Sean bienvenidas y bienvenidos nuevamente a mis territorios.

Después de muchísimo tiempo de no escribir, he vuelto jajaja. Estuve escribiendo algunas historias Stony, pero me vi Naruto hace algún tiempo nuevamente y mi amor por el NaruSasu/SasuNaru regresó con una fuerza como no tienen idea. Me sentí tan inspirada que me puse a escribir y ha salido esta historia. Es una idea "original" ya que está inspirada en mi novela favorita Amor Real (mexicana, si no la han visto háganlo por favor). Sin embargo, solo tomaré algunas ideas y lo demás viene de mi cosecha.

Me siento muy feliz de regresar a escribir, de conectarme de nuevo con una historia. Espero que le den una oportunidad a este nuevo proyecto, y que les guste. No hay nada mejor que compartir con otras personas lo que escribo. Si la historia les gusta y todo marcha bien, estaré actualizando constantemente.

Los personajes de Naruto no me pertenecen, y la imagen de portada la tomé de Pinterest. Si alguien conoce a la autora, con toda confianza puede escribirme para darle los debidos créditos.

Ahora bien, esta será una historia 100% Narusasu con algunas otras parejas e intervenciones que no mencionaré para no cebar sorpresas. No me maten.

Espero que disfruten la lectura, así como yo he disfrutado escribir este capítulo.


I.


— No voy a casarme con Naruto Uzumaki, papá.

— No te lo estoy preguntando, Sasuke. — respondió Fugaku Uchiha, implacable.

Sentados ambos en la sala de estar de la increíble mansión, con las espaldas tensas, y los ojos chispeando en un encuentro silencioso, Sasuke y su padre se miraban. En medio de ellos, y atenta a cualquier movimiento que pudiera desencadenar una pelea física, Mikoto aguardaba, serena pero atenta.

— Ni siquiera lo conozco. — intentó Sasuke de nuevo, tratando de hacer entrar a su padre en razón.

— Ya tendrás tiempo para hacerlo cuando sea tu esposo. — dijo como si nada, con su voz de acero que lo atravesó. Sasuke apretó los puños sobre sus rodillas, muy enojado con su padre. Si tan solo Itachi estuviera aquí, lo ayudaría a salir de esta situación. No queriendo pelear - porque sabía que no era conveniente para nadie - se levantó del sofá dispuesto a irse a su habitación, para demostrarle que su "no" era rotundo. Cuando pasó por su lado, Fugaku ni siquiera le miró, pero antes de que Sasuke se perdiera por las escaleras rumbo a su habitación, su padre alzó la voz:

— Vendrá esta noche a conocerte, y más vale que seas atento con él.

Sasuke subió a su dormitorio ignorando el último comentario de su padre.

Cuando entró a su habitación, lo único en lo que pudo pensar fue en morirse. Dios, ¡él no iba a casarse con ese tal Naruto!, en primer lugar, ni siquiera sabía quién era, y en segundo lugar, él no pensaba ser la moneda de cambio de sus negocios.

Resulta que Naruto Uzumaki, dueño de uno de los ranchos ganaderos y empresas empacadoras más grandes a nivel mundial, había salvado a su padre de la ruina. Y a cambio, lo había pedido a él. No para casarse, solo para cortejarlo, según sus palabras. Pero Fugaku había visto la mina de oro en ese hombre y no dudó ni un segundo en ponerlo en bandeja de plata para el riquillo de turno. Bueno, Sasuke era soltero, no tenía pareja desde hace mucho y, según su padre, estaba en edad de casarse; tal como Itachi, a quien también casó por conveniencia con Izumi Uchiha, lo que ayudó a afianzar la empresa familiar, perpetuar el apellido, y que lo posicionó como uno de los grandes líderes políticos del país. Uno que, al parecer, estaba viniéndose abajo.

Fugaku amaba apostar, siempre fue su debilidad. Era excelente en los negocios, pero un mal perdedor en el juego. Y ahora estaban en la ruina y a punto de ser embargados si no hubiera sido por ese tal Naruto que cayó del cielo - o del puto infierno - y se ofreció de todo corazón a pagar la deuda millonaria. Fugaku dijo que le pagaría cada centavo y de garantía le daba su mansión, pero Naruto prefirió pedir conocer y cortejar a Sasuke.

