Declaro que los personajes no me pertenecen, esos son de Kishimoto
Sakura, el inicio de una kunoichi —
Capítulo 12
"Dos hacia atrás"
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Si hubiera decidido quedarme en casa en vez de salir aquella fría noche, no me hubiese encontrado con Itachi y tener una verdadera familia. Si hubiese dicho no ir a la academia no me hubiese encontrado a los mejores amigos que pueden existir, si hubiese decidido no ido a aquella primera misión quizá las cosas serían distintas. Espera, el si hubiera es una fantasía, un deseo anhelante de huir de las decisiones que tomamos. El hubiera no existe y la realidad es dura, difícil, hermosa y cruda, porque significa un camino lleno de baches que no sabes a dónde te llevará hasta que tomes la siguiente decisión donde el pasado queda en el atrás y el futuro es el ahora.
Renji, Shiro y Sakura corrieron día y noche con intervalos de descanso de tres a cuatro horas antes de volver a correr hasta que sus pulmones reclamaban aire fresco. Si el correr por sus vidas era algo parecido a la paranoia que sentían por creer que Akatsuki aparecería a la vuelta de la esquina de brazos cruzados y una mirada que mataba con solo ver entonces ninguno deseaba sentirla de nuevo.
Gracias a la brillantes de Shiro de tener en su bolsa un mapa, y sobre todo que sabía leerlo, pudieron tomar el camino correcto hacia el pequeño pueblo que era tan pequeño que ni siquiera se le podía llamar aldea. Con cuidado de no ir en el camino principal pero tampoco alejarse mucho de este, corrieron hasta que estuvieron a varios metros del pueblo.
Renji se dejó desparramar en el piso para poder respirar, todo su cuerpo chorreaba gotas y más gotas de sudor por el último tramo que decidieron no descansar para llegar lo más pronto posible.
—¡Creí que nunca lo lograríamos! —dijo tomando grandes caladas de aire.
Sakura se tumbó a su lado recostando su espalda en el árbol más cercano antes de tomar agua, sus manos y piernas temblaban del dolor, incluso hasta la ira se había esfumado por un momento mientras sus músculos se quejaban por tanto esfuerzo. El único que apenas tenía su frente perlada con sudor y su respiración era fuerte y entrecortada pero no al punto de perder la compostura fue Shiro que sacó el pergamino de la misión del bolsillo de Sakura y comenzó a examinarlo en silencio.
—¿Sabes que te odio? —dijo Renji levantando después de un rato de haber descansado al notar que Shiro estaba de cuclillas examinando el mapa y la misión simultáneamente.
Con el orgullo herido por ver que su amigo no estaba tan agotado como él, trató de sacar energías desde muy dentro de él para demostrar que no estaba tan agotado. Una vez junto a Shiro, se sentó a contemplar ambos papeles como si tratara de descubrir el hilo negro del universo aunque no tenía la menor idea de qué estaban buscando.
Cuando una serpiente blanca voladora pasó entre ellos y le susurró algo en el oído a Shiro, Sakura alzó la cabeza para mirar.
—¿Qué te dijo? —preguntó Sakura una vez que la serpiente se fue volando al bosque.
Renji ni se preocupó por preguntar qué le dijo a quién porque ya intuía de qué se trataba de un espíritu.
—El pueblo tiene una pequeña posada, cinco casas y una tienda, es demasiado pequeño el lugar. Es muy curioso —meditó Shiro pensativo.
—¿A quién le importa si es muy pequeño? ¡Vamos a patear traseros! —dijo Renji emocionado.
Sakura se arrastró hasta estar junto a ellos y miró el mapa. Si alguien pasara en aquel momento vería curioso y hasta extraño a tres niños en el suelo mirando con intensidad dos papeles.
—Creo que deberíamos descansar un poco en la posada y de ahí vamos a investigar —dijo Sakura una vez poniéndose de pie.
