Declaro que los personajes no me pertenecen, esos son de Kishimoto

Sakura, el inicio de una kunoichi —

Capítulo 19

"Cuesta arriba"

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A veces uno olvida el mundo por correr, correr sin descansar, sudar y sangrar, todo pareciendo que se logra para vivir en vez de vivir para lograr


Desde aquel día que había anunciado frente al Hokage que quería ser un niña sabía que las cosas no iban a ser tan fáciles, especialmente en casa. Lo que no esperaba es que su familia se comportara especialmente dura a la hora de que hiciera la limpieza y mandados en la casa. Si antes habían sido lo suficientemente duros con ella, ahora eran aún más; la mota de polvo detrás de los muebles, la calidad de la comida, el mínimo doblez en la cama, la minúscula mancha de suciedad en la ropa.

Aún así intentó no desanimarse y buscar los pequeños huecos entre clases y la limpieza para entrenar, por desgracia estos se hacían más y más cortos hasta el punto en que sentía que se estaba asfixiando ella misma.

La primer evaluación que tuvo como ninja el examen teórico salió con un sobresaliente, casi quiso de llorar de alegría, todo aquellos nervios que la tenían casi al punto del vómito valieron la pena. Sin embargo, para su desgracia en la parte práctica tuvo que tocarle luchar contra su propia hermana. Con solo una mirada supo que debía perder y solo entonces tras unos dolorosos golpes en la mejilla se dejó caer al piso mientras que Sakuya saltaba y se reía con sus amigas.

No le importó el perder en el examen de pelea a pesar de que Ino comenzaba a despotricar sobre la injusticia por ella. Cuando tomó su examen escrito obtuvo la mejor puntuación. Tan extasiada como estaba no pudo evitar mostrarles a sus padres que lo había logrado, no era tan inútil como ellos creían, ¡Había futuro para su deseo como ninja! Por desgracia eso solo fue un error más del montón que ha cometido. En vez de sorpresas en sus rostros o reconocimiento hubo ira.

Tonta de ella por creer lo contrario. Al menos después de un par de golpes por parte de ellos no volverá a mostrarles otro examen suyo.

Los días pasaron tan grises como el día anterior, con su mente enfocada en ir a la escuela leer libros en la biblioteca, evitar que Naruto la meta en problemas, hacer todo lo que su hermana le ordenaba y soportar los insultos y golpes de sus padres. Lo único que le reconfortaba es pasar tiempo con los espíritus de Konoha.

Cuando abrió sus ojos verde manzana topándose con nada menos con el bebé puff sobre su nariz mirándola con curiosidad. Le dio una pequeña sonrisa hasta que se de dio cuenta de dos cosas: Su madre no había azotado la puerta para despertarla y hacer el desayuno como todas las mañanas y hoy es el cumpleaños de Sakuya y ella.

Con cuidado tomó a bebé puff en sus manos para poder sentarse. Hoy cumplía doce años y los puffs lo sabían porque comenzaron a saltar sobre Sakura con aparente alegría. Contagiada con sus entusiasmos tomó a los tres y los abrazó con mucho cariño.

—Muchas gracias —dijo, antes de dejarlos a un lado y comenzar a vestirse.

Doce años finalmente, y en un par de meses, el examen de graduación para convertirse en ninja. Con los nervios a flor de piel y conociendo que estaba por detrás de sus compañeros se esforzaba el doble cuando no la veían. Esperaba que fuese lo suficiente.

Al abrir la puerta del cuarto de escobas el olor a panes recién horneados provocó un leve retorcijón en su estómago al recordar que no había cenado la noche anterior. Mentalmente tanto ella como inner prometen ser buenas y obedientes el día de hoy para recibir aunque sea un panqué.

Con cautela se asomó a la cocina viendo a su madre tarareando una canción mientras preparaba otra orden de hotcakes que hicieron agua la boca a Sakura.

—¡Ah, Sakura! Querida, ya está despierta. Ve a sentarte —le dijo Mebuki, con una sonrisa antes de volver a su asiento.

Asombrada, se quedó en blanco por un largo momento sin creer lo que acaba de presenciar.

— "Definitivamente o huesos nos mató o entramos a una dimensión extraña y desconocida" —dijo inner corriendo en círculos.

Desde que llegó a ella le tocaba hacer el desayuno, no su madre, llamar a todos a comer, no que su madre le hablara tan amable y le ofreciera comer el desayuno. Con cierta cautela, esperando que en cualquier momento su madre se enojara y le lanzara la espátula caliente, se sentó en el extremo más alejado de su madre para así al menos intentar esquivar el golpe.

—Buenos días —dijo Kizashi apareciendo.

En ese momento Sakura estaba por meterse el primer bocado de su hotcake cuando al verlo sintió que se atragantaba y bajó el tenedor esperando que no se enojara por estar comiendo incluso antes que ellos. Para su sorpresa, su padre la ignoró y fue a besar a su esposa.

—¿Qué? —le preguntó Kizashi una vez que la vio—, cómete eso o se enfriará.

Esta vez inner estaba corriendo en círculos en su mente mientras gritaba que era el fin del mundo. Por miedo de enojar a su padre comenzó a comer el Hotcake incrédula aunque no perdía el tiempo de meter bocado tras bocado sin preocuparse si se atragantaba por miedo a que todo este idílico momento se rompiera en pedazos y se quede con hambre.