Naruto y su padre habían hecho un trato, uno que lo contemplaba más como objeto que como persona, y eso lo hacía rabiar como no tenía idea. Sasuke no quería, pero la situación tampoco era muy favorecedora: Naruto poseía las escrituras de su casa y la mayor parte de las acciones de la empresa de su padre a cambio del dinero prestado, así que si lo decidía, con un simple dedo podía despojarlos de todo y dejarles en la calle.

Y por más que Sasuke se empeñara en ponerse a sí mismo por encima de la situación, no podía hacerlo. Amaba demasiado a su familia y sabía que el golpe sería doloroso. Que el orgullo del que tanto se jactaban se vendría abajo y su padre perecería junto con su madre y él. Le dieron náuseas solo de pensar en las revistas de chismes comiéndoselos vivos, siendo el hazmerreír de la ciudad. Los tiempos habían cambiado pero, al parecer, él jamás podría librarse del destino que cargaba sobre sus hombros al ser un Uchiha. Todos en la familia, sus tíos, sus padres, sus abuelos, su hermano… todos habían contraído matrimonio por conveniencia y, al parecer, él no sería la excepción.

Suspiró, completamente agotado y, sin querer pensar más en la situación, abrió su ropero y se dispuso a buscar algo que pudiera agradarle a Uzumaki Naruto.

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La celebración en la mansión Uchiha se debía precisamente porque la empresa cumplía un año más en el mercado, liderando el sector financiero. Estaría toda la familia y allegados, amigos, socios, los mejores trabajadores y los de más altos puestos políticos del país. Habría prensa, también. Y eso significaba que Naruto Uzumaki también estaría presente. Sasuke se sentía nervioso sin saber por qué, ni siquiera conocía el rostro de aquel sujeto, solo tenía un nombre, un apellido, y la promesa de su padre de que asistiría a la fiesta. Y sin embargo, no había aparecido aún, pero es como si lo hubiera hecho, porque no había lugar donde se parase que el tema de conversación no fuera ese sujeto rico salido de quién sabe dónde. Al parecer nadie le conocía y eso hacía que la expectativa aumentara.

Él podía ser un témpano de hielo en mostrar sus verdaderos sentimientos, y el cotilleo de vecindad siempre le pareció desagradable, pero ahora sentía una especie de atracción al chisme, como Itachi le llamaba, porque quería - y a la vez no - saber más de ese tal Uzumaki que estaba en boca de todos. A fin de cuentas, sería su esposo… o al menos lo intentaría. Sasuke sonrió divertido al pensar en cómo Naruto Uzumaki se había echado la soga al cuello él solito. Sasuke era de sobra conocido por ser arisco como un gato, y por tener el carácter tan amargado como una berenjena. No se la dejaría tan fácil, aunque tendría que ceder en algún punto si es que quería sacar a su familia del hoyo donde se habían metido por culpa de su padre.

— No sé por qué estás sonriendo, pero te ves escalofriante. — dijo alguien a su lado con un susurro indiscreto. Sasuke rodó los ojos y miró a Suigetsu con cara de fastidio.

— ¿No tienes otro lugar dónde decir estupideces? — le preguntó sarcásticamente, arrebatándole de la mano el martini que su amigo venía bebiendo.

— ¡Ey, eso era mío! — se quejó el peliblanco, pero no hizo nada para quitarle su bebida. Pero sí se fijó más en Sasuke: — Hoy te arreglaste más de lo usual, ¿acaso Fugaku ya te pidió que te busques un vejete millonario de los que abundan por aquí?

— Mmm… algo así. — tarareó Sasuke, sin darle mucha importancia al asunto.

— ¿A quién vas a echarle la soga al cuello? —

— Naruto Uzumaki. — respondió sencillamente. Los ojos abiertos de su amigo y su chiflido sorprendido no se hicieron esperar.

— ¿No hablarás en serio, verdad? — pero al no encontrar la negativa, Suigetsu supo que aquello iba en serio. — Fugaku ha apuntado su lanza al pez gordo, y la carnada eres tú. Muy bien jugado por parte del señor Uchiha. — asintió para sí mismo, murmurando lo suficientemente alto para que solo Sasuke lo escuchara. — Aunque nadie conoce al tal Naruto, ¿sabes? Hay muchas especulaciones sobre cómo es, su edad, de dónde carajos salió. ¿Qué tal si es un viejo decrépito, Sasuke? ¡Arruinarás tu vida!

