La multitud se agita al ritmo de la música, frotando sus cuerpos sin pudor. Shōyō veía a mucha gente haciéndolo, le ponía inquieto pero no pudo negar que le agradaba envolverse en ese aire lujurioso que emanaba y dejarse llevar al respirar la pasión que perdió. Lo había visto todo de cualquier modo. Las luces púrpuras que revoloteaban por el recinto cohibieron sus sentidos cuanto más se sumergía en el ambiente desenfrenado.
Caminaba como si fuese el único superviviente en el lugar, y el mar de gente parecía abrirle el paso.
Las hermosas mujeres, deseosas hasta un punto grave, le dedican guiños al relamerse los labios. Trataban de acaparar la atención de Shoyo moviendo sus caderas y realzando sus curvas. Él entre trompicones llegó a la barra, y decidió pedir lo que mejor conviniera para acallar lo que su interior quería seguir recordando. Su voz era somnolienta, ronca o más bien mitigada por el alcohol y píldoras de la felicidad. Después se quebrantaba y se volvía titubeante con cada palabra y lágrima derramada.
Shoyo aflojó el nudo de su corbata con un jadeo suave y dio el primer trago a su bebida. Continuó aunque su garganta ardiera. Continuó, incluso si alguien ya había invadido su espacio. La miró con desdén porque un fuerte malestar en el estómago ascendió a su pecho; decidió reprimir la sensación cuando la rubia frente a él frotaba su entrepierna y hacía doler su erección necesitada.
El coqueteo lascivo siguió hasta la zona de juego donde pasaron el tiempo. La chica profería gemidos descontrolados con cada embestida que Shoyo le proporcionaba, la hacía sentir viva y no lo discutía mientras sus piernas se aferraban a las caderas del muchacho, besándose entre profusos jadeos con un sexo rápido y sucio. Hinata no pensaba con lucidez, pero sabía que su fragilidad se había marchado, que se volvió alguien tonto y fácil al buscar ser amado como lo fue en el pasado.
Entonces murmuró su nombre, con un gruñido cuando su orgasmo llegó.
¡Atsumu-san!
Septiembre de 2020
Ámsterdam, Países Bajos
Shoyo se irguió sobresaltado al escuchar el insistente tono de alarma. Sus ojos abiertos de par en par, su pecho contrayéndose con la respiración agitada y la sábana cubriendo sus zonas vulnerables. Aún con pereza y entre quejidos se sentó al pie de la cama y frotó su cara con ambas manos después de dar un largo bostezo.
Un baño. La urgencia de una ducha era extrema. Pero los quejidos que provenían detrás de él le hicieron voltear: una mujer pelirroja se removía en su cama bajo las sábanas, y Hinata no tenía claro lo que había ocurrido la noche anterior.
Cautelosamente se alejó directo al cuarto de baño y observó en el espejo lo espantoso que era despertar después de una noche de fiesta. Pasó media hora en la tina con agua caliente y al salir se colocó unos jeans oscuros y una remera blanca con el símbolo de una banda inglesa. Con una mano secaba su cabello con la habitual toalla e introdujo dos rebanadas de pan al tostador. Los segundos se cuentan, luego el pan salta mientras humea. Shoyo tomó el control remoto de la televisión y la encendió. Untó mantequilla en el pan integral y lo humedeció con leche.
Eran las cinco con doce minutos, podía verlo claramente en una esquina de la televisión. Sintoniza el noticiero, como cada lunes. La programación habitual: el clima, espectáculos, deportes, finanzas y tragedias alrededor del mundo; a Shoyo le parecía aburrido últimamente. Pero meses atrás se vio envuelto en un mar de emociones, cuando se informó a nivel mundial que uno de los empresarios multimillonarios del primer mundo había fallecido. Lo habían asesinado en su propia vivienda, mientras dormía junto a su esposa y teniendo la habitación de sus hijos a dos pasos.
En realidad, no revelaron el nombre de los involucrados, pero, aquello no había sido lo más interesante de la inusual nota; sino lo que verdaderamente fue impactante, fue descubrir la verdadera identidad de la víctima. Un brutal asesino en serie.
Uno que había terminado con la vida de más de treinta y cinco personas. Personas con relevancia al medio, o tal vez a su ojo crítico. Porque todo aquel que fue asesinado por su mano antes fue un asesino también; quizá un violador, un político corrupto, un secuestrador, incluso un pedófilo.
Recuerda haberse mareado al escuchar esa palabra.
Shoyo comenzó a ignorar la televisión cuando los infomerciales empezaron.
¿Ahora qué? Tengo que hacer que se vaya antes de que Yamaguchi despierte, sus pensamientos se enmarañaban con angustia, pues deshacerse de una visita inesperada no era tan fácil como creía.
Shoyo suspiró, dejando su intento de desayuno en la mesa.
Una notificación sonó y decidió atenderla antes que todo. Múltiples mensajes y comentarios que tenían que ver con las fotografías que fueron posteadas en sus redes sociales el día de ayer, se acumulaban en la bandeja. Desvergonzadamente soltó una risilla al pasar el dedo por la pantalla, desplazando las notificaciones que mostraban los mensajes poco decorosos de varias mujeres que conoció en la fiesta de la noche anterior. Aunque no lo recordara claramente, sabía que sus recientes encuentros sexuales estaban relacionados con una o dos de ellas.
Shoyo se sintió bien por un momento, realizado hasta que volvió a su habitación. Su rostro se volvió sobrio en cuanto apagó el móvil y giró la cabeza en varias direcciones, observando las caóticas y desaliñadas condiciones en las que su habitación se encontraba. Es cuando la culpabilidad llega y lo despierta como agua helada recién vaciada sobre su cabeza desde un balde.
Tenía ropa arrojada por doquier, limpia y sucia mezcladas, bolsas de basura junto a la puerta, empaques de comida vacíos, botellas sin líquido alcohólico regadas sobre taburetes, algunos vidrios rotos arrinconados en una esquina y pequeños sobres plásticos donde venían sus ilegales compras.
Así también es como su vida se veía a los diecinueve años.
En medio de su recorrido, volvió a toparse con el agraciado cuerpo femenino que aún dormía tranquilamente bajo sus cobijas. Shoyo se sintió tan asqueado que incluso sus intestinos se retorcían pero, al mismo tiempo, admitía lo hermosa que la prostituta era. Shoyo se daba cuenta que esa repulsión era por sí mismo. Sin mucho que discutir se dirigió al cuarto de baño; frente al espejo arreglaba su cabello hasta conseguir que sus rebeldes mechones se apaciguaran en un solo lugar. No era difícil para él llamar la atención física, sobre todo considerando que se trataba de un estudiante extranjero y, a pesar de su edad, las mujeres mayores aparecían sobre él como moscas en la miel.
