Disclaimer: El Cid no me pertenece, ni ninguno de sus personajes y/o tramas.

Viendo el estado de ánimo de Sancho, y la nula posibilidad de que así atendiera a razones, Ruy optó por acatar respetuosamente sus órdenes. Ya habría tiempo para explicaciones más adelante, pensaba. Así que bajó la cabeza en señal de respeto y abandonó sus aposentos. "Mi señor…" musitó en un tono lo más aséptico posible antes de girarse y dirigirse a la puerta de la estancia. Sabía que no valía de nada intentar razonar con su rey en estas circunstancias, y que lo único que haría, si insistía, sería perjudicar a la infanta.

Una vez que salió al amplio recibidor y los miembros de la guardia real cerraron la maciza puerta detrás de él, suspiró y enfiló el pasillo que conducía a la parte más alejada del núcleo de la fortaleza real en donde se encontraba su humilde habitación, con la idea de reunir sus escasas pertenencias y partir hacia Castilla cuanto antes.

Según caminaba por el largo corredor, dolido por la reacción de su señor, a quien, después de su rey y señor, consideraba su amigo, y todavía sorprendido por lo que Elvira acababa de solicitar a su hermano, se planteó si no debía buscarla antes de volver a Castilla. Solo Dios sabía cuánto tiempo tardarían en verse de nuevo si Sancho no permitía su vuelta a la corte de León. Ruy era plenamente consciente de que, si la buscaba, ello suponía desobedecer directamente las órdenes de Sancho, que había sido muy claro al respecto. Era un comportamiento claramente temerario, pero pensaba que era lo menos que debía hacer después de que la infanta prácticamente se le había declarado en presencia de su hermano. Temía que ella también podría ser presa de la ira y enfado del rey de Castilla, y lo justo y correcto era prevenirla. No es que dudara de que ella supiera cuidarse sola; era perfectamente capaz de hacerlo, pero cuanta más información tuviera, y más preparada estuviera, mejor. A Ruy no le había gustado el cariz que había tomado la conversación con el rey cuando Jimena había salido a colación, y lo último que quería es que Sancho utilizara ese tipo de argumento para que su hermana cambiara de opinión, haciéndola sufrir más de lo que ya estaba sufriendo con su situación personal.

Y además, sinceramente, le apetecía hablar con ella. Había que tener muchas agallas para hacer lo que ella acababa de hacer. Enfrentarse a su hermano más querido en mitad de la grave situación familiar que tienen para evitar su matrimonio había tenido que resultarle harto difícil. Tenía que reconocer que esa era una de las cosas que más le gustaba de ella: no se aminalaba ante nada ni ante nadie, y para ello no tenía que recurrir a intrigas palaciegas como hacía su hermana Urraca.

Justo en el momento en el que había decidido que debía ver a Elvira antes de partir para Castilla, aunque ello le trajera nefastas consecuencias con su señor, Ruy notó que una pequeña mano se posaba en su antebrazo y tiraba suavemente de él en un recodo del lúgubre corredor, arrastrándolo hacía una zona oscura con varios pilares que daban paso a una estrecha salida lateral al patio de armas que nadie usaba habitualmente excepto para apilar trastos inservibles.

A pesar de la oscuridad que le rodeaba, Ruy supo al instante de quién se trataba. Sin soltar su brazo, Elvira apoyó su espalda en una de las frías columnas y se dirigió a él, arrastrándolo con ella, mientras su corazón palpitaba muy deprisa. Conocía sobradamente el carácter de su hermano y cómo reaccionaba cuando se sentía acorralado o traicionado, por lo que temía que su conversación con Ruy no hubiera ido bien. Le preocupaba, y mucho, la posibilidad de que hubiera sido tan egoísta que con tal de librarse de desposarse con Diego Ordóñez hubiera perjudicado seriamente a Ruy. Y, para colmo de males, todo ello sin tener la más remota idea de si querría casarse con ella o no… Sí, se habían besado apasionadamente durante un rato, escondidos en una despensa, pero de eso hacía ya semanas, y, además, de ahí a desposarse, había un trecho... "Perdona que no te haya dicho nada antes, pero…" comenzó a susurrar la infanta, agobiada por las consecuencias que su comportamiento impulsivo pudieran tener para Ruy.

