En el año 2022 de nuestro Señor sigo todavía pensando en estos dos. A inicios del año pasado se me dio por escribir qué pasó desde que Mamoru y Haruka se volvieron a encontrar hasta que se casan ya que Takashige y Double-S no nos dieron NADA al respecto .-. así que aquí está mi versión cursi de cómo creo se fueron enamorando este par de tontos, ya que me niego a pensar que se casaron sin antes pasar un tiempo conociéndose más. Es un desastre pero comparto por si alguien necesitaba esto tanto como yo.

Este capítulo está escrito desde el punto de vista de Haruka, ocurre justo después que se encuentran nuevamente en Japón.


Apoyo mis manos en el lavabo e inclinándome hacia adelante respiro profundamente por un par de segundos. Luego me incorporo y me retiro la peluca, seguida de la malla que esconde mi cabello, y uno a uno remuevo los ganchos que mantienen mi cabellera en su lugar. Aprovecho lo rutinario de este proceso para tratar de calmarme un poco. A pesar de que sabía desde hace unas semanas que se acercaba el día de nuestro reencuentro, a pesar de que esta mañana tuve una visión que me dio certeza que sería hoy, y a pesar de que traté de comportarme lo más madura y compuesta posible, después que cruzamos dos palabras no pude evitar emocionarme y empezar a llorar. Sí, a llorar, como una niña. Me tomo el rostro con molestia recordando mis balbuceos mientras trataba de contener las lágrimas, el abrazo torpe que le di a Mamoru y su risa que solo me hace pensar que estaba esperando que tal cosa sucediera. Miro al espejo mientras me peino y acomodo el cabello. Mamoru Hijikata, el samurai que dio todo de sí para protegerme y darme una vida normal había regresado a mi lado, y a pesar de que nunca dudé que lo haría, verlo hacerse realidad hacía que se me desbordaran los sentimientos. Vuelvo a respirar profundamente, debo calmarme y demostrarle que ya no soy una niña de 13 años. Salgo finalmente del baño hacia la sala de mi apartamento, Mamoru está de pie mirando hacia afuera a través de la ventana.

-¿Estás viviendo sola? -Me pregunta cuando siente que estoy suficientemente cerca, pero no voltea a verme, parece estar analizando algo afuera.

-Sí, hace un año que vivo acá sola.

-Parece un vecindario solitario.

-Serena-san viene varias veces por semana. -Le respondo por si acaso eso lo tranquilice. -¿Dónde te estás quedando? -Él entonces voltea a verme inexpresivo.

-Me reporté esta mañana que llegué con Daiba y me asignaron una casa donde hay otros miembros. Igawa por esta ocasión está donde sus padres, ya que llevábamos varios años mayormente por fuera creo que quiere tomar un descanso. -Noto que seguimos de pie y lo invito a sentarse con un gesto que él obedece, y posteriormente me siento a su lado dejando una distancia entre los dos. Mamoru me observa de forma penetrante, como si me analizara y trato de respirar con tranquilidad para ocultar el nerviosismo que me causa observar sus ojos detrás de los lentes. Mamoru suspira finalmente y recuesta la cabeza en el mueble para mirar hacia el techo, acomodando su cuerpo sobre el mismo para quedar más recostado. -Pensé que en 7 años estarías más alta. -Dice y sonríe levemente. Yo suspiro con molestia.

-Se hizo lo que se pudo. -Respondo y me miro las manos. El silencio invade la habitación en la que nos encontramos, pero por alguna razón no es un silencio incómodo, más bien es un instante necesario para sentir que estamos allí, los dos, juntos nuevamente.

-¿Cómo has estado? -Su voz me libra de la distracción e inhalo profundamente antes de responder.

-Son siete años de historias, ¿estás listo? Puede que no termine hoy. -Él me mira de reojo sonriendo y con un ademán me indica que continúe.

Logro relatarle solamente lo ocurrido hasta un año después que se fue antes de recordar que se acerca la hora de la cena. Le sigo explicando los avances que ha tenido la nación de Galboa mientras camino a la cocina, pero él se levanta y me sigue. Yo me detengo y volteo a verlo, él se sienta en la mesa auxiliar de la cocina sin dar explicaciones.