Shoyo lavaba sus dientes cuando la puerta se abrió detrás de él, miró de soslayo sin inmutarse: la fémina entró sobria, con una sonrisa ladina curvada en sus labios y cubriendo su cuerpo desnudo con la delgada sábana blanca. Su cabellera pelirroja estaba desaliñada y con notables nudos que probablemente serían difíciles de quitar. Volvió la vista al espejo, pero la chica quería su precisa atención; lo rodeó del torso con ambos brazos y recargó el mentón en el hombro ajeno. Hinata no prestaba interés en ella, no hasta que sintió unos delgados y suaves dedos masajeando su abdomen.
一Quien dice que los japoneses la tienen corta 一la chica introdujo la mano dentro de los jeans y ropa interior de Shoyo, acariciando su miembro provocativamente一, es porque no ha estado con uno.
Shoyo respingó y se apartó de inmediato, la acción y su fluida pronunciación del inglés a pesar de ser neerlandesa, fueron suficientes para él.
一No puedo pagarte más 一un tanto avergonzado, Shoyo emitió las palabras.
一Te lo dejaré como cortesía.
一¡No! Será mejor que te vistas.
Shoyo la tomó de la mano, saliendo ambos del cuarto de baño. Buscó su ropa y la devolvió completa. La prostituta, vistiéndose, miraba la inquietud de Shoyo con un pequeño tic en el dedo índice: no lo podía dejar de flexionar.
一¿Te encuentras bien? 一preguntó la pelirroja.
Shoyo dejó de hacer guardia en la puerta y se volvió hacia ella.
一S-Sí, sólo necesito que te apresures 一junto sus manos al frente, suplicando con el gesto.
La chica tomó el pequeño bolso de cuero que le pertenecía y se encaminó a la salida de la habitación con pasos lentos.
一Espero podamos repetirlo algún otro día.
Shoyo no logró apartarse de inmediato. La pelirroja lo aprisionó de espaldas contra la puerta y lo abrazó fervientemente para plantarle un beso en los labios. Shoyo ya estaba sobrio y el asunto se tornó incómodo. Tener tan cerca a una mujer y compartir caricias de ese talle, ya no le afectaba en lo más mínimo. Su libido se mantenía en su lugar sin excusas. Shoyo agrandó los ojos cuando vio la hora marcada en el reloj de aguja e instantáneamente se alejó.
一Tienes que irte ya, lo siento.
一¿Pasa algo malo?
一¡Sí!
Yamaguchi ya debe estar despierto. No puede encontrarla aquí, no puede.
Shoyo empujaba con delicadeza a la prostituta hacia la salida del departamento. Ella tropezaba de vez en cuando gracias a los tacones altos.
一¿Tienes alguna emergencia?
一¿Qué? ¡No! Sólo se trata de alguien.
一¿Tu novia?
一Es algo peor 一a Shoyo le temblaban las piernas tan sólo de recordar las severas palabras de su amigo y compañero de cuarto.
一¿Estás casado? 一La prostituta se desilusionó por un momento.
一¡Créeme, no se compara!
Shoyo cerró la puerta de golpe cuando la pelirroja se había marchado. Alivió era poco comparado con lo que sintió, pero después el alma se le cayó a los pies.
一¿No hablamos la última vez que algo como esto ocurrió?
El tic de su dedo índice regresó.
Yamaguchi se encontraba en el comedor, bebiendo café negro; Shoyo sabía lo que significaba: no había podido dormir. El pecoso tenía una cara de pocos amigos con sus finos labios fruncidos en son de desaprobación. A Shoyo se le revolvió el estómago pero no tenía ninguna ventaja para escapar.
Yamaguchi era una gran persona y un buen amigo, su único amigo en realidad y le había prometido no volver a sus andadas de gigoló; sin embargo, aquello ya no tenía ningún valor. Shoyo agachó la cabeza, dispuesto a disculparse.
一Yamaguchi-kun, lo-...
一Hinata 一habló Yamaguchi. Shoyo levantó la cabeza, encontrándose con que su amigo sonreía no tan expresivamente, pero la amabilidad que lo distinguía era inigualable一, si conoces lo mal que el alcohol te pone, no deberías tomarlo más 一su voz estaba inundada por la comprensividad.
一Una vez que te acostumbras... no puedes parar 一Shoyo volvió a agachar la cabeza, consternado.
Shoyo había comenzado a beber desde los catorce años. Yamaguchi conocía el pasado de su amigo al pie de la letra, sin más ni menos. Seguía doliendo como la primera vez, el ser consciente que las adicciones y sus hábitos fueron causados de una manera atroz para con un menor de edad, le estrujaba el corazón.
一¿Ya desayunaste? 一preguntó Yamaguchi, con sonrisa atenta.
一Lo intenté.
Shoyo pasó su mirada hacia la ventana, donde la transparente cortina le brindaba la vista hacia la calle. Había comenzado a llover, las gotas descendían por el opaco cristal.
一Cielos, pronto empezará a gotear 一se quejó el pecoso, dejando su taza de café por un lado.
一Yo iré.
Se encaminó a otra habitación para traer un balde y colocarlo en el punto fijo. Shoyo levantó la mirada, observando las grietas del techo y como las gotas comenzaron a caer en el recipiente.
一Muy aparte de lo que nosotros podamos hacer 一prosiguió su amigo, apresurado por mover sus planos a un lugar que no estuviera humedeciendose一, el mantenimiento de este lugar es un desastre. Ah, por cierto 一Shoyo prestó atención一, un amigo pasará por mi, ¿te gustaría que te llevemos?
A Shouyou se le iluminó el semblante, y asintió una sola vez.
一De todas formas... lo siento, de nuevo 一dijo, antes de pasar a su habitación.
一No tiene mucho caso que te disculpes si lo harás otra vez.
一Pero 一Yamaguchi le miró一, siento que al menos minimiza la culpabilidad de hoy.
Y con eso se acercó a su armario, sacando el primer abrigo que encontró junto a una bufanda verde que acomodó con esmero alrededor de su cuello. Tomó el paraguas, su mochila y cargó las bolsas de basura por el nudo al cerrar la puerta bajo llave tras salir.
El corredor se miraba oscuro, tal vez era una desventaja del día lluvioso... o quizás era la manera en que Shoyo veía la vida.
Ambos descendieron por las escaleras en lugar del ascensor, los espacios cerrados hasta ese tamaño le causaban un profundo pánico a Shoyo desde que tuvo memoria. Probablemente se debía a sus traumas de la infancia, pero el resto de sus conocidos se cuestionaban las razones por las que su hermana no padecía lo mismo. Muchos asumieron que fingía para recibir atención innecesaria; sin embargo, era un hecho que lo que Shoyo más deseaba era pasar desapercibido.
Shoyo no era brillante en seleccionar amistades. La desventaja de relacionarse con personas de su edad era inmensa dadas las circunstancias, como las limitaciones de su curso estudiantil y haber pasado tres años decidiendo lo que pretendía hacer con su vida. Aunque la mayoría de aquellos individuos pertenecían a su mismo mundo. El mundo donde eran conscientes de su propia destrucción, pero donde de todas formas disfrutaban el día a día sin remordimientos.
