El valor de un hombre.

Los pasillos del hospital bullían de actividad: doctores y enfermeras se apresuraban a atender al enfermo de turno para después pasar al siguiente y, de ahí, al próximo. En los quirófanos, los cirujanos aplicaban todos sus conocimientos para tratar de salvar a los heridos más graves, aquéllos que habían sobrevivido al Frente de Liberación Paranormal. Quedaba claro que el personal médico no se estaba dando abasto, pues había demasiados lesionados entre héroes y civiles, producto de una de las peores batallas ocurridas en los últimos años. No fue sino hasta bien entrada la tarde que el flujo de pacientes disminuyó y una calma relativa se posó sobre el nosocomio.

Fue entonces cuando Azure Bourgeois decidió dirigirse a la central de enfermeras, procurando que no se notase su inquietud. A pesar de que era perfectamente normal que cualquiera mostrase nerviosismo en esos momentos, gracias a la cruenta lucha que tuvo lugar unas cuantas horas atrás, por su rango médico ella debía mantener la compostura. Además, la joven de cabello azul oscuro pertenecía a Les Bleus, la organización de rescate francesa que viajaba por el mundo para apoyar en guerras de ese calibre, por lo que se vería mal que perdiera la razón por un evento que ya estaba más que acostumbrada a ver. Sin embargo, su nerviosismo no se debía a la terrible pelea que le había tocado presenciar, en donde había socorrido a muchos heridos, sino a algo muy diferente.

Al acercarse a la central, ella vio al jefe del área de cirugía, el doctor Watanabe, hablando con la doctora Verdi, la neuróloga de Les Bleus; el tema de conversación era Deku, el chico de cabello verde y pecas que, hasta donde Azure sabía, era el objetivo principal del líder del Frente de Liberación Paranormal. La médica estuvo atendiendo heridos en el campo de batalla, uno tras otro, y después había operado en conjunto con los cirujanos japoneses a aquéllos que estaban más graves, así que lo que sabía lo escuchó directamente de los héroes que peleaban. En esos momentos, al doctor Watanabe le inquietaba el que Deku no despertara y deseaba saber qué opinaba la doctora Verdi al respecto. Como a Azure no le correspondía ayudar en el caso de Izuku Midoriya pues su quirk no era útil para ello (lo suyo era cortar y cauterizar o soldar cualquier tipo de material, ya sea orgánico o inorgánico, lo que la había convertido en una experta cirujana), evitó inmiscuirse en la conversación y se dirigió al sitio en donde se guardaban las carpetas metálicas que contenían los expedientes médicos de los pacientes hospitalizados. Muy a su pesar, no consiguió su propósito de pasar desapercibida, pues tanto Watanabe como Verdi se percataron de su presencia.

– ¡Ah, doctora Nuit! –El doctor Watanabe se dirigió a ella por su nombre de heroína–. Me da gusto verla, quiero agradecerle por su esfuerzo en atender a los heridos, su ayuda ha sido muy valiosa.

– No hay por qué agradecer, es el deber de Les Bleus –respondió ella, tal y como le enseñaron a hacer cuando comenzó con su entrenamiento; seguramente, la doctora Verdi también dijo lo mismo cuando le dieron las gracias–. Estamos para ayudar a quien lo necesite, sin importar su nacionalidad o tendencia política.

"Quien salva a una vida, salva al mundo" era el lema de Les Bleus, quienes ayudaban a los caídos en batalla, ya fuesen héroes, civiles o villanos. Les Bleus no hacía distinciones ni tampoco se adjudicaban méritos personales, su deber era socorrer a tantas almas como fuera posible, era la forma que ellos tenían de aportar su grano de arena al mundo. Por tanto, de ninguna manera Azure se habría adjudicado para sí misma el mérito de su esfuerzo, sobre todo porque no había motivos para sentirse jubiloso. La batalla contra el Frente de Liberación Paranormal, como ya era del dominio público, había sido un verdadero infierno y sacudió los cimientos de la inestable sociedad japonesa con la fuerza devastadora de un terremoto.

– De cualquier manera agradecemos el apoyo que nos brindó para una labor que está francamente sobreestimada –señaló el cirujano–. Cuando los héroes caen, somos nosotros quienes los levantamos, pero pocos notan eso.

