Este capítulo es desde el punto de vista de Mamo, como muy romántico y chistosito para ser él pero me gusta imaginar que puede serlo si se lo propone.


Ciertamente esperaba que al entrar en su casa no le daría mayor importancia a mis pequeñas heridas, pero debí suponer que pese a insistirle que ya me las habían curado, ella de todos modos iba a intentar hacer algo por ellas. Cuando me tomó el rostro entre sus manos y me miró con preocupación, no pude discutir más y me dejé llevar. Me hizo sentar en el mueble de la sala y después de traer algo de medicina de otro cuarto, me hizo quitar los lentes y empezó a limpiar la pequeña cortada sobre una de mis cejas. En ese momento empecé a intoxicarme, no tener los lentes hacía que mis otros sentidos se agudizaran, las frecuencias de su voz mientras me regañaba, ya con algo más de burla, resonaban en mi ser, podía sentir su aliento muy cerca, el olor de su cuerpo, de su cabello, el calor de su cuerpo y la tibieza y suavidad de sus manos sobre mi rostro. Me intoxicaba. En algún momento tuve que detenerla, la tomé por la muñeca antes que pudiese intentar limpiar mi hinchado y adolorido labio inferior.

-¿Mamoru-san? - Traté de contenerme pero el ligero nerviosismo en su voz no me ayudaba.

-Ya está bien. -Le dije con la voz más grave y compuesta que pude, pero por supuesto ella no iba a hacerme caso.

-No, mira cómo tienes el labio, solo un poco. -Dijo mientras hacía fuerza para continuar su maniobra, debí saberlo. En ese momento apunté mi mirada donde sabía que estaba la suya, y aunque no podía verla empecé a mirarla, a entenderla toda mientras mis manos recorrían su rostro. Sentí que dejaba caer el algodón de su mano pero no se movía. Su respiración se agitaba, y mientras pasaba mis dedos podía sentir la temperatura de su rostro aumentando. No dejé de mirarla mientras mis dedos ásperos recorrían su frente, la curvatura de sus cejas y tocaban con suavidad sus suaves párpados. Mis manos acariciaron luego sus mejillas y su pequeña nariz, y mis dedos pulgares recorrieron la forma de sus labios para detenerse justo debajo de ellos. Aquellos que no quería conocer con mis manos. La miré en silencio por un momento, dándole tiempo de apartarse, y me acerqué a ella lentamente, dándole aun más tiempo de huir si así lo quería. No pude ocultar mi respiración agitada ni ella la suya mientras la distancia entre nuestros labios se acortaba hasta hacerse nula. Y no pude evitar suspirar al sentir sus redondos, pequeños y dulces labios. En algún punto cerré mis ojos y me centré en sentirlos plenamente, el temblor y la dubitación en ellos, su aliento cálido mientras los mantenía entreabiertos y trataba de seguir el movimiento de los míos. Mis manos se posaron en su nuca, entre su sedoso cabello, mientras acercaba su rostro al mío tratando de hacerlo sin ninguna presión o fuerza excesiva. Unos segundos después sus labios parecieron ganar más independencia, tal vez habiendo pasado el susto inicial, y sentí sus manos sobre mis hombros, como buscando apoyo. Seguimos así por un tiempo, en un beso lento y dulce, silencioso, que no parecía que ninguno de los dos quisiera que acabara; ella acariciaba mis hombros, yo su cuello, y luego mis manos bajaron también hacia sus hombros. A pesar de ya tener clara su forma de haberla visto con tanto interés en estos últimos meses, sentir sus hombros era como verla y conocerla nuevamente. Sentí sus manos sobre mi nuca más adelante, sus dedos entrelazarse entre mi cabello, sus manos queriendo de alguna forma acercar más nuestros labios. El beso se intensificó y fue allí cuando un agudo dolor me recordó que apenas ayer me habían propinado una bofetada en el labio, y con un quejido tuve que apartarme finalmente y cubrirme el labio.