—¡Buenos días! —gritó Sakuya entrando a la cocina como toda una reina.

Tanto Mebuki como Kizashi dejaron lo que estaban haciendo y fueron a abrazar a Sakuya.

—¡Feliz cumpleaños! —gritaron los dos con gran entusiasmo antes de lanzarle besos por toda la cara.

Sakura en su asiento bajó el tenedor al plato vacío y vió la gran muestra de afecto que le daban a su hermana gemela… Esto parecía más al mundo que ella recordaba, no debía sorprenderse. A pesar de eso, el hambre feroz que anteriormente había sentido desapareció en un segundo al ver la gran muestra de afecto y risas que tenían los tres. Por un instante se sintió verdaderamente sola.

Ellos debían de saber que también es su cumpleaños. Bueno, debía conformarse con que le sirvieron el desayuno y sin gritos, ¿cierto?

—Es momento de darles sus regalos —dijo Mebuki tomando la mano de Sakuya y arrastrarla a la sala.

—¿Por qué te quedas ahí? Ven —le dijo Kizashi.

Reprimiendo las ganas de enarcar la ceja se levantó de su asiento y los siguió con cautela. No debía esperar mucho...Wow.

Dentro de la sala había un mar de regalos de distintos tamaños. ¡Parecía una tienda de regalos! Grandes y chicos, con cintas de color dorado y plata. ni siquiera se podía ver el piso de tantos apiñados.

Sakuya chilló de emoción y al instante se lanzó al regalo más grande de todos.

Sakura aun sorprendida de pronto no supo cómo sentirse. ¿A-acaso alguno de esos también era de ella?

Como si de pronto Sakuya recordara la existencia de la otra se detuvo al ver que dentro había una bicicleta y le miró con disgusto.

—¿Qué? ¿Crees que alguno de estos es tuyo? ¡Ni de broma! Todo esto es mío —le gruñó.

—Vamos Sakuya, no seas grosera con tu hermana —le reprendió Mebuki.

Tanto Sakuya como Sakura le miraron con los ojos abiertos, primera porque nunca en sus vidas habían visto a Mebuki regañar o lo más parecido a eso a Sakuya y segunda, porque la madre de ambas defendió a Sakura sobre Sakuya.

—Hoy también es su cumpleaños, y como tu sirviente hay que recompensar —dijo Kizashi a su lado, asegurándose de remarcar la palabra sirviente.

Y ahí estaba, no debía de sorprendere tanto que de pronto subraya su padre aquel destino que le marcaban. Sin embargo, la amargura desapareció en un segundo ante la sorpresa de que los dos le entregaron un par de regalos. Tanto Sakuya como Sakura los miraron incrédulas.

Al tomar las dos bolsas de regalo color rojo con un pequeño listón amarillo Sakura sintió su pequeño calentarse. ¿Realmente sus padres le estaban dando un regalo? En su vida había recibido un regalo. Con sumo cuidado abrió la primer bolsa y de ella sacó un calcetín blanco.

Sakuya no pudo resistirse y se rió de su hermana.

Ignorándola, Sakura abrió la otra y entonces encontró el par faltante. sus padres le regalaron un par de calcetines.

—Qué considerados —le susurró Sakuya con malicia, lo suficientemente bajo como para que sus padres que se encontraban con ellos no la escucharan pero lo suficiente como para que Sakura si lo hiciera—, el mejor regalo que obtendrás en tu vida.

Las palabras de su hermana pasaron como una brisa de viento. Al contrario de lo que creía Sakuya este insignificante regalo como lo consideraba Sakuya, para Sakura era todo lo contrario. No sabía cómo describir la sensación que actualmente estaba sintiendo. Su madre no solo le había preparado el desayuno sino que también ambos le regalaron un par de calcetines.

Se mordió la mejilla en un intento de arrastrar sus emociones para no dejar ver lo conmocionada que estaba.

—Gracias —susurró a sus padres.

—¿Por qué sigues aquí? Saca la basura de la casa y puedes salir. Hoy no harás nada de limpieza por tu cumpleaños —dijo Mebuki.

Nuevamente, Sakura y Sakuya miraron a su madre con los ojos bien abiertos.

—Ve con tus eh, amigos. Diviértete y no vengas hasta la hora de dormir —dijo Kizashi.

Sin poder creerlo, Sakura asintió y salió corriendo hasta su "cuarto" le enseñó a los puff los regalos de sus padres y entonces fue a sacar la basura.

—*No sé, esto no es normal. ¿acaso tus padres estarán muriendo?* —preguntó inner de brazos cruzados.

Sakura bufó molesta.

— "No seas pesimista, inner. Es mi cumpleaños, ¿quizá finalmente me ven como su hija?" —pensó aunque llena de dudas. No quería hacerse ilusiones.

Cuando fue a dejar el bote de basura en el patio trasero de la casa se detuvo al escuchar los berrinches de su hermana con sus padres.

—¿Qué pasó con eso de que sea mi sirviente? ¡Este día debe ser el mejor de todos! Incluso invité a mi Sasuke-kun a la fiesta —dijo Sakuya antes de ponerse a llorar.

¿Fiesta?

—Es por eso que la dejamos ir. Así tu fiesta será mejor sin ella dentro, solo es una carga—dijo Mebuki.