-¿Y entonces? -Pregunta. Y después de amarrarme el delantal sigo hablando.

-Genie está haciendo un trabajo estupendo, realmente ha hecho un esfuerzo para reunirse con las diferentes tribus y generar políticas benéficas para todos. No ha sido fácil, por supuesto, pero con el tiempo ha sido mucho lo que se ha avanzado. -Abro la nevera y empiezo a sacar los ingredientes para la cena, colocándolos sobre el mesón, y en breves minutos empiezo con las preparaciones previas, sin dejar de contarle a Mamoru el detalle de lo que he estado haciendo en su ausencia.

-Haruka. -Oírlo mencionar mi nombre por primera vez en tantos años me hace perder la concentración por un momento en el que casi dejo caer uno de los platos que acababa de sacar para empezar a servir.

-Eh…¿Sí...Ma...Mam...? -Por alguna razón se me dificulta decir su nombre y la expectativa con la que él parece esperar que lo diga no hacen más fáciles mis intentos. -¿Sí, Mamoru-san? -Él sonríe con cierta burla.

-¿Dónde está el baño? -Pregunta después de levantarse y yo le señalo.

-La segunda puerta del lado izquierdo.

La cena transcurre con tranquilidad, como lentamente, concentrada en las expresiones de Mamoru, quien no tiene reparos en demostrar que está disfrutando la comida.

-De alguna forma pareces haber mejorado. -Dice entre mordiscos y yo me río con el corazón orgulloso.

-Ha de ser la nostalgia. -Respondo ocultando mi expresión mientras acerco algo de arroz a mi boca y lo veo sonreír con sinceridad.

-Ha de ser. -Dice finalmente.

No alcanza un día, ni una semana, ni siquiera un mes para ponernos al día, y entre tantos encuentros dedicados casi por completo a detallar los pormenores de nuestras vidas por separado, el ambiente entre los dos se aligera, hasta el punto que ya nos sentimos en confianza de cuestionarnos el uno al otro respecto a nuestras decisiones pasadas. Mamoru se mostró especialmente ofendido cuando le conté que había dejado de lado la espada y había seguido las instrucciones de Juliet y Ash para especializarme en las armas de fuego. "Más te vale que eso cambie pronto" me dijo señalándome con un dedo mientras comíamos una pizza en mi casa "...o sino", pero nunca terminó la frase, y sabiendo que yo tenía idea de lo que quería mencionar trató luego de cambiar el tema con rapidez. Sí, ya habían pasado dos meses desde que Mamoru había regresado, dos meses de salidas incluyendo a Igawa, Serena y otros miembros de Elements Network, pero pese a nuestro primer encuentro donde con arrogancia y seguridad habíamos evocado las promesas del pasado, no habíamos vuelto a mencionar nada de nosotros y nuestro matrimonio pronosticado desde mi infancia. Se notaba que Mamoru quería tomarse las cosas con calma, sin presiones, y que todo fluyera como debía hacerlo, y yo le agradecía porque quería lo mismo; pero en el fondo de mi mente me atormentaba la idea que nunca pudiese verme como mujer y simplemente estuviese evitando el tema al serle tan evidente que en sus ojos seguía siendo la niña de 13 que había salvado. ¿Qué tal que en estos siete años de separación se hubiese arrepentido de acceder a mi propuesta? A pesar que frente a él podía manejar mis emociones, estando de noche recostada en mi cama, me carcomían las dudas. Siempre me dije que cuando lo volviera a ver haría frente a mis sentimientos sin ningún tipo de miedo o prevención, y así como en la adolescencia de forma natural me había cautivado todo lo que él era, también aceptaría con naturalidad mis sentimientos hacia él en el presente. Y fue así como más allá de los nervios iniciales habíamos caído nuevamente en nuestro ritmo, en nuestra forma propia de tratarnos y entendernos, y reencontrarme con él había terminado por darle nueva vida a todo lo que sentía por él, seguía embobándome al verlo, sonriendo, serio o molesto, se seguía viendo como el hombre más hermoso e irresistible del mundo. Y más allá de eso, seguía siendo él, la misma persona que siempre estuvo dispuesta a sacrificar su vida por mí y que con seguridad lo haría de nuevo. La pregunta era entonces, ¿qué estaba sintiendo él por mí?

