Hana Yori Dango no me pertenece
Saturno
Ambos eran seres de Saturno. Ellos estaban destinados a estar juntos. Doumyouji Tsukasa se había ganado el corazón de Makino Tsukushi con mucho esfuerzo. Habían atravesado muchísimos problemas en el camino, pero el amor todo lo puede, ellos lo sabían bien.
Por ello, a un año de su boda, regresaron a aquella isla en donde su amor superó la más grande prueba. Ahora ese era su lugar sagrado. Solos ellos dos entre el mar la naturaleza.
Makino le había dicho al atardecer que un bebé venía en camino. ¿Acaso podía estar más feliz? Tenía al amor de su vida a su lado y el fruto de su amor llegaría pronto.
Sentados a la orilla del mar veían las estrellas. Doumyouji había llevado un telescopio para encontrar a Saturno y así lo hizo.
—¡Lo tengo!
—Te tardaste mucho.
—¡Eso no es cierto!
—Sí, lo fue.
—Eso no importa, solo mira.
Acercó a su esposa al aparato para que pudiera admirar a aquel planeta de dónde provenían.
—Espero que él o ella igual sea de Saturno.
Ella rio ante la idea.
—Espero que sí lo sea, pero con unos padres como nosotros, seguro que sí lo será.
Makino enredó uno de sus dedos en los rizos de su esposo.
—En verdad espero que tenga el cabello rizado—mencionó.
—¡El cabello rizado es lo mejor! —festejó el joven Tsukasa.
Makino Tsukushi solo comenzó a reír. Su esposo era el mejor.
