadores son tres de cuarto y tres de sexto. Esto nunca se había visto por lo que el murmullo entre la gente comenzó a volverse fuerte, no menos cuando vieron que los chicos de cuarto grado son tres chicos que resaltan por sus exóticos colores de cabello y que dos de ellos venían de prominentes familias de la aldea de la lluvia.

Los chicos de sexto grado eran tres niños que eran el doble de altos que hacían parecer a Shiro, Renji y Sakura unas escuálidas sardinas enlatadas. Aun así los tres no se dejaron amedrentar por ello.

Un maestro se acercó al centro del patio y todos quedaron en silencio.

—Los siguiente jugadores son Shiro Phantom contra Reiki Shadow

—¡Vamos Shiro! —gritó Sakura extasiada. Si esto seguía así quizá terminaban peleando por los tres primeros lugares los tres.

La pelea comenzó y entonces Sakura pudo ver con asombro que el chico de sexto era muy rápido, aunque Shiro estaba a la misma velocidad. Casi no pudo despegar sus ojos de ellos, casi porque inconscientemente sus ojos esmeraldas se fueron hacia su familia, a primera vista parecían desinteresados, si estaban ahí quería creer que era por ella más que para hacer una labor social al pueblo. Al no estar muy lejos de ellos vio a Deidara tener una acalorada pelea con Tobi.

Como había ya aprendido a leer los labios se congeló al leer que él no quería que ella peleara porque no quería que se lastimara, que es mejor decidir ya quienes eran los mejores en vez de que hayan primeros lugares, que por él no hubiese concursado Sakura. Lo peor de todo es que rectificó que algunos de ellos estaban de acuerdo con el.

Su cuerpo se heló y una sensación de hundimiento se instaló en el fondo de su estómago.

La creían débil, había fracasado, no la creían capaz.

Tan ensimismada estaba que no se dio cuenta cuando Shiro terminó lleno de moretones pero siendo el ganador. A lo lejos escuchó su nombre, por inercia comenzó a caminar al centro del patio aunque su mente estaba a miles de kilómetros de distancia.

No fue consciente cuando el chico de sexto se paró a unos metros de ella con una sonrisa confiada creyendo que al ser una niña pequeña de cuarto tenía asegurado su lugar. No fue consciente cuando el juez gritó que pelearan, ni fue consciente cuando el chico se lanzó a ella a un golpe directo.

Gracias a que en estos años han trabajado en sus reflejos pudo esquivar cada golpe sin estar enfocada. Izquierda, derecha, agacharse.

—¡Sakura golpealo! —escuchó a lo lejos la voz de Renji.

Siguió esquivando.

—¡Sakura! —gritó Shiro al notar que algo no estaba bien con ella. Estaba listo para abalanzarse si era necesario.

Un punzante hormigueo se esparció en su mejilla antes de sentir la tierra húmeda raspar su cuerpo. El público gimió de dolor.

La mente de Sakura volvió en sí en cámara lenta, lo primero que vio en la tierra fue a su familia, algunos de ellos se veían preocupados. La sensación de hundimiento en su estómago en segundos cambió a ser a miles de burbujas erupcionar hasta que de pronto sintió que un volcán estalló dentro de ella y por poco escupirá fuego de su boca.

A gran velocidad se paró del piso y comenzó a golpear al de sexto sin darle tiempo de atacar. Lo golpeó en la cara, en el torso, en el brazo, estómago, cara, brazo, cara, cara.

—¡Me rindo! —gritó el niño llorando, su cara estaba llena de sangre y su ojo hinchado.

El puño de Sakura se detuvo a centímetros de su cara. El silencio fue ensordecedor a excepción de la risa de Hidan.

Con los ojos verdes bien abiertos se dirigió hacia Akatsuki, de pronto, por sus mejillas comenzaron a caer rieles de lágrimas.