No pudo acabar lo que iba a decir porque él se acercó todavía más, a tientas posó su otra mano sobre el cuello de ella y la besó suavemente. Para cuando Ruy se dio cuenta de que había interrumpido lo que ella le quería decir, Elvira le había rodeado el cuello con sus brazos, acariciándole la parte inferior del cuero cabelludo mientras claramente le instaba con el movimiento de sus labios a que la besara más apasionadamente, tal y como había sucedido en la pequeña alacena semanas atrás. En ese preciso instante él perdió el poco control que le quedaba tras su conversación con Sancho y accedió a sus deseos, besándola sin descanso hasta que unos minutos después separó levemente su boca de la ella, apoyando su frente contra la suya.

"Mis disculpas, no quería interrumpiros…" murmuró Ruy, acariciándole suavemente las mejillas con sus pulgares.

Ella negó con la cabeza, intentando en lo posible evadirse de su situación personal y familiar, dejarse llevar y disfrutar del momento. ¡Estaba en brazos de Ruy y le estaba besando! "Solo quería disculparme por no haber hablado contigo antes, pero parece que no estás enfadado…" le respondió en voz muy baja, jadeando a la vez que intentaba recuperar su ritmo de respiración normal.

Ruy resopló jocosamente. "Soy yo el que debería disculparme por todo lo que ha pasado desde aquel día en la alacena…"

Por toda respuesta, Elvira volvió a besarle, y al separarse, esta vez fue ella quien apoyó su frente sobre la de él, pensando, muy a su pesar, en lo que iba a ocurrir a partir de ese momento. "¿Qué tal ha ido con mi hermano?" preguntó en un susurro, temerosa de la respuesta de Ruy.

Él se separó ligeramente y en la penumbra Elvira pudo adivinar cómo levantaba sus cejas, dándole a entender, sin necesidad de recurrir a palabra alguna, que según lo esperado.

"Tan mal ¿eh?" murmuró ella, apoyando su cabeza entre el cuello y el hombro de él y abrazándolo fuertemente.

Ruy se encogió de hombros a la vez que movía su mano para acariciar el suave cabello de Elvira. "Se siente traicionado, mi señora, necesita tiempo…." musitó. Conocía sobradamente a su rey y señor y su reacción no le había pillado de sorpresa en absoluto. Hubiera querido que fuera distinta, sobre todo por la infanta, pero no podía decir que le hubiera sorprendido. Sabía también que Sancho era un hombre justo y que quería con locura a su hermana Elvira, por lo que deseaba que el transcurso del tiempo le ayudara a ver las cosas de otra manera más beneficiosa para la infanta.

Elvira movió la cabeza ligeramente hacia atrás y le miró fijamente a los ojos, sonriendo a pesar del ambiente lúgubre que les rodeaba. Su vista ya se había aclimatado a la oscuridad y era capaz de distinguir en ella el rostro de Ruy. "Va siendo hora de que me llames por mi nombre de pila, ¿no te parece?" le dijo refrenando una carcajada a duras penas. De repente una duda cruzó su pensamiento. "Ruy, ¿te parece buena idea? Casarnos digo… No solo lo haces por no dejarme mal delante de Sancho, ¿verdad?" musitó, dubitativa, mientras sus brazos seguían alrededor de su cintura.

Los segundos que transcurrieron hasta que Ruy reaccionó a su comentario hicieron que Elvira se pusiera en lo peor. De manera totalmente instintiva su cuerpo se tensó, tragó saliva y dio un paso atrás, preparándose para lo que sin duda sería una gran decepción.