Shiro se le quedó mirando en silencio provocando que Sakura comenzara a dudar si era una buena opción. ¿Y si había precipitado?, ¿debía pensar mejor qué es lo que iban a hacer? Akatsuki no estaba protegiendo su espalda, esto no es como aquella vez que la secuestraron porque sabía que su familia la rastreará en un dos por tres y la salvarán, esta vez escapó sin que se dieran cuenta y no dejó pista alguna para que sepan a dónde iba. En su mente comenzó a dibujarse un agujero oscuro que se resquebrajaba más y más conforme las dudas y el miedo comenzaba a instalarse en ella. Hace mucho, pero mucho que no se sentía tan desprotegida como ahora.
—¡Vamos a descansar y luego a patear traseros! —gritó Renji.
El hilo de pensamientos de Sakura se vio interrumpido al instante al darle un fuerte golpe en la cabeza a Renji por su imprudencia.
—¡Renji!, debemos ser cuidadosos —le gritó Sakura.
Shiro suspiró al ver a sus imprudentes amigos antes de pararse, agarrar sus cosas y caminar hacia el pequeño pueblo, Sakura le siguió y Renji recuperándose del dolor corrió hacia sus amigos casi tropezando con ellos.
—Entonces, ¿cuál es el plan? —preguntó nuevamente Renji una vez que empezaron a salir del bosque para entrar a la carretera principal y que no se vean sospechosos.
Sakura también quería saber así que miró a Shiro esperando su respuesta. Normalmente Shiro es quien hacía la labor de decir cuál era el plan de estrategia mientras que Sakura daba una que otra opinión y Renji aguardaba a que le dijeran qué hacer.
—Eres la líder Sakura —le indicó Shiro, sus ojos brillaron con determinación indicando que esto es por ella, que por ella, ellos estaba aquí—, esta es tu misión.
Casi tambaleó cuando dijo aquellas palabras, ¿ella una líder? siempre fue ese el papel de Shiro.
—De los tres eres la que tiene mejor habilidad de razonamiento y estrategia —comenzó a decirle Shiro al saber que iba a objetar—, te conozco muy bien Sakura. Se que cuando me nombran el líder digo la estrategia pero tu ya tienes una idea, solo que no crees que sea la mejor y prefieres escuchar, por eso te haces a un lado y esperas a que diga mi plan y solo tratas de mejorarlo.
Tanto Sakura como Renji dejaron de caminar para ver a Shiro con los ojos ampliados como un par de búhos que acaban de ver un raro espécimen frente a ellos.
—Definitivamente pareces un anciano diciendo eso —dijo Renji comenzando a molestar a Shiro.
Ignorando cómo Renji trató de irritar a Shiro, la mente de Sakura estaba muy lejos gracias a las palabras de su amigo albino que aclararon su mente como si un velo se hubiese levantado. Siempre se hizo creer que lo hacía para escuchar las ideas de sus amigos, para ser un equipo, pero ahora que le habían dado la vía libre las dudas que tenía se multiplicaron, cargar con la estrategia implicaba al final el éxito o fracaso de la misión.
De pronto, recordó la última noche en donde encontró a su
—Vamosa a rentar una habitación, si preguntan qué hacemos aquí podemos decir que venimos de paso porque vamos al país del trueno a buscar trabajo porque nuestro pueblo es pobre —dijo Sakura antes de entrar al pueblo.
Las pocas casas dentro del espacio que delimita la aldea parecían casi muertas por la ausencia de movimiento, incluso la gente que hacía sus quehaceres miraban a los tres niños como una maravillosa extrañeza.
Con la vivencia de ser un animal del zoológico, los tres niños caminaron hacia la posada, Shiro ignorando a todos, Renji sintiéndose una famosa estrella y Sakura ligeramente cohibida por la atención no esperada.
Una vez dentro pudieron ver la gran decadencia con la que esta contaba, el ambiente olía a moho, la casa estaba llena de telarañas, una visible capa de polvo cubría los muebles y ni un posadero se asomaba.