– Sí, eso es cierto. –Azure se permitió esbozar una sonrisa.

– ¿Planeas visitar a alguien, Nuit? –intervino la doctora Verdi, sin notar el nerviosismo de su compañera de trabajo.

– Sí –contestó ella, lo más calmadamente que pudo–. Voy a revisar al paciente de la habitación 307, quiero saber cómo está su lesión pulmonar.

– Oh, ese paciente estaba teniendo una, eh, reunión familiar hace unos minutos –la interrumpió una enfermera, incómoda–. Quizás prefiera ir a ver a alguien más en lugar de a él, doctora Nuit.

Azure notó que Watanabe desvió la vista y que la doctora Verdi intercambiaba con ella una mirada de censura. No era el hecho de que el paciente estuviera con sus familiares lo que les incomodó a los tres galenos, sino el evidente desprecio que la enfermera demostró por dicho enfermo. En esa batalla se perdieron muchas cosas y entre ellas estaba el respeto que la población sentía por sus héroes.

– Los familiares se han retirado ya, puede usted ir a ver a ese paciente si así lo desea –aseguró Watanabe, tras lo cual le lanzó una mirada gélida a la enfermera que había hablado–. Como bien sabemos, su lesión pulmonar fue severa y requiere estricta vigilancia médica.

– Gracias, doctor Watanabe, iré en este instante –fue la respuesta de Azure, tras lo cual tomó la carpeta metálica que estaba etiquetada con el nombre "Todoroki, E." antes de echar a andar hacia la habitación 307.

¿Qué clase de reunión familiar habría tenido Endeavor en su habitación? No era algo que a Azure le debiera de importar, pero tenía que admitir que le daba mucha curiosidad saberlo, a pesar de que ella era la persona que menos derecho tenía a inmiscuirse en los asuntos de la familia Todoroki. Estaba consciente de que Shoto, el hijo menor de Endeavor, estaba hospitalizado también pero, aunque él hubiera ido a visitar a su padre, eso no lo convertía en una reunión familiar, así que era altamente probable que sus otros hijos, Natsuo y Fuyumi, hubiesen estado presentes también. Considerando que hacía unas horas se había revelado que Dabi, uno de los villanos más temibles del Frente de Liberación Paranormal, resultó ser el hijo mayor de Endeavor, era más que comprensible que éste hubiera querido reunirse con el resto de su familia.

"¿Realmente hago bien al ir a verlo a su habitación?", se preguntó Nuit. "Creo que sólo agregaría otra variable a su problema, así que debería de mantenerme alejada. Sin embargo, también es cierto que en estos momentos él va a necesitar todo el apoyo posible y dudo que haya muchas personas que deseen dárselo".

Ella había escuchado los comentarios que hacían las enfermeras, otros médicos y los civiles que se había encontrado en los pasillos: todos y cada uno de ellos condenaban duramente a Endeavor y a su desmedida ansia de poder, que lo había llevado a destruir a su familia y a condenarse a sí mismo a la muerte social. Sin embargo, a pesar de que las pruebas parecían estar en su contra, Azure ansiaba darle el beneficio de la duda, necesitaba escuchar la historia de sus labios antes de atreverse a juzgarlo. Por supuesto, no era seguro que Enji quisiera contársela pues, al final de cuentas, ¿qué era ella para él? Nadie lo suficientemente importante como para que se atreviera a exigirle algo tan difícil.

"Y si piensas esto, ¿para qué vas a verlo? Ya tiene a su familia, ¿qué crees que puedes ofrecerle tú?".

No pudo seguir cuestionándose sobre este punto pues, cuando se encontraba a pocos metros de la habitación, la puerta de ésta se abrió y a través de ella salió una mujer menuda de cabello blanco y largo, cuyos ojos oscuros estaban rodeados por sutiles ojeras. Azure nunca la había visto, ni siquiera en fotografías, pero con sólo darle una mirada se dio cuenta de inmediato de que esa mujer era Rei Todoroki, la esposa de Enji. Era imposible confundirla, Shoto y Fuyumi se parecían lo suficiente a ella como para que Azure la reconociera con relativa facilidad. Rei cerró la puerta tras de sí y echó a andar por el pasillo casi vacío, dirigiéndose sin pretenderlo hacia Azure.