-¡Mamoru-san! -Dijo ella con voz agitada y clara preocupación. -Lo siento, yo… -Yo moví la cabeza de lado a lado para indicarle que no pasaba nada mientras intentaba recobrar la respiración. Sentí sus manos abandonarme y su cuerpo moverse hacia un lado, alejándose de mí, y aunque quise detenerla y decirle que podíamos seguir hasta que se me reventase la boca, decidí que había estado bien por el momento. Sentí luego sus manos colocándome los lentes y de inmediato enfoqué mi mirada en ella. La composición de líneas verdes que apareció frente a mí no le hacía para nada justicia, pero al menos me permitió ver la sonrisa cómplice que tenía en sus labios, y sus ojos fijos en mí. Estábamos ahora sentados lado a lado, por lo que decidí pasar mi brazo sobre sus hombros y acercarla un poco a mí, suspiré y hablé estando ya más en control.

-Pidamos algo de comer.

-Pero no he terminado…tu labio todavía… -La miré con burla.

-¿Acaso quieres…?

-No. -Respondió ella rápidamente, con claro nerviosismo.

-Ya mi labio está curado, no te preocupes. -Le dije y ella soltó una risita.

La molesté luego recordándole que este no había sido nuestro primer beso, sino el tercero, y ella, claramente avergonzada, quiso cambiar de tema lo más rápido posible.

Los días siguientes no pude sacarla de mi mente, claro, ya eso venía ocurriendo desde hace mucho, pero esta vez la intensidad con la que pensaba en ella y mi propia desconcentración aumentaron. La siguiente ocasión que nos vimos, le pedí que me visitara, específicamente para no tener que estar solos y poner en ejercicio el dominio que necesitaba para seguir estando al lado de ella sin comérmela a besos, y todo estuvo bien hasta que ella decidió despedirse con un corto beso sobre mis labios antes de entrar a su propia casa y yo no pude evitar abrazarla y besarla con profundidad pese a la sorpresa de las señoras que pasaban. Haruka me apartó con suavidad poniendo sus manos sobre mi pecho.

-Veo que me extrañaste. -Dijo tratando de sonar interesante pero con claro nerviosismo. Yo me limité a sonreír y darle un beso en la mejilla para luego despedirme con un ademán. No tenía caso negárselo o siquiera tratar de ocultarle que me tenía en su total control.

Siendo honesto, cuando venía en el avión de regreso a Japón después de siete años de ausencia, no pude pensar en otra cosa sino en si realmente Haruka iba a estar esperando, y si realmente tendría algo de sentido un matrimonio basado en una promesa. Me sorprendí, aunque realmente debí esperarlo de ella, cuando apareció en el punto exacto donde nos habíamos despedido hace tanto, no había otra forma que ella hubiese sabido que iba a estar allí sino por sus premoniciones, por lo que parecía que ellas todavía estaban de nuestra parte. Quise dirigirme a Haruka de la forma más ambigua posible, mencionando que había regresado a cumplir mi promesa, sin entrar en detalles, dándole espacio y estando preparado por si me decía que me había estado esperando para decirme que era un enfermo y que me fuera de su vida. Pero no, no sabía qué esperar pero ella me sonrió dulcemente y me recibió con calidez, luego, por supuesto, se puso a llorar y eso alivió mi nerviosismo al ver que seguía siendo ella misma. Los meses siguientes me dediqué a esperar, y sí, Haruka era evidentemente hermosa, ahora en un nivel que exudaba feminidad, dulzura, inteligencia, fuerza, y pude ver en poco tiempo cuánto había cambiado y crecido sin haber abandonado su esencia. Traté de visitarla solo cuando me lo pedía y analicé con detalle sus expresiones por si notaba asco o rechazo en ella hacia mí. Realmente no quería que las cosas se diesen a la fuerza, por nostalgia, o por obligación, pero en algún punto dejé de pensar y me entregué a la comodidad y a la tranquilidad que era estar a su lado. Cuando me hube convencido que mi presencia era tan agradable para ella como la suya para mí, la invité a salir, tomé su mano y me fui inmiscuyendo más en su vida aun cuando ella no me pedía que la visitara; cuando empezó a acompañarnos a Igawa y a mí en las patrullas nocturnas, me siguió cautivando el verla en acción, luchando con plena confianza, dando instrucciones y siendo una destacable estratagema. Haruka había crecido, estaba llena de seguridad y no había necesitado nada de mí para brillar como lo hacía. Las cosas cambiaron después que nos besamos por primera vez, y me encontré muchas veces, mientras esperábamos el momento justo para atacar, reprimiendo mis deseos ridículos y adolescentes de besarla, abrazarla, o cualquier otra tontería cursi. Decidí entonces que era mejor si no participaba tan activamente de las misiones, al menos no mientras me tocase luchar, se lo dije, pero antes que pudiese explicarle el motivo se enojó y ofendió en tal medida, diciéndome que ella estaba lo suficientemente entrenada y lista para pelear a la par mía, que no tuve más remedio que dejarla molesta por lo adorable que se veía en ese estado. Dejé que pasaran un par de semanas, en las que sin dejar de ser afectuosa, no perdía oportunidad de recordarme sus habilidades y lo insultante que era que yo la considerara un estorbo, yo solo me reía y eso la hacía enojar más. Estaba ella un día en mi casa cuando finalmente decidí sacarla del malentendido.