Miente.
Sabe que ese no es su caso. Los remordimientos llegan y hacen que sus sentidos se nublen y sus intestinos se tuerzan.
Shoyo prefería caminar hacia la universidad siguiendo las líneas del metro para acortar su destino y evitar viajar en el transporte público. Pero aquella mañana miraba la ciudad por la ventanilla del auto, en los asientos traseros mientras la conversación de Yamaguchi y su amigo de la academia subía de intensidad.
Las risas de los individuos de enfrente no minimizaron la situación que Shoyo podía ver. Vivía junto a un hospital y todos los días caminaba frente a sus ventanas enfermizas. Veía a gente muriendo en aquel desdichado lugar, pero su tierna edad hacía que fuera difícil importarle.
Shoyo estudiaba en la Facultad de Derecho en la Universidad Pública de Ámsterdam. Se había mudado a la Capital del Reino de los Países Bajos; huyendo de las miradas, el acoso y la manía de ser señalado. Años duros y de encierro forzado. Y ahora su melliza y mitad de alma no estaba ahí para acompañarlo. Natsu, para desgracia de Shoyo, fue la descendiente elegida por sus padres. Y aunque concurrentemente fueran comparados incluso por su familia, Shoyo era feliz por los logros de Natsu.
一¡Hinata! 一gritaron detrás de él.
Shoyo retiró sólo uno de los auriculares y volteó hacia el sonido, encontrándose con uno de sus conocidos.
一James 一Shoyo se miraba más tranquilo. El tipo era un tanto más alto, castaño y de ojos verdes oliva, tenía veintitrés años; aunque a simple vista parecía un chico común y corriente, hablamos de todo un pervertido con un pasatiempo peculiar: coleccionar encendedores一. ¿Qué quieres?
一Primero que nada, buenos días -su saludo terminó siendo una queja 一. Segundo, ¿qué tanto te queda de tus píldoras?
一Olvídalo 一murmuró Shoyo, metiendo las manos a los bolsillos de su abrigo 一. Estamos a punto de volver a iniciar las clases, ¿podrías controlarte hasta el fin de semana por lo menos?
一Tu abstinencia me conmueve, Hinata 一James palmeó la espalda ajena, y ambos continuaron su paso一. A propósito, ¿ya lo pensaste mejor?
一¿De qué hablas? 一Shoyo enarcó una ceja.
一Nuestra visita al Rosse Buurt -dijo en voz baja一. Jackson nos conseguiría mejores entradas, llamémoslo así.
一Dudo que haya suficiente tiempo para esa clase de visitas, al menos ahora que iniciamos la primera semana con exámenes parciales 一Shoyo removió un afiche que estaba en el tablero de la entrada principal, en el primer edificio de la universidad.
一¿Qué? ¿Me estás...?
一¿Qué? ¿No? Míralo por ti mismo 一ostentando una sonrisa pícara, mostró el documento impreso con un horario detallado 一. Será toda la universidad por igual.
一Parece una mejor forma de terminar la semana 一James esbozó una sonrisa ladina, mitigando el malestar de las nuevas noticias.
一Olvídalo 一Shoyo continuó su camino por el pasillo central.
一Ah, vamos, ¿acaso las prostitutas te asustan?
El menor apretó los puños hasta el punto de poner blancos sus nudillos. James no le otorgaba el mínimo respeto como persona, no pretendía devolver lo que no recibía.
一Son mujeres después de todo, ¿no? Así que no noto la diferencia entre ellas y cualquier chica de la clase a la que le pregunte si quiere acostarse conmigo 一se encogió de hombros, ladeando un poco la cabeza一. Oh, no, espera, claro que existe una diferencia: evitar malgastar mi dinero. ¿Lo entiendes? Es ridículo.
一Te aconsejo que lo pienses mejor 一dijo James, con una sonrisa poco confiable curvada en su boca一. Esas mujeres son muchísimo más experimentadas que las niñas con las que sueles relacionarte.
一¿Te consta? 一inquirió Shoyo, arqueando una ceja.
一Simplemente no lo dudo 一El castaño se encogió de hombros.
Shoyo continuó con aquel semblante irritado, tan serio que ni una mosca podría perturbarlo y es que los piquetes en la sien estaban por matarlo internamente; pero su resaca no era el principal motivo para su malhumor, o al menos la razón para seguir negándose a participar en una situación de ese grado, como lo era visitar un prostíbulo especial.
La realidad era que desde hace tiempo las mujeres no lo satisfacían como debería. El deseo por el cuerpo femenino poco a poco se volvía nulo y, por más que intentara rechazarlas, no era un patán cómo para romperles las ilusiones.
Podía ser sincero, ya no le atraían como en su época de preparatoria, pero tampoco estaba lo suficientemente seguro como para saber qué clase de gustos eran los preferentes ahora.
一¡Hey! 一desde lejos se acercó un alto chico de cabello oscuro y ojos color avellana, quien pronto se unió 一. ¿Qué tal el último fin de semana?
一Pudo ser mejor 一respondió James, colocándose su gafete.
一Normal 一le siguió Shoyo, quien repitió la acción de James.
一¿Normal? 一vaciló el tercero一. Para ti dudo que haya sido de todo, menos normal.
一¿D-De qué hablas? 一el menor respingó.
Jackson mostró en su móvil una fotografía de Shoyo: tenía sobre puesta ropa interior femenina, lencería carmesí de encaje mientras sostenía una botella de champagne en lo alto con brío y estaba sentado encima de la mesa, cruzado de piernas en una pose bastante sensual. A Shoyo se le caía la cara de vergüenza, exponencialmente sonrojado. James se carcajeaba a su lado.
El trío entró en la cafetería después de calmar las aguas. Esta los recibió abarrotada de ruido, demasiado barullo; desde risas hasta insultos mezclados entre murmullos sonoros. James buscó rápidamente una mesa libre, y Jackson y Shoyo se adelantaron a la barra de alimentos.
一¿Por qué sigues haciendo eso? 一James continuaba extrañado por los hábitos de Hinata.
一¿Haciendo qué? 一El muchacho no le miró, continuó con su atención en el plato mientras convertía los trozos cúbicos de sandía en una papilla con semillas.
一¿Eres demasiado holgazán cómo para masticarla?
Jackson dejó su dona a medio comer, observando en silencio y de soslayo como Shoyo se detuvo y sus ojos viajaron desde su plato al chico frente a él. Ambos lo sabían. Los dos eran conscientes cuán doble cara llegaba a ser su amigo. Y ahí estaba, la puta hostilidad desgraciando el almuerzo. Incluso se sentía como si toda la cafetería se hubiera inundado de silencio por completo.
一Quizás lo soy 一Shoyo dejó descansar el ceño que frunció 一. Pero eso debe importarte una mierda, ¿sabes?