Durante unos breves segundos, la joven consideró dar la media vuelta e irse antes de que Rei tuviera oportunidad de verla; el destino era tan desgraciado que la había puesto en el camino de la única persona en el mundo a la que hubiese preferido no ver en ese momento. Sin embargo, menos de dos segundos después, Azure se dijo que debía seguir adelante: si tuvo el descaro de acostarse con el marido de esa mujer, debería de tenerlo para no rehuirle. Nuit estaba segura de que Rei no sabía que su esposo tenía un amorío con una mujer que era veintiún años más joven que él, después de todo acababa de salir de un psiquiátrico en donde estuvo refundida durante una década y también acababa de enterarse de que uno de sus hijos, el que creía muerto, estaba bien vivo y se había convertido en un asesino, lo que menos le iba a importar a Rei era lo que estuviese haciendo Enji a sus espaldas. Todavía así, Azure tuvo el suficiente decoro para avergonzarse, lo que la llevó a comportarse con humildad: nunca tuvo la intención de embrollarse con un casado ni tampoco pretendía que él dejara a su esposa para estar con ella, por lo que no tenía el cinismo de sentirse superior a nadie. Su único pecado, uno muy grande, fue enamorarse como imbécil de quien no debía.

Rei se dio cuenta de la presencia de la médica prácticamente cuando ya la tuvo a un par de metros; ella levantó la mirada y le sonrió a Azure, con ese gesto simple y superficial de confianza que se le dirige a un extraño. Nuit, a su vez, hizo algo que nunca esperó que haría: se detuvo y realizó una reverencia de respeto. Rei, un tanto sorprendida, hizo lo mismo, tras lo cual cada una reanudó su camino. Ninguna de las dos lo sabía, pero jamás volverían a verse. Azure nunca olvidaría quién era ella; Rei nunca se enteraría de quién era la doctora a la que acababa de saludar.

"A pesar de todo, me tiemblan las piernas", reconoció Azure, deteniéndose afuera de la puerta marcada con el número 307. "Ni siquiera intercambiamos palabra, pero verla en persona fue peor de lo que imaginé".

No podía decir que envidiaba a Rei, por más que ella estuviera casada con el hombre del que Azure estaba perdidamente enamoraba, pues conocía lo suficiente del tormentoso matrimonio de Enji y Rei como para desear estar en su lugar. Por lo que sabía, Rei había pasado por un auténtico infierno al estar unida a un hombre que, a pesar de ser la misma persona, era muy distinto a aquél que amaba Azure. Tampoco podía decir que la compadecía, la francesa se había abstenido de sacar juicios precipitados que pudieran estar nublados por su desmedido amor por Enji y había optado por no desarrollar sentimientos hacia su mujer, ni buenos ni malos. No le tocaba a ella juzgar ni ponerse en uno de los dos bandos dado que no estuvo presente cuando esos sucesos se desarrollaron ni tampoco se vio afectada por ellos. Sin embargo, para su sorpresa Azure se dio cuenta de que sí tenía un notorio sentimiento de culpabilidad; ser la amante, contrario a lo que muchos piensan, rara vez es satisfactorio, descontando los pocos momentos de felicidad que se pasan junto al ser amado.

Tras lanzar un suspiro prolongado, Nuit abrió la puerta y entró en la habitación; lo que vio ahí, le rompió el corazón al instante. Enji Todoroki estaba sentado en la cama, inclinado hacia delante, llorando con la poca gracia de los hombres maduros. Con una mano se sostenía la mascarilla que le aportaba oxígeno mientras que con la otra se limpiaba las lágrimas con un pañuelo. Azure no estaba segura de qué esperaba encontrar ahí, pero definitivamente no se imaginó que hallaría a Endeavor destrozado y sumido en su dolor. Era la primera vez que ella lo veía así y lo amaba tanto que habría sacrificado su propio corazón con tal de aliviar su agonía.

– Nos llevó mucho tiempo y esfuerzo reparar tu pulmón, deberías de cuidarlo un poco más –señaló Azure, con suavidad.

– ¡Nuit! –exclamó él con sorpresa, dirigiéndose a ella por su nombre de heroína, lo cual no sorprendió a la joven: Endeavor jamás la llamaría por su nombre de pila en un lugar público–. ¿Qué estás haciendo aquí?