—¡Disculpe! —gritó Renji una vez que tocó escandalosamente la campana de la recepción.
Nadie se asomó.
Espero lo suficiente antes de volver a tocar con desesperación hasta que alguien apareciera.
—¡Dis-cul-
—Oh, vaya. Creí que era alguien jugando —dijo un hombre de baja estatura con la ropa desgarbada—, como verán somos un pequeño pueblo que casi no recibe visitas.
—Usted disculpará al compañero ruidoso que tenemos —le respondió Shiro.
Renji se quejó audiblemente mientras que Sakura se llevó una mano a la boca para poder reprimir la risa.
—Es bueno ver niños con mucha energía por estos lugares, que por cierto, ¿Qué hacen en medio de la nada tres niños como ustedes? —dijo el hombre apoyándose en la recepción. Sus largas canas blanquecinas enseñaron que era más grande de lo que aparentaban—¿sus padres vienen con ustedes?
Sakura tragó saliva antes de dirigirse al señor con decisión de seguir adelante con la idea. Ella es la líder del equipo así que es mejor que ella hablara a pesar de que sus piernas temblaban como gelatina.
—Vamos al país del trueno en búsqueda de oportunidades, nuestro pueblo es muy pobre y asaltan mucho por lo que decidimos buscar trabajar para comer ya que solo estamos nosotros —dijo Sakura poniendo la cara de tristeza más lamentable que pudiera.
Al parecer el hombre se lo terminó creyendo porque su rostro se arrugó de preocupación.
—Tan pequeños y han pasado por una vida dura. No es mucho lo que podemos ofrecer pero tengo habitaciones disponibles para que descansen antes de partir.
Sakura le agradeció antes de pagar por la habitación y agua caliente para el baño. Con el crujir de la madera a subir por las escaleras entraron a la habitación que decidieron compartir para acortar gastos ya que solo Sakura y Shiro tenían dinero. Cuando entraron al cuarto dejaron sus cosas en la pequeña cómoda que Shiro sacudió antes.
—Pudo estar peor —dijo Renji examinando el edredón de la cama que tenía manchas amarillas cubriendola por el desuso.
Como parte del protocolo que les enseñaron en la escuela, comenzaron a examinar el cuarto y el baño en búsqueda de algo sospechoso o rincones donde alguien pudiera escuchar o ver lo que dijeran antes de bajar la guardia.
—Opino que después de tanto viajar podemos comer algo, sirve que se hable con la gente mientras se compra algo de comer —dijo Renji.
—Al fin algo inteligente —dijo shiro agarrando con sus manos la almohada que Renji le lanzó.
—Creo que una buena idea —concordó Sakura—, ¿por qué no buscas algo de comer? mientras yo organizo todo lo que tenemos que hacer.
Renji con su extroversión y singular empatía es alguien con quien podías contar a que no sea sospechoso por lo que siempre el equipo contaba con él para que explorara la zona.
—Yo voy por unas almohadas y ver la madera para bañarnos —dijo Shiro saliendo de la habitación con Renji. Antes de salir se detuvo a ver a Sakura—, ten cuidado hasta que regresemos.
Con eso, los dos chicos se fueron dejando a Sakura sola en la habitación.
Sakura suspiró al verse sola, en silencio y con los pensamientos confusos se acercó a la cómoda y agarró su mochila para sacar lo que tenía en ella, primero los kunai y shuriken que trajo con ella, el pergamino de la misión, un poco de ropa hasta que al levantar el kit médico que siempre lleva con ella cuando sale se tuvo que detener. En el fondo de la mochila estaba su banda de ninja de la lluvia y la diadema de Akatsuki.