— Lo sé. — Sasuke torció la boca al reconocer las palabras de su mejor amigo. — Mi padre no quiso decirme nada, así que espero no sea un viejo rabo verde. — suspiró, agotado de repente por esa simple conversación. No había podido dejar de darle vueltas al mismo asunto. Apuró su trago. — Espero que no tarde mucho, no planeo esperarle toda la maldita noche.

— Creo que no tendrás que hacerlo.

Y cuando Sasuke vio a Suigetsu y le miró con los ojos clavados en un punto específico, siguió la ruta de su mirada y se quedó tan petrificado como el peliblanco a su lado. Ahí venía su padre, abriéndose paso entre la multitud con un hombre a su espalda. Sasuke no pudo verlo porque su padre se interponía en el camino, pero sabía que era él. Que su destino se acercaba a pasos tranquilos. Que era Naruto.

Cuando llegaron a su encuentro, Fugaku se apartó y Sasuke perdió, por fin, el poco aliento que le quedaba: ataviado en un elegante y hermoso smoking negro de ocasión, alto, bronceado… y puta madre que era condenadamente guapo. El hombre más guapo que Sasuke había visto jamás en su vida, y mira que había conocido a muchos modelos, hombres de negocios, estrellas de cine… pero este hombre, este hombre era arrebatador. Su rostro era masculino; sus facciones, imponentes. El rebelde cabello rubio hacía juego con sus poderosos ojos azules.

— Sasuke, qué bueno que te veo. Quiero presentarte a mi socio de negocios, Uzumaki Naruto. —dijo Fugaku con una sonrisa que pocas veces le habían visto embonar, lucía amable y totalmente amigable. Para Sasuke las palabras sonaron muy lejanas ante sus oídos. Él solo podía concentrarse en el espécimen que tenía enfrente. Entonces el tal Naruto se adelantó y le ofreció su mano con una sonrisa mediana y seductora.

— Hola, Sasuke. Tu padre me ha hablado mucho de ti. — y su nombre sonó como una promesa sobre sus carnosos labios. Sasuke lo contempló durante dos segundos que parecieron una eternidad, y al atisbar el trance en que acababa de entrar, Suigetsu le dio un ligero codazo en la espalda baja que lo hizo volver momentáneamente al mundo y estirar su mano para estrechar la contraria. Era grande, más grande que la suya, y estaba muy caliente. Sasuke le miró a los ojos y respondió:

— Lo mismo digo.

Naruto sonrió, esta vez más amablemente. Quizá esperaba otro tipo de encuentro y esto le había dejado más que satisfecho. Pero no soltó su mano, la sostuvo un poco más, como si tanteara su peso y, finalmente y para sorpresa de todos, depositó un suave beso sobre el dorso de su pálida mano. Sasuke sintió que el calor ascendía rápidamente por su cuello y las orejas, y apartó la mano como si el contacto lo quemara. Suigetsu a su lado sofocó una risa incrédula.

— ¡¿Qué haces, dobe?! — Sasuke se escandalizó, ocultando su mano fría en el bolsillo de su pantalón, como si tuviera miedo de que el otro fuera a tomarla si se descuidaba un poco. Nunca nadie la había besado la mano, ¡nadie!

— ¡Sasuke! — reprendió su padre con tono autoritario, cambiando la mirada y la sonrisa de antes por su gesto típico de hombre duro y sin sentimientos — ¿Qué modales son esos?, discúlpate con el señor Uzumaki ahora mismo.

Pero una risa cálida los interrumpió. Naruto se estaba riendo suavemente mientras negaba con la cabeza. Su cabello se movió al ritmo de su cuerpo y Sasuke juró que había alguien por ahí echándole diamantina porque aquel rubio cabello brillaba. Carajo que brillaba. ¿O ya era su mente dañada imaginando cosas?