—Yo no soy débil, no se que hice mal pero no me echen de Akatsuki porque son de las mejores cosas que tengo, ¡no soy débil! —sus piernas se doblaron y como la niña que es comenzó a llorar tan fuerte como pudo.

Los de akatsuki se quedaron mudos viendo a la pequeña Sakura llorar frente a ellos, en el fondo se sintieron culpables. No habían visto el daño que le provocaban.

Konan fue la que se acercó y acarició su cabellos rosados con ternura que escasas veces dejaba ver en público.

—Tú no lo eres, siempre serás una de nosotros.

Sakura siguió llorando, esta vez de tristeza y felicidad.


Grita, llora, habla, a veces es el mejor modo de que alguien te vea, te escuche, porque si uno lo guarda para sí mismo, entonces algo estamos haciendo mal con nosotros


¡Hola!, etsa vez no va a ver comentarios personalizados. Gracias a todos aquellos que siguen mi historia, aunque tarde mil años, tengan por seguro que no está abandonada (espero tardar menos de mil años) Antes de seguir con el Omake quiero decir que tenía pensado que esto fuera un tanto distinto y saltarme al final de este arco, pero decidí que Renji y shiro estaban pasando muy desaperbidos y que ellos tenían mas historia de fondo y el poco protagonismo que tenían no es suficiente por lo que decidí hacer este capítulo. Ya estamos a finales del arco de Sakura dentro de Akatsuki, ya se encontrará con Naruto y Sasuke, espero estar tan emocionada como ustedes estén por esto.

Omake 5

Sakura infló los cachetes una vez más cuando la risa de Hidan retumbaron en sus oídos. Desde que tenía memoria a visto muchas cosas que otros no lo hacen, se dio cuenta de eso un día que estaba jugando sola en el parque, estaba jugando con dos flufys esponjosos, un par de bolitas peludas de pies a cabezas que solo se les podía ver el hocico como de cerdo y un par de ojos negros que brillaban como un par de escarabajos.

Los Flufys siempre la esperaban en el parque para jugar hasta que se hacía de noche y desaparecen para ir a la madriguera. Un día, jugando con los dos llegó un niño de cabello rubio todo golpeado y malhumorado y le dijo.

—Tienes un par de luciérnagas oscuras sobre tu cabeza —dijo tomando el valor de tratar de hablar con el. Ya había visto que todos le trataban mal al chico y en cierto modo, sentía empatía, aunque la aldea no la odiaba, si lo hacían sus padres. Quizá un compañero no le haría mal.

Los destellantes ojos azules del chico la miraron con asombro antes de fruncir el ceño.

—Si crees que voy a caer en que tengo algunos bichos en la cabeza mejor búrlate directamente de mi —dijo muy molesto.

Sakura dio un paso hacia atrás estremeciéndose de miedo cuando el chico, por miedo igualmente, agarró una piedra y la lanzó hacia el piso cerca de Sakura, justamente donde estaban los flufys.

—¡Oye! —la ira creció dentro de ella, el miedo desapareció al ver que hirió a cosita que lloraba recargándose en su hermano—, discúlpate que lastimaste a cosita.

Puso su manos en la cadera y fulminó al rubio con su mirada.

Extrañado, los ojos azules de Naruto escanearon el suelo no encontrando nada.

—Yo no veo nada, ¡Estas loca! —gritó antes de salir corriendo.

Sakura parpadeó varias veces antes de mirar a cosita y cargarla entre sus manos.

—No todos te ven.

Desde entonces ya no decía nada a nadie hasta que tuvo la tranquilidad de que Akatsuki le creyera. Ahora, estaba en el patio peleando con Hidan, le estaba enseñando sobre la religión de Jashin cuando se le ocurre decir que ella conoce a calavera y que quizá Jashin es algún ayudante de calavera.

—Calavera si existe, solo que no se deja ver por cualquiera —le responde Sakura cruzando sus brazos.

—¿En serio?, entonces que se muestre para que crea.

—Si el quisiera lo haría pero no cree que seas digno de su presencia, menos que lo insultas —inclinó su cabeza a un lado e hizo un puchero nuevamente.