Con cuidado sacó los dos objetos de la mochila y se sentó en la cama sin dejar de verlos. Había estado tan furiosa y dolida con Akatsuki que el mejor modo de demostrarles que ella podía ser parte de ellos es hacer esta misión si su ayuda, ahora con la misión en sima la nostalgia comenzó a abordarla de los momentos en que ella estaba con ellos comiendo, viendo la tele, entrenando o incluso pasando el rato o en pijamadas. Esos momentos en que ella solo se preocupa por lo que hará al día siguiente para soñar que en algún momento se convertirá en una gran ninja.
Cuando unas pequeñas gotas de agua comenzaron a caer en ambas diademas se dió cuenta que estaba llorando. Lloraba por la tristeza como si fuera el último momento feliz que tendrá con Akatsuki, como si sintiera que un abismo se abría paso entre ella y ellos alejándose sin poder hacer nada para cambiarlo.
Con ese pensamiento en mente comenzó a reírse mientras se limpiaba las lágrimas que seguían saliendo de sus ojos sin poder evitarlo. Es absurdo pensar que hace dos días fue el último momento en que va a tener con Akatsuki porque esta misión lo hizo por un berrinche, estaba haciendo un berrinche. No la iban a alejar de ellos. Estaba más que segura que la barbie haría su berrinche, Tontin molestaría, rompería y lloraría con todos por no alejar a su mascota, el abuelo diría que aún no han hecho el ritual para ser de parte del Jashinismo, Itachi… Su estómago desapareció dejando un hueco en el al pensar en su salvador, el Uchiha que una vez fue su hermano ahora lo consideraba su salvador, alguien a quien respetaba y adoraba porque la salvó de Konoha.
Ahora se sentía como una estúpida por haber huido con el pergamino en mano y sobre todo arrastrar a sus amigos a esta misión suicida, cómo unos niños como ellos podían derrotar a unos traficantes que se escondían en este pueblo que apenas tenía gente. Tenía que regresar pedir perdón por desaparecer y esperar su castig...
En el momento en que se levantó de la cama la puerta fue abierta de una patada y la ventana fue rota cuando de ellas emergieron varias personas. Sakura agarró un kunai y se los lanzó a uno de ellos mientras que a otros una almohada llena de moho y trató de golpear a uno que se aproximaba desde la ventana pero cuando le golpearon en la cara terminó perdiendo la consciencia.
El pueblo era una trampa.
Se escuchó un ruido sordo cuando fue tirada al piso como un descuidado saco de patatas al suelo por dos hombres. Tirada en el suelo sobre la fría losa de piedra, las temblorosas manos de Sakura se arrastraron hasta que reunió la suficiente como para apoyarse en ellas y lograr sentarse.
Una vez apoyada en la pared junto a ella se tocó los raspones que cubrían su cara y brazos, aunque trató de no hacer ruido, pequeños siseos salían de su boca cada que su piel escocía de dolor, al menos no estaba llorando.
Todo había sido una trampa implementada por los traficantes en espera que llegaran víctimas desprevenidas. Miró a través de la celda en que la habían dejado esperando no ver una mata de cabello rojo y otra blanco. Ninguno estaba. Esperó que Shiro hubiese sido precavido y al notar que algo pasaba huyó con Renji y ahora solo esperaban un plan para poder rescatarla y huir.
Había sido una tonta, no debió huir y debió escuchar a Shiro. Tal vez aún no está preparada para ser una ninja. Una sonrisa amarga se deslizó por sus labios al pensar que una vez más era una damisela en peligro, pero que esta vez no contaba con Akatsuki.
Su cuerpo comenzó a tornarse frío cuando un par de pasos comenzaron a hacerse más y más fuertes conforme alguien se dirigía a ella. Una vez cerca pudo ver a un hombre alto de cabello oscuro con una cicatriz en el mentón.
—Vaya, vaya, vaya —dijo el hombre inclinándose para ver a Sakura con una sonrisa siniestra.
A pesar del miedo que tenía al punto en temblar por dentro no dejó que se muestre en sus facciones o el jugaría con ella.