— No se preocupe, Fugaku. Quien le ha tomado por sorpresa he sido yo. Tal vez fui muy atrevido y él no está acostumbrado. — Naruto sonrió zorrunamente y Sasuke frunció el ceño y apretó los puños que tenía escondidos. Ese maldito arrogante ahora lo hacía quedar como un santurrón. Iba a abrir la boca para responder con un comentario más mordaz que el de aquel atrevido, pero Mikoto se acercó a ellos rápidamente, con una sonrisa.

— Veo que ya se conocen. — comentó, aligerando el ambiente que Sasuke había comenzado a sentir tenso. Naruto le sonrió en respuesta con un asentimiento.

— Así es. Su hijo es muy… interesante, Mikoto-san. — dijo sin despegar sus poderosos ojos azules del pelinegro.

— Oh, sí. Sasuke es un poco especial, ya sabe. Algo amargado y frívolo pero es un buen chico.

— Sigo aquí, mamá. — respondió Sasuke con mala cara y los brazos cruzados. Ni loco dejaba sus manos sueltas y al alcance de ese tipo extraño. Su madre le sonrió en respuesta.

— Es lo que veo. ¿Por qué no vas a ver si los invitados tienen todo lo que necesitan afuera en el jardín? Pronto será media noche y vamos a realizar el brindis. — sus ojos lucían amables, pero su expresión corporal claramente estaba echándolo de ahí. Sasuke suspiró y decidió que era lo mejor, pues si se quedaba un minuto más con ese hombre, juraría que iba a pegarle un puñetazo por imbécil.

— Bien. — respondió, seco —. Nos vemos, señor Uzumaki. —

— Adiós, Sasuke. — respondió el rubio con una sonrisa mediana y unos ojos profundos que parecían querer arrastrarlo hacia él. Sasuke carraspeó y se apartó, abriéndose paso entre la gente junto con Suigetsu.

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— Bueno, no podemos negar que es guapo, todo un galán… y no te quita los ojos de encima, Sasu.

— Cállate — rugió el pelinegro por lo bajo, con la mirada más amenazadora que Suigetsu había visto en su corta vida. Pero este no se intimidó, por supuesto que no, estaba por demás acostumbrado a esas gélidas miradas asesinas.

Después de alejarse del tal Uzumaki, Sasuke había tenido que ir de mesa en mesa con los invitados preguntándoles si todo estaba bien, fingiendo ser amable para complacer a su madre, quien le había pedido verificar que todos tuvieran una botella de champagne en su mesa porque el brindis se aproximaba. A la media noche, Fugaku dijo algunas palabras que Sasuke no se interesó por escuchar, y luego todos levantaron sus copas y brindaron por un año más de éxitos en la corporación Uchiha.

Sasuke había querido huir a su habitación después del brindis, pero su madre se lo impidió, obligándole a quedarse en esa horrible y ruidosa fiesta más tiempo. Así que aquí estaba, de mal humor, echado en una silla y bebiendo con Suigetsu, quien no dejaba de hacer esta especie de comentarios de "es muy guapo", "te está devorando con la mirada", "¿no te sientes incómodo?", ¡claro que lo sentía! podía percibir claramente los ojos del Uzumaki clavados en su nuca, ¿por qué tenía una mirada tan penetrante sobre él? Sasuke se sentía enojado, frustrado… y también un poco nervioso. Cada que veía a Naruto acercarse hacia donde él estaba, su corazón comenzaba a bombear con fuerza sin saber por qué. Luego, cuando se alejaba a otra mesa a platicar con otras personas, su corazón se paralizaba un poco. Y para rematar el asunto, cuando parecía que por fin iba directo hacia él, alguna mujer se acercaba a pedirle que bailara con ella. Y Naruto no se negaba. ¿Qué creía que estaba haciendo?, ¿acaso no se suponía que quería cortejarlo a él?, ¿entonces por qué bailaba con otras y parecía haberlo dejado en el olvido?

— Si no te conociera, diría que estás enojado porque Uzumaki no ha venido a buscarte. — sonrió el peliblanco a un lado de Sasuke. Ya había perdido la cuenta de cuántos martinis y copas de champagne se había bebido. El pelinegro le fulminó con la mirada.

— No sé de qué diablos estás hablando. No quiero que ese dobe se me acerque. — respondió, arisco como un gato.