-Sabes, no te dije que no me acompañaras físicamente en las misiones porque no te considere digna de hacerlo. - Le dije y ella levantó su mirada de la ropa que estaba doblando y me hizo una mueca.

-No me digas que es porque quieres protegerme, porque no necesito tu protección. - No pude evitar reírme y ella frunció el ceño y siguió doblando la ropa sin mirarme.

-Lo sé, lo sé, calma. Lo que pasa es que si te tengo tan cerca me distraigo, no puedo dejar de admirarte, ¿sabes? - Me miró un momento y luego siguió doblando la ropa con demasiada energía.

-Valiente samurái, dedicado a la espada, se distrae mirándome, ¿acaso es mi culpa que sea irresistible? - Refutó en un tono de voz más agudo de lo normal. - Más te vale que te concentres, no puedes arriesgar la operación de Elements Network por eso. - Siguió, señalándome con un dedo, yo le sonreí burlonamente y puse una de mis manos sobre las suyas para captar su atención, ella me miró.

-Lo que quiero decir, mujer quejumbrosa, si es que acaso me quieres dejar terminar, es que creo que no estoy recibiendo lo suficiente de ti, y cuando te veo me desbordo. -Ella no pudo evitar sonreírme complacida.

-Increíble, dime, ¿qué puedo hacer para aliviar tu "necesidad", samurái? -Me preguntó arqueando una ceja, yo le sonreí levemente.

-¿Qué tal si te casas conmigo? -Los ojos de Haruka se abrieron con sorpresa. -Si estamos juntos el tiempo suficiente creo que no debería tener problemas de concentración en otras áreas de mi vida. -Haruka se liberó de mi mano para poner sus dos manos sobre su boca con sorpresa, sin decir palabra y miró hacia otro lado, la vi apretar sus ojos intentando ocultar sus lágrimas y me moví un poco más cerca de ella para abrazarla.

-Mamoru-san. -Dijo sollozando en mi pecho. -¿Hablas en serio? - La abracé con más fuerza besándole la cabeza.

-Claro que sí, ¿quieres hacerlo? ¿Quieres pasar el resto de tu vida encerrada conmigo en cuatro paredes? - La sentí asentir en mi pecho y reírse.

-Sí, sí quiero. - Me dijo en un hilo de voz y se separó de mi pecho para verme a los ojos. - Te amo. - Me dijo esbozando la más dulce de las sonrisas, yo tomé su rostro entre mis manos y la recosté sobre mi cama para besarla.

-¡Hey! -Escuché la voz alterada de Igawa. -¡Cierren la puerta! - Dijo con clara indignación mientras pasaba, y Haruka empezó a reírse para luego escapar de mis brazos y ponerse en pie.

-Igawa-san, nos vamos a casar. - Dijo caminando hasta la puerta, tras la pared vi a Igawa regresarse hasta la entrada del cuarto y a Haruka girar un poco sobre sus pies con alegría.

-¿Eh? -Igawa movía su mirada atónita entre el rostro de Haruka y el mío, y después de abrazar a Haruka, no me dio tiempo siquiera de levantarme de la cama cuando se abalanzó encima mío. -¡Felicidades, hermano!