Carga. Dejó el bote en el suelo con el mayor cuidado para no ser escuchada.

—Podrás concentrarte en divertirte en tus amigos sin ella dentro de la casa siendo un estorbo —dijo Kizashi.

Estorbo.

Con el mayor cuidado del mundo dio unos pasos hacia atrás hasta que finalmente estuvo lo suficientemente lejos y se echó a correr lo más rápido que le dieron sus piernas. Sus ojos comenzaron a picar cuando se obligó a no llorar. Incluso inner se quedó callada sin palabras. Corrió y corrió hasta que finalmente se quedó sin aliento.

¡Los odiaba, los odiaba, los… odiaba. No más que odio era tristeza, por una vez que le muestran afecto en realidad solo fue una pantalla para mantenerla lejos. Quizá si hubiesen solo dicho que se fuera de casa no dolería tanto su pecho como ahora.

Nuevamente su cumpleaños lo iba a pasar con un gran vacío en el pecho. Sobre todo que ese gran vacío le gritaba que no todo estaba bien, algo faltaba en ella, algo que ella ya vivió pero que no estaba y la quería arrastrar de vuelta.

Cansada, suspiró rendida. No tenía caso pensar en esto, tenía que despejar su mente antes de que llegara a lugar más oscuros que no le gustaba ir. Estaba en medio de las calles de Konoha en un Domingo por la mañana así que había mucha gente en las calles paseando o comprando. Por suerte, esta vez el pasar por los puestos de comida no provocó que su estómago se retorciera de hambre, es lo único bueno del plan de sus padres.

—¡Sasuke-kun! ¡Sasuke-kun! —gritaron varias chicas, llamando la atención de Sakura.

Cuando se volteó vio a un gran grupo de mujeres corriendo como manada furiosa tras Sasuke aunque ella no lo pudo divisar.

—*Kyaa, Sasuke está por aquí. Veremos a ese maldito guapo melancólico* —gritó inner volviendo a tener fuerzas.

No. Por mucho que quisiera ir tras Sasuke como las otras chicas sabía que terminaría siendo a un lado por ellas ya que igual que sus padres la consideraban una molestia. Decidiendo salvar el poco orgullo que le quedaba se fue por otro camino al contrario que las chicas para no ser acosada por ellas.

Su sorpresa fue al ver una pequeña bola rosa flotante con grandes ojos rubí flotando frente a ella hasta que se metió en un callón. Al seguirlo jadeó al ver dentro.

—S-sasuke-kun.

Sasuke al mirarla frunció el ceño, con gran velocidad la jaló junto con el y le tapó la boca con una mano.

—¿Sasuke-kun?

—¿Dónde está?

—Juré escuchar que alguien lo llamaba.

Eran las chicas de hacer rato. Aunque Sasuke le tapó la boca para silenciarla no fue necesario, estaba más allá de nerviosa y sonrojada por tenerlo tan cerca.

—*¡Si!, ya lo tienes a tu merced. Ahora, saltale encima* —gritó Inner emocionada.

¿quién entendía a inner? Un día maldecía a Sasuke y al siguiente quería perseguirlo como las otras chicas. Aunque no podía negar que se sentía a gusto junto a él, como si lo conociera de hace mucho y se sintiera segura con el.

Cuando las chicas salieron corriendo y era seguro Sasuke finalmente la soltó. Tosió un par de veces antes de mirarle y sonrojarse.

—H-hola Sasuke-kun. No esperaba verte hoy —se alegró de poder hablar con él de este modo.

Desde el incidente del castigo no había tenido el valor más que admirar su presencia desde lejos y chillar en secreto cuando lo veía pelear contra otros en la academia. Este era su momento quizá podía invitarlo a pasear.

—Sasuke-kun —le habló tomando valor—. ¿Q-quieres ir a pasear? Hoy es mi cum-

—Hn. Tengo que irme —dijo sin dejarla terminar de hablar.

Dándole la espalda metió sus manos en su bolsillo y se fue. Solo había venido a la ciudad por unos kunai para seguir entrenando pero tenía que encontrarse con las molestas chicas. Debía tener paciencia y seguir entrenando para ser más fuerte y algún día matar a esa persona.

—Cumpleaños —terminó de susurrar una vez que el se fue.

Bueno… al menos lo había intentado, ¿cierto?

—*¡Chaaa! Ya verá ese engreído como algún día él será quien corra detrás de nosotras* —gritó inner, furiosa mientras lanzaba golpes al aire.

Inhalando profundamente se desperezó. No podía llorar en la leche derramada. ¡Al menos pudo estar cerca de Sasuke y que él la hubiese abrazado aunque sea para silenciarla. ¡Había sido su mejor regalo hasta ahora!

— "En tu cara Sakuya" —pensó Sakura con malicia.

Salió del callejón y decidió que si al menos iba a poder estar fuera de la casa todo el día entonces quizá podía ir a entrenar un rato antes de ir a ver a Ino y Hinata.

—¡Ja, ja, ja! Nunca me atraparán. ¡Waah!

Sakura terminó en el piso siendo oprimida por alguien sobre ella quitándole el aliento.

—S-sakura-chan —gritó Naruto desde arriba con un tinte rosado en sus mejillas.

Genial, tenía que ser el de todas las personas.