— ¡Ja, ja! sí, claro. Se te nota en los ojos, Sasuke. Te conozco… y te pega en el orgullo que tu padre te haya dicho que ese chico está interesado en ti y ahora parece como si no le importaras, ¿no? es frustrante que ese guapetón de revista baile con todas menos contigo. — se rió por lo bajo y luego ahogó el gritito de dolor cuando Sasuke le propinó un golpe en la espinilla con la punta de su zapato.

— Cállate. — cerró los ojos, sintiéndose un poco - o muy - estúpido. Fugaku y Mikoto le habían obligado a ponerse el mejor traje que tenía, con la camisa de seda blanca más incómoda que se había puesto jamás en la vida, ¿y todo para qué? Para que ese chiflado de Naruto Uzumaki no se acercara en toda la noche a él. Y justamente cuando tomó la resolución de mandar todo al carajo e irse de una maldita vez a dormir, abrió los ojos y lo vio: una mano abierta frente a su rostro, una clara invitación. Los ojos azules de Naruto lo atravesaron como una flecha y sintió que el estómago se le comprimía.

— Buenas noches, Sasuke. ¿Me concederías un baile? — murmuró, con una sonrisa suave sobre su acanelado rostro. El pelinegro miró a ambos lados y vio a Suigetsu en la mesa de las bebidas. Bueno, ahora se encontraba tentado a decirle que no, que se fuera al maldito carajo y que se buscara a alguien más para sus bailes, de todas formas propuestas no le faltaban. Pero sintió la mirada de su madre sobre su nuca y también la de Fugaku. Maldita sea. Suspiró resignado y se cruzó de brazos.

— ¿Por qué debería? — atacó, ladeando el rostro. Naruto sonrió y no retiró la mano, la dejó ahí en el aire, esperando. Dijo:

— Porque he venido hasta aquí sorteando toda clase de invitaciones.

— Pues no lo hiciste muy bien. Ya bailaste con todas las mujeres de esta fiesta. — volvió a atacar Sasuke, esta vez con la lengua más filosa de lo que quiso en un principio. Los ojos del rubio brillaron.

— ¿Estabas observándome entonces? — Naruto sonrió, con un gesto similar a un zorro travieso. Sasuke descubrió que aquel hombre tenía un algo que lo incitaba, que le ponía nervioso. Era como un depredador acechando y él era, desgraciadamente, la presa. Al ver que no respondía, Naruto se impacientó un poco: — ¿Y bien?, ¿aceptarás mi invitación a bailar? — meneó la mano que tenía estirada, para darle a entender si iba a bailar con él o no.

— ¿Vas a besarme la mano nuevamente? — levantó una ceja, tosco y aún reacio a dejarse convencer por aquel hombre.

— Mmmm… no — tarareó Naruto con una mueca divertida sobre su expresivo rostro. Sasuke aceptó la mano que le ofrecía y se puso de pie, luego le dijo:

— Bien. No lo hagas o te patearé el trasero.

Mientras caminaba por delante de Naruto, con sus manos unidas, alcanzó a oír la risa divertida de este tras el comentario que hizo. Sasuke sintió de inmediato las miradas de envidia que le arrojaban las mujeres y los hombres mientras ellos se abrían paso hacia la pista de baile. Cuando llegaron al centro, Naruto lo atrajo hacia su cuerpo pegándolo a él en un movimiento limpio. Colocó una de sus grandes manos en la cintura de Sasuke, por debajo de su saco abierto, y alzó la mano que tenía unida a la suya para comenzar el baile. Al pelinegro no le quedó más que colocar su mano sobre el fuerte hombro de Naruto y seguir el ritmo que el otro había empezado en aquel íntimo vals.

— Toda la gente nos mira. — murmuró el pelinegro por lo bajo. Hombres y mujeres miraban a ambos danzar por la pista, perfectamente coordinados y en armonía. Naruto rió por lo bajo y su aliento le movió los cabellos de la frente a Sasuke. No se había dado cuenta que el rubio era altísimo, quizá 1.95 si no mal calculaba. Él era alto, sí, pero el rubio le sacaba una cabeza.