Decidimos celebrar la boda lo más pronto posible pero sin afectar de más nuestros horarios, por lo que esperaríamos unos cuatro meses más mientras Haruka terminaba su semestre. Me opuse indicándole que era demasiada espera, pero ella insistió en que necesitaba tiempo para prepararse. Por algún motivo pese a que la cercanía entre nosotros y el afecto en sus ojos había aumentado después de mi no tan romántica propuesta de matrimonio, el tiempo que podíamos vernos disminuyó al tener ahora ella que realizar diferentes preparaciones con Serena y ocasionalmente Juliet, aparte que estaba empezando a trabajar en su tesis por las noches. Constantemente me encontraba a mí mismo suspirando y extrañándola, por lo que decidí dejar esos pensamientos de lado y concentrarme únicamente en la espada, llevando esto a que los criminales que enfrentaba no fuesen más que carne de cañón para mis nuevas técnicas. Daiba me ofreció en ese tiempo realizar una misión de dos meses en Galboa, principalmente seguimiento y apoyo a Genie con algunas pandillas que le estaban dando problema de más; Haruka casi deja caer su taza de café al suelo cuando le comenté.

-Que Daiba-san te dijo…¿qué? -Preguntó incrédula. - Voy a hablar con SPARC. - Dijo levantándose de la mesa, seguramente para buscar su comunicador, yo la tomé por la muñeca y la detuve.

-¿No quieres que vaya? Regresaría dos semanas antes de la boda. -Haruka suspiró. -¿Necesitas que te ayude con algo aquí? Prometo que no me voy a lastimar, voy a tratar de no estar tan directamente en el frente de batalla.

-Solo me parece desconsiderado de Daiba-san hacerte esa solicitud en este momento, es decir, es nuestro trabajo, es Genie-san, pero también...vamos a casarnos, y creo que me asusta la idea que estés allá después de todo lo que pasaste en Galboa, quisiera acompañarte, pero…

-Puedo quedarme, si quieres. - Le dije, ella me miró por un momento y acercó una mano a su mentón mientras pensaba. -Pero la verdad estoy algo ansioso, creo que me haría bien ir. - Haruka suspiró y se acercó a mí, tomó mi cabeza entre sus manos y me dio un beso en la frente.

-Regresa a mí a salvo, sin heridas y sin golpes. -Yo le acaricié los brazos y le di un beso en la barbilla.

-Tus deseos son órdenes, Haruka.

Era evidente que todavía había mucho trabajo por hacer en Galboa, pero a su vez era claramente notable que algo había cambiado aquí. El mismo presidente Genie Turus fue a recibirme al aeropuerto y no pude ocultar una sonrisa al ver que casi todos los antiguos miembros del Black Unit fueron a recibirme. Los días se convirtieron rápidamente en semanas trepidantes de viajes por carretera, noches en vela y muchas reuniones. Y en el entretiempo cada uno de mis anteriores compañeros de lucha quiso medir su progreso peleando conmigo. En todo este tiempo puse especial énfasis en proteger mi rostro, pues sabía que Haruka iba a estar molesta si regresaba con un rostro no digno de un novio. Al menos cada tres días hablaba con mi prometida, y en una de esas ocasiones, le anunciamos por videollamada a todos los que me acompañaban en Galboa que pronto nos casaríamos. El tiempo que pasé en Galboa fue largo y a la vez corto por todo lo que apenas empezaba a gestarse por nuestra intervención, y Genie solo me dejó ir con la promesa que vendría con Haruka una vez hubiese pasado la boda. Cuando salí por la compuerta de llegadas internacionales pude ver de inmediato una H que sobresalía entre las demás líneas verdes, la vi sonreír y acercarse y no pude evitar sonreírle de vuelta. Me abrazó un momento y enseguida empezó a inspeccionarme el rostro, moviendo mi cabeza de lado a lado, luego empezó a presionarme los brazos, el pecho y la espalda por si le estuviese ocultando una herida. Yo la detuve avergonzado.

-Hey hey hey, sé que me extrañaste pero cálmate.

-¿Estás bien? -Me preguntó con rostro serio, después que asentí me sonrió ampliamente y me tomó por el brazo. -Vamos.