Tras algunas noches intranquilas me convencí que la respuesta no vendría rápido ni fácilmente, por lo que me resigné a esperar, Mamoru nunca había sido alguien preocupado por complacer a los demás o alguien que hiciera algo que no quería, por lo que en caso existiera incomodidad de su parte me lo haría saber de forma clara en cuanto lo considerara. Me propuse entonces simplemente observarlo y estar a su lado, sin afanarlo a tomar una decisión; si finalmente iba a ser rechazada, no iba a apresurar que esto ocurriese.

Unos tres meses después de su retorno a Japón, Mamoru empezó a ocuparse cada vez más en las asignaciones que le hacía Daiba por lo que nuestros encuentros se hicieron menos frecuentes, y esto, sumado a la programación de mis exámenes finales, no dejaba tampoco mucho tiempo libre de mi parte. Una vez finalizado el semestre, Mamoru me llamó para acordar que nos veríamos el domingo siguiente para comer por fuera, y de allí hasta el día acordado me concentré en escoger el mejor lugar posible y en definir el atuendo perfecto para lo que podría ser nuestra primera cita.

Una vez llegada la fecha, me terminé decidiendo por unos tenis cómodos y no por las plataformas que había contemplado para impresionarlo y que no serían muy prácticas teniendo en cuenta que estaríamos caminando de aquí a allá. Aparte de eso decidí vestir un vestido ceñido con mangas, una chaqueta corta que me protegiera del frío y unas medias veladas para cubrir mis piernas. Apenas escuché el timbre, que anunciaba la llegada de Mamoru, me levanté presurosa y salí, no sin antes mirarme por última vez en el espejo. Al salir me encontré con un Mamoru que de forma muy característica vestía una chaqueta de cuero, jeans y tenis, pero esta vez estaba usando bajo su chaqueta un ceñido y hermoso abrigo tejido de color azul oscuro, su cabello lucía más ordenado y peinado que de costumbre, y su esfuerzo por verse bien para verme me emocionó profundamente. Él se limitó a mirarme sin decir palabra, mientras esperaba que terminara de salir y cerrara la puerta. Una vez estando lado a lado, le sonreí.

-Hola, Mamoru-san. -Él sonrió levemente y poniendo su mano sobre mi hombro simplemente respondió:

-Vamos.

La idea era caminar hasta unos cafés cerca donde pudiésemos probar algunos postres que estaba convencida le gustarían, luego de eso caminaríamos un poco más hasta un parque para tomar algo de aire fresco, y allí mismo se estaría presentado una banda de rock ligero. Me sorprendió que Mamoru quisiese andar todo el camino con su mano sobre mi hombro como si realmente no pudiese ver nada, siendo muy claro para mí que hace años ya Igawa había desarrollado un equipo portátil que Mamoru siempre cargaba consigo y que le permitía ver con suficiente claridad para no necesitar estar cerca de la van, esto hacía que el movimiento de su bastón sobre el suelo fuese prácticamente rítmico y no realmente necesario, pero me limité a disfrutar la sensación familiar de caminar así por las calles.

Una vez llegamos al primer café, Mamoru inhaló profundamente y sonrió sin reparos, y después que nos sentamos tuve que detenerlo para que no pidiese en exceso, indicándole que teníamos todavía otros dos sitios que visitar. Ya resignado, se decidió por una rebanada de tiramisú mientras que yo pedí un red velvet. Seguimos hablando por un rato hasta que llegó nuestro pedido, después de lo cual cada uno nos concentramos en nuestro plato por un momento. Acababa de cortar un pedazo y me disponía a comerlo cuando me di cuenta que Mamoru me estaba mirando, me detuve en mi maniobra para tratar de entender qué quería, mientras veía sus ojos moverse entre mi rostro y mi postre.

-¿Quieres probar? -Le pregunté dubitativa, y él se limitó a abrir la boca esperando el bocado, y aunque me puso algo nerviosa, rápidamente le di de comer el pedazo que había partido. Él lo masticó sin dejar de mirarme.

-Está rico. -Me dijo y yo me limité a asentir y a seguir comiendo.