—¡Naruto! —gruñó enfadada antes de empujarlo con todas sus fuerzas hasta que pudo levantarse.

Al verlo bien se encontró horrorizada de ver que su usual chaqueta naranja estaba atada a la cintura dejando ver su camisa, y en su mano tenía una brocha de pintura. Recordando aquel suceso traumático dio unos pasos atrás.

—¡Hay que encontrarlo! —gritó alguien a lo lejos.

Naruto se puso azul de preocupación sin preocupación tomó la mano de Sakura y la arrastró con él.

—Vamos Sakura-chan, ¡corramos! —gritó corriendo con ella detrás de él sin darle el tiempo siquiera de reaccionar.

Con las manos ahora manchadas de pintura horrorizada no pudo más que seguirle. Si los atrapaban la iban a culpar de complot y, esta vez, no sería manchado su historial en la escuela, sino en la aldea como ciudadano.

—¡Por aquí! —gritó alguien detrás.

Jadeó preocupada. ¡Los iban a alcanzar! Este era su fin.

—Naruto —dijo con dolorosa preocupación.

Cuando Naruto la vio de reojo frunció el ceño. Se detuvo abruptamente casi tirando a los dos nuevamente cuando lo hizo. Con uno de sus brazos abrazó a Sakura mientras que con la otra tomó una manta, se pegaron al muro y esperaron sin mover un músculo.

El corazón de ambos latía con fuerza por razones distintas. El de Sakura al escuchar a ninjas pasar junto a ellos mientras que Naruto al notar lo próximo que estaba de Sakura a tal punto en que podía oler el shampoo que Sakura usaba.

— "Estoy abrazando a Sakura-chan, ¡dattebayo!" —pensó Naruto con un gran tinte coloreando sus mejillas.

En cambio, la ceja de Sakura temblaba de enojo al sentirlo tan cerca. A diferencia de Sasuke con quien podía derretirse hasta convertirse en un charco de agua, con Naruto sentía el creciente enojo por su estupidez. La última vez que se metió en problemas también fue por su culpa.

Cuando estuvieron seguros de que ya no pasaba ningún ninja Naruto siguió con la manta sobre ellos con el único propósito de seguir disfrutando el tener a Sakura tan cerca. Eso fue hasta que ella también sintió que ya no había nadie que los pudiera encontrar y lo empujó con fuerza hasta tirarlo al piso.

—Auch, Sakura-chan. Eso dolió —dijo con los ojos acuosos hasta que su rostro se puso blanco al ver el enojo escrito en el rostro de la pelirrosa.

Temeroso por su vida, se arrastró como cangrejo hacia atrás.

—E-eh, Sa-sakura-chan. No fue a propósito lo juro —gritó aunque sabía que el último momento realmente fue a propósito.

Aún tenía mucho por vivir.

—Tienes cinco segundos para explicarte o te daré la paliza de tu vida —resopló Sakura.

Naruto asintió vigorosamente antes de pararse y acercarse con una sonrisa tímida. Alzó su brazo sobre su cabeza y se rascó esta misma.

—Je, je. Verás Sakura-chan, yo me levanté esta mañana muy temprano. Me moría de hambre por lo que fui a mi cocina y tenía ganas de ramen así que con el dolor del mundo esperé tres minutos para que se calentara mientras tanto pensaba que iba a hacer hoy —comenzó a decir a gran velocidad.

Con cada segundo que pasaba una vena aparecía en la frente de Sakura provocando que su paciencia se fuese acabando. Hasta que finalmente explotó.

—N-A-R-U-T-O —gritó con el puño listo para golpearlo.

—¡Feliz cumpleaños! —gritó Naruto, cerrando los ojos al sentir el puño ir directo a su rostro.

Al no sentir el golpe devastador, inseguro abrió uno de sus ojos azul cerúleo. Para su horror, el puño blanquecino de Sakura estaba a un centímetro de su rostro. Al ver a la pelirosa la encontró con sus ojos verde manzana muy abiertos y la boca ligeramente abierta. Como si se hubiese detenido en el tiempo.

—¿Sakura-chan?

Parpadeó varias veces antes de mirarlo realmente. ¿Él sabía su fecha de cumpleaños?

Nervioso por el silencio de Sakura, comenzó a divagar de nuevo.

—Por eso pensé el modo de hacer algo juntos por tu cumpleaños, pero la otra vez te castigaron por mi culpa así que decidí pintar las caras de los Kages, ¡Es pintura de agua no te preocupes! Pero estaba tan entretenido que olvidé la hora y entonces ellos llegaron y tuve que salir corriendo para que no me atraparan. ¡Entonces te vi y salí corriendo contigo! Y es así como terminamos tu y yo aquí dando una explicación para que no sea golpeado por ti.

Sabe su cumpleaños. De pronto las divagaciones de Naruto le parecieron divertidas y comenzó a reírse. Impresionado por hacer reír a Sakura, Naruto también se rió con ella.

—¡Idiota! —gritó Sakura de pronto esta vez sí lanzando un golpe directo en la mejilla al punto de que este azotara en la pared contraria—. Hacer eso a las caras de los Hokages es demasiado impudente. ¡está fuera de las normas!.

No es que no le agradesca que se acordara de su cumpleaños, sino que hay modos de felicitar a uno y este era el más inmaduro aunque fuese en cierto modo divertido ver las caras de los Kages pintadas, no es como si lo fuese a decir.