No pensamos que el bajo mundo fuese a enterarse que me iba a casar y que justamente iban a tratar de atraparme o asesinarme en esa fecha, pero estando rodeados de amigos de la calidad de los nuestros, nos enteraron rápidamente de estos planes y la orden de que los alrededores de la iglesia donde se oficiaría la ceremonia fuesen acordonados llegó con tal rapidez y naturalidad que ni siquiera tuvimos que pensar en casarnos otro día. Era la noche anterior al gran día, el smoking que usaría estaba colgado al lado de la puerta y desde la cama lo observaba desinteresadamente, mi mente estaba casi en blanco y no sabía cuánto tiempo llevaba en esa posición, sin poder dormirme, un leve sonido proveniente de los lentes me indicó que estaba recibiendo una llamada, era Haruka.

-¿Te desperté? -Me preguntó casi en un susurro.

-No realmente, ¿qué hora es?

-Umm...11:25…

-¿Por qué no estás durmiendo?

-No puedo.

-Yo tampoco. - Le dije casi en un gruñido y la escuché reírse suavemente.

-¿Quieres ir a comer algo? -Por supuesto que acepté, ella pasó por mí, manejamos hasta un sitio de hamburguesas, compramos un par y nos parqueamos en el estacionamiento para comerlas.

-¿No te preocupa que mañana no te cierre el vestido? -Le pregunté en broma, y ella se rió.

-Te digo lo mismo.

-Cualquier cantidad de grasa en mi cuerpo es tu culpa por siempre querer comer comida chatarra.

-Sí, seguro. -Dijo ella riéndose y seguimos hablando de cualquier cosa mientras terminábamos de comer. Una vez reposados, la sentí suspirar.

-¿Estás nerviosa? -Le pregunté tomando su mano. -Todavía tienes tiempo de arrepentirte. -La vi sonreír y luego suspirar.

-Jamás. -Dijo volteando a verme. -Perdona por haberte arrastrado a esta hora.

-No te preocupes, yo voy a usar lentes mañana así que nadie podrá verme las ojeras, tú al contrario… - Ella se rió nuevamente y me sentí estúpido por un momento por la felicidad que me daba hacerla reír con mis bromas flojas.

-Para eso es el maquillaje. -Me respondió e hizo una mueca, y volvió a suspirar.

-¿Qué pasa?

-Creo que estoy un poco...sensible… -Me dijo y bajó la cabeza. - Serena me preguntó hoy si íbamos a dar nuestros votos en medio de la ceremonia.

-¿Qué? Nadie me dijo nada. -Ella volvió a reírse.