– Vine a ver a mi paciente –contestó Azure, hojeando sin leer el contenido de la carpeta metálica–. Es mi deber asegurar su estabilidad física y mental.

Parecía que Enji iba a decir algo más, pero en vez de eso emitió un sollozo ahogado. Sin embargo, su dignidad le hizo enjugarse las lágrimas y levantar la cabeza.

– El médico me ha dicho que ayudaste en mi cirugía –señaló –. Te lo agradezco.

– No tienes por qué. –Nuit estaba consciente de que debía repetir el discursito cursi que le había dicho al doctor Watanabe, pero no pudo–. Habría hecho cualquier cosa para mantenerte vivo.

Se hizo un silencio denso, en el cual cada uno se sumió en sus propios pensamientos. Azure ardía en deseos de preguntar por lo ocurrido con Dabi, pero al recordar a Rei, se detuvo. Una vez más, le quedó en claro que ella no tenía derecho a hacer algo tan personal.

– ¿Estás enterada de lo de Dabi? –sorpresivamente, fue el mismo Enji el que sacó el tema a colación–. De Toya... mi… hijo...

El hombre se secó una lágrima que escurrió de su ojo derecho cuando pronunció las últimas palabras. No había que ser muy intuitivo para saber que esta cruel revelación lo estaba destrozando.

– Sí, lo estoy, vi la transmisión que él hizo durante la batalla –asintió Nuit, en voz baja–. A decir verdad, a estas alturas es muy difícil que alguien en Japón no esté enterado de eso.

– ¿Y cuál es tu opinión al respecto? –preguntó Enji con sequedad, con la actitud de alguien que espera una mala respuesta.

Ella se atrevió a mirarlo a los ojos antes de responder; era cierto que Endeavor era conocido por no revelar muchas de las emociones que no fueran el enojo o la impaciencia, pero Azure había aprendido a leer sus verdaderas intenciones en sus ojos. Y en esos momentos, en esos ojos color turquesa brillaban la culpabilidad, el dolor y el arrepentimiento.

– Pienso que esta historia tiene dos versiones –contestó Nuit–. Y a mí me gustaría mucho poder escuchar la tuya.

– Ahora es un buen momento para contarla –aseguró él–. No tengo más que ocultar.

Azure asintió con la cabeza, pero al recordar que acababa de encontrarse a Rei en el pasillo, lanzó una mirada inquieta hacia la puerta pues temía que ella pudiera volver en cualquier momento.

– No va a regresar –soltó Endeavor, quien al parecer le leyó el pensamiento.

Él no aclaró de quién hablaba y Nuit no lo preguntó. No había necesidad de hacerlo y era mejor así, era obvio que a ambos les incomodaba mencionarla. A donde quiera que Rei hubiera ido no era algo que le interesara a Azure, bastaba con saber que ya había terminado con lo que había ido a hacer al cuarto de hospital en donde estaba internado su marido.

"El amor vuelve a las personas cínicas", se dijo la médica, ignorando a la parte de su conciencia que le decía que estar enamorada no la justificaba de hacer lo que estaba haciendo.

Azure tomó una de las sillas reservadas a los familiares del paciente (que estaba vacía y lo seguiría estando, era poco probable que alguno de los hijos de Enji se ofreciera a cuidarlo) y la acercó a la cama. En cuanto se sentó, Endeavor empezó a hablar, haciendo pausas para limpiarse alguna lágrima solitaria, mientras Nuit se limitaba a escuchar sin hacer comentarios. Enji no negó ninguna de las cosas terribles que le hizo a su mujer y a sus hijos, de las cuales ya lo había acusado Dabi a nivel nacional, por lo que, por momentos, Azure no pudo evitar experimentar un profundo horror ante la desmedida crueldad con la que él trató a su familia; sin embargo, cuando sentía que su lealtad se tambaleaba, miraba a Enji a los ojos para analizar sus emociones y podía notar que no había regocijo ni frialdad en ellos, sino un arrepentimiento denso, una culpabilidad intensa y una inevitable sombra de fracaso. Endeavor sabía que les había fallado a las personas a las que debió proteger en primer lugar y no habría manera en la que pudiera corregirlo. Pero, por sobre todo, Nuit pudo comprobar que Enji nunca se recuperó del dolor que le causó el haber perdido a su primer hijo, dolor que ahora se había duplicado al descubrir que no sólo no estaba muerto, sino que además se había convertido en un homicida por causa suya.