Con el ojo morado, Naruto se sentó en el suelo.

—Entonces, uh, ¿quieres ir a comer ramen?

—No.

Bufó por la nariz una vez más antes de darse la vuelta con la cabeza en alto y alejarse antes de que verdaderamente se metiera en problemas junto al quejumbroso Naruto que desde lejos le preguntaba si salían a comer otro día.

—*El día que salgamos contigo a una cita será al de regresar de la muerte* —dijo inner.

Al irse una pequeña sonrisa se deslizó en sus labios… Tal vez Naruto no era tan malo, solo un gran idiota… Pero, incluso el perdedor más grande de Konoha le había dado un gran regalo.

Enojada consigo mismo lanzó múltiples puñetazos al aire en un par de segundos.

—Auch.

Al alzar la vista se encontró con un ninja de cabello plateado y una máscara en su rostro que cubría todo excepto uno de sus ojos. Avergonzada se sonrojo hasta la punta de su cabello. ¡Había golpeado a un ninja! Genial, qué más le faltaba a su día para que su cumpleaños sea miserable y vergonzoso.

—Lo siento, señor —dijo inclinándose varias veces—, debo estar más al pendiente.

Kakashi miró a Sakura quien al instante reconoció como la hermana pequeña de Soku. No solo la había visto cuando fue capturada, sino que también se encontró con ella cuando la rescataron de morir en aquella explosión. Por si fuera poco, aquel cabello rosa era inconfundible. Le siguió mirando hasta el punto de que estaba sudando del nervio.

—Si, bueno. Ten más cuidado —dijo sin darle importancia antes de volver a levantar su libro de Icha Icha y caminar.

Fue entonces que Sakura frunció el ceño al ver que ese ninjas estaba caminando con la vista en un libro.

— "Me disculpé con un ninja que no está al pendiente de dónde camina por estar leyendo un libro" —refunfuñó molesta.

—*Debe ser un ninja inútil* —dijo inner cruzando sus brazos.

Apenas pasaba el medio día y ya se sentía realmente cansada con ganas de ir a la casa y encerrarse en su cuarto, aunque eso nunca sucedería ni aunque fuese el día más aburrido de todos. Su familia siempre encontraba algo que ella tuviese que hacer. Cuando sintió que su pecho comenzaba a apretarse se enojó de nuevo consigo misma.

—Iré a la biblioteca —se dijo a sí misma.

Es lo mejor que podía hacer.

Se detuvo abruptamente cuando una especie de mapache enorme con sombrero de paja caminó frente a ella hasta interponerse en su camino. Miró a todos lado esperando que nadie la viera antes de poder hablarle.

—¿Necesitas algo? —preguntó. Si no mal recordaba, sabiduría le había enseñado un libro sobre criaturas mitológicas y entre ellas estaba este que es un Tanuki.

El Tanuki se le quedó mirando hasta que se dio la media vuelta hacia el bosque. Sakura se quedó viendo confundida hasta que el Tanuki volvió a verla, esta vez desde más lejos.

—Esta bien. Iré contigo —dijo Sakura.

Siguiendo de cerca al Tanuki se fueron adentrando en el bosque cerca del parque pero lo suficiente lejos como para no ser vistos. Poco a poco el ruido de la gente del pueblo fue haciéndose más y más lejano hasta que comenzó a ver criaturas de diversos tamaños. Pequeños hongos, fantasmas rosados, slimes de colores, las risas de los invisibles Kodama, incluso creyó haber visto una driuda correr entre los árboles.

—¿A dónde vamos? —le preguntó Sakura de nuevo al Tanuki. Quizá otra persona hubiese tenido miedo de ver tantos espíritus, pero ella ya estaba acostumbrada e incluso a veces los prefería en vez de los humanos.

Siempre se preguntó por qué veía a los espíritus. No conocía a nadie más que ella que los viera y se le hacía raro. Incluso había conocido a unos cuantos dioses como Sabiduría, Naturaleza y Suerte. No se quejaba pero sí le sorprendía a veces.

De pronto entraron a un claro donde estaban reunidos varias criaturas y espíritus, y en medio de ellos estaban Sabiduría, Suerte, Naturaleza y otro que no conocía un hombre de piel bronceada, alto y con cabello color rojizo que tenía la apariencia de un gran cazador, sobre todo por aquella cicatriz que cruzaba desde su mentón hasta la mitad de su mejilla.

Cuando todos la notaron le sonrieron.

—¡Feliz cumpleaños, Sakura! —gritaron y graznaron.

Estaba sin palabras. Todos ellos le estaban felicitando. Se acordaron de ella. A diferencia de su familia, su pecho comenzó a calentarse y sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas. Lágrimas de felicidad.

Sabiendo eso, Naturaleza fue la primera en acercarse, rodeó sus brazos sobre ella cubriendo el rostro de Sakura con su larga cabellera morada.

—Por supuesto que vamos a felicitarte —le dijo con cariño.

—¡Hoy cumples doce años! —gritó suerte con gracia infantil.

A un lado de ellas Sabiduría con la ecuanimidad que lo acompaña siempre asintió, aunque esta vez, dejando ver una suave sonrisa.

Por supuesto, esta vez se sentía feliz de tenerlo. No estaba sola porque ella los tiene.