Hidan iba a decir algo cuando de pronto, detrás de Sakura comenzó a aparecer paulatinamente un espectro con túnica negra y una máscara de hueso de calavera con tres puntiagudos picos. Hidan deja de sonreír y se le queda viendo con el ceño fruncido.

—Deidara, con esa ridícula máscara no asustar a nadie.

Tirando la máscara al piso comienza hacer berrinche el susodicho al ver que no había logrado espantar a Hidan.

—Así no se ve, barbie —dijo Sakura haciendo un puchero con los labios.

—¡claro!, si existiera la parca debería ser grande, espectral y con su guadaña —comenzó a decir Deidara poniendo los ojos en blanco—, no es algo tan fascinante como mi arte, ¡las explosiones es mejor adorarlas!

Deidara comenzó a balbucear sobre el arte y decir pestes sobre la religión de Hidan cuando de pronto su espalda choca contra alguien. Al darse la vuelta se encuentra con una gran túnica vieja en la que el orificio donde debía estar el rostro no había mas que una máscara de hueso toscamente hecha, como cinturón tenía una vieja cadena oxidada. Detrás de la parca había una espesa neblina.

Deidara, petrificado, comenzó a ponerse azul. La parca se acercó a él hasta quedar centímetros de su rostro.

—Bu.

Chilló tan agudo como pudo hasta que salió corriendo por su vida hacia la torre gritando que la parca si existe. Cuando la parca miró a Sakura, ella comenzó a reir.

—No puedo creer que Barbie creyera que eras la parca, tontín.

Al mencionar su apodo, Tobi se quitó la máscara sobre su máscara y rió, detrás de él la niebla desapareció igualmente dejando ver a Kisame que había puesto de su parte en este juego.

—Tobi cree que aún así fue muy divertido.

Los tres comenzaron a reírse de cómo habían hecho muy bien el plan para burlarse de Deidara y de que se fue gritando y corriendo haciendo el ridículo.

Sakura parpadeó al verlos divertirse antes de que su mirada fuera hacia un lado de donde estaban ellos chicos. Una forma espectral comenzó a formarse antes de que un ente que levitaba apareciera, su túnica color negro se ondulaba, por los orificios de la túnica salía una bruma helada y plateada en lo que sería los huesos y carne de alguien, incluso, a pesar de ser bruma, en donde sería la mano se sostenía una gran hoz de color negro y plateado que era incluso más grande y afilada que la de Hidan.

Cuando un leve escalofrío les recorrió por la columna voltearon y notaron que estaba aquel extraño con ellos. Ninguno de los tres se vio impresionado.

—¡Hey!, ¿quién hizo esto? no es gracioso cuando ya hicimos la broma —murmuró Hidan entrecerrando los ojos.

Con valentía metió la mano en el hueco donde sería el rostro, su mano atravesó el hueco e incluso se topó con la parte posterior de la tela, aún sin creer nada, movió su mano por todo adentro de la túnica encontrando solo que su mano se congelaba.

Los otros dos se quedaron en silencio al ver que la túnica seguía levitando. Tobi murmuró Kai y todos seguían viendo la túnica, lo repitió un par de veces más, aún así seguían viéndola.

—Esto no es gracioso —dijo Hidan poniendo su rostro de aburrimiento.

Los tres terminaron quedando de acuerdo que las bromas de Sakura habían subido de nivel y que lo había hecho muy bien, solo que no asustaba. Le dieron una palmada en la cabeza y se fueron.

Una vez solos Sakura giró hacia la túnica y se le quedó mirando.

—Cambiaste tu apariencia —le dijo Sakura antes de mirar de arriba a abajo a la túnica que aparentemente estaba vacía—, No creyeron que fueras tú —una gran sonrisa apareció en su rostro—, eres malvado, calaverita. Ahora no me van a creer.

Encogiéndose de hombros se fue junto a la muerte a jugar.