—Parece que tenemos una luchadora con un color extraño de cabello con nosotros —su voz rasposa parecía el de un animal hambriento listo para atacar a su presa—, por un tiempo hemos estado aquí capturando gente pero tú definitivamente has sido la joya de la corona.
De su ropa sacó una fusta de cuero negro que utilizó para levantar el mentón de Sakura y examinarla.
—Si, tu serás muy bien vendida, y ya se quién estará interesado en ti —dijo el hombre—, eres toda una caja de sorpresas.
Sakura abrió los ojos al ver sus dos diademas en las sucias manos de ese hombre. Sin pensarlo dos veces se paró de su asiento y fue hasta los barrotes para tratar de agarrarlos sin éxito porque el hombre los alejó de ella.
—No, no, no. no tienes permitido salir de aquí y mucho menos tomar esto, ¿acaso te crees de Akatsuki? —preguntó el hombre.
—Devuelvemelo —dijo Sakura ignorando la pregunta del hombre—, ya verás que vendrán por mi.
El hombre comenzó a reirse a carcajadas al ver la valentía en la que decía aquellas palabras como si fuera alguien que pudiera desafiar a alguien como el.
—¿En serio crees que me puedes intimidar con eso?, ¿vas a creer que te creeré que Akatsuki vendrá por ti? Sé quienes son tus chicos de Akatsuki.
El hombre con la cicatriz chasqueó sus dedos y varios hombres aparecieron frente a Sakura, uno de ellos era el posadero que ya no tenía la mirada afable de cuando se conocieron. Se abrieron paso y Sakura jadeó al ver a sus dos amigos siendo lanzados al piso con moretones cubriendo todo su cuerpo.
—Fue un poco difícil atraparlos después de que tu amiguito albino parecía que sospechaba de nosotros —dijo el posadero antes de que una maligna sonrisa se alzara en su rostro—, pero no pudieron contra nosotros.
Los hombros de Sakura cayeron al darse cuenta de lo que estaba pasando. Akatsuki no sabía dónde estaban, sus amigos estaban en problemas y ella encarcelada. El miedo comenzó a invadir su cuerpo una vez más como si agua helada empapó hasta sus huesos. Estaban en problemas y no podía hacer nada.
El de la cicatriz se alejó de la celda para estar entre los dos chicos, los examinó hasta que se puso de cuclillas, tomó los cabellos blancos de Shiro con su mano hasta levantar su cabeza y verlo mejor.
—Este chico tampoco está mal, se venderán bien sus huesos, ¿Sabias que hay tribus que piensan que los huesos de albinos son curativos? —dijo el hombre sacando un kunai y poniendo el frío metal en su cuello hasta dejar salir un hilillo de sangre.
—Por favor, no —suplicó Sakura estirando una mano en el intento de alcanzar a su amigo.
Las lágrimas comenzaron a reunirse en sus ojos. Las palabras de konan de tener la frente en alto y no demostrar alguna emoción fueron azotadas y destruidas ahora que la vida de su mejor amigo estaba en juego. El ver el hilo de sangre correr por su cuello, la vida podía escaparse en un segundo y ella no podrá hacer nada para evitarlo. Ella tendrá la culpa.
—Por favor, no lo mates —dijo rindiéndose ante el orgullo al dejar escapar las lágrimas.
Esto había sido una tontería. No debieron salir de la aldea de la lluvia.
—¿No quieres que los mate? —tanto él como los demás comenzaron a reírse a carcajadas como si Sakura hubiese dicho un grandioso chiste—, mi jefe da más miedo que tú. Te diré algo, si logras golpearme los dejaré libres a los tres o morirán.
Después de eso el hombre comenzó a aplastar la mano de Renji y los otros a golpear a ambos chicos.
Sakura gritó tan fuerte que sus cuerdas se desgarraron. Agitó los barrotes con fuerza hasta que sus manos se rasparon hasta sangrar, las lágrimas cayeron en su rostro como caudales mientras veía ser golpeados hasta morir.
Van a morir.