Tenía un largo camino que recorrer que sabía que era difícil, pero a veces momentos como estos donde se relaja se los podía dar.

Cuando naturaleza la soltó del abrazo miró al hombre corpulento que tenía una mirada aterradora, sus ojos color marrón le miraron con frialdad al punto que se estremeció.

—¡La estas asustando! —Naturaleza le dio un golpe por detrás de la cabeza.

En aquel momento la mirada aterradora del hombre desapareció, sus mejillas se tiñeron de rosa y una gran sonrisa apareció en su boca. Ahora parecía un oso grizzly cariñoso.

—¡Hola, Sakura! Tenía tantas ganas de conocerte, puedes llamarme amor. Soy el dios del amor —dijo él con entusiasmo mientras la abrazaba.

Sakura no pudo evitar reírse, ¿acaso un dios del amor podía parecer tan aterrador cuando en realidad era muy suave por dentro?

La tristeza que se estaba acomulando dentro de ella se fue despejando con la fiesta que tuvo con los cuatro dioses que tuvo la fortuna de conocer y los espíritus. Muchos de ellos trajeron bayas, hojas y frutas del bosque para celebrar e incluso el Tanuki que la trajo, se había disfrazado anteriormente como humano para comprar un pastel y golosinas.

Había sido un gran días, al final fue bueno no haber ido a la biblioteca y pasar un buen rato con sus amigos. Por supuesto, luego de la celebración fue a pasar el rato con Ino y Hinata con quien volvió a comer más en casa de Ino hasta estar más allá de llena.

Cuando la luna estaba alta en el cielo Sakura caminó a su casa arrastrando los pies. No quería volver a lo que le llamaban casa, pero tenía que hacerlo.

—Me alegro que te la hayas pasado bien, Sakuya. Es una lástima que Sakura decidió pasar el cumpleaños con sus amigas.

Sakura se detuvo en la puerta al escuchar aquella voz. Sus ojos se abrieron y el tiempo se detuvo, aquella voz casi la había olvidado por completo.

—Si, es una lástima. Vamos hermano, hay que irnos a dormir.

Si, era Soku.

Abrió la puerta de golpe viendo a Sakuya empujar por la espalda a Soku al piso de arriba, detrás de ellos estaban Mebuki y Kizashi. Sus padres y Sakuya al verla fruncieron el ceño de disgusto como si no hubiesen deseado que ella llegara en ese momento. Al instante Sakura lo supo. No fue solo por la fiesta, sino que también quisieron evitar que Soku se encontrara con ella.

El único integrante de la familia que quería a Sakura.

—¿Sakura?

—Hermano…

Al instante Soku corrió hacia Sakura y agacharse a su altura para rodearla entre sus brazos.

—Estás aquí. En cuanto me dijeron que volviste no sabes lo feliz que estaba. Quise regresar de la misión lo más pronto posible —le dijo acariciando la cabellera rosada de su hermana.

Está más allá de eufórico. Por años estuvo buscándola, esperando tener alguna pista de ella o Akatsuki. Todo sin éxito hasta que un día le llegó un mensaje del Tercer Hokage diciendo que el equipo de Kakashi la había encontrado. Desde ese momento solo esperaba poder terminar la misión lo más pronto posible.

—Se supone que tu debías llegar más tarde —dijo Sakuya empujando a su hermana.

Soku miró sorprendido a su hermana Sakuya que en su arranque de enojo separó a sakura y él del abrazo, aunque eso no fue lo que le sorprendió. Desde que recordaba, cada que Soku intentaba abrazar a su hermana, Sakuya aparecía y los separaba hasta que lo arrastraba con ella para jugar, siempre pensó que fueron simples celos. Pero, al ver la mirada de odio de Sakuya y sus padres, ahora sabía que quizá se había equivocado.

—¡Se supone que hoy debía ser el mejor cumpleaños de todos pero no fue así! Mi Sasuke-kun no llegó a mi fiesta y ahora apareces tú —señaló a Sakura—, cuando Soku-nii debía estar conmigo y mis papás.

Al ver que sus padres no estaban haciendo nada por regañar a Sakuya, Soku decidió intervenir.

—Sakuya, esa no es una forma de hablarle a tu hermana —dijo con voz firme.

Para su sorpresa los ojos verdes de Sakuya se llenaron de lágrimas antes de ir hacia su madre y llorar.

—Soku, Sakuya tiene mi permiso para hacer lo que quiera con Sakura. Como futura líder del clan está aprendiendo el liderar, y Sakura no es más que su sirvienta —dijo Kizashi.

No podía creer lo que estaba escuchando de su padre. Esto tenía que ser una especie de broma, solo que realmente no lo era. Su padre miraba con tal severidad que no dejaba paso a otra palabra.

—Tú sigues siendo el líder y si no fuera porque decidí no ser el líder Sakya no sería la futura líder.

Sakuya dejó de llorar y miró disgustada a su hermano.

—Pero ya no lo eres y ella lo será. Puede hacer lo que quiera con su hermana —dijo Mebuki—. Ya tenemos suficiente que tu no quieras liderar este pobre clan y que Sakura se saliera de la costumbre y decida ser un ninja.