— ¿Te molesta que nos miren? — le preguntó, agachando levemente su cabeza, rozando con su tibio aliento la oreja de Sasuke. A este le recorrió un pequeño escalofrío por la columna ante aquel gesto. Luego se dio cuenta que Naruto estaba demasiado cerca de él, apenas si cabía una pluma entre ellos.

— No me gusta ser el centro de atención. — se sinceró.

— Bueno, ya tenemos algo en común. — dijo Naruto de buen humor. Le dio una vuelta y volvió a pegarlo a su pecho, entonces Sasuke reparó en los músculos que se veían entre la abertura de su camisa desabrochada de los primeros tres botones. Dios, se veía muy bien, tremendamente bien. Y olía magníficamente. Se mareó un poco por sus simples pensamientos y, sin querer, trastabilló un poco pisando a Naruto en el proceso — ¿Estás bien? — preguntó preocupado el rubio.

— Sí, lo siento, me tropecé. Quizá bebí demasiado. — respondió, completamente avergonzado. Se concentró en la música y en las manos que lo atraían a ese viril cuerpo. Ya que estaba tan cerca, aspiró el aroma de Naruto casi rozándole con la nariz el cuello y, al hacerlo, el rubio apretó el agarre que mantenía sobre su cintura, mandándole un delicioso escalofrío por la zona. Sasuke comenzó a sentir que la temperatura entre ellos subía. Los labios del rubio bajaron un poco más, esta vez rozando el lóbulo de su oreja.

— No hagas eso, Sasuke. — murmuró por lo bajo con voz ronca — . O no podré contenerme.

Cuando Sasuke iba a preguntar a qué diablos se refería con ese comentario, Naruto lo alejó ligeramente, le dio una vuelta más y la música terminó. Entonces marcó algo de distancia entre ellos, pero sus manos permanecían unidas. Sasuke fue quien tuvo el valor de separar su mano del contacto caliente del rubio y le pareció percibir un deje de decepción en este. Entonces, para remediar su error - o excusarse - le dijo a Naruto:

— Alguna de las mujeres querrá bailar contigo.

— Después de ti, creo que ya no quiero bailar con alguien más. — respondió el rubio, entendiendo que Sasuke había apartado su mano para que Naruto fuera libre de bailar con otras personas — ¿Quieres una copa? — le preguntó suavemente.

El pelinegro miró brevemente a lo lejos y se cruzó con la mirada de su padre, quien le levantaba las cejas para invitarlo a seguir con aquella charla. Maldita sea. Parecía un halcón acechando a su presa. No le quedaba más remedio que seguir siendo amable. Él solo quería largarse a su maldita habitación.

— Estaría bien. — respondió Sasuke con la garganta seca. Un mesero pasó por ahí con una charola llena de copas servidas y Sasuke tomó dos, le pasó una a Naruto y le dijo: —. Ven conmigo. — y sin esperar respuesta del rubio, se giró sobre sus propios pies y comenzó a caminar al jardín. No tardó en sentir la presencia del rubio a su espalda, quien, para hacerse notar, lo tomó suavemente de la cintura y se dejó guiar por Sasuke.

Conforme caminaban, los invitados se abrían paso y los miraban fijamente, cuchicheando. Él ya sabía que mañana estaría en boca de todos aquel baile y ese contacto. Casi podía imaginarse lo que dirían de ellos en las revistas de farándula.

El cielo estaba despejado y no había nadie en el jardín trasero de la casa. La fiesta era del otro lado, así que la música apenas y se oía al igual que las voces de la gente. Sasuke suspiró. Por fin paz, tranquilidad, y silencio. Y sus padres lejos, donde no pudieran acosarlo con sus miradas. Bebió de su copa. Ambos se acercaron a la fuente al final del jardín, detrás de algunos rosales que Mikoto cuidaba con especial cariño.

— ¿Cuántos años tienes? — lanzó la pregunta el rubio, bebiendo de su propia copa. Sasuke le miró brevemente.

— Veintinueve, ¿y tú?

— Pronto cumpliré treinta y seis.

— Vaya, eres un anciano, dobe. — respondió Sasuke, incitado a hacerlo repelar. Creía que Naruto iba a ofenderse, enojarse o cualquier cosa, pero en su lugar se rió por lo bajo y le quitó suavemente la copa de la mano, acorralándolo entre su cuerpo y la fuente. Sasuke subió los ojos hasta cruzar miradas con aquellos ojos azules. Su mirada era profunda y cautivadora y, aunque la luz escaseaba un poco, podía verlo a la perfección. Estaba muy cerca.