—¡No! —volvió a gritar cuando tomó aire.
Entre el forcejeo y la adrenalina rompió la vieja cerradura de la reja y se abalanzó hacia sus amigos hasta ser detenida por otros guardias que comenzaron a detenerla y golpearla. Los golpes se sentían lejanos como pellizcos porque su atención estaba en conseguir alcanzar a sus amigos a pesar de que era detenida. En un golpe particularmente fuerte en la espalda la tumbó al piso provocando que tosiera sangre.
Al levantarse e intentar ir por sus amigos vio en cámara lenta cómo un kunai descendió en Shiro hasta atravesar como mantequilla su piel y atravesar en estómago.
La sangre comenzó a salir de él y el mundo de Sakura se tornó oscuro.
Una fuerza inmensa brotó de su pecho como fuego caliente desde el centro hacia afuera. La tierra tembló y los hombres tuvieron que detenerse y dar pasos hacia atrás cuando vieron a Sakura. Un aura oscura comenzó a invadir su cuerpo, tenía la mirada perdida a pesar de que se levantó de donde estaba acostada, se estaba moviendo involuntariamente. Aquel aura oscura se fue esperando.
Parecía tan mortal como peligrosa ahí, olía a muerte y destrucción.
Cuando alzó la mano el aura se detuvo y este salió volando hacia los hombres en forma de pico tan rápido que cuando lo notaron estos habían atravesado sus pechos. Uno a uno comenzaron a caer al piso convulsionando cuando ese aura negra fue absorbida por su cuerpo y comenzó a expandirse en sus cuerpos similar a las raíces de un árbol. Después de eso, ninguno volvió a moverse.
En cuanto los hombres murieron, una luz salió desde el pecho de Sakura, un sello comenzó a formarse con un kanji antiguo y complicado en lengua muerta hasta que la luz se fue volviendo más y más grande hasta que cubrió la celda y el pueblo por completo. Si alguien se fijara vería una esfera de luz a kilómetros de distancia.
Sakura se encorvó de dolor como si el aura negra quisiera resistirse dio unos pasos más hasta que terminó cayendo entre sus dos amigos justo cuando el aura retrocediò y entró a su pecho nuevamente.
Ninguno de los tres fueron conscientes de lo que pasó ahí.
Kakashi estaba inspeccionando la zona junto con su equipo en búsqueda de un cartel de esclavistas. Habían visto que el pueblo donde residen se encuentra por donde estaban. El tenía la ligera sospecha que el pueblo donde pedían auxilio al ser tan pequeño y que nunca había escuchado de él podría significar que era una trampa.
—Kakashi, mira —dijo Hana, su compañera de la misión al ver una esfera de luz no muy lejos de donde se encontraban.
Gai, Kakashi y Hana se miraron entre sí, en silencio decidieron ir directo a la luz con cuidado de no caer en una trampa, después de todo estaban cerca del terreno enemigo. Una vez que llegaron vieron grandes lenguas de fuego cubrir la zona y en medio, lejos del peligro había varias personas tiradas.
Al no detectar que alguien estuviese cerca se adentraron y miraron a los hombres, todos estaban muertos.
—Hay uno vivo —dijo Hana cuando su perro detectó a alguien.
Kakashi y Gai se acercaron y se sorprendieron al ver a una niña de once años de cabello rosado inconsciente y llena de lastimaduras y moretones. Al instante Kakashi la reconoció sin poder creerlo.
—Es Haruno Sakura.
Los otros dieron un paso hacia atrás de la sorpresa. ¿Qué hacía la niña por aquí?
—Imposible —dijo Gai.
Kakashi con mucho cuidado la inspeccionó, no había ninguna herida de vida o muerte. Su mente analítica comenzó a tratar de encontrar una respuesta hasta que fue interrumpido por el ladrido del perro de Hana.
—Kakashi —dijo ella.
Sin dudarlo fue hacia donde ella estaba.
