Buenas! Es el primer fic que escribo sobre BNHA. Se ubica cronológicamente en el capítulo 342 del manga, intentando hacer una introspección de Deku y agregandole cosas! Ojalá lo disfruten :D

Disclaimer: tanto la obra como los personajes fueron creados por Kohei Horikoshi por lo que no me pertenecen.


Habíamos regresado de otra de nuestras búsquedas para encontrar pistas sobre All for One y Shigaraki y, como siempre, había sido un fracaso. Por suerte pudimos rescatar a unos civiles y traerlos al refugio haciendo que los ánimos aumenten sintiendo que el esfuerzo no había sido en vano. Una vez ingresamos a los dormitorios mis compañeros empezaron a exteriorizar el cansancio acumulado mientras se iban relajando al ya estar en nuestro hogar. Temporal pero hogar al fin y al cabo.

Habían pasado muchas cosas desde la Guerra de Liberación y desde mi huída de UA para intentar cumplir mi deber solo. Pensándolo detenidamente me avergonzaba un poco mi soberbia al pensar que debía cargar el peso de toda la situación por mi cuenta. No, no fue soberbia. Intentaba refugiarme en eso para ocultar mi propia debilidad y frustración tras lo que fue mi encuentro con Shigaraki y todas las consecuencias que trajo la guerra a la sociedad. El mundo ya no era el mismo, la gente ya no confiaba en los héroes. Empezaron a vivir con miedo de que cada día sea el último. Vivían con desconfianza los unos de los otros y perdieron la esperanza de que esto se solucione. Bueno… al menos así pensaba. Sostenía en mi cabeza que también eso era mi culpa y que yo, el portador del gran One for All debía resolver todos los conflictos. Apoyado en ese pensamiento, en mi enojo conmigo mismo y en la soledad que da estar alejado de todos realicé cosas de las que no me enorgullezco. Incluso le hable de mala manera a Allmight… que estúpido fui.

Mientras me encontraba perdido en mis pensamientos noté que Mineta me empezó a hablar balbuceando cosas sobre compartir "historias sucias". Muy típico de él. Le doy una respuesta simple intentando no sacar más charla ya que no me encontraba de ánimos para seguirle el juego. Al voltear hacia las chicas me detuve en Uraraka. Desde que me uní a todos en el refugio no he tenido el tiempo para hablar con ella como hubiera querido, no he podido agradecerle lo que hizo por mi. El discurso que dio frente a las personas que estaban en contra de mi fue realmente conmovedor. Verla enfrentarse a todos con tanta valentía y determinación me embelesó totalmente y más sabiendo que no era fácil para ella. Pero así es su personalidad. Puede tener miedo, estar asustada, con dudas o frustrada pero siempre va a intentar dar lo mejor por los otros. Siempre saliéndose de su camino para salvar a otros mostrando una empatía cautivadora. Y esta vez me volvió a salvar a mi. Si. Volvió. Desde el momento que nos conocimos en los exámenes de ingreso y evito que me tropezara noté su gentileza. No le agradecí como era debido en ese momento debido a lo torpe que soy socialmente. Luego lo hice pero ya debía darle las gracias por otra razón cuando me quiso dar los puntos que ella se ganó en el exámen debido a mi intento de salvarla. Siempre está ahí cuando la necesito. Uraraka es, para mí, la primera persona de mi edad que me ha tratado bien desde primaria. Antes que todos me empezaran a apartar por ser un inútil sin Quirk.

Tomando el valor me acerqué a ella e intenté llamarla su nombre pero justo en ese momento, Allmight llegó de forma estruendosa al dormitorio anunciando que era hora de discutir el plan final para esta segunda guerra, arruinandome el plan de la disculpa.

El día terminó sin que pudiera hablar con ella. Mañana. Mañana tenía que agradecerle por todo, era la última chance. Era nuestra última jornada de paz, si se le puede llamar así, antes de adentrarnos en otra lucha sangrienta que quién sabe cuánto va a durar o cuantos vamos a quedar. La rabia de ese último pensamiento me provocó apretar el puño con rabia. Tengo que salvar a todos. Tengo que vencer a Shigaraki. No. Tengo que salvar a Shigaraki. Con ese último pensamiento caí en un profundo sueño, tan profundo que es como si mi subconsciente quisiera que descansara de mis propios pensamientos.

