Nota: Curiosamente no estaba escuchando a Mitski como tal pero, fue inevitable para mí reproducir en mi mente "Your best American Girl" mientras imaginaba esto... Además, ¿Cómo no iba a escribir a Isuke y Enzo como preparatorianos? Claro que sí.
La vista de las suaves olas deshaciéndose en la orilla de la playa, junto un cielo parcialmente despejado con la brisa marina acariciando sus mejillas y moviendo su cabello y uniforme le da la sensación de un paraíso de ensueño. Un lugar pacífico para disfrutar y alejarse del mundo por un rato.
Isuke recuerda vagamente haber venido aquí cuando era niño junto a su familia. Su mamá, papá y Elena.
Ya sea contemplando el mar, haciendo castillos de arena con su hermana, con su amiga de la infancia Freya e Iván. O buscando y recolectando conchas para regalarle a su mamá, haciéndola sonreír y obteniendo de su parte caricias en su cabello.
Todo eso, cuando su madre aún vivía.
Luego de eso, simplemente no volvieron a ir a la playa o siquiera mencionarla. Como si no quisieran recordar esos momentos que ahora eran agridulces y dolorosos; recuerdos que Isuke mantenía empolvados en algún rincón de su mente y que ahora, resurgían de ante sólo estar de pie frente al mar.
Su mirada impávida prontamente se tornó melancólica.
Él no debería estar aquí. Debería estar en la escuela y en clases, además de que hoy tenía práctica con su club de esgrima, no contando que era el presidente de dicho club.
Sabe que no debería estar aquí, pero también sabe la razón de haberse saltado las clases y el club hoy.
– No sé si esto se adapte a tu gusto, pero toma – volteándose apenas escuchó su voz luego de salir de sus pensamientos, por inercia tomó entre sus manos lo que Enzo le estaba entregando. Mirando un momento después la bebida fresca en sus manos.
Enarcó una ceja con curiosidad antes de mirar con recelo al moreno, quien se tomaba de un trago la amarillenta y rojiza bebida.
– ¿Qué es esto?
Enzo se lamió los labios tras terminarse su bebida, sonriéndole ligeramente –. Un daiquirí.
– ¿Tiene alcohol, cierto?
– Ni tanto, pero si no lo quieres… – ni bien terminó de hablar, Isuke se la tomó de golpe. Parpadeando sorprendido ante la dulzura del daiquirí y el ligero pero agradable sabor del chile en polvo azucarado; Enzo terminó por sonreír satisfecho –. ¿Y qué tal?
Isuke desvió su mirada, borrando todo atisbo de sorpresa antes expresada, murmurando suavemente –: No estuvo mal.
– Claro, porque yo tengo buenos gustos.
– Aunque un menor de 16 años no debería tomar bebidas alcohólicas.
Enzo rodó los ojos ante un regaño que consideraba innecesario, sólo para después quitarle el vaso desechable y sostenerlo en una mano mientras se cruzaba de brazos.
– Pero bien que te lo tomaste aun sabiéndolo, ¿eh? – sonrió ante el silencio de Omerta, para luego desviar su mirada al mar frente a ellos. Quedándose en un mutismo cómodo entre ambos, con sólo las olas golpeando y el graznido de gaviotas en el fondo.
–… Sabes que no deberíamos estar aquí, ¿cierto? – preguntó Isuke, rompiendo el silencio, mirando al castaño a los ojos.
– ¿Y qué tiene? – preguntó en respuesta, sonriendo malicioso ante la idea que se le vino en mente –. ¿No son las escapadas divertidas? O es que, ¿no te gusta la idea de una cita en la playa?
La sorpresa en las facciones de Isuke no se hizo esperar, algo que le hizo reír ligeramente a Borgia quien tomó su mano y lo estiró consigo, obligándolo a caminar junto a él.
– ¿Esto es una cita?
– Si tú quieres lo es.
Luego de botar los vasos, se dirigieron nuevamente a la orilla del mar, arremangándose los pantalones hasta la rodilla (puesto que las camisas del uniforme eran de manga corta al estar en épocas de calor) para luego meterse al agua. Donde Enzo se desabotonó parte de la camisa para luego mojarse el cabello y sonreír de gusto por la frialdad que apaciguaba el calor.
Volteó a ver a Isuke, poniendo mala cara al verlo estático y mirándolo únicamente a él desde que entraron al mar.
– ¿Qué esperas? Mójate el cabello, ¿o no tienes calor?
– El uniforme… – dejó de hablar y cerró los ojos cuando Enzo, interrumpiéndole, le echó agua. Empapando su uniforme y parte de su rostro y cabello, abriendo los ojos al escucharlo reír y mirarlo con molestia. Devolviéndole su travesura unos segundos después, acabando en lo que era una guerra por quien mojaba más al otro.
Guerra que se convirtió en una pequeña persecución, entre risas, burlas y sonrisas. Terminando cuando Isuke lo atrapó y sin querer, cayendo ambos por la arena resbalosa bajo el agua salina; con Isuke sobre Enzo, con este último riéndose.
Isuke lo miró en silencio unos minutos, sintiendo su pulso acelerarse ante su repentina cercanía y tal vez también, por la risa y la imagen de Enzo divirtiéndose sin restricciones. Le gustaba mucho, le gustaba mucho esta faceta de él siendo él mismo, libre.
Y dejándose llevar por este efímero sentimentalismo, acortó la distancia y lo besó. Siendo correspondido unos segundos después, que sólo aumentaron sus latidos y el calor en sus mejillas y orejas. Hasta que terminó, con ellos mirándose a los ojos, brevemente.
– Enzo… tú… ¿Te casarías conmigo?
El castaño enmudeció ante tan repentina propuesta, con los nervios creciendo en él ante la intensidad de esos ojos sangre que, había empezado a querer.
No sabía de dónde había surgido esta idea de casarse y por qué, pero no solamente era demasiado abrupta. También estaba el hecho de que sólo estaban entre sus 16 años y eran simples estudiantes de preparatoria; eran adolescentes, lo cual significaba ser bastante cambiantes y contradictorios sin saber con claridad lo que querían en estos momentos y a futuro.
Enzo todavía no se sentía apto para sentar cabeza –como dirían los adultos– y tampoco estaba seguro de si ellos seguirían juntos para entonces, sin contar que ambos tenían sus propios problemas a resolver que por el momento, ninguno sabía, podía o quería afrontar.
Bien podría negarse o evadir la propuesta…
– Uh… no creo darte una respuesta correcta ahora mismo, Isuke – se sinceró, sintiéndose un poco mal al percibir la desilusión en su mirada –. Pero… podrías preguntármelo en unos 5 cinco años. Si es que seguimos juntos.
– Pero… ¿y si te lo pregunto y aun así no sabes que responder?
– Si eso llegase a pasar, entonces tendrás que seducirme – se encogió de hombros, sonriendo con picardía –, o sólo tendrás que atraparme.
– Está bien – una sonrisa suave apareció en su rostro junto a una mirada tranquila, mientras acercaba su rostro otra vez –. No te dejaré ir, Enzo.
– Eso espero.
…Pero él también quería un trozo de felicidad en su vida entre tantas desdichas agridulces.
(Probablemente, ellos estarían bien).