Ahí entre los escombros había un trozo de tela de Akatsuki. Y entonces lo comprendió.
Akatsuki había vendido a Sakura a los traficantes, por los moretones que parecían recientes quizá la transacción había sido insatisfactoria y decidieron dejar a la chica a la suerte. ¿Qué probabilidad hay que una chica que estaban dando por perdida o muerta volviera después de tantos años fuera?
—Eres una chica con suerte —dijo Gai llegando a la misma conclusión que Kakashi una vez que el peliplata la tomó entre sus brazos.
—Será mejor irnos —dijo Hana al darse cuenta que la misión terminó con ellos muertos y la prioridad ahora es llevar a Sakura a casa.
Sin más los tres adultos se fueron con la niña inconsciente en brazos.
No muy lejos de ahí, en medio de un matorral de árboles observaban Kisame e Itachi como los miembros de Konoha se encontraron con Sakura y el ninja copia se llevaba a la niña de Akatsuki entre brazos mientras que en el hombro de Kisame cargaba a los otros dos niños inconscientes.
En silencio cada uno le dijo adiós, porque esta era una despedida.
Porque Sakura tenía que crecer y aprender a enfrentar sus miedos, a no valerse de los demás y decidir su futuro es que no se la llevaron con ellos a pesar de que había una pesadez en sus corazones.
Samaheada gimió cuando ella también comprendió que la chica bola de pelos rosados ya no estará con ellos.
—Ahora podrá escoger su camino —dijo Itachi dándole la espalda a Sakura para no incrementar el deseo de ir por ella.
Se había vuelto la chica que aligeraba la gran carga en su corazón cada que veía su inocente sonrisa.
—Si…. ¿Cómo le diremos al jefe? —dijo Kisame un poco preocupado de cómo le darán la noticia a Pain y Konan porque de ellos dos no sabía cuál le dará más miedo.
Siempre escucho que dicen, "lo mejor llega cuando menos te lo esperas". Ahora se que con lo peor es lo mismo.
Del humo y las cenizas aparecieron dos personas que restaron importancia al calor abrasador sobrante del fuego anterior. Una era una mujer alta y delgada de piel color morena con cabello negro fondo y ligeramente ondulado que caía por su espalda, tenía un vestido blanco que resaltaba su voluptuosa figura mientras que a su lado estaba un hombre ligeramente encorvado de piel blanquecina, sus ojos eran dos pozos oscuros que no dejaban pasar luz a través de ellos y traía ropa negra que cubría su cuerpo.
Los dos caminaron lento entre las brasas hasta llegar a donde estaba el cuerpo del líder de los esclavos con el rostro vacío y muerto como todos su séquito. Lo extraño de ellos es unas manchas negras como de unas venas que cubrían sus cuellos y parcialmente su mejilla.
La mujer con sus ojos afilados se quedó viendo a los hombres sin asco alguno mientras que el otro se reía disfrutando ver a todos ellos muertos.
—Hazlo —ordenó la mujer.
El hombre gustoso se acercó a los hombre y tocó sus pieles, de pronto las manchas negras que cubrían sus pieles comenzó a moverse hasta salir de sus cuerpos hasta que la sustancia negra se concentró en dos pequeñas bolas que apenas alcanzaban el tamaño de unas canicas.
El hombre tomó la sustancia que levitaba en sus manos y le entregó una a la mujer que la alzó al cielo para examinar la profundidad del color.
—¿Vamos por ella? —preguntó el hombre señalando a Sakura que estaba tendida boca abajo inconsciente entre los dos niños.
—Aún falta —le respondió antes de de mostrar una seductora y peligrosa sonrisa—, esa serpiente cree que puede impedirnos el camino pero no pasará más que algunos años antes de que se rompa el sello y nos la llevaremos.
Dicho eso se tomó la sustancia y se la tragó al igual que el hombre antes de desaparecer sin dejar rastro para que los ninjas de Konoha o Akatsuki no los descubrieran.