Al día siguiente empezamos a prepararnos para irnos a otro refugio. Al último antes de la batalla final. Nos reunimos con todos en la entrada y empezamos a despedirnos de nuestras familias. Yo hice lo mismo con mi madre. La abracé con todas mis fuerzas mientras ella me acariciaba la cabeza. Ambos sabemos lo que implicaba ese abrazo, por lo que no nos dijimos nada. No hacía falta. Luego observé que se acercaban Kota y Eri. Ellos dos son una debilidad para mí, me vinieron ganas de empezar a lagrimear al verlos pero lo soporté. Puse mi mejor sonrisa, me agaché para estar a la altura de ambos y les dije que todo iba a estar bien, que íbamos a salir victoriosos y que no debían preocuparse. Esas palabras también podían aplicarse a mi, como una especie de intento de auto motivarme.

Luego de las despedidas, el viaje se hizo de manera muy pacífica. Todos perdidos en sus pensamientos. Cada tanto miraba hacia el asiento de Uraraka, usandola para recargar mis energías para más adelante y juntando determinación para decirle todo lo que quiero decir.

Llegamos a la nueva fortaleza provisional, que se llama "Troya" si no estoy mal (¿por qué le habrán puesto así? No es eso… ¿Algo malo?). Sacudí mi cabeza deshaciéndome de ese pensamiento y caminé junto a los demás mientras intercambiaba unas palabras con Iida. Una vez que llegué a mi habitación me despedí de él para poder guardar mis cosas. Una vez que terminé de ordenar todo, al estar nervioso por toda la situación no tenía ganas de quedarme acostado intentando descansar. Por lo que terminé dando una vuelta.

Fui caminando por el pasillo familiarizandome con el nuevo refugio y observando por las ventanas para ver el entorno cuando la ví. Parada a un costado en la parte de afuera del refugio y observando el horizonte a Uraraka. Tomando un suspiro y decidido a que era el momento, abro la ventana y pego un salto hacía donde está ella. Mientras aterrizaba exclamé su nombre y ella se voltea sorprendiendose. Prueba que estaba muy metida en sus pensamientos.

Me dirijo hacia ella mientras arranco una charla casual sobre si ya desempaco pero no se expande mucho. Se forma un silencio tan tranquilo que lo único que se oye es el viento soplando. Juntando valor por fin pronunció lo que tanto quería decir…

–Gracias por lo que hiciste. Uraraka– Dije esas palabras mientras la miraba a los ojos. Ella apartó la mirada, pero yo decidí no hacerlo. No, no podía hacerlo. – Lo siento, no pude encontrar el momento para decirte algo hasta ahora pero…–. Tomé otro suspiro. – Gracias. Lo digo en serio–. Una vez pronunciadas esas palabras me relajé y me dí cuenta lo nervioso que estaba. Veo que sigo siendo bastante torpe socialmente. Algunas cosas son difíciles de cambiar.

A la vez que me iba relajando Uraraka, avergonzada, empezaba a revolverse el pelo mientras balbuceaba– No-no fue nada ¿sabes?–. Pensaba decirle que no. Que para mi significo todo lo que ella hizo por mí. Pero al final decidí no pecar de intenso y dejarla seguir hablando. – Nunca cambias, ¿eh? Siempre preocupándote por los demás.– Luego que terminara de hablar decidí cambiar de tema para no incomodarla.

–Así que… ¿Qué haces aquí afuera?– Le pregunté mientras acomodaba mi flequillo que el viento traía hacia mis ojos.

–Mmh, solo… mirando la ciudad– Respondió en un tono de voz muy dulce, característica de ella. Luego bajó la mirada y suspiró, como tomando valor para decir algo. Tenía el presentimiento de que era algo importante para ella así que intenté prestarle toda la atención que pueda.

–Soy…– Hizo una pausa mientras juntaba sus manos detrás de su espalda. – Algo rara. – Me quedé reflexionando unos segundo lo que dijo, pensando qué responderle. Decidí decirle todo lo que opinaba de ella. Si está desanimada quiero ser quien la anime. –¿Rara? No lo eres. Para nada. Eres fuerte y valiente. –Empecé a mencionar sus cualidades hablando a una velocidad más rápida de lo habitual, como siempre que estoy avergonzado. – Sin mencionar que tienes un peinado que te queda de maravilla. Además eres amable, honesta y…– Cuando iba a seguir con mis elogios hacia ella me interrumpió diciéndome que no se refería a eso, a la vez que en voz baja mencionó que "no se lo vio venir" mientras sus mejillas se ponían un poco rojas. Decido dejar que continúe hablando.