— ¿Siempre eres tan arisco y grosero? — le preguntó Uzumaki en un susurro, acercando peligrosamente sus labios a su boca. Su aliento a menta revuelto con alcohol le llegaba como una dulce droga, y a Sasuke se le erizaron los vellos de la nuca.

— ¿Tienes algún problema con eso? — alzó la barbilla, retador y orgulloso. No le incomodaba su cercanía, pero le provocaba una sensación que no le gustaba. A Sasuke no le gusta sentirse nervioso y este hombre lo conseguía con facilidad.

— Necesitas que alguien te enseñe modales. — dijo Naruto, repasando con sus ojos azules cada una de las facciones de su rostro. Luego, con su dedo índice, comenzó a repasar los pómulos de Sasuke, su nariz, hasta que rozó sus labios con la yema de un dedo. Eran delgados y suaves al tacto.

— ¿Y quién lo hará?, ¿tú? — preguntó burlón. Trató de hacerse un poco más para atrás y poner espacio entre ellos, pero si daba un paso hacia atrás, caería en la fuente.

— Sí, te enseñaré a ocupar tu boca en cosas mejores. — sus ojos azules, velados por algo que Sasuke reconoció como febril deseo, se fijaron en sus labios y luego, con un movimiento que no se esperó, pasó su gran y caliente mano por detrás de su nuca, lo acercó a su rostro y lo besó ardientemente.

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Cuando Shikamaru escuchó ruidos aproximándose por el pasillo, cerró el libro que estaba leyendo y lo dejó sobre la mesita de la sala. Se recostó en el cómodo sofá y esperó, paciente.

— ¿Y bien? — preguntó al aire — ¿Cómo te fue?

— ¡Horrible! Odio las fiestas de ricos, me dan jaqueca. — respondió Naruto exasperado entrando por el pasillo, tirándose en el sofá que estaba frente a su amigo y quitándose la corbata de un brusco tirón. Se despeinó los rebeldes cabellos, si es que eso se podía más, y desabrochó su saco. Shikamaru sonrió de medio lado al verlo.

— Pues esas "fiestas de ricos" como tú las llamas, son de tu círculo social. No puedo creer que aún no te acostumbres a las fiestas de gala después de tantos años. — se burló el pelinegro. Naruto bufó, entre molesto y fastidiado, y dejó caer la cabeza en el respaldo del sofá. Estaba cansado, y los zapatos lo estaban matando. Se los sacó de un tirón y gimió de puro gusto — Por cierto, ¿viste al tal Sasuke Uchiha?

Y como si de un resorte se tratara, Naruto se incorporó rápidamente en el sillón con una sonrisa que resplandecía por todo su rostro. Ya no había ni rastro del mal humor que había comenzado a tener. Vaya cambio de personalidad, pensó Shikamaru.

— Sí, sí lo vi. — respondió, sin poder borrarse la sonrisa del rostro — Es hermoso, Shikamaru. Tiene un carácter horrible, parece que todo el tiempo está oliendo mierda porque tiene una mueca desagradable, es arisco como un gato, grosero y muy orgulloso, pero es… ni siquiera puedo describirlo. Deberías verlo, tiene el porte y la elegancia de un príncipe, sus ojos son negros, profundos, su cabello es sedoso, y sus labios… son delicados y perfectos, ¡me encanta su sabor!

— ¡Vaya! Nunca pensé que hablarías así de alguien, por lo visto el gran Naruto está enamo- espera, ¿qué?, ¿cómo que te encanta su sabor? — Shikamaru alzó una ceja, intrigado — ¿qué diablos hiciste?

— Lo besé, por supuesto. — Naruto sonrió orgulloso de sí mismo, como si hubiera hecho la mejor y más peligrosa de las hazañas. Ante la mueca estupefacta de su amigo, se señaló el labio partido y preguntó: — ¿Cómo crees que me hice esto?

— ¿Así que te golpeó? — el pelinegro sofocó una risa, aún sorprendido por el giro de los acontecimientos.

