Los personajes de esta historia no me pertenecen. La siguiente historia contiene elementos de la primera película, pero en un universo en que los acontecimientos acaecidos en la misma nunca hubieran sucedido.


NO QUEDA MUCHO TIEMPO

En algún lugar de Japón, el cielo brillaba como nunca antes. Había pocas nubes y las aves volaban sobre los edificios de la ciudad.

En una habitación de un hospital en la orilla del mar, se encontraba recostada sobre la cama una joven bella, de piel pálida y cabello largo y negro y sus ojos eran castaños; a pesar de estar en sus veintes, su aspecto era enfermizo, ya que, desde que era joven, padecía de una rara enfermedad que la iba debilitando poco a poco. Tenía sus gafas sobre una mesita al lado de su cama.

En aquel entonces nadie sabía lo que ella tenía, lo que preocupaba mucho a sus padres. Luego de años penosos de investigar sobre la enfermedad, de realizarle varios estudios, finalmente, tanto los padres de la muchacha como los propios doctores, descubrieron que padecía de Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad degenerativa de la cual, no existe cura. Le dieron como pronóstico entre tres y seis meses de vida. Los padres se sintieron devastados por la noticia, a tal grado que no sabían cómo decírselo a su hija.

Uno de los doctores fue quien tuvo que darle a la muchacha la mala noticia. Ella escuchó todo lo que le dijo el médico y, al terminar la explicación, simplemente se quedó callada, como resignada a aceptar su triste destino. De repente, al voltear a ver a la ventana de su habitación, derramó unas cuantas lágrimas en silencio, viendo el cielo azul.

- Lo lamento mucho, señorita -dijo el doctor apesadumbrado – desearía que fueran buenas noticias, pero es mi obligación decir la verdad.

- Está bien -dijo la muchacha en voz baja -si este es el destino que me depara el futuro, entonces lo aceptaré -El doctor se quedó callado y se retiró de la habitación.

- Si necesita algo -dijo el doctor al salir por la puerta -sólo comuníquemelo por el radio.

- Muchas gracias -dijo la muchacha.

Ella se quedó mirando a la ventana, pensando en su inminente final. Miró hacia el cielo, como siempre lo había hecho.

En ese momento, entraron los padres de la muchacha, sumamente tristes por el cruel destino que le deparaba a su hija. Él era alto y delgado, tenía alrededor de cincuenta años; tenía el cabello negro como su hija, corto y peinado hacia atrás, con canas en las patillas y un bigote poblado, también lleno de canas. Su cara era larga y pálida con algunas arrugas y ojeras ligeramente marcadas debajo de sus ojos, que eran pequeños y de color azul oscuro. Vestía con una chaqueta gris, camisa blanca, jeans azules y zapatos negros.

Entre tanto, su madre era de estatura más baja, su figura era algo regordeta, su rostro era redondo, su boca era pequeña, usaba gafas y tenía los ojos marrones, como los de su hija. Su cabello era rizado y corto, de color castaño con algunas canas y vestía un vestido rojo con bolas blancas por todas partes, además de usar unas zapatillas color beige.

- Hija… -dijo el papá con voz ahogada, llenándosele los ojos de lágrimas, acercándose a su hija. Su esposa también se acercó con lágrimas en los ojos, hasta que no pudo más, y la mamá, finalmente, estalló en llanto sobre la cama cayendo sobre ella y agarrando las sábanas con mucha fuerza. Su marido la abrazó para tratar de consolarla.

En ese momento, la muchacha tomó la mano de su madre, y ésta, levantó la cabeza para ver a su hija a la cara. Era como si estuviera viendo a un ángel, debido a los rayos del sol que entraban por la ventana de la habitación.

- Ay, hija -ambas se abrazaron y la muchacha trató de consolar a su mamá.

- Ya, mamá -dijo ella a su madre -Ya estoy resignada a mi destino.

- No lo entiendo -dijo el papá de la chica, furioso - ¿Por qué está pasando esto? ¿Cuándo pasó? ¡¿Acaso es algún castigo divino por algo que sucedió?! -Comenzó a apretar los puños tanto, que los nudillos se pusieron pálidos - ¡¿En qué nos equivocamos?! ¡¿En qué me equivoqué?!

- Papá, cálmate, por favor -le rogó la chica a su padre. Lo tomó de las manos y ambos se miraron directo a los ojos y los de él se le volvieron a llenar de lágrimas -Lo tendrá que pasar tendrá que pasar. Los quiero mucho a los dos.

Ambos padres fueron recuperando poco a poco la compostura y se incorporaron. Vieron a su hija fijamente, quien volvió a ver hacia la ventana el cielo azul.

- Hija -dijo el papá ya recompuesto - ¿Hay alguna cosa… que quisieras que hagamos por ti?

Ella lo pensó un poco y, después, se volteó a ver hacia el cielo azul y vio los rostros de seis personas, iguales entre sí, con uniformes de preparatoria. Sus ojos brillaron y volteó a ver a su padre con la misma expresión.

- De hecho… si hay algo que quisiera.

CONTINUARÁ...


Hola a todos. Después de mucho tiempo sin publicar nada debido a los estragos que produjo la pandemia, finalmente regresé con una nueva historia que se me ocurrió recientemente después de ver la primera película de Osomatsu-san, la cual resultó muy divertida y conmovedora a la vez, ya que me hizo llorar al final. Espero que les resulte de su agrado. Iré subiendo los capítulos de a poco, ya que ahorita, por el trabajo, siento que me costará sacarlos lo más pronto posible.

Si no han visto la película, se las recomiendo bastante.

En cuanto a los demás fanfics que tengo pendientes de terminar, a ver si logro terminarlos tarde o temprano. Pero, por el momento, esperen al siguiente capítulo, ya que es el que traigo presente por ahora. Nos vemos, cuídense mucho y hasta pronto.