Eso sí fue algo que lo sorprendió. Al mirar a Sakura bajar la mirada sintió impotencia. Ya no era más un miembro más del susodicho clan Haruno. Sabía que no podía ir más en contra de su familia de lo que había hecho. Si quisiera, podría cortar lazos permanentemente, sin embargo. Al mirar de reojo a Sakura, vio el dolor brillar sus ojos verde manzana. Ella seguía atada, dependía más de la familia de lo que podía hacer el. Y en estos momentos, no se sentía capaz de llevarla consigo y vivir lejos.

Bajó los hombros en señal de derrota. Aún no.

Kizashi satisfecho subió por las escaleras junto a Mebuki dejando solos a los tres hermanos en lo que era su primer reunión después de muchos años de no estar juntos.

Sakuya miró con odio a su gemela. Su gran momento con Soku fue arruinado por su culpa.

—Vete a tu cuarto, mañana vas a limpiar todo el desastre antes de nos despertemos —dijo con odio.

Toda la alegría de haber pasado un buen cumpleaños con los espíritus se derrumbó en un par de segundos. Apretando los dientes se dió la media vuelta y abrió la puerta debajo de las escaleras hasta que escuchó el jadeo de Soku detrás suyo.

—¿Ahí duermes? —preguntó Soku.

Al mirarlo, vio lo profundamente preocupado que estaba por ella. Y sobre todo una tristeza en sus ojos que de pronto le dieron ganas de llorar a ella. Se mordió la lengua para no hacer frente a su hermana y darle la satisfacción de ver su sufrimiento.

—Si, no es tan malo —dijo Sakura mirando de reojo a su hermana.

—No, dormirás conmigo —dijo Soku.

Esta vez las gemelas Haruno nuevamente abrieron los ojos aturdidas.

—¿Qué?, ese es su cuarto. No, no lo permito —ordenó Sakuya molesta.

—… Lo siento, Soki-nii. Tengo que hacer lo que dice Sakuya —dijo Sakura, estremeciéndose al pensar en lo que dirá su padre si se entera de esto.

Estuvo a punto de refutar Sakuya cuando se quedó helada al ver a Soku mirarla con furia a tal grado que está exudaba de su cuerpo.

—No. Ella dormirá en mi cuarto de ahora en adelante. Vamos Sakura —dijo Soku.

Sakura de pronto también le tuvo miedo e iba a irse con el cuando se acordó de algo.

—Espera —le dijo.

Fue a su pequeño cuarto y tomo a la pequeña familia puff con cuidado, sobre todo porque el hijo puff ya estaba dormido. Salió con los tres en las palmas de sus manos.

—¿Tu puedes verlos? —preguntó Soku sorprendido. Su enojo se evaporó en un instante al ver lo que traía en la mano.

—¿Ver qué? —preguntó Sakuya confundida y enojada cuando vio que Sakura estaba igual de sorprendida que Soku mientras veían algo que se supone que debía estar en las manos de Sakura—, yo no veo nada. Exijo que me expliquen.

Ella nunca es dejada de lado.

—Los espíritus. Sakura y yo podemos ver espíritus —dijo Soku—. Creí que era el único porque mamá y papá no los podían ver y creí que ustedes tampoco, pero veo que Sakura sí.

Esta vez Sakuya no aguantando bufó.

—¿Quién necesita ver espíritus? —dijo antes de subir las escaleras con dignidad.

Sakura y Soku sonrieron felices de finalmente estar juntos. con cuidado los dos subieron las escaleras y se adentraron al cuarto de Soku. Sakura ya había estado aquí antes, solo para limpiar el cuarto. El tener a su hermano con ella fue un regalo bienvenido. Al menos ahora podía sentirse más segura. Puso la familia puff en una repisa y se metió a la cama con su hermano que la abrazó.

Por primera vez desde que llegó a la casa, pudo conciliar el sueño muy rápido. soku por su parte seguía despierto, acariciando y contemplando a su hermana dormir en sus brazos.

—Te protegeré. Ya estoy aquí —susurró.


Es bueno correr pero… A veces es necesario sentarse y disfrutar lo que tenemos antes de mirar hacia atrás y lamentar lo que no vimos por solo correr


Omake 9:

Era un día por la tarde. La torre de akatsuki estaba particularmente tranquila. La mayoría de los miembros o estaban ocupados con sus actividades diarias o estaban en alguna misión. En uno de los cuartos se encontraba Tobi mirando por la ventana la incesante lluvia caer sobre todo Amegakure. Cuando no estaba molestando a alguno de los miembros, liderando en secreto Akatsuki o jugando con su nuevo perro se podía pasar hora y horas viendo las gotas de lluvia caer al suelo.

A veces se sentía tan solitario como las gotas de lluvia. Sus días habían sido fríos como la tempera, hasta que hace poco llegó una bola de cabellos rosados como la llamaba Kisame. En un principio estaba renuente de ella, era todo lo contrario a lo que presentaba Akatsuki al mundo, y sobre todo temía que se interpusiera en su camino, creyó que Pain se negaría, su sorpresa fue que la aceptó unos instantes después.

—Aquí estas Tontín —dijo Sakura apareciendo mojada de pies a cabeza.

—¡Ah!, es mi perro, ¿qué haces mojada? —dijo con gran alegría que realmente no sentía. Por eso le gustaba venir a este lugar donde nadie lo molestaba hasta que ella llegó.

Se sentó junto a él. Por ser tan pequeña aún le colgaban los pies que al instante comenzó a balancear.

