Disclaimer: El Cid no me pertenece, ni ninguno de sus personajes y/o tramas.
El ansiado encuentro entre Elvira y Ruy en Sahagún de Campos fue de todo menos tranquilo. Cierto es que cambió la Historia y que dió nombre a lo que se conocería como el "Acuerdo de Sahagún", pero cuando la infanta le propuso a Ruy verse allí tenía en mente otro tipo de encuentro totalmente distinto. Y desde luego, no esperaba ver allí a todos los miembros de su familia más cercana…
Nada más separarse, muy a su pesar, en el frío y oscuro corredor de la corte, la infanta había hecho enviar un correo a su amiga Cristina, con un mensaje muy claro y escueto: le rogaba que diera aposento a Rodrigo Díaz de Vivar esa noche en la hacienda de sus padres. Si bien el correo era un sirviente de su plena confianza que siempre le había sido leal, no quería correr el más mínimo riesgo si era interceptado por algún servidor de Sancho. Cristina ya se imaginaría la razón por la que le realizaba esa petición.
Y, en vez de esperar a la mañana siguiente para reunirse allí con Ruy, Elvira decidió salir en ese mismo momento hacía Sahagún. El correo llegaría antes que ella, y Cristina estaría ya sobre aviso; no quería que, por cualquier causa, al final no pudiera verse con Ruy. Si bien prefería pensar que su hermano no llegaría a esos extremos, conocía bien a Sancho y sabía que si se sentía traicionado por Ruy era capaz de cualquier cosa. Que le preguntaran a su hermano García, que se había visto envuelto en una guerra simplemente porque no había sentido el deber y la necesidad de castigar el comportamiento de unos nobles gallegos en Toro, mientras que Sancho sí lo había sentido así.
Así que se reunió con sus damas en el salón de recreo, les dijo que se encontraba indispuesta con un fuerte dolor de cabeza y que pasaría el resto de la tarde a oscuras en su aposento. Añadió también que nadie la molestara hasta el día siguiente, encargándole especialmente a Jimena la tarea de vigilar que nadie entrara en sus habitaciones. Y, en vez de dirigirse hacía ellas, sin que nadie la viera bajó a las cuadras a través de la salida de las cocinas, se montó en el primer caballo que encontró ensillado y consiguió salir del recinto de la fortaleza real sin que nadie le preguntara. Al joven soldado que hacía guardía en el puesto de entrada no le extrañó ver a la infanta que salía a cabalgar como era su costumbre, y si le pareció fuera de lo común que saliera sola, no le dio ni la más mínima importancia. Además, la infanta Elvira era la única miembro de la familia real que era amable y educada con los miembros de la guardia real y el servicio, por lo que aunque le hubiera parecido raro que cabalgara sola, nunca la habría delatado.
Elvira tenía plena confianza en su amiga y la familia de ésta, pero, tal y como había sospechado, su hermano Sancho, que se sentía traicionado por su mano derecha, que hasta ahora siempre le había sido leal en todo tipo de situaciones, había mandado seguir a Ruy. Así, apenas unas horas después de que estuviera alojado en la hacienda de Sahagún, el rey de Castilla ya era conocedor de esta circunstancia. "¿De qué puede conocer Ruy a los Iñíguez?" pensó Sancho.
Le extrañaba sobremanera que hubiera decidido alojarse con ellos camino de Castilla; en los numerosos viajes en los que le había acompañado desde que el rey Fernando había muerto y su hijo Sancho había sido nombrado rey de Castilla, el séquito real nunca se había hospedado allí a su paso por Tierra de Campos, a pesar de los lazos de amistad existentes entre la familia real y los Iñíguez, que se extendían a lo largo y ancho de tres generaciones. Era cierto que la fama del Cid Campeador como fuerte y valiente guerrero y leal y fiel servidor de su señor le precedía allá donde iba, pero le extrañaba que hubiera escogido precisamente la finca de la familia de la mejor amiga de su hermana Elvira.
Fue ese pensamiento el que hizo que Sancho inmediatamente adivinara la razón de la conexión entre Ruy y los Iñíguez: la propia infanta. Y si así era, presumiblemente Elvira no dejaría pasar por alto la oportunidad de verse con el objeto de su devoción.