– No te recriminaré si decides despreciarme –finalizó Enji, con la mirada baja–. No tengo justificación para lo que hice y ni siquiera debería de pensar en redimirme. No busco que me perdonen ni que me acepten, sólo quiero reparar el daño que he hecho. Toya ahora es mi responsabilidad y, aunque me duela, debo hacerme cargo de él, a pesar de saber que soy incapaz de enfrentarme a mi propio hijo.

La doctora no contestó, pensando detalladamente en cuál sería la mejor manera de responderle. Quería decirle que no lo despreciaba y que nunca podría hacerlo, pero temía que tanta efusividad tuviera el efecto contrario en él. Quería confesarle también que verlo tan vulnerable y derramando lágrimas había removido las fibras más sensibles de su corazón, porque le había mostrado la clase de hombre que era, más que sus muchas y heroicas victorias, pero no se sentía con derecho a hacerle un comentario tan personal. Estaba consciente de que Enji esperaba una respuesta y que no podía tardar mucho en dársela, pero las palabras se le atoraban en la garganta.

– No te desprecio, aunque te sorprenda – habló Azure, escogiendo cuidadosamente sus palabras–, porque el valor de un hombre no está en los errores que no comete, sino en cómo trata de corregir los que ya cometió. No voy a minimizar lo que has hecho porque ha sido algo terrible, pero no tengo derecho a juzgarte ni razón para hacerlo, creo que tú mismo eres tu peor juez y verdugo y en estos momentos ya hay demasiada gente acusándote como para que yo también lo haga. A mi parecer, no esperaría que nunca te equivoques, porque es imposible, sino que te arrepientas del daño que has hecho y que te esfuerces por arreglarlo.

Endeavor se quedó callado, sin dar crédito a lo que oía. Tras lo que había hecho, esperaba que todos le dieran la espalda y, en vez de eso, su familia le había dado su apoyo, así como Hawks y Best Jeanist, y ahora Nuit también se lo ofrecía. No creía merecerlo, pero una parte de él lo agradecía sobremanera. Había dicho que iba a encargarse de Toya porque sabía que era lo que debía hacer, pero estaba consciente de que era altamente probable que no pudiera hacerlo; sin embargo, mientras hubiera alguien que aún creyera en él, tendría que seguir luchando.

– No te sorprendas tanto –pidió Azure, ofuscada por su expresión–. Yo nunca he creído que el mundo se mueva en matices de negro y blanco. Los humanos, con sus muy contadas excepciones, tenemos tonalidades de gris. El problema es que tu predecesor puso un estándar muy alto con respecto a la ética y a los valores que se espera que los demás sigamos, y no digo que esté mal, pero son pocos los que tienen ese nivel de inviolable perfección. All Might fue un perfecto Símbolo de Paz para la época perfecta que él construyó, pero en la realidad que tenemos ahora, se requiere un héroe que demuestre que puede seguir peleando a pesar de ser muy imperfecto. Considerando que en esta vida hay más grises que blancos puros, alguien como tú es lo que se necesita en estos momentos.

– He perdido el apoyo y el respeto de la sociedad –señaló Enji, con mucho acierto–. Yo sobreviví, pero Endeavor ha muerto.

– Pues entonces lo tendrás que traer de las cenizas, no sería la primera vez –replicó Nuit–. La sociedad está confundida porque ha perdido su punto de apoyo, se ha derrumbado el sistema en el que creía. Sabes que siempre he pensado que el ranking de héroes es una estupidez, pero no quiero hablar de eso, lo que trato de decir es que, cuando la sociedad tiene un punto de quiebre como éste, en donde parece que los valores que la sostenían resultaron ser falsos, le es fácil elegir a un chivo expiatorio para purgar sus miedos. En este momento la gente te atacará con todo lo que tiene, es inevitable porque no eres una víctima inocente, pero sé que sobrevivirás a esto, pues estás consciente de cuáles han sido tus errores y tu fortaleza es mucho más grande.