—Estaba jugando bajo la lluvia. Me gusta la lluvia, es divertida a menos que tengas que ir a comprar comida, ahí es molesto —comenzó a divagar.

De pronto Tobi comenzó a sentir que su cabeza comenzaba a divagar. Solo quería esta solo.

—¿A ti no te gusta la lluvia? —preguntó Sakura.

Al ver sus ojos brillar con curiosidad no tuvo más que suspirar rendido recordando que solo es una niña y no debía matarla, al menos ahora.

—No.

Volvió a mirar la lluvia y esta vez el silencio fue bienvenido. Incluso por un momento pensó que Sakura se había ido al aburrirse, cuando miró de reojo la vio mirando la lluvia con tanta tristeza que se sorprendió. Sabía que era tímida y si alguien comenzaba a enojarse se encogía, poco a poco se estaba desenvolviendo, aunque nunca la había visto tan triste como ahora.

—Yo también pensaba así. A veces quería que la lluvia me llevara —dijo Sakura. De pronto Obito pensó que no estaba viendo a una niña inocente como cualquiera de su edad, sino alguien que ha crecido gracias al dolor—. Yo ya no quería estar aquí, no se, solo pensaba huir de casa y entonces llegó Itachi y me salvó. Ahora esta es mi casa y por eso ahora me gusta la lluvia, porque representa mi casa, ¿no lo sientes así?

Cuando su máscara chocó contra los ojos verde esmeralda de Sakura pudo notar aquel brillo de dolor y felicidad que chocaban entre sí esperando dominar. Por un momento su pecho dolió, esta niña en cierto modo le recordaba a Rin y por esa misma razón quería alejarla lo más lejos posible y al mismo tiempo abrazarla y no dejarla ir.

Era su aura, su felicidad, su espíritu de lucha al pelear con Kisame e incluso la tristeza al rechazo.

Apretó con fuerza los dientes al dejar salir aquellos pensamientos que solo reforzaron su deseo de hacer el Tsukuyomi Infinito.

—Esta no es mi casa.

Miró a Sakura a través de su máscara naranja. Al ver la tristeza un poco de miedo se obligó a calmarse al ver a través de ella a Rin.

—Perdí a una amiga.

Cuando el silencio los volvió a envolver miró a Sakura que le miraba con decisión. Iba a preguntarle qué pasaba hasta que ella estiró sus brazos y tocó su cuello hasta llegar a su mentón y meter sus pequeños dedos debajo de la máscara. Tan sorprendido que estaba de su movimiento que no pudo hacerse a un lado.

Cuando los ojos de Sakura se cerraron de pronto el paisaje junto a ellos desapareció en dejando un espacio en blanco.

—Ella está bien —dijo Sakura sorprendiéndolo aún más.

Sus ojos se abrieron como platos al ver en el fondo la figura de Rin sonriendo con cariño junto a Minato. Los dos le sonreían mientras le saludaban. Cuando estiró la mano para alcanzarlos las dos figuras desaparecieron y la sala junto al ventanal volvió aparecer. Cuando Sakura quitó sus manos de sus mejillas y volvió a abrir sus ojos se dio cuenta que estaba llorando.

—Ella está tranquila, está feliz de verte y dice que debes seguir adelante, igual el hombre a su lado dice que te perdona —dijo Sakura.

—¿C-cómo… ¿Cómo hiciste eso? —preguntó. No tenía palabras para describir lo que sentía.

Sakura volvió a mirar a la ventana por un momento e incluso Obito estuvo a punto de tomarla en sus brazos y agitarla para poder sacar la información.

—Hice lo mismo para papá y mamá —refiriéndose a Pain y konan—. No sé cómo lo hago, solo a veces puedo tocar a la gente y hacer ver a quien más quieren ver si están muertos. Ni itachi-nii sabe que puedo hacer esto —volvió a balancear sus piernas de adelante hacia atrás—. Un amigo me lo enseñó el día que entré a Akatsuki cuando hablé con papá. Cuando estuve con papá me lo susurró cómo hacerlo. Nadie lo puede ver más que yo.

Un escalofrío pasó por su columna al escuchar esas palabras. ¿Realmente existían seres que no pueden ver? Con desconfianza miró a todos lados.

—¿Puedes volver a hacer eso? —quizá así podrá ver, hablar y abrazar a su amada Rin de nuevo.

—No, creo que solo funciona una vez.

Si, eran Rin y Minato quienes estaban ahí. No por nada él hubiese dicho que lo perdonaba. ¿Podía dejar todo este plan a un lado y vivir en paz?

No.

El iba a completar el Tsukiyomi infinito a como dé lugar. El ver a Rin tan cerca solo le dio la esperanza de que ella iba a esperar unos años más. Al mirar a Sakura nuevamente un calor comenzó a expandirse en su pecho. Quizá no estaba tan solo como pensaba.

—Gracias.

—¿Qué?

—¿Quieres ir a molestar a la barbie? —el tono infantil de voz volvió a el listo y recargado para divertirse—, se donde guarda su suministro de arcilla.

Los ojos esmeralda brillaron de emoción.

—¡Si!, yo quiero. Vamos tontín —dijo antes de salir corriendo de la sala.

Obito se rió por lo fácil que podía hacerla feliz. Tal vez no era tan malo tenerla en Akatsuki.