一Humm 一James introdujo la cuchara llena de pudín en su boca, saboreándolo con descaro.
También lo sabía.
Shoyo no ingería ningún tipo de comida sólida; todo aquello debía tener una consistencia pastosa, debía ser fácil de tragar, sin masticar. Y de ello muchos se aprovechaban para fastidiarlo, exceptuando a Jackson. Él estaba enterado de hasta el más mínimo detalle del padecimiento de su amigo, la fagofobia no le parecía un juego o algo que estuviese permitido usarse en bromas. Entonces con total seguridad palmeó con fuerza la espalda de James, causando que la cuchara cayera cerca de la bandeja de Shoyo.
一¿Cuál es tu problema? 一James era un quisquilloso de primera, estaban medianamente acostumbrados.
一Vamos, este lugar es mi escape de los problemas maritales de mis padres - suspiró Jackson con los ojos cerrados 一. Lee la atmósfera y no seas un estúpido sin causa, James.
Shoyo dio una arcada, frotando su cuello con una mano; presintiendo las náuseas no sólo podía recordar la acción de James con el pudín, sino la letalidad del pasado.
一Hey, Hinata 一el azabache llamó su atención, tratando de no escucharse preocupado 一. ¿Estás bien?
El menor bebió completamente el vaso de zumo que había traído, consiguiendo sentirse libre desde su esófago.
一Sí 一asintió, incorporándose de la banca con el vaso en mano 一. Sólo iré por más zumo.
Ambos jóvenes lo siguieron con la mirada hasta percatarse que se formó en la barra de alimentos. Ahí, Jackson decidió golpear el hombro de James, causando que este último se quejara con ganas.
一¿¡Qué mierda crees qué-!?
一Para con eso 一Jackson dejó en claro que no era una petición, sino una orden.
一¿De qué hablas? 一El castaño continuó disfrutando de sus alimentos 一. ¿Acaso necesita que lo defiendas? Sólo es menor por tres años, no nece-
一Escucha, por un momento deja de ser tan imbécil 一declaró Jackson, mirándole con desagrado al castaño一. Si buscas atención porqué tu madre prefirió abandonarte, búscala de otra manera, no aquí para usar en contra los problemas de otros 一La sonrisa burlona de James fue desapareciendo paulatinamente一. Yo tengo problemas, Hinata tiene problemas, tú tienes problemas, todo el mundo tiene problemas y créeme... dudo que estén desahogándose mientras le joden la existencia al resto. Habrá que ser muy hijo de puta para no querer darse cuenta o para creer que el universo gira alrededor de uno. No eres el único, James... no lo eres.
El castaño permaneció callado, no tenía una respuesta; al menos no una que fuera inteligente para combatir contra su argumento.
Shoyo salió de la fila caminando a un paso lo suficientemente lento como para no querer regresar a su mesa. De repente se detuvo a la mitad de la justa distancia entre la barra de alimentos, y donde la estancia de las bancas iniciaba. Su móvil emitía vibraciones y lo sacó del bolsillo de su abrigo. Su hermana estaba llamándolo. Shoyo contestó.
一¿Qué pasa?
—¿Estás bien? Te escuchas algo desganado —contestó Natsu desde el otro lado de la línea.
一Estoy bien 一mintió一. Sólo dime lo qué pasa, Nat.
—De acuerdo, de acuerdo. La verdad es que sólo necesitaba recordarte sobre el aniversario de nuestros padres.
Shoyo mordió su labio inferior.
一¿Y bien? ¿Qué necesitas que haga con eso? 一el fastidio en su voz era notorio.
—Sé cómo marcha tu situación con ellos, pero créeme cuando te digo que están pidiendo vernos a ambos.
一Es mentira 一protestó en voz baja.
—No, no lo es. Ten por seguro que esas fueron las palabras de nuestra madre. Además, la abuela asistirá y ella-...
一No puedo 一un hilo de voz salió, y después tragó saliva con esfuerzo.
—Iré hasta Ámsterdam por ti, no tendrás que-...
一No puedo y no quiero 一 cortó de tajo, frunciendo el ceño一. Sabes bien que te agradezco todo lo que has hecho y sigues haciendo por mí, pero por favor no ahora. ¡No ahora! No me pidas que vuelva a comenzar a cavar mi propia tumba.
—Sho-chan...
一No es que me vaya de maravilla, no es que cuente con un propósito más a parte de querer graduarme y devolver de forma apropiada todo lo que estuviste dispuesta a hacer por mí pero... Diablos. ¿Lo entiendes, cierto?
Pudo escuchar el suspiro de Natsu a través de la línea. Estaba cansada, no de las palabras de su hermano, sino de estar consciente cuánto daño y dolor abnegado se vio obligado a soportar no sólo por parte de sus padres, también de la sociedad entera que los tuvo en la mira después del incidente del secuestro.
—Lo entiendo.
一Lo lamento 一cabizbajo, Shoyo observaba temblar el líquido anaranjado en el vaso que sostenía.
—No tienes que disculparte o lamentarlo. Sé bien lo que sucede y que no debería ser así de impertinente o tratar de persuadirte para que lo hagas. Sólo quiero lo mejor para ti y que continúes en paz. Y sí lo mejor para que eso siga ocurriendo es que dejes a nuestros padres de lado, entonces eso también está bien para mí.
一Pero... no lo hagas tú 一comenzaba a sentirse atormentado, debía frenar esa inquietud.
—No lo haré.
一Saluda de mi parte a la abuela y... no dejes el sake cerca de ella.
Natsu dejó escapar una pequeña risa, y en Shoyo también se formó una sonrisa, quizás apenas perceptible pero su hermana era todo lo que tenía y con quien más contaba. Aquella que lo había sacado de su estancamiento, aquella que lo alejó de su propia soledad, aquella que se juró a sí misma llevarlo en la espalda si era necesario.
—Bien. Hasta luego, Sho-chan.
一Hasta luego, Nat.
Shoyo terminó la llamada y devolvió el móvil al bolsillo. Por un momento continuó de pie en aquel punto medio, y parecía como si fuese un alma perdida en un lugar en el que nadie lo notaba. Sólo entonces dio un sorbo al zumo y avanzó. Pero después sintió otra arcada que lo hizo detenerse, provocando el choque contra otro cuerpo.
Shoyo tuvo que levantar la mirada apagada que lo constituía en ese momento y, así, se encontró con un joven hombre de cabello rubio cenizo; tenía el ceño fruncido ligeramente, realzando sus oscuras cejas. Relataba una imponente presencia. Y su mascarilla blanca no le permitía ver la parte inferior de su rostro.
La penetrante mirada del hombre frente a él, sin una pizca de discordia, lo hizo sentirse expuesto sin consideración alguna. Shoyo dejó escapar un jadeo en voz baja, apenas una corriente de aliento pasando a través de sus labios.