Al acabar de hablar, Azure se mordió la lengua, ya que sintió que fue pretenciosa y temía que Enji creyera que lo había juzgado, pero éste parecía estar más allá de cualquier cosa que no fuera su arrepentimiento.

– Gracias por tu apoyo –dijo él, en voz muy baja.

– No tienes por qué agradecérmelo –musitó ella–. Nunca dejaré de creer en ti, Endeavor.

Porque, para bien o para mal, Azure iba a amar a ese hombre hasta el último día de su existencia, con ese amor intenso y terrible que no todos tienen la desgracia de vivir y que consume a quien lo manifiesta. Sin importar lo que sucediera, sin importar que nunca pudiera estar con él, aun así ella apoyaría a Enji Todoroki de manera incondicional.

– ¿Cuándo te vas? –preguntó él.

– Considerando cómo están las cosas, no vamos a marcharnos pronto. –Nuit entendió que Enji no preguntaba por cuánto tiempo se quedaría a su lado, sino cuándo se retirarían Les Bleus de Japón–. La población necesita que se le ayude con sus heridos y nosotros somos buenos en estos escenarios posguerra.

Lo expuso como si de verdad fuese una especialista con muchos años de experiencia en su haber, pero para ella estaba muy claro que no había sido más que una fanfarronada infantil, dicha por una joven que buscaba impresionar a un hombre que, por edad, bien podría ser su padre. Sí, era cierto que ése no era el primer escenario postapocalíptico en el que los integrantes de Les Bleus habían estado, pero sí el primero en donde las consecuencias habían sido tan brutales. Azure tenía que admitir que estaba muy asustada, pero no iba a huir y sabía que nadie en Les Bleus lo haría.

– Los civiles lo agradecerán –comentó Endeavor–. Y los héroes, también.

Una vez más, Nuit fue consciente de que debió de haber soltado el discurso de Les Bleus o su lema, pero temió que él creyera que las palabras que acababa de decirle eran prefabricadas. Además, se había establecido entre ambos una atmósfera limpia, Enji lucía más tranquilo y no tenía caso echar a perder el ambiente con frases obligatorias. En las piernas de Azure reposaba la carpeta metálica que contenía el expediente médico del paciente, que ella había dejado en paz dado que no había más que hacer por Endeavor desde el punto de vista médico, el tomarla no había sido más que un pretexto para ir a verlo. Su atención médica había acabado en el quirófano y en esos momentos lo que Enji necesitaba era soporte moral, algo que Azure consiguió darle a pesar de que estaba muy perdida con respecto a cómo estaba funcionando el mundo.

– Deberías descansar –señaló Nuit, después de un rato–. Como dije, fue difícil recuperar tu pulmón y llorar así no te hace bien.

– No estoy seguro de poder dormir –negó Endeavor–. No esta noche.

Azure volvió a pensar en el hecho de que, sin importar lo muy herido que Enji estuviera, nunca tenía a alguien de su familia junto a él. En cierto modo entendía por qué nadie se quedaba a su lado (Rei no podía hacerlo debido al temor que le seguía teniendo a su marido, Fuyumi tampoco podía quedarse por ser mujer, Shoto también estaba hospitalizado y Natsuo no se quedaría ni aunque lo amenazaran), pero en un momento como ése, en donde el hombre estaba en su nivel más bajo, le vendría bien no estar a solas con sus pensamientos.

– Puedo hacerte compañía, si lo deseas –ofreció Nuit, tímidamente–. Pero si prefieres estar solo, me iré.

– Puedes quedarte –respondió Enji con fingida indiferencia, aunque sus ojos claramente decían: "quiero que estés aquí".

Ella asintió con la cabeza y se preguntó de qué habrían hablado los Todoroki en la reunión familiar que tuvieron un rato atrás. No había que ser muy inteligente para suponer que Dabi fue el tema a tratar, pero todavía así había muchas cosas que Azure no podía dar por hechas. Sin embargo, por mucho que se muriera de ganas de hacerlo, se contuvo de preguntarle a Endeavor sobre eso pues, una vez más, ella no tenía derecho a querer averiguar sobre su familia.

"Es muy doloroso amar tanto a alguien que sabes que nunca te va a corresponder", pensó Nuit, con la mirada baja. "Es muy doloroso que sólo pueda conformarme con unas migajas, sabiendo que hay una parte de él que jamás compartirá conmigo".