La escena se repitió en los siguientes dos cafés, por lo que el samurai se aseguró de probar todos y cada uno de los postres que ordenamos. Ya estando lo suficientemente satisfechos por el momento y habiendo empezado Mamoru un monólogo acerca de la superioridad de la espada sobre cualquier otra arma, nos encaminamos hacia el parque, no sintiéndose pesado el camino ni la compañía, y en poco tiempo se empezó a percibir el aire fresco que brotaba de los árboles. Le dimos algunas vueltas al parque, nos sentamos a hablar en una banca, y luego volvimos a levantarnos para seguir caminando. Habiendo pasado algo de tiempo, nos acercamos a la plaza donde ya empezaban a organizarse los músicos, y estando a una distancia suficiente nos sentamos a esperar. La música estuvo estupenda y el grupo lleno de energía; y mientras anochecía y la temperatura bajaba, mi corazón se llenaba de calor al ver a Mamoru tan claramente cómodo y feliz de estar allí conmigo.

Pero por supuesto el día no podía terminar en un tono normal, mientras caminábamos ya de regreso, un poco más juntos a causa del frío, de repente escuchamos el grito de una mujer. De inmediato nos miramos y corrimos lo más silenciosamente posible hasta la fuente del sonido, y desde las sombras divisamos a un hombre que tenía contra el suelo a una mujer mientras la amenazaba con un cuchillo. La reacción natural de Mamoru fue ponerse delante mío para intervenir, pero deteniéndolo en su maniobra me señalé el pecho para indicarle que yo me encargaría. Él pareció dudar por un momento, pero luego asintió para dejarme continuar. Teniendo en cuenta la cercanía del hombre hacia su víctima, lo primordial era separarlos cuanto antes, por lo que cuando estuve lo suficientemente cerca, dije en voz alta: -¡¿Qué crees qué haces?! -El tiempo que le tomó al criminal darse vuelta fue el mismo que me tomó levantar mi pierna y propinarle una fuerte patada que lo dejó inconsciente contra la pared del callejón. Voltee a mirar a Mamoru, y pese a que no podía distinguirlo mucho en la oscuridad, le indiqué con un gesto que llamara a la policía. La mujer se levantó del suelo asustada y llorando, y después de calmarla un poco la llevamos hasta el lugar público más cercano mientras esperaba a la policía. Seguimos nuestro camino sin más y una vez alcanzamos un lugar con suficiente luz, pude divisar que Mamoru estaba sonriendo complacido.

-Tenía que pasar algo así. -Dije con frustración. -Las cosas ya iban muy normales para tratarse de nosotros. -Agregué, Mamoru se rió levemente y sin yo esperarlo, entrelazó sus dedos con los míos para continuar el resto del camino así.

Esta breve experiencia con el crimen nos llevó a decidir que estando ahora mismo de vacaciones, podía, ciertas noches, acompañarlos a él y a Igawa en las patrullas nocturnas. Esto resultó tal vez más benéfico para mí que para él, ya que pude pasar mucho tiempo con Igawa quien orgulloso que me hubiese decidido por las Ciencias Computacionales, no desperdiciaba oportunidad para enseñarme, y pareciendo entender que mi decisión estaba relacionada con mi deseo de apoyar a Mamoru integralmente, ponía especial interés y detalle en explicarme todo lo relacionado al sistema que proyectaba imágenes en sus lentes. Igawa había logrado, admirablemente y con mucho esfuerzo, finalizar su doctorado virtual en medio de los diferentes campos de batalla en los que había acompañado a Mamoru a través de los últimos años, y los proyectos que había desarrollado en solitario estaban siendo evaluados para pronta implementación en Elements Network. Así que por supuesto, estaba dispuesta a aprender todo lo necesario para que las habilidades de Igawa fuesen lo mejor utilizadas posibles y darle algo de respiro de tantas noches en vela. Hacer parte de la misiones había permitido que pudiese ver un poco más allá de lo que estaba ocurriendo y con pistas que me daban mis premoniciones pudimos encontrar y desbandar una pequeña organización criminal en formación; lo cual terminó convenciendo a Mamoru de que podía acompañarlos más seguido, e incluso varias veces me permitió acompañarlo a pie, dibujándose en su rostro una sonrisa cada vez que me veía aplicar alguna forma de violencia contra los agresores.