–A lo que me refiero es…– Volvió a detenerse un momento. Su mirada pasa a una preocupada.– En ese momento, cuando estaba gritando desde la cima del edificio, de la nada, se me vino a la mente la imagen de... – Tragó saliva antes de continuar.–Himiko Toga. – "Ah, ya veo." No pude evitar tener una sensación amarga al escuchar ese nombre. Uraraka continuó.– Nosotras peleamos, ¿sabes? Solo ella y yo, cuando fue el alboroto de Gigantomachia..– No, no lo sabía. La debe haber tenido difícil. Me hubiera gustado ayudarla. –Ella intentó entablar una conversación conmigo y yo le respondí con cosas que para mi eran normales. Que doy por sentado. Pero sabes… – Cerró los ojos un momento, como si estuviera recordando algo. Al abrirlos, continuó.–Ella se veía tan triste al oír mis palabras. – No pude evitar mostrar mi asombro al oír eso, pero no le dije nada. Dejé que continúe para ver hacia dónde se dirigía con esto.

–Mira lo que le hicieron a la ciudad. – Mencionó mientras observábamos las ruinas desde lejos. – Ella es una villana que ayudó a arrebatarle la vida a las personas. Su felicidad. – Al decir esto último, noté que hablaba como si estuviera conteniendo un nudo en su garganta. – Se que todo lo que hizo es imperdonable, que no hay punto de retorno. De verdad lo sé pero…–. Se frenó un segundo, como dudando si continuar hablando o no. – Ella también es una persona y no tengo la menor idea que es normal para ella. Ahí es cuando me puse a reflexionar acerca de que… no se nada sobre Himiko Toga. – Ya veo. Ella es como yo. Dirigió su mirada hacia mi, intentando sonreír.–Así que estoy aquí afuera echando un vistazo a la ciudad, para así nunca olvidar los horrores que vi ese día y mantener esos raros y tontos pensamientos fuera de mi cabeza.– Eso último lo dijo mientras volvía a poner una expresión triste en su rostro por un instante.

Así que era esto lo que le pasaba. Sonreí en mi interior. Había venido a darle las gracias y a, tal vez, animarla pero resulta que ella me volvió a salvar a mí. Decidí abrirme de igual manera que lo hizo ella conmigo, compartiendo mis pensamientos sobre esto. – A mi me pasa lo mismo. – Al pronunciar estas palabras se sorprendió pero no acotó nada, dándome el pie para que me explaye.–Dirigí mi mirada al horizonte y arranqué a hablar.– Yo vi al niño pequeño dentro de Shigaraki. Él… estaba llorando–. Frené un segundo y, aclarando mi voz, continué.– Tal vez no hay manera de evitar una batalla pero no puedo ignorar lo que vi dentro, muy dentro de él.– Sí… no puedo. Después de todo ¿para qué estamos los héroes si no es para salvar a otros?. De reojo vi que Uraraka se sorprendió. Giró, y su expresión pasó a una de alivio, volviendo a sonreír. Sí, así debe ser ella. Siempre debe estar sonriendo. – Supongo que ambos… somos algo raros. – Dijo mientras ambos mirábamos hacía la ciudad.

Que alguien como Uraraka, siendo como es, tenga las mismas dudas que yo me tranquilizó. Me hizo sentir que no estaba solo en esto. Tal vez, después de que pase todo esto, pueda tener el tiempo de aclarar mis pensamientos sobre ella. No, ya estaban claros. Ya sabia lo que siento por ella pero sentía que no me podía preocupar por esas cosas en ese momento. Una vez que pase todo volveré a hablar con ella y me abriré de vuelta. Poniendo una mirada de determinación y con el tono de voz más seguro que he puesto nunca afirmé:

–Vamos a detenerlos.


Bueno, hasta acá! Si llegaste hasta acá te agradezco mucho! Ojalá lo hayas podido disfrutar.

Saludos!