-Yo le dije finalmente que no iba a ser necesario, me puse a pensar tanto que me di cuenta que no bastarían unos minutos para expresar lo que quería, así que te salvaste. - Dijo lanzándome una sonrisa. -De todos modos, quería verte hoy para decirte un par de cosas que creo realmente nunca te he dicho. -Suspiró nuevamente, yo apreté su mano para animarla y ella sonrió. -Recordar cuándo empezó todo esto me hace ir tan atrás en el tiempo, ¿alguna vez te dije cuándo empecé a verte en mis premoniciones? - Yo levanté las cejas intrigado y moví mi cabeza de lado a lado para indicarle que no lo había hecho. -Tenía tal vez 6 años cuando en medio de mi realidad empezó a aparecer la imagen de un hombre con una espada, siempre luchando, siempre cubierto de sangre, terrorífico, pasé varias noches sin dormir, asustada. Pero en algún momento comprendí que ese hombre me estaba protegiendo de algo, y al detallarlo pude observar de vez en cuando su rostro sonriéndome o alguna mirada tierna que dirigía hacia mí. Me acostumbré entonces a su presencia, tu presencia, en mi vida, y un tiempo después empecé a tener visiones de lo que parecía nuestro matrimonio, y a veces de nuestra vida en común de casados. Por supuesto, fue extraño, pero nos veíamos tan felices que los guardé como buenos recuerdos que trataría de descifrar más adelante. Claro, no tenía idea de lo que venía, y aunque fue una sucesión de cosas terribles, mirando en retrospectiva creo que lo enfrenté de la mejor manera que me fue posible, y por supuesto, encontrarte cuando llevabas años como un habitante ocasional en mi mente me llenó de esperanza de que había un futuro. Esa noche que estaba en el auto de los esbirros de Ex-Solids, te sentí, y algo dentro de mí me impulsó a buscarte aun si perdía mi propia vida, estaba tan segura que a tu lado estaría bien, y qué alivio me dio al darme cuenta que fue así. Todo pasó en menos de un año, ¿sabes? Pero vivimos tantas situaciones de vida o muerte juntos que ese poco tiempo bastó para que te volvieses la persona más importante para mí, tu forma de vida, tu fuerza, tu resiliencia, me llenaron de motivación para sobrevivir. Una vez hube regresado de Galboa, cuando me dijiste que te ibas y volverías en unos años, me enfrenté por primera vez a mí misma, las cosas se habían calmado, podía tener un poco de "normalidad" nuevamente, tú no estabas, no había amenazas inmediatas en mi vida que me hiciesen pensar en el sobrevivir y el ahora antes que en otras cosas...entonces...creo que finalmente el estrés y el dolor acumulado se desbordaron. Por supuesto, no le dije a nadie, retomé la escuela, hacía mis quehaceres, pero pasaba casi todas las noches en vela, llorando, haciendo el duelo por mis padres, por mi familia que jamás volvería a ver, por la vida que nunca podría tener, fue un tiempo en el que por fin estuve lo suficientemente en calma para permitirme sentir y pensar en todo lo que había pasado, lloraba también por ti y los demás, por las veces en que sus vidas estuvieron en riesgo por mi culpa. -Apreté su mano cuando sentí su voz quebrarse, ella respiró profundo y siguió hablando. -Pero de ese tiempo emergí con fuerzas, en paz, agradecida del amor y la protección que todos me habían brindado, y dispuesta a dar todo de mí para también proteger a otros. Mamoru-san, conocerte ciertamente cambió mi vida, gracias por todo. -Me dijo mirándome a los ojos, yo no estaba seguro de qué expresión estaba haciendo, sus palabras me conmovían profundamente. -Mi vida pasó de simplemente resguardarme a tus espaldas para protegerme, a buscar primero protegerte a ti, porque tu vida, tu existencia es importante para mí, siempre lo será y aunque las circunstancias en las que nos conocimos hayan sido tan terribles, creo firmemente que esto estaba destinado a ser, y que solo tú, y solo yo, solo nosotros podíamos entendernos y completarnos así, las premoniciones solo fueron una excusa para algo que en todo caso hubiese sido inevitable. -La vi sonreír, yo sonreí también, ella inclinó su rostro con una expresión de vergüenza y yo tomé su barbilla con mi mano para levantarlo y le di un beso en los labios, luego me separé y suspiré.

-Gracias, Haruka. Puede que tú desde pequeña hubieses conocido parte de lo que iba a ser de nosotros, pero para mí todo fue una sorpresa, de repente una adolescente apareció frente a mí y me pidió protegerla, de repente había alguien que bajo cualquier motivo quería permanecer a mi lado, y aunque al principio fuiste una buena excusa para perfeccionar mis habilidades con la espada y enfrentarme con enemigos y situaciones cada vez más complicadas, después te volviste una razón para vivir, tú, Haruka, le diste una razón a mi espada. Gracias a ti, por existir, por no rendirte, e incluso por no dejarme morir cuando quise hacerlo. Perder mi vida con tal de protegerte nunca me importó, pero verte arriesgar tu propia vida por mí me hizo darme cuenta que también debía permanecer a salvo para hacerte feliz. Porque eso era lo más importante, no solo que vivieras, sino que fueses feliz. -Haruka sonrió y me besó los nudillos de la mano que todavía sostenía la suya. -Verte después de siete años fue realmente extraño, no sabía qué esperar, no sabía quién serías cuando te volviese a ver, siempre pensé que cambiarías de opinión, y siendo honesto no es que hubiese pensado que realmente íbamos a llegar a casarnos. Pero te vi y todo de ti me cautivó, y sin forzarlo, todo cayó en su sitio. Así que te creo, creo también que esto de todos modos estaba destinado, y que era inevitable, porque realmente jamás me había sentido así por nadie. Tú llegaste a mi mundo y lo pusiste de cabeza, la vida que había jurado dedicar únicamente a la espada de repente se unió a la tuya, para no ser separada nunca más. -Esta vez fue ella quien me besó, y juntando nuestras frentes sonreímos como un par de tontos. -Hasta que la muerte nos separe, Tooyama Haruka.

-Hasta que la muerte nos separe, Hijikata Mamoru.