Octubre de 2020
En compañía de James y Jackson, Shoyo recorría las calles del centro histórico de la ciudad cuando el reloj marcaba el pase de las 2 am. Se despedían de algunos conocidos luego de reunirse en un bar a la media noche. Aunque, todo gracias a James, los vetaron antes de culminar su sosegado festejo después de un primer largo mes del semestre. Simplemente intentaron liberar el estrés y desquitar las noches de insomnio con unas cervezas y una compañía divertida. Sin embargo, a James le pareció entretenido levantar la falda de una mesera, y por supuesto, un innecesario alboroto dio inicio. Así, el trío se dirigía a un nuevo destino siguiendo su puro instinto repleto de ebriedad.
O quizá no todos. Shoyo sentía el cuerpo caliente pero las manos frías. Sencillamente nervioso hasta que James, que caminaba tambaleándose a su lado, se dignó a hablar.
一Oh, por un momento olvidé que las traía conmigo. 一El castaño mostró en su mano lo que encontró dentro del bolsillo de sus jeans: un pequeño sobre transparente con píldoras de un color azul asemejado al cielo.
一¿Bromeas? 一del lado izquierdo, Jackson caminaba con las manos en los bolsillos, soltando hipidos一. ¡Estás ebrio hasta el culo! Y me niego a terminar en el hospital a esta hora. Mi padre me mataría antes de morir por mi cuenta gracias a eso.
一¡Ah, sólo es un juego de niños universitarios! 一dijo entre risillas, después dio un apretón al hombro de Shoyo一. ¿Qué hay de ti, Hinata? ¿Cómo te sientes?
一Caliente 一respondió, masajeando sus sienes.
一¡Oh, ¿puedes soportarlo?! Estamos por llegar.
一No me refiero a eso 一replicó一. Siento el cuerpo caliente, es todo. Quizás sea gripe. Pero 一ambos estudiantes a sus costados le miraron con interés一, tengo los pies en el suelo todavía.
James sonrió satisfecho y abrió el sobre. Jackson puso los ojos en blanco, frotando su cara con ambas manos para aligerar su vista nublada. Shoyo recibió la píldora de la felicidad, dudando un momento al sostenerla entre la punta de sus dedos frente a su rostro; pestañeó y la miró fijamente frunciendo el ceño.
一¿En serio? ¿Ni la mitad?
Shoyo desvió la mirada al ruido, donde James y Jackson también se detuvieron; el castaño le ofrecía al de cabellera oscura al menos la mitad de la píldora para que entrara en el mismo juego que ellos.
Entonces la introdujo en su boca y la saboreó un poco, disfrutando lo dulce que era y cómo su paladar se armonizaba con ella, pero era más bien parecida a una pastilla masticable. Le sorprendía que James lograra conseguir ese tipo de drogas tan refinadas. Al final, Jackson igualmente cedió y mascó la píldora con los ojos cerrados, honestamente estaba disfrutándola. Y a diferencia de ambos, James no poseía un autocontrol muy bueno. Incluso si había llegado a la reunión con una mínima dosis de la píldora de la felicidad en su sangre, no le impidió ingerir una más.
Sólo sobró una.
En silencio, los tres reanudaron su marcha siguiendo los faroles hacia una de las zonas más populares de la ciudad: El Barrio Rojo de Ámsterdam, denominado De Wallen en referencia a los muelles de dos canales que lo cruzaban. Es el más pintoresco barrio, de estrechísimos callejones y está teñido de luces color rojo que iluminan los locales donde se exhiben, en los escaparates que adornan sus calles, a las prostitutas que trabajan en esa zona de la ciudad.
El trío entró en Warmoesstraat, la calle más célebre del barrio; la misma estaba repleta de bares, gente, cerveza y alboroto.
Los universitarios sonreían extasiados, con el mágico polvillo diluido recorriendo sus vasos sanguíneos, tan eufóricos y con las pupilas dilatadas admirando a las bellas mujeres en lencería detrás de los cristales mientras se movían lenta y sensualmente, atrapando la atención de cada transeúnte que pasaba por el mismo camino.
Shoyo, sin duda, creía firmemente que sería una noche que cada vez que recordara, una boba sonrisa se curvaría en sus labios, pero no contó con que el efecto de la píldora se disolvería tan pronto. En ese momento esperaba sentado en un sofá individual de color blanco, recargado y con los brazos descansado sobre el respaldo. Una mujer morena de rizado cabello lo entretenía con un baile coreografiado con la canción de fondo.
Meet Me in the Middle sonaba a un bajo volumen para procurar la taciturnidad del lugar. La bailarina acariciaba su propio cuerpo con encanto, priorizando pasar las manos sobre sus senos y formando leves sonrisas pícaras en sus labios, creyendo que el joven al frente suyo estaba complacido con lo que veía. Sin embargo, Shoyo desviaba la mirada hacia otros rincones cuando la bailarina le daba la espalda en ocasiones. No se sentía atraído ni excitado, muchos menos igual de "caliente" que en un inicio, simplemente la temperatura de su cuerpo disminuyó y eso lo conllevo a sudar.
Tal vez, después de todo, sí se trataba de una gripe aproximándose.
Su expresión de fastidio desapareció por un momento cuando alguien a sus espaldas palmeó su hombro. Shoyo miró detrás de sí. Jackson le indicó con un ademán que podía dejar aquella sala compartida y pasar a la privada. El de cabellera oscura sonreía aunque sus ojos lucían cansados. Quizás el efecto de la píldora de la felicidad también se había disuelto, pero el sexo que le brindaron aún lograba mantenerlo en pie. Shoyo prestó atención: en la camisa de su amigo faltaba un botón, tenía algunas marcas rojas en el cuello y todavía acomodaba su chaqueta.
Shoyo realmente quería disfrutarlo tanto como su amigo, acabar extasiado y con ansias de más.
Era el lugar adecuado y la ocasión perfecta para averiguar de una vez por todas si la idea que rondaba en su cabeza era su nueva realidad, o un pensamiento más debido a la volatilidad de su edad y de su etapa académica; aquella transición de un adolescente a un adulto joven, mucho más después de conocer a ese encantador hombre de mascarilla blanca con el que no había podido lidiar tan fácilmente.
Shoyo dio un discreto choque de puños con Jackson, y se dirigió a la sala privada. El guardia, de una estatura más prolongada que la suya, lo detuvo en la entrada con amabilidad y le señaló un mostrador del otro lado. Shoyo no protestó y asintió agradeciendo. Al acercarse al lugar indicado, la mujer que se encontraba ahí le mostró un tablero con los precios y, después, el listado de las chicas disponibles. Ya que las noches de los fines de semana era cuando miles de personas, la mayoría curiosos, se paseaban tranquilamente entre los escaparates del distrito rojo.
Más que nada porque las entradas a esas calles estaban abiertas, de forma que podía acceder cualquier persona. Algo así cómo los vírgenes menores de edad.