El rey de Castilla dio un fuerte puñetazo sobre la mesa cuando se dio cuenta de las intenciones de ambos, sobresaltando momentáneamente al resto de comensales que compartían una suculenta cena a base de cordero con él. Su esposa le miró sorprendida, pero siguió comiendo al oírle musitar las palabras "valiente hijo de Satanás." Estaba ya tan acostumbrada a sus juramentos que no le dio mayor importancia, aunque luego le miró extrañada cuando se levantó de su silla y se acercó a su hermano Alfonso, que estaba situado en el otro extremo de la mesa principal.
"Avisa a tu escolta real, Alfonso, yo voy a hacer lo mismo con la mía. Salimos ahora mismo para Sahagún de Campos," le espetó sin más dilación en cuanto estuvo a su altura, quedándose de pie junto a él a la espera de la respuesta de su hermano menor.
Alfonso se rio. Estaba disfrutando de lo lindo de la cena y no tenía intención alguna de abandonar el banquete para seguir a Sancho. "¿Qué se nos ha perdido en Sahagún, hermano? Te recuerdo que estamos en medio de unas importantes negociaciones de paz con Galicia y…"
Sancho frunció el ceño y posó sus manos sobre sus caderas, separando ligeramente sus pies. Parecía que tendría que contar allí mismo a Alfonso lo que estaba sucediendo si quería que éste le acompañara. "Olvídate de las negociaciones. Nuestra hermana Elvira está empeñada en no casarse con Diego Ordóñez; dice que se ha enamorado de Ruy y se quieren casar…" dijo en voz baja, intentando que la sensible información solo llegara a los oídos del rey de León, y no a toda la corte.
Pero Urraca, sentada junto a Alfonso, como era habitual, también le oyó, y no pudo evitar una carcajada. "Menuda novedad, hermano. Elvira siempre ha estado enamorada de Ruy. Si te hubieras preocupado lo más mínimo por ella te habrías dado cuenta…" añadió.
Sancho levantó su cabeza y, sin moverse de donde estaba, se dirigió a ella. "Pero si está hablando la hermana del año," dijo sarcásticamente. "¿Cuando has estado tú pendiente de ella, para algo que no haya sido tu propio beneficio, Urraca?" le preguntó, enfadado, sin poder evitar que sus últimas palabras fueran escuchadas por los comensales que estaban situados cerca de ellos, quienes les miraron extrañados.
"Dejadlo ya, pareceis crios…." musitó Alfonso, cansado del continuo toma y daca dialéctico entre sus hermanos en cuanto estaban en la misma habitación, y preocupado por el efecto que ello podría llegar a tener en algún momento entre sus filas. Los nobles leoneses le eran fieles y no tenía razón alguna para la preocupación, pero estaban en medio de unas importantes negociaciones que serían cruciales para el futuro del reino y no quería que sus hermanos fueran la comidilla de toda la corte.
Sancho giró su cabeza de nuevo hacía Alfonso, mientras seguía de pie junto a él. "Lo que tú digas, Alfonso... Pero de verdad no vas a hacer nada respecto a Elvira. ¿Ruy la ha seducido y tú te vas a quedar aquí quieto, comiendo cordero? Una vez que se vea Señor de Toro, ¿no crees que podrá reclamar también otras posesiones familiares?"
"Hay que ver qué exagerado eres y lo que te gusta el drama, hermanito…" rió Urraca, pero las palabras de su hermano mayor no habían dejado indiferente a Alfonso, que miraba al frente, pensativo. Le extrañaba mucho que Ruy, que siempre había sido totalmente leal para con su hermano Sancho, hubiera seducido a Elvira a sus espaldas. ¿Lo había hecho porque la infanta le gustaba de verdad, o por pura ambición? Si desposaba a Elvira, Ruy pasaría a formar parte de la familia real, con todo lo que ello conllevaba, y lo último que necesitaban era un nuevo contrincante en sus disputas dinásticas.
"Urraca, dispón todo lo necesario. Partimos hacía Sahagún," ordenó finalmente Alfonso. No se imaginaba entonces que a su llegada a la hacienda, y tras una interesante charla con su hermana Urraca mientras cabalgaban de camino a Tierra de Campos, ya no le inquietaría que Ruy emparentara con la familia real, y que se mostraría abiertamente partidario del enlace entre éste y Elvira, pensando que ello apartaría definitivamente al Cid Campeador del ejército de Castilla, y, por tanto, dejaría a su hermano Sancho huérfano de su mejor guerrero y más valiente general.
