Disclaimer: El Cid no me pertenece, ni ninguno de sus personajes y/o tramas.

A Elvira el silencio de Ruy le cogió por sorpresa; le pareció eterno y se temió lo peor mientras él, completamente ajeno a los negativos pensamientos de ella, pensaba en que realmente se estaba comprometiendo con Elvira, infanta de Castilla y Señora de Toro, y para más señas, la hermana pequeña (y favorita) de su señor el rey Sancho.

La verdad es que si alguien le hubiera dicho a Ruy solo unas semanas antes que sería un firme candidato a la mano de Elvira, no se lo hubiera creído. Es más, probablemente se hubiera reído, y mucho. Por aquel entonces seguía suspirando por Jimena, y a pesar de lo difícil que era que en algún momento llegaran a estar juntos, dado el compromiso de ella con Orduño y los preparativos de boda que habían iniciado, nunca hubiera creído que en menos de dos meses accedería a casarse con otra. Y no solo que accedería, sino que lo haría gustosamente; casi se podría decir que con ilusión.

Lo cierto era que mucho había cambiado en ese breve espacio de tiempo. Su decepción al enterarse de que Jimena preparaba su boda con Orduño, el desprecio con el que le trataba su amada, sus casuales encuentros con Elvira cuando intentaba dar rienda suelta a su rabia y decepción, la muerte de su madre, que le había hecho ser consciente de lo breve de la vida y de la necesidad de elegir bien a la persona que fuera a compartirla con él… Mientras estaba ahí junto a Elvira en la oscuridad de la fortaleza real, fue plenamente consciente de que no sólo accedería a casarse con otra que no era Jimena, sino que se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de que para él desposar a Elvira no era simplemente cumplir con el deber que sentía para con ella con el fin de liberarla del matrimonio concertado con Diego Ordóñez. La hubiera ayudado a esquivar esa boda en cualquier circunstancia, pero tras los acontecimientos de la alacena se sentía aún más obligado. Y, aun así, no era únicamente deber u obligación; estaba feliz de hacerlo.

Ese pensamiento acababa de cruzar su mente cuando sintió que Elvira daba un paso atrás en la oscuridad que les rodeaba y se alejaba ligeramente de él. ¿Cuánto tiempo llevaba pensando desde que la infanta le había preguntado? "No me extraña que reaccione así, piensa que la estoy rechazando," pensó.

"Estoy sumamente honrado, Elvira," musitó, por fin, alargando su recio brazo y cogiéndole de la mano a la vez que daba un paso frente para reducir la distancia que les separaba. "Pero no va ser un camino fácil, tenemos todo en contra… estáis a tiempo de cambiar de idea…" La estimaba demasiado como para hacerla creer que tenían ante sí un camino de rosas.

"No quiero cambiar de idea," susurró ella, emocionada al oírle cómo se refería a ella por su nombre de pila. "Te quiero a ti para compartir mi vida contigo, cueste lo que cueste," añadió, apretando suavemente su mano y dando gracias a la Providencia por la oscuridad que les rodeaba. Si no hubiera sido así, probablemente no se hubiera atrevido a ser tan directa. Y en la situación en la que se encontraban ya no tenía sentido otra cosa que no fuera ser completamente sinceros el uno con el otro.

Ruy sacudió su cabeza, sorprendido por las palabras de ella, y, a la vez, muy halagado. Pero sabía que no debía dejarse llevar por el momento; no era tan ingenuo como para ignorar que el rey de Castilla no iba a dejarles hacer su voluntad, así, sin más. Sancho se lo había dejado muy claro en la tensa conversación que acababan de mantener, y Elvira tenía que ser plenamente consciente de ello si seguían adelante. "Mi señor Sancho no va a…" comenzó a explicar.

"Sancho no es el único que tiene algo que decir en este compromiso, Ruy. Alfonso también, y algo me dice que va a estar encantado de que dejes de ser la mano derecha del rey de Castilla… Estoy segura que prefiere verte de Señor de Toro que de general castellano…" susurró Elvira, agarrándole de la cintura y abrazándose fuertemente a él. Llevaba meses sufriendo las rencillas entre sus hermanos y conocía bien las estrategias y ambiciones de cada uno de ellos. Quizá ahora podría resarcirse de todo el sufrimiento que acumulaba desde la muerte de su padre valiéndose de lo bien que podía leer las distintas intenciones de sus familiares.

"Eso es verdad…" concedió Ruy, acariciándole suavemente el cabello mientras ella apoyaba su cabeza sobre el pecho de él.

"Y estoy segura de que Urraca también va a preferirte lejos de Castilla, y así se lo hará saber a Alfonso sin descanso," le interrumpió ella.. "Nunca pensé que las intrigas de mi hermana acabarían beneficiándome…" añadió, sonriendo en la oscuridad.

Ruy se dio cuenta de que Elvira tenía toda la razón: la difícil situación que atravesaba la familia de ella podía ayudarles. Siempre le había parecido una joven sagaz. En eso Urraca y ella se parecían mucho, pero mientras Elvira utilizaba su inteligencia para ayudar y hacer más fácil la vida de quienes la rodeaban, su hermana mayor buscaba siempre su propio beneficio, sin importarle a quien pudiera hacer daño. Con los años ambas se habían convertido en unas mujeres inteligentes, pero mientras la dulzura y generosidad natural de Elvira potenciaban el resto de sus cualidades, disimulando sus defectos, en Urraca el efecto era justamente el contrario.

El corazón de Ruy dio un vuelco al darse cuenta de que no solo le gustaba la Señora de Toro, sino que probablemente se estaba enamorando de ella. La cogió suavemente de la cintura y volvió a apoyarla sobre la fría columna mientras la besaba.

"Tengo que partir hacia Castilla, órdenes de Sancho. ¿Podríamos vernos mañana en Sahagún, antes de que prosiga camino hacía Burgos? Tenemos mucho que tratar y mi partida es tan inesperada y repentina que a nadie le extrañará que hoy haga noche en Tierra de Campos…" susurró junto al oído de ella, mientras le besaba suavemente la mandíbula y el cuello.

No era precisamente en hablar en lo que estaba pensando la infanta en ese momento, mientras notaba la piel de gallina que el rastro de los besos de Ruy iba dejando por su suave tez. Más bien estaba imaginando lo que podrían hacer solos en la hacienda de la familia de su fiel amiga Cristina; era una finca enorme que conocía muy bien, con multitud de discretos y recónditos espacios en los que nadie les vería ni molestaría… Pero no podía soslayar el hecho de que tenían mucho que hablar entre ellos si iban a seguir adelante con el compromiso. Para empezar, y a pesar de la voluntad que le había manifestado a su hermano Sancho, Elvira no quería embarcarse a ciegas en una relación con Ruy sin conocer de primera mano cuáles eran sus sentimientos hacía Jimena y Amina. No hacía tanto tiempo que le había visto suspirar por la primera, y menos aún que había encontrado en su alcoba a la segunda. La infanta se sonrojaba solo con recordarlo…

Elvira asintió silenciosamente mientras Ruy le acariciaba cariñosamente las mejillas. Sí, haría lo que fuera necesario para verse al día siguiente con Ruy. Ella no lo sabía entonces, pero esa decisión y su encuentro en Sahagún cambiaría la historia de ambos y la Historia con mayúsculas.