Shoyo escogió a una caucásica pelirroja de veintisiete años de edad. Confiaba en que podría ser lo suficientemente experimentada pese a la diferencia entre sus edades. Pagó ciento sesenta dólares por cuarenta y cinco minutos, era más que suficiente.
Y así, cruzó la entrada de la habitación privada.
Julio de 2008
Una joven mujer de cabellera larga y castaña, llevaba puesto un delantal blanco sobre su vestido lila de tirantes gruesos, largo hasta sus tobillos. Estaba llena de harina por doquier y algunas pequeñas manchas adornaban la tela blanca de lo que protegía su vestimenta. La misma, preparaba pan casero, y éste a su vez, era su único apoyo. Se esmeraba en la masa, en los adornos, en los sabores; pero de vez en cuando prefería hacer daifukus para sus adorados mellizos.
Shoyo y Natsu, dos niños de siete años que corrían por todo el departamento. Su estancia era más libre que nada debido a la falta de amueblado. Sólo un sofá en la estrecha sala de estar, una mesa cerca y con tres sillas, un frigobar en lugar de una nevera normal, una habitación, una cama y un futón aparte, además de medio baño.
Mitsu, madre de los mellizos, suspiró pesadamente mientras, después de meter la última bandeja de pan del día al horno, frotaba su espalda con una mano para apaciguar el dolor. Se recargó con los brazos cruzados sobre la barra y agachó la cabeza hasta dejar reposar la frente sobre sus extremidades y, repentinamente, la electricidad falla, dejando a oscuras no sólo el departamento sino el edificio completo.
一¡Mamá! 一gritaron los mellizos desde la habitación.
一¡Esperen, no se muevan de ahí! 一pidió Mitsu en la cocina, buscando a tientas entre la oscuridad algunas velas que perfectamente sabía que guardó con anterioridad.
Los mellizos comían sus daifukus con medio vaso de leche cada uno, en la mesa de la cocina, con la luz de una vela y acompañados de su madre. Mitsu hacía algunas cuentas, anotando varias cantidades en una libreta mientras forzaba su vista a ir más allá en la oscuridad. Sin duda esos apagones en el edificio le costaban horas que podía usar para continuar elaborando reservas de pan o salir a vender el ya preparado.
Mitsu suspiró de nuevo, cubriendo su rostro con ambas manos. Y Shoyo dejó una cuarta parte de su daifuku en el plato, observando a su madre.
一Mamá 一llamó su atención, provocando que también Natsu dejara de comer.
一¿Sí? 一Mitsu le sonrió a su pequeño.
一No has comido nada desde ayer, ¿no tienes hambre ya? Yo la tendría.
Mitsu tragó saliva.
一Vamos, Sho-chan. Soy mamá, ¿lo olvidas? Siempre estoy bien.
Entonces Natsu dejó en su plato parte del daifuku que le quedaba por comer, y ambos arrastraron el plato por la mesa hasta el frente de su madre. Los oscuros ojos de Mitsu titilaban y se llenaron de lágrimas, notando que ambas partecitas del pan formaban la mitad de uno entero.
一Niños...
一¡Hoy cada quien sólo comerá la mitad! 一declaró Shoyo con los puños en la cadera一. ¿Verdad, Natsu?
一¡Así es, Sho-chan! 一Natsu asintió con los brazos cruzados一. Mamá trabaja mucho y los daifukus que prepara son muy sabrosos como para que ella no los coma también.
Luego chocaron los cinco.
La pequeña y rota familia Hinata residía en un doya-gai local en el barrio Kotobuki, encajado entre construcciones lujosas en el corazón de Yokohama, Japón. Éste se ubicaba cerca de un estadio de béisbol, un moderno centro de compras Motomachi y del barrio chino.
La electricidad volvió cerca de las cinco de la mañana, pero Mitsu decidió esperar una hora más para empezar su venta junto a los mellizos. Ella dormía en el futón y los pequeños en la cama. Al pasar el tiempo, la natural luz del sol podía verse intentando traspasar las cortinas de la habitación; así, Mitsu se levantó a darse un baño. Los mellizos fueron los siguientes, y sin algo en el estómago más que un vaso de agua, los tres salieron del departamento.
Debían bajar un largo camino de escalones metálicos, ya que vivían en el octavo piso. Al llegar al primero, Mitsu ató una cuerda a las muñecas de Shoyo y Natsu; los llevaba consigo de esa forma porque debía cargar con la caja de pan en el otro brazo y no podría sujetarlos directamente de las manos. Por supuesto era consciente de lo inquietos que sus hijos se volvían cuando salían fuera de casa. Sólo le gustaba ser precavida.
Mitsu acomodaba su modesto puesto afuera del estadio de béisbol, en la acera principal donde concurridamente mucha gente transitaba. Mientras tanto, los mellizos miraban el partido del día compartiendo el reducido espacio de una rendija rota en el muro.
Si bien, vender el alimento no era tan buen negocio pero, era lo que Mitsu sabía hacer mejor.
La familia Hinata regresaba a casa a las seis de la tarde, como todos los días. Había docenas de hombres durmiendo por todo Kotobuki y cientos más en las calles circundantes, en la estación de Kannai o en las inmediaciones del estadio de béisbol. Mientras que, en la plaza cercana donde pasaban, una gran multitud escuchaba un sermón cristiano. Esto era famoso porque, si lo escuchabas hasta el final, podían conseguir un ágape gratis.
一Mamá 一llamó Shoyo, jalando la falda larga de su madre一, tengo hambre.
一Yo también, mamá. Mi cabeza duele 一dijo Natsu, frotando su propio cabello.
Mitsu exhaló agobiada, y a su derecha dirigió su vista.
一¡Amen! 一exclamaron los mellizos con las manos juntas al frente al término de la plática religiosa en la plaza.
Mitsu los esperaba sentada en la acera junto a su caja de pan. Desde allí, divisó que el hombre encargado de repartir el ágape los tomó como prioridad, entregándoles a ellos los primeros platos. El lema era "amén de ramen", decir amén para conseguir un cuenco de fideos.
Shoyo se encontraba recostado en la cama de la habitación privada, recargado en la cabecera mientras que, sin mucha importancia, observaba a la prostituta caucásica realizarle una felación. Su pene era masajeado con suavidad de arriba hacia abajo por las sutiles manos de la fémina, a la vez que lo introducía lentamente en su boca y lo miraba directamente a los ojos, intentando incitar su cuerpo. Shoyo hizo una mueca, nada discreto, muy asqueado. Ella trataba de generar el placer debido y al menos causarle una erección.
Finalmente no logró su cometido.
Shoyo volvió a su apartamento a las siete de la mañana con seis minutos de un sábado, después de gastar doscientos cuarenta dólares extra en dos prostitutas más, cinco tarros de cerveza en un ostentoso pub al frente del burdel en el barrio rojo, tres píldoras de la felicidad y haber vomitado junto con Jackson a mitad del centro histórico. Shoyo se miraba repugnante, apestando a alcohol, sudor, la bilis que devolvió y a un poco de perfume femenino; también se sentía viscoso de algunas partes como sus manos, la entrepierna y en su cuello.