– Quiero pedirte algo –comentó Enji repentinamente, sorprendiéndola.

– ¿Qué necesitas? –Ella se sobresaltó–. ¿Tienes problemas para respirar o hay algo que te esté lastimando?

– No hay parte de mi cuerpo que no duela –esbozó él una mueca irónica–, pero estoy bien en ese sentido y puedo respirar sin problema. Quiero pedirte algo que sólo tú me puedes dar.

A pesar de que sabía que Endeavor no estaba pidiéndole que hiciera algo perverso, Azure sintió que se ruborizaba. Odiaba reaccionar como colegiala cuando hablaba con él pero no podía evitarlo, mucho menos si, como en esa ocasión, Enji estaba arriesgándose a solicitarle que hiciera algo personal.

– ¿Qué es lo que quieres? –preguntó Nuit–. Lo que sea que me pidas, lo haré.

– Canta para mí –contestó él, sin mirarla–. Como lo hiciste aquella vez.

Era sabido por todos los que habían trabajado con Azure, o que hubiesen sido atendidos por ella, que la joven les cantaba a los héroes malheridos para ayudarlos a relajarse, una costumbre que se convirtió en su sello personal. Muchos de esos héroes sufrían dolores indecibles o incluso estaban agonizando, pero solían tranquilizarse cuando Nuit entonaba una canción en específico, una que a los que sacrificaban sus vidas para salvar a otros les habría gustado escuchar; quedaba establecido que este acto no les quitaba el sufrimiento, pero sí que lo hacía mucho más llevadero. Cuando Endeavor y Nuit se conocieron, más de dos años atrás, él recibió este tratamiento peculiar de parte de ella en más de una ocasión, aunque nunca hasta ese momento había reconocido que eso causó un impacto duradero en él.

– Por supuesto –asintió Azure–. Me encantará cantar para ti.

"Debe ser horrible saber que tu propio hijo se ha vuelto contra ti y contra el mundo, pero debe ser un verdadero infierno estar consciente de que has sido tú el culpable de eso…".

Ella no podía cambiar el destino de Enji, pero le bastaba con ayudar a aliviar su sufrimiento, aunque fuese por poco tiempo. En cuanto Nuit comenzó a cantar, Endeavor cerró los ojos y permaneció en silencio, escuchando. Ella notó que su respiración se volvía más acompasada y menos dificultosa; quizás, con un poco de suerte, Endeavor podría conciliar el sueño por unas horas. Con el pretexto de que quería revisar la mascarilla de oxígeno, Azure se acercó a él y, tras acomodársela, acarició con suavidad la cicatriz de su rostro, mientras seguía cantando la melodía en voz baja. La médica creyó que, de un momento a otro, Enji le pediría que retirara su mano, pero no se movió ni tampoco emitió comentario alguno. En el canto del ojo todavía brillaba una lágrima, que Nuit secó con sus dedos.

Hey, hey, I saved the world today… (Ey, ey, salvé al mundo hoy…), everybody's happy now (todos están felices ahora), the bad thing's gonna away (lo malo se ha ido) …

Sabía que en esos momentos esas palabras eran una mentira, pero Azure estaba segura de que algún día volverían a ser ciertas.

Fin.


Notas:

– Los personajes de Boku no Hero Academia pertenecen a Kohei Horikoshi ©.

– Azure Bourgeois / Nuit es un personaje creado por Lily de Wakabayashi. La organización Les Bleus y la doctora Verdi son creación conjunta de Lily de Wakabayashi y Elieth Schneider. El apellido del jefe de cirugía también fue invento mío.

– La canción que Azure canta es "I saved the world today", de Eurythmics.

– Esto forma parte de la historia que he ido desarrollando para mi OC en el universo de BnHA y tendría lugar alrededor del capítulo 303 del manga; actualmente tengo muchas cosas establecidas para Azure (quien está enamorada de Enji, como se puede ver), pero quise escribir esta parte en específico por el puro gusto de hacerlo. Este fic, por cierto, se desarrolla en un AU completamente diferente al de mi otro one-shot con Nuit y Endeavor, "Descendiendo a lo profundo", por eso es que en ambas historias la relación entre ellos es distinta.