— Me mordió, el muy bastardo. Se molestó porque lo besé a la fuerza, pero a mi favor tengo que decir que me correspondió aunque lo negara. — su sonrisa se agrandó más, si es que eso se podía, y se pasó un dedo cautelosamente por el labio que comenzaba a hinchársele, recordando el sabor y la ferocidad con que Sasuke le había besado. Bueno, en realidad lo mordió para quitárselo de encima pero eso contaba como ferocidad en el beso, ¿no?

— ¿Y qué piensas hacer? — preguntó nuevamente Shikamaru, viendo cómo Naruto se levantaba e iba al pequeño bar a servirse un trago.

— Conocerlo, por supuesto, como quedé con su padre. Posteriormente lo cortejaré. Si le gusto, le pediré que se case conmigo. — dijo firme, llevando dos bebidas en las manos. Le pasó la suya a Shikamaru y él bebió de su whisky.

— ¿Sasuke sabe del trato que hiciste con su padre?

— Le pedí a Fugaku que no le dijera. Espero que tenga palabra. — respondió el rubio, dándole otro trago a su bebida. Se arrojó nuevamente sobre el sofá de tres plazas y gimió gustoso del confort de la pieza. Tapó sus ojos con el antebrazo y una sonrisa pintada en la cara.

—¿No crees que estás jugando un poco sucio? — Naruto le miró con el ceño fruncido, quitándose el brazo de los ojos para poder verlo mejor. Shikamaru se encogió de hombros: — Vamos viejo, no me veas así, solo estoy siendo honesto. ¿Qué pensaría Sasuke si se entera del trato que hiciste con su padre? parecería que lo está vendiendo… o que lo está intercambiando.

— Sasuke no es un objeto, Shikamaru, nunca lo he visto así. Precisamente por ese motivo es que no he querido que Fugaku le cuente sobre nuestro acuerdo. Además, no es como si yo hubiese comprado su mano. Solo quiero tener la oportunidad de hacer que se enamore de mí.

— Teniendo la ventaja de que rescataste a su familia de la ruina. — completó.

— Sabes que no me gusta mezclar negocios con asuntos personales.

— Pues no parece en esta ocasión, Naruto. Sin embargo, mientras Sasuke no sepa que has salvado a su padre de la ruina, creo que será genuino si se enamora de ti. — agitó desinteresadamente una mano en el aire.

— ¿Qué estás queriendo decir?, ¿qué es lo que será genuino?

— Que si Sasuke se entera que su padre está en quiebra, y que eres tú quien ha pagado sus deudas y que ahora posees no solo las escrituras de su casa, sino también la mayor parte de las acciones de la empresa, podría sentirse obligado a corresponderte. A eso me refiero. — dijo sencillamente, como si estuviera hablando del clima. Naruto frunció el ceño, no había pensado en esa posibilidad.

— Sasuke no sería capaz de hacer algo así, él no me correspondería solo por obligación. Él no podría ser tan mezquino, Shikamaru. — murmuró queriendo creer en la resolución de sus palabras, pero un deje de duda cruzó sobre sus ojos y Shikamaru se sintió un poco mal por ser quien le abriera los ojos. Pero era su amigo, no podía dejar pasar la posibilidad de advertirle, por mínima que fuera.

— Bueno, entonces tendrás que hacer muchos méritos para que Sasuke se enamore de ti. He escuchado por ahí que es bastante arisco y selecto con sus parejas. — picó, con un tono divertido en su voz, tratando de desviar el tema de la conversación. Al parecer funcionó, porque Naruto volvió a recobrar su buen humor y su semblante feliz.

— Lo sé. Sasuke es un hombre astuto, pero yo lo soy más. Nadie se le escapa a Naruto Uzumaki, y ese gatito no será la excepción.

— Sí, en eso tienes razón. Por algo te dicen el zorro.

Naruto se carcajeó.

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¿Y bien? Si les ha gustado, no duden en comentar, ponerme en favoritos, seguir la historia, etc. También estaré compartiéndola en wattpad, sin embargo soy de la vieja escuela y aún me cuesta un poco entenderle a la plataforma.

Espero que estén bien, nos vemos en la actualización

¡Besos!