Tuvo que abrir la puerta a la fuerza, perdió la llave y terminó rompiendo el pomo.
一¡Carajo! 一maldijo entre dientes.
Cuando logró entrar cerró por dentro con las cerraduras interiores. Shoyo caminó hacia la cama, arrastrando los pies, finalmente tumbándose sobre ella. Entonces se percató de algo distinto, y repentinamente tocaron la puerta. Presuroso se irguió de la cama, deteniéndose frente al espejo para arreglar al menos un poco su estado físico.
一Shoyo, ¿ya regresaste? 一preguntaron desde afuera; era la voz de una persona mayor, tal vez de unos cincuenta o sesenta años.
El aludido se acercó rápido y abrió la puerta, encontrando a una señora de baja estatura y que usaba anteojos de armazón violeta. La dulce sonrisa de la anciana se torció hasta volverse una mueca, mirando al universitario recargado en el marco de la entrada; después lo observó de pies a cabeza y en el transcurso, se percató del pomo roto.
一¡Pero ¿qué estuviste haciendo, muchacho?! 一La señora empuñó las manos en su descontento一. ¡Hasta la puerta casi destruyes y mírate como estás! ¡Dios mío! ¡Diría que no puedo creerlo pero no, lamentablemente sí lo creo e incluso sin testigos!
一Lo lamento mucho, Paige-san 一dijo Shoyo, avergonzado al rascar su nuca.
一¡No lo hagas, porque tú y sólo tú repararas esta puerta! ¿¡Me escuchaste, niño!?
Shoyo asintió repetidas veces, tragando saliva. Y la anciana suspiró con los ojos cerrados, invitándose a pasar al apartamento.
一Paige-san, yo en verdad...
一¡Ni una palabra! 一paró la anciana, levantando la mano izquierda一. No quiero escuchar las impertinencias que estuviste cometiendo anoche. Bueno, por lo menos esta vez tuviste la decencia de volver al día siguiente.
Shoyo desvió la mirada, esbozando una leve y tranquila sonrisa ladina. Después de todo, aún compartía lazos con personas que se preocupaban por su bienestar. Además de Natsu y Yamaguchi, la señora Paige trataba de hacer un papel de madre. Una madre que sólo Shoyo perdió.
一¿Qué crees que es tan gracioso? 一La señora Paige uso su bastón para vaticinar un golpe en el torso de Shoyo.
一¡Ugh! ¿No podría tratarme con más tacto? 一y Shoyo se quejó, atendiendo el golpe.
一Fue el golpe mínimo, el siguiente será en la cabeza 一advirtió, señalando con el bastón, y Shoyo retrocedió un paso graciosamente一. Ahora ve a darte un baño, tienes cara de tengo una resaca del demonio y no pienso permitir que regurgites mi comida. ¡Anda!
Shoyo se llevó otro golpe del bastón en el trasero, pero sólo así avanzó a paso rápido hacia el baño.
Se desvistió y adentró en la tina de agua tibia. El silencio era cómodo y apacible, incluso se dio el tiempo de pensar sobre sus últimas acciones y sus respectivas consecuencias; sin embargo, en medio del irremediable nudo que se formó en su cabeza, un recuerdo del principio del mes lo inundó.
Su estado post ebriedad le quebraba la mente en guiños somnolientos, en parpadeos que le traían la remembranza de su encuentro con el chico de ojos tan cautivantes como las hojas de un roble. Estaba verdaderamente acomplejado, hundiéndose en sus pensamientos y su rostro comenzó a calentarse, pero lo cubrió completamente con ambas manos al sumergirse en la tina hasta que el agua tocó su labio inferior.
一Maldición, ¿es en serio? 一murmuraba entre dientes, frotando su cara y después pasó ambas manos por su cabello一. ¿Qué demonios me pasa? 一el sentir se transformaba, su corazón palpitaba dando vuelcos, sus manos se enfrían, el cuerpo se calienta. Es el nerviosismo, esa ansiedad que no le permitía pensar claramente, que lo encerraba en una burbuja sin oxígeno. La verdad saliendo a la luz. Shoyo respingó, bajando la mirada a su entrepierna一. Mierda... estoy duro.
Había pasado poco más de una semana desde que no se autosatisfacía con tal urgencia.
Su pecho se contraía repetidas veces a un ritmo lento, exhalaba marcadamente, recargado sobre el borde de la tina para recuperar sus fuerzas y levantarse sin flaquear. Creía que debió tratarse de una elocuente broma de su propio cuerpo que hizo algún tipo de extraño acuerdo con su mente para confundirlo aún más, tratando de fastidiarlo. Lo pensaba una y otra vez, ajetreándose a sí mismo y sintiendo que se desvanecería en cualquier momento.
Pero al cabo de unos segundos se aferró al borde de la tina y se levantó, tomando la toalla para acomodarla alrededor de su cadera. Salió despacio, procurando no resbalar, acercándose al espejo. Ahí frente al vidrio enmarcado dedicó un tiempo a analizar su cuerpo, percatándose del profundo y quizás, irremediable cambio físico: su musculatura había disminuido en demasía, sus clavículas, costillas, además de la pelvis comenzaban a marcarse en su piel. Esta última también se veía muerta, estaba áspera y tornándose de un color pálido nada parecido a lo que su color natural era.
Recordaba que Yamaguchi le pidió con anterioridad recurrir a un nutriólogo o algún médico consecuente, pero Shoyo fue consciente de lo probable que era el ser descubierto por su consumo de sustancias. Al final, aunque consternado, mintió y su decisión fue vitaminarse sin prescripción.
Shoyo exhaló un suspiro, agachando la cabeza.
Todo su estilo y su gracia, todo lo había ocupado simplemente para salvar su rostro, lo sabía y entendió sus propias conductas, pero en medio de aquellos pensamientos que trataban de rescatar su moral, percibió el asqueroso sabor del alcohol caliente ascendiendo por su garganta.
Era demasiado tarde.
Shouyou se inclinó en el lavamanos y devolvió un tipo de sustancia amarillenta, sintiendo que incluso sus intestinos podría escupir. Y cuando terminó, enjuagó su boca y arremetió con pasta dental. Luego observó de soslayo hacia sus jeans en el perchero cerca de la puerta, donde sacó del bolsillo su billetera y hurgó en ella hasta encontrar un pequeño sobre transparente con la famosa píldora azul, además de cinco dólares. Todo su dinero fue gastado en sus drogas y en la renta, pero su filosofía de guardado mientras estaba ebrio se iba en uno para el banco y el resto para él.
一¡Co-Como lo siento, no me di cuenta que-!
Shoyo se mutó a sí mismo. Ambos bajaron sus miradas al mismo tiempo, percatándose que en sus zapatos el zumo se había regado. Los ojos de Shoyo se agrandaron perturbados y escuchó al hombre chasquear la lengua, pero tan sofisticado como se veía, de su abrigo sacó un pañuelo y se agachó al suelo. Shoyo se encontraba paralizado, sin saber qué acción llevar a cabo para remediar el accidente culpable de sus cavilaciones.
El hombre se irguió y clavó su mirada frunciendo el ceño nuevamente.
一Yo...
一Escucha 一paró el más alto, disgustado pero siguiendo un trabajado manejo de la situación sin ser descortés一, sólo presta más atención.
Tan pronto como avanzó palmeó el pecho de Shoyo vertiginosamente, dejando su pañuelo ya húmedo. Shoyo lo sujetó antes de que cayera al suelo y lo miró asombrado; al tiempo trató de encontrar de nuevo al hombre de amable mirada pero fue en vano, ya no estaba entre el mar de gente. Observó en derredor, notando que al parecer ni siquiera por aquel percance fueron el centro de atención. Aliviado por no volver a ser señalado, se agachó a limpiar su zapato y el suelo, acercándose luego al basurero para exprimir el pañuelo hasta la más mínima gota.
一¿Pasó algo por allá? 一preguntó Jackson, intentando descubrir a dónde miraba exactamente su amigo.
一¿Qué? No, nada 一compungido, Shoyo volvió a centrar su vista en la mesa.
一¿Seguro? Te ves algo inquietado 一restando importancia, James opinó一. Y estás algo rojo de la cara. ¡Ja!
James se burló entre risillas y Jackson metió un codazo en su costilla. En cambio, Shoyo se llevó ambas manos a la cara, sintiendo lo bochornoso que su cuerpo se volvía pero que fácilmente podría desmentir como una fiebre. Sus manos se dirigieron a su boca, ocultando su gesto boquiabierto y la respiración jadeante.
Entonces parpadeó una vez y el recuerdo de la mirada del hombre que conoció instantes atrás se apoderó de él. Shoyo volvió a parpadear y sintió náuseas. Un parpadeo más y levantó la mirada, pasmado nuevamente; detrás de sus amigos y alejado unas cuantas bancas, aquel hombre se encontraba disfrutando de un almuerzo sin compañía.
Shoyo se irguió un poco en su mismo lugar, divisando la presencia del desconocido sobre la multitud de cabezas. Sus ojos no podían apartarse e indirectamente trataba de inmiscuirse, pero fue Jackson quien lo hizo sentarse de vuelta.
一¿Seguro todo está en orden? 一su pregunta le atrofió los pensamientos por un momento, pero esto a su vez le refrescó la memoria.
一Ah, tú estás en el consejo estudiantil, ¿cierto? 一Shoyo dejó caer las manos sobre la mesa con un ruido seco.
一¿Huh? Sí, desde mi primer año. ¿Por qué te interesa de repente?
¿Podría ser contraproducente preguntar sobre él? Pensó, inmerso en el repentino interés formado. ¿Qué clase de persona sería? ¿Por qué actúo de esa forma conmigo? Él no me insultó pese a mi falta de atención.
一¡Hey! ¿Qué necesitas del consejo? 一Jackson lanzó una papa frita a Shoyo.
一¿Ustedes...? 一Shoyo exhaló por la nariz一. ¿Ustedes tienen conocimiento sobre los estudiantes que llegan y se van?
Jackson y James se miraron entre sí, les pareció curiosa la pregunta del menor.
一Algo así 一respondió一. En realidad sólo conocemos parte de sus datos si deciden entrar directamente en el consejo o actividades recreativas.
一¡Ah, vaya! 一exclamó Shoyo para nada ostentoso一. Entonces, por mera casualidad, ¿no ha estado ahí un chico...? Humm, bueno, él tiene el cabello rubio y algo ondulado en sus puntas.
一¡Oh, sí, sí! 一Jackson asintió con la cabeza, mezclando la crema en su café一. ¿Qué, lo conoces?
一¿Eh? N-No, sólo creí haberlo visto en otro lugar 一Shoyo forzó una sonrisa.
一Bien, porque realmente es bastante extraño 一admitió, con su mirada envuelta en recelo.
一¿A qué te refieres? 一incluso James se vio interesado.
一Bueno, para empezar sólo está estudiando su posgrado aquí.
一¿Su posgrado? 一Shoyo comenzó a averiguar discretamente.
一Sí, en Economía y Negocios 一dijo Jackson.
一Significa que se graduará el año siguiente 一la mirada de Shoyo fue bajando hasta posarse en sus manos sobre la mesa.
一Exacto. Además parece alguien bastante reservado, incluso si se inscribió al club de música 一con las palabras de su mayor confidente escolar, Shouyou levantó la mirada nuevamente一. También usa esas mascarillas, y lo he visto con guantes de látex de vez en cuando.
一¿Crees que sea de esos que le tienen fobia a los gérmenes? 一inquirió James con desdén.
一Tal vez solo sean los modales que le inculcaron. Por cierto 一miró a Shoyo de inmediato一, también es Japonés 一al menor se le agrandaron los ojos con una expresión más parecida a la confusión一. Creo que se llama... Atsumu Miya. Pero, puedo estar equivocado.
Miya Atsumu.
Su mente se dedicó a almacenar ese nombre en la profundidad de un eterno resplandor cerebral. Aún miraba hacia abajo, sus ojos fijos en el plástico embalsamado de la mesa y con su dedo índice sentía su labio inferior apenas temblar por pronunciar su nombre en un susurro casi inaudible hasta para sí mismo.
一No es lo único en lo que se distingue 一prosiguió Jackson, atrapando de nuevo la atención de Shoyo como a un niño lo atrapa el último videojuego de moda一. Parece que nunca se quita la mascarilla.
一¿Quieres decir que nadie ha visto su rostro completo? 一La cuestión de James fue compartida por Shoyo, él más que nadie deseaba saberlo.
Jackson asintió con los ojos cerrados, un gesto sereno y relajado que confirmaba todo.
一Desde su matrícula hasta la credencial escolar, en las fotografías tiene puesta la mascarilla.
一¡Mientes! 一protestó James一. Eso es imposible, no podrían hacer la excepción solamente con uno.
一¿Qué? ¿Piensas que sobornó al director o al consulado de la institución?
Shoyo cada vez entendía menos lo que pasaba.
一¿Y si esconde algo?
La duda de James le hizo respingar.
一¿Cómo qué? Digo, además de su rostro.
一Su identidad, por ejemplo.
Shoyo apretujo el pliegue de su abrigo por debajo de la mesa, asustado pero no sorprendido, era consciente de cómo Ámsterdam funcionaba.
一¿Por qué alguien que querría ocultar su identidad vendría a estudiar aquí? 一Jackson rió por lo bajo, no se trataba de una risa burlona一. Sobre todo sabiendo que es una universidad pública.
El hambre de conocimiento en Shoyo creció.
